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Ese, ése, S-300. From niemi.ru

Ese, ésos, S-300. From niemi.ru

Siria en el Gran Juego global

En la novela Kim de la India, el escritor británico Rudyard Kipling acuñó el término “el gran juego” para describir las maniobras del espionaje europeo en su intento de dominar a los pueblos de Asia Central. El Gran Juego en su versión 2011 consiste en que la caída del régimen sirio de Bashar Assad produzca un efecto dominó en la vecina Irán. Nada podría debilitar a Irán más que perder Siria.

Por Walter Goobar
waltergoobar.com.ar, 27.11.11

En la novela Kim de la India, el escritor británico Rudyard Kipling (1865-1936), acuñó el término “el gran juego” para describir las maniobras del espionaje europeo en su intento de dominar a los pueblos de Asia Central, desde Afganistán hasta Turquía para apoderarse de la ruta de la seda durante el siglo XIX. Aquella guerra de intrigas que también fue bautizada “el torneo de las sombras” parece reeditarse ahora en el Medio Oriente y tiene su epicentro en Siria. El Gran Juego en su versión 2011 consiste en que la caída del régimen sirio de Bashar Assad produzca un efecto dominó en la vecina Irán. Nada podría debilitar a Irán más que perder Siria. Este es hoy el “gran juego”:

Europeos, norteamericanos y ciertos Estados del Golfo observan el juego que se libra en Siria como el sucesor lógico del juego de Libia. Sin embargo, Siria es mucho más estratégicamente valiosa, e Irán lo sabe. Por eso, el régimen de los ayatollas ha advertido que responderá a cualquier intervención externa en Siria. Damasco es el indiscutible aliado clave de Irán en el mundo árabe, mientras Rusia, junto a China, son los aliados geopolíticos cruciales de ambos.

La única base naval de Rusia en el Mediterráneo está en el puerto sirio de Tartus. La base de Tartus fue creada para reemplazar a una en Sebastopol por si Ucrania prohibe a la marina rusa apostarse allí. Es por eso que Washington está siendo tan persistente en tratar de derrocar a Bashar Assad, que es aliado de Rusia. El siguiente paso para Washington será la de expulsar a la flota rusa del Mar Negro de Crimea, es decir, de Novorossiysk. Rusia se quedaría sin presencia naval en el oeste. Hace una semana llegaron a Siria seis barcos de guerra rusos con un sofisticado sistema de defensa de misiles que Moscú les ha vendido.

Los buques rusos llevaban un sistema de misiles S-300, según reveló el jueves el diario en lengua árabe con sede en Londres Al-Quds al-Arabi. El periódico señalaba que Moscú considera que un ataque occidental contra Siria supone una “línea roja que no tolerará”. Los S-300 son misiles tierra-aire de largo alcance desarrollados por Rusia en 1979 con el propósito de proteger bases industriales y militares de ataques de aviones enemigos y de misiles de crucero. Equivalentes a los Patriot estadounidenses, en Siria los S-300 se utilizarán para “evitar un posible ataque de la Otan o de Estados Unidos y de la UE”.

El sistema es uno de los dispositivos antiaéreos más poderosos de la guerra moderna con capacidad de rastrear hasta cien blancos e intervenir en 12 de una sola vez. Recientemente, Rusia intentó vender el mismo sistema a Irán pero la operación se detuvo por la presión de Estados Unidos e Israel. Obviamente, armar a Siria con semejante sistema de defensa aérea no presagia nada bueno para la posible “zona de exclusión aérea” planeada por las potencias occidentales.

Cada vez se considera más probable la perspectiva de ataques aéreos lanzada bajo un lema “humanitario”, dado que en los últimos días el portaaviones George H. W. Bush se ha trasladado a la costa de Siria tras haber abandonado su tradicional teatro de operaciones al lado del Estrecho de Ormuz. Esta semana han circulado versiones de que aviones de combate de Turquía y de otros países árabes intervendrían pronto el espacio aéreo sirio bajo el pretexto “humanitario” y con apoyo logístico de Estados Unidos.

Atacar a Siria no podría sino resultar el comienzo de una agresión contra Irán porque Teherán ha prometido que defenderá a su aliado.

La única solución sensata sería que el pueblo de Siria derrocara el Estado policial del régimen de Assad, pero eso está lejos de suceder y por eso europeos y estadounidenses juegan la carta insurreccional replicando la estrategia desplegada en Libia: intentan crear un consejo de transición que se apresure a considerarse como el único representante del pueblo sirio, independientemente de si tiene alguna existencia real dentro de Siria, o de que se trate de un grupúsculo de insurgentes artificiales armados por los Estados vecinos. Tratar de instigar divisiones dentro del ejército y la élite, y en última instancia, forzar la renuncia del presidente Assad, es algo en lo que los promotores de esta estrategia insisten.

El Consejo de la Oposición de Siria, patrocinado por Turquía, Francia y Qatar, está sorprendido por el hecho de que las fuerzas de seguridad sirias se han mantenido sólidas durante estos siete meses –las deserciones han sido insignificantes– y la base de apoyo popular de Assad está intacta. Sólo la intervención externa podría cambiar esa ecuación, pero pedir la intervención sería lo mismo que cometer un suicidio político, y la oposición lo sabe.

Mientras las sanciones comienzan a afectar esencialmente a la clase media, se ha desplegado una innecesaria campaña internacional de demonización del régimen de Assad. Y las operaciones psicológicas abundan, con el objetivo de seducir a secciones del ejército sirio para que deserten. Sin embargo, esas operaciones no están dando el resultado previsto: un informe del investigador basado en Qatar del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (Iiss, por sus siglas en inglés), incluso admite que el autodenominado “Ejército Siria Libre” es básicamente un montón de islamistas de la línea dura, más algunos auténticos desertores del ejército, pero sobre todo radicalizados miembros de la Hermandad Musulmana comprados, pagados y armados por Estados Unidos, Israel, las monarquías del Golfo y Turquía. No hay nada “pro democracia” en ese grupo –como lo presentan incesantemente los medios corporativos occidentales y de propiedad saudita–.

A pesar de la fuerte inversión, las tácticas occidentales parecen estar fallando en Siria. La mayoría de los analistas de la región cree que si Siria es empujada aún más al conflicto civil, el resultado será la violencia sectaria en el Líbano, Irak, y también más ampliamente. La idea de que ese conflicto supondrá un país más estable y de estilo occidental, democrático, no sólo es una fantasía, sino un acto de la peor crueldad. Pese al cinismo con que habitualmente se manejan las potencias neocoloniales, el desarrollo de la crisis siria no es un juego, como lo demuestran las cifras de muertos por ambos lados.

Lo cierto es que los orígenes de la operación “derribar a Assad” precedieron en el tiempo al despertar de la Primavera Árabe: se remontan a la imposibilidad de Israel en su guerra de 2006 de derrotar militarmente a la milicia libanesa proiraní Hezbollah. Tras este fracaso bélico, la evaluación de Estados Unidos fue que Siria debía convertirse en el talón de Aquiles del régimen iraní.

Michael Scheuer, el ex jefe de la Unidad Bin Laden de la CIA, advirtió recientemente que la secretaria de Estado, Hillary Clinton diseñó la respuesta al despertar árabe, que implica la implantación de los paradigmas occidentales, por la fuerza si es necesario, para suplantar el vacío creado por los regímenes derrocados.

En esa misma sintonía, el ex subsecretario del Tesoro de Estados Unidos, Craig Roberts, había hablado anteriormente sobre estos cambios: “Tenemos que derrocar a Khadafi en Libia y Assad en Siria porque queremos sacar a China y Rusia en el Mediterráneo”. El Gran Medio Oriente concebido por Estados Unidos se extiende de Mauritania a Kazajstán. En ese teatro de operaciones, los únicos países que no están vinculados a la Otan mediante una miríada de “cooperaciones” son, aparte de Siria: el Líbano, Eritrea, Sudán e Irán.

Para el Pentágono, el nombre del Gran Juego es “reposicionamiento”. Como Estados Unidos tiene previsto el retiro de tropas de Irak a fin de año, esas tropas irán a algún otro sitio en el “arco de inestabilidad” que Washington le atribuye a la región. Ya hay 40.000 soldados de Estados Unidos en el Golfo, 23.000 de ellos en Kuwait. Un ejército secreto del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia está siendo entrenado por la ex Blackwater –rebautizada Xe–, en los Emiratos Arabes Unidos. En el más absoluto secreto, está naciendo una nueva Otan del Golfo.

http://www.waltergoobar.com.ar/frontend/contenido/lugar.detalle.php?noticiaId=861

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Desfiladeros de oro, from armandobronca.com

Desfiladeros de oro, from armandobronca.com

Del “Qaedastán” al “Caostán”: en juego el petróleo

Por Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada, Unam, Mx, 06.01.10

Será el sereno, pero el precio del barril de petróleo empezó 2010 en 81 dólares.

The Financial Times (4/1/10), portavoz del neoliberalismo global, consagró un infograma especial a los “paraísos de Al-Qaeda” desde el Cuerno de África, pasando por el nuevo frente de la Península Arábiga (que incluye atractivamente a Arabia Saudita, principal potencia petrolera del planeta) hasta Afganistán y Pakistán (el binomio bautizado “Af-Pak”), que tienen respectivamente 76 y 523 kilómetros de frontera con China. Cabe recordar que la desestabilización de la provincia autónoma de Xinjiang en China (ver Bajo la Lupa; 19/7/09) fue teledirigida por grupos jihadistas islámicos de Asia central, donde opera desparpajadamente Al Qaeda.

