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Yuri Dolgoruki, uno de esos que lleva varios de esos que ya se sabe. From globalnewspointer.net

Conflicto sirio puede degenerar en guerra mundial

Disparos rusos de advertencia

Por Thierry Meyssan
redvoltaire.net, 09.06.12

La crisis siria está cambiando de naturaleza. El proceso de desestabilización que debía abrir el camino a una intervención militar legal de la alianza atlántica ha fracasado. Así que Estados Unidos se quita la máscara ya habla públicamente de la posibilidad de atacar Siria sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, como ya se hizo anteriormente en Kosovo. Al hacerlo, Washington finge sin embargo no haberse dado cuenta de que la Rusia de Vladimir Putin no es la Rusia de Boris Yeltsin. Después de asegurarse de que puede contar con el respaldo de China, Moscú acaba de hacer dos disparos de advertencia dirigidos a Washington. Las continuas violaciones del derecho internacional por parte de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) pueden desembocar ahora en un conflicto mundial.

El presidente Vladimir Putin emprende su tercer mandato bajo el signo de la reafirmación de la soberanía de su país ante las amenazas contra Rusia provenientes de Estados Unidos y de la OTAN. Moscú ha denunciado reiteradamente el proceso de ampliación de la OTAN, la instalación de bases militares a las puertas de sus fronteras así como el despliegue del escudo antimisiles, la destrucción de la Libia y los actos de desestabilización contra Siria.

Inmediatamente después de su investidura, Putin pasó revista a la industria militar rusa, a sus fuerzas armadas y a todo su dispositivo de alianzas [1] Como paso ulterior, decidió situar en Siria la línea roja que el adversario no debe atravesar. A los ojos de Putin, la invasión de Libia por parte de la OTAN es similar a la invasión de Checoslovaquia por el III Reich, y la invasión de Siria –si llegara a producirse– sería comparable a la invasión de Polonia, que desencadenó la Segunda Guerra Mundial.

Toda interpretación de lo que actualmente sucede en el Levante como una revolución/represión estrictamente siria no sólo es falsa sino también ridícula a la vista de lo que realmente está en juego, y no sería otra cosa que mera propaganda política. La crisis siria es, ante todo, una etapa del «rediseño del Medio Oriente ampliado», un nuevo intento de destruir el «eje de Resistencia» y constituye además la primera guerra de «la geopolítica del gas» [2].

Lo que actualmente está en juego en Siria no es saber Bachar al-Assad logrará democratizar las instituciones que heredó o si las monarquías wahabitas podrán destruir el último sistema laico de gobierno de la región e imponer su propio sectarismo, sino qué fronteras separan a los nuevos bloques que son la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y la OCS (Organización de Cooperación de Shangai) [3].

Algunos de nuestros lectores deben haber experimentado un verdadero sobresalto al leer la frase anterior. En efecto, hace meses que los medios de prensa occidentales y los de los países del Golfo vienen remachándoles día tras día que el presidente al-Assad es el representante de una dictadura sectaria favorable a la minoría alauita mientras que la oposición armada representa la democracia pluralista. Basta una simple mirada a los hechos para darse cuenta de la falsedad de esa imagen. Bachar al-Assad ha convocado sucesivamente elecciones municipales, un referendo constitucional y elecciones legislativas multipartidistas.

Todos los observadores coinciden en que las mencionadas consultas se desarrollaron con toda legitimidad. La participación popular se elevó a más del 60%, lo cual no impidió que los occidentales las calificaran de «farsas» y que la oposición armada respaldada por las potencias occidentales y los países del Golfo hiciera imposible la participación de los electores en los 4 distritos bajo su control. Al mismo tiempo, la oposición armado ha multiplicado las acciones, no sólo contra las fuerzas de seguridad sino también contra la población civil y en contra de todos los símbolos de la cultura y del multiconfesionalismo.

La oposición armada está asesinando también a los sunnitas progresistas y está matando al azar alauitas y cristianos para obligarlos a huir con sus familias, ha quemado más de 1500 escuelas e iglesias, proclamó en Baba Amro un efímero emirato islámico independiente donde instituyó un tribunal supuestamente revolucionario que condenó a muerte a más de 150 infieles, que fueron degollados públicamente uno a uno por los verdugos de la propia oposición armada.

Y no será ciertamente el lamentable espectáculo que ofrecen unos cuantos políticos venales, reunidos en el seno de un Consejo Nacional Sirio creado en el exilio que agita un proyecto democrático de fachada que en nada se parece a la realidad impuesta en el terreno por los crímenes del llamado Ejército «Sirio» Libre, lo que logre evitar por mucho más tiempo que la verdad salga a la luz.

¿Quién puede creer, en todo caso, que el régimen laico de Siria, celebrado hasta hace poco como ejemplar, se ha convertido de pronto en una dictadura confesional mientras que el Ejército «Sirio» Libre, respaldado precisamente por las dictaduras wahabitas del Golfo y respetuoso discípulo de los predicadores takfiristas, es un modelo del pluralismo democrático?

La mención, por parte de los dirigentes estadounidenses, de una posible intervención internacional en Siria sin mandato de la ONU, siguiendo el modelo de la que provocó el desmembramiento de Yugoslavia, ha suscitado inquietud y cólera en Moscú. La Federación Rusa, que hasta ahora se había mantenido en posición defensiva, ha decidido a tomar la iniciativa. Este cambio de estrategia se debe al carácter urgente que reviste la situación, desde el punto de vista ruso, y a la evolución favorable sobre el terreno en la propia Siria [4].

Moscú acaba de proponer la creación de un Grupo de Contacto sobre Siria que reuniría en su seno a todos los Estados implicados, o sea tanto a los Estados vecinos como a las potencias regionales e internacionales. Se trata de crear un foro de diálogo en lugar del actual dispositivo belicoso instaurado por los occidentales bajo la orwelliana denominación de «Conferencia de Amigos de Siria».

Rusia sigue respaldando el plan Annan –que no es en realidad otra cosa que una versión apenas modificada del plan que Serguei Lavrov había presentado a la Liga Árabe. Rusia deplora la no aplicación de ese plan, pero atribuye la responsabilidad de su no aplicación a la facción de la oposición que ha tomado las armas.

Según A. K. Lukashevich, uno de los voceros del ministerio ruso de Relaciones Exteriores, a la luz del derecho internacional el Ejército «Sirio» Libre es una organización ilegal que, a pesar de asesinar diariamente a 20 o 30 soldados sirios, sigue gozando públicamente del apoyo de los países miembros de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo, lo cual constituye por cierto una flagrante violación del Plan Annan [5].

Apostando a favor de la paz, ante una OTAN que apuesta abiertamente por la guerra, Vladimir Putin ha pedido a la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva) que se prepare para un despliegue de «chapkas azules» en Siria. El secretario general de la OTSC, Nikolai Bordyuzha, ya confirmó que dispone de 20.000 hombres inmediatamente disponibles y perfectamente formados para ese tipo de misión [6].

Sería la primera vez que la OTSC despliega una fuerza de paz fuera del antiguo espacio soviético. En una muestra de evidente nerviosismo, el secretario general de la ONU Ban Ki-moon trató inmediatamente de sabotear la iniciativa rusa proponiendo organizar él también un Grupo de Contacto.

Al reunir en Washington el Grupo de Trabajo sobre las sanciones de la Conferencia de Amigos de Siria, la secretaria de Estado Hillary Clinton simplemente ignoró la proposición rusa y recrudeció sus llamados a favor de un cambio de régimen [7].

En Turquía, parlamentarios de la oposición visitaron los campamentos de refugiados sirios. Allí pudieron comprobar la ausencia de más de un millar de refugiados censados por la ONU en el más importante de esos campamentos, donde encontraron sin embargo un importante arsenal. Así que decidieron interrogar en la Asamblea al primer ministro Recep Tayyip Erdogan y exigirle que revele el monto de la ayuda humanitaria concedida a estos refugiados fantasmas.

Los diputados estiman que el mencionado campamento de refugiados sirve en realidad de cobertura a la realización de una operación militar secreta. Este campamento alberga en realidad a combatientes, provenientes principalmente de Libia, que utilizan esa instalación como base de retaguardia. Los diputados han emitido como hipótesis que se trata además de los combatientes que se introdujeron en el distrito de Hula precisamente en el momento de la masacre denunciada en esa región.

Estas informaciones confirman las acusaciones emitidas por el embajador ruso Vitaly Churkin ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Según el diplomático ruso, el representante especial de Ban Ki-moon en Libia, Ian Martin, ha utilizado recursos de la ONU, inicialmente destinados a los refugiados, para enviar a Turquía combatientes de al-Qaeda [8].

En Arabia Saudita se ha manifestad nuevamente la división entre el rey Abdallah y el clan de los Sudairis. A pedido del rey Abdallah I, el Consejo de Ulemas publicó una fatwa que estipula que Siria no es tierra de yihad. Al mismo tiempo, sin embargo, el príncipe Faisal, actual ministro de Relaciones Exteriores, lanzaba un llamado a armar a la oposición siria contra «el usurpador alauita».

El jueves 7 de junio fue un día rico en acontecimientos. Mientras que Ban Ki-moon y Navi Pillay, o sea el secretario general de la ONU y la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, pronunciaban su alegato contra Siria ante la Asamblea General de la ONU, Moscú realizó dos lanzamientos de prueba de misiles balísticos intercontinentales.

El coronel Vadim Koval, vocero de las RSVN (Tropas Balísticas Estratégicas Rusas), reconoció la realización del lanzamiento de prueba de un misil Topol –desde un emplazamiento cercano al Mar Caspio– pero no confirmó el de un misil Bulava –desde un submarino en el Mediterráneo. Este último lanzamiento fue visto, sin embargo, en todo el Medio Oriente, desde Israel hasta Armenia, y no se conoce ningún otro tipo de arma capaz de provocar los efectos visuales que pudieron observarse en el cielo de la región [9].

El mensaje está claro
: si la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo no respetan las obligaciones internacionales ya definidas en el Plan Annan y se obstinan en alimentar el terrorismo, Moscú está dispuesto a enfrentarlos, incluso al precio de una guerra mundial.

Según nuestras informaciones, estos disparos de advertencia estuvieron coordinados con las autoridades sirias. Moscú, que ya anteriormente había estimulado a Damasco para que procediera a la liquidación del emirato islámico de Baba Amro inmediatamente después del referendo constitucional que confirmó la autoridad del presidente al-Assad, también incitó ahora al presidente a liquidar los grupos de mercenarios presentes en el país desde el instante siguiente a la investidura del nuevo parlamento y del nuevo primer ministro sirios.

Se dio entonces orden de pasar de una estrategia defensiva a una acción ofensiva tendiente a proteger a la población frente a las acciones terroristas. El ejército nacional sirio pasó por consiguiente a la ofensiva contra los bastiones del Ejército «Sirio» Libre. Los combates de los próximos días pueden ser difíciles, en la medida en que los mercenarios disponen de morteros, de cohetes antitanques e incluso de misiles tierra-aire.

En un intento por aligerar la tensión, Francia aceptó inmediatamente la proposición rusa de participación en un Grupo de Contacto ad hoc. Washington, por su parte, envió a Frederic C. Hof a Moscú. Contradiciendo incluso las declaraciones que había hecho la víspera la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, el señor Hof aceptó la invitación rusa a integrar el nuevo Grupo de Contacto.

Ha quedado atrás el momento de lamentarse
sobre la extensión de los combates al territorio libanes, o de filosofar sobre una posible regionalización del conflicto sirio. En 16 meses de maniobras desestabilizadoras contra Siria, la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo han creado una situación sin salida que ahora puede convertirse en una guerra mundial.

[1] Agenda del presidente Putin:
7 de mayo: investidura del presidente Vladimir Putin
8 de mayo: nominación de Dimitri Medvedev al cargo de primer ministro
9 de mayo: celebración de la victoria sobre la Alemania nazi
10 de mayo: visita al complejo militar e industrial ruso
11 de mayo: recibe al presidente de Abjasia
12 de mayo: recibe al presidente de Osetia del Sur
14-15 de mayo: encuentro informal con los jefes de Estado de los países miembros de la OTSC.
18 de mayo: visita al Instituto de Investigación de Defensa Ciclón
25 de mayo: pase de revista a los submarinos atómicos
30 de mayo: reunión con los principales responsables del sector de la defensa
31 de mayo: reunión del Consejo de Seguridad ruso
4-7 de junio: visita a China, cumbre de la OCS
7 de junio: visita a Kazajstán durante el lanzamiento de prueba del misil Topol

[2] «Siria, centro de la guerra del gas en el Medio Oriente», por Imad Fawzi Shueibi, Réseau Voltaire, 8 de mayo de 2012.

[3] «Moscú y la formación del Nuevo Sistema Mundial», por Imad Fawzi Shueibi, Traducción al francés de Marie-Ange Patrizio, Réseau Voltaire, 13 de marzo de 2012.

[4] «El caso de Hula demuestra el retraso de la inteligencia occidental en Siria»,por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 2 de junio de 2012.

[5] «Comment of Official Representative of the Ministry of Foreign Affairs of Russia A.K. Lukashevich on the Question of Interfax related to the statement made by Representative of so-called Free Syrian Army S.Al-Kurdi», Ministère russe des Affaires étrangères, 5 juin 2012.

[6] «Siria: Vladimir Putin propone una Fuerza de Paz de la OTSC», Réseau Voltaire, 3 de junio de 2012..

[7] «Friends of the Syrian People Sanctions Working Group», déclaration à la presse d’Hillary Clinton, Département d’État, 6 juin 2012.

[8] «Libia, los bandidos-revolucionarios y la ONU»,por Alexander Mezyaev, Traducción al francés de Julia, Strategic Culture Foundation (Rusia), Réseau Voltaire, 17 de abril de 2012.

[9] «07 de junio 2012: Rusia demuestra su superioridad en misiles balísticos intercontinentales nucleares», Réseau Voltaire, 8 de junio de 2012.

http://www.voltairenet.org/Disparos-rusos-de-advertencia

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Chinese gold panda (back), from orocotizacion.com

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Dragones neoliberales, sueños húmedos surasiáticos y fantasías de Robocop

¿Un mundo de confrontación de espectro completo?

Por Pepe Escobar
voltairenet.org, 19.05.12

Goldman Sachs –por medio del economista Jim O’Neill– inventó el concepto de un ascendiente nuevo bloque en el planeta: los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica).

