Archivo para la Categoría ‘Hábitat’

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ene

La exportación china a Europa disminuyó un 18 %. La exportación a los países “emergentes” no puede compensar esa reducción

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Trabajador chino realizando un paseo turístico. From spitsniews.ni

Trabajador chino realizando un paseo turístico. From spitsniews.ni

China y la crisis

Por Guillermo Almeyra
La Jornada
rebelion.org, 23.01.12

La economía global está en crisis, pero no tiene los mismos efectos ni las mismas características y alcances en cada uno de sus principales componentes.

La economía de Estados Unidos, por ejemplo, ha tenido una leve recuperación, que se refleja en una pequeña reducción del número de desocupados, en una mayor producción industrial y en un poco más de ventas en el mercado de las viviendas nuevas y usadas. El dólar sigue siendo sostenido por el esfuerzo chino, por la compra china de bonos del Tesoro estadunidense, por las inversiones chinas, por las enormes ganancias que obtienen las empresas estadunidenses que desde China operan en todo el mundo y que, transformadas en dólares, retornan a Estados Unidos.

Cuando Estados Unidos se retira derrotado de Irak y derrotado también negocia en Afganistán con los talibanes y corre el riesgo de un golpe militar nacionalista y pro chino en Pakistán, esta gran dependencia de lo que hace Pekín obliga a Washington a la prudencia en extremo Oriente: por eso en Corea del Norte ladra mucho pero no muerde y en Taiwan-Formosa coincide con China en celebrar la victoria del candidato presidencial del Kuomintang, partidario de las negociaciones con Pekín, frente a los independentistas, los cuales habrían reavivado el conflicto entre la isla y China continental.

La Unión Europea, en cambio, va hacia una recesión, e Italia y España, por no hablar de Grecia y Portugal, ya están en ella. La casi segura derrota de Nicolas Sarkozy en las próximas elecciones francesas atemoriza y tiene en zozobra continua al capital financiero, esa “tímida gacela”. Japón no se repone del golpe de Fukushima. Y algunos países llamados “emergentes” (en realidad, países dependientes), como Brasil o Argentina, tienen economías que siguen creciendo, pero a un ritmo mucho más lento, y ven aumentar las tendencias (hasta ahora reprimidas) a descargar sobre el vecino sus problemas (como se ve en la disputa entre Argentina y Brasil, los dos principales miembros del Mercosur, en torno a las barreras a los productos industriales).

China, por último, la segunda economía internacional en orden de importancia y la más dinámica, debe intentar resolver en el próximo congreso del Partido Comunista cuál será el rumbo que seguirá el país en los próximos años. Ahora bien, como se sabe, ese partido agrupa a la mayor parte de los millonarios y multimillonarios y a la casi totalidad de la burocracia que dirige el país y, por tanto, lo que se decida tendrá enorme influencia en China y en el mundo.

Hasta ahora, la economía china tuvo como centro la exportación. El país explotó a fondo la abundancia de mano de obra campesina, a la que hacía trabajar en condiciones durísimas con salarios bajísimos y a la que controlaba mediante el partido y el Estado –fusionados– sin intermediación de leyes laborales ni de sindicatos. China construye el capitalismo con la sobrexplotación del trabajador, del cual, en términos marxistas, extrae plusvalía absoluta y una tasa de ganancia enorme para las empresas.

Pero la exportación china a Europa disminuyó en 18 por ciento y seguirá reduciéndose, y la leve recuperación industrial estadunidense podría permitir a las compañías locales recuperar parte del mercado, mientras la exportación a los países llamados “emergentes” no puede compensar esa reducción de las ventas.

China, además, ha debido enfrentar paros contra los despidos en las exportadoras y huelgas y rebeliones ciudadanas contra la insoportable degradación ambiental derivada de que la industrialización se realizó con la idea de que los bienes comunes pueden ser privatizados y de que el costo ambiental es igual a cero. El gobierno, en lugar de reprimir, hizo concesiones. Como consecuencia, hay una constante elevación del valor de la fuerza de trabajo que ha hecho que varias trasnacionales se trasladasen a países como Vietnam o Tailandia, donde los salarios son menores y tampoco hay sindicatos reales.

Por último, para absorber a los más de 200 millones de campesinos desocupados que vagan por los caminos esperando instalarse en alguna ciudad industrial, el país necesita lograr un crecimiento al menos de 8 por ciento en su PIB. Ahora bien, hoy tiene uno de 9.1, pero con tendencia a disminuir. De modo que no puede esperar.

Si orientase su economía hacia el crecimiento del mercado interno –o sea, hacia la elevación de los salarios e ingresos de los campesinos y trabajadores para aumentar el consumo– debería reorientar la industrialización hacia la satisfacción de las necesidades fundamentales postergadas, movilizando de paso los ahorros nacionales, que son muy cuantiosos. Pero una dependencia del mercado interno –aunque mantuviese un fuerte sector exportador– presupone, en un lapso relativamente corto, más protección ambiental, más y mejores viviendas, más educación y, por supuesto, más democracia (por empezar en las fábricas y en las ciudades), con sindicatos y organismos de regulación.

