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Segadores, from cyt-ar.com

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Argentina-China, recreación de la vieja relación especial con Gran Bretaña

Por Rubén Laufer
Fundación Patagonia Tercer Milenio
funpat3mil.com.ar, 26.09.12

China es, desde hace ya varios años, uno de los principales socios comerciales de la Argentina. Las ventas de soja y derivados a la potencia oriental constituyen la columna vertebral de las exportaciones y la principal fuente de divisas del país. Al mismo tiempo, de igual modo que los demás países de América Latina, la Argentina ha experimentado un verdadero aluvión de bienes de la industria china en su mercado interno.

En correspondencia con la intensificación del intercambio se creó un fuerte flujo de inversiones chinas, centradas en ramas extractivas (petróleo y minería), en infraestructura ligada a las exportaciones hacia el país asiático (ferrocarriles, puertos), en el área financiera (bancos, financiamiento de proyectos asociados a capitales chinos) y, recientemente, en el control de grandes superficies de tierras fiscales arrendadas a productores privados para la producción de alimentos destinados a China.

Esta intensificación de las relaciones bilaterales se inscribe en un marco latinoamericano. Brasil, México, Chile y Venezuela -además de la propia Argentina- establecieron en los últimos años “asociaciones estratégicas” con la potencia asiática. Chile, Perú y Costa Rica firmaron con ella tratados de libre comercio de amplio alcance. Corporaciones estatales y privadas de China avanzaron, en forma directa o en asociación con poderosos grupos económicos locales, en áreas decisivas de las economías de la región: petróleo, gas, represas hidroeléctricas, comunicaciones; minería del hierro, cobre, oro, litio; finanzas, grandes obras de infraestructura —rutas, obras ferroviarias, puertos—, comercio interior y exterior, etc.

En la Argentina, con el extraordinario crecimiento del comercio bilateral y de las inversiones chinas, desde la década de 1990 se han constituido y están en plena expansión grupos empresariales que asumen el papel de socios subordinados e intermediarios comerciales del gobierno de Beijing, o de corporaciones privadas o públicas chinas en grandes proyectos de inversión. Algunos de esos grupos locales son de origen nacional; la mayoría proviene de anteriores vínculos con intereses europeos, rusos u otros, y muchos cuentan con representación directa o fuerte influencia en círculos de gobierno a nivel nacional o provincial. La Cámara de la Producción, la Industria y el Comercio Argentino-China nuclea a muchos de los mayores consorcios empresariales del país (Spadone, Werthein, Macri, Blaquier, Loeb, etc.). Otros no integran la Cámara pero mantienen vínculos y asociaciones igualmente importantes (Roggio, Elsztain). Al compás de los negocios se multiplicaron los contactos diplomáticos y políticos.

La presencia creciente de intereses de China en la región compite con la “tradicional” influencia en ella de los intereses económicos, políticos y estratégicos de Estados Unidos y de las potencias europeas. La pugna —directa o a través de las mencionadas asociaciones— por influencia o control sobre palancas básicas de nuestras economías y estructuras estatales (elemento vertebral de lo que habitualmente se conoce como dependencia) tiñe y condiciona la evolución de los países latinoamericanos.

En la actualidad, cuando el eje del crecimiento económico y de las relaciones políticas internacionales se desplaza visiblemente hacia Oriente y en particular hacia China, y en momentos en que la crisis económica mundial eclosionada en EE.UU. y Europa en 2008 y hoy en pleno curso destaca el rol económico, político y estratégico de China como potencia mundial, se reactiva el debate sobre:

1) el carácter del sistema social y político que rige los intereses económicos y estratégicos del Estado chino y de sus corporaciones estatales y privadas;

2) la naturaleza de las relaciones que los países latinoamericanos y poderosos sectores de sus clases dirigentes vienen estableciendo con la potencia oriental; y

3) las implicancias que ese relacionamiento conlleva para el desarrollo económico y la inserción internacional de la región y de cada uno de sus países integrantes.

“Potencia” agroalimentaria… en tierras bajo control extranjero

El establecimiento de la “asociación estratégica” con China por el gobierno argentino en el año 2004 significó un salto cualitativo en la relación económica entre ambos países. Sus implicancias políticas también son amplias.

El reciente convenio entre el gobierno de la provincia argentina de Río Negro y una corporación estatal china para la producción de soja y otros productos agrícolas en esa provincia sureña expresa en buena medida ese salto, y la suma de privilegios y concesiones efectuadas al grupo inversor chino es de por sí reveladora de la naturaleza de la “asociación estratégica” que, más allá de algunas fricciones comerciales, se ha ido afirmando entre las clases dirigentes de ambos países a partir de entonces.

A mediados de agosto de 2011, la provincia de Río Negro en la persona de su gobernador Miguel Saiz —integrante de un sector político de filiación radical pero con fuertes vínculos con el gobierno nacional justicialista de Néstor y Cristina Kirchner— suscribió el segundo de dos convenios con la empresa estatal china Heilongjiang Beidahuang State Farms Bussines Trade Group, la mayor productora de alimentos de ese país, como parte de un proyecto para producir granos y hortalizas bajo riego en el valle medio e inferior del Río Negro. Los acuerdos prevén inversiones por 1.500 millones de dólares en diez años y la construcción del sistema de riego abarcando una superficie final de 320.000 hectáreas, además de obras energéticas y la disponibilidad por la empresa china de una zona portuaria en la localidad de San Antonio Este.

El convenio no supone la compra de tierras: el Estado provincial alquila campos fiscales a productores y compañías privadas en colonias y parajes a lo largo del Río Negro, donde la Beidahuang instalará sistemas de riego para que allí esos productores y empresas cultiven soja, trigo y colza, entre otros productos. El ministerio de Producción provincial indicó que “no se producirá sólo soja” y, ante los reparos acerca de la probable “sojización” de la producción provincial, alegó que “no es un cultivo ilegal, no podemos prohibirlo”[1]. Pero el convenio no establece ninguna prohibición ni limitación en ese sentido.

Por otra parte, ya en el comunicado oficial de abril de 2007, al realizarse en la provincia de Río Negro la primera cosecha de soja en el marco del denominado “Proyecto Soja Patagónica”, el ministro de Producción Juan Accatino reconocía el estímulo oficial a la producción sojera señalando que ahora “podremos apoyar y fomentar la incursión de los productores provinciales en la siembra a gran escala de soja en la provincia como alternativa para la rotación de cultivos hortícolas”[2]. Por entonces un puñado de corporaciones de agronegocios —entre ellas la alemana Basf, una de las grandes proveedoras mundiales de semillas y agroquímicos— impulsaba el avance de la soja sobre las provincias sureñas.

La corporación china tendrá a su cargo la financiación del emprendimiento, con el respaldo del Banco Interamericano de Desarrollo. La propia empresa comprará en exclusividad y por un lapso de 20 años a precios internacionales la producción, que comercializará en la provincia china de Heilongjiang. Será entonces el demandante externo quien determine las prioridades y los rubros concretos hacia los que estará dirigida dicha producción: “pensamos en granos, maíz, trigo, avena, sorgo, horticultura, fruticultura y carnes. Todo lo que China necesita”, declaró el ministro de Producción rionegrino, Juan Accatino[3] (destacado del autor. RL).

Se trata de la primera incursión de capitales chinos en el negocio agrícola de la Argentina. La superficie bajo riego prevista en Río Negro representa dos veces y media la actual superficie provincial bajo riego dedicada a la agricultura (unas 120.000 has). Alrededor de 60.000 has son hoy destinadas a la fruticultura, y los principales cultivos —peras y manzanas— ocupan unas 40.000 has. El hecho de duplicar con creces el área agrícola y quintuplicar la superficie hoy destinada a la principal actividad económica provincial, da una idea de la vital trascendencia económica y política que conlleva el llamado “Acuerdo Agroalimentario”, y la profunda alteración que significará en las prioridades productivas de la zona, subordinadas de ahora en más a las determinaciones del capital inversor.