Goldman espera ahora que los países del BRICS representen casi un 40% del producto interno bruto global (PIB) en el año 2050, y que incluyan a cuatro de las cinco principales economías del mundo.

Dentro de poco, de hecho, es posible que haya que expandir ese acrónimo para incluir a Turquía, Indonesia, Corea del Sur y, sí, Irán nuclear: ¿BRIIICTSS? A pesar de sus bien conocidos problemas como nación bajo bloqueo económico, Irán también avanza como parte de los N-11, otro concepto embriagador. (Simboliza las próximas 11 economías emergentes).

La pregunta multibillonaria global sigue siendo: ¿es la emergencia de los BRICS una señal de que hemos entrado verdaderamente a un nuevo mundo multipolar?

El sagaz historiador de Yale Paul Kennedy (famoso por la expresión «sobre-estrés imperial») está convencido de que estamos a punto de cruzar o de que ya hemos cruzado un «punto clave histórico» que nos lleva lejos, más allá del mundo unipolar post Guerra Fría de «la única superpotencia».

Existen, argumenta Kennedy, cuatro razones principales para eso: la lenta erosión del dólar de EEUU (antes representaba un 85% de las reservas globales, ahora menos de un 60%), la «parálisis del proyecto europeo», el ascenso de Asia (el fin de 500 años de hegemonía occidental) y la decrepitud de las Naciones Unidas.

El Grupo de Ocho (G-8) es cada vez más irrelevante. El G-20, que incluye a los BRICS, podría, sin embargo, ser lo que se necesita. Pero hay mucho que hacer para cruzar ese punto clave en lugar de ser simplemente arrastrado de grado o por fuerza: la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y sobre todo la reforma del sistema de Bretton Woods, especialmente esas dos instituciones cruciales, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.

Por otra parte, puede que éste sea, de grado o por fuerza, el rumbo del mundo. Después de todo, como celebridades emergentes, los BRICS tienen una tonelada de problemas.

Es verdad, en sólo siete años Brasil ha agregado 40 millones de personas como consumidores de clase media; en 2016, habrá invertido otros 900,000 millones de dólares –más de un tercio de su PIB– en energía e infraestructura; y no está tan expuesto como algunos miembros del BRICS a los imponderables del comercio mundial, ya que sus exportaciones representan sólo un 11% del PIB, incluso menos que EEUU.

A pesar de todo, el problema clave sigue siendo el mismo: falta de buena administración, para no mencionar un cenagal de corrupción. La descarada nueva clase adinerada resulta que no es menos corrupta que las antiguas, arrogantes, elites compradoras que solían dirigir el país.

En India, la alternativa parece estar entre un caos manejable y otro inmanejable. La corrupción de la elite política del país podría enorgullecer a Shiva. El abuso del poder estatal, el control nepotista de contratos relacionados con la infraestructura, el saqueo de recursos minerales, los escándalos con la propiedad de bienes raíces, lo tiene todo, incluso si India no es un Pakistán hindú. Todavía no, en todo caso.

Desde 1991, «reforma» en India ha significado sólo una cosa: comercio desenfrenado y sacar al Estado de la economía. No es sorprendente, por lo tanto, que no se haga nada por reformar las instituciones públicas, que son un escándalo por sí solas. ¿Administración pública eficiente? Más vale olvidarlo. En resumen, India es una dínamo económica caótica y sin embargo, en cierto sentido, no es ni siquiera una potencia emergente, y ni hablar de una superpotencia.

Rusia, también, todavía sigue tratando de hallar la mezcla mágica, incluida una política estatal competente para explotar los abundantes recursos naturales del país, su extraordinario espacio e impresionante talento social. Tiene que modernizarse rápido ya que, fuera de Moscú y San Petersburgo, sigue prevaleciendo un relativo atraso social.

Sus dirigentes siguen intranquilos ante la vecina China (conscientes de que cualquier alianza chino-rusa dejaría a Rusia como un evidente socio menor). No confían en Washington, están inquietos por la despoblación de sus territorios orientales, y preocupados por la alienación cultural y religiosa de su población musulmana.

Y luego «Putinator» vuelve como presidente con su fórmula mágica para la modernización: una cooperación estratégica alemana-rusa que beneficiará a la elite del poder y a la oligarquía empresarial, pero no necesariamente a la mayoría de los rusos.

Muerte de Bretton Woods

El sistema de Bretton Woods, posterior a la Segunda Guerra Mundial, está ahora legítimamente muerto, es totalmente ilegítimo, ¿pero qué planean los BRICS al respecto?

En su cumbre en Nueva Delhi a fines de marzo, presionaron por la creación de un banco de desarrollo de los BRICS que pueda invertir en infraestructura y suministrarles crédito de respaldo para cualesquiera crisis financieras que se encuentren por el camino.

Los BRICS saben perfectamente que Washington y la Unión Europea (UE) jamás renunciarán al control del FMI y del Banco Mundial. No obstante, el comercio entre esos países llegará a impresionantes 500,000 millones de dólares en 2015, sobre todo en sus propias monedas.

Sin embargo, la cohesión de los BRICS, en la medida en que exista, se concentra en frustraciones compartidas con la especulación financiera al estilo de los Amos del Universo que casi precipitó la economía global por un despeñadero en 2008.

Es verdad, la gente de los BRICS también muestra una notable convergencia de política y opinión cuando se trata del acosado Irán, un Medio Oriente de la Primavera Árabe y el Norte de África. A pesar de todo, el problema que enfrentan por el momento es el siguiente: no tienen una alternativa ideológica o institucional al neoliberalismo y al dominio de la finanza global.

Como ha señalado Vijay Prashad, el Norte Global ha hecho todo lo posible por impedir toda discusión seria de cómo reformar el casino financiero global (Vea «The G-77 awakes», Asia Times Online, 17 de abril de 2012, texto en inglés). No es sorprendente que el jefe del grupo G-77 de naciones en desarrollo (ahora G-132 en los hechos), el embajador tailandés Pisnau Chanvitan, haya advertido contra la «conducta que indica el deseo de un nuevo amanecer de otro neocolonialismo».

Mientras tanto, las cosas se desarrollan en todo caso, desordenadamente. China, por ejemplo, sigue promoviendo informalmente el yuan como moneda globalizadora, si no global. Ya está comerciando en yuan con Rusia y Australia, para no mencionar toda Latinoamérica y Medio Oriente. Los BRICS apuestan cada vez más por el yuan como su alternativa monetaria a un desvalorizado dólar estadounidense.

Japón utiliza tanto el yen como el yuan en su comercio bilateral con su inmenso vecino asiático. En realidad ya se está formando una zona de libre comercio asiática no reconocida, en la que participan China, Japón y Corea del Sur.

Lo que nos espera, aún si incluye un futuro brillante de los BRICS, indudablemente será muy complicado. Casi todo es posible (rayando en probable), desde otra Gran Recesión en EEUU hasta un estancamiento europeo o incluso el colapso de la eurozona, a una ralentización en todos los BRICS, una tempestad en los mercados de divisas, el colapso de instituciones financieras, y un crash global.

Y hablando de complicado, quién podría olvidar lo que dijo Dick Cheney en el Instituto del Petróleo en Londres en 1999, cuando todavía era director ejecutivo de Halliburton: «Medio Oriente, con dos tercios del petróleo del mundo y el menor coste, es donde se encuentra en última instancia la recompensa». No es sorprendente que, cuando llegó al poder en 2001, su asunto de primer orden fuera «liberar» el petróleo de Iraq. Evidentemente, ¿quién no recuerda cómo terminó el asunto?

Ahora (otro gobierno pero la misma línea) tiene lugar un embargo del petróleo junto con una guerra económica contra Irán. Los dirigentes de Pekín ven todo el psicodrama iraní de Washington como un complot de cambio de régimen, lisa y llanamente, que no tiene nada que ver con armas nucleares.

Una vez más, el ganador hasta ahora en el embrollo iraní es China. Con el sistema bancario de Irán en crisis y el embargo de EEUU causando estragos en la economía de ese país, Pekín puede esencialmente dictar sus condiciones para la compra de petróleo iraní.

Los chinos están expandiendo la flota de buques tanque petroleros de Irán, un acuerdo por un valor de más de 1,000 millones de dólares, y ese otro gigante de los BRICS, India, compra ahora más petróleo iraní que China. Sin embargo, Washington no aplicará sus sanciones a los BRICS porque estos días, desde el punto de vista económico, EEUU los necesita más de lo que ellos necesitan a EEUU.

El mundo a través de ojos chinos

Lo que nos lleva al dragón en el asunto: China.

¿Cuál es la máxima obsesión china? Estabilidad, estabilidad, estabilidad.

La habitual autodescripción del sistema de ese país como «socialismo con características chinas» es, claro está, tan mítica como una Gorgona. En realidad, hay que pensar en un liberalismo de la línea dura con características chinas, dirigido por hombres que tienen la firme intención de salvar el capitalismo global.

Por el momento, China está de lleno en medio de un cambio tectónico, estructural, de un modelo de exportación/inversión a un modelo dirigido por los servicios y el consumo. En términos de su explosivo crecimiento económico, las últimas décadas han sido casi inimaginables para la mayoría de los chinos (y el resto del mundo), pero según el diario Financial Times, también han llevado al 1% más rico del país a controlar entre 40 y 60% de toda la riqueza. ¿Cómo encontrar un camino para superar un daño colateral tan impresionante? ¿Cómo hacer que un sistema con tan tremendos problemas internos funcione para 1,300 millones de personas?

Es la hora de la «manía de la estabilidad». En 2007, el primer ministro Wen Jiabao advirtió de que la economía china devendría «unstable, unbalanced, uncoordinated, and unsustainable (inestable, desequilibrada, descoordinada e insostenible)». Los famosos «cuatro uns».

En la actualidad los dirigentes, incluido el próximo primer ministro Li Leqiang, han dado un nervioso paso adelante, purgando «inestable» del léxico del Partido. Para todos los propósitos prácticos, ya ha llegado la próxima fase del desarrollo del país.

Será interesante observarlo en el futuro.

¿Cómo conducirán a China más allá de las «Cuatro Modernizaciones» los principitos, nominalmente «comunistas», los hijos e hijas de altos dirigentes del Partido revolucionario, todos inmensamente ricos gracias, en parte, a sus cómodos arreglos con corporaciones occidentales, más los sobornos, las alianzas con gángsteres, todas esas «concesiones» al mejor postor y toda la oligarquía de compinches ligada a Occidente? Especialmente con toda esa fabulosa riqueza que saquear.

El gobierno de Obama, expresando su propia ansiedad, ha reaccionado ante la evidente aparición de China como potencia con la que hay que contar a través de un «pivote estratégico», de sus desastrosas guerras en Gran Medio Oriente a Asia. Al Pentágono le gusta llamarlo «reajuste» (aunque las cosas están lejos de estar reajustadas o terminadas para EEUU en Medio Oriente).

Antes del 11-S, el gobierno de Bush se había concentrado en China como su futuro enemigo global número uno. Entonces el 11-S lo reorientó a lo que el Pentágono llamó «el arco de inestabilidad», las principales zonas petroleras del planeta desde Medio Oriente hasta Asia Central.

En vista de la distracción de Washington, Pekín calculó que podría gozar de una ventaja de unas dos décadas en la cual la presión habría desaparecido en gran parte. En esos años podría concentrarse en una versión precipitada de desarrollo interior, mientras EEUU desperdiciaba montañas de dinero en su insensata «Guerra global contra el terror».

Diez años después, esa ventaja se borró de un golpe ya que desde India, Australia y las Filipinas hasta Corea del Sur y Japón, EEUU declara que ha vuelto al negocio de la hegemonía en Asia. Cualquier duda de que ese era el nuevo camino estadounidense fue disipada en noviembre de 2011 por el manifiesto de la Secretaria de Estado Hillary Clinton en la revista Foreign Policy, titulado de un modo no demasiado sutil «El siglo del Pacífico de EEUU» (¡Y hablaba de este siglo, no del pasado!)

El mantra estadounidense es siempre el mismo: «Seguridad de EEUU», cuya definición es: cualquier cosa que pase en el planeta. Sea en el Golfo Pérsico rico en petróleo donde Washington «ayuda» a sus aliados Israel y Arabia Saudí porque se sienten amenazados por Irán, o Asia, donde una ayuda semejante se ofrece a un grupo creciente de países de los que se dice que se sienten amenazados por China, siempre es en nombre de la seguridad de EEUU. En ambos casos, en casi cualquier caso, es lo que supera todo lo demás.

Como resultado, si hay una Muralla de Desconfianza de 33 años entre EEUU e Irán, hay una nueva, creciente, Gran Muralla de Desconfianza entre EEUU y China. Recientemente, Wang Jisi, decano de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Pekín y un importante analista estratégico chino, presentó la perspectiva de los dirigentes de Pekín sobre ese «Siglo del Pacífico» en un ensayo influyente del que fue coautor.

China, escribe con su coautor, espera ser tratada actualmente como potencia de primera clase. Después de todo «superó exitosamente… la crisis financiera global de 1997-98» causada, desde el punto de vista de Pekín, por «profundas deficiencias en la economía y política de EEUU China ha sobrepasado a Japón, la segunda economía del mundo, y también parece ser número dos en la política mundial… los dirigentes chinos no acreditan esos éxitos a EEUU o al orden mundial dirigido por EEUU.»

EEUU, agrega Wang, «es visto generalmente por China como una potencia decadente a largo plazo… Ahora es cuestión de cuántos años, más que cuántas décadas, tardará antes que China reemplace a EEUU como la mayor economía del mundo… parte de una nueva estructura emergente». (Pensad en: los BRICS.)

Resumiendo, como lo presentan Wang y su coautor, los chinos influyentes ven que el modelo de desarrollo de su país provee «una alternativa a la democracia occidental y experiencias para que aprendan de ellas otros países en desarrollo, mientras que muchos países en desarrollo que han introducido valores y sistemas políticos occidentales padecen desorden y caos».

En resumidas cuentas se tiene una visión china de un mundo en el cual un EEUU que pierde efectividad sigue sediento de hegemonía global y sigue siendo suficientemente poderoso para bloquear a potencias emergentes –China y los otros BRICS– de su destino en el Siglo XXI.

