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Los gobiernos de Occidente y los pueblos que éstos merecen. Desprovistos de las nociones más elementales de decencia y valores, moral y estética.

Los gobiernos de Occidente y los pueblos que éstos merecen. Desprovistos de las nociones más elementales de decencia y valores, moral y estética. From wikipedia.org

El arma del neocolonialismo occidental

La OTAN, el único superbloque militar existente, indulta al mundo a diario

Por Rick Rozoff
voltairenet.org, 24.11.11

Desde que el Imperio Romano venció al general Aníbal y destruyó la ciudad de Cartago en el norte de África, los neocolonialistas occidentales han vuelto a plantar su bandera de dominación en este continente y en una zona rica en petróleo —con la complicidad de sus lacayos libios y cobertura de la prensa comercial —. Todo esto también gracias a su instrumento militar, la OTAN, organización dirigida por un general estadounidense. Nuestro colega Rick Rozoff analiza sus planes de conquista.

El 31 de octubre el jefe de la Organización del Tratado del Atlántico Norte Anders Fogh Rasmussen llegó a la capital libia Trípoli tras haberse completado siete meses de la guerra del bloque militar en el país y declaró efusivamente: «Es estupendo estar en Libia, la Libia libre».

Lo mismo que Escipión Africano el Joven hace casi veintidós siglos en lo que hoy es Túnez, el vecino occidental de Libia, entonces Cartago, Rasmussen plantó la bandera de una potencia conquistadora en el suelo de África del norte. Puede que la OTAN le conceda a Rasmussen, también, el agnomen [1] honorífico Africano, después de la primera guerra y primera conquista del bloque militar en el continente.

Mientras se deleitaba con el triunfo de lo que los comentaristas occidentales han celebrado como la primera victoria militar completa e indiscutible de la OTAN –«la más exitosa en la historia de la OTAN» según las palabras de Rasmussen– en la capital libia, un periodista le preguntó al secretario general sobre los planes para replicar el modelo libio en Siria y éste declaró: «Mi respuesta es muy corta. La OTAN no tiene intención alguna (de intervenir). Puedo descartar eso completamente».

Sin embargo, para desmentir su afirmación añadió inmediatamente: «Dicho esto, condeno enérgicamente la ofensiva contra la población civil en Siria. Lo que ha pasado en Libia envía una señal clara. No puedes descuidar la voluntad del pueblo.»

La guerra de 227 días contra Libia llevada a cabo primero por el Mando para África de EEUU (AFRICOM), del 19 al 31 de marzo, y a partir de ahí por la OTAN es, según el jefe de la OTAN, «una señal clara» para Siria, pero «la OTAN no tiene intención alguna» de iniciar acciones militares contra Siria». Escasa garantía para el gobierno de la nación y el populacho igualmente, sin lugar a dudas.

El día que Muamar Gadafi fue brutalmente asesinado, el senador John McCain, miembro de alto rango del Comité de Servicios Armados del Senado y candidato presidencial en 2008, amenazó al presidente de Siria, al primer ministro de Rusia y a líderes chinos no identificados con la más que elocuente admonición de que «tenían una razón para estar intranquilos» según un informe. El 20 de octubre declaró a la BBC: «Pienso que los dictadores de todo el mundo, incluyendo Bashar al-Assad, quizás incluso el Sr. Putin, quizás algunos chinos, quizás todos ellos, puede que estén algo más nerviosos». Repitió el paralelismo entre Libia y Siria tres días más tarde mientras estaba en Jordania.

De haber sido Rasmussen alguien distinto de quien es, es decir, un individuo honesto, sus comentarios en la capital de Libia se habrían limitado a la postura de Tácito sobre una campaña romana en el siglo siguiente a la Tercera Guerra Púnica: Auferre, trucidare, rapere, falsis nominibus imperium; atque, ubi solitudinem faciunt, pacem appellant. (Saquearon, masacraron, y robaron: a esto lo llamaron falsamente Imperio, y donde crean devastación, lo llaman paz.) Libia ha sido destruida. Lo que queda de la ciudad de Sirte presenta una imagen vívida que se adapta perfectamente a las palabras del historiador romano.

De vuelta en casa, en el Cuartel General de la OTAN en Bruselas tres días más tarde, Rasmussen dio su última rueda de prensa mensual, en la cual afirmó

«Déjenme recalcar que la OTAN no tiene intención alguna de intervenir en Irán, y que la OTAN no está implicada como alianza en la cuestión iraní».

Empezó sus comentarios con esta información: «Esta semana tuve el privilegio de visitar Trípoli, la capital de la Libia libre. Era la primera vez en la historia que un Secretario General de la OTAN ponía el pie en el país y algo que ninguno de nosotros había imaginado hace solo un año».

Durante el periodo de preguntas y respuestas que siguió a su presentación respondió a una pregunta sobre Libia afirmando:

«Estaríamos preparados para ofrecer la misma clase de asistencia que ya hemos ofrecido a otros socios dentro de las reformas del sector de defensa y seguridad. Es decir, de forma general ayudar a poner las agencias de seguridad y defensa bajo control democrático y civil. También podemos ayudar en la organización de una defensa moderna, de unas estructuras modernas. En términos más específicos podemos ayudar en lo que se refiere a la construcción de instituciones como la de un ministerio de defensa, o como organizar el Estado Mayor y las Fuerzas Armadas, por mencionar algunos ejemplos.

“La OTAN tiene mucha experiencia en la reforma del sector de seguridad y defensa, y de hecho varios de nuestros aliados han experimentado una transición similar de una dictadura a una democracia, por lo tanto tienen una experiencia muy valiosa que ofrecer. Y hablé con el presidente Jalil y dejé claro que estamos listos para asistir a Libia en estos esfuerzos reformadores si nos lo piden…».

Dado el historial de la alianza en los últimos veinte años, lo que de hecho prometió fue que la OTAN entrenará –partiendo de cero y en inglés– a las fuerzas armadas del nuevo régimen cliente libio como ha hecho previamente, y sigue haciendo, en otras naciones y provincias que ha invadido y subyugado de otras maneras: Bosnia, Kosovo, Macedonia, Afganistán e Irak.

Libia, que hasta ahora había sido la única nación norteafricana no empujada a la asociación militar de la OTAN Diálogo Mediterráneo –Egipto, Túnez, Marruecos y Argelia son miembros como lo son Israel, Jordania y Mauritania– se convertirá en el octavo miembro y en un activo conjunto de la OTAN y el AFRICOM.

El jefe de lo que es no solamente el único bloque militar existente en el mundo, sino además la mayor y de más larga vida alianza armada multinacional en la historia, puede que se haya acostumbrado a hacer públicas de forma regular negativas sobre la responsabilidad en ataques a nuevas naciones muy alejadas de la llamada zona euro-atlántica, pero el nivel de credibilidad que se le debería dar a los pronunciamientos del secretario general se ve claramente en la falta de escrúpulos con la que la OTAN mintió mientras se embarcaba sin tapujos en guerras en tres continentes durante los últimos doce años.

Con 28 miembros de pleno derecho actualmente, después de un incremento de un 75 por ciento entre 1999-2009, y unos 40 socios en todo el mundo, el bloque del Atlántico Norte ha integrado los ejércitos de un tercio de las naciones del mundo para ser desplegados en guerras y zonas de posguerra en los Balcanes y el sur de Asia, con África como el nuevo destino.

Su trofeo más reciente es el cuerpo apaleado, ensangrentado y tratado brutalmente de Muamar Gadafi, asesinado después de que un misil Hellfire de EEUU y bombas guiadas por láser francesas alcanzaran su convoy en las afueras de Sirte el 20 de octubre, ocho meses antes de lo que habría sido su septuagésimo cumpleaños.

Por lo tanto, los gobiernos de Occidente y los pueblos que éstos merecen (invirtiendo el bien conocido dicho de Joseph de Maestre como hizo un escritor británico hace un siglo) se muestran desprovistos de las nociones más elementales de decencia y valores, moral y estética, de forma que los únicos estímulos que aún pueden despertar sus satisfechas y deshumanizadas sensibilidades son –puesto que se han habituado a la violencia, incluso a una escala masiva– la necrofilia y el desalmado y macabro Grand Guignol [2].

El escalón más bajo de la cultura estadounidense, el entretenimiento escapista de masas, está consumido por una fascinación por los vampiros, los zombis comedores de carne y cosas similares y las representaciones gráficas de antiguos líderes extranjeros siendo maltratados y asesinados son simplemente más diversiones morbosas para aburridos hastiados.

Haciendo referencia al asesinato de Gadafi y su hijo Muatassim, la exhibición pública de sus cuerpos y la celebración entusiasta como si fuera la de un acontecimiento deportivo de esos hechos truculentos por gente como la Secretaria de Estado de EEUU Hillary Clinton; el representante de Rusia para la OTAN Dmitry Rogozin arremetió contra ellos como emblemáticos de un triunfalismo sádico, el Primer Ministro Vladimir Putin los denunció como vergonzosos y el vicepresidente de la Cámara Baja Ivan Melnikok caracterizó al primero como «una llamativa ilustración de la política de los estadounidenses y sus aliados de la OTAN en el país norteafricano», según la agencia de noticias Interfax.

Son de hecho grotescos, en el sentido en que Hegel definió la palabra, como la idealización de lo feo.

En sus propias palabras, el funcionario ruso citado en último lugar advirtió

«Creo que el mundo entero debería ver hoy las fotografías publicadas y el video grabado del asesinato de Gadafi. No se trata simplemente de un antiguo líder de Libia muerto. Es el símbolo de la soberanía de un país independiente que fue destruido por los estadounidenses».

El día después del asesinato de Gadafi la misma agencia de noticias citó a otro vicepresidente de la cámara baja del parlamento del mismo partido comunista, Vadim Solovyov, quien afirmó: «La economía estadounidense necesita petróleo barato, por lo que el gobierno de EEUU está dispuesto incluso a hacer guerras, con tal de que el petróleo llegue… Cualquier país con grandes reservas de recursos energéticos –Irán, Siria, Venezuela o Nigeria– podría ser el siguiente.»

Las fuerzas navales, aéreas y de tierra de la OTAN continúan con su criminal destrucción en Afganistán, a lo largo de la frontera con Pakistán, en la Mitrovica kosovar, en Libia y frente a las costas de Somalia y el Golfo de Adén y en las aguas colindantes (donde la OTAN asesinó al capitán de un barco de pesca taiwanés e hirió a dos pescadores iraníes en dos ataques separados a principios de este año).

