Archivo para Agosto, 2010

Torta de cumpleaños del presidente Obama (cake, and, of course, pie). Desde obamafoodorama.blogspot.com

Torta de cumpleaños del presidente Obama (cake, and, of course, pie). De Eddie Gehman Kohan, desde obamafoodorama.blogspot.com

Así se miente con las cifras y así se muere la economía de Estados Unidos

Por Paul Craig Roberts
Global Research
es.paperblog.com, 24.08.10

El 17 de agosto, Bloomberg informó sobre una publicación del gobierno de EE.UU. diciendo que la producción industrial aumentó el doble de lo pronosticado, en un 1%. Bloomberg lo interpretó como si significara que “el aumento en la inversión en los negocios está impulsando los aumentos en la producción, la que representa un 11% de la mayor economía del mundo”. El mercado bursátil aumentó. Veámoslo a través del prisma del estadístico John Williams de shadowstats.com.:

Williams informa de que “el impulsor primordial de un aumento mensual de 1% en la producción industrial desestacionalizada en julio” fueron “factores estacionales distorsionados” causados por “las pautas irregulares en la producción de coches en EE.UU. en los últimos dos años”. La producción industrial “disminuyó en un 1% antes de los ajustes estacionales”.

Si el gobierno y Bloomberg hubieran anunciado que la producción industrial bajó en un 1% en julio, ¿habría subido 104 puntos el mercado bursátil el 17 de agosto? Nótese que Bloomberg informa de que la producción industrial representa un 11% de la economía de EE.UU. Recuerdo que la producción industrial representaba un 18% de la economía de EE.UU. La disminución de un 39% se debe a la exportación de puestos de trabajo.

Hay que digerir este hecho. Wall Street y los accionistas y ejecutivos de corporaciones transnacionales han ganado miles de millones de dólares mediante el envío al exterior de un 39% de la manufactura de EE.UU. para aumentar el PIB y el empleo de países extranjeros, como China, mientras empobrecen a su antigua fuerza laboral estadounidense. El Congreso y la profesión económica lo han saludado como “la Nueva Economía”.

Economistas “comprados y pagados” nos dijeron que “la nueva economía” nos enriquecería a todos, y lo mismo hizo la prensa financiera. Estamos mejor, afirmaron, sin las “viejas” industrias y manufacturas, cuya partida destruyó la base tributaria de tantas ciudades y Estados y el sustento de millones de trabajadores estadounidenses. Los economistas “comprados y pagados” dominaron todos los foros en los medios durante una década. Mientras ellos mentían, la economía de EE.UU. moría.

Ahora volvamos al engaño estadístico. El 17 de agosto la Oficina del Censo informó sobre un pequeño aumento en la construcción de nuevas viviendas en julio. Se orquestó más esperanza. En realidad el “aumento”, como informa John Williams, se debió a una gran revisión hacia abajo de los informes relativos a junio. El “aumento” de julio “habría constituido una contracción” sin la revisión a la baja del “aumento” de junio.

Por lo tanto, la sobreestimación de la construcción en junio no sólo hizo que junio pareciera bueno, sino que la corrección a la baja de la cifra de junio hizo que julio pareciera bueno, porque los inicios se basaron en la cifra corregida de junio. Es probable que la misma manipulación ocurra de nuevo el próximo mes. Si el gobierno te miente sobre las armas de destrucción masiva de Iraq, las armas nucleares iraníes, y el 11-S, ¿por qué no te va a mentir sobre la economía?

Ahora tenemos la cantidad más alta de todos los tiempos de estadounidenses que reciben cupones alimenticios, unos 40,8 millones, cerca de un 14% de la población. Para el próximo año, el gobierno calcula que la dependencia de cupones alimenticios aumentará a 43 millones de estadounidenses. Por lo tanto el Congreso redujo las prestaciones de cupones alimenticios. Que coman pasteles.

Dondequiera se mire –cupones alimenticios, procedimientos de ejecución hipotecaria, Estados en bancarrota, aumento del desempleo– el mensaje de “su gobierno” a los mansos estadounidenses es el mismo: coman pasteles mientras libramos guerras, por cuenta de Israel, que enriquecen al complejo militar/de seguridad, y mientras rescatamos a banqueros bandidos cuyos ingresos anuales ascienden a decenas de millones de dólares y más.

Es imposible lograr que el gobierno de EE.UU. diga la verdad sobre lo que sea. Si las compañías privadas utilizaran la misma contabilidad que el gobierno de EE.UU., sus ejecutivos serían inculpados, condenados y encarcelados.

“Nuestro gobierno” se dedica a librar guerras para enriquecer al complejo militar/de seguridad y a apoyar la expansión territorial de Israel a costa de recortes en la Seguridad Social y Medicare. Casi todos los miembros del Congreso, especialmente los republicanos, quieren pagar por guerras insensatas reduciendo la Seguridad Social y Medicare.