El sueño húmedo del Dr. Zbig

Ahora bien, ¿cómo ve el mundo la elite política de EEUU? Prácticamente nadie está mejor cualificado para tratar el tema que el ex consejero nacional de seguridad, promotor del oleoducto BTC, y brevemente consejero fantasma de Obama, Dr. Zbigniew («Zbig») Brzezinski. Y no duda en hacerlo en su último de libro: Strategic Vision: America and the Crisis of Global Power (Visión estratégica: EEUU y la crisis del poder global).

Si los chinos tienen sus ojos estratégicos fijos en los demás BRICS, Dr. Zbig sigue aferrado al Viejo Mundo, nuevamente configurado. Ahora argumenta que EEUU, para mantener alguna forma de hegemonía global, debe apostar a un «Occidente expandido».

Eso significaría fortalecer a los europeos (especialmente en términos energéticos), mientras acoge a Turquía, que imagina como un modelo de nuevas democracias árabes, e involucra a Rusia, política y económicamente, de una «manera estratégicamente sobria y prudente».

Turquía, a propósito, no es un modelo semejante porque para el futuro previsible, a pesar de la Primavera Árabe, no existen nuevas democracias árabes. A pesar de todo, Zbig cree que Turquía puede ayudar a Europa, y por lo tanto a EEUU, de maneras mucho más prácticas, a resolver ciertos problemas energéticos globales facilitando su «acceso sin impedimentos al petróleo y el gas de Asia Central a través del Mar Caspio».

En las actuales circunstancias, sin embargo, esto también sigue siendo una especie de fantasía. Después de todo, Turquía sólo puede convertirse en un país de tránsito crucial en el gran juego energético en el tablero de ajedrez eurasiático que he llamado «Oleoductistán» si los europeos actúan conjuntamente. Tendrían que convencer a la «república» autocrática de Turkmenistán, rica en energía, para que ignore a su poderoso vecino ruso y les venda todo el gas que necesitan.

Y luego existe otro asunto energético que parece poco probable por el momento: Washington y Bruselas tendrían que abandonar sanciones y embargos contraproducentes contra Irán (y los juegos de guerra que los acompañan) y comenzar a trabajar seriamente con ese país.

Dr. Zbig propone, a pesar de todo, la noción de una Europa a dos velocidades como clave para el futuro poder estadounidense en el planeta. Hay que verlo como una versión optimista de un escenario en el cual la actual Eurozona semi-colapsa.

Mantendría el papel dirigente de los ineptos peces gordos burocráticos en Bruselas que dirigen actualmente la Unión Europea, y apoyaría otra «Europa» (sobre todo los países meridionales del «Club Med») fuera del euro, con un movimiento nominalmente libre de personas y bienes entre las dos.

Su apuesta –y esta refleja una línea clave de pensamiento en Washington– es que una Europa a dos velocidades, un Big Mac eurasiático, todavía estrechamente unida a EEUU podría ser un protagonista clave para el resto del Siglo XXI.

Y luego, claro está, Dr. Zbig muestra todos sus colores de la Guerra Fría, ensalzando una futura «estabilidad en Lejano Oriente» estadounidense inspirada por «el papel que Gran Bretaña jugó en el Siglo XIX como estabilizador y balanceador de Europa».

Estamos hablando, en otras palabras, del diplomático de la cañonera número uno de este siglo. Concede gentilmente que una «exhaustiva cooperación global estadounidense-china» todavía podría ser posible, pero sólo si Washington retiene una presencia geopolítica significativa en lo que sigue llamando «Lejano Oriente» – «con o sin la aprobación de China».

La respuesta será «no».

En cierto modo, todo esto es algo familiar, como es gran parte de la verdadera política actual de Washington. En su caso, es realmente un remix de su magnum opus de 1997 The Grand Chessboard (El gran tablero mundial) en el cual, vuelve una vez más a certificar que «el inmenso continente trans-eurasiático es la arena central de los asuntos mundiales». Sólo que ahora la realidad le ha enseñado que Eurasia no se puede conquistar y que la mejor opción para EEUU es tratar de admitir a Turquía y Rusia en el grupo.

Robocop manda

Sin embargo, Brzezinski parece positivamente benigno si se comparan sus ideas con los recientes pronunciamientos de Hillary Clinton, como en su discurso en la Conferencia de Asuntos Mundiales del Consejo de la OTAN 2012.

Allí, como hace regularmente el gobierno de Obama, destacó «la perdurable relación de la OTAN con Afganistán» y elogió las negociaciones entre EEUU y Kabul sobre «una cooperación estratégica a largo plazo entre nuestras dos naciones».

Traducción: a pesar de haber perdido durante años la partida frente a una insurgencia minoritaria pastuna, ni el Pentágono ni la OTAN tienen la menor intención de reajustarse para salir de sus posesiones en Gran Medio Oriente.

Mientras ya negocia con el gobierno del presidente Hamid Karzai en Kabul los derechos de quedarse después de 2024, EEUU tiene toda la intención de conservar tres importantes bases estratégicas afganas: Bagram, Shindand (cerca de la frontera iraní) y Kandahar (cerca de la frontera con Pakistán).

Sólo los ingenuos terminales podrían creen que el Pentágono es capaz de abandonar voluntariamente semejantes puestos avanzados para el monitoreo de Asia Central y de los competidores estratégicos Rusia y China.

La OTAN, agregó ominosamente Clinton, «expandirá sus capacidades de defensa para el Siglo XXI», incluyendo el sistema de defensa de misiles que la Alianza aprobó en su última reunión en Lisboa en 2010.

Será fascinante ver lo que podría significar la posible elección del socialista François Hollande como presidente francés. Interesado en una cooperación estratégica más profunda con los BRICS, está comprometido con el fin del dólar como moneda de reserva del mundo.

La pregunta es: ¿Estropeará su victoria los planes de la OTAN, después de estos años bajo el Gran Liberador de Libia, el neo-napoleónico creador de imagen, Nicolas Sarkozy, (para quien Francia no es más que mostaza en el steak tartar de Washington)?

No importa lo que piensen Dr. Zbig o Hillary, la mayoría de los países europeos, hartos de sus aventuras de agujero negro en Afganistán y Libia, y con el modo en que la OTAN sirve ahora los intereses globales de EEUU, apoya a Hollande al respecto. Pero, a pesar de todo, será una batalla difícil.

La destrucción y derrocamiento del régimen libio de Muamar Gadafi fue el clímax de la reciente agenda de cambio de régimen de la OTAN en MENA (Medio Oriente – Norte de África). Y la OTAN sigue siendo el plan B de Washington para el futuro, por si la red usual de think tanks, fondos de donación, fondos, fundaciones, ONG, e incluso la ONU, no logran provocar lo que podría ser descrito como «cambio de régimen YouTube».

En pocas palabras: después de ir a la guerra en tres continentes (en Yugoslavia, Afganistán y Libia), de convertir prácticamente el Mediterráneo en un lago de la OTAN, y de patrullar ininterrumpidamente el Mar Arábigo, la OTAN se basará, según Hillary, en «una apuesta al liderazgo y a la fuerza de EEUU, como hicimos en el Siglo XX, durante este siglo y más allá».

Por lo tanto, 21 años después del fin de la Unión Soviética –la razón de ser original de la OTAN– podría ser la forma en que termina el mundo; no con un estruendo, sino con la OTAN, gimoteando, pero cumpliendo todavía su papel de perpetuo Robocop global.

Y volvamos al Dr. Zbig y la idea de EEUU como «promotor y garantía de la unidad» en Occidente, y como «equilibrio y conciliador» en Oriente (para lo cual necesita bases desde el Golfo Pérsico hasta Japón, incluyendo las afganas). Y no olvidemos que el Pentágono nunca ha renunciado a la idea de lograr la Full Spectrum Dominance (1) (Dominación de Espectro Completo, ver significación abajo).

A pesar de toda esa fuerza militar, sin embargo, vale la pena recordar que estamos claramente ante un Nuevo Mundo (y tampoco será en Norteamérica). Contra los cañones y las cañoneras, los misiles y los drones, está la potencia económica. Ahora se libran guerras monetarias.

Los BRICS, China y Rusia, tienen montañas de dinero. Suramérica se une rápidamente. «Putinator» ha ofrecido a Corea del Sur un oleoducto. Irán planifica vender todo su petróleo y gas en un canasto de monedas, ninguna de ellas dólares. China está pagando para expandir su Armada y su armamento de misiles contra barcos.

Puede llegar el día en que Tokio llegue a comprender que mientras siga ocupado por Wall Street y el Pentágono, vivirá en eterna recesión. Incluso Australia puede llegar a negarse a ser forzada a una guerra comercial contraproducente con China.

Por lo tanto este nuestro Siglo XXI, se está conformando ahora mismo como una confrontación entre EEUU/OTAN y los BRICS, con todos los defectos de cada lado. El peligro: que en algún momento se convierta en una Confrontación de Espectro Completo. Porque no hay que equivocarse, a diferencia de Sadam Hussein o Muamar Gadafi, los BRICS serán realmente capaces de defenderse.

Fuente: Tom Dispatch, 26 de abril de 2012.
Traducido del inglés por Germán Leyens.

[1] Full Spectrum Dominance (frase que se puede traducir como Dominio de Espectro Completo) es un concepto militar estadounidense elaborado por el Pentágono por el cual una estructura militar conjunta logra el control sobre todos los elementos en una futura batalla, sean estos tanto el espacio terrestre, aéreo, marítimo y de los elementos situados en el espacio. Full Spectrum Dominance incluye pues el campo de batalla físicamente, el aire, la superficie, el subsuelo, así como el espectro electromagnético [control de las ondas electromagnéticas] y el espacio de la información [propaganda]. Este control total implica que la libertad o capacidad de defensa del adversario queda totalmente restringida e inoperante.

http://www.voltairenet.org/Un-mundo-de-confrontacion-de

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Fuego amigo, from 1x1.fi

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La importancia geopolítica de América del Sur, en la estrategia de los Estados Unidos

Por Luiz Alberto Moniz Bandeira
La Onda Digital
alainet.org, 07.10.08

“Procuremos precisar cuáles son los intereses en juego
en la cuestión. ¡Petróleo! Exclaman de todos lados.
El petróleo opera prodigios, ha dictado la política internacional
de las grandes potencias, asentó y derrocó gobiernos,
conmocionó a una dinastía, creó fortunas fabulosas y cuenta
entre sus servidores a los más notables estadistas”.
Embajador José Joaquim Moniz de Aragão
, secretario
general del Itamaraty, durante la Guerra del Chaco, 1934[1]

“No matter how selfless America perceives its aims, an explicit
insistence on predominance would gradually unite the world
against the United States and force into impositions that would
eventually leave it isolated and drained”.
Henry Kissinger[2]

“América es la tierra del futuro, en la cual, en tiempos venideros,
habrá algo así como una contienda entre la del Norte y América del Sur,
y donde la importancia de la Historia Universal deberá manifestarse”.[3]
G. W. F. Hegel

El conflicto entre Rusia y Georgia mostró que el “arc of crisis”, que Zbigniew Brzezinski decía extenderse de Pakistán hasta Etiopía, circundando el Oriente Medio, es mucho más amplio y abarca toda Asia Central y el Cáucaso. Frente a tal situación, la importancia geopolítica de América del Sur aumentó, incluso, en la estrategia de seguridad de los Estados Unidos, que buscan fuentes de suministro de gas y petróleo en regiones más estables. El propio Halford J.Mackinder, en su conferencia sobre el “The Geographical Pivot of History-“, en 1904, resaltó que el desarrollo de las vastas potencialidades de América del Sur podía tener “decisive influence” sobre el sistema internacional de poder y fortalecer a los Estados Unidos o, del otro lado, Alemania, si desafiase, con suceso, a la Doctrina Monroe.[4]

Los Estados Unidos y Alemania, desde fines del siglo XIX, ya se habían tornado las dos mayores potencias industriales del mundo y consecuentemente rivales. Sin embargo, al contrario de Alemania, que no poseía ningún dominio importante, al cual pudiese extender el círculo de consumo para el capital, los Estados Unidos disponían de un enorme espacio económico. Las Américas, Central y del Sur, así como el Caribe, configuraban una especie de colonia, la única región del mundo en la que no había una seria rivalidad entre las grandes potencias.

Allá los Estados Unidos eran, prácticamente, “soberanos” y su fiat tenía fuerza de ley, según escribió el secretario de Estado, Richard Olney, en 1895. Y agregó que los “infinites resourses” de América (Estados Unidos), combinados con su posición aislada, la tornaban “master of the situation and practicaly invulnerable as against any or all other powers”.[5] Ni Alemania ni Gran Bretaña ni Francia quisieron desafiar la Doctrina Monroe, expresión de una política unilateral de los Estados Unidos, formulada el 2 de Diciembre de 1823, por el presidente James Monroe (1817-1825).

Lo que dijo Halford J. Mackinder respecto del “closed heartland of Euro-Asia”, afirmando que el Estado que lo controlase estaría en condiciones de proyectar el poder de un lado hacia el otro de la región y era inaccesible a una fuerza naval, se aplica a los Estados Unidos, pero en el sentido inverso. Con un territorio distendido a lo largo de América del Norte, entre dos océanos, el Atlántico y el Pacífico, los Estados Unidos no tenían vecinos que pudiesen amenazar su seguridad.

Su extenso litoral impedía que cualquier bloqueo fuese efectivamente mantenido[6]. Y, al ascender al primer lugar en el ranking de las mayores potencias industriales, en los años 1890, los Estados Unidos comenzaron a robustecer su poder naval, hasta entonces menor que el de Brasil, Argentina o Chile.[7] Así pudieron proyectar su influencia, hacia un lado y hacia el otro, i. e., hacia el Occidente y el Oriente, avanzando sobre los mares, que Gran Bretaña aún controlaba, como el “chief builder and shipowner”, con “vast imperial responsabilities” en Asia y en África.[8]

El comandante Alfred T. Mahan fue quien racionalizó la construcción del poder naval de los Estados Unidos, argumentando que la grandeza de una nación dependía de su comercio en ultramar, el comercio dependía del poder naval y el poder naval, de colonias. Sin establecimientos en el extranjero, colonial o militar, los navíos de guerra de los Estados Unidos serían como pájaros sin tierra, incapaces de volar mucho más allá de sus propias costas[ix].