Además, desarrollaría la tecnificación en el campo, desplazando a millones de campesinos y creando una capa de campesinos ricos, lo cual requeriría una firme dirección estatal (partidaria) reformista que diese una importancia fundamental al instrumento estatal y no a la libre empresa y el mercado.

Por consiguiente, es de prever que el congreso presencie el enfrentamiento entre dos tendencias fundamentales: una liberal, que tratará de mantener y desarrollar la política seguida hasta ahora, y otra mucho más centralista y estatista, que buscará el aumento de los ingresos y del consumo interno y, por tanto, tarde o temprano se verá forzada a recurrir al apoyo de los trabajadores de todo tipo que en el “comunismo” de China son convidados de piedra.

Por supuesto, como en toda discusión importante, siempre puede haber un “pantano” (o sea, los que están en el centro, entre una u otra posición decisiva) y no está excluida una solución de transición, mediadora.

Falta poco para que se vean las cartas.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/01/22/index.php?section=opinion&article=024a2pol

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=143357

La Edad de los Metales, from taringa.net

La Edad de los Metales, from taringa.net

Algo más que petróleo (There is more to it than oil)

Por Chris Clugston
Energy Bulletin
Post de Pedro Prieto en crisisenergetica.org, 10.01.12

El fin del paradigma de nuestro modo de vida industrial será dictado por la Ley de Liebig y por la respuesta de la Humanidad a sus consecuencias. Lamentablemente, es imposible saber a estas alturas cuál de los Recursos Naturales No Renovables (en adelante RNNR) o qué combinación de ellos será el que demuestre, con su escasez creciente, dónde se encuentra el factor limitante de esta Humanidad industrializada.

Por tanto, el colapso global de la sociedad humana puede dispararse por la escasez asociada de uno o más RNNR, que quizá sean diferentes de los que ahora se consideran comúnmente como los “más críticos” para la perpetuación de nuestro modo de vida industrial, sean estos los combustibles fósiles o, más en concreto, el petróleo. Después de todo, el desastre de la lanzadera espacial Challenger lo causó un anillo defectuoso.

Escasez de RNNR

Muchos analistas de la escasez de RNNR se centran muy concretamente en los combustibles fósiles o en el petróleo de forma exclusiva. Desde su punto de vista, la energía –o la “energía líquida” (el petróleo)- es el principal o único precursor o prerrequisito de nuestro modo actual de vida; y por tanto, la escasez energética es la amenaza más inminente a nuestra forma de vida industrial.

Estos analistas pasan completamente por alto o sólo mencionan de pasada minerales metálicos y no metálicos que se utilizan para construir los bloques esenciales de las infraestructuras, la maquinaria, las herramientas y los productos que hacen posible nuestro modo de vida. De hecho de los 89 RNNR que lo permiten 86 son minerales metálicos y no metálicos y 3 son combustibles fósiles.

Escasez de minerales metálicos y no metálicos

Estos desajustes se hicieron dolorosamente patentes al comienzo de la Gran Recesión de 2008, en la que 59 de los 86 minerales metálicos y no metálicos que conforman nuestro estilo de vida, empezaron a escasear a nivel mundial. (Se considera globalmente escaso un RNNR en 2008 en el caso de que la oferta global de RNNR disponibles haya sido insuficiente para evitar un aumento del nivel de precios respecto de la inflación durante el periodo 2000-2008 y respecto de la demanda mundial de estos productos).

Entre los metales y minerales globalmente escasos en 2008 se encuentran:

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A mediados de la primera década de este nuevo siglo, los productores de minerales metálicos y no metálicos tuvieron dificultades crecientes para satisfacer completamente las crecientes demandas mundiales, a pesar del hecho de la continua tendencia al alta de los precios asociados con la inmensa mayoría de los minerales metálicos y no metálicos, desde el año 2000 o incluso antes.

Hacia el 2008, la Tierra ya no pudo seguir el ritmo de la creciente demanda mundial de estos productos. No se pudieron extraer la mayoría de los metales y minerales, junto con los tres tipos de combustibles fósiles, ni a tiempo ni de forma efectiva y en las cantidades suficientes para perpetuar las trayectorias de crecimiento y los niveles de (crecimiento) del PIB previos a la recesión económica.

La Gran Recesión, que debería entenderse, de manera más amplia, como un fenómeno ecológico más que como un fenómeno económico a secas, tomó cuerpo.

La historia completa de la escasez de RNNR

Se podría argumentar que en ausencia de suficientes combustibles fósiles, los minerales metálicos y no metálicos no pudieron llegar a satisfacer los niveles de vida actuales. Sería como decir que en ausencia de suficientes minerales metálicos y no metálicos, los combustibles fósiles serían igualmente inútiles para permitir esos mismos niveles de vida.