Un artículo de Stop NATO [3] en agosto proporcionó una lista, reconocidamente incompleta, de naciones que la OTAN, movida por su primer Concepto Estratégico para el siglo XXI adoptado en la cumbre del bloque en Lisboa el pasado noviembre e implementado inicialmente en Libia este año, podría atacar, o en las que podría intervenir de otros modo, ésta incluye:

Argelia, Bielorrusia, Bolivia, República Centroafricana, Chad, Cuba, República Democrática del Congo, Chipre, Ecuador, Eritrea, Irán, Líbano, Madagascar, Malí, Moldavia-Transnistria, Myanmar, Nicaragua, Niger, Nigeria, Corea del Norte, Pakistán, Palestina, Somalia, el Cáucaso del sur (Abkhazia, Nagorno-Karabakh, Ossetia del Sur), Sudán-Sudán del Sur, Surinam, Siria, Uganda, Venezuela, Sahara Occidental, Yemen y Zimbabwe.

Mientras tanto, la administración Obama anunció el despliegue de fuerzas especiales en cuatro de las naciones mencionadas y el día del asesinato de Gadafi el presidente del subcomité de asuntos africanos del Comité de Relaciones Exteriores del senado, el senador Chris Coons, afirmó, según informó Associated Press, que «la muerte de Muamar Gadafi y la promesa de un nuevo régimen libio son argumentos para la respuesta militar mesurada de EEUU en África central donde EEUU ha enviado aproximadamente 100 consejeros militares y comandos de fuerzas especiales» a Uganda, Congo, la República Centroafricana y Sudán del Sur.

Que las naciones del mundo requieran garantías casi diarias, aunque no sean de fiar, de que no serán atacadas por la formación militar multinacional más poderosa de la historia es una denuncia de la era que se somete a vivir bajo tales amenazas regulares y omnipresentes.

Ha llegado la hora, y de hecho se debería haber hecho hace mucho, de que se haga un llamado a poner en marcha una iniciativa internacional anti-OTAN, dirigido a individuos, organizaciones, partidos políticos y gobiernos, para que se convoque una sesión extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas para exigir la disolución de la Organización del Tratado del Atlántico Norte por ser una –la más seria– amenaza a la paz mundial.

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Fuente: Global Research, 5 de noviembre de 2011.

Traducido por Jesús y Mariola García Pedrajas.

[1] Notas de los traductores: Agnomen: Término (sobrenombre) empleado por los antiguos romanos para distinguir una victoria sobresaliente de algún general.

[2] Grand Guignol: Teatro de París que, desde su fundación en 1897 hasta su cierre en 1962 se especializó en espectáculos de horror naturalista, notas de los traductores.

[3] STOP NATO: Es la asociación que ha creado el autor de este artículo, se puede consultar en la dirección http://rickrozoff.wordpress.com/<span lang=’fr’>Rick Rozoff</span>

* Rick Rozoff. Graduado de Literatura Europea. Periodista. Director de Stop NATO international.

http://www.voltairenet.org/La-OTAN-el-unico-superbloque

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MH-53, US Military, from taringa.net

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Zonas de guerra

Comandos de EEUU: Una guerra secreta en 120 países

En algún lugar de este planeta, un comando estadounidense está llevando a cabo una misión. Repitan ahora eso mismo setenta veces y ya han hecho bastante… por hoy. Sin que el pueblo estadounidense sepa nada, una fuerza secreta dentro del ejército de EEUU está emprendiendo toda una serie de operaciones en una mayoría de países del mundo. Esta nueva elite de poder en el Pentágono está librando una guerra global cuyo tamaño y alcance no se habían revelado nunca hasta ahora.

Por Nick Turse *
TomDispatch.com
IAR Noticias, 09.08.11

Después de que un SEAL [el cuerpo de los Focas] de la Marina de EEUU le metiera una bala en el pecho y otra en la cabeza a Osama bin Laden tras asaltar el recinto donde se hallaba en Pakistán, una de las unidades más secretas de operaciones encubiertas del ejército estadounidense se encontró de repente con que su misión se había convertido en el centro de la atención pública. Algo muy poco común. Aunque se sabe bien que las Fuerzas de las Operaciones Especiales de EEUU están desplegadas en las zonas de guerra de Afganistán e Iraq y cada vez está más claro que esas unidades actúan en zonas conflictivas difíciles, como Yemen y Somalia, la extensión total de su guerra, de amplitud mundial, ha permanecido profundamente oculta en las sombras.

El pasado año, Karen De Young y Greg Jaffe, del Washington Post, informaron de que las Fuerzas de las Operaciones Especiales de EEUU estaban desplegadas en 75 países, subiendo hasta esa cifra desde los 60 que eran a finales de la presidencia de George W Bush. El portavoz del Mando de dichas Operaciones Especiales Tim Nye me dijo que, para últimos de este año, la cifra probablemente llegará a 120. “No paramos de movernos, no se trata sólo de Afganistán o de Iraq”, dijo recientemente. Esta presencia global –aproximadamente en el 60% de las naciones del mundo y muchísimo más amplia de lo que anteriormente se reconocía- proporciona una nueva y sorprendente prueba de la existencia de una creciente elite de poder clandestina dentro del Pentágono que está emprendiendo una guerra secreta por todas las esquinas del planeta.

El surgimiento del “ejército secreto” del ejército.

Surgido a partir del fallido asalto de 1980 que trató de rescatar a los rehenes estadounidenses en Irán y en el cual murieron ocho soldados estadounidenses, el Mando de Operaciones Especiales estadounidenses (SOCOM, por sus siglas en inglés) se creó en 1987. Una vez que el ejército regular superó el recelo y la escasez de fondos de los años post-Vietnam, las Fuerzas de Operaciones Especiales se encontraron de repente con que tenían casa única, presupuesto estable y un comandante de cuatro estrellas como defensor.

Desde entonces, el SOCOM ha crecido en proporciones alarmantes como fuerza combinada. Está compuesto por unidades de todas las ramas del ejército, incluyendo los “Boinas Verdes” y los Rangers, los SEAL de la Marina, los Comandos de la Fuerza Aérea y los equipos de Operaciones Especiales del Cuerpo de Marines, además de tripulaciones especializadas de helicópteros, equipos de barcos, personal de asuntos civiles, cuerpos de rescate paramilitares e incluso controladores del tráfico aéreo de batallas y meteorólogos de operaciones especiales; el SOCOM lleva a cabo las misiones más secretas y especializadas de los EEUU.

Esas misiones incluyen asesinatos, ataques contraterroristas, misiones de reconocimiento de amplio alcance, análisis de inteligencia, entrenamiento de tropas extranjeras y operaciones de contra-proliferación de armas de destrucción masiva.

Uno de sus componentes claves es el Mando de Operaciones Especiales Conjuntas, o JSOC (por sus siglas en inglés), un subcomando clandestino cuya principal misión es el seguimiento y asesinato de supuestos terroristas. Al presentar sus informes al presidente y actuar bajo su autoridad, el JSOC mantiene una lista negra global que incluye también a ciudadanos estadounidenses. Lleva desarrollando una campaña de “caza y captura” extra-legal que John Nagl, un antiguo asesor de contrainsurgencia del general de cuatro estrellas y próximo director de la CIA, David Petraeus, llama “una maquina de matar contraterrorista de escala casi industrial“.

Ese programa de asesinatos es desarrollado por unidades de comandos como los SEAL de la Marina y la Fuerza Delta del Ejército, así como también mediante ataques de aviones no tripulados, formando parte de las guerras secretas en las que la CIA está implicada en países como Somalia, Pakistán y el Yemen. Además, el comando dirige y controla una red de prisiones secretas, quizá hasta veinte sitios negros, sólo en Afganistán, que utilizan para interrogar a objetivos muy valiosos.

Industria en crecimiento

De una fuerza de unos 36.000 miembros a principios de la década de 1990, el personal del Mando de Operaciones Especiales ha crecido hasta llegar a los 60.000, de los cuales una tercera parte son miembros de carrera del SOCOM; el resto tienen otras especialidades ocupacionales militares y van turnándose por todo el Mando.

El crecimiento ha sido exponencial desde el 11 de septiembre de 2001, cuando el presupuesto base del SOCOM casi se triplicó de 2.300 millones de dólares a 6.300 millones. Si se añade la financiación para las guerras en Iraq y Afganistán, actualmente se ha más que cuadruplicado llegando hasta los 9.800 millones de dólares a lo largo de estos años. No es sorprendente que la cifra de su personal desplegado en el extranjero se haya cuadruplicado también. Nuevos incrementos y operaciones ampliadas aparecen por el horizonte.

El teniente general Dennis Hejlik, el anterior jefe del Mando de Operaciones Especiales de las Fuerzas del Cuerpo de Marines –la última de las ramas del ejército en incorporarse al SOCOM en 2006- indicó, por ejemplo, que preveía duplicar su antigua unidad de 2.600 efectivos. “Les veo como una fuerza que un día tendrá unos 5.000 miembros, el equivalente a la cifra de SEAL que hay en el campo de batalla. Entre 5.000 y 6.000“, dijo en un desayuno celebrado en el mes de junio con periodistas del área de la defensa en Washington. Los planes a largo plazo están exigiendo ya que la fuerza aumente en 1.000 efectivos.

Durante su reciente audiencia de confirmación en el Senado, el Vicealmirante de la Marina William McRaven, el entrante jefe del SOCOM y saliente jefe del JSOC (el que mandaba durante el ataque a bin Laden) aprobó una rápida tasa de crecimiento del 3% al 5% en un año, mientras peleaba por lograr aún más recursos, incluyendo más aviones teledirigidos y la construcción de nuevas instalaciones para operaciones especiales.

Un ex SEAL, que todavía en ocasiones acompaña a las tropas al campo de batalla, McRaven, manifestó que pensaba que como las fuerzas convencionales estaban disminuyendo en Afganistán, las tropas de operaciones especiales deberían tener cada vez un mayor papel. Iraq, añadió, saldría beneficiado si las fuerzas estadounidenses continuaban trabajando allí una vez superado el límite de diciembre de 2011 para una retirada total de las tropas estadounidenses. También aseguró al Comité de Servicios Armados del Senado que “como antiguo comandante de la JSOC, puedo decirles que trabajamos muy duro en Yemen y en Somalia”.

Durante un discurso en el Simposio Anual sobre Conflictos de Baja Intensidad y Operaciones Especiales de la Asociación Industrial de la Defensa Nacional celebrado a primeros de año, el Almirante de la Marina Eric Olson, el jefe saliente del Mando de Operaciones Especiales, señaló una imagen de satélite obtenida por la noche. Antes del 11-S, se consideraban zonas claves las porciones iluminadas del planeta –en su mayoría naciones industrializadas del norte global-. “Pero el mundo ha cambiado mucho en la última década”, dijo . “Nuestro enfoque ha cambiado en gran medida hacia el sur… sin duda dentro de la comunidad de operaciones especiales, mientras abordamos las amenazas emergentes desde lugares no iluminados“.

Con ese fin, Olson lanzó el “Proyecto Lawrence”, un esfuerzo para aumentar las habilidades culturales –como formación avanzada en lenguas y mejores conocimientos de la historia y costumbres locales- para las operaciones en el extranjero. El programa se llamó así por el oficial británico, Thomas Edward Lawrence (más conocido como “Lawrence de Arabia”), quien se unió a los combatientes árabes para emprender una guerra de guerrillas en Oriente Medio durante la I Guerra Mundial. Mencionando a Afganistán, Pakistán, Mali e Indonesia, Olson añadió que el SOCOM necesitaba ahora “Lawrences en todas partes“.