Lo que hemos denominado “Qaedastán”, es decir, “la tierra de Al Qaeda”, incluye tenuemente en el infograma de The Financial Times a Malí y Níger, dos países saharianos que se ubican en la retaguardia de Argelia, potencia gasera árabe que ha prosperado sin mucho ruido gracias al maná de los hidrocarburos.

El rotativo neoliberal británico vincula al grupo Shabab (que significa “juventud” en árabe), los “piratas” de Somalia, con Al Qaeda, y pasa por alto los íntimos lazos de Gran Bretaña con los corsarios sunnitas árabes que asolan el Estrecho de Bab Al-Mandab (”Londres detrás de los piratas somalíes”. Ver Bajo la Lupa, 20/5/09).

Lo más relevante radica en la simbiosis de Al Qaeda en Yemen y Arabia Saudita bajo la denominación “AQAP” (por sus siglas en inglés: “Al Qaeda de la Península Arábiga”), para deleite de los bélicos lingüistas anglosajones tan proclives a los acrónimos.

Como temimos, ¿molestó a tal grado el inminente lanzamiento del “gulfo”, la divisa común del Consejo de Cooperación de los Países Árabes del Golfo, que tiene como objetivo desplazar al dólar (ver Bajo la Lupa, 21/12/09)?

Llama la atención que el infograma británico excluya de las llamas del Qaedastán a las otras cinco petromonarquías árabes del Consejo de Cooperación del Golfo.

Pasaremos por alto la grave acusación de Debka (presunto portal del Mossad: el espionaje israelí) de que la trasnacional terrorista islámica blanquea(ba) su dinero en la banca de Dubai, de mayoría británica (ver Bajo la Lupa, 2 y 6/12/09).

Lo preponderante radica en la atracción fatal que tanto seduce al complejo-militar-industrial de la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña por el Qaedastán. Pasaremos por alto los orígenes primigenios de los mujaidines (hoy les dicen jihadistas salafistas) de Al Qaeda: un invento de la CIA durante la guerra fría para combatir a la URSS en Afganistán.

Con su nueva guerra en Yemen (ver Bajo la Lupa, 3/1/10), a la dupla anglosajona le parece resultar más sencillo colocar su espada de Damocles al superestratégico estrecho de Bab Al-Mandab –a los dos lados del golfo de Adén, donde se ubican Somalia y Yemen– que el más peligroso estrecho de Ormuz en el golfo Pérsico.

A propósito, la Administración de Información de Energía de EU (EAI, por sus siglas en inglés) ilustra sobre los “puntos de estrangulamiento (sic)” (chokepoints) del “transito petrolero mundial”, entre los cuales se encuentra el estrecho de Bab Al-Mandab, a los dos lados de la Península Arábiga y el Cuerno de África: precisamente donde EU y Gran Bretaña libran su cuarta guerra global, al unísono de Irak y el binomio “Af-Pak”.

EAI destaca que “los puntos de estrangulamiento de tránsito son una parte crítica de la seguridad energética global debido al elevado volumen de petróleo comercializado en sus apretados (sic) estrechos“, cuando la mitad de la producción petrolera mundial se transporta por mar.

El estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico, y el de Málaca (entre Malasia e Indonesia) son “los dos puntos de estrangulamiento más estratégicos del mundo“: donde transita el petróleo proveniente del Medio-Oriente que se dirige primordialmente a China, Japón y Sudcorea.

El estrecho de Bab Al-Mandab (”la puerta de las lágrimas”), que conecta el mar Rojo (y el Canal de Suez) al mar Arábigo, constituye otro “importante punto de estrangulamiento”, además del Canal de Panamá y el estrecho turco del Bósforo (que vincula las regiones del mar Caspio y el mar Negro al Mediterráneo).

Además del ominoso binomio “Af-Pak”, en tres de los citados “puntos de estrangulamiento” petrolero opera ostensiblemente lo que los multimedia israelí-anglosajones denominan en forma obsesiva Al Qaeda. Por el estrecho de Bab Al Mandab transita casi 8 por ciento del petróleo mundial, que sería severamente afectado en caso de una sincronía bélica entre la Península Arábiga y el Cuerno de África.

El “Qaedastán” puede pasar muy bien como sinónimo geopolítico del “Caostán” (”la tierra del caos global”) que, dígase lo que se diga, ha incendiado las tres fronteras de China, India y Rusia (el infograma de The Financial Times ocultó el despliegue de Al Qaeda en el Cáucaso): coincidentemente, los tres conspicuos competidores geoeconómicos de EU y Gran Bretaña. Es nuestra hipótesis que esta dupla aprieta las tuercas bélicas en lo que hemos denominado “la línea Brzezinski”, con el objetivo de asfixiar o, por lo menos, detener a China.

Nunca como ahora ha quedado más clara la irrelevancia teatral del ocupante de la Casa Blanca con su ideología o color racial. Sea presidente Baby Bush u Obama, los objetivos estratégicos petroleros del complejo militar-industrial estadunidense no han variado desde la promulgación del “arco de la crisis”, en la década de los 70, por el teórico israelí-británico Bernard Lewis, y que en la primavera de 1979 (año de la revolución chiíta iraní) George Lenczowski, profesor de la Universidad de California (Berkeley), definió en la influyente revista Foreign Affairs: “el área que se extiende desde el subcontinente indio, al este, hasta el Cuerno de África, al oeste. El Medio Oriente constituye su núcleo central. Su posición estratégica no tiene igual (…): posee en su subsuelo casi tres cuartas partes de las reservas probadas y estimadas de petróleo”.

Hoy coincide que Yemen, parte nodal del “arco de la crisis”, ostente pletóricas reservas de petróleo.

El añejo “arco de la crisis”, de Bernard Lewis, fundamentalista israelí y teórico de los halcones anglosajones (los neoconservadores straussianos), se entrelaza con “la línea Brzezinski”, que conecta la antigua Palestina a Irán y al binomio Afganistán-Pakistán, entre los paralelos 20 y 40 grados, que representa geopolíticamente el talón de Aquiles de China (ver Bajo la Lupa,19/7/09).

El núcleo central de Lenczowski hoy se manifiesta en el cuadrángulo de los mares Caspio, Mediterráneo y Rojo, y el golfo Pérsico, donde se han librado las primeras guerras del siglo XXI –con trasfondo energético– por la dupla anglosajona (y sus aliados Israel y Georgia). En el corazón de tal cuadrángulo se ubica Irán.

En cuatro décadas, los enemigos de la dupla anglosajona han variado, pero el “arco de la crisis”, donde hoy prevalece el “Caostán”, producto del “Qaedastán”, sigue más vigente que nunca en medio de una profunda crisis energética global.

http://www.jornada.unam.mx/2010/01/06/index.php?section=opinion&article=012o1pol

Energética "ruta de la seda", Reuters vía crisisenergetica.org

Energética ruta de la seda, Reuters vía crisisenergetica.org

Nuevo orden regional energético: Lejano Oriente ruso y Asia Central

Por Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada, Unam, Mx, 10.01.10

A la dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña (GB) se le cae por doquier su proyecto de “gobierno mundial”, mientras el incipiente nuevo orden multipolar, que nació por cesárea traumática debido a la distocia global, se manifiesta palmariamente en nuevos órdenes y reordenamientos regionales.

El “gobierno mundial” pretendió ser encubierto por el engaño del mortinato G-2 de EU con China (su verdadero competidor geoestratégico y geoeconómico) que fue rechazado por el premier chino, Wen Jiabao, en forma oficial como durante la cumbre de Copenhague, donde brilló intensamente el Grupo BASIC (Brasil, Sudáfrica, India y China, por sus siglas en inglés).

Un nuevo orden regional de alcances geoestratégicos emergió en vísperas de la Navidad de 2009 tanto en el Lejano Oriente ruso (LOR) como en Asia Central donde Rusia, China e Irán juegan una sinfonía geoenergética, lo que ha valido varios artículos sumamente interesantes en el portal Asia Times por el ex diplomático indio M.K. Bhadrakumar, muy versado en las regiones aludidas (24/12/09; 8 y 9/1/10), y Pepe Escobar, íntimo conocedor de los oleogasoductos en Asia Central (24/12/09).

El oso ruso y el dragón chino han consolidado su alianza, al contrario del amarre de navajas de los multimedia anglosajones que colisionan a Rusia con China por los nuevos oleogasoductos que ha descolgado Pekín en sus espectaculares acuerdos prenavideños con varios países centroasiáticos, donde resalta el más reciente con Turkmenistán (de mil 883 kilómetros).

Bhadrakumar demuestra que “Moscú ve favorablemente las inversiones chinas en Asia Central y cita profusamente a Stephen Blank, del Colegio de Guerra de EU, una autoridad en el tema, quien admite que “con la apertura del LOR a las inversiones chinas y con la bendición de inversiones similares en Asia Central, Moscú revierte (sic) sus políticas en el Lejano Oriente y Asia Central“.

Con antelación de cuatro meses, Blank (citado por Bhadrakumar) había anticipado “la apertura de la puerta a una inmensa (sic) expansión, con el consentimiento (¡supersic!) de Moscú, del perfil estratégico de China en ambas regiones. La creación de un nuevo orden regional en el LOR y Asia Central ha empezado a configurarse y China se ha posicionado para convertirse en el administrador (sic) de la seguridad de la región, garantizando por encima de todo que su portafolio de inversiones está salvo y seguro”.

