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Los gobiernos de Occidente y los pueblos que éstos merecen. Desprovistos de las nociones más elementales de decencia y valores, moral y estética.

Los gobiernos de Occidente y los pueblos que éstos merecen. Desprovistos de las nociones más elementales de decencia y valores, moral y estética. From wikipedia.org

El arma del neocolonialismo occidental

La OTAN, el único superbloque militar existente, indulta al mundo a diario

Por Rick Rozoff
voltairenet.org, 24.11.11

Desde que el Imperio Romano venció al general Aníbal y destruyó la ciudad de Cartago en el norte de África, los neocolonialistas occidentales han vuelto a plantar su bandera de dominación en este continente y en una zona rica en petróleo —con la complicidad de sus lacayos libios y cobertura de la prensa comercial —. Todo esto también gracias a su instrumento militar, la OTAN, organización dirigida por un general estadounidense. Nuestro colega Rick Rozoff analiza sus planes de conquista.

El 31 de octubre el jefe de la Organización del Tratado del Atlántico Norte Anders Fogh Rasmussen llegó a la capital libia Trípoli tras haberse completado siete meses de la guerra del bloque militar en el país y declaró efusivamente: «Es estupendo estar en Libia, la Libia libre».

Lo mismo que Escipión Africano el Joven hace casi veintidós siglos en lo que hoy es Túnez, el vecino occidental de Libia, entonces Cartago, Rasmussen plantó la bandera de una potencia conquistadora en el suelo de África del norte. Puede que la OTAN le conceda a Rasmussen, también, el agnomen [1] honorífico Africano, después de la primera guerra y primera conquista del bloque militar en el continente.

Mientras se deleitaba con el triunfo de lo que los comentaristas occidentales han celebrado como la primera victoria militar completa e indiscutible de la OTAN –«la más exitosa en la historia de la OTAN» según las palabras de Rasmussen– en la capital libia, un periodista le preguntó al secretario general sobre los planes para replicar el modelo libio en Siria y éste declaró: «Mi respuesta es muy corta. La OTAN no tiene intención alguna (de intervenir). Puedo descartar eso completamente».

Sin embargo, para desmentir su afirmación añadió inmediatamente: «Dicho esto, condeno enérgicamente la ofensiva contra la población civil en Siria. Lo que ha pasado en Libia envía una señal clara. No puedes descuidar la voluntad del pueblo.»

La guerra de 227 días contra Libia llevada a cabo primero por el Mando para África de EEUU (AFRICOM), del 19 al 31 de marzo, y a partir de ahí por la OTAN es, según el jefe de la OTAN, «una señal clara» para Siria, pero «la OTAN no tiene intención alguna» de iniciar acciones militares contra Siria». Escasa garantía para el gobierno de la nación y el populacho igualmente, sin lugar a dudas.

El día que Muamar Gadafi fue brutalmente asesinado, el senador John McCain, miembro de alto rango del Comité de Servicios Armados del Senado y candidato presidencial en 2008, amenazó al presidente de Siria, al primer ministro de Rusia y a líderes chinos no identificados con la más que elocuente admonición de que «tenían una razón para estar intranquilos» según un informe. El 20 de octubre declaró a la BBC: «Pienso que los dictadores de todo el mundo, incluyendo Bashar al-Assad, quizás incluso el Sr. Putin, quizás algunos chinos, quizás todos ellos, puede que estén algo más nerviosos». Repitió el paralelismo entre Libia y Siria tres días más tarde mientras estaba en Jordania.

De haber sido Rasmussen alguien distinto de quien es, es decir, un individuo honesto, sus comentarios en la capital de Libia se habrían limitado a la postura de Tácito sobre una campaña romana en el siglo siguiente a la Tercera Guerra Púnica: Auferre, trucidare, rapere, falsis nominibus imperium; atque, ubi solitudinem faciunt, pacem appellant. (Saquearon, masacraron, y robaron: a esto lo llamaron falsamente Imperio, y donde crean devastación, lo llaman paz.) Libia ha sido destruida. Lo que queda de la ciudad de Sirte presenta una imagen vívida que se adapta perfectamente a las palabras del historiador romano.

De vuelta en casa, en el Cuartel General de la OTAN en Bruselas tres días más tarde, Rasmussen dio su última rueda de prensa mensual, en la cual afirmó

«Déjenme recalcar que la OTAN no tiene intención alguna de intervenir en Irán, y que la OTAN no está implicada como alianza en la cuestión iraní».

Empezó sus comentarios con esta información: «Esta semana tuve el privilegio de visitar Trípoli, la capital de la Libia libre. Era la primera vez en la historia que un Secretario General de la OTAN ponía el pie en el país y algo que ninguno de nosotros había imaginado hace solo un año».

Durante el periodo de preguntas y respuestas que siguió a su presentación respondió a una pregunta sobre Libia afirmando:

«Estaríamos preparados para ofrecer la misma clase de asistencia que ya hemos ofrecido a otros socios dentro de las reformas del sector de defensa y seguridad. Es decir, de forma general ayudar a poner las agencias de seguridad y defensa bajo control democrático y civil. También podemos ayudar en la organización de una defensa moderna, de unas estructuras modernas. En términos más específicos podemos ayudar en lo que se refiere a la construcción de instituciones como la de un ministerio de defensa, o como organizar el Estado Mayor y las Fuerzas Armadas, por mencionar algunos ejemplos.

“La OTAN tiene mucha experiencia en la reforma del sector de seguridad y defensa, y de hecho varios de nuestros aliados han experimentado una transición similar de una dictadura a una democracia, por lo tanto tienen una experiencia muy valiosa que ofrecer. Y hablé con el presidente Jalil y dejé claro que estamos listos para asistir a Libia en estos esfuerzos reformadores si nos lo piden…».

Dado el historial de la alianza en los últimos veinte años, lo que de hecho prometió fue que la OTAN entrenará –partiendo de cero y en inglés– a las fuerzas armadas del nuevo régimen cliente libio como ha hecho previamente, y sigue haciendo, en otras naciones y provincias que ha invadido y subyugado de otras maneras: Bosnia, Kosovo, Macedonia, Afganistán e Irak.

Libia, que hasta ahora había sido la única nación norteafricana no empujada a la asociación militar de la OTAN Diálogo Mediterráneo –Egipto, Túnez, Marruecos y Argelia son miembros como lo son Israel, Jordania y Mauritania– se convertirá en el octavo miembro y en un activo conjunto de la OTAN y el AFRICOM.