Aunque Olson refirió sólo 51 países que constituían objeto de preocupación para el SOCOM, Nye me dijo un determinado día que las fuerzas de las Operaciones Especiales están desplegadas, aproximadamente, en 70 naciones de todo el mundo. Todas ellas, se apresuró a añadir, a petición de los gobiernos anfitriones.

Según el testimonio de Olson a principios de años ante el Comité de Servicios Armados del Congreso, aproximadamente el 85% de las tropas de Operaciones Especiales desplegadas en el extranjero se encuentran en veinte países del área de operaciones del CENTCOM en el Gran Oriente Medio: Afganistán, Bahrein, Egipto, Irán, Iraq, Jordania, Kazajstán, Kuwait, Kirguizistán, Líbano, Omán, Pakistán, Qatar, Arabia Saudí, Siria, Tayikistán, Turkmenistán, Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán y el Yemen. El resto está disperso por todo el mundo, desde Sudamérica hasta el Sureste Asiático, algunas en pequeñas cifras, otras en grandes contingentes.

El Mando de las Operaciones Especiales no quiere revelar exactamente en qué países actúan sus fuerzas. “Obviamente, estamos yendo a algunos lugares donde no resulta ventajoso que digamos que estamos ahí“, dice Nye. “No todas las naciones anfitrionas quieren saberlo, cualesquiera que sean las razones, que pueden ser internas o regionales”.

Pero no es ningún secreto (o al menos es uno muy mal guardado) que las supuestas tropas de operaciones especiales negras, como los SEAL y la Fuerza Delta, están llevando a cabo misiones de capturar y matar en Afganistán, Iraq, Pakistán y Yemen, mientras que las fuerzas “blancas” como los Boinas Verdes y los Ranger están entrenando a sus socios indígenas como parte de una guerra secreta mundial contra Al-Qaida y otros grupos militantes.

Por ejemplo en Filipinas EEUU gasta 50 millones de dólares al año en un contingente de 600 efectivos de las Fuerzas de Operaciones Especiales del ejército, los SEAL de la Marina, en operadores especiales de la Fuerza Aérea y otros que llevan a cabo operaciones de contraterrorismo con aliados filipinos contra grupos insurgentes como la Yemaah Islamiyah y Abu Sayaf.

El año pasado, como revela un análisis de documentos del SOCOM, de documentos de fuentes abiertas del Pentágono y de una base de datos de las misiones de las Operaciones Especiales recopiladas por la periodista de investigación Tara McKelvey (para la Iniciativa del Periodismo de Seguridad Nacional de la Facultad Medill de Periodismo), la mayoría de las tropas de elite estadounidenses realizaron ejercicios de entrenamiento conjunto en Belize, Brasil, Bulgaria, Burkina Faso, Alemania, Indonesia, Mali, Noruega, Panamá y Polonia.

En lo que llevamos de año se han llevado a cabo misiones de entrenamiento parecidas en la República Dominicana, Jordania, Rumania, Senegal, Corea del Sur y Tailandia, entre otras naciones. En realidad, me dijo Nye, en estos momentos las labores de entrenamiento continúan en casi todas las naciones donde las Fuerzas de Operaciones Especiales están desplegadas. “De los 120 país que visitamos a finales de año, yo diría que en la inmensa mayoría hay ejercicios de entrenamiento de una forma u otra. Podrían clasificarse como ejercicios de entrenamiento”.

La elite de poder del Pentágono

En otro tiempo hijastras abandonadas del establishment militar, las Fuerzas de Operaciones Especiales han crecido exponencialmente no sólo en tamaño y presupuesto sino también en poder e influencia. Desde 2002, se ha autorizado al SOCOM a crear sus propios Destacamentos Especiales Conjuntos –como el Destacamento Especial de Operaciones Especiales Conjuntas en Filipinas-, una prerrogativa limitada normalmente a mandos combatientes más amplios, como el CENTCOM. Este año, sin mucha fanfarria, el SOCOM estableció también su propio Destacamento Especial de Adquisiciones Conjuntas, un grupo de diseñadores de equipamiento y especialistas en adquisiciones.

Con control sobre el presupuesto, el adiestramiento y el equipamiento de sus fuerzas, los poderes normalmente reservados a los departamentos (como el Departamento del Ejército o el Departamento de la Marina), a los que se dedican dólares en cada presupuesto del Departamento de Defensa e influyentes defensores en el Congreso, en la actualidad el SOCOM es un actor excepcionalmente poderoso en el Pentágono.

Con verdadero peso, puede ganar batallas burocráticas, comprar tecnología punta y dedicarse a investigaciones marginales como la transmisión de mensajes electrónicos a las cabezas de la gente o desarrollar con sigilo tecnologías secretas para las tropas de tierra. Desde 2001, los contratos importantes concedidos a empresas pequeñas –las que producen generalmente equipamiento especializado y armas- han aumentado seis veces.

Con sus cuarteles en la Base de la Fuerza Aérea Macdill en Florida, pero operando en el exterior de ese escenario, los comandos se extienden por todo el planeta, incluyendo Hawai, Alemania y Corea del Sur, y están activos en la mayoría de los países; el Mando de Operaciones Especiales ahora es una fueerza en sí mismo.

Como jefe saliente del SOCOM, Olson señaló a primeros de año: el SOCOM “es un microcosmos del Departamento de Defensa, con componentes de tierra, mar y aire, presencia global y autoridades y responsabilidades que son reflejo de los departamentos militares, los servicios militares y las agencias de la Defensa”.

Encargado de coordinar todos los planes del Pentágono contra las redes globales del terrorismo y, como consecuencia, estrechamente conectado con otras agencias gubernamentales, ejércitos extranjeros y servicios de inteligencia, y armado con un inmenso inventario de helicópteros sigilosos, aviones tripulados de ala fija, aviones teledirigidos inmensamente armados, lanchas rápidas de fuego a gogó dotadas de alta tecnología, Humvees especializados y vehículos acorazados todoterreno resistentes a minas y emboscadas, o MRAPs (por sus siglas en inglés), así como otros equipamientos de vanguardia (con más en camino), el SOCOM representa algo novedoso en el ejército.

Aunque el difunto erudito del militarismo Chalmers Johnson solía referirse a la CIA como “el ejército privado del presidente”, hoy el JSOC asume ese papel, actuando como el jefe ejecutivo de los escuadrones privados para asesinar, y su pariente el SOCOM funciona como una nueva elite de poder del Pentágono, un ejército secreto dentro del ejército que posee poder local y alcance global.

En 120 países de todo el globo, las tropas del Mando de Operaciones Especiales llevan a cabo su guerra secreta de asesinatos de perfil alto, matanzas de nivel bajo, operaciones de captura y secuestro, ataques nocturnos tipo patada en la puerta, operaciones conjuntas con fuerzas extranjeras y misiones de entrenamiento con socios locales como parte de un conflicto en las sombras del que la mayoría de los estadounidenses carecen de información. En otro tiempo “especiales” por ser pequeños, enjutos, equipos que actuaban fuera, hoy son especiales por su poder, accesos, influencia y aura.

Esa aura se beneficia ahora de una campaña de relaciones públicas bien orquestada que les ayuda a proyectar una imagen sobrehumana en casa y afuera, incluso aunque muchas de sus actividades actuales permanezcan en sombras cada vez más amplias. La visión típica que tratan de difundir se puede hallar en esta declaración del Almirante Olson: “Estoy convencido de que las fuerzas… son los socios culturalmente más compenetrados, los cazadores de asesinos más letales y los asesores, entrenadores, solucionadores de problemas y guerreros más responsables, ágiles, innovadores y eficaces que cualquier nación podría ofrecer”.

Recientemente, en el Forum de Seguridad del Instituto Aspen, Olson ofreció unos comentarios igualmente edulcorados y también alguna información engañosa al afirmar que las Fuerzas de las Operaciones Especiales de EEUU estaban operando sólo en 65 países e implicadas en combate sólo en dos de ellos. Cuando se le preguntó por los ataques de aviones no tripulados en Pakistán, según las informaciones, contestó: “¿Está usted hablando de explosiones no atribuidas?“.

Sin embargo, algo se le escapó. Señaló, por ejemplo, que las operaciones negras, como la misión de bin Laden, con comandos aerotransportados realizando ataques nocturnos, ya era algo excepcionalmente común. Cada noche se llevan a cabo más o menos una docena, dijo. Sin embargo, quizá sea aún más esclarecedor el comentario a bote pronto que hizo acerca del tamaño del SOCOM. Justo ahora, subrayó, las fuerzas de Operaciones Especiales de EEUU son aproximadamente tan grandes como todo el ejército del Canadá en servicio activo. En realidad, la fuerza es mucho mayor que los ejércitos en servicio activo de muchas de las naciones donde las tropas de elite estadounidenses operan cada año y se ha decidido que sigan creciendo.

Los estadounidenses tienen que ser conscientes ya de lo que significa tener una fuerza “especial” tan inmensa, tan activa y tan secreta, y no es muy probable que empiecen a serlo hasta que dispongan de mayor información. Y esa información no van a facilitársela Olson o sus tropas. “Nuestro acceso [a países extranjeros] depende de nuestra capacidad para no hablar de ello”, dijo en respuesta a preguntas sobre el secretismo del SOCOM. Cuando las misiones se ven sometidas a escrutinio, como en el caso del asalto a bin Laden, las tropas de elite se sienten molestas. El “ejército secreto” del ejército, dijo Olson, quiere “regresar a las sombras y hacer ahí lo que tenga que hacer”.

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* Nick Turse es historiador, ensayista y periodista de investigación. Es editor asociado de TomDispatch.com y nuevo redactor de Alternet.org, su último libro es The Case for Withdrawal from Afghanistan (Verso Books).

Este artículo es una colaboración entre Alternet.org y TomDispatch.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

http://www.iarnoticias.com/2011/noticias/norteamerica/0157_comandos_eeuu_08agos2011.html

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Dorstenia gigas, flora de la Isla Socotra, Yemen, desde themanyfacesofspaces.com

Dorstenia gigas, flora de la Isla Socotra, Yemen, desde themanyfacesofspaces.com

Yemen: la cuarta guerra de Estados Unidos y la primera de Obama

Por Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada, Unam, Mx, 03.01.10

La dupla anglosajona montó una nueva causa “terrorista” por la cual librar su cuarta guerra simultánea en otro país islámico: Yemen, al unísono de Irak, Afganistán y Pakistán.

Las guerras en Afganistán y Pakistán forman ya una sola y han sido bautizadas por sus semiólogos en mercadotecnia bélica como Af/Pak.

Cuatro guerras de Estados Unidos y Gran Bretaña contra y en cuatro países islámicos, dos de ellos árabes a carta cabal (Irak y Yemen), marcan el diapasón del choque de civilizaciones del racista Samuel Huntington, connotado mexicanófobo y profeta de la supremacía hoy decadente del wasp (blanco-anglosajón-protestante).