Se tornaba, por lo tanto, necesario el establecimiento de bases y depósitos de carbón, para el abastecimiento de los navíos, en una extensa cadena de islas, que posibilitasen el sustento del poder naval, de modo de posibilitar la expansión marítima y comercial de los Estados Unidos. El dominio de Cuba, así como de Puerto Rico y de las Islas Vírgenes, cuya cesión el presidente William McKinley (1897 – 1901) había solicitado a Dinamarca, se configuraba fundamental para la seguridad de las rutas en el Golfo del México y la defensa del canal, que los Estados Unidos proyectaban abrir en el istmo de Panamá.

Y el presidente McKinley, en 1898, aprovechó la lucha por la independencia de Cuba para declarar la guerra a España, apuntando a conquistar lo que todavía quedaba de su vasto imperio colonial. Sin embargo, la campaña militar contra España, impulsada por intereses económicos y objetivos estratégicos, no se limitó a las islas del Caribe. Se extendió al archipiélago de las Filipinas, cuya conquista posibilitaría su penetración en los mercados de Asia, particularmente de China. Esta guerra permitió que los Estados Unidos, como resaltó Sir. Halford Mackinder, conquistase importantes posesiones en ambos océanos – el Pacífico y el Atlántico– y asumiese la construcción del Canal de Panamá, con el objetivo de sacar ventaja de la insularidad para la movilización de sus flotas de guerra. [9]

Realmente, en términos estratégicos, la proyección geopolítica de los Estados Unidos, en la dirección de Asia, y la vastedad de su propio territorio continental, que separaba el litoral del Atlántico del litoral del Pacífico, constituían un problema para la defensa, dado que era difícil separar y, a veces necesario, reunir sus flotas, en caso de guerra.

Esta fue una de las razones por las cuales el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) apresuró la apertura de un canal inter-oceánico, en el istmo de Panamá, territorio perteneciente a Colombia, a fin de consolidar los cimientos del imperio, cuya soberanía se había expandido de Cuba y Puerto Rico, en el Caribe, hasta Tutuila, en el archipiélago de Samoa, y Guam, al Sur del Pacífico, quince millas al este de las Filipinas, posibilitando que sus flotas pudiesen circular libremente y reunirse, en el momento y en el lugar en que las circunstancias tácticas y estratégicas lo exigiesen. Motivos tanto militares como civiles hacían “imperativo” el establecimiento de una “fácil y rápida” comunicación por mar, entre el Atlántico y el Pacífico[10].

Doctrina Monroe

El presidente Theodore Roosevelt rejuveneció entonces la Doctrina Monroe con un Corolario, mediante el cual racionalizó el derecho de intervenir en otros Estados latinoamericanos, sobre todo en América Central y en el Caribe, en casos de “wrong-doing or impotence”. Esta doctrina, sintetizada en el lema “América para los americanos”, había pasado a funcionar, a partir del final del siglo XIX, como cobertura ideológica para el objetivo estratégico de los Estados Unidos, que consistía en mantener su hegemonía sobre todo el Hemisferio Occidental, conquistar y asegurar las fuentes de materia-prima y los mercados de América del Sur para sus manufacturas, alejando del sub-continente la competencia de Gran Bretaña y de otras potencias industriales de Europa.

De ahí la propuesta para formar con los Estados latinoamericanos una comunidad comercial, una especie de unión aduanera, presentada durante la 1ª Conferencia Panamericana, instalada en Washington, en noviembre de 1889. La idea, mientras tanto, no había sido aceptada, debido a la oposición de Argentina y de Chile, y el resultado de la 1° Conferencia Panamericana consistió solamente en la instalación del Bureau Internacional de las Repúblicas Americanas. Pero en 1896, Charles Emory Smith, líder del Partido Republicano en Filadelfia y editor de diario, declaró que “our spirit, if not our flag will rules the hemisphere”.[11]

Con razón el notable jurista brasileño Rui Barbosa, que había sido el primer ministro de Hacienda después de la proclamación de la república, denunció, en un artículo publicado en A Imprensa, el 10 de mayo de 1899, que los principios de la Doctrina Monroe “nunca expresaron sino un interés de los Estados Unidos, nunca ocultaron compromiso alguno, por parte de ellos, a favor de los pueblos sudamericanos”. Según resaltó, “dejar abierto este campo a la dilatación futura de su imperio era, como nos lo va a mostrar el examen ulterior del asunto, a la luz de la teoría y de los hechos, el intento sustancial de la fórmula de Monroe”.[12]

Este, de hecho, siempre fue el propósito de los Estados Unidos. Durante la Conferencia de Versailles (1919), el presidente Woodrow Wilson (1913- 1921) se empeñó en conservar a América Latina como área de influencia exclusiva de los Estados Unidos, al incluir en el Pacto de la Liga de las Naciones el Art. XXI, determinando que no se consideraría nada que pudiese “afectar la validez de acuerdos internacionales tales como tratados de arbitraje o acuerdos regionales, por ejemplo la Doctrina Monroe”,[13] que fuesen a asegurar el mantenimiento de la paz[14]. La Doctrina Monroe, en realidad, constituía apenas una declaración política unilateral de los Estados Unidos, hecha en 1823, y nunca había sido un entendimiento regional. Pero, identificando la Doctrina Monroe con el panamericanismo, como un acuerdo regional, el presidente Woodrow Wilson consiguió excluir a América Latina de la jurisdicción de la Liga de las Naciones.

En la 17ª Conferencia Internacional de los Estados Americanos, realizada en Montevideo, entre el 3 y el 26 de diciembre de 1933, los Estados Unidos renunciaron a la intervención armada en otros países y no sólo asintieron con la abolición de la Platt Amendment, que permitía la intervención en Cuba, sino que retiraron a los fusileros navales de Nicaragua y de Haití. Así el presidente Franklin D. Roosevelt (1933-1945) comenzó a implementar la Good Neighbor Policy, pero no consiguió que todos los países de la región redujesen sus aranceles aduaneros y abriesen el mercado a las exportaciones de los Estados Unidos, a través de un tratado multilateral, o acuerdos bilaterales, manifestando la Doctrina Monroe en su dimensión económica, con la implantación de un área de libre comercio en el hemisferio.

Al declarar la guerra contra el Eje, con el pretexto del ataque de Japón a Pearl Harbor, el presidente Franklin D. Roosevelt presionó entonces a los Estados latinoamericanos para que rompiesen las relaciones con Alemania, que penetraba cada vez más en la región, sobre todo en América del Sur, a fin de eliminar el principal competidor comercial de los Estados Unidos.

Importancia geopolítica de América del Sur

La Segunda Guerra Mundial puso en evidencia la importancia geopolítica de América del Sur en la estrategia de los Estados Unidos, que necesitaban no sólo asegurar las fuentes de materia prima –hierro, manganeso y otros minerales indispensables a su industria bélica- sino también mantener la seguridad de su retaguardia y del Atlántico Sur. Brasil proveía a los Estados Unidos productos agrícolas, caucho, manganeso, hierro y otros minerales estratégicos. Pero su posición en el sub-continente, América del Sur, se revestía de una relevancia geopolítica mayor, debido al inmenso espacio territorial y a los recursos que poseía y al hecho de tener fronteras con todos los países de la región (excepto Chile y Ecuador), ocupar gran parte del litoral del Atlántico Sur, enfrentado con África Occidental.

Y los Estados Unidos temían que las fuerzas de Alemania, a partir de la costa de Senegal, avanzasen en dirección de las Américas, atravesando el estrecho Natal-Dakar, ocupasen el archipiélago de Fernando de Noronha, y terminasen por conquistar el Saliente Nordestino, que abarcaba Río Grande del Norte, Paraíba, Pernambuco y Alagoas. De ahí la presión para que Brasil permitiese la implantación de bases navales y aéreas en las principales ciudades del litoral del Nordeste, de donde los aviones de la IV Flota americana, fondeada en Recife, realizaron vuelos diarios, a través del Cinturón del Atlántico Sur (Saliente Nordestino – isla de Ascensão – África) con la misión de patrullar el océano, entre las bases de Natal y Ascensão, apuntando a detectar submarinos del Eje y, principalmente, navíos perforadores de bloqueo, que transportaban de Asia, principalmente, materias primas estratégicas para el esfuerzo de guerra de Alemania.

El Saliente Nordestino, abarcando Río Grande del Norte, Paraíba, Pernambuco y Alagoas, dista solamente 3.000 quilómetros del punto más occidental del África francesa, y por ahí pasan importantes rutas del tráfico marítimo, procedentes del Golfo Pérsico y del Extremo Oriente, con destino a los puertos situados al norte de América del Sur, en el Caribe y en América del Norte.

Y la base aérea de Paranamirim-Natal, cedida a los Estados Unidos junto con la base de Belém do Pará, posibilitó el establecimiento de un puente aéreo, estratégicamente fundamental para el abastecimiento de las tropas inglesas que combatían en el norte de África y en el Oriente Medio, así como, después, para la invasión de Europa, a través de Italia, e inclusive el apoyo a las operaciones militares en el Extremo Oriente.

El patrullaje aéreo del Cinturón del Atlántico Sur, entre Recife y Ascensão, fue reforzado por cuatro grupos-tareas y aviones Liberators, y navíos de la IV Flota de los Estados Unidos, con base en Recife, hundieron diversos submarinos de 1.200 t (U-848, U-849 y U-177) y los penetradores de bloqueo -Essemberg, Karin, Wesserland, Río Grande y el Burgenland- navíos que traían mercaderías del Oriente hacia Alemania.

A partir de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos buscaron consolidar la supremacía económica, política, militar y cultural, que conquistaron, derrotando a Alemania y avasallando a Gran Bretaña, a Francia y demás países de Europa Occidental. Y, aunque verbalmente condenasen las políticas de esfera de influencia y de equilibrio de poder, apuntando hacia una era de paz apoyada en la seguridad colectiva de la ONU, los Estados Unidos no renunciaron a la hegemonía en América Latina.

Así como lo hicieron en 1919, en el Pacto de la Liga de las Naciones, tuvieron cuidado en evitar que la ONU pudiese ejercer directamente cualquier influencia en las cuestiones del hemisferio occidental. El Art. 52 de la Carta de San Francisco legitimó una vez más la “existencia de acuerdos u organismos regionales capaces de tratar de las cuestiones relativas al mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales”.

Por medio del Art. 52 de la Carta de San Francisco, los Estados Unidos reafirmaron la Doctrina Monroe, reservándose el derecho de tratar unilateralmente las cuestiones que eventualmente surgiesen en América Latina, sin someterse a un posible veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Y, en 1947, celebraron con todos los países de la región el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), también conocido como Tratado de Río de Janeiro, considerando cualquier ataque al territorio de un Estado americano como un ataque a todos los demás, al mismo tiempo en que ellos se comprometían a resolver sus disputas entre sí antes de recurrir a la ONU.

Estaba demarcada, por lo tanto, la zona de seguridad del hemisferio entre el Polo Norte hasta el extremo Sur de la Patagonia. Y, al año siguiente, 1948, la 9ª Conferencia Interamericana, en Bogotá, recreó la Unión Panamericana bajo el nombre de Organización de los Estados Americanos (OEA), una vez más tratando de excluir a América Latina de la jurisdicción inmediata de la ONU.

Zona estratégica

La política exterior de los Estados Unidos apuntó tradicionalmente a promover intereses privados específicos[15], intereses empresariales, con énfasis en la promoción de mercados abiertos, libre iniciativa y bienvenidas a las inversiones extranjeras -objetivos generalmente presentados como del interés de la humanidad[16].

También su estrategia global siempre fue determinada por los intereses y necesidades de su proceso productivo y de su sociedad, i. e., asegurar las fuentes de materiales estratégicos, tales como los campos de petróleo en Venezuela, las minas de estaño en Bolivia, las minas de cobre en Chile etc., existentes en América del Sur, y mantener abiertas las líneas de acceso, las vías de comunicación y transporte, en el Atlántico Sur y en el Caribe.[17]

El embajador Samuel Pinheiro Guimarães destacó, en su importante obra Quinientos años de periferia, que América Latina, al contrario de lo que muchos imaginan, “es de hecho la zona estratégica más importante para los Estados Unidos”.[18] Sin embargo, dentro de América Latina, configurada por los países situados abajo de Río Grande o Río Bravo del Norte, América del Sur es la región que presenta mayor significación geopolítica, en la estrategia de los Estados Unidos, debido a su enorme potencial económico y político.

Son doce países dentro de un espacio contiguo, del orden de 17 millones de quilómetros cuadrados, el doble del territorio de los Estados Unidos (9.631.418 km2). Su población, en 2007, era de aproximadamente 400 millones de habitantes, también mayor que la de los Estados Unidos (303,8 millones), representando cerca del 67% de toda la llamada América Latina y el 6% de la población mundial, con integración lingüística, por cuanto la inmensa mayoría habla portugués o español, lenguas que se comunican.

Además, América del Sur posee grandes reservas de agua dulce y biodiversidad de la tierra, enormes riquezas en recursos minerales y energéticos -petróleo y gas- pesca, agricultura y pecuaria. Y la integración del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) con los países de la Comunidad Andina (CAN), Chile y Venezuela, permite la formación de una masa económica que se puede calcular en más de U$S 3 trillones, mayor que la de Alemania, del orden de U$S 2,8 trillones, en 2007, calculada en base a la paridad del poder de compra.

La importancia geopolítica de América del Sur en la estrategia de los Estados Unidos, para mantener la hegemonía global, está en gran medida e intrínsecamente vinculada a su dimensión económica y comercial.

De ahí el porqué el presidente George W. H. Bush anunció el 27 de junio de 1990 The Enterprise of the Americas Initiative (EAI), con la intención de instituir una zona de libre comercio, desde Anchorage, en Alaska, hasta la Tierra del Fuego. El presidente William J. Clinton (1993-2001), que lo sucedió, reanimó la idea y presentó la propuesta, unilateralmente, a los demás jefes de gobierno, en la Cúpula de las Américas, realizada en Miami, entre el 9 y el 11 de diciembre de 1994, bajo el nombre de Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Esta propuesta de integración económica regional ocultaba, sin embargo, objetivos geopolíticos, con respecto a la seguridad continental, mediante el fortalecimiento de las instituciones democráticas y combate al narcotráfico y al terrorismo, amenazas que sustituyeron la subversión y el comunismo, en la agenda militarista de los Estados Unidos, luego de la descomposición del Bloque Socialista y de la Unión Soviética. El coronel (R) Joseph R. Núñez, del Ejército de los Estados Unidos, resaltó en un estudio publicado por el Strategic Studies Institute, del U.S. Army War College, que

with current concerns about the Free Trade Area of the Americas and the strength of democratic regimes, along with the growing need for homeland—even hemispheric—security, it is most important that we seriously consider new ways to respond to our strategic situation.[19]

Lo que los Estados Unidos pretendían, con la formación del ALCA, así como de la APEC (Asia-Pacif Economic Cooperation) y la celebración de más de 200 acuerdos comerciales, entre los cuales estaban los de la Ronda Uruguay, era construir una red de compromisos internacionales, de tal forma de modelar el sistema económico mundial y hacerlo funcionar en beneficio de América, i. e., de los Estados Unidos, como centro más dinámico de la economía global, en el siglo XXI.