El jefe de lo que es no solamente el único bloque militar existente en el mundo, sino además la mayor y de más larga vida alianza armada multinacional en la historia, puede que se haya acostumbrado a hacer públicas de forma regular negativas sobre la responsabilidad en ataques a nuevas naciones muy alejadas de la llamada zona euro-atlántica, pero el nivel de credibilidad que se le debería dar a los pronunciamientos del secretario general se ve claramente en la falta de escrúpulos con la que la OTAN mintió mientras se embarcaba sin tapujos en guerras en tres continentes durante los últimos doce años.

Con 28 miembros de pleno derecho actualmente, después de un incremento de un 75 por ciento entre 1999-2009, y unos 40 socios en todo el mundo, el bloque del Atlántico Norte ha integrado los ejércitos de un tercio de las naciones del mundo para ser desplegados en guerras y zonas de posguerra en los Balcanes y el sur de Asia, con África como el nuevo destino.

Su trofeo más reciente es el cuerpo apaleado, ensangrentado y tratado brutalmente de Muamar Gadafi, asesinado después de que un misil Hellfire de EEUU y bombas guiadas por láser francesas alcanzaran su convoy en las afueras de Sirte el 20 de octubre, ocho meses antes de lo que habría sido su septuagésimo cumpleaños.

Por lo tanto, los gobiernos de Occidente y los pueblos que éstos merecen (invirtiendo el bien conocido dicho de Joseph de Maestre como hizo un escritor británico hace un siglo) se muestran desprovistos de las nociones más elementales de decencia y valores, moral y estética, de forma que los únicos estímulos que aún pueden despertar sus satisfechas y deshumanizadas sensibilidades son –puesto que se han habituado a la violencia, incluso a una escala masiva– la necrofilia y el desalmado y macabro Grand Guignol [2].

El escalón más bajo de la cultura estadounidense, el entretenimiento escapista de masas, está consumido por una fascinación por los vampiros, los zombis comedores de carne y cosas similares y las representaciones gráficas de antiguos líderes extranjeros siendo maltratados y asesinados son simplemente más diversiones morbosas para aburridos hastiados.

Haciendo referencia al asesinato de Gadafi y su hijo Muatassim, la exhibición pública de sus cuerpos y la celebración entusiasta como si fuera la de un acontecimiento deportivo de esos hechos truculentos por gente como la Secretaria de Estado de EEUU Hillary Clinton; el representante de Rusia para la OTAN Dmitry Rogozin arremetió contra ellos como emblemáticos de un triunfalismo sádico, el Primer Ministro Vladimir Putin los denunció como vergonzosos y el vicepresidente de la Cámara Baja Ivan Melnikok caracterizó al primero como «una llamativa ilustración de la política de los estadounidenses y sus aliados de la OTAN en el país norteafricano», según la agencia de noticias Interfax.

Son de hecho grotescos, en el sentido en que Hegel definió la palabra, como la idealización de lo feo.

En sus propias palabras, el funcionario ruso citado en último lugar advirtió

«Creo que el mundo entero debería ver hoy las fotografías publicadas y el video grabado del asesinato de Gadafi. No se trata simplemente de un antiguo líder de Libia muerto. Es el símbolo de la soberanía de un país independiente que fue destruido por los estadounidenses».

El día después del asesinato de Gadafi la misma agencia de noticias citó a otro vicepresidente de la cámara baja del parlamento del mismo partido comunista, Vadim Solovyov, quien afirmó: «La economía estadounidense necesita petróleo barato, por lo que el gobierno de EEUU está dispuesto incluso a hacer guerras, con tal de que el petróleo llegue… Cualquier país con grandes reservas de recursos energéticos –Irán, Siria, Venezuela o Nigeria– podría ser el siguiente.»

Las fuerzas navales, aéreas y de tierra de la OTAN continúan con su criminal destrucción en Afganistán, a lo largo de la frontera con Pakistán, en la Mitrovica kosovar, en Libia y frente a las costas de Somalia y el Golfo de Adén y en las aguas colindantes (donde la OTAN asesinó al capitán de un barco de pesca taiwanés e hirió a dos pescadores iraníes en dos ataques separados a principios de este año).

Un artículo de Stop NATO [3] en agosto proporcionó una lista, reconocidamente incompleta, de naciones que la OTAN, movida por su primer Concepto Estratégico para el siglo XXI adoptado en la cumbre del bloque en Lisboa el pasado noviembre e implementado inicialmente en Libia este año, podría atacar, o en las que podría intervenir de otros modo, ésta incluye:

Argelia, Bielorrusia, Bolivia, República Centroafricana, Chad, Cuba, República Democrática del Congo, Chipre, Ecuador, Eritrea, Irán, Líbano, Madagascar, Malí, Moldavia-Transnistria, Myanmar, Nicaragua, Niger, Nigeria, Corea del Norte, Pakistán, Palestina, Somalia, el Cáucaso del sur (Abkhazia, Nagorno-Karabakh, Ossetia del Sur), Sudán-Sudán del Sur, Surinam, Siria, Uganda, Venezuela, Sahara Occidental, Yemen y Zimbabwe.

Mientras tanto, la administración Obama anunció el despliegue de fuerzas especiales en cuatro de las naciones mencionadas y el día del asesinato de Gadafi el presidente del subcomité de asuntos africanos del Comité de Relaciones Exteriores del senado, el senador Chris Coons, afirmó, según informó Associated Press, que «la muerte de Muamar Gadafi y la promesa de un nuevo régimen libio son argumentos para la respuesta militar mesurada de EEUU en África central donde EEUU ha enviado aproximadamente 100 consejeros militares y comandos de fuerzas especiales» a Uganda, Congo, la República Centroafricana y Sudán del Sur.

Que las naciones del mundo requieran garantías casi diarias, aunque no sean de fiar, de que no serán atacadas por la formación militar multinacional más poderosa de la historia es una denuncia de la era que se somete a vivir bajo tales amenazas regulares y omnipresentes.

Ha llegado la hora, y de hecho se debería haber hecho hace mucho, de que se haga un llamado a poner en marcha una iniciativa internacional anti-OTAN, dirigido a individuos, organizaciones, partidos políticos y gobiernos, para que se convoque una sesión extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas para exigir la disolución de la Organización del Tratado del Atlántico Norte por ser una –la más seria– amenaza a la paz mundial.

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Fuente: Global Research, 5 de noviembre de 2011.

Traducido por Jesús y Mariola García Pedrajas.

[1] Notas de los traductores: Agnomen: Término (sobrenombre) empleado por los antiguos romanos para distinguir una victoria sobresaliente de algún general.

[2] Grand Guignol: Teatro de París que, desde su fundación en 1897 hasta su cierre en 1962 se especializó en espectáculos de horror naturalista, notas de los traductores.