El asunto es que todos los RNNR son importantes
; y que aunque el carbón, el gas natural y el petróleo son ciertamente indispensables para la perpetuación de nuestro nivel de vida, todos los RNNR tienen que ser tenidos en cuenta cuando analizamos el futuro de la Humanidad.

Consideremos que si fuésemos capaces de resolver el “problema de los combustibles líquidos” alguna forma, no resolveríamos con ello el problema de la Humanidad; esto es, que el modo de vida industrial es insostenible. La mayoría de los minerales metálicos y no metálicos serán cada vez más escasos de aquí en adelante y terminarán minando en las próximas décadas ese modo de vida, incluso aunque la energía fuese ilimitada y gratuita.

E irónicamente, debido a que muchos de estos minerales necesarios para nuestras previsiones de “soluciones energéticas alternativas” son también escasos (ver la siguiente tabla) es prácticamente inconcebible que se pueda dar una oferta de estos minerales que van quedando, que sea económicamente viable para resolver nuestro problema energético.

Los precios son los promedios anuales y están ya ajustados a la inflación.

Los precios son los promedios anuales y están ya ajustados a la inflación.

Nótese además que también los combustibles fósiles escasearon en 2008.

La energía es un facilitador de primer orden de nuestro modo de vida industrial; y los combustibles fósiles son ciertamente la mayor fuente de energía primaria. Pero son sólo una parte de la historia de la escasez de RNNR y centrarse en la escasez de combustibles fósiles o de petróleo para excluir a de los minerales metálicos y no metálicos, como poco es una visión miope y puede desorientar de forma trágica en el peor de los casos.

http://www.crisisenergetica.org/ficheros/algo_mas_que_petroleo.pdf

12
dic

La siniestra idea de convertir alimentos en combustible: un negocio para pocos, enmascarado por aceitadas propagandas

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Combustibles, todos. By El Roto, from firgoa.usc.es

Combustibles, todos. By El Roto. From firgoa.usc.es

Un subsidio irrazonable

Por Horacio Brignone *

A propósito del debate del Presupuesto General de la Nación, la agencia Télam informaba que “el Estado Nacional alentará la producción de biocombustibles con exenciones impositivas cercanas a los 450 millones de dólares durante 2012. Los productores agropecuarios y las empresas procesadoras se beneficiarán así con los 1.923 millones de pesos que estima el proyecto en concepto de exención de distintos gravámenes y prácticamente duplica el estímulo concedido en 2010″.

Si es difícil demostrar las ventajas del actual modelo agroindustrial importado en los ’90 basado en semillas transgénicas y agrotóxicos, de sólo computar la totalidad de los costos, pocas actividades resultan tan ruinosas para la población argentina como la producción de combustibles a partir de materias primas de origen agropecuario.

En el plano local e internacional varias voces de advertencia se hicieron oir. “La idea siniestra de convertir los alimentos en combustible quedó definitivamente establecida como línea económica de la política exterior de Estados Unidos el pasado lunes 26 de marzo. (…) “Condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3 mil millones de personas en el mundo”, Fidel Castro Ruz, 28 de marzo de 2007).

Bajo la dirección de la ingeniera salteña Gloria Plaza, en su “Análisis de la ley 26093 de Biocombustibles con el propósito de una solicitud de modificación y/o derogación al Congreso de la Nación” puede leerse que “Las materias primas de origen agropecuario comprenden alimentos por lo que se considera que no se puede propiciar en forma legal una competencia por el uso de suelo por la producción de energía versus alimentos. Cabe mencionar que nuestro país tiene un porcentaje de la población alto en condiciones críticas de desnutrición y otro con situaciones criticas laborales lo que imposibilita el acceso a una dieta adecuada.”… “Según Unicef, la desnutrición crónica afecta al 8% de los niños y niñas menores de cinco años en toda Argentina.”.

Recordamos que la Ley 26093 tuvo como objetivo declamado la reducción de la importación de combustibles fósiles y consiguiente beneficio medioambiental adicional por la reducción de emisiones contaminantes. Con independencia de esta afirmación cuanto menos opinable, el absurdo es mayúsculo si se lo produce para exportación, desvirtuando totalmente aquéllos propósitos, a la par que nuestro país asume los costos energéticos y medioambientales de su producción mientras Europa aprovecha las ventajas de su consumo.

La cámara que agrupa a las principales exportadoras (CARBIO) informó que en el año 2011 ingresarán “al país” U$S 2.000 millones. “El pais”, no obstante, apenas obtiene el 13,5% ya que el resto lo embolsarán las corporaciones Bunge, Cargil, Dreyfus, Molinos, Vicentín, AGD, Explora, Viluco, Patagonia Bioenergía, Renova y Unitec Bio, entre otras, por la venta al exterior, principalmente a la Unión Europea, de unas 1800 toneladas, bastante más de lo que se consume internamente con precio fijado por la Secretaría de Energía. Los mercados financieros internacionales, en cambio, establecen el precio de exportación.

