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El orden del caos, by Clay Bennet, from readyfortomorrow.com

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La agenda oculta de Xinjiang: petróleo, gas y oleoductos

Por Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada, Unam, Mx, 19.07.09

El contencioso del Tíbet es similar al de Xinjiang en cuanto se refiere a su sensible localización estratégica como a sus pletóricas materias primas.

A diferencia del Tíbet, poco conectado con los budistas aledaños, la relevante etnia uigur de Xinjiang (8.3 millones del total centroasiático de 11 millones), de origen turco-mongol, exhibe amplias redes con sus similares étnicos e islámicos en Asia central y Turquía.

De allí que el conflicto étnico-teológico entre la mayoría han y la minoría uigur en la amplitud china constituya un verdadero “choque de civilizaciones” del que se refocilan los huntingtonianos, quienes alientan la balcanización de China y su confrontación con el Islam (mil 500 millones de feligreses).

Conforme se profundiza el tsunami financiero global provocado por la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña, se intensifica la espectacular ofensiva bélica de Washington y Londres en toda Eurasia, primordialmente en el añejo “arco de la crisis” propugnado por el fanático ultrarracista Bernard Lewis (muy cercano a Israel y a los neoconservadores straussianos), con el fin de cercar a las tres grandes potencias geoeconómicas emergentes: China, Rusia e India, que viven intensas conflagraciones en sus respectivas fronteras bajo el travestismo del jihadismo islámico, al unísono de los preparativos israelíes para atacar a Irán.

El paranoide Bibi Netanyahu (ver Bajo la Lupa, 12/7/09) ha lanzado a sus tres submarinos nucleares al mar Rojo, al golfo Pérsico y el mar Mediterráneo para amedrentar a Irán (Réseau Voltaire, 15/7/09), que aún no resuelve su crisis poselectoral.

El añejo “arco de la crisis” del fundamentalista israelí y teórico de los halcones anglosajones Bernard Lewis se entrelaza con lo que hemos denominado “la línea Brzezinski” que conecta la antigua Palestina a Irán y al binomio Afganistán-Pakistán, entre los paralelos 20 y 40 grados, que representa geopolíticamente el talón de Aquiles de China.

En este contexto habría que ubicar el reciente estallido étnico-teológico en la rica provincia islámica de Xinjiang, sexta parte del territorio chino que equivale a la superficie de Irán.

Rick Rozoff, colaborador de Global Research (10/7/09), desmenuza “la mayor operación de combate desde la guerra de Vietnam” del Pentágono y la OTAN “desde Afganistán hasta el mar Caspio y Asia central” con el fin de controlar las reservas de petróleo y sus oleoductos regionales.

¿La escalada de la dupla anglosajona –mediante su huntingtoniano choque de civilizaciones que ha incendiado las fronteras de Rusia, India y China– responde a la exigencia de un nuevo orden monetario mundial y una nueva divisa que sepulten al otrora omnipotente dólar?

F. William Engdahl, investigador estadunidense-alemán, demuestra cómo “Washington juega en profundidad con China” (Global Research, 11/7/09), cuyo artículo fue reproducido por China Daily (16/7/09) bajo el título sugestivo: “La agenda oculta detrás de la violencia en Xinjiang”.

Además de fracturar la cohesión del Grupo de Shanghai (SCO, por sus siglas en inglés), F. William Engdahl demuestra que “algunos de los más importantes gasoductos de China pasan por Xinjiang” en procedencia de Kazajstán, Turkmenistán, Uzbekistán y Rusia.

F. William Engdahl, con fuertes vínculos con los servicios alemanes de inteligencia, indica que fue determinante el papel que jugó en los disturbios étnicos de Xinjiang la supuesta ONG “independiente” (sic) Fundación Nacional para la Democracia (FND): “la interferencia de Estados Unidos tiene poco que ver con los pretendidos abusos a los derechos humanos contra los uigures. Al contrario, tiene mucho que ver con la estratégica localización geopolítica de Xinjiang. La FND financia con 215 mil dólares al año al Congreso Mundial Uigur (CMU), con sede en Washington, que busca la creación del ‘Turkistán Oriental’ mediante la secesión de Xinjiang de China”.

La FND se vio implicada en la violencia del Tíbet en marzo del año pasado con el fin de mancillar la imagen china con antelación a los Juegos Olímpicos. Allen Weinstein (muy cercano a Israel y uno de los creadores legislativos de la FND), comentó en 1991 que “gran parte de la actividad de la FND era realizada en manera encubierta por la CIA (¡súper-sic!) hace más de 25 años” (cita de F. William Engdahl).