[3] STOP NATO: Es la asociación que ha creado el autor de este artículo, se puede consultar en la dirección http://rickrozoff.wordpress.com/<span lang=’fr’>Rick Rozoff</span>

* Rick Rozoff. Graduado de Literatura Europea. Periodista. Director de Stop NATO international.

http://www.voltairenet.org/La-OTAN-el-unico-superbloque

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Historias recurrentes, by Carlos Latuff, from flickr.com

Remember, by Carlos Latuff, from flickr.com

Recientes episodios que conmovieron el mundo han generado reacciones sobre las que vale la pena detenerse

Una temporada de parodias

Por Noam Chomsky *
La Voz del Interior
Vía Rebelion Org, 13.07.09

Algunos de los recientes episodios que conmovieron el mundo a través de las noticias –las elecciones en Líbano e Irán, el golpe de Estado en Honduras– han generado reacciones sobre las que vale la pena detenerse. Incluso, la falta de reacción frente a otros casos, como el secuestro de una embarcación por parte de Israel, también tiene mucho que decir.

Las elecciones en Líbano e Irán y el golpe de Estado en Honduras son importantes no sólo inherentemente sino también por las reacciones internacionales que han suscitado. La ausencia de reacción ante un acto de piratería israelí en el Mediterráneo es un pie de página…

El Líbano. Las elecciones del 7 de junio en el Líbano fueron recibidas con euforia por la corriente principal de opinión pública.

“Me encantan las elecciones libres y justas”, escribió el 10 de junio el columnista del New York Times Thomas Friedman–. “En Líbano, fue algo genuino, y los resultados fueron fascinantes: el presidente Barack Obama derrotó al presidente iraní Mahmud Ahmadinejad”, apuntó.

Crucialmente, “una sólida mayoría de todos los libaneses –musulmanes, cristianos y drusos– votó por la coalición del 14 de Marzo encabezada por Saad Hariri”, candidato respaldado por Estados Unidos e hijo del asesinado ex primer ministro Rafik Hariri.

Debemos dar crédito a quien se lo merece por este triunfo de elecciones libres (y de Washington): “Si George Bush no se hubiera enfrentado a los sirios en 2005 –forzándolos a salir del Líbano después del asesinato de Hariri– estas elecciones libres no hubieran sucedido”, escribió Friedman. “Bush creó el espacio (durante su discurso en El Cairo), Obama ayudó a avivar la esperanza”, precisó.

Dos días después, los puntos de vista de Friedman tuvieron eco en una columna de opinión del Times escrita por Elliot Abrams, reconocido integrante del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos que anteriormente fue funcionario de alto rango en las administraciones de los presidentes Ronald Reagan y George Bush hijo: “La votación en el Líbano pasó cualquier prueba realista (…). Los libaneses tuvieron la oportunidad de votar contra Hizbollah y la aprovecharon”.

Cualquier “prueba realista”, no obstante, podría incluir la votación real. La coalición 8 de Marzo, basada en Hizbollah, ganó aproximadamente con la misma proporción que Obama contra McCain en noviembre, con cerca del 54 por ciento del voto popular, según cifras del Ministerio del Interior libanés.

Por consiguiente, según el argumento Friedman-Abrams, deberíamos estar lamentando la victoria de Ahmadinejad sobre Obama.

Al igual que otros, Friedman y Abrams se están refiriendo a los representantes del Parlamento. Estas cifras son tergiversadas por el sistema de votación confesional de Líbano, que reduce drásticamente el número de asientos otorgados a la más grande de las sectas, los chiítas, que respaldan abrumadoramente a Hizbollah y a su aliado Amal.

Sin embargo, como lo han señalado algunos analistas de los más serios, las reglas fundamentales “confesionales” de Líbano afectan negativamente “las elecciones libres y justas” en formas aún más importantes. El analista político Assaf Kfoury observa que las reglas fundamentales no dejan espacio para los partidos no sectarios y erigen una barrera que evita la introducción de políticas socioeconómicas y otros temas reales en el sistema electoral.

Para Kfoury, esas reglas abren la puerta a “interferencia externa masiva”, menor participación de votantes y “manipulación y compra de votos”, todo ello peculiaridades de las elecciones de junio, aún más que antes.

Por tanto, en Beirut, la capital que alberga a casi la mitad de la población del Líbano, menos de una cuarta parte de los votantes elegibles pudo votar sin regresar a sus normalmente remotos distritos de origen. El efecto es que los trabajadores migrantes y las clases más pobres efectivamente son privados de sus derechos civiles en “una forma extremadamente injusta, al estilo libanés”, favoreciendo las clases privilegiadas y pro occidentales.

Irán. Al igual que el Líbano, el propio sistema electoral de Irán viola derechos básicos. Los candidatos deben ser aprobados por clérigos gobernantes, facultados para prohibir políticas con las que discrepan, y de hecho lo hacen.

Los resultados electorales del Ministerio del Interior de Irán carecieron de credibilidad tanto por la forma en que fueron publicados como por el mismo resultado, disparando una enorme protesta popular brutalmente reprimida por las fuerzas Aarmadas de los clérigos gobernantes. Tal vez Ahmadinejad pudo haber ganado la mayoría si los votos hubieran sido contabilizados justamente, pero los gobernantes aparentemente no estaban dispuestos a arriesgarse.

Desde las calles de Teherán, la corresponsal Reese Erlich escribió: “Es un genuino movimiento de masas iraní integrado por estudiantes, trabajadores, mujeres y gente de clase media” y, posiblemente, la mayoría de la población rural.

Eric Hooglund, catedrático y experto en Irán rural, describe un respaldo “abrumador” para el candidato opositor Mir Husein Musavi entre la gente de las regiones que ha estudiado, y un “ultraje moral palpable por lo que llegó a creerse como el robo de su elección”.

Es altamente improbable que las protestas dañen al régimen clerical-militar a corto plazo pero, como observa Erlich, “está sembrando las semillas para luchas futuras”.

Israel-Palestina. No deberíamos olvidar unas elecciones auténticamente “libres y justas” realizadas recientemente en Oriente Medio –en Palestina, en enero de 2006, ante las que Estados Unidos y sus aliados respondieron castigando a la población que votó “equivocadamente”–.

Israel impuso sitio a Gaza y, el invierno pasado, atacó sin misericordia.

Apoyándose en la impunidad que recibe como cliente de Estados Unidos, Israel ha reforzado una vez más su bloqueo secuestrando a Espíritu de Humanidad, embarcación del movimiento Gaza Libre, en aguas internacionales, y forzándolo a atracar en el puerto israelí de Ashdod.

