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Oil, from kopeikingallery.com

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Petróleo: Faja del Orinoco entra en el nuevo juego global

Venezuela entregó concesiones a consorcios liderados por las firmas trasnacionales Chevron y Repsol, para extraer petróleo de la sudoriental Faja del Orinoco, justo cuando especialistas debaten sobre si el mundo vive una abundancia del recurso o el inicio de la declinación final de los yacimientos.

Por Humberto Márquez - IPS
IAR Noticias, 27.02.10

La estadounidense Chevron, asociada a las firmas japonesas Mitsubishi e Inpex, y a la local Suelopetrol, pagará 500 millones de dólares por los derechos para explotar un campo capaz de producir diariamente entre 400.000 y 480.000 barriles (159 litros), durante 40 años.

La española Repsol se unió a la malasia Petronas y las indias ONGC, Indian Oil y Oil India, que pagarán 1.050 millones de dólares por los derechos de explotación de un campo vecino del que podrán extraer, durante décadas, 480.000 barriles diarios.

Según estos pactos alcanzados este mes, así como otros en diciembre y enero con la italiana ENI y con un consorcio de cuatro empresas rusas, la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) detentará 60 por ciento de acciones en las sociedades mixtas que se formarán para administrar cada concesión.

El esquema ya rige para asociaciones en la Faja que desde la década anterior entregan medio millón de barriles por día, de Pdvsa con la francesa Total y la noruega Statoil, en otra con Chevron y en una más con las chinas CNOC y Petrochina.

En tanto, Exxon y ConocoPhillips, de Estados Unidos, rehusaron continuar como socios después que en 2007 Caracas cambió las reglas del juego.

Venezuela espera que en la Faja se inviertan hasta 80.000 millones de dólares, para llevar su producción de los actuales tres millones de barriles diarios a cinco millones de unidades en el año 2016, dijo el ministro de Energía, Rafael Ramírez.

Las inversiones se prevén en infraestructura de producción, tecnología y capital de trabajo, además de que como el crudo de la Faja es muy pesado, deben construirse mejoradores que lo transformen en petróleo liviano o mediano, y asimismo oleoductos, instalaciones portuarias y posiblemente una nueva refinería.

La Faja es una enorme mancha de petróleo, extendida bajo 55.000 kilómetros cuadrados de llanuras inmediatamente al norte del río Orinoco, a unos 400 kilómetros al sudeste de Caracas, y desde hace décadas se estima su volumen en alrededor de 1,2 billones (millones de millones) de barriles de crudo, en su mayor parte extrapesado o no convencional.

Pero sólo un porcentaje del crudo depositado en ese subsuelo es recuperable. ¿Cuánto? Eso es parte del debate actual.

Mientras Pdvsa sellaba sus negociaciones, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) produjo un informe según el cual técnicamente podrían extraerse de la Faja unos 513.000 millones de barriles, es decir, un factor de recobro o recuperación superior a 40 por ciento.

Ese volumen equivale a la suma de las actuales reservas de Arabia Saudita, Irán e Iraq, que junto con Venezuela y otros ocho países integran la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

“Estamos diciendo que es un petróleo técnicamente recuperable con las tecnologías que conocemos, no decimos que sea económicamente recuperable hoy”, advirtió el geólogo del USGS Chris Schenk apenas su organización divulgó el informe.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ordenó al ministro Ramírez buscar los estudios del USGS para acompañar las tareas de “certificación de reservas”, que adelantan una docena de compañías estatales de varios países, incluidos algunos de escasa experiencia o no petroleros, como Cuba, Chile y Uruguay.

Venezuela quiere cerrar 2010 con la certificación de que en la Faja tiene reservas por 235.000 millones de barriles, que sumados a unos 90.000 millones en otras áreas le colocarían muy por delante del actual líder, Arabia Saudita, cuyo subsuelo guarda 264.000 millones de barriles, en su mayoría crudos livianos y medianos.

Para eso, el factor de recobro debería ser 20 por ciento, pese a que Pdvsa estimó que actualmente puede recuperar entre 8,1 y 8,5 por ciento, y ese es aproximadamente el factor de recuperación con el que trabajan las asociaciones establecidas en la Faja.

“Es increíble que el informe de la USGS no haya mencionado que el factor de recobro para reservas es el de las cantidades recuperables en un horizonte de 30 años, con métodos desarrollados y comprobados”, dijo a IPS el experto Aníbal Martínez, presidente de la Academia Nacional de la Ingeniería de Venezuela.

Según Martínez, autor de varios libros sobre la clasificación de los crudos, “el factor de recobro actual de los campos es de 8,4 por ciento. La cuantía recuperable o no, pudiera lograrse, o no, tal vez a mediados del próximo siglo, con la terminación de todas las actividades que requieren las cientos de áreas, conforme a las características de los tres o cuatro programas piloto llevados a término al día de hoy”.

El programa gubernamental venezolano supone un factor de recobro de 20 por ciento, “lo que no es sino un capricho impuesto por decreto”, según Martínez, para quien esos números y los del USGS no son más que “el más soberbio engaño urdido en la industria petrolera internacional”.

Un informe preparado por Terry Macalister, editor de energía del periódico británico The Guardian, advirtió en noviembre que Estados Unidos presionaba a la Agencia Internacional de Energía (AIE) para dar la impresión de que hay más reservas de petróleo en el mundo de las que en realidad existen.

La AIE, nacida en 1974 tras la primera gran crisis petrolera, como una asociación de defensa de los intereses de los mayores consumidores del mundo y en contrapartida a la OPEP, aglutina actualmente a los mismos 30 países que integran la Organización de Cooperación y Desarrollo, la mayoría del Norte industrial.

La razón sería que podría generarse una nueva ola de pánico en los mercados financieros si estos advierten que en verdad el planeta alcanzó el pico de producción (peak oil) descrito por el geofísico estadounidense King Hubbert, y el conjunto de los yacimientos en lo sucesivo sólo declinarán.

“Es posible. Se trata de medidas como incentivar el ahorro de combustible que practican los países industrializados en tanto se dan a la tarea de buscar y controlar nuevas reservas que pudieran existir a profundidades mayores de las conocidas”, comentó a IPS Rafael Quiroz, asesor petrolero del Banco Central de Venezuela.

Heliodoro Quintero, ex gobernador de Venezuela ante la OPEP, dijo a IPS que “la información sobre esas hipótesis es todavía insuficiente, aunque la verdad es que las reservas mundiales ya están de por sí suficientemente altas”.

Conforme a estadísticas de la corporación British Petroleum, el mundo tiene en reservas 1,26 billones de barriles (1,07 billones en 1998 y un billón en 1988), es decir, petróleo para 40 años a la tasa actual de consumo de 31.000 millones de barriles al año.

Estudios de la AIE estiman que el consumo pasará de los actuales 85 millones de barriles diarios a 88 millones de unidades en 2015 y 105 millones en 2030.

También advierten que campos como el Mar del Norte, donde se producen unos cuatro millones de barriles diarios, declinan a razón de siete por ciento anual, y el economista jefe de la AIE, Fatih Birol, ha advertido que “los días del petróleo fácil ya se han ido“.

Es lo que lleva a las compañías a buscar hidrocarburos aún más costosos, como los situados a gran profundidad bajo el Atlántico brasileño, los pesados de la Faja del Orinoco o las arenas bituminosas de Athabasca, en Canadá, cuya explotación requiere precios sostenidamente muy por encima de 50 dólares el barril.

En Brasil, a pesar de esos datos, quizás para apurar a los inversores, el presidente de la corporación Petrobras, José Sergio Gabrielli, dijo en una conferencia en diciembre que el mundo llega al “peak oil” este mismo año y la capacidad de producción global declina a razón de cinco por ciento anual.

Por ello, se requieren inversiones nuevas en países como Brasil e Iraq, según Gabrielli, pues el mundo necesita desarrollar una capacidad equivalente a “una Arabia Saudita cada dos años” para compensar la declinación global promedio de cinco por ciento en los yacimientos. El reino saudí produce nueve millones de barriles diarios. Ello explica el júbilo por reingresar a la Faja de Venezuela de trasnacionales como Chevron, cuyo vicepresidente George Kirkland dijo que “esperamos ser parte de esta nueva oportunidad que ampliará el desarrollo de uno de los más grandes recursos de hidrocarburos del mundo”-

Quintero advirtió que a las socias en la Faja se les han disminuido regalías e impuestos, y críticos de izquierda como Pablo Hernández Parra llamaron la atención acerca del esquema de empresas mixtas, que en su opinión desnacionaliza la actividad, así como aceptar que sean tribunales internacionales la solución de controversias.

http://www.iarnoticias.com/2010/noticias/latinoamerica/0060_faja_orinoco_venezuela_26feb2010.html

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The end of the line, by Earl Oliver Hurst, from animationarchive.org

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Se equivocó la AIE: siempre sí habrá “sequía de petróleo”

Por Alfredo Jalife-Rahme

Antecedentes:

Hay que tomar con pinzas los hallazgos de la Agencia Internacional de Energía (AIE): creación del etnocida global Henry Kissinger para enfrentar tanto la crisis del petróleo de los 70 como a la OPEP y que conforma el Club de los Ricos (sic) de la OCDE, menos dos (Islandia y, obviamente, el masoquista México neoliberal), donde se congregan los principales consumidores del planeta.