A juicio de Bhadrakumar, “el giro del Kremlin” se debe a sus dificultades económicas y busca “avalar la seguridad y la estabilidad en Asia Central”, pese a que ello conlleva “un impacto directo a los intereses de seguridad nacional de Rusia”, que prefiere detener la expansión irredentista de la OTAN en sus fronteras.

A nuestro juicio, también pesaron sobremanera tres asuntos de primer orden: 1. la decadencia acelerada de EU (que ha perdido sus más recientes cinco guerras, incluidas las de sus aliados: dos de Israel y una de Georgia); 2. el fenomenal despegue geoeconómico y geofinanciero de China, y 3. la consolidación del Grupo de Shanghai, que puede incorporar en cualquier momento a Irán e India.

Pepe Escobar detalla la “nueva ruta de la seda”, esta vez con energéticos, que vincula primordialmente Turkmenistán a China, la cual ha diversificado sus relaciones petroleras y gaseras en todo el mundo (incluyendo Brasil, Venezuela y Angola) por “extrema seguridad nacional” frente a las trasnacionales anglosajonas, a las que cataloga de “cocodrilos (sic) internacionales” que tienen “una agenda oculta (sic), cuyo objetivo final es frenar a China”. Resume la estrategia china en Asia Central: “Adiós a los estrechos de Hormuz y Malaca” (lo cual coincide con nuestra tesis; Bajo la Lupa, 6/1/10).

A nuestro entender, el nuevo orden regional estaba escrito en el muro desde los “12 acuerdos” –desde el abastecimiento de petróleo y gas por 20 años, pasando por el sensible rubro aeroespacial, hasta el transporte– que sellaron el 13 de octubre de 2009 los primeros ministros de China y Rusia: respectivamente Wen Jiabao (quien resultó un excelente gobernante sin mucho ruido), y Vlady Putin, el zar geoenergético global (People’s Daily, 13/10/09).

Más allá del estratégico oleoducto de mil 30 kilómetros que conecta la ciudad rusa de Skovorodino a la ciudad china de Daqing, el rotativo chino considera, con razón, que la complementariedad de Rusia y China alcanzó “nuevas alturas” mediante el intercambio dual de alta tecnología que incluye trenes de alta velocidad y plantas nucleares.

No se puede entender la nueva encrucijada geoenérgetica en Asia Central de Kazajistán, Turkmenistán y Uzbekistán con China si no se toma en perspectiva el “Programa de Cooperación 2018″ entre Moscú y Pekín para desarrollar regionalmente 205 (sic) proyectos conjuntos y la infraestructura del LOR, Siberia y el norte de China (periódico ruso de negocios Vedomosti, 12/10/09). Descuella que Rusia permita las inversiones chinas en sus empresas, incluso con control mayoritario.

Renace la vieja “ruta de la seda” en Asia Central, esta vez con energéticos, y, más que nada, se gesta un nuevo orden regional bilateral en el noreste de China y Rusia (pletórico en materias primas) con profundas implicaciones geoestratégicas.

Lo que no venía en el guión era la participación de Irán, cuyo presidente Ahmadinejad es un consumado geoestratega.

Bhadrakumar aduce que “Rusia, China e Irán rediseñaron el mapa energético” mediante un gasoducto de sólo 182 kilómetros que conecta las vastas reservas de Turkmenistán con el norte del mar Caspio de Irán: “en tres semanas, Turkmenistán comprometió su entera (sic) exportación de gas a China, Rusia e Irán”.

El presidente iraní Ahmadinejad no perdió la oportunidad de poner de relieve la trascendental conexión energética del mar Caspio al golfo Pérsico gracias al acuerdo estratégico de Turkmenistán con Irán: “el nuevo gasoducto cambiará las presentes ecuaciones energéticas en la región” (Press Tv, de Irán, 8/1/10).

Bhadrakumar se entusiasma: quedan fuera las trasnacionales petroleras anglosajonas, mientras “Rusia toma el liderazgo (sic), ejemplo que siguen China e Irán. Rusia, Irán y Turkmenistán poseen respectivamente la mayor, la segunda y la cuarta reserva de gas mundial.Y China será el consumidor por excelencia este siglo. Este asunto traerá consecuencias profundas para la estrategia global de EU”.

Muy perspicaz, Bhadrakumar pregunta: “¿Estamos escuchando las finas notas de una sinfonía de Rusia, China e Irán?” ¡Claro que sí!

Lo más relevante, a nuestro juicio: Irán abre el golfo Pérsico a los energéticos de Asia Central sin salida a los mares calientes, a lo que se suma Rusia en forma subrepticia.

Quedan así sembrados en el campo de batalla energético todos los proyectos de oleogasoductos de la OTAN los cuales buscaban eludir insensatamente a Rusia por vías alternas y, sobre todo, asfixiar energéticamente a China.

http://www.jornada.unam.mx/2010/01/10/index.php?section=opinion&article=008o1pol

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Dorstenia gigas, flora de la Isla Socotra, Yemen, desde themanyfacesofspaces.com

Dorstenia gigas, flora de la Isla Socotra, Yemen, desde themanyfacesofspaces.com

Yemen: la cuarta guerra de Estados Unidos y la primera de Obama

Por Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada, Unam, Mx, 03.01.10

La dupla anglosajona montó una nueva causa “terrorista” por la cual librar su cuarta guerra simultánea en otro país islámico: Yemen, al unísono de Irak, Afganistán y Pakistán.

Las guerras en Afganistán y Pakistán forman ya una sola y han sido bautizadas por sus semiólogos en mercadotecnia bélica como Af/Pak.

Cuatro guerras de Estados Unidos y Gran Bretaña contra y en cuatro países islámicos, dos de ellos árabes a carta cabal (Irak y Yemen), marcan el diapasón del choque de civilizaciones del racista Samuel Huntington, connotado mexicanófobo y profeta de la supremacía hoy decadente del wasp (blanco-anglosajón-protestante).

El primer día del Año Nuevo que presagia ser más sangriento, The Financial Times, portavoz del neoliberalismo global, alertó que “a iniciativa (sic)” del premier británico, Gordon Brown, Londres (but of course and curse!) será la sede el mismo día 28 de enero tanto de una cumbre contra el terror en Yemen (”la nueva base del reclutamiento terrorista global”) como, en forma “paralela” (sic), de una conferencia sobre Afganistán.

El belicoso Brown alega que “la cumbre sobre Yemen cuenta con un respaldo vigoroso (sic) de Estados Unidos y la Unión Europea”, cuando Gran Bretaña “anhela asegurar el apoyo de Arabia Saudita y los países del golfo”. Llama la atención la ausencia del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), ya no se diga del G20 y del G77 de los países No-Alineados (que en realidad son 130).

La dupla anglosajona posee la “evidencia” de que el hijo de un banquero nigeriano islámico –quien en forma sacrílega intentó en Navidad estallar el vuelo 253 a Detroit– “fue reclutado por Al Qaeda en Yemen tras haber vivido en Gran Bretaña”.

Desde Obama hasta el almirante Dennis C. Blair, director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, han sido expuestas con notable candidez “las fallas humanas y sistémicas de espionaje”, las cuales obligan a tomar mayores medidas de alta tecnología de masivo control orwelliano, sin contar su gran negocio aeroportuario.

Pasaremos por alto las valiosas dudas sobre el extraño atentado (que siempre no fue) del inepto terrorista nigeriano islámico, lo cual parece redición de otro montaje hollywoodense al “estilo 11/9″, como deja entrever WSWS.org (31/12/09).

Aquí no importa la verdad –como fue el caso flagrante con “las armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein, que siempre no fueron–, sino la credulidad de la opinión pública de Estados Unidos y Gran Bretaña a las versiones de sus mendaces gobernantes.

Las metástasis terroristas de Al Qaeda otra vez resucitada han sido decretadas por la dupla anglosajona y ahora, para defender a la civilización occidental agazapada, se exige erradicar su foco cancerígeno trasmutado en su nueva matriz en Yemen (antes había sido localizado en Afganistán, Pakistán e Irak).

Press Tv, de Irán (1/1/10), comenta con sarcasmo que la cumbre anglosajona ha sido convocada cuando “una ofensiva militar saudita-yemení ha matado a centenas en el norte del pobre, pero muy rico en petróleo (¡supersic!), país árabe” al borde del “desastre humanitario”, mientras “en el sur, las fuerzas gubernamentales de Yemen y el ejército de Estados Unidos han bombardeado a quienes llaman (¡supersic!) militantes de Al Qaeda”. Agrega que los alegatos sobre el inepto terrorista nigeriano “han levantado sospechas” y concluye que a Yemen es probable que “le espere el mismo destino trágico de Irak y Afganistán”.

Pero, ¿cuál es el problema, si de lo que se trata es de poner en jaque el tránsito de mercancías y petróleo desde el canal de Suez hasta el golfo de Aden en el mar Arábigo (parte del océano Índico), que perjudicaría ostensiblemente tanto el exitoso libre comercio como el abastecimiento energético de China?

La dupla anglosajona ha apretado las tuercas a los dos lados del golfo de Aden y en el célebre estrecho de Bab Al Mandab (”la puerta de las lágrimas”): primero, en Somalía y el cuerno de África (ver: “Londres, detrás de los piratas somalíes”, Bajo la Lupa, 20/5/09) y ahora, del otro lado, Yemen.

Tanto el estrecho de Hormuz (entre el golfo de Omán y el golfo Pérsico), como el estrecho de Bab Al Mandab han ligado sus destinos y pletóricas riquezas de hidrocarburos en las dos costas, occidental y oriental, de la península Arábiga.