La embarcación había salido de Chipre, donde se inspeccionó el cargamento: medicinas, materiales de reconstrucción y juguetes. Entre los defensores de derechos humanos a bordo se encontraba la ganadora del Premio Nobel Mairead Maguire y la ex congresista norteamericana Cynthia McKinney.

El crimen a duras penas evocó un bostezo –con cierta justicia, se podría argumentar, dado que durante décadas Israel ha estado secuestrando botes que viajan entre Chipre y Líbano–. Entonces, ¿para qué molestarse en reportar este último ultraje de un Estado bribón y su jefe?

Honduras. Centroamérica también escenifica un crimen relacionado con elecciones. Un golpe militar en Honduras ha depuesto al presidente Manuel Zelaya y lo ha expulsado del país.

El golpe repite lo que el analista en asuntos latinoamericanos Mark Weisbrot llama “una historia recurrente en Latinoamérica”, enfrentando a “un presidente reformista respaldado por sindicatos laborales y organizaciones sociales con una elite política corrupta, mafiosa, gobernada por las drogas, acostumbrada a escoger no sólo la Suprema Corte y el Congreso sino también al presidente.

La corriente principal de opinión pública describe al golpe como un desafortunado regreso a los malos días de hace décadas. Pero eso es equívoco. Se trata del tercer golpe de Estado en la última década, todos ellos conformando la “historia recurrente”.

El primero, en Venezuela en 2002, fue respaldado por la administración de Bush que, empero, se retractó luego de agudas críticas latinoamericanas y de la restauración del gobierno elegido a través de manifestaciones populares.

El segundo, en Haití en 2004, se concretó a manos de los torturadores tradicionales del país, Francia y Estados Unidos. El presidente electo, Jean Bertrand Aristide, fue llevado en secreto a África Central.

Lo novedoso del golpe en Honduras es que Washington no lo ha respaldado. En cambio, Estados Unidos se unió a la OEA y se opuso a la toma de poder, aunque vociferó una condena más suave que otros, y no ha actuado al respecto. Contrariamente a lo que han hecho países vecinos, Francia, España e Italia, Estados Unidos no ha retirado su embajador.

Sobrepasa la imaginación que Washington no tuviera conocimiento anticipado de lo que se fraguaba en Honduras, país altamente dependiente de la asistencia estadounidense y cuyo ejército es armado, entrenado y asesorado por Estados Unidos.

Las relaciones militares han sido estrechas desde la década de los ’80, cuando Honduras fue base de la guerra terrorista del presidente Reagan contra Nicaragua. Que la “historia recurrente” se repita una vez más depende en gran medida de las reacciones dentro de Estados Unidos.

* Noam Chomsky, el intelectual vivo más citado y figura emblemática de la resistencia antiimperialista mundial, es profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge y autor del libro Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World.

http://www.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=533074

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=88582

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Si se mira con atención, incluso ese lector de blog... mmmh, desde 40formasdeintimidad.files.wordpress.com

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Ministro dice que Israel ”no recibe órdenes” de EEUU

TeleSUR, 06.04.09
Vía señalesdelostiempos.blogspot.com

El ministro israelí de Medio Ambiente, Gilad Erdan, afirmó este lunes que Israel no recibe “órdenes” del presidente, Barack Obama, reacción que se genera después que el mandatario estadounidense apoyase la creación de un Estado palestino.

Durante un discurso ante el parlamento turco, Barack Obama afirmó este lunes que “Estados Unidos apoya el objetivo de dos Estados, Israel y Palestina, que vivan juntos en la paz y la seguridad”.

Como respuesta a sus declaraciones, el ministro israelí de Medio Ambiente, Gilad Erdan, declaró: “Israel no recibe órdenes del presidente Obama. Al votar por Benjamin Netanyahu, los ciudadanos israelíes decidieron no convertirse en el 51º Estado de Estados Unidos“.

En un discurso ofrecido en el parlamento israelí, el titular del Medio Ambiente también dijo que “el gobierno israelí actuará en función de los intereses de Israel”. Una vez pronunciadas las citadas palabras añadió que “el presidente Obama es amigo de Israel y Estados Unidos es un importante aliado”.

Por su parte el enviado especial del Cuarteto de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para Oriente Medio, Tony Blair, instó este lunes al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien asumió el poder la semana pasada, a reanudar las negociaciones sobre un Estado palestino.

El representante de la ONU consideró que tal sugerencia es posible, mientras se dé un impulso a la economía de Cisjordania y se permita a los palestinos controlar una mayor parte de su territorio.

Cuando el funcionario de la ONU se reunió con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dejó claro que la visión general del cuarteto de mediadores de Oriente Medio (Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y Naciones Unidas) es que se desarrollen las negociaciones de paz.

El enviado especial de la ONU para Oriente Medio, Blair, dijo que otorgar una mayor libertad de movimiento a los palestinos es central para los cimientos de su condición de Estado.

Gobierno israelí bloquea totalmente Cisjordania

El reciente gobierno de Israel, anunció que bloqueará en forma total a Cisjordania desde la noche de este lunes hasta el 19 de abril, bajo el pretexto de resguardar la seguridad del país, que según Tel Aviv puede verse afectada una vez que se inicien las Pascuas judías el próximo miércoles.

Desde el fin de la incursión militar israelí en la Franja de Gaza, denominada “Plomo Fundido”, donde asesinaron a más de mil 400 palestinos y dejaron unos cinco mil heridos, autoridades israelíes temen represalias, por lo que bloquean el acceso de alimentos e insumos a palestinos.

“El ejército israelí considera al período de las fiestas (de Pesaj - Pascua judía) como muy sensible desde el punto de vista de la seguridad”, según dijo un portavoz militar israelí para justificar este bloqueo.

Guardias fronterizos israelíes mataron a tiros el sábado a una joven árabe israelí que les había disparado para vengar a las víctimas de la reciente ofensiva israelí en la Franja de Gaza.

La ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza permaneció desde el 27 de diciembre de 2008 hasta el 18 de enero de 2009, tiempo en el que murieron más de mil 400 muertos palestinos, mientras que por la parte israelí, murieron 13 soldados y civiles.

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Triste papel, desde palestinalibre.org

Triste papel, desde palestinalibre.org

Obama sobre Israel y Palestina

Por Noam Chomsky
ZNet, 13.03.09
Vía rebelion.org

Barack Obama es reconocido como una persona de aguda inteligencia, un estudioso, muy cuidadoso en la elección de sus palabras. Merece ser tomado en serio, tanto por lo que dice como por lo que omite. Especialmente significativa es su primera declaración de fondo sobre asuntos exteriores, el 22 de enero, en el Departamento de Estado, en la presentación de George Mitchell, quien servirá como su enviado especial para la paz en Medio Oriente.