Han pasado 35 años desde su fundación y los viejos “ricos” no lo son más (básicamente el G-7) debido al tsunami financiero global cuando se ha asentado la teoría correcta sobre el “pico” de petróleo (de la que Bajo la Lupa fue pionera a contracorriente, desde 1998, frente a la postura entreguista del cordobismo-zedillismo y sus engendros foxiano y calderonista).

Hoy las trasnacionales anglosajonas, el alma mater de la AIE a la que frecuentemente alimentan con su deliberada desinformación, han perdido el control del “mercado” ante el despliegue más creativo del BRIC (ver Bajo la Lupa, 2.8.09), como consecuencia del incipiente nuevo orden multipolar.

Hechos:

Con más de una década de retraso, la AIE acepta haberse equivocado y adopta la teoría del “pico” del petróleo. Dudamos que se haya equivocado, sino más bien ocultó la información fehaciente para beneficiar a los países “ricos” importadores, eminentemente su núcleo anglosajón.

Se desprende nuestro axioma de que “la desinformación también mata”, ya que puede servir para encubrir los peores designios de invasiones bélicas (v.gr. Irak y Afganistán).

¿Representa la AIE el “brazo estadístico” en materia energética de la OTAN?

Con el estigma de su pasado siniestro, ahora la AIE se compunge del “pico” del petróleo que acabó por alcanzarla, por lo que advierte alarmantemente que su abastecimiento se agota de forma rápida y que su “reducción catastrófica (¡supersic!) “amenaza la ‘recuperación (sic) económica’” (Steve Connor, The Independent, 3.8.09).

Dejemos a Steve Connor definir el “pico” del petróleo: “el punto de máxima velocidad al extraer petróleo que alcanza un pico debido a limitaciones técnicas y geológicas, cuando comienza la declinación de la producción global”.

Kate Mackenzie, de The Financial Times (3.8.09), portavoz de la globalización y de las trasnacionales petroleras anglosajonas, ulula en forma calamitosa que “la economía global se encuentra en riesgo por el alza del petróleo”; no, desde luego, por los manejos criminales de la parasitaria banca de Londres y Wall Street. Mackenzie se basa en forma sinergética en los hallazgos de Fatih Birol, economista en jefe de la AIE: “Un precio mayor a 70 dólares dañaría la recuperación económica“.

¿Van a perder su descabellada apuesta especulativa de “derivados financieros” (con el dinero de los contribuyentes mexicanos, claro) tanto Carstens como Tomás Lajous Loaeza, hijo del entreguista ex director de Pemex, Adrián Lajous (”Calderón y Carstens contribuyen al desplome del petróleo”, Bajo la Lupa, 23.11.08)?

Previsiones de Tony Eriksen ("As") en mayo de 2009. Incluye el petróleo crudo, el condensado y las arenas asfálticas. TheOilDrum.

Previsiones de Tony Eriksen ("As") en mayo de 2009. Incluye el petróleo crudo, el condensado y las arenas asfálticas. TheOilDrum.

Francisco Blanch, estratega en materias primas de Bank of America, considera tolerable un rango entre 70 y 80 dólares, ya que una banda entre 90 y 100 afectaría incluso a China.

La AIE esquiva que gran parte del alza paroxística del petróleo se debió a la orgía especulativa con los “derivados financieros” del petróleo que empujó el precio a casi 150 dólares, como han informado a destiempo las “reguladoras” de Estados Unidos (EU) y Gran Bretaña (GB).

A juicio de Birol, “los esfuerzos para reducir la especulación de futuros del petróleo” constituye “un buen paso”, pero “no reducirá en forma significativa (sic) los precios” cuando “la demanda china será más determinante“.

Según Birol, “el verdadero problema” proviene de la “baja en inversiones para la producción de petróleo” que explaya más extensamente en su entrevista a The Independent: “El mundo se encamina a una sequía (¡supersic!) catastrófica (sic) de energía, que pudiera descarrilar la economía global, debido a que la mayoría de los campos petroleros en el mundo han rebasado su producción pico”. Esta tesis no es novedosa y ya había sido externada hace mucho por Christophe De Margerie, director de la petrolera francesa Total.

Birol confiesa que la AIE “se equivocó″ (sic) con “una década de atraso” sobre el “pico” del petróleo. ¿Cómo puede ser que “se equivoquen” tanto los “expertos” de 28 países consumidores, que concentran a los óptimos científicos del planeta, frente a Bajo la Lupa, que escribe en la soledad un despierto aficionado del petróleo (libro agotado: El lado oscuro de la globalización, editorial Cadmo & Europa, 2000)?

El reporte de la AIE es dramático: “La primera evaluación detallada (sic) de más de 800 campos petroleros en el mundo, que cubre las tres cuartas partes de las reservas globales, ha alcanzado su pico en la mayoría de los principales campos y la velocidad de declinación en la producción es ahora casi el doble (¡supersic!) del ritmo calculado hace dos años“.

Lo que oculta Birol es que EU y GB se beneficiaron con un precio exageradamente bajo del crudo durante casi dos siglos (historial que analizamos en nuestro libro también agotado Los cinco precios del petróleo, editorial Cadmo & Europa, Buenos Aires, 2006).

Por encima de todo, Birol juzga que “existe un problema de subinversión crónica en los países productores, una característica que puede resultar en una sequía (¡supersic!) de petróleo en los próximos cinco (sic) años, que pondrá en peligro cualquier esperanza de recuperación de la presente recesión económica global”.

Ahora la dupla anglosajona encontró el chivo expiatorio idóneo para explicar la “recesión de doble hundimiento” (double-dip recession) que se avecina: leve recuperación a finales de este año seguida por una recesión más profunda a finales de 2010 o a inicios de 2011, según Nouriel Roubini, muy cercano a la Reserva Federal y al banco central de Israel (Bloomberg, 3.8.09).

Birol admite que en caso de existir una recuperación “en pocos años (sic)”, ésta será “lenta y frágil con el riesgo de que sea estrangulada (sic) por los altos precios del petróleo”.

Que pierdan EU y GB no significa que se acabe el mundo y que no ganen otros como Rusia, Irán, las petromonarquías árabes y Venezuela (si EU no la invade antes) que todavía no pertenecen al hoy harapiento “Club de los Ricos” del binomio OCDE/AIE: “Conforme la crisis (nota: la energética) empiece su captura después de 2010 (sic), aumentará rápidamente el poder del mercado de los muy pocos (sic) países productores de petróleo que poseen sustanciales (¡supersic!) reservas, principalmente en el Medio Oriente”.

Birol aconseja puerilmente “dejar el petróleo antes de que nos abandone“. Pero, ¿cómo se podría realizar en el corto plazo el brusco giro a la recomendable energía alternativa cuando el sistema económico, financiero y social de la dupla anglosajona se fundamentó en un precio barato, para no decir subsidiado, de los países productores ingenuos e ineptos como el masoquista México neoliberal?

http://www.jornada.unam.mx/2009/08/05/index.php?section=opinion&article=020o1pol

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Sombras nada más, by telegraph.co.uk

Sombras nada más, by telegraph.co.uk

Michael Moore y el caso de la General Motors: ¿Se avecina el fin del capitalismo?

Por Pedro Prieto y Manuel Talens
Rebelión y Tlaxcala, 12.06.09

“El arma de la crítica no puede reemplazar a la crítica de las armas,
pero se hace revolucionaria cuando se apodera de las masas.”
Karl Marx, Introducción a la Crítica de la Filosofía Hegeliana del Derecho Estatal

Introducción: El hombre que opina demasiado

El pasado mes de octubre de 2008, tras la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales de su país, Michael Moore publicó una carta sonrojante para pregonar su felicidad. Uno de nosotros la tradujo, pero le añadió un epílogo con el objetivo de marcar distancias. En aquel epílogo se leía lo siguiente: “Michael Moore es un autor muy querido en estas páginas. Básteme decir que sus diatribas contra las canalladas de todo tipo que comete su país alcanzan aquí cifras espectaculares de lectura. A mí, personalmente, me parece un personaje simpático, ingenioso, buen cineasta comprometido y mediano escritor, pero siempre me deja con la sensación de no llegar al fondo en sus análisis políticos, pues por muy a contracorriente que parezca su obra y por muy a la izquierda que se lo sitúe en la farándula usamericana, creo que fuera del ámbito imperial no pasaría de ser un lúcido socialdemócrata.”

Aquella descripción nos sigue gustando. Además, sus películas son refrescantes y divertidas y tienen la ventaja de fustigar situaciones que en su país son moneda corriente, mientras que en el resto del mundo producen vergüenza. Sobre todo porque no es normal que en el vergel de la democracia, de la libertad, del nosotros el pueblo y demás vaguedades, a uno puedan fácilmente descerrajarle un tiro en un mal día, y todo a causa de esa cuarta enmienda que permite comprar un pistolón a quien le apetezca (a muchos allí les apetece); o negarle a una anciana atención médica en un hospital por el hecho de ser pobre. A Michael Moore no le gustan esas cosas. Por eso las condena con imágenes. Tampoco le gustó nunca el tramposo de George Bush y no dudó en ridiculizarlo en una película. Más tarde, para sacarle de nuevo los colores, organizó una caravana de ayuda a Nueva Orleans cuando el Katrina. Es un buen tipo.