Las desiguales implicancias del convenio parecen corresponderse con la asimetría entre las entidades firmantes: de un lado, el gobierno de una provincia de algo más de 600.000 habitantes de la Argentina, un país del “tercer mundo”; del otro la estatal Beidahuang, la mayor corporación china en el rubro alimentario, que cuenta con 800.000 trabajadores y abastece a unos 150 millones de consumidores (más del 10 por ciento de la población total de China y casi cuatro veces la población total de la Argentina). Una compañía con negocios en casi todos los continentes y respaldada por el poderío financiero del Estado chino, por estrategias estatales explícitamente dirigidas a conferir escala “global” a sus corporaciones, y principalmente por el hecho de ser China el primer comprador del principal rubro exportable de la Argentina. La corporación tiene, además, su propia firma intermediaria en la Argentina, Strong Energy, por cuya cuenta corrió la tramitación y firma del Acuerdo.

El convenio —firmado sin previo paso para su debate y aprobación por la Legislatura provincial— suscitó críticas y numerosas manifestaciones de resistencia social en Río Negro como consecuencia de las desiguales concesiones y privilegios otorgados a la corporación china a costa del erario provincial. Según los puntos 6 y 7 del convenio, el gobierno de Río Negro se compromete a exceptuar a la inversión de la compañía china “de todos los impuestos provinciales, tasas, ingresos brutos, sellos, patentes, etc.”, así como a gestionar ante el gobierno nacional y el Banco Nación que los fondos destinados “no estén alcanzados por encajes bancarios”. A cambio (punto 9), la empresa inversora “se compromete a realizar las tareas correspondientes… a fin de asegurar la siembra de los productos que ella seleccione…” (destacado nuestro. RL).

La provincia se obliga (punto 11) a “poner a disposición [de la empresa china] todos los técnicos de aguas” que se desempeñen en el Estado provincial, y “los estudios que existan sobre el tema” [no se aclara si incluye estudios públicos y privados], así como a solventar todos los gastos originados durante el período de estudio de los especialistas chinos enviados para determinar los aspectos concretos de la inversión. Igualmente la provincia, según establece el texto, cederá sin costo las oficinas necesarias y su equipamiento, viviendas y medios de transporte. También (punto 12) se pone a disposición de la empresa china el uso del aeropuerto de San Antonio Oeste, “el cual está emplazado en una zona estratégica, para que en el futuro pueda operar con sus aviones”. Por el convenio, el gobierno de Río Negro cede “sin cargo alguno” 3.000 hectáreas de tierra para un campo experimental y, también sin cargo alguno, un área de cinco hectáreas en el puerto de aguas profundas de San Antonio Este. Esta última cesión se establece por 50 años, y una vez cumplido el plazo se renovará automáticamente.

Semejantes privilegios —cuyas implicancias políticas son así reconocidas en el propio texto— se completan con otros contenidos en el Anexo del acuerdo. Allí el gobierno de Río Negro se compromete a impulsar legislación específica para favorecer al inversor extranjero: “ofrecer —dice textualmente— la mejor política de inversión, brindando garantía mediante la creación de leyes”. Tal ofrecimiento de garantías apunta, sin duda, a prevenir los cuestionamientos existentes o potenciales respecto de las concesiones de mayor relevancia estratégica en beneficio de la corporación china, incluyendo la mencionada disponibilidad de grandes superficies territoriales e instalaciones portuarias y aeroportuarias.

Al dar al consorcio estatal chino Beidahuang participación en el puerto, por otra parte, el acuerdo colisiona directamente con intereses europeos, ya que hasta el año 2017 el manejo de las instalaciones portuarias está en manos de las grandes empresas exportadoras de fruta encabezadas por Univeg-Expofrut, corporación europea con sede en Bélgica.

Chinese ship containers, o cómo contener a los barcos chinos (je), from gitamarine.com

Chinese ship containers, o cómo contener a los barcos chinos (je), from gitamarine.com

Erosión de soberanía, no sólo alimentaria

En virtud del convenio, los productores argentinos quedan sujetos durante 20 años a las determinaciones de la corporación china: no producirán en función de la demanda interna ni para cubrir necesidades alimentarias existentes en el país sino atendiendo a intereses y prioridades de la compañía china. Deberán vender su producción a un solo oferente y al precio internacional, de modo que los precios de venta no son fijados por intereses afincados en la Argentina sino por “el mercado” mundial (con sus consabidas fluctuaciones en tiempos de crisis); y esto tratándose, además, de productos como la soja, de los que China es uno de los principales compradores —y consiguientemente “formadores de precios”— en el mercado internacional.

Voceros del gobierno provincial aseguran que el emprendimiento “permitirá duplicar la producción y generar 100.000 nuevos puestos de trabajo”[4], y que los mismos “serán todos argentinos”[5]. La última expresión tiende a aventar suspicacias, aludiendo a la conocida práctica de las corporaciones chinas en explotaciones mineras, agrícolas y otras radicadas en países africanos, de “exportar” masivamente trabajadores y profesionales chinos como válvula de escape a los excedentes de fuerza de trabajo existentes en el país asiático, acentuados en los últimos años por la caída de exportaciones como consecuencia de la crisis económica mundial iniciada en 2008 y por la política oficial dirigida a enfriar la producción industrial china. El convenio rionegrino, sin embargo, no formula ninguna restricción explícita a tal práctica.

Las autoridades provinciales proclaman que el convenio tendrá como beneficiarios directos a los productores que opten por asociarse al proyecto chino. La caracterización de tales “productores” resulta en el mejor de los casos ambigua. Según investigadores radicados en la región, los principales impulsores locales del “Plan agroalimentario” son más bien poderosos grupos terratenientes o grupos empresariales arrendatarios de tierras ligados al capital extranjero, quienes hace ya tiempo preparan el terreno para la denominada “ampliación de la frontera sur de la explotación agropecuaria”, con la mira puesta en las tierras irrigadas por los 720 kilómetros de recorrido del río Negro.

El grupo Miguens-Bemberg Holding (MBH), un consorcio de fuertes propietarios territoriales y empresarios asociados o intermediarios de capitales extranjeros —particularmente ingleses— presidido por Carlos José Miguens e integrado por miembros de las familias Miguens, López Saubidet y Bauret (con intereses empresariales diversificados que van desde el rubro agropecuario hasta la minería), “tiene una importante presencia empresaria en la zona que ahora aparece en excelentes condiciones de (eventualmente) tercerizar sus tierras a la firma china”[6]. En octubre de 2008 el grupo apareció respaldado por el propio gobernador Saiz, quien asistió junto a Miguens Bemberg a la inauguración de la ampliación de la infraestructura del agua de riego con toma directa del río.

Empresas integrantes del mencionado consorcio como Patagonia Organic Meat Co (Pomco) y Agropecuaria Cantomi SA, con extensos campos en el valle medio del Río Negro, solicitaron en junio de 2011 al organismo provincial de regulación de acceso de particulares a los cursos públicos de agua autorización para captar aguas para el riego de más de 4.000 has en el departamento Avellaneda. Así, el anuncio del desembarco de la china Beidahuang converge de hecho con las estrategias de inversión y desarrollo de infraestructura en la zona.