Mitchell centrará su atención en el problema entre Israel y Palestina, a raíz de la reciente invasión de Estados Unidos e Israel a Gaza. Durante el asalto criminal, Obama se mantuvo en silencio, más allá de repetir algunos lugares comunes, porque, dijo, sólo hay un presidente, un hecho que no le impidió hacer declaraciones sobre muchas otras cosas. En su campaña, sin embargo, repitió su afirmación de que “si los misiles estuvieran cayendo donde duermen mis dos hijas, haría todo lo posible para detener esto”. Él se refería a los niños israelíes y no a los cientos de niños palestinos asesinados por las armas de EE.UU., sobre los cuales no podía hablar, porque sólo había un presidente…

El 22 de enero, sin embargo, Barack Obama ya era presidente y podía hablar libremente sobre estos asuntos, evitando, sin embargo, el ataque a Gaza, que se suspendió, convenientemente, justo antes de su toma de posesión.

En sus declaraciones, Obama hizo hincapié en su compromiso para una solución pacífica del conflicto. Sus comentarios fueron un cuanto tanto ambiguos, pero hizo una propuesta concreta: “la iniciativa de paz árabe”, dijo Obama, “contiene elementos constructivos que podrían ayudar a avanzar en estos esfuerzos. Ahora es el momento de que los Estados árabes actúen para lograr el cumplimiento de dicha iniciativa mediante el apoyo al gobierno palestino del Presidente Abbas y el Primer Ministro Fayyad, adoptando medidas para normalizar las relaciones con Israel y defendiéndose del extremismo que nos amenaza a todos.”

Obama no está directamente falseando la propuesta de la Liga Árabe, pero el engaño cuidadosamente formulado es instructivo.

La propuesta de paz de la Liga Árabe llama, en efecto, a la normalización de las relaciones con Israel en el contexto, repito, en el contexto, de una solución de dos estados en los términos del consenso internacional, que vienen de largo tiempo atrás y que los EE.UU. e Israel han bloqueado desde hace más de 30 años, en total aislamiento internacional. El núcleo de la propuesta de la Liga Árabe, como Obama y sus asesores sobre Medio Oriente saben muy bien, es un llamamiento para un arreglo político pacífico en los términos antes mencionados, que son bien conocidos y reconocidos por ser la única base para una solución pacífica, a la que ahora Obama pide que se comprometan. La omisión de ese hecho fundamental no puede ser accidental e indica claramente que Obama no prevé alejarse del rechazo habitual de los EE.UU. a esta propuesta. Su llamamiento a los estados árabes para actuar en el corolario de su propuesta, mientras que los EE.UU. ignoran incluso la existencia de su contenido central, que es la condición previa para el corolario, supera todo cinismo.

Los actos más importantes para socavar una solución pacífica son las acciones [israelíes] diarias en los territorios ocupados, respaldadas por los Estados Unidos, todas reconocidas por ser de índole criminal: la apropiación de tierras y recursos valiosos y la construcción de lo que el principal arquitecto del plan, Ariel Sharon, llamó “bantustanes” para los palestinos, una comparación injusta, porque los bantustanes eran mucho más viables que estos fragmentos de tierra que se les han dejado a los palestinos bajo la concepción de Sharon. Sin embargo, los EE.UU. e Israel siguen oponiéndose a una solución política incluso por escrito, más recientemente, en diciembre de 2008, cuando los EE.UU. e Israel (y unas pocas islas del Pacífico) votaron en contra de una resolución de la ONU para apoyar “el derecho del pueblo palestino a la libre determinación” (aprobada por 173 votos a 5, con la oposición de EE.UU. e Israel, con pretextos evasivos).

Obama no tuvo nada qué decir acerca del asentamiento y desarrollo de infraestructuras en Cisjordania y las complejas medidas de control de la existencia palestina misma, destinadas a socavar las perspectivas de una solución pacífica de dos Estados. Su silencio es una sombría refutación a su floreciente oratoria al respecto de que: “Mantendré un compromiso activo para buscar que dos Estados vivan lado a lado, en paz y seguridad”.

Tampoco se menciona la utilización por parte de Israel de armas de EE.UU. en Gaza, en violación no sólo con la legislación internacional, sino en clara violación también con la legislación estadounidense. O el envío de Washington de nuevas armas a Israel en el momento más álgido del ataque de EE.UU. e Israel, algo seguramente no desconocido por los asesores de Medio Oriente de Obama.

Obama fue firme, sin embargo, en que el contrabando de armas a Gaza debe detenerse. Él respalda el acuerdo de Condoleezza Rice y la canciller israelí, Tzipi Livni, de que la frontera de Gaza y Egipto debe cerrarse, un notable ejercicio de arrogancia imperial, como señaló el Financial Times: “…mientras en Washington se felicitan mutuamente, ambas funcionarias parecieron olvidarse del hecho de que estaban llegando a un acuerdo sobre el comercio ilegal que se lleva a cabo en la frontera de otro país: Egipto, en este caso. Al día siguiente, un funcionario egipcio describió el memorando como ‘ficticio’ “. Las objeciones de Egipto fueron ignoradas.

Volviendo a la referencia de Obama sobre la “constructiva” propuesta de la Liga Árabe, tal como indica el texto, Obama insiste en restringir el apoyo al partido derrotado en las elecciones de enero de 2006, la única elección libre en el mundo árabe, a la que los EE.UU. e Israel reaccionaron instantánea y abiertamente, castigando con severidad a los palestinos por oponerse a la voluntad de los amos. Un tecnicismo menor es que el mandato de Abbas finalizó el 9 de enero y que Fayyad fue nombrado Primer Ministro sin la confirmación del Parlamento palestino (muchos de ellos secuestrados y en cárceles israelíes). Ha’aretz describe a Fayyad como “una persona poco común en la política palestina. Por una parte, es el político palestino más apreciado por Israel y Occidente. Por otro lado, sin embargo, no tiene poder electoral ni en Gaza ni en Cisjordania”. El informe también hace notar “la estrecha relación de Fayyad con el poder en Israel,” sobre todo su amistad con el extremista asesor de Sharon, Dov Weiglass. Aunque carece de apoyo popular, se le considera un político competente y honesto. Esta no es regularmente la norma de aquellos sectores políticos respaldados por los Estados Unidos.

La insistencia de Obama en que sólo existen dentro de la política palestina Abbas y Fayyad encaja con el desprecio constante de Occidente por la democracia, a no ser que esté bajo su control.