Pero escribe demasiado y a veces habla por hablar, como cuando en su libro ¿Qué han hecho con mi país, tío? [Dude, Where’s My Country, 2005] se le ocurrió “designar” a la presentadora de televisión Oprah Winfrey como candidata ideal para llevar al país a la tierra prometida desde el Despacho Oval. No estamos bromeando, vayan y lean. Eso es lo que tiene opinar de cualquier cosa: las carencias terminan por salir a la luz, porque no es posible saber de todo. Pero a Michael se le perdonan, es como el pariente gordinflón que uno tiene en la familia y que a veces se pasa de gracioso. Los sitios web de izquierda alternativa se lo rifan.

Hace unos días volvió a opinar de lo que no sabe. En Rebelión, cuando leímos el original inglés, “Goodbye, GM”, hubo apuestas sobre cuánto tiempo pasaría antes de que en algún lugar apareciese en español. Ganó la apuesta que vaticinó 48 horas, pues eso es lo que tardó La Jornada en traducirlo: “Adiós, General Motors”.

Con todos los respetos, nosotros dos creemos que el bueno de Michael se equivoca en las fabulaciones que allí cuenta y eso es lo que trataremos de explicar a partir de este punto y aparte.

El Imperio en el corazón

Moore inicia bien su relato. El certificado de defunción de la General Motors le sirve para hacer un recorrido por los cien años de historia de este emblema del capitalismo. Y no oculta su alegría por el acontecimiento: “…me siento rebosante de –me atrevo a decir– júbilo”. Es normal, ninguna persona bien nacida debería morir sin asistir al batacazo de al menos un enemigo del pueblo. Añade luego otros tres párrafos introductorios y, a partir de ahí, entra en faena. Pero esta vez ya no se trata de tirar cohetes por la llegada de Obama, sino de darle consejos de política económica: “…solicito que se preste honrada y sincera consideración a las sugerencias siguientes…”.

Y comienza recordando el pasado, cuando en 1942 el presidente Roosevelt transformó la industria automovilística en armamentista y la General Motors se puso a construir aviones, tanques y ametralladoras. Y entonces a Michael se le escapan un par de afirmaciones que invitan a reflexionar: “Todo el mundo participó. Los fascistas fueron derrotados.” Vaya, vaya, nuestro hombre no se sale ni un milímetro de la línea oficial, según la cual aquella guerra fue contra el fascismo, no un juego a cuatro bandas de poderes imperiales, cada uno de ellos con sus propios intereses bien calculados. Cualquiera diría que se ha creído el sofisma de que su país entró en la contienda para salvar la democracia. Como si el auténtico enemigo de Roosevelt hubiera sido Hitler, no Stalin. La verdad es que a Usamérica le salió tan bien la jugada que luego pudo escribir la historia a su medida y Michael ni siquiera la pone en duda. Pero, en fin, pelillos a la mar, no es éste detalle el que nos interesa aquí, por mucho que demuestre que el corazón de todo inconformista usamericano guarda siempre un rinconcito donde el Imperio dormita agazapado.

Michael Moore, que trabajó en la industria del automóvil antes de hacer cine, se muestra inquieto por el futuro de las gentes de su pueblo, Flint, situado en el epicentro del otrora poderosísimo sector de la industria automotriz, hoy casi convertido en aldea fantasma. Y empieza a enumerar su lista de consejos al presidente Obama: “No pongan otros 30 mil millones de dólares en las arcas de GM para fabricar automóviles. Usen ese dinero para mantener empleada a la actual fuerza de trabajo –y a la mayoría de los que han sido despedidos– para que pueda construir los nuevos modos de transporte del siglo XXI. Que el trabajo de conversión empiece ahora mismo.”

¿Una crisis económica?

Aquí arranca la primera distorsión. Michael Moore se resigna a que su gobierno haya tirado al retrete una cantidad ingente de dinero. Pero le parece inaceptable que Washington repita el mismo farol en esta jugada de póquer industrial y la General Motors siga fabricando más de lo mismo: automóviles con motor de combustión. Cabría entonces preguntarse –él no lo hace, pero nosotros sí–: ¿De dónde carajo provienen esos 30 mil millones de dólares? ¿Acaso existen? Es evidente que cuando alguien controla la máquina de imprimir papel con curso legal, la existencia de ese dinero es un hecho, ya se trate de billetes verdes, de bonos del Tesoro, de pagarés o del aval del Estado. Así que reformularemos la pregunta: ¿Acaso esos 30 mil millones de dólares representan alguna riqueza tangible? La respuesta es que no, son puro humo.

Según cálculos recientes, la suma de las deudas federal, estatal, municipal, corporativa y privada de ese país asciende a más de 48 billones de dólares, es decir, a cuarenta y ocho mil millones de millones (sí, con 12 ceros después del 48). Por pura curiosidad, dado que al común de los mortales le resulta difícil imaginar cuánta guita es eso, añadiremos que, depositados como un multikilométrico fajo de billetes de 1000 dólares a lo largo del espacio en línea recta, los 48 billones alcanzarían para cubrir la distancia entre Nueva York y Los Ángeles… y aún sería posible seguirles el rastro por sunny California hasta Tijuana. Ésa es la deuda de Usamérica, la que por contrato tiene que pagar con intereses. Cada persona de ese país –mujer, varón, niño o anciano– nace y vive con una deuda de 183.000 dólares a las espaldas.

Un fajo de billetes de 1000 dólares con 48 billones llegaría desde Nueva York hasta Tijuana, pasando por Los Ángeles. (Transfotografía de Abbé Nozal)

¿Y cual es el valor doméstico neto, es decir, lo que realmente “vale” el país? Según la Reserva Federal, en 2008 el valor doméstico neto ascendía a 51.200 billones de dólares, lo cual, a simple vista, no parece que esté mal. El problema –siempre hay un problema– es que esas cifras están trucadas por obra y gracia de la ingeniería estadística, como bien demuestra Chris Martenson en su Crash Course, ya que incluyen activos inmobiliarios ampliamente sobrevalorados y que hoy no valen nada, fondos de pensiones que el viento se llevó, acciones bursátiles fluctuantes y hasta la lavadora, el coche viejo o el horno de microondas que uno tiene en su casa. Tras largas décadas de trampas estadísticas continuadas, Washington ha logrado que sea imposible calcular el valor doméstico neto real del país.

Pero la diferencia entre el haber y el debe es tan pantagruélica que es posible afirmar, sin temor a equivocarse, que Usamérica, al menos técnicamente, está en la ruina más miserable y si hasta ahora ha sobrevivido fue gracias a los más de 2.000 millones de dólares diarios que entraban desde el extranjero en la economía nacional a cambio de bonos del Tesoro… y a la constante emisión de montañas de dólares que, sin respaldo alguno, salen calentitas del horno de la Reserva Federal.

Pero ¿qué sucederá ahora que prácticamente todas las economías del planeta también están arruinadas? ¿A quién le sobrarán unos billetes para invertir en el Imperio? Los rescates multimillonarios de Obama –y los de Europa también, sobre todo ahora que el Banco Central Europeo ha empezado a darle a la maquinita mágica de los billetes para disimular el caos económico de la Unión Europea– no son más que una manera de ganar tiempo antes de la quiebra. Lo mismo da que Washington “nacionalice” la General Motors por 30 mil que por 60 mil millones, porque está comprando un cadáver caliente y lo paga con papel de Monopoly. Nadie gana ni pierde nada en la transacción.

Wall Street, de Abbé Nozal, 1999 (óleo sobre lienzo)

Wall Street, de Abbé Nozal, 1999 (óleo sobre lienzo)

Pero sigamos con Michael Moore y sus consejos, pues lo más interesante está aún por analizar. “Anuncien que en los próximos cinco años tendremos trenes balas cruzando el país”, suplica. Y continúa: “Emprendan un programa para poner líneas de tren ligero masivo en todas nuestras ciudades grandes y medianas. Construyan esos trenes en las fábricas de GM. […] Para los habitantes de zonas rurales que no sean atendidos por los trenes, que las plantas de GM produzcan autobuses limpios y eficientes en el uso de energía. […] Por el momento, que algunas fábricas construyan vehículos híbridos o eléctricos (y baterías).”

La economía de la energía

A simple vista, la idea parece socialmente certera e invita a aplaudir, pues el hecho de que alguien abogue sin rodeos por el transporte en común en el país que inventó el coche privado podría ser incluso revolucionario. Pero a Michael lo pierde su fe ciega en la virtud capitalista del crecimiento exponencial y se ha olvidado de echar cuentas. No sólo hoy es ya imposible repetir un nuevo New Deal rooseveltiano a causa la situación catastrófica de la economía mundial (Roosevelt, al menos, confiscó todo el oro del país para poner a la gente a trabajar; hoy no hay oro que valga, sólo papel), sino que al capitalismo le ha salido un achaque donde menos lo esperaba, en el corazón… ¡Disculpen!, queríamos decir en el motor: le está fallando el petróleo que hasta ahora le servía de bendita sangre oxigenada para crecer sin descanso. Porque lo que a Michael Moore no se le ha ocurrido hacer, incluso si está enterado de que algo falla en ese asunto (“Y conforme los días finales del petróleo se acercan, prepárense para ver a algunas personas muy desesperadas, dispuestas a matar o morir por un litro de gasolina”), es sentarse a estudiar el pico del petróleo, el momento geológico natural en que todo pozo petrolífero alcanza inexorablemente el máximo de su producción. Tras dicho pico (situado entre ahora mismo y dentro de unos pocos años, aunque desde el punto de vista histórico eso es irrelevante), la curva estadística adopta una forma de campana y empieza a decrecer hasta que el rendimiento del pozo cae a cero. No hay camino de retorno. Pero esas tres palabras sencillas –pico del petróleo– son algo más: la pícara venganza póstuma que el destino está a punto de ofrecerle en bandeja a Karl Marx, la insuficiencia cardíaca del capitalismo.