Cuando se preocupan por el déficit, usualmente tienen en la mira a la Seguridad Social y a Medicare, los denominados “derechos a la ayuda”. No hay que ser particularmente inteligente para ver que la reacción de Wall Street y el gobierno al sorprendente déficit presupuestario de EE.UU. no es detener las insensatas guerras y rescates de megamillonarios, sino reducir “los derechos a la ayuda”.

Terminaré este artículo hablando del desempleo. “Nuestro gobierno” nos dice que la tasa de desempleo es de poco menos del 10%, una cifra que habría desbaratado a cualquier gobierno de la Gran Depresión. Pero, una vez más, “nuestro gobierno” está mintiendo. La tasa de desempleo de la que habla es de sólo algo menos de un 10% porque el gobierno de EE.UU., desde el corrupto gobierno de Clinton, ya no toma en cuenta a los estadounidenses que han estado desocupados durante más de un año. Una vez que el desocupado llega a un año y un día, es borrado de los registros de cesantía y ya no se contabiliza como desempleado.

Hay que comparar este hecho con la cifra que se lee en la prensa financiera. Ahora mismo, si se midiera con la metodología de 1980, la tasa de desempleo de EE.UU. sería de cerca de un 22%. Por lo tanto, la tasa de desempleo mencionada oculta más de la mitad de los desempleados. Y el secretario del Tesoro, Tim Geithner, dio la bienvenida en el New York Times del 2 de agosto a “la recuperación”. Verdaderamente asombroso.

* Paul Craig Roberts fue editor del Wall Street Journal y secretario adjunto del Tesoro en el gobierno de Ronald Reagan. Su último libro, How the Economy Was Lost, fue publicado recientemente por CounterPunch/AK Press.

Tomado de Global Research y Rebelión
http://es.paperblog.com/asi-se-miente-con-las-cifras-y-asi-se-muere-la-economia-de-estados-unidos-238015/

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El cambista y su mujer, from vailima.blogia.com

El cambista y su mujer, by Marinus Claeszon Van Reymerswaele Roemerswaele, from vailima.blogia.com

Esto se llama usura, y es la base del actual capitalismo

Por Leonardo Castellani *

Jesucristo no maldijo el dinero, como hicieron Proudhon, Papini o León Bloy: maldijo el mal uso del dinero, a los malos ricos y la adoración de dinero, al cual llamó el “ídolo inicuo, mammona inequitatis”: ídolo, porque lo idolatramos; inicuo, porque hacemos por él iniquidades (ustedes no, probablemente).

Jesucristo sabía lo que era el dinero. ¿Qué es el dinero? El dinero es un “ticket”, un boleto, como esos que nos dan en el colectivo, solamente que en vez de procurarnos solamente un viaje en colectivo, nos puede procurar todas las cosas, incluso la felicidad, según muchos creen. En sí mismo no vale nada, vale como signo. Un billete de mil pesos, hacerlo cuesta cincuenta centavos; y si no representara una cantidad de bienes (que en la Argentina va siendo menor cada vez) ni siquiera valdría cincuenta centavos: es un papel que no serviría para nada, ni siquiera para escribir una carta. Y sin embargo, el dinero se vende, se compra y se alquila, como si fuera una cosa en vez de un signo.

¿Por qué? Porque además de signo es un instrumento; con dinero puedo comprar instrumentos y producir más bienes -además de comer y vestir. Si yo presto una azada, ¿puedo cobrar un alquiler por prestarla? Sí, porque no puedo trabajar con ella mientras la tiene el otro, y además la azada se gasta; y esto se llama el “interés” o renta. Pero si yo le exijo al prestatario de la azada que me dé todo lo que gane con ella, menos una pequeña suma para que pueda comer y seguir trabajando para mí, ¿es justo? Esto se llama usura, y es la base del actual capitalismo. ¿Y si yo monopolizo tadas las azadas que hay en la República Argentina, y entonces al que quiero le alquilo, al que no quiero no, y puedo cobrar el alquiler que se me antoja, o si se mueren de hambre? Esto se llama Gran finanza, o Alta finanza, o Capital Financiero: ¿No podemos dejar que la Alta finanza se coma las azadas y nosotros comer trigo? No, porque no podemos producir trigo con las manos.

La Alta finanza, que es poder oculto y formidable, opera por medio del sistema bancario moderno. El sistema bancario moderno está basado en una ficción, o digamos una estafa, pues abre la puerta a innumerables y enormes estafas. Pongamos un ejemplo típico: el primer banco moderno que se fundó fue el Banco de Inglaterra, modelo y maestro de todos los bancos. (Los italianos inventaron los bancos, pero los primeros bancos lombardos y genoveses eran relativamente decentes: prestaban azadas). El Banco de Inglaterra se fundó en esta forma: el rey Guillermo III necesitaba 1.220.000 esterlinas, y se las prestó un prestamista judío de Frankfurt llamado Rothschild, o sea, escudo rojo; con esta condición: el rey recibía esa cantidad en oro, y la debía a Rothschild; y Rothschild recibía autorización para emitir un millón y pico de billetes y préstamos; eso se llamó “el activo” del Banco. De modo que, ustedes ven, el dinero se ha multiplicado por dos: el rey tiene un millón y lo gasta; el Banco tiene otro millón y lo presta; y el rey sigue debiendo un millón de libras. Como el dinero representa bienes (y si no, ningún valor tiene) y se ha multiplicado por dos, y los bienes no se han multiplicado por dos, los bienes cuestan ahora el doble; y ese aumento, que va a parar a los cofres Rothschild, lo paga el consumidor.