El primer día del Año Nuevo que presagia ser más sangriento, The Financial Times, portavoz del neoliberalismo global, alertó que “a iniciativa (sic)” del premier británico, Gordon Brown, Londres (but of course and curse!) será la sede el mismo día 28 de enero tanto de una cumbre contra el terror en Yemen (”la nueva base del reclutamiento terrorista global”) como, en forma “paralela” (sic), de una conferencia sobre Afganistán.

El belicoso Brown alega que “la cumbre sobre Yemen cuenta con un respaldo vigoroso (sic) de Estados Unidos y la Unión Europea”, cuando Gran Bretaña “anhela asegurar el apoyo de Arabia Saudita y los países del golfo”. Llama la atención la ausencia del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), ya no se diga del G20 y del G77 de los países No-Alineados (que en realidad son 130).

La dupla anglosajona posee la “evidencia” de que el hijo de un banquero nigeriano islámico –quien en forma sacrílega intentó en Navidad estallar el vuelo 253 a Detroit– “fue reclutado por Al Qaeda en Yemen tras haber vivido en Gran Bretaña”.

Desde Obama hasta el almirante Dennis C. Blair, director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, han sido expuestas con notable candidez “las fallas humanas y sistémicas de espionaje”, las cuales obligan a tomar mayores medidas de alta tecnología de masivo control orwelliano, sin contar su gran negocio aeroportuario.

Pasaremos por alto las valiosas dudas sobre el extraño atentado (que siempre no fue) del inepto terrorista nigeriano islámico, lo cual parece redición de otro montaje hollywoodense al “estilo 11/9″, como deja entrever WSWS.org (31/12/09).

Aquí no importa la verdad –como fue el caso flagrante con “las armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein, que siempre no fueron–, sino la credulidad de la opinión pública de Estados Unidos y Gran Bretaña a las versiones de sus mendaces gobernantes.

Las metástasis terroristas de Al Qaeda otra vez resucitada han sido decretadas por la dupla anglosajona y ahora, para defender a la civilización occidental agazapada, se exige erradicar su foco cancerígeno trasmutado en su nueva matriz en Yemen (antes había sido localizado en Afganistán, Pakistán e Irak).

Press Tv, de Irán (1/1/10), comenta con sarcasmo que la cumbre anglosajona ha sido convocada cuando “una ofensiva militar saudita-yemení ha matado a centenas en el norte del pobre, pero muy rico en petróleo (¡supersic!), país árabe” al borde del “desastre humanitario”, mientras “en el sur, las fuerzas gubernamentales de Yemen y el ejército de Estados Unidos han bombardeado a quienes llaman (¡supersic!) militantes de Al Qaeda”. Agrega que los alegatos sobre el inepto terrorista nigeriano “han levantado sospechas” y concluye que a Yemen es probable que “le espere el mismo destino trágico de Irak y Afganistán”.

Pero, ¿cuál es el problema, si de lo que se trata es de poner en jaque el tránsito de mercancías y petróleo desde el canal de Suez hasta el golfo de Aden en el mar Arábigo (parte del océano Índico), que perjudicaría ostensiblemente tanto el exitoso libre comercio como el abastecimiento energético de China?

La dupla anglosajona ha apretado las tuercas a los dos lados del golfo de Aden y en el célebre estrecho de Bab Al Mandab (”la puerta de las lágrimas”): primero, en Somalía y el cuerno de África (ver: “Londres, detrás de los piratas somalíes”, Bajo la Lupa, 20/5/09) y ahora, del otro lado, Yemen.

Tanto el estrecho de Hormuz (entre el golfo de Omán y el golfo Pérsico), como el estrecho de Bab Al Mandab han ligado sus destinos y pletóricas riquezas de hidrocarburos en las dos costas, occidental y oriental, de la península Arábiga.

La simultánea cuarta guerra anglosajona –y la primera que ha iniciado Obama cuando las otras tres fueron legadas por su antecesor Baby Bush– había sido muy cantada por Chatham House, centro de pensamiento británico, con bastante antelación al presunto montaje hollywoodense del inepto terrorista nigeriano.

Desde los orígenes genéticos de Osama Bin Laden, a quien nadie puede hallar, hasta el inepto terrorista nigeriano Farouk, de 23 años, se repite la “conexión yemení”.

Los orígenes del Yemen unificado en 1990 (con un total de 527 mil 968 kilómetros cuadrados) provienen de su previa balcanización entre el norte (que obtuvo su independencia del imperio otomano en 1918 con 195 mil kms2) y el sur (que se independizó de Gran Bretaña en 1967 como República Democrática del Pueblo de Yemen del Sur, con 332 mil 968 kms2).

En el Yemen unificado coexistían 53 por ciento de sunnitas (apoyados por Arabia Saudita) y 47 por ciento de chiítas, primordialmente la tribu houthi (apuntalada por Irán).

El sueño anglosajón hecho realidad consiste en fomentar la guerra civil religiosa entre sunnitas y chiítas, que incluye notoriamente a Yemen, como se notó durante las carnicerías para perturbar la fiesta sagrada chiíta del Ashura (el martirologio de Hussein, nieto del profeta Mahoma) en toda la geografía de lo que hemos denominado “Chiistán”: desde Pakistán hasta Líbano, como relató Debka (1/1/10), presunto portal del Mossad (espionaje israelí).

La guerra del gobierno yemení contra la tribu chiíta de los houthi es también demográfica.

Al ritmo demográfico galopante de los chiítas en poco tiempo Yemen hubiese sido dominado por una mayoría vinculada a Irán. Esta “democracia biológica” no le conviene a la dupla anglosajona que, a nuestro juicio, prefiere balcanizar a Yemen en sus dos pedazos históricos anteriores: 1. el norte, donde el portal israelí Debka asegura que Arabia Saudita sufrió “una derrota” en la “guerra asimétrica” que libra contra los houthi chiítas, y 2. el sur, a mayor densidad demográfica sunnita, donde Washington libra subrepticiamente desde hace algunos meses su cuarta guerra simultánea.

Dominado virtualmente el sur, gracias a la “iniciativa” británica de la cumbre de Londres, ¿intentará la dupla anglosajona extender luego su guerra al norte (de mayoría chiíta), lo cual la confrontaría con Irán en un frente más?

Una joya superestratégica se encuentra en juego en el Océano Indico y pasaría a manos del “nuevo sur”: la isla de Socotra, de 3 mil 625 kms2, ubicada marcadamente más cerca de Somalía (a 80 kms.) que de la costa yemení sureña (a 380 kms.).

Socotra fue en el siglo 19 un protectorado británico para cuya marina (aun sus piratas) constituía una escala estratégica importante, que hoy está a punto de resucitar.

http://www.jornada.unam.mx/2010/01/03/index.php?section=opinion&article=006o1pol

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Encarnaciones, by Lawson Wood, from animationarchive.org

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Estados Unidos intensifica los planes de guerra en América Latina

Ejército estadounidense: después de Iraq, América Latina

By Rick Rozoff
Global Research, July 30, 2009
Stop Nato

El 29 de junio el presidente estadounidense Barack Obama recibió a su homólogo colombiano Alvaro Uribe en la Casa Blanca y semanas más tarde se anunció que el Pentágono planea desplegar tropas en cinco bases aéreas y navales en Colombia, el principal receptor en América Latina de la asistencia militar estadounidense y tercero mayor del mundo ya que ha recibido más de 5000 millones de dólares del Pentágono desde que hace nueve años se lanzó el Plan Colombia.

Seis meses antes del encuentro Obama-Uribe el presidente saliente estadounidense George W. Bush concedió el mayor honor civil estadounidense, la Medalla de la Libertad, a Uribe, así como al ex-primer ministro británico Tony Blair y al ex-primer ministro australiano John Howard.

Una nota de prensa de aquel momento expresaba tanto conmoción como indignación ante el hecho de que la Casa Blanca honrara a Uribe: “A pesar de los asesinatos extra-judiciales, de los paramilitares, de los sindicalistas asesinados, el presidente de Colombia Uribe ha obtenido el mayor honor estadounidense por derechos humanos” [1].

La misma fuente corroboraba su preocupación añadiendo: “Colombia es el país más peligroso del mundo para los sindicalistas. En 2006 la mitad de todos los asesinatos de sindicalistas del mundo tuvieron lugar ahí. Desde que Uribe llegó al poder en 2002 han sido asesinados casi 500 [sindicalistas]. En respuesta a la preocupación por los asesinatos, Uribe descalificó a las víctimas a las que llamó ‘un panda de criminales vestidos de sindicalistas’. Se están investigando más de 1.000 casos de asesinatos ilegales por parte de los militares. Existen decenas de casos de soldados que capturan a hombres inocentes, los asesinan y los visten como enemigos combatientes. Se cree que cientos de miembros de las fuerzas de seguridad ha participado en estas actividades” [2].

Colombia: una guerra de cuarenta años

Durante más de cuarenta años Colombia, el último de los clientes de Washington “democracia de escuadrón de la muerte” que queda en el hemisferio sur, ha emprendido una implacable guerra de contrainsurgencia contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y una guerra igual de despiadada contra sindicalistas, campesinos, indígenas y otras organizaciones con su ejército adiestrado y equipado por Estados Unidos, y con formaciones paramilitares aliadas. Se calcula que a consecuencia de los enfrentamientos han sido asesinadas 40.000 personas y que hay 2 millones de desplazados.

En 1985 las FARC depusieron las armas y entraron en un proceso de paz con el gobierno de Belisario Betancur.

Esto ayudó a fundar la Unión Patriótica para participar en procesos electorales y en otras actividades pacíficas, pero al cabo de varios años 5000 altos cargos electos de la Unión Patriótica, candidatos, sindicalistas, dirigentes comunales y otros activistas fueron asesinados por las fuerzas de seguridad de Colombia y los escuadrones de la muerte de extrema derecha vinculados con el gobierno, especialmente las muy mal reputadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y su difunto líder Carlos Castaño. Ocho congresistas, setenta concejales, decenas de diputados y alcaldes, y cientos de sindicalistas y dirigentes campesinos fueron asesinados y en 1989-1990 dos de sus candidatos presidenciales fueron asesinados en el espacio de siete meses.

Enfrentadas con su total exterminio, las FARC se rearmaron y buscaron refugio en el sudeste del país.

En 1998 el presidente colombiano Andrés Pastrana permitió a las FARC tener un refugio seguro de 16.000 millas cuadradas en el departamento de Caqueta.

Entonces Estados Unidos puso la mira en una campaña intensiva de contrainsurgencia para destruir la infraestructura de las FARC en la región y, a la vez, destruir y arrancar la organización de raíz.