Por cierto, el neoconservador straussiano, eterno presidente de la FND y anterior consejero de la Comisión Kissinger (¡extra súper-sic!) Carl Gershman se defiende de ser un títere de la CIA.

¿Cómo puede un pretendido “filántropo” y “demócrata” como Gershman ser aliado de los halcones bélicos israelíes y neoconservadores straussianos como Irving Kristol y Norman Podhoretz? ¡Tales son los “derechos humanos” y la “democracia” de Estados Unidos e Israel: pura simulación!

F. William Engdahl desenreda la madeja de los financiamientos por el Congreso de Estados Unidos a la FND mediante receptores “inocuos” y “filántropos” como la Cámara de Comercio de Estados Unidos, el sindicato AFL-CIO y el Centro para la Empresa Privada (¡extra súper-sic!) Internacional.

No fue casual que los disturbios étnico-teológicos en Urumqi (capital de Xinjiang) se hayan escenificado días después a la cumbre del Grupo de Shanghai (ver Bajo la Lupa, 14/6/09).

Tampoco fue coincidencia que el pasado 18 de mayo la FND haya realizado una conferencia de “derechos humanos” sobre “Turkistán Oriental: 60 años bajo el régimen comunista chino”. Entre sus copatrocinadores se encontraron Human Rights Watch (del megaespeculador George Soros, “padrino” de las “revoluciones de color” en la periferia rusa) y la Organización de las Naciones y Pueblos sin Representación (UNPO, por sus siglas en inglés), una extraña entidad balcanizadora de 57 multietnias que se acopla a los intereses desestabilizadores anglosajones.

La presidenta del CMU es Rebiya Kadeer, instrumento del Departamento de Estado, a juicio de Donald Kirk, quien expone que “Washington financia a sus amigos (sic) uigures” (Asia Times, 18/7/09): “Estados Unidos se ha tropezado casi inadvertidamente en medio del conflicto étnico en China occidental del que no tiene ninguna oportunidad de salir airoso”.

Mas allá de las instalaciones nucleares y satelitales chinas en su seno, la sensible ubicación estratégica de Xinjiang (comparte fronteras con Tíbet, India, Mongolia, Rusia, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán, Afganistán y Pakistán) se dimensiona aún más debido a sus pletóricas reservas de carbón (40 por ciento del total), petróleo y gas natural (25 por ciento del total). La extracción de petróleo y gas en la rica provincia de Xinjiang (60 por ciento de su economía) se conecta con Shanghai.

¿Cómo responderá en forma civilizada China, al tiempo que proteja los intereses inalienables de sus minorías en Tíbet y Xinjiang, para levantar el ominoso desafío que le propinó la CIA, perdón, la FND, en su yugular económica y energética?

http://www.jornada.unam.mx/2009/07/19/index.php?section=opinion&article=012o1pol

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Atomic bomb, pruebas francesas Licorne, by pierre j, from flickr.com

Atomic bomb, pruebas francesas Licorne, by pierre j, from flickr.com

El desenlace: Sepa por qué usted está parado sobre la tercera guerra mundial

Las razones estratégicas que convierten al “triángulo petrolero” Eurasia-Cáucaso-Medio Oriente en el teatro obligado de la tercera guerra mundial intercapitalista (desarrollada posiblemente con armamento nuclear) por el control de los recursos clave para la supervivencia futura de las potencias capitalistas.

Por Manuel Freytas *
Informe especial, IAR Noticias, 19.05.09

En el Gran Tablero geopolítico militar del “orden mundial” vigente, la generación de una próxima guerra intercapitalista (como emergente de diversos teatros de conflicto armado escalonados) cuenta con tres elementos detonantes interactivos:

A) La necesidad de EEUU y de las potencias aliadas (eje USA-UE) de generar por medio de un conflicto militar un nuevo polo de desarrollo productivo (economía de guerra) con empleo de mano laboral masiva para superar la crisis financiera recesiva que colapsa las economías del sistema a escala global.

B) Asegurar el control militar sobre el petróleo y los recursos estratégicos perecederos del planeta que le asegure su supervivencia como potencia hegemónica.

C) Impedir que los enemigos fundamentalistas de Israel y del sionismo cuenten con un gatillo nuclear capaz de lanzar un Apocalipsis sobre sus metrópolis imperiales.