Obama dio las razones de costumbre para ignorar al gobierno electo dirigido por Hamas: “Para formar parte de quienes están en favor de la paz “, declaró Obama, “el cuarteto [EE.UU., Unión Europea, Rusia y Naciones Unidas] ha dejado claro que Hamas debe cumplir con condiciones más que claras: reconocer el derecho de Israel a existir, renunciar a la violencia y acatar acuerdos anteriores”. No se menciona, también como de costumbre, el pequeño inconveniente de que los EE.UU. e Israel se oponen firmemente a las tres condiciones. En pleno aislamiento internacional, no sólo bloquean la solución de dos estados, uno de ellos un Estado palestino, sino que, por supuesto, no renuncian a la violencia y rechazan la propuesta central del cuarteto de la “hoja de ruta.” Israel la aceptó oficialmente, pero con 14 reservas que eliminan efectivamente sus contenidos (y es tácitamente respaldado por los EE.UU.). Es el gran mérito del libro de Jimmy Carter, Palestine: Peace not Apartheid (Palestina: Paz no Apartheid), el haber traído estos hechos a la atención publica por primera vez… y única vez en los grandes medios de comunicación.

De ello se deduce, por razonamiento elemental, que ni los EE.UU. ni Israel forman “parte de quienes están en favor de la paz.” Pero eso simplemente no puede ser. Esto ni siquiera es una frase existente en el idioma inglés. Tal vez sea injusto criticar a Obama por este nuevo ejercicio de cinismo, porque es una práctica casi general, a diferencia de su escrupulosa eliminación de los principales componentes de la propuesta de la Liga Árabe, que es su propia y novedosa contribución.

Una práctica casi universal son también las típicas referencias a Hamas: una organización terrorista, dedicada a la destrucción de Israel (o quizás dedicada a la destrucción de todos los judíos), etc. Se omiten los hechos un tanto incómodos de que Israel y los EE.UU. no sólo se dedican a la destrucción de cualquier Estado palestino viable, sino que aplican sin cesar dichas políticas. O que, a diferencia de la negativa de EE.UU. e Israel, Hamas ha pedido públicamente, en repetidas ocasiones y explícitamente, una solución de dos estados en los términos del consenso internacional.

Obama empezó diciendo: “Permítanme ser claro: Estados Unidos está comprometido con la seguridad de Israel. Y siempre vamos a apoyar el derecho de Israel a defenderse contra amenazas justificadas”. No dijo nada sobre el derecho de los palestinos a defenderse contra las amenazas, mucho más extremas, como las que ocurren a diario, con el apoyo de los EE.UU., en los territorios ocupados. Pero esto, una vez más, es la norma. También es normal la enunciación del principio de que Israel tiene derecho a defenderse. Eso es correcto, pero vacío: todo el mundo tiene ese derecho. Pero en este contexto el cliché es peor que vacuo: es un engaño cínico.

La cuestión no es si Israel tiene el derecho a defenderse, como todo el mundo lo tiene, sino si tiene el derecho a hacerlo por la fuerza. Nadie, incluido Obama, considera que los Estados gozan de un derecho general para defenderse por la fuerza: es necesario en primer lugar demostrar que no existen otras alternativas pacíficas. En este caso, seguramente las hay. Una estrecha alternativa para Israel sería respetar un alto al fuego, por ejemplo, el alto al fuego propuesto por el dirigente político de Hamas, Khaled Misal, unos días antes de que Israel lanzara su ataque, el 27 de diciembre. Mishal llamó a restablecer el acuerdo de 2005. Este acuerdo pedía que se pusiera fin a la violencia y que se abrieran de manera ininterrumpida las fronteras, así como que Israel garantizara que los bienes y las personas pudieran circular libremente entre las dos partes de la Palestina ocupada, Cisjordania y la Franja de Gaza. El acuerdo fue rechazado por los EE.UU. e Israel unos meses más tarde, después de las elecciones libres de enero de 2006, cuando los palestinos tomaron “el camino equivocado.” Hay muchos otros casos de gran relevancia. La más amplia y más importante alternativa sería que los EE.UU. e Israel abandonaran su rechazo extremo y se unieran al resto del mundo, incluyendo a los estados árabes y a Hamas, en apoyo a la solución de dos Estados de acuerdo con el consenso internacional. Cabe señalar que en los últimos 30 años ha habido una excepción a la oposición de EE.UU. e Israel: las negociaciones de Taba en enero de 2001, que parecían estar a punto de llegar a una solución pacífica, cuando Israel pidió que éstas se suspendieran prematuramente. No sería, entonces, descabellado que Obama llegara a un acuerdo para unirse al resto del mundo, incluso en el marco de la política de EE.UU., si estuviera interesado en hacerlo.

En resumen, la contundente reiteración de Obama sobre el derecho de Israel a defenderse es otro ejercicio de engaño cínico, aunque, hay que admitirlo, no es exclusivo de él, sino que es una práctica casi general. El engaño es especialmente llamativo en este caso debido a que se dio en lo que fue el nombramiento de Mitchell como enviado especial a Medio Oriente. El principal logro de Mitchell ha sido su destacado papel en la solución pacífica en Irlanda del Norte. Hizo un llamamiento para que se pusiera fin al terrorismo del IRA y a la violencia británica. Es el reconocimiento implícito de que, si bien Gran Bretaña tenía el derecho a defenderse del terror, no tenía derecho a hacerlo por la fuerza, porque había una alternativa pacífica: el reconocimiento de los legítimos reclamos de la comunidad católica irlandesa, que fueron las raíces del terrorismo del IRA. Cuando Gran Bretaña adoptó esta sensata postura, el terror terminó. Las medidas a tomar en la misión de Mitchell con respecto a Israel y Palestina son tan evidentes que no necesitan ser explicadas detalladamente. Y la omisión de las mismas es, de nuevo, un sorprendente indicio del compromiso de la administración de Obama con el rechazo y la oposición a la paz, a menos de que sea en sus términos extremistas.

Obama también elogió a Jordania por su “constructivo papel en la formación de fuerzas de seguridad palestinas y por haber fomentado sus relaciones con Israel”, lo cual contrasta con la negativa de los EE.UU. e Israel para tratar con el gobierno libremente elegido de Palestina, mientras castiga a los palestinos por elegir a dicho gobierno, con pretextos que, como se ha señalado, no soportan el más mínimo escrutinio. Es verdad que Jordania se sumó a los EE.UU. para armar y entrenar a las fuerzas de seguridad palestinas, a fin de que pudieran reprimir violentamente cualquier manifestación de apoyo a las desgraciadas víctimas del asalto de EE.UU. e Israel en Gaza, así como para lograr la detención de los partidarios de Hamas y del destacado periodista Khaled Amayreh, mientras organizaba sus propias manifestaciones en apoyo a Abbas y Fatah, en la que la mayoría de los participantes “eran funcionarios públicos y niños de escuelas que fueron designados por la Autoridad Palestina para participar en el rally”, según el Jerusalem Post. Ése es nuestro tipo de democracia.