Os lo dije... (Transfotografía de Abbé Nozal)

Os lo dije... (Transfotografía de Abbé Nozal)

¿Y por qué sucede eso? La Tierra, ya lo saben los lectores, es esférica, lo cual quiere decir que los recursos que contiene en el subsuelo son finitos. El petróleo –recurso energético por antonomasia– también lo es: el que aún queda en el vientre de la Tierra es todo el petróleo con el que podemos contar y, cuando se termine, será para siempre. Por el momento, retengan esta frase, que enlaza retóricamente con lo dicho en el párrafo anterior: “La energía es la sangre que da vida a cualquier economía”. Es de Chris Martenson; sí, el autor del Crash Course ya citado, al que regresaremos.

Explicaremos ahora el falso equívoco cardiovascular que acabamos de utilizar. La alusión a una insuficiencia cardíaca no ha sido casual. Hace unos meses, en un intercambio de correos electrónicos con un amigo latinoamericano a propósito de la crisis económica actual, uno de nosotros (MT) utilizó un símil de la ciencia médica para tratar de explicar el sorprendente mutismo de los economistas “televisivos” ante el auténtico problema de la crisis, que no es de dinero, sino de energía o, mejor aún, de escasez de energía. Lo siguiente es una copia textual de aquel largo mensaje:

«No acabo de entender cómo esos economistas y ‘expertos’ de todo pelaje siguen diciendo que el problema de nuestro tiempo es económico, no de recursos. A lo más que llegan en ese terreno es a poner el dedo no en la llaga de su escasez, sino en la del exceso de residuos y de cómo eliminarlos.

»Si bien es cierto que el exceso de residuos es abrumador, yo no creo que la escasez de recursos haya dejado de ser lo fundamental. Es más, creo que es lo fundamental y lo que destruirá el sistema en que vivimos, y me estoy refiriendo a ese recurso básico sin el cual nada es posible, el petróleo. La energía que se obtiene de él es la base material de la reproducción del sistema capitalista y su escasez permite entender que las manifestaciones financieras de la crisis deberían ubicarse en ese contexto, si es que de verdad deseamos desenmascarar las limitaciones de la respuesta crediticia elegida por los Estados al servicio del capital, así como la futilidad de esas inyecciones de dinero intangible.

»El esquema es inviable, como también lo será muy pronto la financiación del dominio imperial con ingresos diarios en sus arcas de miles de millones de dólares procedentes del resto del mundo. No hay capacidad económica en este planeta para colmar la gigantesca brecha de la deuda yanqui. Ni siquiera la suma de los excedentes que pudieran ofrecer, suponiendo que quisieran hacerlo, chinos, indios, japoneses y rusos, además de algunos asiáticos ‘emergentes’ y las petrocracias de Oriente Próximo, podría financiar un nuevo ‘organismo’ para la economía del Imperio. Esa economía sufre una grave enfermedad terminal y ya sólo dispone de la fuerza bruta. Su cacareado potencial tecnológico y de innovación también depende de la disponibilidad de hidrocarburos fósiles. Una prueba intuitiva de que el capitalismo no puede funcionar sin petróleo es la feroz disputa por los recursos que llevan a cabo las potencias a lo largo y ancho del planeta, que Michael T. Klare expone con abundante información en Planeta sediento recursos menguantes. Los costos en vidas humanas, en terror y en destrucción medioambiental de esa disputa invitan a concluir que la socialdemocracia, el único residuo de una izquierda edulcorada que todavía ostenta el poder en algunos países, es incapaz de entender el momento histórico que vivimos.

»El pico del petróleo (y luego el del gas) están a la vuelta de la esquina. Échale un vistazo a lo que dice la ASPO. Todo, la agricultura, la industria, la automoción, el transporte, las comunicaciones, todo, todo, todo de este mundo que hemos creado en los últimos 150 años, incluso algo tan minúsculo como este mensaje que ahora mismo te estoy escribiendo, se basa al 80% en la energía fósil y, sin ella, se derrumbará. El capitalismo, estoy convencido, no morirá por ninguna revolución, sino de inanición energética.

»Otro ‘experto’ de lenguaje hueco dijo ayer en la tele, con tono paternalista, que ‘incluso si la Tierra tiene recursos suficientes para todos, más de la mitad de sus habitantes carecen de los mínimos para sobrevivir’. Pero del petróleo, ni pío. Supongo que cuando hablaba de recursos se refería a los más básicos, como la alimentación, que hoy están producidos al 90% por energía fósil, la cual ha permitido la superpoblación del planeta. Lo que no explicó es que esos alimentos están artificialmente hinchados. Somos el homo petroleus y dejaremos de serlo, con una mortandad por hambruna que ya está calculada en la ecuación, cuando el petróleo se agote. No olvidemos que los demás recursos, como los procedentes de la minería, también necesitan energía para ir a buscarlos bajo tierra, de manera que, aunque sigan existiendo, no se podrán extraer en las cantidades de crecimiento infinito que exige el capitalismo. No entiendo cómo a ningún periodista se le ocurre arrinconar a esos expertos económicos, que siguen viviendo en su atalaya de fórmulas matemáticas y explicaciones que no entiende nadie, con preguntas sobre la energía, pues sin ese factor todo el resto el discurso económico se convierte en el cuento de la lechera.

»Cualquiera diría que para ellos la economía es una ciencia autista que ejerce su efecto sin feedback energético alguno y no se les ocurre analizarla como componente de un biosistema en el que todas las partes interactúan. Es como si estudiásemos la hemodinámica del corazón sin tener en cuenta que lo primero que necesita el paciente es comer, pues si no come se morirá de hambre y, una vez muerto, a ver quién es el guapo que pone en marcha de nuevo su corazón para seguir estudiando hemodinámica. El corazón del capitalismo es su motor y funciona con energía, que es su alimento; el petróleo es como la sangre oxigenada que permite latir sin descanso, sístole, diástole, sístole, diástole, sístole, diástole… Esto que te digo, la integración de la economía en un biosistema, es lo que hacen autores como, por ejemplo, Charles A.S. Hall, David Pimentel, Mario Giampietro o Ugo Bardi y sus conclusiones son muy distintas de las de esos economistas que salen en la tele.»

Estos seis párrafos resumen de manera satisfactoria la argumentación que utilizaremos en un instante para deconstruir los sueños utópicos de Michael Moore. Entretanto, invitamos a los lectores a que se informen como es debido sobre el pico o cenit del petróleo en sitios web como Crisis Energética, The Oil Drum o ASPO. Asimismo, uno de nosotros está completando estos días la traducción del Crash Course de Chris Martenson, un curso económico-energético de 22 capítulos en vídeo, que en breve publicaremos en español en estas páginas. Pero a continuación, antes de iniciar el análisis de las opiniones de Moore, veamos en pocas palabras qué es y cómo funciona el capitalismo.

Brevísima definición del capitalismo para los no iniciados

El capitalismo es el sistema de dominación de quienes detentan la propiedad del capital y de los medios de producción mientras que otros, asalariados, trabajan produciendo para ellos. Ese esfuerzo, ese trabajo ajeno, se convierte en una mercancía más dentro del sistema. Más que una forma específica de producir y distribuir mercancía, el capitalismo es un modo de producción en el que la organización del sistema económico y social garantiza la extracción de plusvalía y permite la acumulación continua y creciente de capital. Ese crecimiento es exponencial, ya que a mayor capital mayores beneficios, los cuales se van añadiendo al capital inicial. La plusvalía, concepto original de Karl Marx, es el valor que el trabajo no retribuido del obrero asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo, del cual se apropia gratuitamente el capitalista para hacerlo fructificar. La plusvalía expresa la esencia y la particularidad de la forma capitalista de explotación.

Las quimeras irrealizables de Michael Moore

Los trenes bala que menciona Moore en su artículo –en España se llama AVE (Alta Velocidad Española) y en Francia TGV (Train à Grande Vitesse)– no son ninguna solución de cara al futuro, sino más bien un despropósito. Considerado por pasajero o kilo y kilómetro recorrido, el tren bala es algo más económico en consumo de energía que el avión, pero no deja de pertenecer a un sistema económico, el capitalista, de muy alta movilidad y muy baja eficiencia energética. Se lamenta Moore de que Japón tenga muchos y ellos ninguno. Al parecer, nuestro cineasta quiere que su país llegue a ser Japón, esto es, que imite a los antiguos imitadores del capitalismo, que “compita” con ellos. Y se deslumbra con sus enormes velocidades y puntualidad, que son la quintaesencia de un sistema económico que no sabe a dónde va, pero quiere ir rápido y llegar a la hora señalada. En España, con un gobierno socialdemócrata que saca pecho por haber construido más kilómetros de líneas de alta velocidad que el de ningún otro país en los últimos años, se puede observar el uso que le damos a estos sistemas de transporte ultrarrápido: escasísima capacidad de carga y pasajeros de alto nivel económico, que se desplazan de Madrid a Sevilla o a Barcelona con maletín de ejecutivo y ordenador portátil, mientras millones de toneladas de mercancías vitales tienen que viajar por carretera en camiones privados… porque el capitalismo necesita autopistas y coches, muchos coches, para seguir funcionando.