El avance de estas corporaciones constituiría un “límite estructural” a las intenciones formuladas por el gobierno nacional de acotar la compra de tierras por capitales extranjeros. Más bien por el contrario, el sistema de arrendamiento de tierras fiscales por productores privados con el monopolio del consorcio chino sobre la producción y la venta sería un modo de saltear anticipadamente las potenciales restricciones a la propiedad territorial para extranjeros que pudieran incorporarse en la ley de tierras actualmente en debate parlamentario. Todo el curso del Río Negro y decenas de miles de hectáreas conexas quedarían, así, “fuera de esos supuestos paraguas de protección”[7].

¿Recursos propios, o campo de inversión y especulación ajeno?

“Hemos tenido la suerte y la posibilidad de subirnos al tren de China”, celebró el gobernador Miguel Saiz en su conferencia de prensa para presentar el acuerdo con el gobierno de Beijing[8]. En la ocasión el mandatario destacó las “fortalezas” que atrajeron el interés y la inversión de la Beidahuang: la aptitud del suelo y el clima, la disponibilidad de agua de calidad, la cercanía del puerto de aguas profundas y las vías de comunicación existentes en la provincia.

Es decir las ventajas que, en otro contexto político, podrían constituir una sólida base para un proyecto de desarrollo regional orientado por el interés nacional y por las necesidades alimentarias irresueltas aún hoy en la Argentina, y en cuyo respaldo podrían direccionarse capitales nacionales y parte de las importantes reservas monetarias acumuladas en varios años continuos de bonanza de nuestro comercio exterior.

En cambio, la alianza entre el gobierno provincial y la corporación china se sustenta, como hemos descripto, en una densa red de concesiones: exenciones impositivas, cesiones de servicios y territoriales sin cargo, inversiones por cuenta del Estado provincial, elusión de los canales parlamentarios y favorecimiento de socios locales del grupo inversor extranjero, mecanismos a través de los cuales la inversión de las corporaciones monopólicas —en forma directa o por medio de personalidades locales “influyentes”, afines o directamente asociadas al negocio inversor— resulta en buena medida financiada con recursos locales y no provenientes de la entidad que aparece como inversora. Yueyang Weng, titular de la Cámara Internacional China y representante de Heilongjiang Beidahuang State Farms Business Trade Group en el país, precisó que el convenio con Río Negro reproduce modalidades que China ya viene desarrollando en distintos países de África[9].

De este modo la inversión extranjera excluye la perspectiva de un desarrollo autónomo y basado en iniciativas y recursos locales, al tiempo que desnacionaliza y privatiza de hecho recursos nacionales estratégicos, en este caso a manos de una empresa estatal china. “La jugada de China se ajusta a una época de globalización en la que los precios de los alimentos son altos y los de la tierra son bajos —observa una entidad académica argentina dedicada al estudio de temas agrarios—. El negocio sería tener el control sobre muchas de las mejores tierras cercanas a suministros de agua. La tierra será la nueva fuente de lucro, y el objetivo controlar la producción de alimentos e insumos alimentarios para la producción de carnes en su territorio… No serán pocas las transnacionales y corporaciones que se lancen a la caza de tierras fértiles para la producción de lo que el mercado global les demande, ya sean alimentos o agrocombustibles”[10].

Mediante el convenio referido la provincia de Río Negro, como vimos, asegura a China la provisión de alimentos por 20 años —aún cuando no está garantizada la “seguridad alimentaria” propia—, en tiempos en que las necesidades alimentarias mundiales y la crisis económico-financiera iniciada en 2008 impulsan a las corporaciones de las grandes potencias a buscar nuevos campos de inversión —productiva o especulativa—, con especial interés no sólo en fuentes energéticas y minerales estratégicos sino también en tierras, agua y alimentos. China está volcando parte de sus reservas monetarias de cerca de 2 billones de dólares en garantizarse el acceso a ese tipo de bienes en Asia, África y América latina.

Así, no sólo el convenio del gobierno de Río Negro con la corporación estatal china resultaría funcional al interés de grandes corporaciones extranjeras o intermediarias centradas en el negocio agroalimentario, sino el propio proyecto de ley de tierras rurales actualmente en consideración en el Congreso nacional, que alude a la propiedad de tierras por parte de extranjeros pero no a su uso, explotación y control. “…Al igual que Grobocopatel [11], los pooles de siembra argentinos e internacionales, los chinos en Río Negro y muy probablemente los saudíes en el Chaco, podrán decir que ellos en la Argentina son ‘sin tierra’, puesto que ninguno pretende tener la propiedad de la tierra, sino que buscan controlarlas, explotarlas y manejar a su arbitrio lo cosechado”[12].

Esta vía de “ampliación de la frontera agropecuaria” define el perfil del actual “modelo” agropecuario nacional. Un “modelo” que —como muestra el mismo convenio rionegrino con China—, viene a reforzar el intenso proceso de sojización en curso desde hace más de una década en “alianza estratégica” con el capital financiero chino, avanzando sobre áreas cada vez más amplias del país, desplazando a otras producciones agrícolas y ganaderas y expulsando de la producción directa a chacareros y familias campesinas y de pueblos originarios.

Un “modelo” que es resultado y a la vez impulsor del proceso de concentración territorial, que no revierte la extranjerización y concentración ya producida durante las últimas dos décadas —ya que la ley proyectada se propone no afectar “la seguridad jurídica de las inversiones”—, y que acentúa la desnacionalización del suelo y un patrón de “agricultura sin agricultores”, con propiedad de la tierra en la letra pero en los hechos sin disposición nacional efectiva de ella.

Sojización, re-primarización, concentración, extranjerización, dependencia

La emergencia de China como gran comprador mundial de la oleaginosa en grano y en aceite reforzó el proceso de sojización de la economía argentina y la tendencia a la hiperespecialización productiva y exportadora. La dependencia cada vez mayor de ese rubro ya fundamental de las exportaciones argentinas respecto del mercado chino, y la de las cuentas públicas nacionales respecto de esas exportaciones, completó el círculo.

Dado que las empresas proveedoras tanto de las semillas como de los agroquímicos son altamente concentradas y extranjeras, el proceso implicó la pérdida de autonomía de los productores y su dependencia de un mercado desregulado y controlado por ese tipo de empresas.

Al mismo tiempo, el “modelo productivo” vigente desde 2003 basado en el tipo de cambio alto fortaleció, paralelamente a la reactivación de la actividad industrial local —no necesariamente nacional—, a la gran explotación agraria, ubicándola como estratégica en tanto principal proveedora de divisas, al tiempo que la devaluación y el acelerado proceso inflacionario depreciaban los costos locales de dichas empresas.

La soja es hoy el cultivo más importante de la Argentina: a ella se destina más del 64% del área sembrada en el país. El crecimiento de la producción de soja, tanto en volumen como en área sembrada, a lo largo de la última década y media ha sido exponencial (Cuadro 1):

Cuadro 1: Argentina – Producción de soja transgénica, en volumen y área sembrada

 Fuente: “Supersoja: el precio del cultivo resiste la tormenta, en un mercado en el que casi todas las commodities pierden”. La Nación (Arg.), 04-09-2011.

Fuente: “Supersoja: el precio del cultivo resiste la tormenta, en un mercado en el que casi todas las commodities pierden”. La Nación (Arg.), 04-09-2011.

China compra el 50% de la soja que exportan Estados Unidos, Brasil y la Argentina, los tres mayores productores del mundo. Brasil y la Argentina suman casi el 50% de la producción mundial. En virtud de las retenciones del 35% a las exportaciones, el gobierno argentino recauda anualmente por la oleaginosa unos 25.000 millones de pesos: más de la mitad de los derechos de exportación que recibe el Estado nacional (alrededor de $ 45.000 millones en 2010). Las exportaciones de soja y sus derivados también explican el signo positivo de la balanza comercial argentina: en 2010, las exportaciones del complejo sojero sumaron US$ 17.298 millones (el 25,4% del total de las exportaciones argentinas) [13].