La propia secretaria de Estado, Madeleine K. Albright, en aquel momento, proclamó que “(…) We must continue shaping a global economic system that works for America”.[20] Y la embajadora Charlene Barshefsky, como jefe de la United States Trade Representative (USTR), defendió la aprobación de la fast track, en la House of Representatives, argumentando que el principio subyacente de la política comercial de la administración del presidente Clinton era “to support U.S. prosperity, U.S. jobs and the health of the U.S. companies”.[21]

Según sustentó el embajador Samuel Pinheiro Guimarães, el ALCA representaba parte de la estrategia de mantenimiento de la hegemonía económica y política de los Estados Unidos sobre América del Sur, por cuanto, mucho más que una tradicional área de libre comercio, ella, de ser implantada, envolvería compromisos internacionales en las áreas del comercio de bienes y servicios, de inversiones directas, de compras gubernamentales, de patentes industriales, de normas técnicas y, muy probablemente, de medio ambiente y padrones laborales.[22]

Su propósito central consistía en crear un conjunto de reglas, a fin de incorporar a los países de América del Sur, sobre todo Brasil, al espacio económico (y al sistema político) de los Estados Unidos, de forma asimétrica y subordinada, limitando su capacidad de formular y ejecutar una política económica propia, para atraer y disciplinar las inversiones extranjeras, ampliar la capacidad industrial instalada, estimular la creación e integración de las cadenas productivas, promover la transferencia efectiva de tecnología y el fortalecimiento del capital nacional.[23]

La propuesta de formación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), como la vertiente económica de la estrategia global de los Estados Unidos para mantener la hegemonía en el hemisferio, se conjugó con la aplicación de las medidas neoliberales, establecidas por el Consenso de Washington (consenso entre el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos), recomendando la privatización de las empresas estatales, desregulación de la economía y liberalización unilateral del comercio exterior.

El Estado, por lo tanto, debía retirarse de la economía, ya sea como empresario o como regulador de las transacciones domésticas e internacionales, sometiéndola a las fuerzas del mercado.

La orientación del Consenso de Washington, fue en el sentido de reducir el papel del Estado, tornarlo una miniatura de Estado, el Estado-mínimo, lo que significaba, en medio de la globalización de la economía, el constreñimiento de la propia soberanía nacional de los países de América del Sur (también de otros continentes), con la entrega de todo el poder económico a las corporaciones transnacionales, la mayoría de las cuales eran americanas, que se adueñaban de las empresas estatales, puestas a la venta por los gobiernos, bajo el signo de la privatización, que implicaba, en la mayoría de los casos, su extranjerización.

Lo que se pretendió fue abrir el mercado latinoamericano, o, más específicamente, el mercado sudamericano a la competencia, dando a las corporaciones transnacionales y a los inversores y banqueros la libertad de movilizar capitales, bienes, plantas industriales, lucros y tecnología, sin que los gobiernos nacionales pudiesen crear obstáculos.

Dentro de dicho modelo económico, los países de América del Sur debían abdicar de su soberanía, desarmándose, militarmente, y aceptando retirar del poder jurídico nacional y transferir hacia una comisión internacional de arbitraje, la capacidad de juzgar y decidir cualquier litigio entre el Estado nacional y las megaempresas multinacionales de los Estados Unidos.

Con el establecimiento del ALCA, estas empresas terminarían por adquirir un poder superior al de los Estados nacionales, en la línea del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), negociado, pero no concluido,[24] en el ámbito de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), con el propósito de establecer normas multilaterales para regular, liberalizar y proteger las inversiones extranjeras, e impedir cualquier intervención gubernamental sobre activos financieros de propiedad de personas físicas o jurídicas extranjeras, existentes en determinado país.

Con todo, al final de los años 1990, luego de la aplicación de las medidas neoliberales preconizadas por el Consenso de Washington, el general Charles E. Wilhelm, comandante-en-jefe del Southern Command de los Estados Unidos (USSOUTHCOM), reconoció que, en su área de responsabilidad, América del Sur, “democracy and free market reforms are not delivering tangible results to the people” y naciones situadas (¿dónde?) estaban peor económicamente que antes de la restauración de la democracia. “Can democracy survive without an economic system that produces adequate subsistence and services for the majority of its citizens?” – preguntó.[25]

También Henry Kissinger, en su obra Does America Need a Foreign Policy?, reconoció que “neither globalization nor democracy has brought stability to the Andes”.[26] También en Bolivia, el deterioro de las condiciones de vida se aceleró desde 1985, durante los 15 años en que Bolivia se presentó como modelo de libre mercado, alcanzó principalmente a los campesinos y redujo a la miseria más del 80% de la población en el área rural.

Y, en la inauguración de un seminario, cuando lanzó la Estrategia Boliviana de Reducción de Pobreza (EBRP), el propio presidente Hugo Banzer deploró que la estabilidad económica a lo largo de 15 años, durante los cuales Bolivia se presentó como modelo de libre mercado, no hubiese contribuido para disminuir los índices de pobreza que en más de la mitad de la población boliviana (63%), especialmente la de origen indígena, vivía en el año 2000.

El deterioro de las condiciones de vida, acelerado desde 1985, había alcanzado principalmente a los campesinos y en el área rural más del 80% de la población estaba reducida a la miseria. La cuestión agraria, que la revolución de 1952 buscara equilibrar, mediante el reparto de los latifundios y distribución de tierras para los trabajadores rurales, se tornó otra vez un grave factor de tensiones sociales y los conflictos sociales irrumpieron.[27]

La debacle económica y financiera de Argentina, que no tuvo otra alternativa sino la de practicar el default, i. e., suspender el pago de la deuda externa, en medio de una aguda crisis social y política, evidenció el carácter perverso del modelo neoliberal. Con toda razón el periodista norteamericano Paul Krugman comentó, en el New York Times, que el “catastrófico fracaso” (catastrophic failure) de las políticas económicas allá aplicadas con el sello -“made in Washington”- representaban asimismo un desastre para la política exterior de los Estados Unidos, así como el mayor revés para la propuesta del ALCA[28].

Las negociaciones para la implantación del ALCA, cuyo objetivo era aplicar efectivamente la Doctrina Monroe a la economía y al comercio de la región, no alcanzaron, de hecho, ningún resultado, debido a la oposición del Mercosur. Brasil y Argentina, al frente, rechazaron, inter alia, las pretensiones de los Estados Unidos, con respecto a las inversiones y servicios y otras reglas relativas a patentes, reforzando las ya existentes en la Organización Mundial del Comercio (OMC), así como la apertura del mercado de compras gubernamentales, lo que impediría el Estado, el mayor consumidor de bienes de capital, orientarlas en benefício de las empresas nacionales o incluso de las empresas extranjeras con sede en el país.[29]

América del Sur y la formación de una identidad propia

Si bien América Central y el Caribe son esenciales a la defensa de su territorio y de las rutas marítimas, entre la costa del Pacífico y la costa del Atlántico, América del Sur todavía se reviste de una fundamental importancia geopolítica para los Estados Unidos, sobre todo vis-à-vis la formación de la Unión Europea y la emergencia de China.

Dado que celebrara con México y Canadá el North American Free Trade Agreement (NAFTA) y los países de América Central y del Caribe, con excepción de Cuba, tendían a gravitar, inevitablemente, en la órbita de los Estados Unidos, se configuraba necesario a la elite política de Washington y a la comunidad de los hombres de negocios, de las grandes empresas multinacionales, asegurar el completo dominio del mercado y de las fuentes de materias primas y energía de América del Sur. No les convenía, por lo tanto, que Brasil y Argentina, atrayendo a Paraguay y a Uruguay, avanzasen con el proyecto de construcción del Mercosur, constituyendo una unión aduanera, con la perspectiva de que evolucionase hacia un mercado común, similar a la Unión Europea.

Henry Kissinger, en Does America Need a Diplomacy?, se refirió a la contradicción entre el NAFTA y el Mercosur y afirmó el peligro que representaba la tendencia de América Latina para integrarse de modo autónomo y, tal vez, hostil a una amplia estructura hemisférica.[30] Esto sería ya no un simple “setback” para las perspectivas económicas de los Estados Unidos de integrar un mercado de 400 millones de personas, que representaba el 25% de su comercio de ultramar, sino también para su esperanza de un nuevo orden, “based on growing comunity of democracies in the Americas and Europe”.

La declaración del presidente Fernando Henrique Cardoso de que el “Mercosur es más que un mercado, el Mercosur es, para Brasil, un destino”, mientras el ALCA era “una opción”, repercutió en los Estados Unidos, y Kissinger le advirtió que el Mercosur estaba propenso a presentar las mismas tendencias manifestadas en la Unión Europea, que buscaba definir una identidad política europea no sólo distinta de los Estados Unidos, sino en manifiesta oposición a los Estados Unidos.

El acentuó que la afirmación de esta “identidad propia, diferenciada de América del Norte, estaba creando una potencial contienda entre Brasil y los EE.UU. sobre el futuro del Cono Sur“.[31] Según afirmó, especialmente en Brasil, había líderes atraídos por la perspectiva de una América Latina políticamente unificada confrontando con los Estados Unidos y el NAFTA.[32]

Y, como Samuel Pinheiro Guimarães acentuó, Brasil realmente configura, en América del Sur, el “único rival posible a la influencia hegemónica de los Estados Unidos”, debido a sus dimensiones geográficas, demográficas y económicas y a su posición geopolítica y estratégica[33], a lo largo de gran parte del Atlántico Sur, enfrentando a África Occidental.

Y fue Brasil, con el apoyo de Argentina, que obstó la implantación del ALCA, prevista para el año 2005. Estos dos países, con una población total de más de 232 millones de habitantes (2007, est.) y un PBI conjunto de U$S 2,3 trillones (2007), según la paridad del poder de compra, son los que realmente más interesan a los Estados Unidos, no sólo por el amplio mercado que representan, sino también por el peso geopolítico y el valor estratégico que poseen.

Mientras tanto, no obstante el fracaso de las negociaciones para formación del ALCA, los Estados Unidos, cambiando de táctica, trataron de obligar a los países de América del Sur, América Central y el Caribe a firmar acuerdos de libre comercio y abrir sus mercados, instrumentando tanto el Central America Free Trade Agreement (CAFTA), en los entendimientos con los países de América Central, como el Andean Trade Preference Act (ATPA), con el que el Congreso expandió en 2008, el Andean Trade Promotion and Drug Erradication Act (ATPDEA), para las negociaciones con Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador.

Esta ley, el ATPDEA, permitía a los Estados Unidos conceder, unilateralmente, preferencias comerciales, sin reciprocidad, a los países con los cuales firmasen tratados de libre comercio. La sociedad entre desiguales evidentemente sólo favorecía los Estados Unidos, pero la posibilidad de recibir preferencias comerciales, sin reciprocidad, alimentó en determinados sectores empresariales, dentro de todos los países, el interés en negociar acuerdos de libre -comercio, antes del cierre del plazo de vigencia del ATPDEA[34].

Y los cuatro países andinos, Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador, juntos, representaban, en 2006, un mercado de aproximadamente U$S 11,6 mil millones para las exportaciones de los Estados Unidos, dando acceso a cerca de 5.600 productos con exención arancelaria, y un mercado de U$S 8,2 mil millones para sus inversiones directas.

Con todo, desde 2004, cuando las negociaciones estaban en curso, la alteración del contexto político en América del Sur se acentuó aún más, con la elección de Evo Morales (2005) y Rafael Correa (2007), ambos líderes de izquierda y nacionalistas, para la presidencia de Bolivia y de Ecuador. Este hecho complicó la ecuación estratégica de los Estados Unidos, evidenciando el creciente desvanecimiento de su influencia en la región, tanto que no consiguieron siquiera derrocar al presidente Hugo Chávez del gobierno de Venezuela, a pesar de las diversas tentativas alentadas por la CIA, como el frustrado golpe militar-empresarial, en abril de 2002, y las huelgas de los trabajadores de la PDVSA, paralizando la producción de petróleo.

Militarización de Colombia

El principal interés de Washington, inter alia, en los Estados andinos son las fuentes de energía que allá existen, y garantizar los suministros de petróleo oriundos de Ecuador y de Colombia, que es actualmente el tercer mayor exportador de petróleo hacia los Estados Unidos, entre los países de América Latina, por debajo apenas de Venezuela y de México. Cerca de once de las dieciocho empresas, que extraen petróleo en Colombia, son norteamericanas, cuyas inversiones financian la explotación de un tercio de su territorio, inclusive degradando el medio ambiente.

Son necesarias nuevas inversiones para mantener y aumentar las exportaciones de petróleo. Y el descubrimiento de nuevas reservas se torna esencial para las exportaciones, lo que implica la investigación y cosecha del petróleo en otro tercio del país, controlado aún por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y por el Ejército de Liberación Nacional (ELN). No fue por otra razón que el presidente Bill Clinton, en el 2000, lanzó el Plan Colombia, previendo inversiones de cerca de U$S 6 mil millones, de los cuales los Estados Unidos participarían con U$S 1,3 mil millones para la compra de helicópteros y otros armamentos.

Los cinco oleoductos existentes en Colombia, sobre todo el que transporta más de 100.000 bpd del campo de Caño Limón, en Arauca, para el puerto Coveñas, en el Caribe, sufren más de un centenar de ataques y actos de sabotaje por año, perpetrados por las FARC y por el ELN. Desde 1986, ocurrieron más de 900 incidentes causando pérdidas de más de 2,5 millones de barriles de petróleo y, entre 1998 y 2008, las empresas extranjeras y el gobierno de Colombia tuvieron perjuicios del orden de U$S 1 mil millones como consecuencia de los ataques efectuados por los guerrilleros de las FARC y del ELN.