La simultánea cuarta guerra anglosajona –y la primera que ha iniciado Obama cuando las otras tres fueron legadas por su antecesor Baby Bush– había sido muy cantada por Chatham House, centro de pensamiento británico, con bastante antelación al presunto montaje hollywoodense del inepto terrorista nigeriano.

Desde los orígenes genéticos de Osama Bin Laden, a quien nadie puede hallar, hasta el inepto terrorista nigeriano Farouk, de 23 años, se repite la “conexión yemení”.

Los orígenes del Yemen unificado en 1990 (con un total de 527 mil 968 kilómetros cuadrados) provienen de su previa balcanización entre el norte (que obtuvo su independencia del imperio otomano en 1918 con 195 mil kms2) y el sur (que se independizó de Gran Bretaña en 1967 como República Democrática del Pueblo de Yemen del Sur, con 332 mil 968 kms2).

En el Yemen unificado coexistían 53 por ciento de sunnitas (apoyados por Arabia Saudita) y 47 por ciento de chiítas, primordialmente la tribu houthi (apuntalada por Irán).

El sueño anglosajón hecho realidad consiste en fomentar la guerra civil religiosa entre sunnitas y chiítas, que incluye notoriamente a Yemen, como se notó durante las carnicerías para perturbar la fiesta sagrada chiíta del Ashura (el martirologio de Hussein, nieto del profeta Mahoma) en toda la geografía de lo que hemos denominado “Chiistán”: desde Pakistán hasta Líbano, como relató Debka (1/1/10), presunto portal del Mossad (espionaje israelí).

La guerra del gobierno yemení contra la tribu chiíta de los houthi es también demográfica.

Al ritmo demográfico galopante de los chiítas en poco tiempo Yemen hubiese sido dominado por una mayoría vinculada a Irán. Esta “democracia biológica” no le conviene a la dupla anglosajona que, a nuestro juicio, prefiere balcanizar a Yemen en sus dos pedazos históricos anteriores: 1. el norte, donde el portal israelí Debka asegura que Arabia Saudita sufrió “una derrota” en la “guerra asimétrica” que libra contra los houthi chiítas, y 2. el sur, a mayor densidad demográfica sunnita, donde Washington libra subrepticiamente desde hace algunos meses su cuarta guerra simultánea.

Dominado virtualmente el sur, gracias a la “iniciativa” británica de la cumbre de Londres, ¿intentará la dupla anglosajona extender luego su guerra al norte (de mayoría chiíta), lo cual la confrontaría con Irán en un frente más?

Una joya superestratégica se encuentra en juego en el Océano Indico y pasaría a manos del “nuevo sur”: la isla de Socotra, de 3 mil 625 kms2, ubicada marcadamente más cerca de Somalía (a 80 kms.) que de la costa yemení sureña (a 380 kms.).

Socotra fue en el siglo 19 un protectorado británico para cuya marina (aun sus piratas) constituía una escala estratégica importante, que hoy está a punto de resucitar.

http://www.jornada.unam.mx/2010/01/03/index.php?section=opinion&article=006o1pol

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El “por favor no lo hagas” que le otorgaron a Obama

¡O b m !, by Turcios, from caricaturcios.blogspot.com

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Por Amaury González Vilera

abrebrecha.com, 13.10.09

La historia de la modernidad capitalista ha sido en gran medida una historia de invasiones y guerras cada vez más destructivas y mortíferas en virtud del aprovechamiento –por parte de los interesados- de los grandes “avances” y “logros” de la ciencia y la tecnología, puntas de lanza de la “fortaleza axiológica” de la civilización occidental.

Entre 1776 y 1976 han transcurrido 200 años, lo que equivale a 2400 meses. Ahora bien, desde aquella fecha, que fue la del nacimiento de los Estados Unidos como república independiente, hasta el año 1976, este país estuvo en guerra 1700 meses de los 2400 transcurridos. Entre la Doctrina Monroe y el “destino manifiesto”, entre sentimientos de superioridad racial-cultural y el constante crecimiento y perfeccionamiento de la industria de las armas, este país logró erigirse como el gran gendarme mundial, como la potencia hegemónica global, luego del fin de la segunda guerra mundial.

A partir de aquí y en el contexto del forcejeo entre las dos superpotencias nucleares que se bautizó como “guerra fría”, la historia de los últimos 50 años ha sido una historia de guerras –no precisamente frías- y de constante violación de la soberanía de muchos países en nombre de la “democracia y la libertad americanas”, un itinerario de muerte, miseria y destrucción que ha logrado impedir la revolución mundial sólo por la capacidad que ha tenido este imperio de colonizar los imaginarios de los pueblos con su poderosa industria cultural, con su gran poder mediático; con sus perfeccionados laboratorios de persuasión y guerra psicológica.

En este país se han creado instituciones que, apoyadas desde todo punto de vista, se dedican exclusivamente a crear grandes, intensas e incisivas campañas publicitarias y operaciones de “marketing” orientadas al logro de objetivos tan “nobles”, como la depuración y renovación de la imagen un país cuyos dirigentes neoconservadores, enfermos por la reproducción de la tasa de ganancia y obnubilados por el fanatismo religioso (George Bush hablaba con Dios) llegaron hasta la locura extrema de desaparecer el Word Trade Center de manera de crear la “gran justificación” para impulsar una guerra mundial contra un enemigo deficientemente definido y por esa vía, presente en todas partes.

Luego que fuera electo Barak Obama como presidente de su país el pasado mes de enero y ver por las pantallas la euforia que produjo este hecho y que se expresó con lágrimas y distintas celebraciones que se dieron en distintas comunidades “afrodescendientes” en EEUU, pero también en países como Colombia o Kenia, quedaba consagrada la que se podría llamar la más grande operación de marketing de la historia de ese país, garantizada por el avasallante contraste entre el decadente y blanco mago de los gazapos y el brillante y simpático negro orador. Caracterizado por Fidel como inteligente, culto y ecuánime, Obama generó una expectativa mundial que pudo generar una suerte de romantización que al parecer pudo cubrir con una especie de halo cinematográfico –al menos temporalmente- todo lo relacionado con su obligación de responder a los representantes del “Estado profundo” del complejo militar.

Es así, como en plena crisis financiera internacional y con un mundo más antinorteamericano que nunca, en un contexto donde la destrucción imperial se mueve de Irak a Afganistán y se sigue apoyando al genocida Estado de Israel, para no mencionar las siete bases militares para Colombia y toda Nuestra América, se le entrega el Nóbel de la Paz a Barak Obama. Un “reconocimiento” que bien se puede enmarcar en esta fabulosa estrategia de marketing, y que podría interpretarse como un condicionamiento moral para que “lo piense mejor” antes de atacar, por ejemplo, a Irán. De esta manera, el premio Nóbel se ha convertido en un instrumento de legitimación directa y deslegitimación indirecta de personalidades que, en gran parte de los casos, han sido criminales como Henry Kissinger. Así las cosas, parece que Thorbjoern Jagland (presidente de la comisión de entrega del premio) y con él Europa, le mandan un mensaje a Obama donde esta, suplicante, le dice ¡por favor no lo hagas!
amauryalejandro@gmail.com

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Encarnaciones, by Lawson Wood, from animationarchive.org

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Estados Unidos intensifica los planes de guerra en América Latina

Ejército estadounidense: después de Iraq, América Latina

By Rick Rozoff
Global Research, July 30, 2009
Stop Nato

El 29 de junio el presidente estadounidense Barack Obama recibió a su homólogo colombiano Alvaro Uribe en la Casa Blanca y semanas más tarde se anunció que el Pentágono planea desplegar tropas en cinco bases aéreas y navales en Colombia, el principal receptor en América Latina de la asistencia militar estadounidense y tercero mayor del mundo ya que ha recibido más de 5000 millones de dólares del Pentágono desde que hace nueve años se lanzó el Plan Colombia.

Seis meses antes del encuentro Obama-Uribe el presidente saliente estadounidense George W. Bush concedió el mayor honor civil estadounidense, la Medalla de la Libertad, a Uribe, así como al ex-primer ministro británico Tony Blair y al ex-primer ministro australiano John Howard.

Una nota de prensa de aquel momento expresaba tanto conmoción como indignación ante el hecho de que la Casa Blanca honrara a Uribe: “A pesar de los asesinatos extra-judiciales, de los paramilitares, de los sindicalistas asesinados, el presidente de Colombia Uribe ha obtenido el mayor honor estadounidense por derechos humanos” [1].

La misma fuente corroboraba su preocupación añadiendo: “Colombia es el país más peligroso del mundo para los sindicalistas. En 2006 la mitad de todos los asesinatos de sindicalistas del mundo tuvieron lugar ahí. Desde que Uribe llegó al poder en 2002 han sido asesinados casi 500 [sindicalistas]. En respuesta a la preocupación por los asesinatos, Uribe descalificó a las víctimas a las que llamó ‘un panda de criminales vestidos de sindicalistas’. Se están investigando más de 1.000 casos de asesinatos ilegales por parte de los militares. Existen decenas de casos de soldados que capturan a hombres inocentes, los asesinan y los visten como enemigos combatientes. Se cree que cientos de miembros de las fuerzas de seguridad ha participado en estas actividades” [2].

Colombia: una guerra de cuarenta años

Durante más de cuarenta años Colombia, el último de los clientes de Washington “democracia de escuadrón de la muerte” que queda en el hemisferio sur, ha emprendido una implacable guerra de contrainsurgencia contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y una guerra igual de despiadada contra sindicalistas, campesinos, indígenas y otras organizaciones con su ejército adiestrado y equipado por Estados Unidos, y con formaciones paramilitares aliadas. Se calcula que a consecuencia de los enfrentamientos han sido asesinadas 40.000 personas y que hay 2 millones de desplazados.