En enero de 2000 Stratfor, una fuente que no es conocida por oponerse a la guerra, advertía: “El departamento de Estado estadounidense anunció recientemente un paquete de ayuda de dos años por valor de 1300 millones de dólares para operaciones contra el narcotráfico en Colombia. El plan también está encaminado a ayudar al presidente Andrés Pastrana a negociar la paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Pero el plan tendrá un efecto negativo. Acabará con las negociaciones de paz entre los rebeldes y el gobierno, y reavivará la guerra. En última instancia, el plan no hace sino preparar el camino para una mayor implicación estadounidense” [3].

Continúa diciendo que “la mayor parte del dinero prometido para la campaña para contrarrestar el narcotráfico irá directamente a luchar contra los rebeldes…. En detrimento del gobierno de Bogotá esto inclinará la balanza de poder hacia los militares, que siempre se han opuesto a las negociaciones de paz. En última instancia, se abrirán las puertas de par en par a una mayor implicación estadounidense [4].

Plan Colombia: la “flecha del parto” de Clinton*

Para el año 2000 Colombia ya era el mayor receptor de ayuda militar estadounidense en el hemisferio sur, pero la administración Clinton incrementó el papel del Pentágono en esa nación con lo que se llegó a ser el Plan Colombia.

Tras asumir el poder en enero de 1993 bombardeando Iraq y después matando a cientos, si no miles, de somalíes ese mismo año, Clinton y su equipo de política exterior nunca abandonaron el uso de la agresión militar.

En 1995 suministró planificadores y asesores militares para la brutal y etnocida Operación Tormenta de Croacia y dirigió los bombardeos de la OTAN de objetivos serbios bosnios, incluyendo a las tropas que se retiraban y las columnas de refugiados que las seguían, que dejaron lo que ahora es la República Bosnia Serbia repleta de uranio empobrecido y con una epidemia de casos de cáncer.

Tres años después emprendió ataques con misiles de crucero contra Afganistán y Sudán, y el 16 de diciembre de 1998 empezó la Operación Zorro del Desierto, un ataque mortífero de cuatro días a Iraq con 250 ataques aéreos y más de 400 misiles de crucero Tomahawk, la víspera de las mociones de censura contra Clinton en el Congreso estadounidense.

Al año siguiente el uso de la agresión militar por parte de la administración [Clinton] llegó a su punto culminante con los 78 días de ataques de la OTAN dirigida por Estados Unidos contra Yugoslavia, el primer ataque militar contra una nación europea desde los de Hitler y Mussolini en 1939.

La “flecha del parto” de la administración [Clinton] fue el Plan Colombia en 2000.

El año anterior, 1999, el presidente de Colombia, Pastrana, había concebido un proyecto, que la Casa Blanca rediseñó en su propio interés.

Como escribió el ex-embajador estadounidense en El Salvador Robert White (al que la administración Reagan había echado como parte de los preparativos para soltar a sus escuadrones de la muerte y guerras de la contra en América Central) después de que el Congreso estadounidense aprobara en Plan Colombia en junio de 2000: “Si se lee el Plan Colombia original, no el que se escribió en Washington, sino el Plan Colombia original, no se mencionan ofensivas militares contra los rebeldes de las FARC. Bien al contrario. (El presidente Pastrana) afirma que las FARC son parte de la historia de Colombia y un fenómeno histórico, dice, y que deben ser tratados como colombianos” [5].

Un teletipo alternativo estadounidense informaba que “a principios de 1999 el gobierno de Pastrana inició las conversaciones de paz con las FARC, el mayor grupo rebelde.

The Boss, by Ernesto García Cabral, from animationarchive.org

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El presidente también hizo su primer viaje a Washington en busca de ayuda contra el tráfico de droga. Pero cuando llegó allí, ‘le cambiaron el libreto’, según Marco Romero de Iniciativa de Paz Colombia, una coalición creada en septiembre por 60 ONG locales que buscaban una alternativa a al Plan Colombia.

Las conversaciones de Pastrana con líderes del Congreso estadounidense y con el jefe de la oficina de política nacional contra las drogas de la Casa Blanca, Barry McCaffrey, dieron como fruto el Plan Colombia, afirmó Romero” [6].

McCaffrey es un general del ejército retirado que ganó sus galones en la República Dominicana en 1965, en Vietnam de 1966 a 1969 y en la operación Tormenta del Desierto en 1991. También fue jefe del Comando Sur del Pentágono (SouthCom, en sus siglas en inglés) entre 1994 y 1996, y vice-representante de Estados Unidos en la OTAN.

“En apoyo a su petición de ayuda a Colombia, la secretaria de Estado estadounidense Madeleine Albright y el zar de la droga McCaffrey dijeron al Congreso estadounidense que los fondos se usarían para ‘restaurar el orden el sudeste de Colombia’” [7].

Con la aprobación del Plan Colombia Estados Unidos aumentó la ayuda militar a este país más de veinte veces en sólo dos años, 1998-2000, de 50 millones de dólares en 1998 a más de 1000 millones de dólares en 2000, lo que situó a Colombia inmediatamente después de Israel y Egipto en esta categoría. En los diez años a partir de 1998 la ayuda militar estadounidense se multiplicó por cien.

A principios de 2000 una fuente estadounidense de los medios de comunicación dominantes afirmó que “los 1600 millones de dólares propuestos por la administración Clinton como ayuda de emergencia a Colombia es cuando menos tanto un paquete contra la insurgencia como una medida anti-droga” y mencionó que “un miembro del Congreso se opuso a los esfuerzos de la Casa Blanca por eludir el proceso normal de asignaciones” [8].

Unas semanas después tuvo lugar en El Salado una de las peores masacres recientes de civiles colombianos perpetrada por paramilitares con la complicidad del ejército.

El Plan Colombia estaba empapado en sangre antes incluso de que se formalizara. En enero de 2000 la secretaria de Estado Madeleine Albright visitó Colombia para promocionar la iniciativa y en honor a su llegada el ejército colombiano mató a 50 de sus ciudadanos en un ataque fuera de la capital, Bogotá.

En junio el Congreso y el Senado estadounidenses añadieron a la guerra más de 1000 millones de dólares, sesenta helicópteros de combate y más fuerzas especiales asesoras en contrainsurgencia. Aproximadamente el 70% de los fondos de 2000 del Plan Colombia se asignaron a financiar, adiestrar y equipar a batallones antinarcóticos del ejército que operaban en el sudeste de Colombia, el antiguo refugio de las FARC.

Progresistas nominales, el difunto Paul Wellstone del Senado y la congresista de Illinois Jan Schakowsky, añadieron un condicionante de derechos humanos que ninguna persona seria esperaba que se respetara y sólo dos meses después de que el Congreso autorizara el Plan Colombia Clinton utilizó su derecho presidencial de no aplicación para anular las condiciones referentes a los derechos humanos por razones de “seguridad nacional”.

Nueve años después: la farsa de la guerra contra la droga cede el paso a la pura contrainsurgencia

Por supuesto, la escalada de las operaciones de contrainsurgencia se empaquetó bajo la etiqueta de una guerra contra la droga. Nueve años después Colombia sigue siendo el principal suministrador de cocaína y heroína a Estados Unidos.

En abril de 2000 se vio en lo en serio que se debería haber tomado esta farsa cuando el ex-comandante de las operaciones contra la droga del ejército estadounidense en Colombia, el coronel James C. Hiett, se declaró culpable de no haber entregado las pruebas de que su esposa, Laurie, introducía de contrabando en Estados Unidos cocaína y heroína. En enero su esposa se declaró culpable de planear introducir de contrabando en Estados Unidos vía el correo heroína por valor de 700.000 dólares.

Indudablemente, el colonel Hiett cumplió con su deber propagando la historia de que las FARC eran responsables de la mejor parte del cultivo de coca y opio, y del tráfico en el país, y de que el ejército estadounidense era la mejor respuesta a estas supuestas actividades.

Si se tenía alguna duda de la sinceridad de las afirmaciones estadounidenses de que estaban luchando contra el narcotráfico y el terrorismo, a las pocas semanas de aprobarse en Plan Colombia la secretaria de Estado Albright escoltó al jefe del llamado Ejército de Liberación de Kosovo, Hashim Thaci, cuyos colegas y cárteles de la droga aliados controlan la mayoría del tráfico de marihuana, hachís y narcotráficos en Europa, a los lugares que ella solía frecuentar en el cuartel general de Naciones Unidas y en aquella época en el departamento de Estado, preparándolo para convertirse en futuro jefe de Estado (desde el año pasado Hashim Thaci es de hecho el presidente de lo que el ex-presidente serbio Vojislav Kostunica ha llamado acertadamente el primer Estado OTAN del mundo. También es el más reciente narco-Estado).

Tras los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos la casa Blanca elevó a las FARC a la cima de la lista de sus objetivos en la llamada Guerra contra el Terrorismo a pesar de que está más allá de la capacidad de cualquier persona sana para discernir o comprender saber qué papel pudo haber desempeñado las FARC en los ataques de Nueva York y Washington D.C.

Para 2002 la administración Bush había desechado la mayoría de las razones de la guerra contra la droga y “el Congreso aprobó una ley para permitir que la ayuda militar estadounidense a Colombia se utilizara en una ‘campaña unificada’ contra las drogas y el terrorismo” y para 2008, “seis años y 5000 millones de dólares después, el ejército colombiano es la fuerza de combate más cualificada de América Latina” [9].

Las “operaciones especiales de adiestramiento estadounidenses proporcionaron muchas de las destrezas que mostraron ‘el camino para abrir la puerta de esas remotas localizaciones en la jungla que en el pasado eran inaccesibles al gobierno colombiano’. Se crearon unidades militares, incluyendo la Brigada Comando. Se establecieron ocho unidades de inteligencia regional con aviones de reconocimiento y punteras comunicaciones cielo-aire. Se creó tanto una Escuela de Inteligencia como un Centro de Contrainteligencia” [10].

Días antes de cesar en su cargo, George W. Bush concedió la Medalla de la Libertad al presidente colombiano Alvaro Uribe, al que los rumores habían vinculado con el antiguo cártel de Medellín y cuyo hermano Santiago está acusado de narcotráfico y de conexiones con los escuadrones de la muerte.

Quizá anticipando este honor y en correspondencia a la persona más responsable del Plan Colombia y a las crecientes operaciones militares tanto en las fronteras de Colombia como dentro del país, Alvaro Uribe anunció que iba a conceder a Bill Clinton el premio “Colombia es Pasión” “en una sesión de gala… en Nueva York” por “creer en nuestro país y animar a otros a hacer lo mismo”.

“Destacados demócratas de la lista de invitados incluyen a los ex-estrategas de Clinton, Dick Morris y Vernon Jordan, a los ex-miembros del gobierno Clinton Lawrence Summers y Madeleine Albright, y a varios congresistas demócratas”, la mayoría de los cuales tuvieron la habilidad de supervivencia política de no asistir [11].

Poco antes ese mismo año “la víspera de una visita del presidente estadounidense George W. Bush” y sin fingir ya una guerra contra la droga “soldados estadounidenses y colombianos llegaron en helicóptero a la ciudad sureña de Cartagena del Chaira, una plaza fuerte de las FARC …” [12].