Eso no es nada todavía: queda la llamada “reserva”. Los banqueros se dieron cuenta pronto que la gente que pone dinero en el banco, para que ellos lo vendan o alquilen, no lo saca de golpe, a lo más un 5 o 10% es exigido al banco habitualmente, contando lo que entra habitualmente. “Pongamos 20% para más segurirdad” -dice el banquero- “y podemos alquilar 80% más” -es decir, podemos prestar dinero que no existe, que le llaman “crédito”. Es decir que el banco presta y saca dinero del préstamo, no solamente por todo el activo que tiene sino por cuatro veces más de dinero que no existe y de bienes que no existen.

Es decir, que si tiene veinte pesos depositados, que son reales, hace préstamos por cien pesos; y cobra interés. Es decir que no solamente fabrica dinero, sino que saca dinero del aire: “dinero fantasma”, no para los financistas ciertamente, sino para nosotros.

¿Por qué pueden hacer eso? Porque la gente cree y tiene experiencia de que si va a exigir su dinero al banco, el banco se lo da. Pero es un error: si toda la gente fuese conjuntamente a sacar su dinero, el banco no puede pagar; se produce un pánico, lo que llaman una corrida, y el banco quiebra; y los depositantes pierden su dinero o parte de él.

(…) Pero, ¿no se pueden poner freno y riendas a los usureros de las Grandes finanzas? No se puede, ahora y aquí por los menos. La Gran finanza puede más que los gobiernos y los reyes -por lo menos de las naciones chicas y zonzas-, hace temblar a los políticos, e incluso puede provocar si quiere guerras internacionales.

(…) La Alta finanza presta capitales a los industriales y empresarios, que sin eso no se pueden sostener las grandes empresas industriales, necesarias hoy día; y les cobra intereses usurarios.

Los industriales, para no fundirse, naturalmente, mandan esos intereses a los precios. Guerras para mantener “mercados”. Cuestión social: intranquilidad, amargura, angustia. Y así hemos llegado a este estado absurdo: escasez en medio de la abundancia; pobreza en medio de las riquezas; hambre en medio de la superproducción de alimentos; en 1933 en San Julián de la Patagonia se degollaron y quemaron sesenta mil carneros; y al mismo tiempo en la India aldeas enteras se morían de hambre ¡y en la Argentina también! Escasez artificial -y criminal.

¿Quién puede arreglar todo esto? Ahora, nadie. Solamente Cristo o el Anticristo pueden arreglarlo.

* Leonardo Castellani, de su Homilía del Domingo de Septuagésima, 1963. Texto completo en Edición 4 por el 132° aniversario de Reconquista, 27-04-04.

Nacido en Reconquista, Provincia de Santa Fe, República Argentina, el 16 de noviembre de 1899. Era hijo de Héctor Luis Castellani y Catalina Contepomi. Héctor Luis llegó a la Argentina en 1872 a los 5 años con su padre Leonardo, arquitecto florentino y fundador de la colonia San Antonio de Obligado en el norte santafesino. Don Héctor fue maestro normal y ejerció el oficio de periodista. Fundó y dirigió el periódico “El Independiente”, el primero en el norte de Santa Fe. En la época de Leandro N. Alem, militó en la Unión Cívica Radical. Tras un confuso episodio con la policía provincial en 1906, Don Héctor recibió un pistoletazo que le produjo la muerte. Su madre, Catalina Contepomi, era nacida en la Argentina de una familia de inmigrantes friulianos, supuestamente descendientes de condes. Los Castellani Contepomi tuvieron otros tres hijos menores: María Magdalena, Luis Oscar y Armando Néstor.

En la ciudad eterna, se postuló al examen Ad Gradum, el cual exige el conocimiento y desarrollo de temas tan especializados y difíciles que, en cada siglo, uno o dos candidatos se presentan a rendirlos; mas, en ocasiones, ninguno los aprueba. Castellani, con notas todas sobresalientes, obtuvo el título más alto que la iglesia católica otorga a los más sabios entre sus doctores. Este título es el apodado “diploma bulado” por llevar como protocolización el mismo sello de plomo de las bulas pontificias. En él, el Su Santidad Pío XI y el General de la Compañía de Jesús, P. Wladimir Ledochowski, en 1931 acreditaron con su firma, que Leonardo Luis Castellani era “Doctor Sacro Universal” Cum licentia ubique docendi, cuyo título habilita a enseñar filosofía y teología en cualquier universidad católica del mundo sin reválida. El eximio título de Doctor Sacro Universal, asimismo, le daba derecho a publicar sus escritos sin censura previa, en los países donde no hubiese otro título igual o superior al suyo. Superior, no existía ninguno; igual, nadie lo tenía en la iglesia americana desde el Descubrimiento hasta él.