En 1985 las FARC depusieron las armas y entraron en un proceso de paz con el gobierno de Belisario Betancur.

Esto ayudó a fundar la Unión Patriótica para participar en procesos electorales y en otras actividades pacíficas, pero al cabo de varios años 5000 altos cargos electos de la Unión Patriótica, candidatos, sindicalistas, dirigentes comunales y otros activistas fueron asesinados por las fuerzas de seguridad de Colombia y los escuadrones de la muerte de extrema derecha vinculados con el gobierno, especialmente las muy mal reputadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y su difunto líder Carlos Castaño. Ocho congresistas, setenta concejales, decenas de diputados y alcaldes, y cientos de sindicalistas y dirigentes campesinos fueron asesinados y en 1989-1990 dos de sus candidatos presidenciales fueron asesinados en el espacio de siete meses.

Enfrentadas con su total exterminio, las FARC se rearmaron y buscaron refugio en el sudeste del país.

En 1998 el presidente colombiano Andrés Pastrana permitió a las FARC tener un refugio seguro de 16.000 millas cuadradas en el departamento de Caqueta.

Entonces Estados Unidos puso la mira en una campaña intensiva de contrainsurgencia para destruir la infraestructura de las FARC en la región y, a la vez, destruir y arrancar la organización de raíz.

En enero de 2000 Stratfor, una fuente que no es conocida por oponerse a la guerra, advertía: “El departamento de Estado estadounidense anunció recientemente un paquete de ayuda de dos años por valor de 1300 millones de dólares para operaciones contra el narcotráfico en Colombia. El plan también está encaminado a ayudar al presidente Andrés Pastrana a negociar la paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Pero el plan tendrá un efecto negativo. Acabará con las negociaciones de paz entre los rebeldes y el gobierno, y reavivará la guerra. En última instancia, el plan no hace sino preparar el camino para una mayor implicación estadounidense” [3].

Continúa diciendo que “la mayor parte del dinero prometido para la campaña para contrarrestar el narcotráfico irá directamente a luchar contra los rebeldes…. En detrimento del gobierno de Bogotá esto inclinará la balanza de poder hacia los militares, que siempre se han opuesto a las negociaciones de paz. En última instancia, se abrirán las puertas de par en par a una mayor implicación estadounidense [4].

Plan Colombia: la “flecha del parto” de Clinton*

Para el año 2000 Colombia ya era el mayor receptor de ayuda militar estadounidense en el hemisferio sur, pero la administración Clinton incrementó el papel del Pentágono en esa nación con lo que se llegó a ser el Plan Colombia.

Tras asumir el poder en enero de 1993 bombardeando Iraq y después matando a cientos, si no miles, de somalíes ese mismo año, Clinton y su equipo de política exterior nunca abandonaron el uso de la agresión militar.

En 1995 suministró planificadores y asesores militares para la brutal y etnocida Operación Tormenta de Croacia y dirigió los bombardeos de la OTAN de objetivos serbios bosnios, incluyendo a las tropas que se retiraban y las columnas de refugiados que las seguían, que dejaron lo que ahora es la República Bosnia Serbia repleta de uranio empobrecido y con una epidemia de casos de cáncer.

Tres años después emprendió ataques con misiles de crucero contra Afganistán y Sudán, y el 16 de diciembre de 1998 empezó la Operación Zorro del Desierto, un ataque mortífero de cuatro días a Iraq con 250 ataques aéreos y más de 400 misiles de crucero Tomahawk, la víspera de las mociones de censura contra Clinton en el Congreso estadounidense.

Al año siguiente el uso de la agresión militar por parte de la administración [Clinton] llegó a su punto culminante con los 78 días de ataques de la OTAN dirigida por Estados Unidos contra Yugoslavia, el primer ataque militar contra una nación europea desde los de Hitler y Mussolini en 1939.

La “flecha del parto” de la administración [Clinton] fue el Plan Colombia en 2000.

El año anterior, 1999, el presidente de Colombia, Pastrana, había concebido un proyecto, que la Casa Blanca rediseñó en su propio interés.

Como escribió el ex-embajador estadounidense en El Salvador Robert White (al que la administración Reagan había echado como parte de los preparativos para soltar a sus escuadrones de la muerte y guerras de la contra en América Central) después de que el Congreso estadounidense aprobara en Plan Colombia en junio de 2000: “Si se lee el Plan Colombia original, no el que se escribió en Washington, sino el Plan Colombia original, no se mencionan ofensivas militares contra los rebeldes de las FARC. Bien al contrario. (El presidente Pastrana) afirma que las FARC son parte de la historia de Colombia y un fenómeno histórico, dice, y que deben ser tratados como colombianos” [5].

Un teletipo alternativo estadounidense informaba que “a principios de 1999 el gobierno de Pastrana inició las conversaciones de paz con las FARC, el mayor grupo rebelde.

The Boss, by Ernesto García Cabral, from animationarchive.org

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El presidente también hizo su primer viaje a Washington en busca de ayuda contra el tráfico de droga. Pero cuando llegó allí, ‘le cambiaron el libreto’, según Marco Romero de Iniciativa de Paz Colombia, una coalición creada en septiembre por 60 ONG locales que buscaban una alternativa a al Plan Colombia.

Las conversaciones de Pastrana con líderes del Congreso estadounidense y con el jefe de la oficina de política nacional contra las drogas de la Casa Blanca, Barry McCaffrey, dieron como fruto el Plan Colombia, afirmó Romero” [6].

McCaffrey es un general del ejército retirado que ganó sus galones en la República Dominicana en 1965, en Vietnam de 1966 a 1969 y en la operación Tormenta del Desierto en 1991. También fue jefe del Comando Sur del Pentágono (SouthCom, en sus siglas en inglés) entre 1994 y 1996, y vice-representante de Estados Unidos en la OTAN.

“En apoyo a su petición de ayuda a Colombia, la secretaria de Estado estadounidense Madeleine Albright y el zar de la droga McCaffrey dijeron al Congreso estadounidense que los fondos se usarían para ‘restaurar el orden el sudeste de Colombia’” [7].

Con la aprobación del Plan Colombia Estados Unidos aumentó la ayuda militar a este país más de veinte veces en sólo dos años, 1998-2000, de 50 millones de dólares en 1998 a más de 1000 millones de dólares en 2000, lo que situó a Colombia inmediatamente después de Israel y Egipto en esta categoría. En los diez años a partir de 1998 la ayuda militar estadounidense se multiplicó por cien.

A principios de 2000 una fuente estadounidense de los medios de comunicación dominantes afirmó que “los 1600 millones de dólares propuestos por la administración Clinton como ayuda de emergencia a Colombia es cuando menos tanto un paquete contra la insurgencia como una medida anti-droga” y mencionó que “un miembro del Congreso se opuso a los esfuerzos de la Casa Blanca por eludir el proceso normal de asignaciones” [8].

Unas semanas después tuvo lugar en El Salado una de las peores masacres recientes de civiles colombianos perpetrada por paramilitares con la complicidad del ejército.

El Plan Colombia estaba empapado en sangre antes incluso de que se formalizara. En enero de 2000 la secretaria de Estado Madeleine Albright visitó Colombia para promocionar la iniciativa y en honor a su llegada el ejército colombiano mató a 50 de sus ciudadanos en un ataque fuera de la capital, Bogotá.

En junio el Congreso y el Senado estadounidenses añadieron a la guerra más de 1000 millones de dólares, sesenta helicópteros de combate y más fuerzas especiales asesoras en contrainsurgencia. Aproximadamente el 70% de los fondos de 2000 del Plan Colombia se asignaron a financiar, adiestrar y equipar a batallones antinarcóticos del ejército que operaban en el sudeste de Colombia, el antiguo refugio de las FARC.

Progresistas nominales, el difunto Paul Wellstone del Senado y la congresista de Illinois Jan Schakowsky, añadieron un condicionante de derechos humanos que ninguna persona seria esperaba que se respetara y sólo dos meses después de que el Congreso autorizara el Plan Colombia Clinton utilizó su derecho presidencial de no aplicación para anular las condiciones referentes a los derechos humanos por razones de “seguridad nacional”.

Nueve años después: la farsa de la guerra contra la droga cede el paso a la pura contrainsurgencia

Por supuesto, la escalada de las operaciones de contrainsurgencia se empaquetó bajo la etiqueta de una guerra contra la droga. Nueve años después Colombia sigue siendo el principal suministrador de cocaína y heroína a Estados Unidos.

En abril de 2000 se vio en lo en serio que se debería haber tomado esta farsa cuando el ex-comandante de las operaciones contra la droga del ejército estadounidense en Colombia, el coronel James C. Hiett, se declaró culpable de no haber entregado las pruebas de que su esposa, Laurie, introducía de contrabando en Estados Unidos cocaína y heroína. En enero su esposa se declaró culpable de planear introducir de contrabando en Estados Unidos vía el correo heroína por valor de 700.000 dólares.

Indudablemente, el colonel Hiett cumplió con su deber propagando la historia de que las FARC eran responsables de la mejor parte del cultivo de coca y opio, y del tráfico en el país, y de que el ejército estadounidense era la mejor respuesta a estas supuestas actividades.