En Argentina la producción del llamado “biodiesel” demandó el 26% de la última cosecha de soja (biodiesel.com.ar, abril de 2011). Frente a lo obvio, el boletín de la Bolsa de Comercio de Rosario de abril de 2011 ensaya una coartada: “De la misma manera que la producción de biocombustibles con materias primas agrícolas genera un aumento del precio de los alimentos, teóricamente, la producción de esos biocombustibles tendría que producir una baja, aunque pequeña, en el precio del petróleo”.

Con un corte obligatorio del 7% en nuestro país, de los más altos del mundo, la realidad sigue empeñada en desmentir inverosímiles pronósticos economicistas, incluidas promesas de mano de obra “indirecta” que van desde 70 mil a 5 mil puestos (cualquier cosa podrá entrar allí) más destinados a aliviar conciencias que a revelar datos analíticos mucho menos optimistas, pero a costa de la salud de 12 millones de almas que habitan los pueblos fumigados de la pampa argentina.

En última instancia, el reemplazo de combustible fósil por agrocombustibles es insignificante (3,4% en el 2019), en los vaticinios más optimistas.

Por caso, la noticia del hallazgo de 927 millones de barriles de petróleo en nuestro territorio equivaldría 147.393 millones de litros frente a los minúsculos 1.363 millones proyectados como consumo de agrocombustible en todo el año 2011, al final del cual se habrán usado 14,5 millones de toneladas de soja para hacer combustible; es decir, más que toda la producción de la provincia de Santa Fe, Chaco y Santiago del Estero sumadas.

Está a la vista que el hambre del mundo, los 7 mil millones de habitantes del planeta y otros latiguillos de los operadores de las multinacionales sólo esconden un negocio para pocos, enmascarado por aceitadas campañas propagandísticas de grandes medios, beneficiarios directos del mismo.

Ningún plan que se diga alimentario avalaría “la competencia por el uso del suelo entre la producción de energía y alimentos”, pero lejos de reclamos maximalistas, de los que solemos ser acusados, apenas atinamos a una petición bastante modesta: excluir del presupuesto este subsidio irrazonable.

* Vecinos Autoconvocados de María Juana, provincia de Santa Fe
Campaña “Paren de Fumigarnos”.

16
nov

Para comenzar una revolución, pueden bastar la cólera popular y la voluntad de cambio; pero para que triunfe…

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El Roto, agotado, desde elpais.com

El Roto, agotado, desde elpais.com

Políticas económicas después de la muerte del neoliberalismo

Por Boris Kagarlitsky
Links/Znet
rebelion.org, 16.11.11

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El sistema económico internacional que se perfiló después del colapso de la Unión Soviética todavía no está muerto, pero está moribundo. Lo vemos todos los días, no sólo en informes sobre la crisis sino también en otras noticias de todo el mundo que cuentan la misma historia: el sistema no funciona.

La verdad es que el sistema nunca ha funcionado para los pobres y las clases trabajadoras. No se diseñó con ese propósito, no importa lo que nos digan todo el tiempo sus propagandistas y diversos intelectuales corruptos. El sistema funcionó para las elites: generó una tremenda redistribución de la riqueza y del poder a favor de los que ya eran ricos y poderosos. Aunque las elites no tienen suficiente coraje para admitirlo, hay que transformar el sistema.

Se trata de una verdadera crisis sistémica, si no del capitalismo por lo menos de su forma neoliberal. Y esa crisis no puede superarse mientras no se elimine el neoliberalismo. Dependerá de la escala de las luchas globales y de sus resultados que esto signifique también el fin del capitalismo.

El sistema neoliberal se basaba en explotar la mano de obra barata. Esa carrera hacia el fondo llevó primero a pérdidas de puestos de trabajo en Europa, pero pronto los trabajadores latinoamericanos, norteafricanos e incluso asiáticos se convirtieron en sus víctimas. Muchos empleos industriales se fueron a China: en los hechos, el ascenso de China ha afectado al potencial de desarrollo de la periferia del capitalismo mundial con más fuerza que al núcleo del sistema.

Europa ya no pierde tantos puestos de trabajo hacia China, pero sí los países latinoamericanos. De muchas maneras, las revoluciones árabes de 2011 fueron provocadas por esta lógica del crecimiento sin desarrollo, se han eliminado verdaderas oportunidades de crear buen empleo industrial.

Por lo tanto, la conversión a economías de servicios y finanzas ha tenido lugar no sólo en los países del núcleo sino también en la periferia. Además, no tuvo nada que ver con nuevas tecnologías. Fue el resultado de la destrucción del Estado del bienestar, de la creciente debilidad de los mercados internos y del paso a la mano de obra barata que, en los hechos, ha bloqueado la innovación tecnológica y el desarrollo en el campo de la producción.