Como se ha minimizado la cuestión de los narcóticos, el componente de los derechos humanos ha sido relegado al reino de la efímera manipulación de relaciones públicas.

En febrero de 2007 el hermano de la ministra colombiana de Asuntos Exteriores Maria Consuelo Araujo, el senador Alvaro Araujo, fue arrestado por su relación con el grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

A Uribe esto no le afectó y afirmó: “Cuando me preguntan por qué mantengo a la ministra de Exteriores respondo: no está implicada en actividades criminales que estén siendo investigadas” [13].

Monos y navajos, by Lawson Wood, from animationarchive.org

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El Plan Colombia ha entrado en su décimo año. En los años transcurridos no han disminuido en lo más mínimo las masacres abiertas y encubiertas del gobierno y de los paramilitares (algunas demasiado espeluznantes para contarlas) y si bien el cultivo y exportación de droga se ha visto parcialmente afectado, no se ha visto afectado sustancialmente por lo que cuando conviene se sigue denominando todavía programa de erradicación de la droga.

A pesar de afirmarse que era una guerra contra la droga, las actividades del Plan Colombia tanto dentro como fuera del país se llevaron a cabo con otros propósitos.

Colombia: la base del Pentágono en la región andina

Desde su inicio tenía el objetivo de ser más que una intensificación de una guerra de contrainsurgencia de décadas de duración en Colombia y ser la primera salva de una campaña estadounidense para intensificar la militarización de la región andina. Los planes de la Casa Blanca y el Pentágono de utilizar a Colombia como fuerza militar regional y base operativa para vigilar América de Sur han ganado una nueva urgencia para Washington con las transformaciones políticas en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y Paraguay que presagian el fin de la dominación política, económica y militar estadounidense del continente.

En su primer año de existencia, 2001, un avión de la Fuerzas Aéreas Peruanas derribó un avión civil divisado por un avión estadounidense pilotado por contratistas de la CIA que llevaba a bordo a la misionera estadounidense Veronica Bowers y su hija, y murieron ambas además del piloto.

Para 2006 Estados Unidos había duplicado la cantidad de adiestradores y asesores militares estacionados en Colombia y ese mismo año aviones colombianos empezaron violando el espacio aéreo del vecino Ecuador. En apariencia estos aviones, a bordo de los cuales no habría sido raro que hubiera personal estadounidense, llevaban a cabo misiones de fumigación.

El gobierno ecuatoriano denunció estas acciones como “poco amistosas y hostiles” y el “ministro de Defensa Marcelo Delgado afirmó… que aviones del ejército sobrevolarían sus fronteras para impedir que los aviones colombianos entraran en el espacio aéreo de Ecuador….” [14].

En diciembre de 2006 no sólo aviones colombianos cruzaron la frontera. A finales del mes “unos 40 colombianos… huyeron hacia Ecuador atravesando la frontera después de haber sido atacados por soldados colombianos”, informó la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR, en sus siglas en inglés) en Ecuador [15].

Doce meses antes quince colombianos fueron asesinados y 1500 desplazados en la provincia de Narilo al sur del país, en la frontera con Ecuador. “Las autoridades permanecieron en silencio en relación a si esto era una operación militar contra luchadores de la guerrilla o una disputa entre grupos paramilitares” [16].

A principios de 2007 el general de marines Peter Pace, entonces presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor, viajó a Colombia y pasó dos días reunido con los dirigentes políticos y militares del país. Poco después, el ministro de Defensa colombiano Juan Manuel Santos (sobre el que se hablará más adelante) devolvió el favor y visitó el Pentágono donde se reunió con el secretario de Defensa estadounidense Robert Gates. Un informe de la visita del Departamento de Defensa citaba a altos cargos del Pentágono afirmando que “el apoyo militar estadounidense a Colombia, antes centrado en combatir la droga, se ha ampliado a ayudar al ejército colombiano a enfrentarse a la insurgencia rebelde del país” y que “soldados de las fuerzas especiales estadounidenses en Colombia proporcionan adiestramiento militar a las fuerzas de Colombia….”[17]

Cinco meses después Colombia construyó una tercera base militar en su frontera de 2219 kilómetros con Venezuela e inicialmente estacionó a 1000 soldados en ella.

Colombia se ha convertido en el puesto de avanzada de Washington para hacer frente y amenazar tanto las fronteras del sudoeste de Ecuador como la del noreste de Venezuela.

También forma parte de una estrategia cuya naturaleza y alcance supera lo regional e incluso lo continental.

América del Sur: el sexto continente de la OTAN

Desde la implementación del Plan Colombia en 2000 Estados Unidos ha alistado a varios aliados de la OTAN para la guerra de contrainsurgencia y para propósitos más amplios en la región. Personal de las SAS británicas (Servicios Aéreos Especiales) ha sido destinado al ejército colombiano para funciones de adiestramiento y el ejército español también envió personal.

La OTAN tiene miembros en Europa y América del Norte, y socios en Asia (Afganistán, Japón, Kazajastán, Kurgistán, Mongolia, Pakistán, Singapur, Corea del Sur, Tajikistán, Turkmenistán y Uzbekistán) y África (Argelia, Egipto, Mauritania, Marruecos y Túnez) y Australia.

América del Sur es el único continente habitado en el que todavía no ha penetrado.

En enero de 2007 el jefe colombiano de Defensa Santos viajó a Washington, Londres y Bruselas, “para mantener conversaciones con la Unión Europea”en estas última ciudad y, a continuación, a Munich, Alemania, “para una reunión con los ministros de defensa de la OTAN” [18]. Por supuesto, Santos hizo esta gira para cosechar más ayuda militar de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Se ha informado que la Unión Europea ha concedido154 millones anuales desde aquel año.

En septiembre de 2005 el presidente venezolano Hugo Chávez advirtió que “por medio del trabajo de la inteligencia descubrimos un ejercicio militar de OTAN de una invasión de Venezuela y nos estamos preparando para esta invasión“.

Detalló que el plan consistía en un “ejercicio militar… conocido como Plan Balboa [que] incluye hacer ensayos de ataques simultáneos por aire, mar y tierra en una base militar en España en los que participan soldados estadounidenses y de países de la OTAN” [19]. También participaban en la operación tropas estadounidenses desplegadas en el enclave alemán de Curaçao al noroeste de la costa de Venezuela.

En la primavera del año siguiente se informó de que “se están llevando a cabo maniobras militares en el Caribe por parte de Estados Unidos, miembros de la OTAN y países del hemisferio, excluyendo a Cuba y Venezuela, que son objetivos potenciales de esta demostración de fuerza”, y que inmediatamente después “en futuros ejercicios participarán aproximadamente 4000 soldados de Estados Unidos, Holanda, Bélgica, Canadá y Francia, que está programado que participen en una maniobra llamada León Conjunto del Caribe, que tendrá lugar entre el 23 de mayo y el 15 de junio en Curaçao y Guadalupe” [20].

La guerra de contrainsurgencia colombiana, un modelo para el sur de Asia y Centro América

Durante los últimos siete años Estados Unidos también ha reclutado y desplegado a fuerzas de seguridad y militares colombianas para la guerra de Afganistán, supuestamente para reproducir el componente de la guerra contra la droga del Plan Colombia en el sur de Asia.

En abril de 2007 Washington trasladó a Afganistán a su embajador en Colombia, William Wood, para supervisar la aplicación del modelo colombiano de contrainsurgencia disfrazado de lucha contra el cultivo de droga. Dos años después se calcula que Afganistán representa el 90% de la producción ilegal de opio del mundo.

Un analista de Bangladesh observó que “según cifras de 2003, el tráfico de droga constituye el tercer artículo a nivel mundial en términos de dinero tras el comercio de petróleo y de armas.

Afganistán y Colombia son las principales economías mundiales productoras de droga, que alimenta una floreciente economía criminal. Estos países están fuertemente militarizados y en ellos el tráfico de droga está protegido.

Está ampliamente documentado que la CIA ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de los triángulos de la droga tanto de América Latina como de Asia.

Y drogadicto, además, by Ernesto García Cabral, from animationarchive.org

Y drogadicto, además, by Ernesto García Cabral, from animationarchive.org

LA OTAN, como entidad, se ha convertido en cómplice de una importante proliferación de narcóticos y de actividad criminal. Realmente no se está reduciendo el opio: de hecho, todas las cifras demuestran que está aumentando. Como han confirmado varios informes, esto está ocurriendo bajo los ojos de la OTAN” [21].

Las estaciones intermedias entre Afganistán y Colombia son Kosovo, no sin razón apodado la Colombia de los Balcanes, y, cada vez más, Iraq.

Es imposible ignorar este modelo.

Irónicamente dada la cita anterior, BBC News informó hace dos años que “Estados Unidos espera que algunas de las lecciones aprendidas en Colombia se puedan aplicar a Afganistán….” [22].

El pasado enero el actual jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor estadounidense, el almirante Michael Mullin, visitó Colombia y declaró: “Nuestra relación ejército a ejército es extraordinariamente fuerte. Necesitamos estar con ellos. Hemos logrado cosas que son extraordinarias” [23].

Este mes de marzo Mullin viajó a Colombia, Brasil, Chile, Perú y México. Al volver sus comentarios se resumían en la afirmación de que “el ejército estadounidense está dispuesto a ayudar a México en su mortífera lucha contra los cárteles de la droga con algunas de las tácticas de contrainsurgencia utilizadas contra redes militantes en Iraq y Afganistán” [24] y que “el paquete de ayuda del Plan Colombia podía ser un modelo ‘englobante’ para Pakistán y Afganistán….” [25]

Un artículo sobre los planes para las guerras en Iraq, Afganistán y Pakistán del jefe del comando central estadounidense David Petraeus informaba de que “los oficiales del ejército también están considerando las relaciones estadounidenses con Colombia como un posible modelo para Afganistán y Pakistán, afirmando algo como que la estrategia del Plan Colombia de Washington podría ayudar a ambos países contra los militantes” [26].

El informe del que se ha extraído la cita anterior, “Estados Unidos ve en Colombia lecciones para la guerra afgana”, incluye también lo siguiente: “La policía afgana ya se ha estado adiestrando con sus homólogos colombianos y Bogotá está estudiando enviar tropas a Afganistán para ayudar con la erradicación [de la droga] y a quitar las minas” [27].

Lo que se está exportando a Afganistán se hizo asquerosamente evidente el pasado otoño cuando se anunció que Colombia había destituido a tres generales y 22 soldados de diferentes rangos por el asesinato, al parecer gratuito, de jóvenes habitantes de las barriadas de Bogotá: “Los jóvenes fueron llevados a Bogotá engañados con la promesa de trabajo; posteriormente sus cuerpos fueron encontrados en fosas comunes cerca de la frontera con Venezuela. Grupos de derechos humanos afirman que los soldados a veces matan a personas indefensas para poder inflar sus afirmaciones de éxito en la batalla y promocionar” [28].