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Lo sacro y eterno sea loado, by Bartolomé Esteban Murillo, from eltestamentodelpescador.wordpress.com

Lo sacro y eterno sea load, by Bartolomé Esteban Murillo, from eltestamentodelpescador.wordpress.com

Y, con el aliento entrecortado y los ojos fijos, miraban a Jesús

1. Y, aquella misma noche, José se levantó, tomó al niño y a su madre, y fue al país de Siria, llegando a una ciudad llamada Sahaprau. Y Jesús tenía enonces cinco años y tres meses. Y, como penetrase por la puerta de la ciudad, donde había estatuas de dioses, los demonios, al ver pasar a Jesús, lanzaron un grito, y dijeron: Llega un niño, hijo de un rey, de un gran monarca y que va a trastornar nuestra ciudad y a expulsarnos de nuestra mansión. Poneos en guardia, para que no se acerque a nosotros, y nos haga perecer. Huyamos de él hacia otro lugar lejano, y ocultémonos en algún desierto, o en las cavernas y en los antros de las rocas. Al oír tal, los jefes de los sacerdotes y los servidores de los ídolos se reunieron en el templo de éstos y exclamaron: ¿Qué voz ha lanzado ese grito que nos aterra? Y, en el mismo instante, las estatuas de los falsos dioses se quebraron y cayeron al suelo hechas añicos.

2. Luego de haber entrado en la ciudad, Jesús encontró en ella un albergue. Y Jesús deambulaba por todos los sitios de la población. Y llegó a un sitio en que los niños estaban reunidos, y se sentó orillas del agua, cerca de las fuentes. Y, recogiendo polvo, lo arrojó al agua. Y, cuando los niños fueron allí a beber, vieron el agua convertida en sangre corrompida. Y, atormentados por la sed, lloraban con amargura. Mas Jesús tomó un cántaro, lo metió en la fuente, lo llenó de agua, y les dio de beber. Empero, habiendo sacado de nuevo agua de la fuente, la echó sobre ellos y los vestidos de todos quedaron teñidos de sangre. Y los niños se pusieron a llorar otra vez. Mas Jesús los llamó con amabilidad, y, poniendo la mano sobre ellos, les dijo: No lloréis, porque ya no hay ninguna tintura sanguínea en vuestros trajes. Y los niños se llenaron de alegría, al ver el prodigio operado por Jesús.

3. Otro día, Jesús fue a encontrarse con los niños, en el sitio en que estaban reunidos, y les propuso: Vayamos a cualquier lugar distante y allí cazaremos pájaros. Ellos dijeron: Sí. Y marcharon a un paraje célebre, situado en la llanura, donde permanecieron el día entero, mas no consiguieron cazar pájaro alguno. Era un día de verano, y el calor sofocante de la atmósfera les incomodaba en extremo. Visto lo cual, Jesús tuvo piedad de ellos, y, tendiéndoles la mano, les dijo: No temáis, e incorporaos. Iremos hacia aquella roca que está ante nosotros, y a su sombra reposaremos. Mas, cuando llegaron a ella, seguían sin poder soportar la violencia de la temperatura, y algunos caían como muertos. Y, con el aliento entrecortado y los ojos fijos, miraban a Jesús.

4. Mas éste, se colocó en medio de ellos, y, con su vara, hirió la roca, de la que brotó una fuente de agua abundante y deliciosa, que existe hoy todavía, y en la que todos abrevaron. Y, cuando hubieron bebido y se hubieron reanimado, adoraron a Jesús, el cual extendió la  mano sobre el agua, e hizo aparecer en ella profusión de peces. y ordenó a los niños que los agarrasen, y ellos los agarraron en gran número. Y que recogiesen leña, que ardió, sin que nadie le pusiese fuego. Y asaron los peces, los comieron, y quedaron hartos. Luego, agarraron más peces aún y marcharon alegres a sus casas, donde, mostrando los peces de su pesca milagrosa, contaron  los prodigios que había hecho Jesús. Y muchos de los habitantes de aquella ciudad creyeron en él.

5. Y, entre los compañeros de Jesús, los había de cierta edad, que, contando con su fuerza y con su vigor, llegaron a tiempo a su destino. Otros, empero, menores en edad, no podían, y, siguiendo detrás a los primeros, sin vestido, ni calzado, llegaron más tarde a sus hogares. Y uno de ellos, muchachito de tres años, se extravió en la llanura, se vio sin alientos, cayó al suelo, y se durmió. Muy de noche ya, se despertó y, abriendo los ojos, miró a todos lados, y no vio a nadie. Entonces le faltaron los ánimos, y prorrumpió en amargo lloro. Y erró a la ventura durante la noche entera y, perdiendo su ruta, se alejó de la comarca. Y pasó tres días fuera de ella, sin que ninguno de los niños supiese lo que le había ocurrido. Después, el hambre, la sed y el ardor de los rayos solares le separaron el alma del cuerpo.