La innovación de la que oímos hablar estos días pocas veces tiene algo que ver con la producción de bienes. Se relaciona sobre todo con el consumo; la mayoría de los “productos innovadores, revolucionarios” que encontramos no tienen nada de nuevo, sino que sólo representan maneras de vendernos diferentes versiones de las mismas mercaderías y de obligarnos a reemplazar las antiguas. Los consumidores y el sentido común se resisten a ese absurdo, ralentizando así la economía global que no puede avanzar sin ellos.

La llamada financiarización del capitalismo global no es la causa de la actual crisis, sino que representa en sí una secuencia de cambios mucho más importantes, la degeneración y eliminación del Estado del bienestar, acompañada inevitablemente de salarios más bajos y mercados internos más débiles. La creciente importancia de los mercados internacionales y globales es inseparable del estancamiento y declinación de sus contrapartes nacionales.

Ahora, sin embargo, llegamos al punto en el cual esa decadencia interna imposibilita la continuación del crecimiento global. Sin cambios radicales de los modelos sociales y económicos, incluida la reconstrucción del Estado del bienestar, será imposible orientar las estrategias de producción y desarrollo hacia mercados internos incluso si, dicho técnicamente, los recursos necesarios existen. Incluso en China, pronto estará claro, los mercados internos no “despegan” sin la implementación de reformas sociales y una masiva redistribución de la riqueza.

Por lo tanto ha llegado la hora de pasar hojas y reorientar las estrategias de desarrollo hacia la producción, hacia mano de obra más formada, mejor pagada, hacia la reindustrialización, y hacia programas sociales y un nuevo Estado del bienestar. Pero para hacerlo tenemos que abatir las instituciones económicas y políticas del neoliberalismo, tal como el neoliberalismo destruyó anteriormente las instituciones democráticas y comunistas del antiguo Sozialstaat (Estado social). ¿Puede lograrse algo semejante sin revoluciones? Tal vez en algunos casos, pero sólo en el contexto de revoluciones en otros sitios, algo como la manera en que la socialdemocracia escandinava se benefició de la Revolución Rusa de 1917.

Progretro, by El Roto, from elpais.com

Progretro, by El Roto, from elpais.com

No existe una manera de retornar al modelo Keynesiano de los años cincuenta y sesenta. No es simplemente porque han cambiado las tecnologías y las estructuras sociales, y porque el Keynesianismo tenía aspectos negativos que ahora comprendemos mucho mejor. La razón clave es que el Estado del bienestar occidental de las décadas pasadas se mantenía en los llamados países capitalistas avanzados mediante el uso de recursos extraídos de la periferia.

La democracia también se reservaba como un lujo para el llamado Primer Mundo, con la única notable y duradera excepción de India. Durante un cierto tiempo el modelo soviético del Estado del bienestar también se desempeñó pasablemente sin explotar a la periferia, pero también sin democracia en su centro. De muchas maneras, esa falta de democracia preparó la escena para la derrota de la URSS en la Guerra Fría y el colapso soviético.

Ahora enfrentamos la formidable tarea de crear un nuevo modelo de Estado del bienestar que no sólo incluya la democracia como un elemento interior que funcione, sino que también se base en una expansión de prácticas democráticas fuera de la política, hacia las esferas económica y social. Este modelo no puede depender de la actual jerarquía de Estados ricos y pobres en el sistema mundial y, por cierto, debe actuar como un medio para superarlo. ¿Es factible esa tarea? Creo que a largo plazo lo es, pero sólo mediante un proceso revolucionario que debe tener lugar a escala internacional. Este proceso sólo acaba de comenzar, y ahora estamos en su primera etapa.

Mientras tanto, la necesidad de nuevas políticas económicas es urgente. ¿Cuáles son las prioridades a corto plazo por las cuales nosotros, la izquierda, debemos luchar? La primera necesidad es por el desarrollo complejo, la creación de puestos productivos de trabajo, oportunidades culturales, instalaciones de educación e investigación así como vivienda e infraestructura. Todos estos elementos deben estar interconectados, y la gente involucrada (desde los profesionales técnicos a los consumidores y los residentes locales) debe ser informada, consultada, e involucrada en la planificación.

Se pueden utilizar algunos elementos de planificación tecnocrática –hay cosas que no se pueden hacer espontáneamente– pero esos elementos deben enfrentar la prueba de la discusión y el control democrático. Se necesitan buenos profesionales, pero los buenos profesionales reciben su orientación del público; los profesionales malos son los que tratan de vender al público lo que hay que hacer, luego ignoran las dudas y protestas del público cuando sus miembros siguen sin estar convencidos.

Otro aspecto de la nueva política tiene que ser la recreación y desarrollo de mercados internos. Eso no se puede lograr sin proteccionismo, ¿pero qué tiene de malo? La protección da malos resultados cuando sirve el interés creado de elites locales contra competidores extranjeros, pero no hay motivo por el cual no podamos proteger nuestro bienestar y bienes públicos contra los intentos de arrebatárnoslos. Cuando los productos son baratos por sobre-explotación de la mano de obra y del entorno, tenemos derecho a cerrar nuestros mercados a esos bienes, contribuyendo así a la mejora de estándares laborales y del entorno en otros sitios.