Entre los tres generales a los que se pidió dimitir estaba el general Mario Montoya Uribe, “el autor de la política de utilizar las cifras de muertos para medir el éxito contra la guerrilla” [29] que “supuestamente fomentó promocionar a oficiales cuyas unidades habían matado a más rebeldes de izquierda” [30].

Un informe posterior proporcionaba detalles horripilantes: “Se están investigando más de 1000 casos de asesinatos ilegales por parte de los militares. Hay decenas de casos de soldados que apresan a hombres inocentes, los asesinan y los visten como combatientes enemigos. Se cree que cientos de miembros de las fuerzas de seguridad han participado en estas actividades” [31].

En referencia a esto recuerden que el informe anterior afirma que los asesinados fueron enterrados en fosas comunes cerca de la frontera venezolana.

Con el ataque de este año del ejército de Sri Lanka contra las plazas fuertes de los Tigres Tamiles que supuestamente ha acabado con la guerra de 33 años, el gobierno colombiano y sus suministradores militares estadounidenses están emprendiendo la única guerra de contrainsurgencia del mundo de décadas de duración, una guerra que entra ahora en su quinta década.

Ha sido y sigue siendo una guerra contra los pobres, los sin tierra, las personas privadas de derecho de representación, contra cualquiera que se oponga a los privilegios y abusos de los terratenientes, de la elite de los negocios, al ejército adiestrado por Estados Unidos y a las más altas esferas de las narcomafias.

Hace nueve años el Plan Colombia se diseñó para ser la fase terminal de esta guerra.

El modelo de Colombia es ahora el prototipo que Washington ha identificado abiertamente para ser aplicado en Afganistán, Pakistán y México entre otros lugares.

Plan Colombia: frenar a la renaciente América del Sur

Además, ahora el Plan Colombia se revela cada vez más como una estrategia militar para suprimir una creciente oleada de descontento con las secuelas del neoliberalismo posterior a la Guerra Fría que se está suscitando por toda América del Sur y Central, y el Caribe.

Estados Unidos y Occidente en su conjunto han utilizado al régimen colombiano y su formidable máquina militar para intimidar a sus vecinos Ecuador y Venezuela, y a la región andina en su conjunto. Al hacer frontera con Panamá, Colombia también es una potencial plataforma de lanzamiento de ataques a naciones de América Central como Honduras, Nicaragua y El Salvador.

Una breve cronología del pasado año y medio demostrará el destacado papel que sus patrocinadores en Washington han pensado para Colombia.

En enero de 2008 el presidente venezolano Chávez afirmó que Estados Unidos y su cliente colombiano “no quieren la paz en Colombia porque es la excusa perfecta para tener aquí a miles de soldados, a la CIA, las bases militares, aviones espías y quién sabe qué otras operaciones contra Venezuela”. Y añadió: “Acuso al gobierno de Colombia de conspirar, de actuar de títere del imperio estadounidense, de planear una provocación contra Venezuela” [32].

El 1 de marzo de 2008 Colombia emprendió un ataque dentro de Ecuador y mató a 24 supuestos miembros de las FARC, incluyendo a la segunda persona al mando del grupo Raúl Reyes.

Un artículo titulado “Altos cargos colombianos afirman que la inteligencia estadounidense ayudó en el ataque contra los rebeldes” informaba de que “las fuerzas aéreas de Ecuador descubrieron que Colombia utilizó bombas de 500 libras similares a las usadas por el ejército estadounidense en Iraq, que no pueden ser transportadas por aviones colombianos. Las autoridades ecuatorianas también indicaron que horas antes del bombardeo aéreo colombiano había despegado de la base estadounidense de Manta, al sureste de Ecuador, un avión militar HC-130″ [33].

Temiendo que la incursión armada dentro de Ecuador formara parte de una agresión más amplia Venezuela desplegó a unos 9000 soldados en su frontera con Colombia. El día del ataque el presidente venezolano Chávez advirtió a su homólogo colombiano “ni piense en hacer eso aquí porque sería muy grave, sería motivo de guerra” [34].

Después del ataque el presidente ecuatoriano Rafael Correa rompió las relaciones diplomáticas con Colombia y cuando más tarde se descubrió que el bombardeo había matado a un ciudadano ecuatoriano advirtió de mayores consecuencias.

El 6 de marzo Venezuela decretó un estado general de alerta y envió a diez batallones, aviones y tanques a la frontera con Colombia.

El presidente estadounidense Bush declaró a los periodistas que “Estados Unidos seguirá estando al lado de Colombia” [35].

Tres semanas después Ecuador anunció que “instalaría un equipo de vigilancia electrónica y aumentaría su presencia militar en su frontera con Colombia” y el presidente Correa advirtió que su país “nunca más” permitiría un ataque extranjero contra su territorio[36].

Ejército estadounidense: después de Iraq, América Latina

Hay un gusano en mi sopa, by Lawson Wood, from animationarchive.org

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También en abril de 2008 el director de operaciones de las Fuerzas Aéreas Estadounidenses del Sur, el coronel Jim Russell, defendió que las tropas que se estaban retirando de Iraq fueran redesplegadas en el Comando Sur del Pentágono que comprende América del Sur y Central, y el Caribe. En aquel momento declaró: “Creemos que mientras avanzamos veremos un mayor giro en la atención a la zona. Estamos viendo problemas a la misma entrada de América Central. Esta es la puerta de entrada a nuestra frontera sur” [37].

El 12 de julio de 2008 la marina estadounidense restableció a la Cuarta Flota, que abarca América del Sur y Central, y el Caribe lo mismo que el Comando Sur del Pentágono, después de que se retirara en 1950 tras la Segunda Guerra Mundial.

A principios de este año el jefe del Comando Sur, el almirante James Stavridis, se convirtió en Comandante Supremo Aliado de la OTAN y jefe del Comando Europeo del Pentágono. Tres de los últimos cinco altos comandantes militares de la OTAN (Stavridis, su predecesor Bantz John Craddock y Wesley Clark) fueron trasladados a la jefatura del Comando Sur.

Anticipando claramente lo que ha ocurrido esta semana, en mayo de 2008 Venezuela advirtió a Colombia que no permitiría una nueva base militar estadounidense en La Guajira cerca de la frontera con el noroeste de Venezuela. Chávez afirmó: “No permitiremos que el gobierno colombiano dé La Guajira al imperio. Colombia está lanzando una amenaza de guerra contra nosotros” [38].

Menos de una semana después un avión de guerra estadounidense penetró en el espacio aéreo de Venezuela en un vuelo desde las Antillas holandesas. El gobierno venezolano acusó a Estados Unidos de espiar en una base militar en la Isla de Orchila y “afirmó que Estados Unidos está probando la capacidad de Venezuela de detectar intrusos y que las fuerzas aéreas venezolanas estaban preparadas para interceptarlo de no haber vuelto el avión hacia la isla caribeña de Curaçao” [39].

El ministro [venezolano] de Defensa Gustavo Rangel afirmó que “éste es sólo el último paso de una serie de provocaciones en las que quieren implicar a nuestro país” [40].

En septiembre una sangrienta emboscada separatista mató a ocho personas en la provincia boliviana de Pando. El gobierno expulsó al embajador estadounidense Philip Goldberg, un veterano en apoyar violentos levantamientos separatistas anteriores en Bosnia y Kosovo. El jefe de las fuerzas armadas de la nación, el general Luis Trigo, advirtió que “la Fuerzas Armadas Bolivianas advirtieron el viernes que no tolerarán ninguna acción más de grupos radicales o interferencias extranjeras en los asuntos internos del país” [41].

A finales de 2008 Bolivia expulsó a los agentes de la agencia contra la droga estadounidense, la DEA, y más tarde anunció sus planes de comprar helicópteros rusos para operaciones anti-narcóticos.

El presidente boliviano Evo Morales declaró hoy [23 de julio]: “Tengo información de primera mano de que el imperio, por medio del Comando Sur estadounidense, realizó el golpe de Estado de Honduras” [42].

En octubre de 2008 Ecuador acusó a la CIA de infiltrarse en su ejército y reconoció el ataque colombiano a su territorio el mes de marzo anterior. El ministro de Defensa Javier Ponce declaró en los periódicos: “La CIA conoce perfectamente lo que está pasando en Angostura” [43].

Al mismo tiempo el ministro colombiano de Defensa Santos amplió la belicosidad de su nación dirigiéndola contra Rusia. Actuando completamente como la criatura de Washington y de su ejército que es, Santos afirmó: “Con sus 16.000 bombas nucleares Rusia tienen un enorme deseo de ser un actor clave en el mundo. Pero su presencia en la región promoverá una vuelta a la Guerra Fría” [44].

Santos aludía en particular a los recientes ejercicios navales ruso-venezolanos en el Caribe y al hecho de que Rusia ha suministrado a Caracas armas avanzadas, aviones de guerra y submarinos, lo que refleja una tendencia general entre las naciones de América Latina (incluyendo Bolivia, Ecuador, Argentina y Nicaragua) a aumentar sus relaciones militares con Rusia como contrapeso a la tradicional dominación estadounidense de sus fuerzas armadas y para ser capaces de defenderse contra ataques estadounidenses y por medio de intermediarios. Lo que Santos y sus patrocinadores estadounidenses temen es la desaparición real de casi doscientos años de Doctrina Monroe.

El pasado mes de marzo el presidente venezolano Chávez calificó al ministro colombiano de Defensa Santos de ser “una amenaza para la estabilidad regional” y “una amenaza para la estabilidad y soberanía de los países de la región” que “vuelve a demostrar su desprecio por el derecho internacional”, en referencia a la defensa que hizo Santos del ataque dentro de Ecuador del año pasado [45].

Santos reiteró su intención de seguir atacando supuestos emplazamientos rebeldes en los países vecinos, lo que provocó esta respuesta de Chavez pocos días después: “En caso de una provocación de parte de las fuerzas armadas de Colombia o de violaciones de la soberanía de Venezuela, daré orden de atacar con el avión Sukhoi y tanques. No permitiré a nadie ofender a Venezuela y su soberanía” [46].

En los últimos meses el Pentágono ha estado adiestrando a las fuerzas armadas de Guyana, el vecino del este de Venezuela, tanto dentro de ese país como en Estados Unidos. Ya hemos examinado el uso de posesiones francesas y alemanas en el Caribe para propósitos militares. Con la elección de Ricardo Martinelli como presidente de Panama el pasado mes de mayo, lo que supone la vuelta de este país a las filas de Estados Unidos, el lazo en torno a Venezuela se está estrechando.

Ecuador rechazó renovar un acuerdo con Estados Unidos para el uso de su base militar de Manta con lo que este mes Washington pierde sus derechos a usar la base. Con el correspondiente anuncio la semana pasada del presidente colombiano Uribe de que entregaba cinco bases más al Pentágono (tres campos de aviación y dos bases navales) el presidente Chávez estaba en lo cierto al considerar este paso “una amenaza contra nosotros” y advirtió que “están rodeando Venezuela con bases militares” [47].