Esta es la razón por la cual entre el 10% y el 15% de las tropas del Ejército colombiano y de los asesores militares de los Estados Unidos están movilizados, a lo largo de los cinco oleoductos y otras instalaciones, para proteger la infraestructura energética y las compañías extranjeras de petróleo, entre las cuales se encontraba la Occidental Petroleum Corp. (OXY), Royal Dutch/Shell y la BP-Amoco, que hacen donaciones al Ministerio de Finanzas de Colombia para su propia protección.

El diario Los Angeles Times reveló que, en siete años, desde el lanzamiento del Plan Colombia, el Ejército colombiano recibió U$S 4,35 mil millones para combatir las guerrillas, y los soldados y policías cometieron un creciente número de asesinatos, abusos de derechos humanos y, durante el período de cinco años que terminó en junio de 2006, el número de ejecuciones extrajudiciales aumentó en más del 50%, con relación al período anterior.[35]

En 2009, la ayuda militar concedida por los Estados Unidos a Colombia, desde 2004, alcanzará el monto de U$S 3,3 mil millones.[36] La aplicación de tales recursos, votados por el Congreso americano, apuntó a proteger los intereses económicos de los Estados Unidos en la región, especialmente el oleoducto de Caño Limón, operado por la Occidental Petroleum y por la Royal Dutch/Shell, en Arauca, donde se concentra la mayor parte de los asesores militares de los Estados Unidos y ocurren las mayores violaciones a los derechos humanos.[37]

Aunque la administración del presidente George W. Bush presente el combate al narcotráfico y el combate al terrorismo para justificar la concesión anual de U$S 700 millones a Colombia, la mayor parte como asistencia militar, el principal objetivo es proteger los oleoductos, sobre todo el de Cañón Limón, en el Departamento de Arauca, operado por la Occidental Petroleum Co. y por la Royal Dutch/Shell, ya detonado cerca de 79 veces, a fin de asegurar los suplementos futuros de petróleo a los Estados Unidos e inspirar confianza a los inversores extranjeros.

Y con el cierre de la Forward Operating Location (FOL), después, denominada Cooperative Security Location (CSL), i. e, la base militar instalada de los Estados Unidos en Manta, en Ecuador, previsto para 2009, debido a la denuncia del contrato por el presidente Rafael Correa, el U.S. Southern Command (USSOUTHCOM) pasó a indagar su transferencia hacia la base aérea de Palanquero, en Puerto Salgar, 120 millas al norte de Bogotá.

Esta base aérea, en Puerto Salgar, puede albergar más de 2.000 hombres, posee una serie de radares, además de casinos, restaurantes, supermercados, hospital y teatro. Y la pista del aeropuerto, la más larga de Colombia, tiene 3.500 metros de longitud, 600 metros más grande que la de Manta, y permite la partida simultánea de hasta tres aviones. Los Estados Unidos tendrán así un punto de apoyo, en el centro de Colombia, todavía mejor que el de Manta, como Forward Operating Location.

En 2004, con la Andean Counterdrug Initiative, el presidente George W. Bush expandió el Plan Colombia, como uno de los aspectos de la estrategia de los Estados Unidos para asegurar su presencia militar en América del Sur y, en particular, en la Amazonia.[38]

Y el Congreso aprobó la duplicación del número de soldados radicados en Colombia, que subió de 400 a 800, y el de contractors, mercenarios (ex-militares) empleados por las military companies, mediante las cuales el Pentágono terceriza las funciones militares (outsourcing),[39] aumentó de 400 a 600. Estos militares y mercenarios americanos adiestran y apoyan cerca de 17.000 soldados, que ejecutaron el Plan Patriota, amplia ofensiva de contrainsurgencia en las selvas en el Sur de Colombia.

Con razón, el embajador Samuel Pinheiro Guimarães, en su obra Desafíos brasileños en la era de los gigantes, apuntó a “la creciente presencia de asesores militares americanos y la venta de equipamientos sofisticados a las Fuerzas Armadas colombianas, supuestamente para apoyar los programas de erradicación de las drogas, pero que pueden ser, fácil y eventualmente, utilizados en el combate a las FARC y al ELN”, como un componente relativamente nuevo en la cuestión de seguridad de la Amazonia.[40]

Con la asistencia de los Estados Unidos, el Ejército de Colombia se tornó el mayor y el mejor equipado, relativamente, de América del Sur. Con una población de 44 millones de habitantes, Colombia posee un contingente militar de cerca de 208.600 efectivos, mientras Brasil, con 8,5 millones de quilómetros cuadrados y más de 190 millones de habitantes, tiene un contingente de solamente 287.870, y Argentina, con 40 millones de habitantes y un territorio de 2,7 millones de quilómetros cuadrados, tiene un efectivo de apenas 71.655.

Colombia, con un PBI de $320.4 mil millones (2007 est.), de acuerdo con la paridad del poder de compra, destina el 3,8% a gastos militares, mientras que Brasil, cuyo PBI es de $1.838 trillones (2007 est.), gasta apenas un 1,5%, Argentina con un PBI de $523.7 mil millones (2007 est.), gasta apenas 1,1%. En 2005, el Congreso estipuló para la región una ayuda económica de U$S 9,2 millones y cerca de U$S 859,6 millones para asistencia militar. [41]

En realidad, es el Pentágono quien determina y dirige la política exterior de los Estados Unidos con respecto a América Central y a América del Sur. La República de la Guayana permitió que la Beal Aerospace Technologies, compañía americana, construyese una base para el lanzamiento de cohetes y satélites, en Essequibo, territorio litigioso, disputado por Venezuela, lo que permitiría establecer la presencia militar de los Estados Unidos, a lo largo de su flanco oriental.

Pero no solamente a través de la Guayana, en cuya costa la Exxon Mobil, con la filial de la Esso Exploration and Production Guyana Ltd., inició la explotación de petróleo en aguas profundas, los Estados Unidos tratan de aumentar su presencia en la Amazonia. El secretario de Defensa de los Estados Unidos, Robert Gates, propuso al presidente de Suriname, en octubre de 2007, el establecimiento de una base en su territorio para testear los nuevos vehículos militares desarrollados, por la General Dynamics Combat Systems, destinados a operaciones en las selvas.[42]

 Vehículo de asalto blindado para operaciones en las selvas.

Vehículo de asalto blindado para operaciones en las selvas.

También en Perú, región de Ayacucho, epicentro de la guerra contra el grupo Sendero Luminoso (1980-2000), el primer contingente de 70 soldados americanos de la Task Force New Horizons comenzó a operar en mayo de 2008, bajo el mismo pretexto de realizar tareas humanitarias. Este número debería ser aumentado para un total de 350, entre el 1° de junio y el 31 de agosto.

Y en octubre de 2008, pilotos, tripulantes de la U.S. Army CH-47D “Chinook”, y soldados Task Force New Horizons, fuertemente armados, estaban dando apoyo, con helicópteros pesados, a más de 990 militares americanos, operando en esta región, 575 quilómetros al sudeste de Lima, donde los Estados Unidos negociaban con las fuerzas Armadas de Perú la instalación de una base militar, en el contexto de los entendimientos para firmar el Tratado de Libre Comercio (TLC), celebrado en diciembre de 2007.[43]

El interés de los Estados Unidos en instalar una base en Ayacucho, una zona equidistante de las áreas dominadas por las FARC, en Colombia, y de los conflictos sociales en Bolivia, facilita la movilización de sus contingentes en toda la región de América del Sur. Los Estados Unidos cuentan todavía con una base naval en Iquitos, en el norte del país, en una región estratégica de la Amazonia peruana, en la cual disponen de equipamiento fluvial, como lanchas de combate, y otras bases en Santa Lucía y sobre el río Nanaí.

El estacionamiento permanente de tropas y equipamientos bélicos, en Suriname y en la Guayana, así como en Colombia y también en Perú,[44] como antes en Ecuador y en Bolivia, dan a los Estados Unidos una enorme ventaja estratégica para intervenir militarmente en cualquier país, si es necesario, a fin de defender sus intereses económicos y ocupar las nacientes del río Amazonas.

En realidad, la militarización de Colombia, con la presencia de más de 1.000 militares y mercenarios (ex-militares empleados por las military firmas empresas del Pentágono) americanos en la región, y en otros países vecinos, constituye un desafío para la propia seguridad nacional de Brasil, en la medida en que amenaza la seguridad de la Amazonia.

De Ecuador a Colombia, de Colombia a... Fuente: Graphic Maps – World Atlas.Com.

De Ecuador a Colombia, de Colombia a... Fuente: Graphic Maps – World Atlas.Com.

De cualquier forma, el objetivo estratégico inmediato de los Estados Unidos es armar y mover a Colombia como una importante pieza en el ajedrez de América del Sur. Es hacerla un pivot country, un enclave, como Israel en el Oriente Medio, y emplearla como contrapeso de Venezuela, para cualquier eventual contingencia, i. e., de intervención militar, pero sin usar sus propias tropas y sí contingentes de un país sudamericano, en este caso, Colombia, en el caso de que el gobierno del presidente Hugo Chávez amenace aún más sus intereses económicos, como, e. g., suspendiendo el suministro de petróleo a los Estados Unidos y desviando hacia China toda su vasta producción.

Los recursos energéticos de América del Sur

Venezuela, cuyas reservas están entre las mayores del mundo, es el cuarto mayor exportador de petróleo hacia los Estados Unidos. Responde por cerca del 15% de su consumo diario. La proximidad geográfica entre los dos países torna barato el costo del transporte, a través del Caribe. Y las relaciones extremadamente antagónicas entre el presidente Hugo Chávez (1999) con el gobierno del presidente George W. Bush no afectaron el comercio entre los dos países, inclusive porque los Estados Unidos, por otro lado, son el principal mercado para la producción de energía de Venezuela.

Pero constituye motivo de preocupación, en Washington, el hecho de que Venezuela haya comenzado a exportar petróleo hacia China, que busca más y más fuentes de energía, a fin de atender el impetuoso crecimiento económico, y se tornó su principal socio en América del Sur. El volumen de petróleo, cada vez mayor, importado de Venezuela por parte de China, cerca de 70.000 bpd, en 2006, subió a 197.000 bpd, en 2007, año en que el comercio entre los dos países alcanzó el monto de U$S 2,5 mil millones.[45]

China está ampliando su intercambio, no sólo con Venezuela, sino también con Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina y Brasil. Su comercio con los países de América Latina, en general, alcanzó, en 2005, el monto de aproximadamente U$S 50 mil millones, de los cuales los negocios con los países del Mercosur –Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay– representaron el 85% del total.

Pero China está interesada, sobre todo, en asegurar fuentes de energía, como el gas y el petróleo. La China Petro Chemical Corp (Sinopec), en 2004, firmó contrato con la Petrobrás para explotar la plataforma submarina, en diversas áreas, cerca de África, Venezuela, Ecuador, Colombia y el Golfo del México.[46] Y esta creciente expansión económica y comercial de China en América del Sur alarmó a los formuladores de la política exterior de los Estados Unidos hasta entonces concentrados en los problemas del Oriente Medio.

Venezuela, Bolivia y Ecuador poseen importantes reservas de gas y petróleo. De acuerdo con la Energy Information Administration, de los Estados Unidos, Venezuela, uno de los diez mayores productores de petróleo del mundo, posee reservas comprobadas de 80 mil millones de barriles y produjo cerca de 2,8 millones bpd, en 2006. Bolivia posee la segunda mayor reserva de gas natural, en América del Sur, después de Venezuela. Los recursos naturales en la región de Santa Cruz de la Sierra, son estimados en 2,8 trillones de pies cúbicos de gas de los 26,7 trillones de reservas probadas de Bolivia. Sumadas a las probables, el volumen sube a 48,7 trillones de pies cúbicos.

Las reservas de petróleo de Ecuador, el quinto mayor productor sudamericano, son estimadas en 4,5 mil millones y sus exportaciones sumaron 376.000 bpd, en 2006. Brasil, Colombia, Argentina y Perú también producen gas y petróleo. No obstante, de todos estos países, apenas Brasil, según la evaluación de Stephanie Hanson, editora del Council on Foreign Relations, think-tank con sede en Nueva York desde 1921, tiene el potencial de tornarse un significativo productor mundial de petróleo, en la próxima década, con la explotación de los yacimientos encontrados en la región del pre-sal, descubiertas en aguas profundas, en las cuencas del Sur y Sudeste de Brasil.[47] Las reservas probadas actualmente existentes son del orden de 11 mil millones de barriles, pero la producción de Brasil podrá saltar a 2,2 millones bpd, en 2006, para 3,5 millones de bpd, en 2012, y permitir la exportación de un mayor excedente.

Brasil en el mapa geopolítico del petróleo

La estimación de la Asociación Brasileña de Geólogos de Petróleo (ABGP) es que la Cuenca de Santos, en el litoral del Estado de San Pablo, contiene 33 mil millones de barriles. Este volumen cuadruplica las reservas de petróleo de Brasil, que suben de 13 mil millones de barriles (comprobados) a cerca de 46 mil millones de barriles. Los datos son aún muy imprecisos. Lo cierto es que, en el campo de Tupí (litoral de Santos), hay cerca de 5 a 8 mil millones de barriles. Sin embargo, la Petrobrás todavía tiene ocho campos más promisorios: Caramba, Bem-te-vi, Carioca, Guará, Júpiter, Iara y Parati.

Y ahí es posible, según los cálculos de la Petrobrás y la información de Stephanie Hanson, del Council on Foreign Relations, que la cantidad de petróleo alcance de 70 a 100 mil millones de barriles, más allá del gran volumen de gas.[48] Todo indica, sin embargo, que la capa de pre-sal se extienda por 800 kilómetros, con 200 kilómetros de ancho, desde Espíritu Santo, norte de Río de Janeiro, a Santa Catarina,[49] y es inclusive posible que alcance toda la costa de Argentina.

Las reservas descubiertas en la capa pre-sal a lo largo de la costa, entre Espíritu Santo y Santa Catarina, insertaron a Brasil en el mapa geopolítico del petróleo. Este fue uno de los factores, inter alia, que probablemente llevaron al presidente George W. Bush a restaurar la IV Flota, hacia el Atlántico Sur, bajo el pretexto de combatir el tráfico de drogas, de armas y de personas, el terrorismo y la piratería que amenaza el flujo del libre comercio en los mares del Caribe y de América del Sur. Sin embargo, el propio almirante Gary Roughead, jefe de Operaciones Navales, anunció el 24 de abril que se había decidido a restablecer la IV Flota, en virtud de la inmensa importancia de la seguridad marítima en el Sur del hemisferio.