Si consideramos que en diez o quince años el petróleo habrá entrado en crisis y, por falta de oro negro, el capitalismo habrá cesado de crecer, con el corolario de menos producción, menos trabajo, más desempleo y, probablemente, hambrunas por escasez alimentaria (un inciso: los cubanos saben mucho de esto, porque en el Período Especial tuvieron que reinventarse la agricultura en cuestión de meses cuando la URSS desapareció y dejó de enviarles petróleo)… si consideramos todo eso, ¿para qué servirían esos trenes bala que quiere Moore y ese hipotético viaje relámpago de Nueva York a Los Ángeles en 17 horas? ¿Tendría sentido una alta velocidad ferroviaria, cuyo único objetivo es contribuir al crecimiento vertiginoso de la plusvalía, en un sistema obligado a decrecer a causa de la escasez energética?

Segundo inciso: en el párrafo anterior hemos dicho que “en diez o quince años el petróleo habrá entrado en crisis…”. Pues bien, en la edición de 2009 del Statistical Review of World Energy, traducido al español en el sitio web Crisis Energética, British Petroleum señala “que las reservas de petróleo han disminuido respecto al año anterior por primera vez en una década. La caída, de tan solo un 0,2% deja en 1,258 billones de barriles de petróleo el volumen de reservas probadas […] Asimismo, el mayor consumidor del planeta, los EEUU, consumió en 2008 un 6,4 % menos. […] En su conjunto, el mundo consumió 84.455.000 barriles de petróleo diarios durante 2008, sólo un 0,6% menos que en 2007. Es una cantidad relativamente pequeña (una media de 423.000 barriles diarios durante 2008), pero datos más recientes de la Agencia Internacional de la Energía establecerían proyecciones de demanda para 2009 de unos 83,2 millones de barriles diarios.” [las cursivas son nuestras] Leamos entre líneas: en 2008 se consumieron en el mundo 84.455.000 de barriles, un 0,6 % menos que en 2007, y las proyecciones son que este año de 2009 se consumirán 83.200.000, es decir otro 1,49% menos, en total una disminución del 2,09 % en dos años del consumo de petróleo. ¿Será que ha empezado ya el pico del petróleo? Sigamos.

¿Y qué decir de los “vehículos limpios y eficientes en el uso de la energía” y de los coches “híbridos y eléctricos”? Se ve que Moore no ha profundizado en el asunto. ¿Los coches híbridos? Lean este artículo y verán. Al parecer nadie le dijo, y Moore no lo estudió, que esos coches son energéticamente inviables si se pretende utilizarlos para mantener en funcionamiento este sistema económico al mismo ritmo que durante la era del petróleo… pero sin petróleo.

El 75% de la energía que utiliza Usamérica es de origen fósil: según el Statistical Review of World Energy Full Report 2009, en 2008 consumió un total de 19.419.000 millones de barriles al día. De esos casi veinte millones, el 70 % se quema en todo tipo de transportes. Y si el petróleo sirve sobre todo para el transporte es a causa de su versatilidad y su poder energético. Ninguna otra energía es capaz de dar tanto con tan poca cantidad. Sin petróleo, se habrá terminado el transporte tal y como lo hemos conocido: la velocidad, las largas distancias sin repostar durante muchos centenares de kilómetros. Incluso desaparecerán los coches con motor de combustión (lo cual creará un problema adicional de qué hacer con tanta chatarra).

¿Acaso ha calculado Michael Moore cómo va a ser posible reemplazar el poder energético de esos 19 millones de barriles de petróleo cuando éste desaparezca? ¿Con qué cree que lo hará, con el 25% de energías secundarias? Repasemos, pues, ese 25%. A comenzar por la energía nuclear. Dice Chris Martenson que 15 millones de barriles diarios equivalen en poder energético a 750 centrales nucleares, lo cual es siete veces más de las que ya hay en ese país y casi el doble del número total de las que existen en el mundo. Sin duda 750 son muchas centrales nucleares, pero lo peor es que su energía no sirve para el transporte, que es la condición sine qua non del capitalismo mundializado, sino para la electricidad. Por otra parte, Carlos de Castro, profesor de Física Aplicada y de Ecología y Desarrollo, de la Universidad de Valladolid (citado en un artículo por uno de nosotros, PP), ha calculado que el equivalente energético que se necesitaría para cubrir el hueco dejado por la caída del flujo de petróleo mundial en la década más conflictiva (2010-2020) obligaría a la construcción de unas 4.000 centrales nucleares. Son, desde luego, muchas centrales, pero sigamos.

¿Y las células fotovoltaicas, los molinos eólicos, el carbón? Ninguna de esas fuentes energéticas es adaptable al transporte, la actividad económica básica del sistema capitalista. Esos tipos de energía sí servirán, desde luego, para un coche eléctrico en el que ir de excursión sin prisas al pueblo cercano. Pero nada de aviones, nada de trenes bala, nada de atravesar el continente en 17 horas. Nada de nada.

Y un último detalle, destinado a aquellos que apuestan o piden abrir debates sobre la energía nuclear: también ésta se acerca a su propio pico. Al uranio, por ejemplo, le queda un máximo de 40 años de producción… pero con las centrales actuales; si se construyen más, el pico llegará mucho antes. En siglo y medio hemos esquilmado de tal manera la naturaleza que ahora no nos queda más remedio que afrontar las consecuencias.

Años hasta el agotamiento del uranio a las tasas actuales de extracción (30-40 años)

Años hasta el agotamiento del uranio a las tasas actuales de extracción (30-40 años)

Conclusión: ¿Se avecina el fin del capitalismo?

Con fin de la era del petróleo el mundo se verá obligado a decrecer, volverá a ser un lugar familiar, con distancias como las de antaño, mucho más pobre pero más humano. Porque la fiesta se acabó: es así como el profesor Richard Heinberg titula su muy recomendable libro dedicado a este asunto (The Party’s Over).

El capitalismo, cuya razón de ser es el crecimiento exponencial, sin límites, ha logrado sus gestas gracias al petróleo, pero sin él no podrá seguir existiendo, al menos en sus aspectos más demoníacos y planetarios, de sobra conocidos, que le exigen explotación masiva de los pueblos, guerras y destrucción medioambiental. Y todos esos cambios reductores van a suceder durante los próximos diez o quince años a causa del pico del petróleo. No habrá salida de esta crisis, por mucho que nuestros ministros de economía se empeñen en lanzar mensajes tranquilizadores para ganar tiempo. En nombre de la sociedad civilizada que supuestamente somos, más valdría que nos preparásemos a decrecer en orden y concierto. Pero el ejemplo de nuestros políticos profesionales no ofrece mucha esperanza: prefieren negarse a ver los gritos de alarma de la Tierra, ignorar las advertencias de los geólogos, pretender contra toda lógica racional que la crisis es sólo un tropiezo pasajero y proseguir su loca huida hacia adelante.

¿Será que los poderes vasallos –la Unión Europea entre ellos– están dando manotazos de asfixia? Quizá, pero no nos parece que las potencias capitalistas estén a la defensiva, por mucha angustia que les genere la debilitación de la simiente que les procura su bienestar, el petróleo. ¿Será esto que vivimos el principio del fin del capitalismo? Si anunciásemos su muerte en un contexto analítico como éste, basado en la organicidad del sistema, estaríamos quizá sucumbiendo a una reformulación de la teoría del derrumbe, que condujo a la izquierda revolucionaria de principios del siglo XX a cometer serios errores de táctica y estrategia. Frente a dicha teoría, según la cual “el desenvolvimiento del capitalismo, llevado hasta los límites teóricos de su desarrollo, desemboca necesariamente en su derrumbe económico automático”, nos asaltan incluso más incertidumbres que certezas.

El capitalismo está herido de muerte. Sin duda no es eterno, pero también existió antes del petróleo. La única diferencia es que hoy, por primera vez en la historia, se va a topar contra un muro insalvable: no existe patrón energético fuera de los hidrocarburos fósiles que le permita funcionar como lo viene haciendo bajo el dominio anglosajón. Su derrumbe, si es que llega, no sería ya por la tendencia descendente de la tasa de beneficios ni por las contradicciones que lo empujan a socavar su capacidad para extraer plusvalía, sino porque su propia dinámica depredadora destruye la savia energética que le da sustento. Volvamos al símil de la hemodinámica cardiovascular: al capitalismo dejará de latirle el corazón por pura caquexia, en principio ni siquiera será necesario ayudarlo un poquito con la lucha revolucionaria. Pero tampoco deseamos ser aquí la imagen especular de la candidez que muestra Michael Moore: lo más probable es que, llegado el momento, el Imperio muera matando. Ojalá no suceda.

Michael Moore no sabe de lo que habla cuando propone continuar el mismo modelo económico de siempre, pero ahora basado en unas energías alternativas que son incapaces de mantener el ritmo de trasporte del capitalismo, su alcance y su velocidad, pues se trata de sistemas no renovables que capturan parte de la energía de fuentes renovables –el viento, el sol, la biomasa–; las cuales, además, se distribuyen de forma muy natural, es decir, dispersa, tranquila, apacible, humana… no como esa otra energía concentrada y enloquecida que requiere el capitalismo (la plasmación material de ese feroz enloquecimiento energético es el avión de combate; también el bólido de carreras de Fórmula 1).