En 2010 Argentina fue el cuarto socio comercial de China en América Latina, con un comercio global (importaciones más exportaciones) que rondó los 13.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, China se convirtió en el segundo socio comercial de Argentina, tanto en importaciones como en exportaciones, en ambos casos detrás de Brasil y antes de Estados Unidos.

En base a datos del INDEC argentino, el valor de las exportaciones argentinas a China durante 2010 fue de U$S 5.796 millones, mientras que las importaciones totalizaron U$S 7.649 millones; superavitaria para la Argentina hasta el año 2008, la balanza comercial arrojó en 2010 un saldo comercial negativo de 1.853 millones[14]; en el primer semestre de 2011 ya había superado el déficit de todo el año anterior[15], fundamentalmente por importaciones industriales ya que la balanza agropecuaria sigue siendo marcadamente positiva[16].

La composición del comercio bilateral sigue mostrando una marcada asimetría: las exportaciones chinas hacia nuestro país son en su casi totalidad productos no agrícolas, mientras que sus importaciones desde Argentina están altamente concentradas en productos agrícolas. En 2010 los principales rubros de importación de Argentina desde China en 2010 fueron computadoras, partes para aparatos de radio y televisión, videomonitores y videoproyectores, glifosato, motocicletas, teléfonos celulares, partes de máquinas, etc.

El Cuadro 2 muestra el enorme peso del rubro agroindustrial en las exportaciones argentinas:

Cuadro 2: Comercio bilateral Argentina-China 2005 – 2010.

Fuente: Comercio Exterior Argentino (actualización marzo 2011). Min. de Agric., Ganadería y Pesca, Presidencia de la Nación, en base a datos de INDEC.

Fuente: Comercio Exterior Argentino (actualización marzo 2011). Min. de Agric., Ganadería y Pesca, Presidencia de la Nación, en base a datos de INDEC.

El viaje que en noviembre de 2004 hizo a Beijing el entonces presidente Kirchner saldó en un Memorando de entendimiento entre la República Argentina y la RPCh sobre cooperación en materia de comercio e inversiones. El gobierno chino logró entonces el apoyo de la República Argentina al ingreso de China a la OMC a cambio de concesiones comerciales (disminución de aranceles al ingreso de productos argentinos al país asiático, etc.). El Memorando prometía que el valor anual de las exportaciones argentinas se incrementaría en cinco años en 4.000 millones de dólares sobre el nivel vigente. Pero al concentrarse los volúmenes exportados a la RPCh en el complejo sojero, esta cláusula no haría más que reafirmar el modelo primario-exportador argentino[17].

El proceso de “desindustrialización selectiva” y re-primarización de la economía estimulado por la “asociación estratégica” con China no es exclusivo de la Argentina: el mismo deslizamiento hacia la “agrarización” y la “minerización” de la producción afecta a muchos otros países del “tercer mundo” como México y a los propios aliados de China en el grupo BRICS como Brasil y Sudáfrica[18].

En 2010 los productos del complejo sojero (porotos y aceite de soja) concentraron el 89,6% de las exportaciones agrícolas argentinas a China (Cuadro 3). La potencia asiática compró a nuestro país 11,2 millones de toneladas de porotos de soja por U$S 4.978 millones. China fue el principal mercado para los porotos de soja de Argentina (ese fue el destino del 83% del total exportado en volumen), y el cuarto mercado para el aceite de soja argentino (154.402 de toneladas —el 5,5% de la exportación argentina—, por U$S 136 millones).

Cuadro 3: Importaciones chinas de prod. agrícolas desde Argentina, 2008-2010
(en millones de dólares)

Fuente: “Análisis del comercio agrícola chino en 2010”. Consejería agrícola de la embajada argentina en la RPCh, 10-05-2011 (las cifras se han redondeado en décimos. RL).

Fuente: “Análisis del comercio agrícola chino en 2010”. Consejería agrícola de la embajada argentina en la RPCh, 10-05-2011 (las cifras se han redondeado en décimos. RL).

Miguel Teubal[19] define este proceso de las décadas de 1990 y 2000 como el paso “del Granero del Mundo a la República Sojera”. Efectivamente, la “relación especial” determinada por la asociación estratégica con China contribuyó a reforzar la especialización primario-exportadora centrada en un solo cultivo. La soja transgénica se propagó en la Argentina a costa de muchas otras actividades vinculadas directamente al consumo de la población y a la producción industrial.

Han sido desplazados o eliminados cultivos hortícolas, establecimientos avícolas, tambos, campos ganaderos, montes frutales, y producciones como papa, arroz, batata, lenteja, arveja, algodón, lino, etc. Esto incidió, sin duda, en el acentuado proceso inflacionario que afecta los productos alimentarios dirigidos al mercado interno.

La expansión de la soja transgénica acentuó, también, el carácter latifundista de la tenencia y explotación de la tierra y el control efectivo de grandes áreas fértiles por pools de siembra en manos de poderosos consorcios nacionales y extranjeros, con el consiguiente desplazamiento de chacareros de la producción directa y despoblamiento del campo.

El exorbitante aumento del precio de la tierra como consecuencia de la demanda de tierras para la oleaginosa —su valor casi se cuadruplicó en la última década— contribuyó al proceso de expulsión-concentración en la zona conocida como “maicera” (pero que en realidad es la principal área de cultivo de soja). Asimismo, 17 millones de hectáreas se encuentran ya en manos extranjeras[20].

Al avance de la concentración de la propiedad territorial y de la producción agraria se suma el de la comercialización de la producción de la soja y sus derivados, controlada por un núcleo reducido de empresas. Y al igual que ocurría un siglo atrás con las exportaciones argentinas de carnes, las ventas al exterior están concentradas en un puñado de grandes corporaciones extranjeras: en el período 1998-2010, la participación de los primeros cinco consorcios exportadores pasó del 33% al 84% del total de las ventas.

En el caso de la exportación de granos, en el mismo período la parte del negocio controlada por los cinco principales exportadores pasó del 51% al 70%. Y la extranjerización se acentuó igualmente: mientras en 1988 se hallaban allí entidades cooperativas y empresas de capital nacional (Federación Argentina de Cooperativas Agrarias, Agricultores Federados Argentinos), en 2010 la cúpula exportadora estaba compuesta íntegramente por monopolios extranjeros (Cargill, Toepfer, Bunge, ADM Argentina y Dreyfus)[21].

La expansión del monocultivo de soja es la culminación de un largo ciclo de verdadera “contrarreforma agraria” iniciado en 1967 por la Ley Raggio de la dictadura militar de Onganía, profundizado luego por las políticas de la dictadura de 1976-1983 y sustancialmente inalterado durante los gobiernos constitucionales que la siguieron.

Contracara de la “relación especial”: masiva inversión china en áreas económicas estratégicas

En julio de 2011, el Secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales de la Argentina, Luis María Kreckler, de visita en Beijing, consideró que “existen tendencias estructurales que favorecen las inversiones entre ambos países. Argentina tiene lo que el mundo demanda para el futuro. Esto no es un dato menor a la hora de que los inversores decidan dónde colocar su dinero. La Argentina presenta ofertas rentables, estabilidad macroeconómica y política. Estamos condenados al éxito” en esta relación estratégica con China, subrayó.

También aseguró que China “ha tomado a la Argentina como objetivo de inversión en América Latina”. “Ya tenemos invertido en ferrocarriles, subtes y transporte aproximadamente 15.000 millones de dólares. Hemos logrado, por ejemplo, muchos avances con el Belgrano Cargas”, dijo en la misma ocasión el viceministro de Comercio chino, Wang Chao[22].