* El Evangelio armenio de la infancia, Evangelios Apócrifos, prologado por Jorge Luis Borges. Capítulo XVII, De cómo la Sagrada Familia abandonó Egipto y se fue al país de Siria. Otros milagros y resurrecciones de muertos. Hyspamerica Ediciones Argentina SA, Buenos Aires, 1985.

Croac, from getoutfdebt4freeliving.com

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No hay nada más peligroso que una mala teoría económica

Por Steve Keen *
sinpermiso.info, 01.08.10

Ultima parte de un ensayo largo escrito por el economista matemático marxista australiano Steve Keen y publicado en diciembre de 2009 en el Nº 41 de Debtwatch.

¿Por qué los bancos centrales ignoran sistemáticamente el dato de la proporción de la deuda en relación con el PIB?

La razón es muy simple: porque son economistas neoclásicos. No puedes llegar a ser banquero central sin algún diploma en economía, y la escuela de pensamiento dominante hoy en teoría económica es la neoclásica. Aunque buena parte de lo que ésta dice parece a primera vista inteligente, casi nada pasa de la charlatanería intelectual, según mostré en mi libro Debunking Economics, en donde resumí un siglo de profundas críticas a esa teoría, críticas que sus cultivadores han ignorado con premeditación.

Puesto que las críticas que de la teoría neoclásica han venido haciendo economistas y matemáticos podrían literalmente llenar bibliotecas enteras, no entraré aquí más que en la crítica de tres mitos neoclásicos que bastan para explicar por qué los economistas de obediencia neoclásica no pueden entender la dinámica de una sociedad como la nuestra, movida por el crédito. Los economistas neoclásicos creen que:

(1) La oferta de moneda nominal no afecta al producto económico real;
(2) El sector privado es racional, mientras que el sector público no lo es; y
(3) Se puede modelar la economía como si estuviera en equilibrio.

Lo que el primer mito trae consigo es que sus modelos matemáticos prescinden del dinero y de la deuda: el grueso de los modelos neoclásicos están construidos en términos reales, y omiten completamente el dinero y la deuda. Así pues, puesto que la deuda ni siquiera aparece en sus modelos, se les escapa completamente la influencia de la misma (a pesar de que sus unidades de medida estadísticas funcionan muy bien registrando el nivel real de deuda).

El segundo mito significa que ignoran los hechos que apuntan a que la economía se halla muy lejos del equilibrio y significa también que malentienden los efectos de variables cruciales en el marco de desequilibrio en el que realmente vivimos.

Puedo ofrecer dos ejemplos del modo en que esto ha influido en los intentos de hacer comprender a los banqueros centrales que la proporción de la deuda en relación con el PIB es una magnitud muy importante: la discusión que hizo Ben Bernanke de la ?Teoría de la deflación por deuda como causa de la Gran Depresión de Irving Fisher, y una discusión que yo mismo tuve sobre el asunto con un alto funcionario de la banca central australiana.

¿Bernanke un experto en la Gran Depresión?

Ben Bernanke accedió a su actual cargo [de presidente de la Reserva Federal de EEUU] en buena medida gracias a su reputación como experto en la Gran Depresión. En sus Ensayos sobre la Gran Depresión explicó por qué la mayoría de economistas no tomaban en consideración la teoría de Irving Fisher sobre las causas de la Gran Depresión, una teoría que destacaba la importancia de la deflación por endeudamiento:

?La idea de la deflación por endeudamiento se remonta a Irving Fisher (1933). Fisher contempló un proceso dinámico en el que unos activos a la baja y unos precios de materias primas igualmente en caída ejercían presión sobre los deudores nominales, forzándoles a la venta angustiosa de activos, la cual, a su vez, contribuía a la ulterior caída de los precios y a ulteriores dificultades financieras. Su diagnóstico le llevó a urgir al presidente Roosevelt a subordinar los problemas de la tasa de cambio a la necesidad de reflación, consejo que Roosevelt terminó por seguir. La idea de Fisher, empero, fue menos influyente en los círculos académicos, debido al contraargumento de que la deflación por deuda no significaba sino redistribución de recursos de un grupo (los deudores) hacia otro (los acreedores). En ausencia de grandes –e implausibles— diferencias en la propensión al gasto marginal entre los grupos, se le objetaba, las redistribuciones puras no podían tener efectos macroeconómicos significativos. (Bernanke, 1995, p. 17.) [1]

Aunque Bernanke se percata de que Fisher contempló un proceso dinámico, su explicación de por qué los economistas neoclásicos ignoraron la teoría de Fisher se expresa en términos intrínsecamente neoclásicos: ve la deflación por deuda como una mera redistribución del ingreso de un grupo social (deudores) a otro (acreedores). ¿Cómo es posible que la demanda agregada caiga tanto, si todo lo que ocurre es una transferencia de ingresos y riqueza de un grupo de consumidores a otro?