Mapa de América Central y de América del Sur bajo la jurisdicción del South Command de las fuerzas Armadas de los Estados Unidos para el hemisferio occidental.

Mapa de América Central y de América del Sur bajo la jurisdicción del South Command de las fuerzas Armadas de los Estados Unidos para el hemisferio occidental.

Con las operaciones navales de la IV Flota, los Estados Unidos complementan el anillo de bases militares, que incluye Comapala, en El Salvador; Guantánamo, en Cuba; Comayuga, en Honduras; Aruba, en Curação; y Manta, en Ecuador, de donde deberá ser transferida hacia Colombia. Este anillo sería incluso complementado con la base aérea, construida en 1983 y posteriormente ampliada, en Mariscal Estigarribia, en Paraguay, distante apenas 200 quilómetros de la frontera con Bolivia y Argentina, y 320 kilómetros de Brasil, muy cerca de la Triple Frontera. Esta base aérea adonde las tropas de la Special Operations Forces (SOF) comenzaron a llegar en 2005, con inmunidades concedidas por el paraguayo, posee una pista de 3.500 metros de longitud y tiene capacidad para acuartelar 16.000 soldados.[50]

Pero el ex-obispo Fernando Lugo, electo, en 2008, para la presidencia de Paraguay por la Alianza Patriótica para el Cambio, prometió poner fin a la presencia de tropas americanas, con inmunidades, en la región estratégica de Mariscal Estigarribia, y a los ejercicios militares conjuntos con fuerzas paraguayas, percibidos como preparativos para una guerra preventiva, apuntando al control de los recursos naturales de Bolivia, cuyo gobierno del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997), bajo la presión de los Estados Unidos y del Fondo Monetario Internacional, vendiera en 1995 sus reservas de petróleo y gas a la Enron y a la Shell por U$S 263,5 millones, menos del uno por ciento del valor de los depósitos.[51]

Entretanto, la elección del líder indígena Evo Morales, dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS), para la presidencia de Bolivia, amplió el frente de resistencia y oposición a los Estados Unidos en América del Sur, aliándose al presidente Hugo Chávez, de Venezuela. Y él representa a gran parte del pueblo boliviano que se opone a la exportación de gas hacia los Estados Unidos, cuyas reservas, en 2003, representaban apenas el 3% de las existentes en el mundo y el consumo se agotaría en cerca de ocho años, esto es, hasta 2011.

Frente a tan dramática situación, los Estados Unidos intentan apoderarse de cualquier reserva, en cualquier región, por más pequeña que sea. Incluso si nuevos descubrimientos de gas fuesen hechos, no sobrepasarían el 5% del gas mundial, volumen igual al existente, en aquella época, en América del Sur, donde Bolivia y Argentina concentraban la mayor parte.[52] Y de ahí el porqué las compañías petrolíferas, en gran medida, y las agencias de los Estados Unidos explotan las contradicciones internas y estimulan la secesión de los departamentos de Tarija, Chuquisaca, Santa Cruz, Beni y Pando, que conforman la “media luna”, lo que representaría un duro golpe al liderazgo de Brasil en América del Sur y en su cada vez mayor influencia internacional.

Objetivos de la IV Flota

La restauración de la IV Flota implica, por cierto, diversos intereses estratégicos de los Estados Unidos. Pero lo que torna evidente su real objetivo es el hecho de que el comando de la IV Flota fue entregado al contra-almirante Joseph Kernan, oficial de la US Navy SEALs (United States Navy Sea, Air and Land Forces), constituida por las Special Operations Forces, de la Marina de Guerra, y son empleadas en acciones directas y en misiones de reconocimiento especial, capaces de emprender una guerra no convencional, defensa interna en el exterior y operaciones contra el terrorismo.

Uno de los integrantes de la IV Flota es un navío de asalto anfibio, el USS Kearsarge (LHD 3), cuya principal misión es el embarque, desvío y desembarque de fuerzas en cualquier parte del mundo, sirviendo como Expeditionary Strike Group, concepto militar introducido en la Marina de Guerra de los Estados Unidos, a comienzos de los años 1990, y que consiste en fuerzas altamente móviles y auto-sustentables para ejecutar misiones en varias partes del globo. Y su “misión humanitaria” comenzó en Santa Marta, en Colombia, en coordinación con el Comando General de las fuerzas Armadas y el Ejército Nacional de Colombia.

Es evidente que los Estados Unidos, con el dominio de los mares, y del espacio, nunca dejaron de tener navíos de guerra traficando en las aguas internacionales de América del Sur, aunque la IV Flota, creada en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, hubiese sido extinguida, oficialmente, en 1950. Su restauración no significa un cambio mayor en las actividades militares de los Estados Unidos en el Atlántico Sur, dado que el 38% de su comercio global se realiza con países del hemisferio, el 34% del petróleo que importa proviene de la región y 2/3 de los navíos que transitan por el Canal de Panamá se destinan a los puertos americanos.[53]

Apenas oficializó una presencia que de hecho nunca dejó de existir, pero apuntando a demarcar y reafirmar el Atlántico Sur como área bajo su dominio, sobre todo de cara al descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo, en el campo Tupí, en la capa pre-sal del litoral de San Pablo. A los Estados Unidos les preocupa la creciente presencia de China en América del Sur y pretenden controlar sus recursos minerales y energéticos, tales como los yacimientos de hierro de Mutum y las reservas de gas natural existentes en Bolivia, la Patagonia de Argentina y el Acuífero Guaraní, el mayor reservorio de agua subterránea del mundo, situado en los países que integran el Mercosur.[54]

La restauración de la IV Flota se dio, con todo, dentro de un contexto que se configura altamente desfavorable a los Estados Unidos. El fracaso del intento de golpe contra el presidente Hugo Chávez, en abril de 2002, complicó la ecuación estratégica regional de la administración del presidente George W. Bush. Chávez se consolidó en el poder y protagonizó la oposición a la política y a los intereses de los Estados Unidos.

Y ésta fue reforzada, en el ámbito sudamericano, con la elección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en Brasil, Néstor Kirchner, en Argentina, Evo Morales, en Bolivia, Tabaré Vázquez, en Uruguay, y Rafael Correa, en Ecuador. Algunos más radicales, otros más moderados, imprimieron, de un modo o de otro el rechazo al dominio de los Estados Unidos, por lo menos de una significativa parte de la población. La elección de estos líderes, apodados como “populistas” por parte de los ideólogos del conservadurismo, no significa que América del Sur se inclinó aún más hacia la izquierda.

Ella refleja el enorme desgaste de la influencia de los Estados Unidos, la declinación cada vez mayor de su dominio, las tensiones e incertidumbres relacionadas con el proceso de globalización de la economía, impulsado, particularmente, por los Estados Unidos, luego del desmoronamiento de la Unión Soviética y del Bloque Socialista.

El derrumbe de la influencia de los Estados Unidos en América del Sur, revelado por la dificultad de impedir la elección o deponer gobiernos de tendencia más hacia la izquierda, como ocurrió en los años 1960 y 1970, fue acelerado por el fracaso de las políticas neoliberales recomendadas por el Consenso de Washington, que incrementaron aún más la desigualdad de renta, en la mayoría de los países, fomentaron el aumento del desempleo urbano y ampliaron la brecha social entre ricos y pobres, entre los trabajadores más capacitados y los demás, sin calificación.

La crisis se acentuó, particularmente, en los Estados andinos, como, por ej., Perú, Bolivia y Ecuador, donde el 92% de la población manifestó su desencanto con la economía de mercado, de acuerdo al estudio presentado el Strategic Studies Institute del Army War College de los Estados Unidos.[55] Las investigaciones del Program on International Policy Attitudes (PIPA), realizadas conjuntamente por el Center on Policy Attitudes (COPA) y el Centro for International and Securities Studies at Maryland, University of Maryland (CISSM), a fines de 2006 y comienzos de 2007, mostraron también que la percepción de los Estados Unidos en América Latina continuaba siendo negativa y que solamente 1/3 de los habitantes de Brasil y de Chile creían que ellos tenían una influencia positiva en el mundo.

Los resultados fueron más bajos todavía en México (12%) y Argentina (13%) y en todos los países la oposición a la guerra en Irak oscilaba entre el 65% en Chile y el 95% en Argentina.[56] Y otra investigación indicó que, globalmente, el concepto sobre los Estados Unidos estaba yendo de mal en peor.[57]

Como había observado Kissinger, a comienzos del siglo XXI, América del Sur buscaba definir una identidad política propia, lo que estaba generando una potencial contienda entre Brasil y los Estados Unidos sobre el futuro del Cono Sur”.[58] Esta previsión la había realizado el filósofo alemán George W. Hegel alrededor de 1830, cuando dijo que América era “la tierra del futuro”, en la cual, en tiempos venideros, habría “algo así como una contienda entre la del Norte y la América del Sur, y donde la importancia de la Historia Universal deberá manifestarse”.[59] La contienda es factible.

América del Sur, bajo el liderazgo de Brasil junto con Argentina y Venezuela, está tratando realmente de definir su propia identidad, diferenciada de los Estados Unidos e, incluso, en oposición al dominio de los Estados Unidos, lo que se evidencia con la creación de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y del Consejo Sudamericano de Defensa. Tales iniciativas que implican la desaparición del sistema interamericano, instituido por Washington y configurado por la Organización de los Estados Americanos (OEA), así como el del Tratado de Río de Janeiro, obsoleto y denunciado por México, y de la Junta Interamericana de Defensa (JID).

Pero el acelerado desgaste de la influencia y del prestigio de los Estados Unidos en América del Sur y, en general, en América Latina debilita inclusive su estrategia global, que obedece a las directrices trazadas desde el gobierno de George H. W. Bush (1989-1993), en el sentido de desanimar cualquier desafío a su preponderancia o tentativa de revertir el orden económico y político internacionalmente establecido[60].

En el conflicto con los Estados Unidos, generado por la tentativa de incorporar a Georgia y Ucrania a la OTAN e instalar bases antimisiles en Polonia y en la República Checa, el presidente Hugo Chávez, desafiando a los Estados Unidos, respaldó a Rusia, que envió a Caracas dos bombarderos estratégicos TU-160, para la realización de ejercicios conjuntos con aviones de la fuerza Aérea Venezolana, y señaló que mandará también navíos de guerra al Caribe, como respuesta a la presencia de navíos americanos en el Mar Negro.

Y, en medio del agravamiento del conflicto en Bolivia, a principios de septiembre de 2008, el gobierno de Evo Morales denunció a la Enron y a la Shell, socias mayoritarias de los ductos Transredes, y la Ashmore Energy Internacional, de haber impulsado el plan conspirativo contra su gobierno y consideró persona non grata al embajador de los Estados Unidos, Philip Goldberg, acusándolo de apoyar la rebelión de los departamentos de la “media luna” contra La Paz y alentar la secesión de Bolivia, acusación que, por cierto, tiene fundamento.[61]

Solidario con Evo Morales, el presidente Hugo Chávez expulsó al embajador de los Estados Unidos en Caracas, Patrick Duddy, dándole el plazo de apenas 72 horas para abandonar el país. Y Argentina, Brasil y Uruguay, por su parte, manifestaron solidaridad al gobierno de Evo Morales, enfáticamente, condenaron el levantamiento y los actos terroristas y sabotajes de la oposición, en el Oriente boliviano, como tentativa de desestabilizar el orden constitucional del país, y dejaron claro, de modo inequívoco, que no aceptarán ni reconocerán la secesión de los departamentos del Oriente boliviano.

Conclusiones

No hay duda de que las tensiones y los conflictos en Bolivia y en Georgia se entrelazan, generados y alimentados por la disputa de las fuentes de energía en que los Estados Unidos se empeñaron, a fin de mantener su way of life, con alto nivel de consumo y de despilfarro. Como bien observó el cientista político José Luis Fiori, está en curso una nueva “carrera imperialista”, entre las grandes potencias, que luchan por su seguridad energética y alimenticia.

China penetra cada vez más en África, donde los países de la Unión Europea buscan conservar la preeminencia sobre sus antiguas colonias. Y la competencia, como prevé José Luis Fiori, deberá alcanzar a América Latina, aunque de forma aún más intensa, gracias a sus recursos de gas y petróleo, a sus grandes reservas minerales y recursos hídricos, y a su inmensa capacidad de producción alimenticia, muy superior a la de África.[62]

Este aspecto económico-comercial seguramente también pesó en la decisión americana de reactivar la IV Flota en el Atlántico Sur, con la perspectiva de que la región se torne uno de los grandes centros productores de petróleo, en virtud de los recientes descubrimientos de yacimientos, en la capa pre-sal en el litoral de San Pablo y que probablemente se extienden por todo el Sur hasta el litoral de Argentina.

Y el compromiso de Brasil, que se proyecta cada vez más como potencia económica y política, será inevitable. Es el mayor exportador mundial de alimentos, en breve habrá de tornarse en uno de los mayores exportadores de petróleo, y posee gran parte del Acuífero Guaraní, así como de las aguas del Amazonas y de la biodiversidad existente en la región.[63]

En tales circunstancias, Brasil no puede dejar de reequipar y modernizar sus fuerzas Armadas, particularmente la Marina de Guerra, con la construcción del submarino nuclear, y adquirir cada vez más autonomía y autosuficiencia en la producción de material bélico, condición esencial para alcanzar el status de gran potencia, integrando a toda América del Sur.

Tampoco se puede descartar la hipótesis de guerra con una potencia tecnológicamente superior o el involucramiento de Brasil en un conflicto que alcance sus fronteras y, por consiguiente, afecte su seguridad nacional, como en Bolivia, involucrando a Venezuela.

Y un Estado que necesita importar continuamente armamentos y municiones y navíos para el transporte, no está en condiciones de enfrentar la eventualidad de una guerra. Una Segunda Guerra Fría fue deflagrada y envuelve a América del Sur, donde la penetración de los Estados Unidos constituye un factor de inestabilidad e inquietud.