En 2010, Pan American Energy (PAE, 50% de la china Cnooc y otro tanto de la ruso-argentina Bridas, de Bulgheroni) compró los activos locales de la norteamericana Esso. Con ello y con otras inversiones de las petroleras estatales chinas Cnooc y Sinopec, China pasó del 29° al 3er. lugar entre los inversores extranjeros en la Argentina. En 2007, mientras todavía estaba en manos de British Petroleum, PAE había obtenido que la provincia de Chubut y el gobierno nacional le extendieran la concesión de Cerro Dragón, el yacimiento más productivo del país, por 40 años (hasta 2047), de lo que ahora se beneficia la corporación china asociada al grupo Bridas.

Hacia diciembre de 2010, corporaciones privadas o estatales chinas ya habían hecho pie en las 23 provincias argentinas[23]. Sus intereses se centraban en la obtención de hierro, litio, maderas, y productos alimentarios (arroz y tabaco) en la región norte-noroeste; soja y derivados (aceite), biodiesel y ganado vacuno en la región pampeana; minería en la región cuyana; maderas y alimentos en la región litoraleña; y petróleo, gas y tierras para soja en la Patagonia. Se habían instalado supermercados chinos en 21 de las 23 provincias.

Chinos. Autos. Chinos. Más autos. From totalcar.hu

Chinos. Autos. Chinos. Más autos. From totalcar.hu

Una rápida reseña del avance del capital financiero chino en áreas fundamentales de la economía argentina en lo que va del año 2011 da una medida del ritmo vertiginoso con que se profundiza la “asociación estratégica” de importantes sectores de las clases dirigentes argentinas con la burguesía monopolista china.

• En enero, la empresa Tierra del Fuego Energía y Química SA (TFEyQ), nombre con que opera en el país la china Shaanxi Chemical Corporation (70% propiedad del estado chino), y el Ministerio de Industria anunciaron el acuerdo por el que la primera invertirá en 2 años 1.000 millones de dólares en la construcción de una planta para fabricar fertilizantes, una central térmica que abastecerá a esa fábrica y un puerto comercial en la provincia austral de Tierra del Fuego. Las obras están a cargo del grupo local Roggio. La compañía china se beneficia con las exenciones impositivas que establece la ley de promoción industrial de la provincia; ésta, además, se obliga a proveer a la empresa 1,5 millones de metros cúbicos diarios de gas, insumo básico para la planta de urea, a un precio 5 veces menor que el de mercado con la única condición para la empresa de pagar por adelantado dos años del volumen de gas comprometido.

• Además del convenio anteriormente analizado entre el gobierno de la provincia de Río Negro y la corporación estatal china Beidahuang de Heilongjiang para la producción de soja y otros cultivos para China en tierras fiscales arrendadas, en mayo tuvo lugar una nueva exportación de mineral de hierro con destino a empresas siderúrgicas de China por la compañía china MCC-Minera Sierra Grande, que antes fuera la histórica empresa argentina Hipasam, cedida en 2005 por el mismo gobernador Saiz. Junto con las instalaciones, MCC obtuvo el puerto de Punta Colorada, cuyas exportaciones son agraciadas con concesiones impositivas por tratarse de un puerto patagónico.

• En febrero el gobernador de la provincia de Santa Cruz, Daniel Peralta, viajó a Beijing invitado por el Grupo Bulgheroni y las petroleras chinas Cnooc y Sinopec, para estudiar distintos proyectos de inversión de esas corporaciones en petróleo, represas hidroeléctricas y centrales térmicas de Santa Cruz.

• La refinería estatal china Sinopec, la mayor de Asia, completó en febrero la adquisición, por valor de 2.450 millones de dólares, de los activos que la estadounidense Occidental Petroleum (Oxy) tenía en la Argentina.

• También en febrero el Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba aprobó la construcción del metro, por 1.800 millones de dólares financiados en un 85% con un crédito chino, a cargo de la China Railways Internacional y el grupo local Roggio. Paralelamente el conservador jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, políticamente enfrentado con el gobierno nacional, anunció su proyecto para comenzar en 2011 las obras de construcción de la línea G de subterráneos, a cargo de la misma China Railways International y con financiamiento del Eximbank China.

• Mauricio es hijo del empresario oficialista Franco Macri, designado en 2006 por el gobierno chino como su gestor para los negocios de la potencia asiática en América Latina. En esa función Franco Macri, quien en disidencia con su hijo Mauricio declaró pública y reiteradamente su vocación oficialista, fue el intermediario en los acuerdos firmados en julio de 2010 en China por una delegación oficial encabezada por la presidenta Cristina Kirchner, que involucran desde obras de infraestructura en el ferrocarril Belgrano Cargas (ver referencia más abajo) hasta la compra de coches para el subterráneo de la ciudad de Buenos Aires, por 10.000 millones de dólares. El negociador argentino de los convenios fue el actual secretario de Transporte de la Nación, Juan Pablo Schiavi, quien hasta 2003 había sido jefe de campaña de Mauricio Macri.

• En marzo el gobernador de la provincia china de Shandong visitó la provincia de La Rioja para poner en marcha un reciente acuerdo de exploración en minas de oro suscripto entre la provincia de La Rioja y la empresa china Shandong Gold.

• También en marzo, el Banco Industrial y Comercial de China (ICBC), la mayor entidad del mundo por capitalización de mercado y administración de depósitos, anunció la compra de la filial argentina del Standard Bank, la entidad heredera aquí del BankBoston y controlada por capitales sudafricanos (75%) en sociedad con las familias locales Werthein (La Caja, Telecom; ex presidente de la Cámara de la Producción, la Industria y el Comercio Argentino-China) y Sielecki (Laboratorios Elea y Fénix). Significativamente, la adquisición tiene por finalidad “acompañar la ofensiva de capitales chinos sobre sectores estratégicos de la economía local”[24].

• En mayo inauguró una planta de biodiesel la corporación exportadora china Noble Group, radicada en la Argentina en 2001. Noble tiene su puerto propio sobre el río Paraná en la localidad de Timbúes (provincia de Santa Fe); en 2008 inauguró una planta de prensado de soja, y en octubre de 2010 otra de molienda de granos.

• En concordancia con la variedad de recursos que les interesa obtener, los capitales gubernamentales y privados de China se preocupan también por asegurarse la logística de su obtención y de su transporte interno y externo. Durante la visita de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al país asiático en julio de 2010 se firmaron convenios por los que la empresa China Nacional Machinery & Equipment Import & Export destinará 10.000 millones de dólares para rehabilitar el ferrocarril Belgrano Cargas, incluyendo el reacondicionamiento de dos ramales y la renovación de unos 1.500 kilómetros de vías. El Belgrano Cargas es una estructura vital para el transporte de materias primas, ya que atraviesa catorce provincias del centro y norte del país y conecta a través de Bolivia y el norte chileno con la salida al Pacífico. “Pekín considera a la logística y el transporte de granos un tema estratégico, por eso vienen a invertir en la Argentina”, afirmó Ernesto Fernández Taboada, director de la Cámara de la Producción, la Industria y el Comercio Argentino-China que preside el empresario Carlos Spadone y de la que Franco Macri es presidente honorario[25].

• Teniendo en cuenta que la visita presidencial y los acuerdos de inversión ferroviaria tuvieron lugar en pleno curso del diferendo suscitado por la suspensión de las importaciones chinas de aceite de soja argentino en represalia por las medidas antidumping contra el ingreso de productos chinos a la Argentina, puede presumirse que esos acuerdos fueron parte de las condiciones del gobierno chino para la reanudación de las compras de aceite de soja por Beijing, que se produciría hacia fines del mismo año.