Pero cuando uno piensa en términos genuinamente dinámicos, el ingreso no es todo en materia de demanda agregada. En un contexto dinámico, la demanda agregada no es simplemente igual al ingreso, sino al ingreso más el cambio en la deuda.

En el curso de una burbuja financiera hinchada por la deuda –obvia precursora de una deflación por deuda—, los crecientes niveles de deuda impulsan la demanda agregada harto por encima de lo que ocurriría en condiciones normales, generando un auge tanto en la economía real como en los mercados de activos. Pero ese proceso viene a sumarse a la carga deudora soportada por la economía, especialmente cuando se usa la deuda para financiar la especulación con los precios de los activos más que para expandir la producción (pues eso incrementa la carga de la deuda, sin añadir capacidad productiva).

Cuando los niveles de deuda suben demasiado, el proceso que Fisher describió entra en acción, y los actores económicos pasan de aumentar voluntariamente sus niveles de deuda a buscar activamente reducirla. El cambio en la deuda se hace entonces negativo, lo que resta demanda agregada y el auge económico trueca en quiebra.

La deuda tiene poco impacto en la demanda cuando la razón entre la deuda y el PIB es baja: como en Australia en los 60, o como en los EEUU desde el comienzo de la II Guerra Mundial hasta los años 60. Pero en cuanto la proporción de la deuda en relación con el PIB llega a ser significativa, los cambios en la deuda pasan a dominar el rendimiento de la economía, como puede verse en los dos cuadros que siguen:

Cuadro 1: Demanda inducida por la deuda y desempleo: Australia.

Cuadro 1: Demanda inducida por la deuda y desempleo: Australia.

Cuadro 2: Demanda inducida por la deuda y desempleo: EEUU.

Cuadro 2: Demanda inducida por la deuda y desempleo: EEUU.

Este es el efecto que pasaba por alto el marco neoclásico de Bernanke, que insistía en modelar el mundo como si siempre estuviera en equilibrio. El proceso de la demanda inducida por deuda resulta obvio cuando se piensa dinámicamente, pero si tratas de meterlo en la camisa de fuerza del equilibrio, como hacen los economistas neoclásicos, entonces no puedes entender nada de nada.

¿Un error de colegial?

En 2008, di una conferencia en un seminario que tuvo lugar en Adelaida, y al que asistía también Guy Debelle, un alto funcionario (para mercados financieros) del Banco Central australiano. Al terminar mi charla, comentó que no podía entender por qué buscaba yo relacionar comparativamente la deuda con el PIB, puesto que eso era tanto como comparar un stock con un flujo.

No me llamó entonces la atención esta observación crítica –para mí, las razones de la comparación resultaban obvias—, pero traté de responderle y me olvidé del asunto.

Un tiempo después, el antiguo colega y buen amigo de Debelle Rory Robertson, del Macquarie Bank, repitió las observaciones de Debelle en su circular sobre la tasa de interés, partes de la cual fueron luego reproducidas en varios blogs económicos, incluyendo el Business Spectator. Entre otras cosas, Rory decía que:
?El Dr. Steve Keen, entre otros, sigue cometiendo el error de colegial de comparar deuda e ingreso (un stock con un flujo, manzanas con naranjas) y pierde de vista lo principal.

La observación de que comparar deuda con PIB es cometer un error de confusión stock/flujo [2] puede parecer aguda a primera vista, pero lo cierto es que es un sinsentido. Lo que revela es que quien la hace no entiende de dinámica, cosa común a casi todos los economistas neoclásicos.

En términos dinámicos, la razón entre la deuda y el PIB te dice cuántos años tomaría reducir a cero la deuda, si todo el ingreso se dedicara a honrar la deuda. Es un indicador extremadamente valioso del grado de tensión financiera al que está sometida una sociedad (o un individuo).

En mi experiencia, el público general entiende perfectamente eso. Sólo los economistas parecen tener dificultades en comprenderlo: no porque resulta difícil, sino porque están profesionalmente entrenados para no prestar atención al análisis dinámico, y por lo mismo, y a diferencia de los ingenieros de sistemas, no se les ha enseñado que las comparaciones entre stocks y flujos pueden ser indicadores extremadamente importantes del estado de un sistema.

La ignorancia en marcha: hacia un capitalismo zombi

Con tamaña ignorancia de la dinámica de la deuda, los economistas académicos y los bancos centrales de todo el mundo esperan haber dejado atrás la crisis, aun cuando la causa de la misma –los excesivos niveles de la deuda privada— no ha sido atacada. Recomiendan el retroceso de los paquetes de estímulo público en la creencia de que la economía puede regresar a la normalidad tras las perturbaciones de la Gran Crisis Financiera.