El desarrollo de mercados locales no debería, sin embargo, estar basado en más consumismo; la mayor parte de la nueva demanda debería ser generada por necesidades colectivas y consumo colectivo. Se necesita buen transporte público y viviendas asequibles, junto con acceso a Internet universalmente disponible, financiado públicamente, programas culturales, e investigación científica y desarrollo orientados hacia necesidades populares como la atención sanitaria y la limpieza del medio ambiente. Por último, y no menos importante, se necesita nueva infraestructura para suministrar energía, agua y comunicaciones. Son las nuevas demandas que impulsarán la economía de un modo mucho más poderoso que el consumo individual.

Finalmente, no podemos tener una nueva economía sin un nuevo sector público. La mayoría de las privatizaciones de las últimas décadas han sido fracasos, algo que ahora es ampliamente aceptado por el público, por expertos e incluso por los medios. Las elites acaudaladas ahora se ven obligadas a reconocer que la privatización no ha funcionado, pero por razones obvias no quieren revertirla. La tarea de revertirla, por lo tanto, recae sobre nosotros.

Hay mucho más involucrado, sin embargo, que devolver simplemente numerosas compañías a la propiedad pública. Tenemos que reestructurar esas compañías, interconectar sus tecnologías, prácticas y conocimientos. Todos estos elementos deben ser integrados para que sirvan las necesidades del desarrollo, y debemos democratizar la administración.

Necesitamos un nuevo modelo de empresa pública basado en la franqueza, en la eliminación de las fronteras dentro del sector público y en nuevos criterios de eficiencia que incluyan la contribución al desarrollo social. Tenemos que socializar el sistema bancario, eliminando la especulación financiera y alentando la inversión, mientras se suministran microcréditos a pequeñas empresas y a municipios para la creación de empleo y para la experimentación tecnológica a nivel local.

Quiero... a ver..., by El Roto, from elpais.com

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La energía y el transporte deben convertirse en servicios públicos, así como la atención sanitaria y la educación, y gran parte de la producción orientada hacia esos sectores también debe ser realizada por empresas públicas. Esto debería formar parte de un esfuerzo general para lograr más interacción e integración. Productores, usuarios y consumidores deben cooperar directamente mediante redes públicas.

Si algo es público, no significa automáticamente que pertenezca al Estado. No obstante, la propiedad pública se crea mediante la propiedad estatal, y si hay que hacer nacionalizaciones (no hay otra manera de crear un nuevo sector público), tenemos que transformar el Estado. Los neoliberales hablan largamente de los males de la burocracia y de la corrupción oficial, pero en el mundo de la privatización total toleran alegremente ambos.

Además, están interesados de muchas maneras en que se mantengan la ineficacia y la corrupción del Estado a fin de disuadir al público de querer expandirlo mediante la socialización de la propiedad privada. Por eso, después de tres décadas de neoliberalismo en Occidente, y dos décadas en otros sitios, no ha habido una disminución del nivel de corrupción, de la cantidad de escándalos, o incluso del ejército de burócratas frecuentemente incompetentes.

Al contrario, han aumentado por doquier, incluso en países europeos orgullosos de sus tradiciones democráticas y de su eficacia. El Estado debe ser descentralizado, democratizado y más abierto al público. Deberíamos recordar lo que dijo Lenin sobre los soviets en 1905 y 1917. Necesitamos organismos que estén directamente involucrados con la población. La democracia parlamentaria es buena, pero no bastante; necesitamos instituciones de democracia directa.

Finalmente, necesitamos integración regional, que no tiene que ver con abrir mercados para corporaciones occidentales decididas a vendernos mercaderías chinas. Se trata de proteger colectivamente el desarrollo industrial e introducir estándares de educación que correspondan a las necesidades de la región. Tiene que ver con la ciencia, orientada a esas mismas necesidades locales, con desarrollo de nuevas tecnologías que sean baratas, fáciles de usar y adaptadas a un tipo particular de entorno.

Tiene que ver con crear mercados para industrias locales, en el proceso no sólo de abrir el camino a la industrialización y reindustrialización, sino también de vincularlas al desarrollo humano. Tiene que ver con la integración de los sistemas de transporte. Tiene que ver con la abolición colectiva del absurdo sistema de propiedad intelectual que nos imponen las corporaciones multinacionales, mientras nos pronunciamos contra esas corporaciones con una voz unida. No tiene que ver con la abolición de la soberanía nacional, como ha tratado de hacer la Unión Europea, sino de fortalecerla mediante instituciones internacionales representativas responsables ante el público.

Las revoluciones árabes que ahora estremecen al mundo suministran una oportunidad de mover a la región y a toda la humanidad en la dirección al cambio democrático, que a largo plazo las conducirá a la superación del capitalismo. Esas revoluciones tienen que plantear los temas de integración regional y de políticas económicas orientadas hacia intereses sociales. Pero las revoluciones también pueden fracasar y ser derrotadas. La lucha por hacer revoluciones y defenderlas tiene lugar en un ámbito nacional, pero es verdaderamente internacional en su significado.