El elevado grado de turbulencia interna y resistencia y oposición de la mayoría de los gobiernos a la voluntad de los Estados Unidos, denota claramente el desvanecimiento de su hegemonía, en la región donde antes su fiat tenía fuerza de ley, y repercute, profundamente, sobre su estrategia global, en el sentido de imponer la Pax Americana, i. e, “preservar y extender un orden internacional amigable (friendly) a nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios”, de acuerdo a las directrices del Project for the New American Century (PNAC)[64].

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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[1] Circular n° 907. a las Misiones Diplomáticas Brasileñas. Confidencial. La cuestión del Chaco – Los títulos de los contendores., embajador José Joaquim Moniz de Aragão, Secretario-General del Itamaraty. Río de Janeiro, 28.8.1934. AHI – Guerra del Chaco – 9(31).(45)5. Archivo del embajador Moniz de Aragão.

[2] KISSINGER, Henry. Does America Need a Foreign Policy? Toward a Diplomacy for the 21st Century. Nueva York: Simon & Schuster, 2001, p. 468.

[3] “Amerika ist somit das Land der Zukunft, in welchem sich ins vor uns liegenden Zeiten, etwa im Streite von Nord- und Südamerika, die weltgeschichtliche Wichtigkeite offenbaren soll.“ HEGEL, G.W.F. Vorlesung über die Philosophie der Weltgeschichte. In: Die Vernunft in der Geschichte. Hamburg: F. Meiner Verlag, 1994. Band 1, p. 209.

[4] MACKINDER, Sir Halford John. “The Geographical Pivot of History”, Geographical Journal, Royal Geographical Society London, April 1904 , vol. XXIII pp. 436.

[5] The United States is practically sovereign on this continent, and its fiat is law upon the subjects to which it confines its interposition”. Nota a Gran Bretaña, 20/.06/.1895, apud KISINGER, Henry. Diplomacy. Nueva York: A touchstone Book/ Simon Schuster, 1994, p. 38. Vide também HICKS, John D. A Short History of American Democracy. Boston: Houghton Mifflin Company-Riverside Press, 1943, p. 602. PERKINS, Dexter. A history of the Monroe doctrine. Boston: Little, Brown, 1963, p. 175.

[6] MAHAN, Alfred T.. The Influence of Sea Power upon History – 1660-1783. Nueva York: Dover Publication, Inc., 1987, p. 87.

[7] KISSINGER, Henry. Diplomacy. Nueva York: A Touchstone Book/Simon Scguster, 1994, pp. 37-38.

[8] MACKINDER, Sir. Halford J.. Britain and the Britain Seas. Oxford: At the Claredon Press, 2nd edition, 1925, p. 334.

[9] MACKINDER, Sir Halford John. Democratic Ideals and Reality. Westport Connecticut: Greenwood Press, Publisher, 1981, pp. 59-60.

[10] ROOSEVELT, Theodore. Theodore Roosevelt. An Autobiography. Nueva York: A da Capo Paperback, 1985, p. 538.

[11] SCHIRMER, Daniel B. Republic or empire American: resistance to the Philippine war. Boston: Schenkman, p. 20.

[12] Ibid.

[13] “The French and English texts, it was to turn out, though both of them official, were inconsistent with one another. One declared the Doctrine was not “to be considered as incompatible with any one of the provisions of the present pact”. The other declared the Doctrine to be “not affected by the engagement of the Convenant”. One subordinated the Doctrine to the Convenant; the other the Convenant to the Doctrine”. Perkins, 1963, p. 297.

[14] CARVALHO, Delgado de. História diplomática do Brasil. São Paulo: Ed. Nacional, 1959, p. 305. SMITH, Joseph. The cold war: 1945-1992. 2. ed. Oxford: Blackwell, 1998., pp. 30 y 31. PERKINS, Dexter. A history of the Monroe doctrine. Boston: Little, Brown, 1963, p.p. 296-297.

[15] SCHOULTZ, Lars. Beneath the United States. A History of. U.S. Policy Toward Latin America, 1998, p. 373.

[16] Id., ibid., p. 10.

[17] BLACK, Jan K. Sentinels of Empire – The United States and Latin American Militarism. Nova York: Greenwoodpress, 1986, p. 10.

[18] PINHEIRO GUIMARÃES, Samuel. Quinientos años de periferia. Porto Alegre-Rio de Janeiro: Editora da Universidade/UFRGS – Editora Contraponto, 1999, p. 99.

[19] Colonel Joseph R. Núñez. A 21st Century Security Architecture For The Americas: Multilateral Cooperation, Liberal Peace, And Soft Power. August 2002 http://www.strategicstudiesinstitute.army.mil/pubs/display.cfm?pubID=15

[20] Secretary of State-Designate Madeleine K. Albright. Prepared statement before the Senate Foreign Relations Committee, las released by the Office of the Spokesman, Department of State, Washington, D.D., January 8, 1997. http://www.secretary.state.gov/statements/970108a.html

[21] Barshefsky statement before House Trade Panel 3/18, U.S. Information and Texts, N° 011, March 20, 1997, p. 42.

[22] Samuel Pinheiro Guimarães. “ALCA para principiantes”; “Como será el ALCA”. Manuscritos.

[23] Ibid.

[24] El proyecto del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) comenzó a ser negociado por los países miembros de la OCDE, secretamente, en 1995. sin embargo, cuando el proyecto se tornó público, las negociaciones fueron suspendidas, a fines de 1998, en virtud de problemas económicos y de la severa oposición que sufrió.

[25] Statement of General Charles E. Wilhelm, commander-in-chief, U.S. Southern Command, Before the Senate Caucus on International Narcotics Control, March 23, 2000.

[26] KISSINGER, Henry. Does America Need a Foreign Policy? Toward a Diplomacy for 21st Century. Nueva York: Simon & Schuster, 2001, p. 136.

[27] Vide MONIZ BANDEIRA, Luiz Alberto. Brasil, Argentina y Estados Unidos – Conflicto e integración en América del Sur (De la Triple Alianza al Mercosur). Rio de Janeiro: Editora Revan, 2ª. ed., 2003, ppp. 554-555.

[28] Paul Krugman – “Crying with Argentina”. The New York Times, NY, 1.1.2002

[29] PINHEIRO GUIMARãES, Samuel. Desafíos brasileños en la Era de los Gigantes. Rio de Janeiro: Contraponto Editora, 2006, p. 282.

[30] KISSINGER, Henry. Does America Need a Foreign Policy?. Toward a Diplomacy for 21st Century. Nueva York: Simon & Schuster, 2001, po. 151-152.

[31] Id., ibid., p. 152 – 163.

[32] Id., ibid., p. 152.

[33] PINHEIRO GUIMARÃES, Samuel. Quinientos años de periferia. Porto Alegre-Rio de Janeiro: Editora da Universidade/UFRGS – Editora Contraponto, 1999, p. 121.

[34] En febrero de 2008, el Congreso de los Estados Unidos aprobó el Andean Trade Preference Extension Act, expandiendo el Andean Trade Promotion and Drug Eradication Act (ATPDEA).

[35] “Colombian military gains come at a price” Los Angeles Times. January 18, 2008. Amazon Watch. http://www.amazonwatch.org/amazon/CO/

[36] U.S. Aid to Colombia, All Programs, 2004-2009 – Just the Facts – a civilian’s guide to U.S. defense and security assistance to Latin America and the Caribbean. http://justf.org/Country?country=Colombia – The Center for International Policy – Colombia Programa – U.S. Aid to Colombia Since 1997. http://www.ciponline.org/colombia/aidtable.htm

[37] Bill Weinberg. “Oil Makes U.S. Raise Military Stakes in Colombia”. November 26, 2004 – Long Island, NY Newsday. http://www.commondreams.org/cgi-bin/print.cgi?file=/views04/1126-05.htm

[38] PINHEIRO GUIMARÃES, Samuel. Desafios brasileños en la era de los gigantes. Rio de Janeiro: Contraponto Editora, p. 189.

[39] Vide MONIZ BANDEIRA, Luiz Alberto. Formación del Imperio Americano (De la guerra contra España a la guerra en Irak). Rio de Janeiro: Editora Civilização Brasileira, 2ª ed. 2006, pp. 725-727.

[40] Id., ibid., p. 189,

[41] The Economist, “What lies beneath -Is there really an ocean of oil off Brazil?” April 16, 2008, http://www.economist.com/daily/news/displaystory.cfm?story_id=11043022&top_story=1 Matthew Flynn “United States Announces IV Fleet Resumes Operations Amid South American Suspicions” – Americas Policy Progran Report – Americas Policy Program, Center for International Policy (CIP) July 11, 2008. http://americas.irc-online.org/am/5362

[42] Ivan Cairo. “On Venezuela’s Doorstep: US proposes military test site in Suriname ”. Caribbean Net News Suriname. October 8, 2007. http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=7022. Ivan Cairo. “Suriname government sanctions testing of US army vehicle”. Caribbean Net News. February 12, 2008. http://www.caribbeannetnews.com/news-5981–36-36–.html

[43] Agencia EFE. “El primer contingente de soldados de EE.UU. se instala en Ayacucho”. El Comercio. Lima, 13 de setiembre del 2008. Carlos Noriega. “Admite Perú que EE.UU. pondría una base”. Página/12, Buenos Aires, 17 de junio de 2008.

[44] Airman 1st Class Tracie Forte. “U.S. Army aviators support humanitarian mission in Ayacucho, Peru”. Task Force New Horizons Public Affairs. America’s Air Force – http://www.12af.acc.af.mil/news/story_print.asp?id=123106116

[45] R. Evan Ellis, “Chinese Interests in Latin America: Overview and Implications for Regional Security Issues,” Presentation for the Latin America Orientation Course (LAOC) Hulburt Field, FL: U.S. Air Force Special Operations School (USAFSOS), March 1, 2007. R. Evan Ellis. “U.S. National Security Implications of Chinese Involvement in Latin America”. June 2005 Strategic Studies Institute, U.S. Army War College ISBN 1-58487-198-http://www.carlisle.army.mil/ssi

[46] Cynthia Malta. “Estatal chinesa de petróleo quer investir en gasoduto Rio-Bahia”. Valor Econômico, 25/05/2004. “Sinopec, Brazil’s Petrobras to explore deep sea oil”. China Daily (Xinhua). 18/8/2004.

[47] Stephanie Hanson, News Editor. “Energy Bottlenecks in South America”. Council on Foreign Relations, April 21, 2008.

[48] Ibid.

[49] http://www2.petrobras.com.br/Petrobras/

[50] Desde el inicio de los años 90, a fin de reducir costos y personal militar, el Pentágono delineó una nueva estrategia para la instalación de bases militares en el exterior. Buscó construir en otros países pistas de aviación, cuarteles, stocks de carburante y equipamiento etc., pero sin ocupar permanentemente estas bases con las Special Operations Forces (SOF). Lo que interesa al Pentágono es que estén en condiciones de uso instantáneo, en el momento en que alguna intervención militar directa se plantee necesaria. Tales bases también son periódicamente usadas como punto de partida y apoyo para ejercicios (a) de entrenamiento de tropas americanas y (b) de entrenamiento de tropas de los países-clientes, así como con el fin de familiarizarlas con equipamientos militares americanos, creando condiciones para futuras ventas. Más allá de servir también para la recolección de inteligencia, constituye así un medio de promoción de venta de material bélico, un comercio dirigido por el Pentágono. Bases de este tipo fueron instaladas en Mauritania, en Mali y probablemente en otros países de África.

[51] Conn Hallinan. “Dark Armies, Secret Bases, and Rummy, Oh My!” Foreign Policy in Focus November 21, 2005 – - Editor: John Gershman, IRC. http://www.fpif.org/fpiftxt/2939

[52] Antônio Ermírio de Moraes – Una lección a ser observada y aprendida. Folha de S. Paulo – 19/10/2003

[53] Matthew Flynn “Estados Unidos anuncia que su IV Flota reanuda operaciones, en medio de sospechas sudamericanas Programa de las Américas Reporte 29 de julio de 2008”. http://www.ircamericas.org/esp/5422.

[54] Bernardo Quagliotti De Bellis .“IV Flota impone su presencia en el Atlántico Sur”. La Onda Digital – Uruguay

[55] Steve C. Ropp. “The strategic implications of the rise of populism in Europe and South America”- June 2005 -Strategic Studies Institute (SSI) ISBN 1-58487-201-2 http://www.carlisle.army.mil/ssi/

[56] http://www.pipa.org/?PDA=1%3Fcategory=films&profile=mobilefilmsuseraverage&subject=177636%20-%2026k – USC Center on Public Diplomacy at the Annenberg School – http://publicdiplomacy.wikia.com/wiki/Anti-Americanism

[57] “World View of US Role Goes From Bad to Worse”. http://www.worldpublicopinion.org/pipa/articles/home_page/306.php?nid=&id=&pnt=306&lb=hmpg1

[58] KISSINGER, Henry. Does America Need a Foreign Policy? Toward a Diplomacy for the 21st Century. Nova York: Simon & Schuster, 2001, p. p. 152 – 163.

[59] “Amerika ist somit de las Land der Zukunft, in welchem sich ins vor uns liegenden Zeiten, etwa im Streite von Nord- und Südamerika, die weltgeschichtliche Wichtigkeite offenbaren soll.“ HEGEL, G.W.F. Vorlesung über die Philosophie der Weltgeschichte. In: Die Vernunft in der Geschichte. Hamburg: F. Meiner Verlag, 1994. Band 1, p. 209.

[60] POWELL, Colin L. – The Military Strategy of the United States – 1991-1992, US Government, Printing Office, ISBN 0-16-036125-7, 1992, p 7. Draft Resolution – 12 “ Cooperation for Security in the Hemisphere, Regional Contribution to Global Security – The General Assembly, recalling: Resolutions AG/RES. 1121 (XXX- 091 and AG/RES. 1123 (XXI-091) for strengthening of peace and security in the hemisphere, and AG/RES. 1062 (XX090) against clandestine arms traffic.

[61] Luiz Alberto Moniz Bandeira. “A balcanización da Bolívia”. Folha de São Paulo, São Paulo, 15 de julho de 2007.

[62] José Luís Fiori. “Escopeta não é chocalho”. Le Monde Diplomatique (edición en portugués), 17/07/2008.

[63] Ibid.

[64] Más detalles vide Moniz Bandeira, Luiz Alberto. Formación del Imperio Americano (De la guerra contra España a la guerra en Irak). Rio de Janeiro: Editora Civilização Brasileira, 2ª ed., 2005, p. 571.

http://alainet.org/active/26769&lang=es2008-10-07

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