Reiteramos lo dicho al principio, Moore es un buen tipo y carece de maldad. Pero su ingenuo discurso es peligroso por el mero hecho de ser irrealizable. ¿Por qué hemos tratado de deconstruir aquí el contenido de su carta, si en el fondo él ni siquiera es nuestro adversario político? ¿Qué razón nos mueve? Hela aquí: Moore es también un famoso y sus textos alcanzan cifras de muchos miles de lecturas en sitios web alternativos como éste. Ahí está el peligro. Si nuestros políticos y economistas televisivos quieren seguir ocultando la verdad energética de esta crisis, si desean prolongar la borrachera de miles de millones de dinero inexistente, inyectados en un sistema que ya no tiene salvación, allá ellos. Pero la izquierda que leerá la carta de Moore es otra cosa y necesita conocer la opinión contraria para sacar sus propias conclusiones sin el intermediario alucinador de la fama. Es una izquierda generosa, dispuesta a tener menos y repartir más, mentalmente preparada para el mundo que se avecina. No se merece que la desorienten con quimeras. Aunque sean las de un tipo con buen corazón como Michael Moore.

Artículo relacionado: “Adiós, General Motors” .

Pedro Prieto es editor del sitio web www.crisisenergetica.org. Manuel Talens es miembro de www.rebelion.org y www.tlaxcala.es. Los autores desean expresar su gratitud a Atenea Acevedo y Fernando Sánchez Cuadros por su impagable relectura de este artículo y sus certeras acotaciones.

Ilustraciones de Abbé Nozal, miembro de Tlaxcala.

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In Go(l)d we trust, desde artifiles.art.com

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Augurios y tendencias: es hoy aquel mañana de ayer

Hay cuatro pronósticos publicados hace más de tres años en Mercado, que podrían ser visualizados de manera conjunta. La suba del precio del petróleo, unida al debilitamiento de la economía estadounidense (precipitada por el desinfle de la burbuja inmobiliaria), empuja el dólar hacia abajo y el oro hacia arriba. Todo en un contexto de expansión financiera sin precedentes.

Por Jorge Beinstein
mercado.com.ar, 24.02.09

Según la mitología griega, Casandra (“la que enreda a los hombres”), hija de los reyes de Troya, había hecho un pacto con el dios Apolo: a cambio del don de la profecía, ella mantendría relaciones carnales con él. Apolo cumplió lo pactado pero Casandra no. Entonces el dios traicionado decidió maldecirla; ella seguiría teniendo el don de la predicción pero nadie creería en sus pronósticos. Así fue como anunció ante la indiferencia general la caída de Troya y otras calamidades.

Al parecer la maldición de Apolo ha persistido hasta nuestros días ampliando incluso su influencia. Los incrédulos se han multiplicado pese a que los descendientes de Casandra poseen hoy títulos académicos y conforman equipos profesionales de primer nivel integrados a los círculos dirigentes de las empresas transnacionales y de los Estados del Primer Mundo. Entre los principales negadores de malos augurios macroeconómicos se encuentran los grandes medios de comunicación global, empecinados en la creencia de que lo que es será, vieja utopía conservadora siempre desmentida por la historia pero renaciendo prepotente una y otra vez. Ello ha generado entre expertos y dirigentes lo que podríamos denominar “complejo de Casandra”: ante el temor a ser señalados como “pesimistas”, anunciadores de tempestades, prefieren ocultar sus malos augurios o bien diluirlos en el océano del “sentido común”.

No ha sido ese el criterio que adoptamos en Mercado donde desde mediados de 2005 vengo publicando una serie de artículos sobre temas de economía global uno de cuyos objetivos es cuestionar mitos, modas y prejuicios (a veces apabullantes) que bloquean la racionalidad.

La crisis energética

En septiembre de 2005 publiqué un artículo titulado “¿Hacia una crisis energética global?” con el subtítulo: “La irresistible suba del precio del petróleo” que a lo largo de ese mes rondaba US$ 65. Anunciaba su marcha hacia los US$ 70 y que era razonable pensar que antes del fin de la década llegaría a US$ 100 para luego alcanzar niveles más altos.

Ese era, por ejemplo, el punto de vista de Matthew Simons, director del banco de inversiones energéticas Simons & Co y asesor del presidente Bush o de los directivos de Goldman Sachs, el mayor negociante mundial de productos financieros en el área energética. Por su parte David J. O’Reilly, CEO de la mega firma petrolera global Chevron declaraba a comienzos de ese año: “una cosa es cierta: la era del petróleo fácil ha terminado”.

De todos modos se trataba todavía de opiniones minoritarias e incluso marginales en el espacio de los medios de comunicación masiva. Los Gobiernos de las grandes potencias, en especial el Departamento de Energía de Estados Unidos y la Agencia Internacional de Energía (que agrupa a los países de alto desarrollo) seguían negando la posibilidad de una crisis energética apoyándose en cifras de reservas petroleras y de extracción futura que despejaban cualquier temor respecto del suministro en el próximo medio siglo.

Detalle curioso: la Agencia Internacional de Energía, sin abandonar su hiper optimismo oficial, publicaba en su página web con fecha 28 de febrero de 2005 un “borrador” con recomendaciones para el caso hipotético de una catástrofe energética global con foco en el campo de los transportes. Entre otras medidas recomendaba una descentralización radical de los sistemas industriales y estatales, el desarrollo prioritario del trabajo a domicilio, la eliminación del transporte privado, etc. (1) ¿Para qué elaborar ese informe catastrofista y difundirlo globalmente si, como la misma AIE informaba, la humanidad dispondría de petróleo abundante al menos durante el próximo medio siglo?

Mientras tanto el precio continuaba su tendencia ascendente iniciada a comienzos de la década actual. Ante cada suba, lo medios encontraban una o varias “causas” coyunturales políticas (por ejemplo alguna turbulencia en Medio Oriente), financieras o climáticas que la justificaban… la lista de factores inesperados se alargaba indefinidamente. ¿Qué se estaba ocultando?

A mediados de los años 1950, el prestigioso geólogo estadounidense King Hubbert había pronosticado que hacia 1970 la extracción petrolera en Estados Unidos comenzaría a declinar, su anunció fue recibido con incredulidad, sin embargo tres lustros más tarde los hechos le dieron la razón.

Sus cálculos se apoyaban en la experiencia productiva del sector: cuando se ha extraído de un pozo aproximadamente la mitad de su reserva inicial la explotación ingresa en la etapa difícil, los costos suben y el ritmo de extracción desciende hasta llegar a un punto (por lo general anterior al agotamiento completo) en que la producción deja de tener sentido económico. Esa curva descendente puede ser generalizada a una región, a un país o al planeta.

Esa primera constatación motivó a un grupo creciente de geólogos por lo general retirados de altos cargos en empresas petroleras transnacionales: Hubbert habia sido geólogo jefe de Shell, Colin Campbell fue vicepresidente de British Petroleum, Chris Skrebowski (actual editor de Petroleum Review) era en los años 70 planificador a largo plazo para BP, Jean Laherrere fue geólogo jefe de Total. Casi todos ellos habían decidido decir la verdad al desvincularse de esas empresas, como afirmó recientemente Campbell: “Si fuese el jefe de una compañía petrolera nunca diría la verdad. No es parte del juego”. (2)

Desde fines de la década pasada existe consenso entre estos expertos en torno del período en el que se llegaría al fatídico 50% de agotamiento de las reservas originales de petróleo a escala mundial, más conocido como Peak Oil (cima de la producción petrolera). Debería producirse aproximadamente entre 2006-7 y 2010-12. Según Samsam Bkhtiari (alto ejecutivo petrolero iraní), Matthew Simons o Skrebowski ya nos encontramos encima o muy cerca del Peak Oil; Campbell sitúa la fecha en torno de 2010, Laherrere en 2012.

Cuando publicamos el articulo en Mercado todavía se trataba de una debate “teórico”; ahora con el precio del barril acercándose a US$ 100 las pasiones se agitan. Más aún cuando desde hace casi dos años la producción petrolera global permanece estancada (ver el gráfico: “Producción mundial de petróleo”).

Actualmente el debate está centrado en esa “meseta”.
Todavía quedan algunos optimistas para sostener que se trata de un respiro antes de una etapa de expansión apoyada en los altos precios y las mejoras tecnológicas que permitirían explotar reservas hasta ahora descuidadas. Otros consideran que la meseta llegó para quedarse por varios años y finalmente están quienes afirman que la meseta se convertirá pronto en tendencia declinante. En el primer caso se supone que el enfriamiento de la economía estadounidense y su impacto negativo global desacelerarían la demanda, lo que sumado a la próxima expansión petrolera (no necesariamente fuerte) frenará la suba del precio.

En el segundo, el precio seguiría subiendo al ritmo actual (si la economía mundial crece poco) y en el tercer caso no estaríamos demasiado lejos del cumplimiento de la profecía de Hugo Chávez: el barril de petróleo a US$ 200.

La burbuja inmobiliaria

En noviembre de 2005 (ver edición 1052, página 32) apareció en Mercado un artículo que titulé “Detonadores para la próxima crisis” donde desarrollaba una lista de siete “detonadores” entre los que se destacaba la burbuja inmobiliaria con centro en Estados Unidos y dimensión global.