• La incursión de las corporaciones chinas en tierras agrícolas no se limita al acuerdo con la provincia de Río Negro. La misma compañía Beidahuang que firmó aquel convenio formuló también una asociación con Cresud, empresa agropecuaria de la familia Elsztain y una de las mayores propietarias de tierra de la Argentina, con el fin de comprar tierras y sembrar soja. Cresud tiene más de 900.000 hectáreas en la Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia. En el país posee 80.000 hectáreas con producción de soja, maíz y trigo; 230.000 dedicadas a la ganadería y otras 320.000 hectáreas de reserva[26].

• Continúa la expansión de los supermercados chinos. Ubicados inicialmente en la capital y en el gran Buenos Aires, superan ya los 5.000 establecimientos en todo el país, están nucleados en una cámara propia, y controlan ya casi el 20 por ciento del comercio minorista.

De Gran Bretaña a China: caminos ya recorridos y asignaturas pendientes

La estructura del intercambio chino-argentino reitera un conocido patrón histórico: exportación de productos primarios contra importación de productos de la industria china. Las inversiones oficiales y privadas de China amplían el control o influencia de intereses estatales o privados de la potencia asiática sobre áreas económicas fundamentales (petróleo, minería, tierra, agricultura).

Tiende a consolidarse, así, la clásica división internacional del trabajo entre las grandes potencias y la Argentina que esas potencias, aunando sus intereses a los de poderosas fracciones de las clases dirigentes, predicaron y promovieron desde el siglo XIX.

Se refuerza el perfil primarioexportador de la economía y una orientación que agrava el efecto de las estrategias económicas que predominaron en las últimas dos décadas: un perfil sin industria, o con un tipo de desarrollo industrial limitado a la producción de algunas manufacturas de origen agropecuario y a la extracción y transformación de algunos recursos naturales; una industria meramente complementaria, subordinada a, y dependiente de capitales, insumos y mercados extranjeros, en desmedro de los requerimientos de un desarrollo independiente, integrado y autosostenido de nuestras economías y en perjuicio de la producción y el empresariado nacionales centrados en el mercado interno, así como de los sectores del trabajo que constituyen su base.

El carácter del intercambio bilateral y de las inversiones de China consolida los lastres de una estructura económico-social cuyo desarrollo es, desde hace más de un siglo, obstaculizado por la subsistencia del latifundio y su asociación con mercados y capitales extranjeros, y por la dependencia respecto de las grandes potencias expresada ?en su aspecto interno? en el predominio de las corporaciones de esas potencias en la industria, el comercio exterior y las finanzas del país.

Como ya sucediera en las relaciones con otras grandes potencias a lo largo del siglo XX —Gran Bretaña y otros países europeos, sumándose posteriormente los Estados Unidos, y en los ’70 y ’80 la Unión Soviética—, las clases dirigentes de Argentina (especialmente sectores de ellas ligados a la producción y exportación de productos alimentarios y de materias primas para la industria, así como a las inversiones extranjeras y a la importación de bienes manufacturados) promueven activamente con la potencia asiática una “asociación estratégica” de largo plazo que incluye acuerdos económicos y políticos.

Al igual que en aquellos antecedentes, los impulsa el atractivo de un mercado amplio y duradero y de una significativa provisión de capitales. Sectores de grandes terratenientes y capitalistas locales se asocian al imperialismo ascendente convirtiéndose en sus intermediarios internos, promoviendo el redireccionamiento de los vínculos externos de nuestros países hacia el nuevo “socio privilegiado”, a veces en una compleja trama de rivalidad y alianzas con otros sectores de las clases dirigentes ligados a distintos centros económicos y políticos.

En medios empresariales, políticos y académicos surgen actualmente voces que, aunque con tibieza, cuestionan este tipo de inserción internacional al que han dado en llamar el “modelo del siglo XIX” —y al que otros sectores empresariales, políticos y académicos adhieren—, sugiriendo, en consonancia con las recomendaciones de la Cepal dirigida por el liberal-neodesarrollista José L. Machinea, complementar la especialización argentina en productos primarios exportables con alguna diversificación industrial, atrayendo inversiones hacia ramas industriales y de infraestructura complementarias —o simplemente subsidiarias— de las necesidades estratégicas de Beijing.

Una estrategia, en suma, encuadrada en los moldes de la “industrialización dependiente”[27]: no promueve una vía de industrialización centrada en las necesidades de infraestructura locales y regionales, en el mercado interno y en el apoyo y promoción estatal a capitales nacionales como base de una verdadera reconstrucción industrial, sino una nueva especialización en la exportación de productos básicos, agregando cierta diversificación que permita “integrarla a las cadenas productivas y de comercialización de Asia-Pacífico”.

Una diversificación orientada a la producción local —no necesariamente nacional— de ciertos bienes exportables inducidos por la demanda de China, o a la realización —con aportes directos o indirectos del Estado— de proyectos de infraestructura y de energía orientados a facilitar las exportaciones al país asiático o a complementar la radicación de sus empresas aquí; es decir, una vía de “crecimiento” no autocentrada sino complementaria y adaptada a los requerimientos del influyente socio comercial e inversor de las clases exportadoras e importadoras del país. Las inversiones chinas, además, compiten con las de origen europeo y estadounidense, aún predominantes tanto por su gravitación económica como por su influencia política.

Aunque escudado tras una retórica “productivista”, un “modelo” de cuño neodesarrollista con perfil sojero-petrolero-minero-exportador como el que se ha afirmado en la Argentina en los últimos años sólo completa o refuerza el círculo de hierro de la “complementariedad subordinada”, en este caso a las prioridades de la economía china; un tipo de asociación similar a la que en el siglo XX supeditó los destinos de los países latinoamericanos a los intereses y estrategias de las grandes potencias, complementando nuestra dependencia vendedora con la dependencia inversora e importadora de los bienes de capital necesarios para ese tipo de “desarrollo”.

El caso argentino es, así, muy representativo del modo en que el mercado externo concentrado
en una u otra de las grandes potencias, y la complementariedad así asentada entre ambas economías, han sido históricamente la puerta de entrada a la subordinación (primero comercial, después política, militar, estratégica) de las clases y grupos intermediarios locales ligados a la exportación de productos agropecuarios a esas potencias, perpetuando las estructuras internas responsables de la dependencia y la vulnerabilidad externa.

Resumen

La conmemoración del bicentenario de las independencias latinoamericanas convoca a la reflexión y al análisis crítico sobre los rumbos económicos y políticos que desde fines del siglo XIX, y luego a lo largo del siglo XX y en lo que va del actual, llevaron a nuestra región a caer en nuevas dependencias y a la consiguiente pérdida o disminución de resortes básicos de soberanía económica y política nacionales.

En la Argentina, la rápida expansión de las relaciones económicas y políticas con China desde hace unos veinte años y especialmente durante la última década, tuvo su correlato en el desarrollo de importantes grupos terratenientes y empresariales asociados a intereses estatales o privados de la potencia asiática. Históricamente, la asociación subordinada de poderosos sectores de las clases dirigentes argentinas —habitualmente con fuertes vínculos en el aparato estatal— al capital financiero de las grandes potencias, estuvo y está en la base de la dependencia argentina.

Así ocurrió a fines del siglo XIX y durante el primer tercio del siglo XX, cuando los terratenientes exportadores y poderosos sectores empresariales argentinos sostuvieron una así llamada “relación especial” o “privilegiada” con el capitalismo británico.

En la actualidad, al igual que entonces, representantes gubernamentales y económicos chinos y argentinos, tanto públicos como privados, destacan el carácter complementario de la economía argentina —y de otros países de la región— con la economía industrial de la potencia asiática; los lazos comerciales y la radicación o asociación de capitales de China en las economías locales son descriptos como una oportunidad que permitiría a nuestros países desarrollar sus producciones, diversificar sus relaciones internacionales y disminuir su endeudamiento.