Desde el derrocamiento del presiente hondureño Manuel Zelaya el 28 de junio, dirigido por comandantes militares adiestrados en la Escuela de las Américas, se han disparado las alarmas en América Latina y por todo el mundo de que el golpe, lejos de ser una aberración o un anacronismo, pueda establecer un precedente para más [golpes] en un futuro cercano.

Y exactamente igual que en los últimos meses de la presidencia de Bush y en los primeros siete meses de la actual presidencia, las operaciones militares en Afganistán, a las que durante cinco años se dio una importancia secundaria en relación a Iraq, se han intensificado hasta convertirse en el principal frente de guerra del mundo, así que puede que se esté planeando reavivar los planes de una agresión directa estadounidense en América Latina, planes latentes desde la invasión de Panamá en 1989.

Notas

1) Russia Today, 18 enero de 2009

2) Ibid

3) STRATFOR, 14 enero 2000

4) Ibid

* N. de la t.: La expresión “flecha del parto” (“the parthian shot” en inglés) se refiere a una costumbre guerrera de los jinetes partos de la Antigüedad que simulaban huir a galope tendido y en un momento dado disparaban sus flechas hacia atrás y por encima del hombro, con lo que diezmaban a sus confiados perseguidores. La expresión se utiliza para describir ese metafórico disparo final –puede ser un gesto, una frase hiriente, una revelación penosa– que quiere lastimar irreparablemente en el momento de cerrarse una puerta que se supone definitiva.

5) Ottawa Citizen, 6 de septiembre 2000

6) Inter Press Service, 21 diciembre de 2000

7) Ibid

8) United Press International, 11 de abril de 2000

9) Tampa Bay Times, 12 de julio 2008

10) Ibid

11) Associated Press, 24 de mayo de 2007

12) Associated Press, 10 de marzo de 2007

13) Xinhua News Agency, 18 febrero de 2007

14) Xinhua News Agency, 16 de diciembre de 2006

15) Xinhua News Agency, 27 de diciembre de 2006

16) Xinhua News Agency, 20 enero de 2006

17) U.S. Department of Defense, 1 de febrero de 2007

18) Reuters, 29 enero 2007

19) Australian Associated Press, 4 de septiembre de 2005

20) Prensa Latina, 10 abril de 2006

21) The Daily Star, 24 de noviembre de 2007

22) BBC News, 8 julio de 2007

23) Agence France-Presse, 17 de enero de 2008

24) Reuters, 6 de marzo de 2009

25) Reuters, 5 de marzo de 2009

26) Reuters, 16 de octubre 2008

27) Ibid

28) Radio Netherlands, 30 de octubre de 2008

29) Russia Today, 18 de enero de 2009

30) Trend News Agency, 4 de noviembre de 2008

31) Russia Today, 18 de enero de 2009

32) Reuters, 25 enero de 2008

33) Focus News Agency, 24 de marzo de 2008

34) Associated Press, 1 de marzo de 2008

35) Reuters, March 4 de marzo de 2008

36) Associated Press, 22 de abril de 2008

37) Stars and Stripes, 27 de abril de 2008

38) Associated Press, 15 mayo de 2008

39) Bloomberg News, 21 de mayo 2008

40) Reuters, 19 mayo de 2008

41) Xinhua News Agency, 13 de septiembre de 2008

42) Agence France-Presse, 22 de julio de 2009

43) Reuters, 30 de octubre de 2008

44) Russian Information Agency Novosti, 4 de octubre de 2008

45) Trend News Agency, 4 de marzo de 2009

46) Russian Information Agency Novosti, 9 de marzo de 2009

47) Associated Press, 21 de julio de 2009

Enlace con el original: http://globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=14503

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

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El orden del caos, by Clay Bennet, from readyfortomorrow.com

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La agenda oculta de Xinjiang: petróleo, gas y oleoductos

Por Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada, Unam, Mx, 19.07.09

El contencioso del Tíbet es similar al de Xinjiang en cuanto se refiere a su sensible localización estratégica como a sus pletóricas materias primas.

A diferencia del Tíbet, poco conectado con los budistas aledaños, la relevante etnia uigur de Xinjiang (8.3 millones del total centroasiático de 11 millones), de origen turco-mongol, exhibe amplias redes con sus similares étnicos e islámicos en Asia central y Turquía.

De allí que el conflicto étnico-teológico entre la mayoría han y la minoría uigur en la amplitud china constituya un verdadero “choque de civilizaciones” del que se refocilan los huntingtonianos, quienes alientan la balcanización de China y su confrontación con el Islam (mil 500 millones de feligreses).

Conforme se profundiza el tsunami financiero global provocado por la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña, se intensifica la espectacular ofensiva bélica de Washington y Londres en toda Eurasia, primordialmente en el añejo “arco de la crisis” propugnado por el fanático ultrarracista Bernard Lewis (muy cercano a Israel y a los neoconservadores straussianos), con el fin de cercar a las tres grandes potencias geoeconómicas emergentes: China, Rusia e India, que viven intensas conflagraciones en sus respectivas fronteras bajo el travestismo del jihadismo islámico, al unísono de los preparativos israelíes para atacar a Irán.

El paranoide Bibi Netanyahu (ver Bajo la Lupa, 12/7/09) ha lanzado a sus tres submarinos nucleares al mar Rojo, al golfo Pérsico y el mar Mediterráneo para amedrentar a Irán (Réseau Voltaire, 15/7/09), que aún no resuelve su crisis poselectoral.

El añejo “arco de la crisis” del fundamentalista israelí y teórico de los halcones anglosajones Bernard Lewis se entrelaza con lo que hemos denominado “la línea Brzezinski” que conecta la antigua Palestina a Irán y al binomio Afganistán-Pakistán, entre los paralelos 20 y 40 grados, que representa geopolíticamente el talón de Aquiles de China.

En este contexto habría que ubicar el reciente estallido étnico-teológico en la rica provincia islámica de Xinjiang, sexta parte del territorio chino que equivale a la superficie de Irán.

Rick Rozoff, colaborador de Global Research (10/7/09), desmenuza “la mayor operación de combate desde la guerra de Vietnam” del Pentágono y la OTAN “desde Afganistán hasta el mar Caspio y Asia central” con el fin de controlar las reservas de petróleo y sus oleoductos regionales.

¿La escalada de la dupla anglosajona –mediante su huntingtoniano choque de civilizaciones que ha incendiado las fronteras de Rusia, India y China– responde a la exigencia de un nuevo orden monetario mundial y una nueva divisa que sepulten al otrora omnipotente dólar?

F. William Engdahl, investigador estadunidense-alemán, demuestra cómo “Washington juega en profundidad con China” (Global Research, 11/7/09), cuyo artículo fue reproducido por China Daily (16/7/09) bajo el título sugestivo: “La agenda oculta detrás de la violencia en Xinjiang”.

Además de fracturar la cohesión del Grupo de Shanghai (SCO, por sus siglas en inglés), F. William Engdahl demuestra que “algunos de los más importantes gasoductos de China pasan por Xinjiang” en procedencia de Kazajstán, Turkmenistán, Uzbekistán y Rusia.

F. William Engdahl, con fuertes vínculos con los servicios alemanes de inteligencia, indica que fue determinante el papel que jugó en los disturbios étnicos de Xinjiang la supuesta ONG “independiente” (sic) Fundación Nacional para la Democracia (FND): “la interferencia de Estados Unidos tiene poco que ver con los pretendidos abusos a los derechos humanos contra los uigures. Al contrario, tiene mucho que ver con la estratégica localización geopolítica de Xinjiang. La FND financia con 215 mil dólares al año al Congreso Mundial Uigur (CMU), con sede en Washington, que busca la creación del ‘Turkistán Oriental’ mediante la secesión de Xinjiang de China”.

La FND se vio implicada en la violencia del Tíbet en marzo del año pasado con el fin de mancillar la imagen china con antelación a los Juegos Olímpicos. Allen Weinstein (muy cercano a Israel y uno de los creadores legislativos de la FND), comentó en 1991 que “gran parte de la actividad de la FND era realizada en manera encubierta por la CIA (¡súper-sic!) hace más de 25 años” (cita de F. William Engdahl).

Por cierto, el neoconservador straussiano, eterno presidente de la FND y anterior consejero de la Comisión Kissinger (¡extra súper-sic!) Carl Gershman se defiende de ser un títere de la CIA.

¿Cómo puede un pretendido “filántropo” y “demócrata” como Gershman ser aliado de los halcones bélicos israelíes y neoconservadores straussianos como Irving Kristol y Norman Podhoretz? ¡Tales son los “derechos humanos” y la “democracia” de Estados Unidos e Israel: pura simulación!

F. William Engdahl desenreda la madeja de los financiamientos por el Congreso de Estados Unidos a la FND mediante receptores “inocuos” y “filántropos” como la Cámara de Comercio de Estados Unidos, el sindicato AFL-CIO y el Centro para la Empresa Privada (¡extra súper-sic!) Internacional.

No fue casual que los disturbios étnico-teológicos en Urumqi (capital de Xinjiang) se hayan escenificado días después a la cumbre del Grupo de Shanghai (ver Bajo la Lupa, 14/6/09).

Tampoco fue coincidencia que el pasado 18 de mayo la FND haya realizado una conferencia de “derechos humanos” sobre “Turkistán Oriental: 60 años bajo el régimen comunista chino”. Entre sus copatrocinadores se encontraron Human Rights Watch (del megaespeculador George Soros, “padrino” de las “revoluciones de color” en la periferia rusa) y la Organización de las Naciones y Pueblos sin Representación (UNPO, por sus siglas en inglés), una extraña entidad balcanizadora de 57 multietnias que se acopla a los intereses desestabilizadores anglosajones.

La presidenta del CMU es Rebiya Kadeer, instrumento del Departamento de Estado, a juicio de Donald Kirk, quien expone que “Washington financia a sus amigos (sic) uigures” (Asia Times, 18/7/09): “Estados Unidos se ha tropezado casi inadvertidamente en medio del conflicto étnico en China occidental del que no tiene ninguna oportunidad de salir airoso”.

Mas allá de las instalaciones nucleares y satelitales chinas en su seno, la sensible ubicación estratégica de Xinjiang (comparte fronteras con Tíbet, India, Mongolia, Rusia, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán, Afganistán y Pakistán) se dimensiona aún más debido a sus pletóricas reservas de carbón (40 por ciento del total), petróleo y gas natural (25 por ciento del total). La extracción de petróleo y gas en la rica provincia de Xinjiang (60 por ciento de su economía) se conecta con Shanghai.

¿Cómo responderá en forma civilizada China, al tiempo que proteja los intereses inalienables de sus minorías en Tíbet y Xinjiang, para levantar el ominoso desafío que le propinó la CIA, perdón, la FND, en su yugular económica y energética?

http://www.jornada.unam.mx/2009/07/19/index.php?section=opinion&article=012o1pol

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