En ese momento, The Economist, citado en la misma nota, señalaba que nos encontrábamos frente a la burbuja especulativa más grande de la historia, muy superior a la burbuja bursátil que la había precedido hacia fines de los años 90. En el origen del fenómeno se encontraba la política anti recesiva de Bush apoyada en una masa de créditos baratos.

Hacia 2005, ésto había llevado el valor total de las viviendas residenciales en Estados Unidos a unos US$ 15 billones (millones de millones) contra US$ 7 billones siete años atrás. Por mi parte, estimaba que la “burbuja” (sobrevaluación de esos activos) rondaba los US$ 3 billones “que podrían esfumarse de un día para otro… y [que] si llevamos ese cálculo a escala mundial oscilaría entre US$ 5 y 6 billones”, para concluir: “Para entender el fenómeno debemos retrotraernos a los años 70 cuando se inició un proceso de ‘financierización’ global que en los 90 recorrió una sucesión de estallidos de burbujas: Japón al iniciarse la década, Asia del Este en 1997, Rusia en 1998, Estados Unidos en 2000. Cada desinfle fue sucedido por un globo de mayor magnitud que el anterior, pero la sucesión está arribando ahora a una altura que hace imposible su control”. Es precisamente lo que está empezando a ocurrir ahora…

Ocaso de la hegemonía de EE.UU.

Otro pronóstico no menos polémico que los dos anteriores lo desarrollé tanto en ese artículo como en otros publicados en 2006. En “Detonadores de la próxima crisis” además de la burbuja inmobiliaria como expresión de un ascenso especulativo sin precedentes, señalaba los desajustes financieros crónicos y crecientes (déficit del balance de pagos, déficit fiscal), la declinación del saldo neto de ingresos de inversiones externas, la caída gradual del dólar, etc., que convertían a Estados Unidos en un gigante enfermo. A ello se agregaban el creciente endeudamiento público y privado, el descenso persistente del ahorro personal y la cada vez mayor concentración de ingresos en medio de un consumismo desenfrenado. El paralelo histórico con otras naciones dominantes en decadencia resultaba inevitable.

En esa nota y más adelante en “El juego euroasiático” (Mercado, diciembre de 2005, edición 1053, página 42) y en “Todo empezó en Shangai. El súper gigante inesperado” (Mercado, agosto de 2006, edición 1061, página 58), señalaba el empantanamiento de la ofensiva político-militar estadounidense en Eurasia después de las invasiones de Afganistán e Irak. Y como dicho fracaso le abría el espacio a China y Rusia que se estaban convirtiendo en el eje de un gigantesco reagrupamiento regional de Estados grandes, medianos y pequeños: la Organización para la Cooperación de Shangai, que reducía la influencia de Estados Unidos. En su interior se destacaba un triángulo estratégico formado por Rusia, China e Irán.

La era de la despolarización (o de la multipolaridad flexible) había comenzado.

Ese anuncio que parecía demasiado osado en 2005 e incluso en 2006, ahora ha pasado a formar parte de las reflexiones habituales sobre política y economía internacional.

La declinación de la hegemonía estadounidense (del unilateralismo imperial) es no sólo económica y político-militar sino también cultural y psicológica, en especial a nivel del sistema de poder que elabora e implementa su estrategia global con dosis de irracionalidad cada vez mayores.

Ahora se ha puesto de moda un viejo concepto introducido en los años 50 por el sociólogo Wright Mills al referirse al comportamiento de la elite dirigente de esa época: el “crackpot realism”, que podría traducirse como la visión o lógica del loco. En nuestro caso, de un conjunto de dirigentes cuyo comportamiento obedece a dinámicas autistas y extremadamente brutales, originadas en supuestos arbitrarios, y donde su extremismo les impide percibir matices, o posibles soluciones negociadas. (3)

Por otra parte, las estrechas relaciones financieras y comerciales entre las grandes potencias otorgan a dicha decadencia una enorme capacidad de arrastre que pone en serio riesgo al buque global común. Aquí no se aplica la experiencia de los siglos 19 y 20: el descenso de una potencia no implica necesariamente su reemplazo por otra. Por ejemplo, una fuerte recesión en Estados Unidos golpeará duramente a China, Japón y la Unión Europea facilitando la irrupción de graves conflictos sociales en cada uno de ellos.

El auge del oro

Cerramos la lista de pronósticos con el de la suba del precio del oro. En abril de 2006 (ver edición 1057, página 38) publiqué un artículo bajo el nombre de “La tercera burbuja. El irresistible ascenso del oro”. En ese momento la onza troy de oro ya había superado la barrera de US$ 500 que un año atrás aparecía como un muro infranqueable, y desde Mercado pronosticaba que “el precio de US$ 800 por onza puede ser alcanzado en alguna próxima suba fuerte; entre el 1° de septiembre de 2005 y el 1° de marzo de 2006 creció casi 30%, el mercado se hace cada día más atractivo para toda clase de especuladores que buscan refugio cargados con inmensas masas de papeles (dólares, acciones, bonos de deuda pública, etc.). Es evidente que los bancos centrales no cuentan con un volumen de oro capaz de calmar las tormentas que se avecinan. Uno de los motores de la suba del metal precioso es la fragilidad estratégica del dólar”.

Citaba luego a Adam Hamilton, especialista en el tema: “nacida en el año 2001, la evolución de la burbuja del oro es altamente dependiente de los avatares de las fortunas monetizadas en dólares. Como en la imagen invertida de un espejo, el oro sube cuando el dólar baja y viceversa: el oro compite con el dólar, aunque hasta el presente la demanda global de los inversores no ha conseguido despegar el oro de la hegemonía del dólar”. Y yo comentaba que “cuando ese despegue se produzca el alza del oro no tendrá más contrapesos” . Y al final de esa nota señalaba que “un creciente número de inversores empieza a orientar sus miradas hacia un refugio que a lo largo de muchos siglos ha demostrado su solidez: el oro. Sus orígenes como reserva de valor son muy antiguos; los historiadores señalan que en el siglo 6 antes de la era cristiana los reyes de Persia ya hacían circular monedas de oro. Luego tuvo épocas de esplendor y de decadencia, por ejemplo después de la caída del imperio romano, pero con la irrupción y victoria del mundo moderno, a partir de los siglos 15 y 16, su reinado se instaló nuevamente y hacia el 1900, un patrón-oro universal gobernaba al mundo económico.

Más adelante, sobre todo después de los acuerdos de Bretton Woods (1944) el keynesianismo dominante pasó a considerarlo una rémora (bárbara) del pasado destinada a desaparecer, según la célebre expresión de Keynes. Finalmente, al llegar a la era de la globalización neoliberal (y su culto por el dinero virtual) su muerte parecía definitivamente asegurada. Ironías de la historia, en medio de sus viejos enterradores del lejano siglo 20 acosados por los achaques, el oro renace como en sus mejores tiempos y promete nuevas proezas”.

Ahora la incesante caída del dólar empuja el oro hacia otro “muro infranqueable”: el de US$ 1.000 por onza. ¿Cuál es el límite? Es casi imposible establecerlo.

En China el mercado del oro se ha ido liberalizando y según los anuncios oficiales será (casi) totalmente libre hacia el final de la década actual cuando, según esas mismas fuentes, un tercio de los ahorros familiares podrían volcarse hacia el oro, con lo que alcanzaría una demanda equivalente a unas 3 mil toneladas de oro, que no podrá ser satisfecha por la producción nacional (200 toneladas anuales), ni por la producción mundial (del orden de las 2500 toneladas). A esta presión privada debemos agregar la creciente preocupación de las autoridades chinas que han acumulado reservas dolarizadas por US$ 1,3 billones. Ante la progresiva desvalorización de dicha moneda seguramente buscarán diversificar sus reservas orientando una porción de las mismas hacia el oro.

Un segundo ejemplo es el de India, que representa la mayor acumulación privada de oro del mundo (13 mil toneladas en 2004, aproximadamente 11-12% de las existencias mundiales totales, públicas más privadas) y con un nivel importante de reservas (US$ 185 mil millones en febrero de 2007). Se trata de un mega país con buenas tasas de crecimiento cuyos sectores medios-superiores incrementan rápidamente sus ingresos. Además, las autoridades han explicitado reiteradamente su voluntad de diversificación de reservas tratando así de protegerse de la desvalorización del dólar. Esa convergencia entre crecimiento de ingresos, tradición muy arraigada favorable a la acumulación de oro en diversas formas y voluntad gubernamental de diversificación de reservas, constituye una fuente internacional de demanda de oro de primera importancia.

Un tercer ejemplo es el de Rusia, cuyas reservas llegaban en febrero de 2007 a US$ 310 mil millones que las autoridades buscan desdolarizar. Según información del FMI, Rusia viene incrementando sistemáticamente sus reservas oficiales de oro desde mediados 2006, y para algunos analistas, en los últimos meses el ritmo de esas compras ha aumentado de manera sensible como parte de la decisión gubernamental de elevar el porcentaje en oro de sus reservas hasta llegar a 10%, a lo que debe sumarse la tendencia de la población a desdolarizar sus ahorros.

A estos tres casos “nacionales” podríamos agregar algunos datos de carácter global.

Las existencias mundiales de oro rondan actualmente las 150 mil toneladas, equivalentes a US$ 3,8 billones, cifra ligeramente superior al valor de las reservas (dolarizadas) de los países periféricos. Como se dijo, la producción mundial de oro no supera las 2.500 toneladas anuales, con un valor aproximado de US$ 65.000 millones.