Para comenzar una revolución, pueden bastar la cólera popular y la voluntad de cambio, pero para que triunfe, es esencial una fuerza política seria. La izquierda en los países árabes enfrenta la tarea de unirse y de ayudar a construir una fuerza semejante, no sólo como un modo de contribuir a la transformación del mundo árabe, sino a fin de ayudar a cambiar el mundo en su conjunto.

* Boris Kagarlitsky es investigador asociado de Transnational Institute y director del Instituto de Globalización y Movimientos Sociales de Moscú. Este trabajo se presentará en una conferencia en Ramala, Palestina ocupada, el 20 de diciembre para discutir políticas económicas alternativas, organizada por el Centro Palestino por la Paz y la Democracia.

Fuente: http://www.zcommunications.org/economic-policies-after-the-death-of-neoliberalism-by-boris-kagarlitsky

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=139423&titular=pol%EDticas-econ%F3micas-despu%E9s-de-la-muerte-del-neoliberalismo-

12
nov

Triple A y guerrillas; acotar es escamotear. Es necesario clarificar que quien viola los derechos humanos es el Estado (…)

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Juan Domingo Perón, Isabel, José López Rega, from elortiba.org

Juan Domingo Perón Duarte, María Estela Martinez, José López Rega, from elortiba.org

Los derechos humanos en la Argentina de hoy

Por Adolfo Pérez Esquivel *
alainet.com, 03.11.11

Es necesario señalar que los derechos humanos y la democracia son valores indivisibles desde su comprensión integral como derechos de los pueblos.

La ONU durante la Conferencia Mundial realizada en Viena, Austria, en 1993 avanzó en comprender los derechos humanos desde su integridad: la autodeterminación, el desarrollo, la soberanía, el derecho al ambiente y los recursos y bienes naturales.

Es necesario clarificar que quien viola los derechos humanos es el Estado.

Los asaltos, asesinatos, robos, etc. son delitos que deben ser juzgados de acuerdo a las leyes vigentes que rigen en el país. Es necesario clarificar estos conceptos frente a una creciente confusión sobre quiénes son responsables de violar estos derechos.

La Argentina vivió a través de su historia graves violaciones de los derechos humanos y de los pueblos dejando profundas huellas en la vida de las comunidades indígenas que sufrieron bajo la conquista española, sometiéndolos a la esclavitud y represión y posteriormente los esclavos africanos. Incluso pasadas las luchas por la independencia y la abolición de la esclavitud en 1813 se continuó cometiendo atrocidades como en la llamada Campaña del Desierto.

El país sufrió en la segunda mitad del siglo XX la sucesión de gobiernos pendulares entre dictaduras y gobiernos civiles débiles, hasta la última dictadura que se impuso en el país utilizando métodos aberrantes desde la Doctrina de Seguridad Nacional que marcó con dolor y sufrimiento al pueblo argentino desde 1976 hasta 1983.

No podemos dejar de lado en esta breve referencia a la “Triple A” y su política represiva encubierta durante el gobierno de Isabel Perón y el accionar de las guerrillas en el país.

Es un capítulo marcado por los olvidos intencionados que dicen que nada pasó antes y después de la dictadura militar. Pero debemos tener una lectura profunda y sincera de lo vivido y las consecuencias que tuvo para nuestro pueblo.

Acotar los derechos humanos a la época de la dictadura militar y los horrores que vivimos en el país, es escamotear la memoria a nuestro pueblo y burlar su derecho a la Justicia y la Verdad. Este derecho no puede estar sometido a la manipulación política.

Durante el gobierno de Raúl Alfonsín y con todas sus contradicciones se logró el juicio a las tres primeras juntas de los comandantes de la dictadura militar, posteriormente se produce un fuerte retroceso del gobierno bajo presión militar y falta de coraje, al imponer las leyes de impunidad, de Punto Final y Obediencia Debida; los indultos a los genocidas impuesto por el gobierno de Carlos Menem, profundiza la impunidad jurídica.

Nestor Kirchner, durante su gobierno, asumió los reclamos de los organismos de derechos humanos y la sociedad en general y el Parlamento sanciona la nulidad de las leyes de impunidad, lo que permitió abrir caminos para lograr los juicios a los represores y superar la impunidad jurídica. Es un fuerte avance para afirmar el Estado de derecho.

La Argentina ha marcado caminos. La Justicia Federal juzga a los responsables de crímenes de lesa humanidad logrando un avance significativo en el fortalecimiento de la justicia y la democracia, y sentando precedentes jurídicos ejemplares en el país y en el mundo.

La situación de los derechos humanos en la Argentina actual tiene luces, sombras y matices, no sólo en la política nacional, sino en las decisiones de los gobiernos provinciales. La reforma constitucional del año 1994 establece que la Argentina es un país federal, pero cuando vemos las prácticas de los gobernadores, son más feudales que federales y se demuestra en graves violaciones a los derechos humanos.