Lo cierto es que lo normal en el último medio siglo ha sido un crecimiento insostenible de la deuda privada que, finalmente, ha terminado en una cumbre de la que ahora se está despeñando. Y a medida que vaya cayendo –porque los banqueros no quieren prestar, porque las empresas y los hogares no quieren tomar prestado, por la intención generalizada de reducir deudas, por quiebras y por bancarrotas—, la demanda agregada se reducirá hasta niveles muy por debajo de la oferta agregada. Por consecuencia, la economía trastabillará erráticamente, y sólo los estímulos públicos podrán reanimarla.

Será, sin embargo, un capitalismo zombi: las reducciones de deuda del sector privado vendrán a contrarrestar los intentos públicos de estímulo de la economía a través del gasto financiado con deuda pública. El crecimiento, si llega a darse, no será lo bastante alto como para evitar un desempleo creciente, y lo más probable es que el crecimiento se evapore en cuanto se retiren los paquetes de estímulos.

El único curso de acción razonable pasa por reducir los niveles de deuda. Como sostiene Michael Hudson, hay una sencilla dinámica que resulta ineluctable: las deudas que no se pueden pagar, no serán honradas. La única cosa que hay que hacer es elaborar políticamente la manera en que ha de proceder esa sencilla dinámica.

Puesto que los préstamos fueron irresponsablemente ampliados por el sector financiero, a fin de apoyar esquemas piramidales tipo Ponzi en los mercados de valores y en los bienes raíces, deberían ser los acreedores y no los prestatarios los que cargaran con los daños: exactamente lo contrario de la mentalidad de los rescates que ha dominado en todos los gobernantes del mundo.

Desgraciadamente, tendrá que haber un largo período de fracasos de las políticas económicas convencionales, antes de que se pongan por obra políticas alternativas, como la reducción deliberada de la deuda. Aplicar esas políticas alternativas requerirá un cambio espectacular de mentalidad, y probablemente también, un cambio generalizado de la vieja guardia de las elites políticas.

Requerirá asimismo romper con la hegemonía de la teoría económica neoclásica en la ciencia económica. Yo dudo mucho de que la profesión académica, o los economistas de los bancos centrales y de los ministerios de finanzas, sean capaces de cambiar. El cambio tendrá que venir de los rebeldes dentro de la profesión y de científicos ajenos a ella pero dispuestos a tomar al asalto una disciplina que los economistas han conducido al fracaso.

La segunda década del siglo XXI promete ser espectacular: política y económicamente.

Nota: [1] Bernanke llegó a desarrollar su propia interpretación de la teoría de Fisher. No entro en esa interpretación; no me parece que valga la pena el esfuerzo. [2] Un flujo es una magnitud económica medida como una tasa por unidad de tiempo; un stock, una magnitud medida en un momento del tiempo [n.T.].

* Steve Keen es un reputado economista australiano que trabaja en modelos matemáticos dinámicos, y que se ubica a sí mismo en la “tradición científica de Marx-Schumpeter-Keynes-Robinson-Sraffa-Minsky”. En los últimos años ha saltado las barreras de la estricta reputación académico-científica al construir un modelo matemático dinámico (a partir de las ya clásicas intuiciones de Hyman Misnky) que le permitió pronosticar en 2005 la crisis financiera capitalista que estalló en 2008. El pasado mes de junio pronunció una muy esperada conferencia en el Simposio Misnky de Nueva York, pronosticando un incierto y más bien negro futuro, dominado (salvo reacción política radical en contra) por lo que ha llamado un “capitalismo zombie”. Para ver un resumen de su conferencia del mes pasado en Nueva York, pulse aquí.

Traducción para www.sinpermiso.info: Miguel de Puñoenrostro

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Hossana, Marí Marí, from voobys.com

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Cáñamo santo

Por Marta Dillon *

Llegar a Mapiá, en el Amazonas brasileño, puede provocar serios ataques de pánico a los metropolitanos de cualquier horizonte. Algo huele a Un mundo feliz; cierta armonía sensual -que llama a la sonrisa como una serpiente encantada-, el olor de la cannabis detenido como un banco de niebla, el silencio, el perfecto orden de las casas de madera -con cortinas y jardincitos casi lamiendo el muro enloquecido de la selva-, todo es extraño. Demasiado ¿perfecto? ¿utópico? Tal vez nada más que estar a salvo de la mirada del mundo. Un lugar sin policía.

Se necesita por lo menos una semana para llegar desde cualquier lugar del mundo a esa tierra prometida. El tramo más corto es el que termina en San Pablo. Desde allí, el avion a Rio Branco (en el Estado de Acre) es una quimera: a veces doce horas, otras quince, otras ni siquiera se llega en el mismo día a ese triángulo verde que Brasil quitó a Bolivia a fines de los años ‘30, cuando los fundadores de la doctrina del Santo Daime -que pelearon en esa guerra- conocieron una bebida sagrada que tomaban los chamanes desde hacía diez siglos (y que ahora, bautizada Daime, convive en perfecto sincretismo con los íconos cristianos, africanos, y hasta new age). Un taxi puede atravesar los 300 kilómetros de llanura roja que lleva a Boca do Acre, el último puerto civilizado.