Si se tenía alguna duda de la sinceridad de las afirmaciones estadounidenses de que estaban luchando contra el narcotráfico y el terrorismo, a las pocas semanas de aprobarse en Plan Colombia la secretaria de Estado Albright escoltó al jefe del llamado Ejército de Liberación de Kosovo, Hashim Thaci, cuyos colegas y cárteles de la droga aliados controlan la mayoría del tráfico de marihuana, hachís y narcotráficos en Europa, a los lugares que ella solía frecuentar en el cuartel general de Naciones Unidas y en aquella época en el departamento de Estado, preparándolo para convertirse en futuro jefe de Estado (desde el año pasado Hashim Thaci es de hecho el presidente de lo que el ex-presidente serbio Vojislav Kostunica ha llamado acertadamente el primer Estado OTAN del mundo. También es el más reciente narco-Estado).

Tras los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos la casa Blanca elevó a las FARC a la cima de la lista de sus objetivos en la llamada Guerra contra el Terrorismo a pesar de que está más allá de la capacidad de cualquier persona sana para discernir o comprender saber qué papel pudo haber desempeñado las FARC en los ataques de Nueva York y Washington D.C.

Para 2002 la administración Bush había desechado la mayoría de las razones de la guerra contra la droga y “el Congreso aprobó una ley para permitir que la ayuda militar estadounidense a Colombia se utilizara en una ‘campaña unificada’ contra las drogas y el terrorismo” y para 2008, “seis años y 5000 millones de dólares después, el ejército colombiano es la fuerza de combate más cualificada de América Latina” [9].

Las “operaciones especiales de adiestramiento estadounidenses proporcionaron muchas de las destrezas que mostraron ‘el camino para abrir la puerta de esas remotas localizaciones en la jungla que en el pasado eran inaccesibles al gobierno colombiano’. Se crearon unidades militares, incluyendo la Brigada Comando. Se establecieron ocho unidades de inteligencia regional con aviones de reconocimiento y punteras comunicaciones cielo-aire. Se creó tanto una Escuela de Inteligencia como un Centro de Contrainteligencia” [10].

Días antes de cesar en su cargo, George W. Bush concedió la Medalla de la Libertad al presidente colombiano Alvaro Uribe, al que los rumores habían vinculado con el antiguo cártel de Medellín y cuyo hermano Santiago está acusado de narcotráfico y de conexiones con los escuadrones de la muerte.

Quizá anticipando este honor y en correspondencia a la persona más responsable del Plan Colombia y a las crecientes operaciones militares tanto en las fronteras de Colombia como dentro del país, Alvaro Uribe anunció que iba a conceder a Bill Clinton el premio “Colombia es Pasión” “en una sesión de gala… en Nueva York” por “creer en nuestro país y animar a otros a hacer lo mismo”.

“Destacados demócratas de la lista de invitados incluyen a los ex-estrategas de Clinton, Dick Morris y Vernon Jordan, a los ex-miembros del gobierno Clinton Lawrence Summers y Madeleine Albright, y a varios congresistas demócratas”, la mayoría de los cuales tuvieron la habilidad de supervivencia política de no asistir [11].

Poco antes ese mismo año “la víspera de una visita del presidente estadounidense George W. Bush” y sin fingir ya una guerra contra la droga “soldados estadounidenses y colombianos llegaron en helicóptero a la ciudad sureña de Cartagena del Chaira, una plaza fuerte de las FARC …” [12].

Como se ha minimizado la cuestión de los narcóticos, el componente de los derechos humanos ha sido relegado al reino de la efímera manipulación de relaciones públicas.

En febrero de 2007 el hermano de la ministra colombiana de Asuntos Exteriores Maria Consuelo Araujo, el senador Alvaro Araujo, fue arrestado por su relación con el grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

A Uribe esto no le afectó y afirmó: “Cuando me preguntan por qué mantengo a la ministra de Exteriores respondo: no está implicada en actividades criminales que estén siendo investigadas” [13].

Monos y navajos, by Lawson Wood, from animationarchive.org

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El Plan Colombia ha entrado en su décimo año. En los años transcurridos no han disminuido en lo más mínimo las masacres abiertas y encubiertas del gobierno y de los paramilitares (algunas demasiado espeluznantes para contarlas) y si bien el cultivo y exportación de droga se ha visto parcialmente afectado, no se ha visto afectado sustancialmente por lo que cuando conviene se sigue denominando todavía programa de erradicación de la droga.

A pesar de afirmarse que era una guerra contra la droga, las actividades del Plan Colombia tanto dentro como fuera del país se llevaron a cabo con otros propósitos.

Colombia: la base del Pentágono en la región andina

Desde su inicio tenía el objetivo de ser más que una intensificación de una guerra de contrainsurgencia de décadas de duración en Colombia y ser la primera salva de una campaña estadounidense para intensificar la militarización de la región andina. Los planes de la Casa Blanca y el Pentágono de utilizar a Colombia como fuerza militar regional y base operativa para vigilar América de Sur han ganado una nueva urgencia para Washington con las transformaciones políticas en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y Paraguay que presagian el fin de la dominación política, económica y militar estadounidense del continente.

En su primer año de existencia, 2001, un avión de la Fuerzas Aéreas Peruanas derribó un avión civil divisado por un avión estadounidense pilotado por contratistas de la CIA que llevaba a bordo a la misionera estadounidense Veronica Bowers y su hija, y murieron ambas además del piloto.

Para 2006 Estados Unidos había duplicado la cantidad de adiestradores y asesores militares estacionados en Colombia y ese mismo año aviones colombianos empezaron violando el espacio aéreo del vecino Ecuador. En apariencia estos aviones, a bordo de los cuales no habría sido raro que hubiera personal estadounidense, llevaban a cabo misiones de fumigación.

El gobierno ecuatoriano denunció estas acciones como “poco amistosas y hostiles” y el “ministro de Defensa Marcelo Delgado afirmó… que aviones del ejército sobrevolarían sus fronteras para impedir que los aviones colombianos entraran en el espacio aéreo de Ecuador….” [14].

En diciembre de 2006 no sólo aviones colombianos cruzaron la frontera. A finales del mes “unos 40 colombianos… huyeron hacia Ecuador atravesando la frontera después de haber sido atacados por soldados colombianos”, informó la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR, en sus siglas en inglés) en Ecuador [15].

Doce meses antes quince colombianos fueron asesinados y 1500 desplazados en la provincia de Narilo al sur del país, en la frontera con Ecuador. “Las autoridades permanecieron en silencio en relación a si esto era una operación militar contra luchadores de la guerrilla o una disputa entre grupos paramilitares” [16].

A principios de 2007 el general de marines Peter Pace, entonces presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor, viajó a Colombia y pasó dos días reunido con los dirigentes políticos y militares del país. Poco después, el ministro de Defensa colombiano Juan Manuel Santos (sobre el que se hablará más adelante) devolvió el favor y visitó el Pentágono donde se reunió con el secretario de Defensa estadounidense Robert Gates. Un informe de la visita del Departamento de Defensa citaba a altos cargos del Pentágono afirmando que “el apoyo militar estadounidense a Colombia, antes centrado en combatir la droga, se ha ampliado a ayudar al ejército colombiano a enfrentarse a la insurgencia rebelde del país” y que “soldados de las fuerzas especiales estadounidenses en Colombia proporcionan adiestramiento militar a las fuerzas de Colombia….”[17]

Cinco meses después Colombia construyó una tercera base militar en su frontera de 2219 kilómetros con Venezuela e inicialmente estacionó a 1000 soldados en ella.

Colombia se ha convertido en el puesto de avanzada de Washington para hacer frente y amenazar tanto las fronteras del sudoeste de Ecuador como la del noreste de Venezuela.

También forma parte de una estrategia cuya naturaleza y alcance supera lo regional e incluso lo continental.

América del Sur: el sexto continente de la OTAN

Desde la implementación del Plan Colombia en 2000 Estados Unidos ha alistado a varios aliados de la OTAN para la guerra de contrainsurgencia y para propósitos más amplios en la región. Personal de las SAS británicas (Servicios Aéreos Especiales) ha sido destinado al ejército colombiano para funciones de adiestramiento y el ejército español también envió personal.

La OTAN tiene miembros en Europa y América del Norte, y socios en Asia (Afganistán, Japón, Kazajastán, Kurgistán, Mongolia, Pakistán, Singapur, Corea del Sur, Tajikistán, Turkmenistán y Uzbekistán) y África (Argelia, Egipto, Mauritania, Marruecos y Túnez) y Australia.

América del Sur es el único continente habitado en el que todavía no ha penetrado.

En enero de 2007 el jefe colombiano de Defensa Santos viajó a Washington, Londres y Bruselas, “para mantener conversaciones con la Unión Europea”en estas última ciudad y, a continuación, a Munich, Alemania, “para una reunión con los ministros de defensa de la OTAN” [18]. Por supuesto, Santos hizo esta gira para cosechar más ayuda militar de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Se ha informado que la Unión Europea ha concedido154 millones anuales desde aquel año.

En septiembre de 2005 el presidente venezolano Hugo Chávez advirtió que “por medio del trabajo de la inteligencia descubrimos un ejercicio militar de OTAN de una invasión de Venezuela y nos estamos preparando para esta invasión“.

Detalló que el plan consistía en un “ejercicio militar… conocido como Plan Balboa [que] incluye hacer ensayos de ataques simultáneos por aire, mar y tierra en una base militar en España en los que participan soldados estadounidenses y de países de la OTAN” [19]. También participaban en la operación tropas estadounidenses desplegadas en el enclave alemán de Curaçao al noroeste de la costa de Venezuela.