Estos tres preceptos centrales guían la estrategia exterior de las potencias sionistas del eje USA-UE que utilizan diversas tácticas de “camouflage” para evitar enfrentamientos armados en el gran juego de la diplomacia internacional con que hoy disfrazan sus guerras por áreas de influencia.

Estas tres cuestiones estratégicas (y de desenlace conflictivo) que definen y priorizan las líneas matrices del orden capitalista internacional en crisis tiene claramente tres protagonistas centrales:

A) EEUU, Unión Europea y el “eje occidental” (bloque dominante del capitalismo que extiende sus tentáculos para apoderarse de los recursos energéticos, rutas y mercados de Eurasia, Africa y Medio Oriente).

B) Rusia, China y el “eje asiático” (Bloque del capitalismo emergente que disputa una (por ahora) guerra comercial por áreas de influencia con el eje USA-UE que genera roces y conflictos militares como el de Georgia, en el Cáucaso).

C) Irán y el “eje islámico” (Bloque de países asentados sobre más del 80% de las reservas mundiales del petróleo y de los recursos estratégicos en disputa).

Estos tres bloques centrales van a definir (a modo de desenlace, y cuando la crisis económica global se retroalimente con la crisis energética global ) un escenario estratégico de tercera guerra mundial intercapitalista que tendrá como detonantes clave los distintos frentes de conflicto que hoy se extienden por Eurasia, Africa y Medio Oriente.

El elemento fundamental que define y da sustento a la contradicción fundamental (que va a precipitar el desenlace) es el petróleo junto con los recursos estratégicos, como es el caso del agua y la biodiversidad, claves y esenciales para el funcionamiento global del sistema capitalista, cuyas reservas se agotan sin que todavía se hayan conseguido alternativas para sustituirlo.

Todos los conflictos que hoy se desarrollan en el planeta (sean de orden político, militar o social) abrevan en forma subsidiaria en esa guerra subterránea intercapitalista por el control de los recursos estratégicos clave para la supervivencia futura de las potencias capitalistas.

En general, todo los que EEUU y la UE presentan como “guerra contra el terrorismo” en los escenarios de Asia, Africa o Medio Oriente, son conflictos fabricados (por la CIA y los servicios occidentales) como estrategia de posicionamiento sobre determinadas fuentes de recursos o zonas de control geopolítico militar.

Por ejemplo, el exterminio en masa de miles de civiles en Sri Lanka no fue determinado por una guerra contra el “terrorismo tamil” como se intentó hacer creer sino por intereses geoeconómicos y geopolíticos militares estratégicos que tienen que ver con el control del Océano Índico y de las rutas del petróleo. Tampoco se trató de un genocidio por cuestiones de origen “racial” sino de una matanza sistemática que se encuadró en el escenario de la llamada “guerra energética” que disputa el eje sionista USA-UE con el bloque Rusia-China-Irán por la supervivencia futura.

Lo mismo que hoy sucede en Sri Lanka (y con distintas características), esta sucediendo en Somalía, el Tibet, Sudán, el Cáucaso, Chad, Etiopía, entre otros, donde las potencias arman y financian “guerras civiles” o “guerras religiosas” para justificar intervenciones o invasiones armadas.

En la realidad (extinguida la Unión Soviética y los procesos de la revolución armada setentista), hoy el sistema capitalista ya no tiene enemigos estratégicos que planteen su reemplazo por otro sistema, y, consecuentemente, todos los conflictos que existentes en los cinco continentes son emergentes exclusivos de las contradicciones y de las competencias intercapitalistas.

El sistema capitalista se ha quedado solo, y su dinámica irreversible de destrucción histórica solamente llegará de la mano de sus propias contradicciones (íntercapitalistas) dentro de una dialéctica de “autodestrucción” marcada por la búsqueda de rentabilidad y de la concentración del poder mundial en pocas manos.

En suma, todos los conflictos existentes, son la sumatoria de la lucha de las potencias capitalistas que compiten entre sí por apoderarse de mercados y de recursos estratégicos, ya sea por medio de conflictos armados o de conflictos sociales activados con fines de control político.

El petróleo y el gas (bienes cada vez más escasos y en extinción), el motor de los motores de la economía mundial, configuran el recurso básico esencial para la supervivencia de las potencias centrales y representan el eje detonante estratégico de los conflictos militares en marcha que pueden convertir a Wall Street y a los “mercados” en tierra arrasada y en llamas.