Obama hizo un comentario más de fondo: “Como parte de un alto al fuego duradero, los cruces fronterizos de Gaza debe ser abiertos para permitir el flujo de la ayuda y el comercio, con un régimen de vigilancia adecuado…” No mencionó, por supuesto, que los EE.UU. e Israel habían rechazado el mismo acuerdo justo después de las elecciones de enero de 2006 y que Israel nunca ha cumplido posteriores acuerdos similares sobre las fronteras.

No ha habido tampoco ninguna reacción al anuncio de Israel de que rechazaba el acuerdo de cese al fuego, de modo que las perspectivas para que sea “duradero” no son prometedoras. Como se informó a la vez en la prensa, “El Ministro del gabinete israelí, Binyamin Ben-Eliezer, quien toma parte en las deliberaciones de seguridad, dijo el jueves a la Army Radio (Radio del Ejército) que Israel no dejaría reabrir los pasos fronterizos con Gaza sin un acuerdo para liberar a [Gilad] Schalit…” (AP, 22 de enero); “Israel mantendrá cerrados los cruces fronterizos de Gaza… El funcionario dijo que el gobierno tiene previsto utilizar la negociación por la liberación de Gilad Shalit, el soldado israelí en poder del grupo islamista desde el 2006…” (Financial Times, 23 de enero); “A principios de esta semana, el Ministro de Relaciones Exteriores israelí, Tzipi Livni, dijo que los progresos para poner en libertad al cabo Shalit serían una condición previa para la apertura de los cruces fronterizos que han sido mayoritariamente cerrados desde que Hamas arrebató el control de Gaza en 2007 a la Autoridad Palestina, con sede en Cisjordania…” (Christian Science Monitor, 23 de enero); “…un funcionario israelí dijo que sería difícil cualquier levantamiento del bloqueo, pues se vincula con la liberación de Gilad Shalit…” (FT, 23 de enero); entre muchos otros.

La captura de Shalit es un tema prominente en Occidente, otra muestra de la criminalidad de Hamas. Independientemente de lo que se piense, es incontrovertible que la captura de un soldado del ejército agresor es un delito mucho menor que el secuestro de civiles, exactamente lo que hicieron las fuerzas israelíes el día anterior a la captura de Shalit, quienes invadieron la ciudad de Gaza y secuestraron a dos hermanos, a quienes se llevaron a través de la frontera y desaparecieron en el complejo penitenciario israelí. A diferencia del caso mucho menos grave de Shalit, este crimen prácticamente no fue informado y se ha olvidado, así como se olvida la práctica habitual de Israel durante décadas de secuestrar civiles en el Líbano y en alta mar y enviarlos a cárceles israelíes, a menudo durante muchos años, como rehenes. Sin embargo, la captura de Shalit dificulta un cese al fuego.

Las declaraciones de Obama sobre Oriente Medio en el Departamento de Estado se refirieron también al “deterioro de la situación en Afganistán y Pakistán… el frente central en nuestra permanente lucha contra el terrorismo y el extremismo”. Unas horas más tarde, aviones de EE.UU. atacaron una aldea remota de Afganistán, con la intención de matar a un comandante talibán. “Ancianos de la aldea, sin embargo, dijeron a los funcionarios de la provincia que nunca hubo talibanes en la zona, la cual describieron como una aldea poblada principalmente por pastores. Entre los 22 muertos se encontraban mujeres y niños, de acuerdo con Hamididan Abdul Rahmzai, el jefe del consejo de dicha provincia… (Los Angeles Times, 24 de enero).

El primer mensaje del presidente afgano Karzai a Obama después de ser elegido en noviembre fue una petición para poner fin a los bombardeos de civiles afganos, lo cual repitió horas antes del juramento de Obama. Esto se consideró tan importante como la convocatoria de Karzai para fijar un calendario para la salida de los EE.UU. y de las demás fuerzas extranjeras. Los ricos y poderosos tienen sus “responsabilidades”. Entre sus responsabilidades, el New York Times informó, se encuentra la de “garantizar la seguridad” en el sur de Afganistán, donde “la insurgencia local está creciendo y es autosustentable.” Todo lo cual nos resulta muy familiar. Es como en el periódico Pravda, en la década de 1980, por ejemplo.

Traducido por Carlos F. Diez Sánchez y revisado por Felisa Sastre

http://www.zmag.org/znet/viewArticle/20364

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Sábana o mantel, desde palestinalibre.org

Sábana o mantel, desde palestinalibre.org

“La exterminación añorada”. Los verdaderos objetivos de Israel en Gaza

Por Fidel Munnigh *
Radio Nederland, 20-02-2009

En la última entrevista concedida en vida a la prensa francesa, en 2004, el filósofo Jacques Derrida habló de su “judeidad” como sentimiento tormentoso. Se refirió a la “política desastrosa y suicida de Israel, y de cierto sionismo”. Israel ya no representa el judaísmo, ni la diáspora, ni al pueblo de la Shoah, del holocausto. Como judío-francés que se negaba a renunciar a su “judeidad”, defendió la idea de reagruparse a la vez contra la política hegemónica de Estados Unidos (Wolfowitz, Cheney, Rumsfeld) y contra un teocratismo árabo-islámico, carente de ilustración y de porvenir político.

Todas las políticas de Israel se han vuelto en su contra. Han sido desmesuradas, desquiciadas, demenciales. Antes de Hamás, fue Al-Fatah, el partido de Arafat. Y antes de Al-Fatah, la OLP. Y antes de la OLP, la resistencia civil mal organizada. El culpable es siempre el otro, el enemigo. Cuando atacó y quebró la Autoridad Palestina, Israel destruyó las bases de una opción moderada, secular y laica. Así, el “spoiled baby” de los gobiernos estadounidenses hizo posible que la causa se radicalizara y el conflicto se islamizara. Su ceguera política ayudó a engendrar monstruos que hoy le acosan. De la invasión israelí al Líbano, en 1982, surgió Hezbolá, islamista y radical; de la primera Intifada, en 1987, surgió Hamás, también islamista y radical. Ahora prefiere de nuevo al otrora combatido Al-Fatah, el antiguo culpable, un interlocutor maleable que se suele doblegar ante el ocupante.