Supongamos que una fuerte caída del dólar o alguna catástrofe político-militar impulsa a dichos países a destinar 2% de sus reservas (unos US$ 75 mil millones) a la compra de oro. Estarían agregando al mercado una demanda adicional superior al valor de la producción anual. Tomemos además en consideración que el negocio con productos “derivados” es hoy superior a US$ 370 billones e imaginemos que una pequeña porción de esa masa financiera es volcada a la compra-venta de oro…

Asociando pronósticos

En realidad, los cuatro pronósticos señalados podrían ser visualizados de manera conjunta. Es evidente que estamos ingresando en un período sumamente inestable, de fuertes cambios donde las referencias al pasado van perdiendo eficacia cuando queremos entender hacia dónde vamos. En épocas estables, quienes viven aferrados a la utopía conservadora subestiman los pronósticos de cambios. Para ellos, algunas pocas extrapolaciones son más que suficientes: el futuro se les presenta como una ruta estrecha sin mayores sorpresas; cuando llegan tiempos turbulentos vuelven a subestimar los pronósticos porque los consideran inútiles. Piensan el futuro como algo sumamente misterioso y caótico; la ruta ha desaparecido por completo.

Obviamente, el futuro no tiene un solo camino sino varios, más allá del grado de estabilidad o turbulencia del presente, el desarrollo de la racionalidad permite esbozarlos, jerarquizarlos, para a partir de allí tomar decisiones.

El mito de Casandra promueve numerosas interpretaciones, una de ellas es la del desafío del cambio, inteligible desde una visión prospectiva, a la tozudez (negadora de la realidad) apegada a las rutinas.

(1) “Saving Oil in a Hurry: Measures for Rapid Demand Restraint in Transport”, International Energy Agency, 28 February 2005.

(2) Daniel Howden, “A World Without Oil”, The Independent, 14 June 2007.

(3) Según la recordada frase de un general estadounidense dirigiéndose al general belga Briquemont (Bosnia, 1994… cuando Estados Unidos daba los pasos iniciales de su proyecto de conquista de Eurasia): “en Estados Unidos no resolvemos los problemas, los aniquilamos”.

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Una primicia de El Roto.

Una primicia de El Roto.

Matt Mushalik: Hipótesis sobre vínculos entre peak oil y crisis financiera

Por Gail The Actuary *
The Oil Drum, 01.02.09

(traducción poco fiable)

Matt Mushalik, de Australia, ha realizado algunos gráficos de la producción de petróleo crudo presentados de una manera inusual. La parte superior del gráfico es justo lo que usted esperaba, pero las capas en él muestran únicamente los cambios recientes en la producción de un país determinado. Aquí se ofrece una actualización de algunos de ellos a octubre de 2008, sobre la base de datos de la Agencia Internacional de Energía. También muestra un diagrama-resumen de Matt sobre las conexiones entre el peak oil y la crisis financiera.

En primer lugar, Matt muestra gráficamente su visión de la relación entre el pico de producción de petróleo y la crisis financiera. El resumen de las conexiones entre el peak oil y la crisis se encuentra en tres colores. Negro indica los acontecimientos pasados; verde señala los acontecimientos actuales; y azul algunos de los posibles acontecimientos futuros.

Crisis financiera y peak oil, en la perspectiva de Matt Mushalik, desde theoildrum.com

Crisis financiera y peak oil, en la perspectiva de Matt Mushalik, desde theoildrum.com

(Al primer gráfico, Sublime Oblivion lo traduce de esta manera: “La cadena de la causalidad es así: El aumento de los precios del petróleo -> infló los valores de los activos -> y el auge de la riqueza fantasma -> Los altos costos de la energía socavaron la economía real -> pinchando más y más burbujas -> provocando crisis bancaria -> y crisis de crédito -> un fracaso económico en cascada -> que destruyó la demanda de petróleo -> Los precios del petróleo cayeron en picado -> para hacer cada vez más costosas a largo plazo las inversiones en la extracción de petróleo -> Una recuperación económica en el nivel inferior -> detonará nuevos aumentos de los precios del petróleo.  El ciclo se repite hasta el olvido). e4blog

La mayoría de nosotros ha oído hablar de muchos de esos acontecimientos ya, y de las especulaciones sobre lo que podría pasar en adelante. Si bien los medios de comunicación en general no tienen un conocimiento acerca de las diversas conexiones, existe considerable evidencia de que están allí y son las que han causado la actual crisis financiera. Por supuesto, si el pico del petróleo fuera una de las causas, es probable que la crisis sea mucho peor de lo que nadie podría haber imaginado.

Hay tres apartados en la presentación. El primer gráfico es de la producción de petróleo crudo en todo el mundo sobre la base de datos de la AIE. Muestra que en todo el mundo la producción de petróleo ha estado en el plano de unos 74 millones de barriles por día, desde 2005. El “peak”, en la medida en que lo hay, ha sido en julio de 2008.

Producción mundial de petróleo crudo, según Mushalik.

Producción mundial de petróleo crudo, según Mushalik, vía theoildrum.com

El segundo es un gráfico de la deuda pública de los Estados Unidos tomado de la página web de Tom Millcan. La escalada ha sido para la deuda de casi cualquier tipo, con un patrón de rápido aumento. Matt también toma nota de la Guerra del Golfo y de la ocupación de Irak en este gráfico, también presuntamente relacionadas ccon los problemas acerca del abastecimiento de petróleo en Estados Unidos.

El tercero es un gráfico producido por la Cambridge Energy Research Associates, como se muestra en esta presentación realizada por Horizon Energía. Muestra el ciclo completo de costos de producción de petróleo en varios lugares alrededor del mundo. En el momento en que la gráfica se produjo, el precio del petróleo era de aproximadamente 90 dólares por barril, por lo que interpretar la banda de entre $ 70 y $ 80 va a dar un más alto costo de producción de petróleo nuevo que podría ser rentable cuando el petróleo se añadió a razón de 90 dólares por barril. Ahora, con la baja del petróleo a $ 40 por barril, prácticamente no hay fuera de la nueva producción de la Opep, Rusia y China quienes puedan agregarlo en una base rentable.

Crudo, millones de barriles diarios de producción, de la Cera, via Horizon.

Crudo, millones de barriles diarios de producción, de la Cera, via Horizon.

Por supuesto, la producción donde la mayoría de los gastos de exploración y perforación ya se han hecho serán más baratos ya que sólo marginalmente otros costos de producción están implicados. La mayor parte de esta producción es probable que continúe hasta que naturalmente disminuya, salvo que el nuevo crecimiento interrumpa el ciclo. Puesto que ya existe una marcada disminuciòn en la tasa de extracción después del pico (6% o más por año, mucho más en los centros extraterritoriales), sin nuevos pozos, la producción de las fuentes existentes es probable que disminuya ràpidamente.

Producción de petróleo crudo en el mundo

El gráfico que muestra la producción de petróleo crudo en el mundo con datos de la AIE actualizados a octubre de 2008 muestra que en este punto, el pico en la producción de petróleo crudo en el mundo fue en julio de 2008. Muchos de nosotros creemos que en última instancia, va a ser el peak del petróleo crudo, porque ahora, con precios más bajos, no hay ningún incentivo para tratar de alcanzar esa meta, que era muy difícil de lograr.

Tenga en cuenta que estos gráficos se refieren al petróleo crudo, y no al total de líquidos. El total incluye los biocombustibles líquidos y líquidos de gas natural, y puede tener un pico ligeramente diferente.

En el gráfico citado, Matt muestra cómo la producción ha cambiado recientemente, para los países y agrupaciones de países que figuran en la lista. Por ejemplo, el Reino Unido y Noruega es la capa más gruesa en el lado izquierdo de la gráfica, y se hace más delgada en el lado derecho, lo que indica que su producción ha disminuido recientemente. Rusia es la capa más gruesa general a lo largo del gráfico, indicando que desde 2001, su producción ha ido aumentando en general (aunque no necesariamente el año pasado).

En la figura citada, los países con el aumento de la producción en general se encuentran en la parte inferior del gráfico. El grupo medio ha tenido una disminución de la producción. En la parte superior están Arabia Saudita, Venezuela e Irak (países cuya producción ha variado considerablemente de un año a otro).

De la figura, uno puede ver que la producción ha sido, en general, una meseta desde 2005, aunque hay un ligero pico en julio de 2008. También se puede ver que sin los tres países (Arabia Saudita, Venezuela e Irak) incluso este ligero pico de 2008 desaparece. Uno también puede ver que la producción de Rusia ha sido bastante plana (en realidad, ligeramente en declive), y que la producción de los países en la parte inferior de la pila apenas crece lo suficiente para compensar la disminución del grupo de países en la capa siguiente.

Producción de la Opep, según datos de la AIE, desde theoildrum.com

Producción de la Opep, según datos de la AIE, desde theoildrum.com

La figura de arriba muestra la producción de la Opep sobre la misma  base. De esta cifra puede leerse que la mayor parte del crecmiento de la producción desde 2003 es de Arabia Saudita, Irak y Angola. También puede verse el pico de la producción en julio de 2008.

* Gail E. Tverberg, que suele utilizar el pseudónimo de Gail the Actuary, es Master en Matemáticas por la Universidad de Illinois y pertenece a la Academia Usamericana de Actuarios (American Academy of Actuaries). Es asimismo miembra del sitio web TheOilDrum.com, dedicado al cenit del petróleo.

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