Como producto de los conflictos intercapitalistas por el control del planeta, en el escenario geopolítico militar mundial hay cuatro frentes de inevitable desenlace a corto plazo:

A) La  resolución de la crisis recesiva mundial,

B) el ataque militar a las usinas iraníes,

C) la ampliación del conflicto en Afganistán,

D) la ocupación militar de Pakistán por EEUU,

E) otro conflicto armado en el Cáucaso o en Eurasia (como parte del teatro de la guerra fría EEUU-Rusia) y

F) un ataque “terrorista” (o varios) similar al 11-S en Europa o EEUU (que servirá como argumento justificatorio de acciones militares de EEUU y de la OTAN).

Un nuevo estallido militar de la guerra energética, tanto en el Cáucaso (con Rusia como protagonista) como en Medio Oriente (con Irán como protagonista) se complementa con el cuadro de la crisis económica estructural del sistema capitalista que ya se proyecta con una amenaza de crisis y estallidos sociales con peligro para la gobernabilidad del sistema a escala global.

Por las líneas geopolíticas de Afganistán, Pakistán o Irán, se trasmiten y retransmiten los teatros de conflicto que atraviesan la escala comprendida entre Eurasia y Medio Oriente, cuyos desenlaces impactan directamente en las fronteras energéticas ubicadas entre el Mar Caspio y el Golfo Pérsico, las llaves estratégicas del petróleo y la energía mundial.

Luego de la caída la URSS, EEUU y la Unión Europea se abalanzaron sobre los mercados y los recursos energéticos de las ex republicas soviéticas en Europa del Este, y el área caucásica y centroasiática, tradicional esfera de influencia rusa, ampliando su red de accesos y bases militares en toda la región.

La importancia estratégica de Irán, Afganistán y Pakistán, en el tablero de la guerra energética se da por dos razones principales:

A) Tanto Pakistán (un gigante islámico con poder nuclear) y Afganistán (dominado por un conflicto armado con los talibanes) conforman una llave estratégica para el dominio y control militar del llamado “triángulo petrolero” (Mar Negro-Mar Caspio-Golfo Pérsico), donde se concentra más del 70%  la producción petrolera y gasífera mundial, un elemento clave para la supervivencia futura de las potencias capitalistas del eje USA-UE.

B) Irán, que controla el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 40% de la producción mundial petrolera, además -con su posibilidad de tener un bomba nuclear- pone en peligro la supervivencia del Estado de Israel y la supremacía del control económico, geopolítico y militar estratégico del poder imperial USA-UE en la decisiva región del Medio Oriente y del Golfo Pérsico.

Así como Rusia representa para el eje USA-UE la “barrera” geopolítica y militar a vencer para la conquista de Eurasia y de sus recursos energéticos (vitales para la supervivencia futura del eje USA-UE), Irán es la piedra que hay que remover para complementar el control sobre las rutas y las reservas energéticas del Medio Oriente.

Estas son las razones estratégicas que convierten al “triángulo petrolero” Eurasia-Cáucaso-Medio Oriente en el teatro obligado de la tercera guerra mundial intercapitalista (desarrollada posiblemente con armamento nuclear) por el control de los recursos del planeta claves para la supervivencia.

Y al final (y si es que queda algo vivo y en pie) los ganadores se repartirán el botín y un nuevo “orden mundial” como en 1918 y en 1945.

EEUU sólo puede satisfacer un 25% de sus necesidades energéticas
(con recursos que se agotan), y la Unión Europea es totalmente dependiente en provisión de gas y petróleo. China (al igual que India, Japón y las potencias asiáticas) necesitan del petróleo y el gas (bombeados principalmente por los corredores rusos) para supervivir como superpotencias industriales.

En consecuencia, como ya dijimos, Rusia, la única superpotencia nuclear que se autoabastece de gas y petróleo (además de controlar la mayoría de las redes euroasiáticas) representa para el eje USA-UE la “barrera” geopolítica y militar a vencer para la conquista de Eurasia y de sus recursos energéticos.

Y el gigante petrolero socio de Rusia, Irán, es a su vez la piedra que hay que remover para complementar el control sobre las rutas y  las reservas energéticas del Golfo Pérsico y de Medio Oriente.

¿Se entiende por qué hay que destruir a la capital del “eje del mal”?

El desenlace de la tercera guerra mundial no es, en síntesis, un producto de la visión de los profetas sino un resultante histórico (inevitable) de los cálculos matemáticos de la supervivencia capitalista. Que es la madre de todas las guerras.

* Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. manuelfreytas@iarnoticias.com

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