En la primavera del año siguiente se informó de que “se están llevando a cabo maniobras militares en el Caribe por parte de Estados Unidos, miembros de la OTAN y países del hemisferio, excluyendo a Cuba y Venezuela, que son objetivos potenciales de esta demostración de fuerza”, y que inmediatamente después “en futuros ejercicios participarán aproximadamente 4000 soldados de Estados Unidos, Holanda, Bélgica, Canadá y Francia, que está programado que participen en una maniobra llamada León Conjunto del Caribe, que tendrá lugar entre el 23 de mayo y el 15 de junio en Curaçao y Guadalupe” [20].

La guerra de contrainsurgencia colombiana, un modelo para el sur de Asia y Centro América

Durante los últimos siete años Estados Unidos también ha reclutado y desplegado a fuerzas de seguridad y militares colombianas para la guerra de Afganistán, supuestamente para reproducir el componente de la guerra contra la droga del Plan Colombia en el sur de Asia.

En abril de 2007 Washington trasladó a Afganistán a su embajador en Colombia, William Wood, para supervisar la aplicación del modelo colombiano de contrainsurgencia disfrazado de lucha contra el cultivo de droga. Dos años después se calcula que Afganistán representa el 90% de la producción ilegal de opio del mundo.

Un analista de Bangladesh observó que “según cifras de 2003, el tráfico de droga constituye el tercer artículo a nivel mundial en términos de dinero tras el comercio de petróleo y de armas.

Afganistán y Colombia son las principales economías mundiales productoras de droga, que alimenta una floreciente economía criminal. Estos países están fuertemente militarizados y en ellos el tráfico de droga está protegido.

Está ampliamente documentado que la CIA ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de los triángulos de la droga tanto de América Latina como de Asia.

Y drogadicto, además, by Ernesto García Cabral, from animationarchive.org

Y drogadicto, además, by Ernesto García Cabral, from animationarchive.org

LA OTAN, como entidad, se ha convertido en cómplice de una importante proliferación de narcóticos y de actividad criminal. Realmente no se está reduciendo el opio: de hecho, todas las cifras demuestran que está aumentando. Como han confirmado varios informes, esto está ocurriendo bajo los ojos de la OTAN” [21].

Las estaciones intermedias entre Afganistán y Colombia son Kosovo, no sin razón apodado la Colombia de los Balcanes, y, cada vez más, Iraq.

Es imposible ignorar este modelo.

Irónicamente dada la cita anterior, BBC News informó hace dos años que “Estados Unidos espera que algunas de las lecciones aprendidas en Colombia se puedan aplicar a Afganistán….” [22].

El pasado enero el actual jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor estadounidense, el almirante Michael Mullin, visitó Colombia y declaró: “Nuestra relación ejército a ejército es extraordinariamente fuerte. Necesitamos estar con ellos. Hemos logrado cosas que son extraordinarias” [23].

Este mes de marzo Mullin viajó a Colombia, Brasil, Chile, Perú y México. Al volver sus comentarios se resumían en la afirmación de que “el ejército estadounidense está dispuesto a ayudar a México en su mortífera lucha contra los cárteles de la droga con algunas de las tácticas de contrainsurgencia utilizadas contra redes militantes en Iraq y Afganistán” [24] y que “el paquete de ayuda del Plan Colombia podía ser un modelo ‘englobante’ para Pakistán y Afganistán….” [25]

Un artículo sobre los planes para las guerras en Iraq, Afganistán y Pakistán del jefe del comando central estadounidense David Petraeus informaba de que “los oficiales del ejército también están considerando las relaciones estadounidenses con Colombia como un posible modelo para Afganistán y Pakistán, afirmando algo como que la estrategia del Plan Colombia de Washington podría ayudar a ambos países contra los militantes” [26].

El informe del que se ha extraído la cita anterior, “Estados Unidos ve en Colombia lecciones para la guerra afgana”, incluye también lo siguiente: “La policía afgana ya se ha estado adiestrando con sus homólogos colombianos y Bogotá está estudiando enviar tropas a Afganistán para ayudar con la erradicación [de la droga] y a quitar las minas” [27].

Lo que se está exportando a Afganistán se hizo asquerosamente evidente el pasado otoño cuando se anunció que Colombia había destituido a tres generales y 22 soldados de diferentes rangos por el asesinato, al parecer gratuito, de jóvenes habitantes de las barriadas de Bogotá: “Los jóvenes fueron llevados a Bogotá engañados con la promesa de trabajo; posteriormente sus cuerpos fueron encontrados en fosas comunes cerca de la frontera con Venezuela. Grupos de derechos humanos afirman que los soldados a veces matan a personas indefensas para poder inflar sus afirmaciones de éxito en la batalla y promocionar” [28].

Entre los tres generales a los que se pidió dimitir estaba el general Mario Montoya Uribe, “el autor de la política de utilizar las cifras de muertos para medir el éxito contra la guerrilla” [29] que “supuestamente fomentó promocionar a oficiales cuyas unidades habían matado a más rebeldes de izquierda” [30].

Un informe posterior proporcionaba detalles horripilantes: “Se están investigando más de 1000 casos de asesinatos ilegales por parte de los militares. Hay decenas de casos de soldados que apresan a hombres inocentes, los asesinan y los visten como combatientes enemigos. Se cree que cientos de miembros de las fuerzas de seguridad han participado en estas actividades” [31].

En referencia a esto recuerden que el informe anterior afirma que los asesinados fueron enterrados en fosas comunes cerca de la frontera venezolana.

Con el ataque de este año del ejército de Sri Lanka contra las plazas fuertes de los Tigres Tamiles que supuestamente ha acabado con la guerra de 33 años, el gobierno colombiano y sus suministradores militares estadounidenses están emprendiendo la única guerra de contrainsurgencia del mundo de décadas de duración, una guerra que entra ahora en su quinta década.

Ha sido y sigue siendo una guerra contra los pobres, los sin tierra, las personas privadas de derecho de representación, contra cualquiera que se oponga a los privilegios y abusos de los terratenientes, de la elite de los negocios, al ejército adiestrado por Estados Unidos y a las más altas esferas de las narcomafias.

Hace nueve años el Plan Colombia se diseñó para ser la fase terminal de esta guerra.

El modelo de Colombia es ahora el prototipo que Washington ha identificado abiertamente para ser aplicado en Afganistán, Pakistán y México entre otros lugares.

Plan Colombia: frenar a la renaciente América del Sur

Además, ahora el Plan Colombia se revela cada vez más como una estrategia militar para suprimir una creciente oleada de descontento con las secuelas del neoliberalismo posterior a la Guerra Fría que se está suscitando por toda América del Sur y Central, y el Caribe.

Estados Unidos y Occidente en su conjunto han utilizado al régimen colombiano y su formidable máquina militar para intimidar a sus vecinos Ecuador y Venezuela, y a la región andina en su conjunto. Al hacer frontera con Panamá, Colombia también es una potencial plataforma de lanzamiento de ataques a naciones de América Central como Honduras, Nicaragua y El Salvador.

Una breve cronología del pasado año y medio demostrará el destacado papel que sus patrocinadores en Washington han pensado para Colombia.

En enero de 2008 el presidente venezolano Chávez afirmó que Estados Unidos y su cliente colombiano “no quieren la paz en Colombia porque es la excusa perfecta para tener aquí a miles de soldados, a la CIA, las bases militares, aviones espías y quién sabe qué otras operaciones contra Venezuela”. Y añadió: “Acuso al gobierno de Colombia de conspirar, de actuar de títere del imperio estadounidense, de planear una provocación contra Venezuela” [32].

El 1 de marzo de 2008 Colombia emprendió un ataque dentro de Ecuador y mató a 24 supuestos miembros de las FARC, incluyendo a la segunda persona al mando del grupo Raúl Reyes.

Un artículo titulado “Altos cargos colombianos afirman que la inteligencia estadounidense ayudó en el ataque contra los rebeldes” informaba de que “las fuerzas aéreas de Ecuador descubrieron que Colombia utilizó bombas de 500 libras similares a las usadas por el ejército estadounidense en Iraq, que no pueden ser transportadas por aviones colombianos. Las autoridades ecuatorianas también indicaron que horas antes del bombardeo aéreo colombiano había despegado de la base estadounidense de Manta, al sureste de Ecuador, un avión militar HC-130″ [33].

Temiendo que la incursión armada dentro de Ecuador formara parte de una agresión más amplia Venezuela desplegó a unos 9000 soldados en su frontera con Colombia. El día del ataque el presidente venezolano Chávez advirtió a su homólogo colombiano “ni piense en hacer eso aquí porque sería muy grave, sería motivo de guerra” [34].

Después del ataque el presidente ecuatoriano Rafael Correa rompió las relaciones diplomáticas con Colombia y cuando más tarde se descubrió que el bombardeo había matado a un ciudadano ecuatoriano advirtió de mayores consecuencias.

El 6 de marzo Venezuela decretó un estado general de alerta y envió a diez batallones, aviones y tanques a la frontera con Colombia.

El presidente estadounidense Bush declaró a los periodistas que “Estados Unidos seguirá estando al lado de Colombia” [35].

Tres semanas después Ecuador anunció que “instalaría un equipo de vigilancia electrónica y aumentaría su presencia militar en su frontera con Colombia” y el presidente Correa advirtió que su país “nunca más” permitiría un ataque extranjero contra su territorio[36].

Ejército estadounidense: después de Iraq, América Latina

Hay un gusano en mi sopa, by Lawson Wood, from animationarchive.org

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También en abril de 2008 el director de operaciones de las Fuerzas Aéreas Estadounidenses del Sur, el coronel Jim Russell, defendió que las tropas que se estaban retirando de Iraq fueran redesplegadas en el Comando Sur del Pentágono que comprende América del Sur y Central, y el Caribe. En aquel momento declaró: “Creemos que mientras avanzamos veremos un mayor giro en la atención a la zona. Estamos viendo problemas a la misma entrada de América Central. Esta es la puerta de entrada a nuestra frontera sur” [37].