Con estas consideraciones, en el caso de la Argentina, sectores gubernamentales y empresariales —algunos de ellos directamente asociados a intereses chinos— promueven la adaptación de áreas estratégicas de la economía local a la complementación con China.

Claros indicios de ese rumbo se manifiestan ya en áreas tan decisivas de la economía nacional como la tenencia y uso de la tierra y las industrias ferroviaria y petrolera. En relación a ello, otros voceros económicos e intelectuales cuestionan la unilateralidad y vulnerabilidad de la especialización primario-exportadora, e importadora de capital y bienes industriales, que tal asociación trae aparejada. Se ha señalado la reconstitución de un “modelo exportador similar al del siglo XIX”, e incluso el esbozo de “una nueva relación neocolonial con China como metrópoli”.

Durante la última década, las estructuras del intercambio bilateral y de las inversiones oficiales y privadas de China en la Argentina consolidaron, además, la histórica división internacional del trabajo entre las grandes potencias y los países latinoamericanos, reforzando el perfil primarioexportador de la producción nacional reflejado, entre otras cosas, en el pronunciado proceso de “sojización” y concentración que caracteriza a la producción agraria y las exportaciones argentinas.

El creciente peso del comercio y del capital chino en la Argentina replantea, así, el “clásico” debate acerca de la dependencia argentina —y de la mayor parte de los países latinoamericanos— respecto de las grandes potencias.

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[1] http://lahistoriadeldia.wordpress.com/2011/03/09/la-soja-desembarca-en-la-patagonia/

[2] Darío Aranda: “La soja desembarca en la Patagonia”. Página/12 (Arg.), 08-03-2011.

[3] Agencia de noticias Urgente24 (Arg.), 04-05-2011.

[4] Diario Clarín (Arg.), 09-06-2011.

[5] Diario La Nación (Arg.), 09-06-2011.

[6] Susana Lara: “Transformación del paisaje agrario del Valle Medio de Río Negro”. APP, Agencia Periodística Patagónica, 27-08-2011. http://www.appnoticias.com.ar/desarro_noti.php?cod=25510.

[7] Susana Lara: “Transformación del paisaje agrario …”.

[8] Roca digital, 02-11-2010. En http://www.rocadigital.com.ar/?id=19441&m=imprimir.

[9] Patricio Eleisegui en http://negocios.iprofesional.com/notas/121401-Entre-golpes-y-gritos-China-oficializ-queexplotar-tierras-en-Ro-Negro-y-ya-evala-otras-provincias , 25-8-2011. También Gustavo Dutch Guillot: “No es (sólo) China”, en ALAI, América Latina en Movimiento, 17-07-2011, http://alainet.org/active/48103&lang=es.

[10] Grupo de Reflexión Rural: “Modelo neocolonial: acaparamiento de tierra, monocultivos y exclusión social”, 04-02-2011. http://alainet.org/active/44385&lang=es

[11] Se refiere a Gustavo Grobocopatel, el “rey de la soja” en la Argentina. La empresa familiar de Grobocopatel, Los Grobo Agropecuaria, creció en la década de 1990 hasta manejar, según se estima, unas 200 mil hectáreas, en su mayor parte en tierra arrendada en Argentina, Brasil y Uruguay.

[12] Grupo de Reflexión Rural: “Acerca del proyecto de ley sobre ‘extranjerización de tierras’ presentado por el Poder Ejecutivo Nacional. Falsas soluciones y profundización del modelo”. 09-09-2011. http://alainet.org/active/49318&lang=es

[13] Florencia Donovan: “Supersoja: el precio del cultivo resiste la tormenta, en un mercado en el que casi todas las commodities pierden”. Diario La Nación (Arg.), 04-09-2011.

[14] “Análisis del comercio agrícola chino en 2010”. Consejería agrícola de la embajada argentina en la RPCh, 10-05-2011.

[15] “El desembarco chino”. Diario Página/12 (Arg.), 21-07-2011.

[16] “La balanza comercial argentina con China, en déficit”. http://www.mercadocontinuo.com/2011/02/28/labalanza-comercial-argentina-con-china-en-deficit/, 28-02-2011.

[17] Eduardo D. Oviedo: “China: Visión y práctica de sus llamadas `relaciones estratégicas´”. En Estudios de Asia y África, El Colegio de México, Vol. XLI(3), Nº 131, México, septiembre-diciembre, 2006.

[18] David Wessel y Paulo Prada: “El ascenso de China trastoca al resto de las economías del mundo”. WSJ Américas, 11-03-2011. Ver también E. Dussel Peters: “El caso mexicano”, en R. Jenkins y E. Dussel Peters ed.: China y América Latina. Relaciones económicas en el siglo XXI. German Development Institute (DIE) y Centro de Estudios China-México (Cechimex, UNAM). Bonn-México, 2009, p. 302-3; y CEPAL: La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe, 2010, p. 148.

[19] “Expansión del modelo sojero en Argentina”. Revista Realidad Económica N° 220, mayo-junio 2006.

[20] Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec): Censo Nacional Agropecuario 2001.

[21] Ricardo Ortiz y Pablo Pérez: “Ambiciones privadas y connivencia estatal: dos décadas de explotación de los recursos naturales en la Argentina”. Revista Industrializar Argentina N° 14, mayo 2011.

[22] “Alimentando al dragón a cambio de inversiones”, Agencia Urgente24, 20-07-2011. “El desembarco chino”, diario Página/12, 21-07-2011. Ver también: “Embajador Yin Hengmin destaca la asociación estratégica con Argentina”. 21-05-2011. http://ar.chineseembassy.org/esp/xwdt/t824239.htm.

[23] Patricio Eleisegui en iProfesional.com, 02-12-2010.

[24] Diario La Nación (Arg.), 19-03-2011.

[25] Patricio Eleisegui para iProfesional.com. En http://www.pdeqdigital.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1325:china-avanza-sobreargentina-en-sectores-claves-de-la-economia-gandara-ya-es-china&catid=76:economia&Itemid=468

[26] “Cresud negocia asociarse con una empresa china”. Diario Clarín (Arg.), 23-06-2011.

[27] Horacio Ciafardini: “La Argentina en el mercado mundial contemporáneo”. En Crisis, inflación y desindustrialización en la Argentina dependiente. Ed. Ágora, 1990.

http://rubenlaufer.blogspot.com/2011/10/argentina-china-recreacion-de-la-vieja.html

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Blackberry guiando al pueblo, by David Vela (2º Premio World Press Cartoon 2012), from humoryterapia.blogspot.com.ar

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Dicho de otra manera; no nos encontramos ante una “crisis cíclica” con alternativas de recomposición de una nueva prosperidad burguesa…

Autodestrucción sistémica global, insurgencias y utopías

Por Jorge Beinstein
noticiaspia.com.ar, 16.11.12

Texto presentado en Ciclo de Conferencias “Los retos de la humanidad: la construcción social alternativa” – Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México, 23 al 25 de Octubre de 2012.

Aceleración de la crisis (cambio de discurso).

El fatalismo global abandona su máscara optimista neoliberal de otros tiempos (que sobrevivió durante el primer tramo de la crisis desatada en 2008) y va asumiendo un pesimismo no menos avasallador. En el pasado los medios de comunicación nos explicaban que nada era posible hacer ante un planeta capitalista cada día más próspero (aunque plagado de crueldades), sólo nos quedaba la posibilidad de adaptarnos, una ruidosa masa de expertos avalaba las grandes consignas con argumentos científicos irrefutables (los críticos no podían hacerse oír frente a la avalancha mediática). A eso se le llamó discurso único, aparecía como un formidable instrumento ideológico y prometía acompañarnos durante varios siglos aunque duró unas pocas décadas y se esfumó en menos de un lustro.