Nunca se puede seguir viaje en el mismo día, hay que esperar la única lancha que conduce hasta el puesto donde nuevamente hay que hacer noche. Dos días más en una pequeña canoa hecha con medio tronco ahuecado son necesarios para llegar hasta Mapiá. Un tránsito lento por un pequeño río que forma la cuenca del Amazonas, plagado de lagartos y arañas grandes como manos, que se cruzan de orilla a orilla con saltos olímpicos sobre el agua.

Los seguidores de la doctrina del Santo Daime desembocaron allá huyendo de la persecución que sufrieron cuando habitaban más cerca de esa civilización que no los entiende ni acepta esa búsqueda del conocimiento a través de las plantas de poder: la marihuana, el yagú y la “rainha da foresta”. Las últimas dos pueden combinarse en una bebida alucinógena que los incas llamaron vino de las almas y que, hace poco menos de un año, un norteamericano -iluminado pero por las luces del capitalismo- patentó en su país como remedio natural contra las adicciones del Primer Mundo; el tabaco, el alcohol y las drogas pesadas.

En el centro de la ciudad se organiza la bienvenida a los viajeros. Maracas, guitarras, flautas. La música sube en espiral y se enreda en las copas de los castaños amazónicos, altos como edificios. Los tambores guían con su ritmo sordo, un golpe directo al vientre. Las voces de las mujeres empujan el canto, invitan a Santa María a iluminar a los que están reunidos, y despacio, entre la ronda que se mueve al ritmo de la música, se empieza a pasar el porro, la Santa María invocada, la planta de poder que los conecta con la naturaleza y con el exquisito saber de los sentidos.

Todos fuman siguiendo la ajustada disciplina del rito: se pasa por la izquierda y se le dan sólo tres pitadas: una al sol, otra a la luna y la última a las estrellas. Los niños sueltan carcajadas como hilos de perlas, ellos también están en la ronda y son los que desarman las hilachas del apretado tejido de la doctrina del Santo Daime, una religión inscripta entre los cultos que se practican en Brasil pero que requiere de la más honda intimidad de la selva para estar a salvo.

En ningún otro sitio sería posible la ritualización de plantas de poder, la experiencia mística colectiva de sustancias que tocan timbres individuales y distintos para cada uno. Un rito que siempre fue para elegidos -los chamanes y los brujos de civilizaciones más primitivas- y ahora es para cientos de fieles que van y vienen de la selva a su ciudad: sea Amsterdam, Madrid, Barcelona, Tokio, Montreal o San Francisco.

Cuenta la leyenda que el fundador de la doctrina, el padrino Sebastián, se encontró, cuando los ‘70 terminaban con la utopía de la vida en comunidad, con un argentino maluco que le presentó a la Santa María. Entonces no tenía un nombre ilustre como ahora: era solamente yerba.

Pero el padrino “recibió”, en un trance de ayahuasca, la orden divina de incluir la cannabis en la doctrina. Santa María es ahora el premio, es la conexión que ellos necesitaban con la naturaleza para que ésta se abra y les enseñe a conocer por los sentidos, a encontrar alegría en el trabajo y soportar el calor que nunca baja de los 40 grados.

Pero la planta está prohibida por ley, en Brasil y en toda América, y los seguidores del Santo Daime tuvieron que abandonar el mundo para estar a salvo. Hacia allá fueron cuando promediaba la década de los ‘80, a fundar Ceu do Mapiá, una ciudad de 500 habitantes donde las ciudades no existen.

La comunidad ya tenía más de cincuenta familias de indios apuriná y muchos migrantes sueltos, sobrevivientes de las distintas dictaduras de Sudamérica, sobrevivientes del tardío Flower Power de estas latitudes que nunca tuvieron el suficiente dinero para cruzar el océano en busca de un lugar donde la utopía -aun el diminuto sueño de que nadie te diga lo que podés o no meterte en el cuerpo- fuera posible.

Juntos tiraron palos e hicieron casas, plantaron la Santa María que ahora ofrecen como el máximo símbolo de hospitalidad a quienes se atrevieron a remontar el río y desafiar al miedo y la malaria.

Un baño, un porro y una red donde echarse, la comida que ellos mismos producen: eso es lo que ofrecen. Lo demás se aprende solo. “Te lo enseña la selva”, dicen los pioneros, mientras le piden permiso a las enormes plantas de cáñamo para cortar sus flores: sólo se trata de tomar lo que la tierra da para hacer felices a los hombres.

* Periodista y escritora. Artículo publicado en el suplemento Radar, del matutino Página/12, 1998.

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