Edward Said, citando al erudito palestino Nur Masalha, habla del elemento común a todos los gobernantes israelíes frente a la cuestión palestina: “Desde Ben-Gurion a Sharon, pasando por Rabin, Begin, Shamir, Netanyahu y Barak, hay una continuidad ideológica ininterrumpida en la que el pueblo palestino es visto como una ausencia deseada por la que se combate“. En lo profundo de la psiquis israelí, deformada y enajenada, Palestina es esa presencia intolerable y esa ausencia vivamente deseada. Por eso, aunque lo niegue con hipocresía, íntimamente añora el exterminio palestino. Quiere que desaparezca de una vez por todas, arrinconarla, echarla al mar, vivir sin el recuerdo incómodo de esa espina clavada en su alma. Esos refugiados, esos salvajes y violentos, esos seres inferiores y despreciables que reclaman nuestras tierras, la tierra prometida. No sólo sueña con el exterminio: también lo lleva a cabo. El genocidio de Gaza forma parte de esa exterminación anhelada.

En los días del Septiembre Negro, Golda Meir expresó: “¿Quiénes son esos palestinos? ¿Quién los conoce en el mundo?”. Su frase, tristemente célebre, resume la ceguera israelí, su desprecio por el otro. La tragedia de Israel es la imposibilidad de salir de sí mismo y de abrirse al otro, la imposibilidad de salvarse solo. En la guerra de exterminio no hay lugar para el reconocimiento de la otredad. Se empieza por negar al otro, por negar no sólo su causa, su lucha, sino sobre todo su identidad, su existencia, su derecho a la vida. Se acaba exterminándolo. El otro no es. El otro no existe. El pueblo del holocausto (Shoah) es incapaz de reconocer la limpieza étnica contra los palestinos (Nakba).

Este nuevo genocidio obedeció a propósitos múltiples: primero, a sórdidos motivos electorales, dadas la crisis política interna de Israel y las elecciones legislativas de febrero. Se produjo teniendo en cuenta lo que venía pronto. El resultado está ahí: el triunfo de la derecha y la ultraderecha israelí; segundo, a la necesidad del ejército israelí de mostrar capacidad de disuasión luego del fracaso de la ofensiva militar en Líbano; tercero, a un plan de exterminio lento y sistemático. El pretexto son los cohetes de fabricación casera Qassam que los militantes de Hamás lanzan contra el sur de Israel, aterrorizando a sus pobladores, que han asesinado a diez personas en ocho años. Una provocación y un crimen abominable, pero también una excusa vil y burda para justificar una masacre. Porque Israel lleva décadas aterrorizando de mil maneras a los palestinos. Ya hacía rato se había cobrado con creces las víctimas de esos cohetes. A cada ataque de cohete o atentado suicida responde siempre con una represalia cruenta y feroz. En 2006, buscando a un soldado secuestrado en Gaza, el ejército israelí asesinó a más de cien personas, entre ellas cuarenta niños.

Durante la guerra del Líbano, en 2006, un ministro israelí amenazó: “Mataremos a diez enemigos por cada israelí muerto”. Astutos, fríos y “técnicos”, los israelíes siempre cumplen su palabra. Esa cifra hoy palidece. En el demoledor ataque a la Franja de Gaza por aire, mar y tierra durante veintitrés días ininterrumpidos, Israel se ha cobrado cien muertos palestinos por cada una de las trece víctimas israelíes. Mucho peor que los nazis, que ejecutaban veinte o treinta polacos, checos o húngaros por cada nazi asesinado por la resistencia. La desproporción es horripilante: 1,300 palestinos frente a 13 israelíes. Entre los muertos, hay más de 450 niños, 150 mujeres y 700 hombres, civiles y milicianos. Y más de cinco mil heridos, algunos de gravedad, muchos amputados o bajo muerte clínica. Estas son las cifras frías del horror y la vergüenza. No me cabe duda: los israelíes se han convertido en los nuevos nazis.

Lo propio de los gobernantes israelíes, aquello que les condena inapelablemente ante los ojos de la humanidad, no es sólo su crueldad y su respuesta militar desproporcionada, o sus vergonzosas atrocidades, o sus crímenes abominables como la matanza de niños, o su menosprecio de la comunidad internacional, o sus viles mentiras divulgadas por sus embajadores y propagandistas por todo el mundo, o su falsa victimización, o su política sistemática de humillación y opresión, de saqueo y despojo, de exterminio lento y planificado de la población civil palestina, o incluso los monstruos que en su política demencial ha creado entre sus enemigos como reacción en contra (mírese como se mire, Hezbolá y Hamás son engendros suyos por vía negativa). Lo peor de todo es su aberrante inhumanidad: su falta absoluta de escrúpulos, de compasión, de moral y sabiduría, su insensibilidad frente al sufrimiento y dolor que inflige al prójimo, su incapacidad de aceptar al otro como igual en su diversidad y su dignidad. Said tiene razón: de Ben Gurion a Olmert, Palestina es sólo para Israel una ausencia deseada.

Los judíos más lúcidos y honestos, y los israelíes más serios y morales, a quienes leo y escucho con atención, lo saben y lo reconocen. Noam Chomsky, Norman Finkelstein, Jacques Derrida, Daniel Barenboim, Gerald Kaufman, Uri Avnery, Gideon Levy, Gilad Atzmon, todas voces disidentes, acalladas o denostadas por el Poder, lo denuncian al mundo. Los dirigentes israelíes aplican contra los palestinos una política criminal, desastrosa y suicida.

Con cada bombardeo, con cada masacre, con cada agresión al pueblo palestino, Israel se descalifica, se deslegitima ante la humanidad. No hace sino fortalecer la resistencia y la persistencia palestinas. Salvo la militar, está perdiendo todas las otras batallas: la política, la ideológica, la moral, la mediática, la de opinión pública. Israel ha perdido la razón. Perpetra impunemente el genocidio y el terror de Estado en nombre de la seguridad y la autodefensa. Pero no escucha a nadie, no convence a nadie, salvo a sí mismo. La historia no cuenta. El suyo es el acto sangriento de un demente, vociferado con gran ruido y furor. Hoy no puede dar a nadie lecciones de moral, ni de sabiduría, ni de humanidad porque se ha descalificado y deslegitimado. Sin sospecharlo, sin quererlo, pero sin poder hacer nada por evitarlo, corre hacia su propia ruina y perdición.

* Fidel Munnigh es filósofo y profesor en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), República Dominicana. Autor de “Huellas del Errante” y “La Memoria. Incautada”.

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