El 12 de julio de 2008 la marina estadounidense restableció a la Cuarta Flota, que abarca América del Sur y Central, y el Caribe lo mismo que el Comando Sur del Pentágono, después de que se retirara en 1950 tras la Segunda Guerra Mundial.

A principios de este año el jefe del Comando Sur, el almirante James Stavridis, se convirtió en Comandante Supremo Aliado de la OTAN y jefe del Comando Europeo del Pentágono. Tres de los últimos cinco altos comandantes militares de la OTAN (Stavridis, su predecesor Bantz John Craddock y Wesley Clark) fueron trasladados a la jefatura del Comando Sur.

Anticipando claramente lo que ha ocurrido esta semana, en mayo de 2008 Venezuela advirtió a Colombia que no permitiría una nueva base militar estadounidense en La Guajira cerca de la frontera con el noroeste de Venezuela. Chávez afirmó: “No permitiremos que el gobierno colombiano dé La Guajira al imperio. Colombia está lanzando una amenaza de guerra contra nosotros” [38].

Menos de una semana después un avión de guerra estadounidense penetró en el espacio aéreo de Venezuela en un vuelo desde las Antillas holandesas. El gobierno venezolano acusó a Estados Unidos de espiar en una base militar en la Isla de Orchila y “afirmó que Estados Unidos está probando la capacidad de Venezuela de detectar intrusos y que las fuerzas aéreas venezolanas estaban preparadas para interceptarlo de no haber vuelto el avión hacia la isla caribeña de Curaçao” [39].

El ministro [venezolano] de Defensa Gustavo Rangel afirmó que “éste es sólo el último paso de una serie de provocaciones en las que quieren implicar a nuestro país” [40].

En septiembre una sangrienta emboscada separatista mató a ocho personas en la provincia boliviana de Pando. El gobierno expulsó al embajador estadounidense Philip Goldberg, un veterano en apoyar violentos levantamientos separatistas anteriores en Bosnia y Kosovo. El jefe de las fuerzas armadas de la nación, el general Luis Trigo, advirtió que “la Fuerzas Armadas Bolivianas advirtieron el viernes que no tolerarán ninguna acción más de grupos radicales o interferencias extranjeras en los asuntos internos del país” [41].

A finales de 2008 Bolivia expulsó a los agentes de la agencia contra la droga estadounidense, la DEA, y más tarde anunció sus planes de comprar helicópteros rusos para operaciones anti-narcóticos.

El presidente boliviano Evo Morales declaró hoy [23 de julio]: “Tengo información de primera mano de que el imperio, por medio del Comando Sur estadounidense, realizó el golpe de Estado de Honduras” [42].

En octubre de 2008 Ecuador acusó a la CIA de infiltrarse en su ejército y reconoció el ataque colombiano a su territorio el mes de marzo anterior. El ministro de Defensa Javier Ponce declaró en los periódicos: “La CIA conoce perfectamente lo que está pasando en Angostura” [43].

Al mismo tiempo el ministro colombiano de Defensa Santos amplió la belicosidad de su nación dirigiéndola contra Rusia. Actuando completamente como la criatura de Washington y de su ejército que es, Santos afirmó: “Con sus 16.000 bombas nucleares Rusia tienen un enorme deseo de ser un actor clave en el mundo. Pero su presencia en la región promoverá una vuelta a la Guerra Fría” [44].

Santos aludía en particular a los recientes ejercicios navales ruso-venezolanos en el Caribe y al hecho de que Rusia ha suministrado a Caracas armas avanzadas, aviones de guerra y submarinos, lo que refleja una tendencia general entre las naciones de América Latina (incluyendo Bolivia, Ecuador, Argentina y Nicaragua) a aumentar sus relaciones militares con Rusia como contrapeso a la tradicional dominación estadounidense de sus fuerzas armadas y para ser capaces de defenderse contra ataques estadounidenses y por medio de intermediarios. Lo que Santos y sus patrocinadores estadounidenses temen es la desaparición real de casi doscientos años de Doctrina Monroe.

El pasado mes de marzo el presidente venezolano Chávez calificó al ministro colombiano de Defensa Santos de ser “una amenaza para la estabilidad regional” y “una amenaza para la estabilidad y soberanía de los países de la región” que “vuelve a demostrar su desprecio por el derecho internacional”, en referencia a la defensa que hizo Santos del ataque dentro de Ecuador del año pasado [45].

Santos reiteró su intención de seguir atacando supuestos emplazamientos rebeldes en los países vecinos, lo que provocó esta respuesta de Chavez pocos días después: “En caso de una provocación de parte de las fuerzas armadas de Colombia o de violaciones de la soberanía de Venezuela, daré orden de atacar con el avión Sukhoi y tanques. No permitiré a nadie ofender a Venezuela y su soberanía” [46].

En los últimos meses el Pentágono ha estado adiestrando a las fuerzas armadas de Guyana, el vecino del este de Venezuela, tanto dentro de ese país como en Estados Unidos. Ya hemos examinado el uso de posesiones francesas y alemanas en el Caribe para propósitos militares. Con la elección de Ricardo Martinelli como presidente de Panama el pasado mes de mayo, lo que supone la vuelta de este país a las filas de Estados Unidos, el lazo en torno a Venezuela se está estrechando.

Ecuador rechazó renovar un acuerdo con Estados Unidos para el uso de su base militar de Manta con lo que este mes Washington pierde sus derechos a usar la base. Con el correspondiente anuncio la semana pasada del presidente colombiano Uribe de que entregaba cinco bases más al Pentágono (tres campos de aviación y dos bases navales) el presidente Chávez estaba en lo cierto al considerar este paso “una amenaza contra nosotros” y advirtió que “están rodeando Venezuela con bases militares” [47].

Desde el derrocamiento del presiente hondureño Manuel Zelaya el 28 de junio, dirigido por comandantes militares adiestrados en la Escuela de las Américas, se han disparado las alarmas en América Latina y por todo el mundo de que el golpe, lejos de ser una aberración o un anacronismo, pueda establecer un precedente para más [golpes] en un futuro cercano.

Y exactamente igual que en los últimos meses de la presidencia de Bush y en los primeros siete meses de la actual presidencia, las operaciones militares en Afganistán, a las que durante cinco años se dio una importancia secundaria en relación a Iraq, se han intensificado hasta convertirse en el principal frente de guerra del mundo, así que puede que se esté planeando reavivar los planes de una agresión directa estadounidense en América Latina, planes latentes desde la invasión de Panamá en 1989.

Notas

1) Russia Today, 18 enero de 2009

2) Ibid

3) STRATFOR, 14 enero 2000

4) Ibid

* N. de la t.: La expresión “flecha del parto” (“the parthian shot” en inglés) se refiere a una costumbre guerrera de los jinetes partos de la Antigüedad que simulaban huir a galope tendido y en un momento dado disparaban sus flechas hacia atrás y por encima del hombro, con lo que diezmaban a sus confiados perseguidores. La expresión se utiliza para describir ese metafórico disparo final –puede ser un gesto, una frase hiriente, una revelación penosa– que quiere lastimar irreparablemente en el momento de cerrarse una puerta que se supone definitiva.

5) Ottawa Citizen, 6 de septiembre 2000

6) Inter Press Service, 21 diciembre de 2000

7) Ibid

8) United Press International, 11 de abril de 2000

9) Tampa Bay Times, 12 de julio 2008

10) Ibid

11) Associated Press, 24 de mayo de 2007

12) Associated Press, 10 de marzo de 2007

13) Xinhua News Agency, 18 febrero de 2007

14) Xinhua News Agency, 16 de diciembre de 2006

15) Xinhua News Agency, 27 de diciembre de 2006

16) Xinhua News Agency, 20 enero de 2006

17) U.S. Department of Defense, 1 de febrero de 2007

18) Reuters, 29 enero 2007

19) Australian Associated Press, 4 de septiembre de 2005

20) Prensa Latina, 10 abril de 2006

21) The Daily Star, 24 de noviembre de 2007

22) BBC News, 8 julio de 2007

23) Agence France-Presse, 17 de enero de 2008

24) Reuters, 6 de marzo de 2009

25) Reuters, 5 de marzo de 2009

26) Reuters, 16 de octubre 2008

27) Ibid

28) Radio Netherlands, 30 de octubre de 2008

29) Russia Today, 18 de enero de 2009

30) Trend News Agency, 4 de noviembre de 2008

31) Russia Today, 18 de enero de 2009

32) Reuters, 25 enero de 2008

33) Focus News Agency, 24 de marzo de 2008

34) Associated Press, 1 de marzo de 2008

35) Reuters, March 4 de marzo de 2008

36) Associated Press, 22 de abril de 2008

37) Stars and Stripes, 27 de abril de 2008

38) Associated Press, 15 mayo de 2008

39) Bloomberg News, 21 de mayo 2008

40) Reuters, 19 mayo de 2008

41) Xinhua News Agency, 13 de septiembre de 2008

42) Agence France-Presse, 22 de julio de 2009

43) Reuters, 30 de octubre de 2008

44) Russian Information Agency Novosti, 4 de octubre de 2008

45) Trend News Agency, 4 de marzo de 2009

46) Russian Information Agency Novosti, 9 de marzo de 2009

47) Associated Press, 21 de julio de 2009

Enlace con el original: http://globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=14503

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

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