La discriminación y persecución a los pueblos originarios es un ejemplo de esto. El problema de los territorios y derechos indígenas violados sistemáticamente, víctimas de los gobiernos provinciales, de una justicia sometida al poder político, son casos concretos que hemos podido ver últimamente en la Provincia de Formosa, en la Comunidad Qom, La Primavera, sometida a la represión, muerte y cárcel por parte del gobierno formoseño.

Este problema territorial representa la discriminación de sus culturas y valores y una violación de los derechos de los pueblos que debieran estar protegidos de acuerdo a la Constitución Nacional en su artículo 75, al Convenio 169 de la OIT y a la Declaración Universal de los Pueblos Originarios, proclamados por las Naciones Unidas.

Las continuas violaciones de los derechos humanos en el sistema penitenciario. Hoy las cárceles son depósitos humanos que degradan la dignidad de la persona. El hacinamiento, las condiciones de encierro, la superpoblación y deterioro edilicio, la aplicación de torturas y trato cruel y degradante; así como la situación de las mujeres y sus niños en las prisiones, requieren de políticas públicas para resolver los problemas existentes. Situaciones semejantes se viven los institutos penitenciaros de todo el país.

Las comisarías continúan ejerciendo la violencia, situación que desde la Comisión por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires venimos denunciando y sobre la que hemos propuesto soluciones, como la creación de la Policía Judicial que dependa de la Corte Suprema de Justicia.

Los problemas de la infancia, el aumento de los niños y jóvenes en estado de riesgo social, los chicos en situación de calle, desde esferas oficiales y medios de comunicación se busca bajar la edad de imputabilidad para penalizarlos y llevarlos al encierro en institutos que agrava la situación de vida de los mismos.

Si bien hay programas de atención a la infancia, no son suficientes y faltan de políticas públicas para dar contención y prevención sobre las adicciones, el control de la prostitución y la trata de personas. Sepamos que son los niños, niñas y jóvenes los que soportan el flagelo de la violencia social y estructural que afecta a nuestra sociedad y que tiende a aumentar.

Aclaremos que no son políticas de Estado la situación de violencia institucional. Son remanentes y prácticas de las fuerzas de seguridad desde la dictadura, que no han sido erradicadas. Lo que urge es la reforma de los planes de estudio y ejercicio aplicado de estas fuerzas.

En las últimas décadas han surgido con fuerza los derechos ambientales, frente al deterioro de los recursos y bienes naturales, situación que afecta a gran parte de la población en nuestro país y a escala planetaria.

Los monocultivos y destrucción de la biodiversidad, los desmontes y daños ambientales irreparables son provocados en gran medida por quienes privilegian el capital financiero sobre la vida de los pueblos. A esta situación se suma la falta de control por el gobierno nacional y los gobiernos provinciales, sobre los daños provocados por los agrotóxicos -como el glifosato utilizado en gran parte en los monocultivos de soja, habiéndose comprobado daños a la salud de los pobladores y malformaciones en los recién nacidos-. Esta situación no la desconocen las autoridades y sin embargo lo toleran con total impunidad.

La gran minería está dañando la vida de la población. La extracción de minerales como el oro, la plata, cobre y minerales estratégicos, utilizando el cianuro y el mercurio que penetran en las napas de agua afecta directamente a la población humana, animales y vegetales. El saqueo es inmenso, se llevan el 97 % de los recursos con una simple declaración jurada, sin control alguno y dejan destrucción y muerte.

Minerales de los cuales no se habla y que son prácticamente desconocidos por la gran mayoría de la población también debemos tomarlos en cuenta. Las llamadas “Tierras Raras” disponen de minerales utilizados por la gran industria siendo de alto valor estratégico en el actual y futuro desarrollo de la humanidad.

Hoy los países que encabezan la explotación y demanda de las “Tierras Raras” son en primer lugar China, seguida por los EE.UU. Debemos estar atentos.

La desertificación del país va avanzando ante la total indiferencia y complicidad de los gobiernos. La ONU ha hecho un llamado de alerta a la responsabilidad y conciencia de la humanidad, poniendo su acento en los bienes y recursos naturales, como el agua y la biodiversidad, cada vez más escasos y el reclamo sobre la soberanía alimentaria. El informe de la FAO es aterrador, por día mueren en el mundo más de 35 mil niños de hambre. En nuestro país la mortalidad infantil alcanza a cerca de 25 niños por día.

La Argentina aún está a tiempo de revertir la situación y asumir el desafío de recuperar la soberanía perdida. Se necesita decisión, coraje político y la acción de todos los sectores sociales, políticos y económicos, así como el apoyo de las iglesias, para hacer frente a la devastación de los bienes del pueblo y recuperar las empresas base, el territorio y los recursos estratégicos para la vida y desarrollo del país. En esto consiste hoy, la lucha integral por los derechos humanos.

* Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz 1980.

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