Ahora la reproducción ideológica del sistema mundial de poder empieza a acudir a un nuevo fatalismo profundamente pesimista basado en la afirmación de que la degradación social (desplegada como resultado de “la crisis”) es inevitable y se prolongará durante mucho tiempo.

Como en el caso anterior los medios de comunicación y su corte de expertos nos explican que nada es posible hacer más que adaptarnos (nuevamente) ante fenómenos universales inevitables. Como cualquier otra civilización, la actual en última instancia controla a sus súbditos persuadiéndolos acerca de la presencia de fuerzas inmensamente superiores a sus pequeñas existencias imponiendo el orden (y el caos) ante las cuales deben inclinarse respetuosamente. El “mercado global”, “Dios” u otra potencia de dimensión oceánica cumplen dicha función y sus sacerdotes, tecnócratas, generales, empresarios o dirigentes políticos no son otra cosa que ejecutores o intérpretes del destino lo que de paso legitima sus lujos y abusos.

Así es como en Septiembre de 2012 Olivier Blanchard, economista jefe del Fondo Monetario Internacional anunciaba que “la economía mundial necesitará por lo menos diez años para salir de la crisis financiera que comenzó en 2008” (1). Según Blanchard el enfriamiento durable de los cuatro motores de la economía global (Estados Unidos, Japón, China y la Unión Europea) nos obliga a descartar cualquier esperanza en una recuperación general a corto plazo. Aún más duro en agosto del mismo año el Banco Natixis integrante de un grupo que asegura el financiamiento de aproximadamente el 20% de la economía francesa publicaba un informe titulado “La crisis de la zona euro puede durar veinte años” (2).

Nos encontramos ante un problema que difícilmente puedan resolver las élites dominantes: la cultura moderna es hija del mito del progreso, una y otra vez pudo cautivar a los de abajo con la promesa de un futuro mejor en este mundo y al alcance de la mano, eso la diferencia de experiencias históricas anteriores. Las épocas de penuria son siempre descriptas como provisorias preparatorias de un gran salto hacia tiempos mejores. La reconversión de la cultura dominante en un pesimismo de larga duración aceptado por las mayorías no parece viable, por lo menos es de muy difícil realización exitosa no sólo en los países ricos sino también en la periferia sobre todo en las llamadas sociedades emergentes.

Sólo poblaciones radicalmente degradadas podrían aceptar pasivamente un futuro negro sin salida a la vista, las élites imperialistas golpeadas, desestabilizadas por la decadencia económica, sin proyectos de integración social podrían encontrar en la degradación integral de los de abajo (sus pobres internos y los pueblos periféricos) una riesgosa alternativa posible de supervivencia sistémica.

Autodestrucción

El capitalismo como civilización ha ingresado en un período de declinación acelerada, una primera aproximación al tema muestra que nos encontramos ante el fracaso de las tentativas de superación financiera de la crisis que se desató en 2008 aunque una evaluación más profunda nos llevaría a la conclusión de que el objetivo anunciado por los gobiernos de los países ricos (la recomposición de la prosperidad económica) ocultaba el verdadero objetivo: impedir el derrumbe de la actividad financiera que había sido la droga milagrosa de las economías centrales durante varias décadas. Desde ese punto de vista las estrategias aplicadas fueron exitosas, consiguieron aplazar durante cerca de un lustro un desenlace que se acercaba velozmente cuando se desinfló la burbuja inmobiliaria norteamericana.

Una visión más amplia nos estaría indicando que lo ocurrido en 2008 fue el resultado de un proceso iniciado entre fines de los años 1960 y comienzos de los años 1970 cuando la mayor crisis económica de la historia del capitalismo no siguió el camino clásico (tal como lo mostró el siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX) con gigantescos derrumbes empresarios y una rápida mega avalancha de desempleo en las potencias centrales, sino que fue controlada gracias a la utilización de poderosos instrumentos de intervención estatal en combinación con reingenierías tecnológicas y financieras de los grandes grupos económicos.

Esa respuesta no permitió superar las causas de la crisis, en realidad las potenció hasta niveles nunca antes alcanzados desatando una ola planetaria de parasitismo y de saqueo de recursos naturales que ha engendrado un estancamiento productivo global en torno del área imperial del mundo imponiendo la contracción económica del sistema no como fenómeno pasajero sino como tendencia de larga duración.

Se trata de un complejo proceso de decadencia, basta con repasar datos tales como el del volumen de la masa financiera equivalente a veinte veces el Producto Bruto Mundial y su pilar principal: el super endeudamiento público-privado en los países ricos que bloquea la expansión del consumo y la inversión, el de la declinación de los recursos energéticos tradicionales (sin reemplazo decisivo cercano) o el de la destrucción ambiental. Y también el de la transformación de las élites capitalistas en un entramado de redes mafiosas que marca con su sello a las estructuras de agresión militar convirtiéndolas en una combinación de instrumentos formales (convencionales) e informales donde estos últimos van predominando a través de una inédita articulación de bandas de mercenarios y manipulaciones mediáticas de alcance global, “bombardeos humanitarios” y otras acciones inscriptas en estrategias de desestabilización integral apuntando hacia la desestructuración de vastas zonas periféricas. Afganistán, Iraq, Libia, Siria… México ilustran acerca del futuro burgués de las naciones pobres.

El área imperial del sistema se degrada y al mismo tiempo intenta degradar, caotizar al resto del mundo cuando pretende controlarlo, superexplotarlo. Es la lógica de la muerte convertida en pulsión central del capitalismo devenido senil y extendiendo su manto tanático (su cultura final) que es en última instancia autodestrucción aunque pretende ser una constelación de estrategias de supervivencia.

Cada paso de las potencias centrales hacia la superación de su crisis es en realidad un nuevo empujón hacia el abismo. Los subsidios otorgados a los grupos financieros abultaron las deudas públicas sin lograr la recomposición durable de la economía y cuando luego tratan de frenar dicho endeudamiento restringiendo gastos estatales al tiempo que aplastan salarios con el fin de mejorar las ganancias empresarias agravan el estancamiento convirtiéndolo en recesión, deterioran las fuentes de los recursos fiscales y eternizan el peso de las deudas.

Frente al desastre impulsado por las mafias financieras se alza un coro variopinto de neoliberales moderados, semikeynesianos, regulacionistas y otros grupos que exigen suavizar los ajustes y alentar la inversión y el consumo… es decir seguir inflando las deudas públicas y privadas… hasta que se recomponga un supuesto circulo virtuoso del crecimiento (y del endeudamiento) encargado de pagar las deudas y restablecer la prosperidad… a lo que los tecnócratas duros (sobre todo en Europa) responden que los Estados, las empresas y los consumidores están saturados de deudas y que el viejo camino de la exuberancia monetaria-consumista ha dejado de ser transitable.

Ambos bandos tienen razón porque ni los ajustes ni los repartos de fondos son viables a mediano plazo, en realidad el sistema es inviable.

Las agresiones imperiales cuando consiguen derrotar a sus “enemigos” no logran instalar sistemas coloniales o semi coloniales estables como en el pasado sino que engendran espacios caóticos. Es así porque la economía mundial en declive no permite integrar a las nuevas zonas periféricas sometidas, los espacios conquistados no son absorbidos por negocios productivos o comerciales medianamente estables de la metrópolis sino saqueados por grupos mafiosos y a veces simplemente empujados hacia la descomposición. Mientras tanto los gastos militares y paramilitares de los Estados Unidos, el centro hegemónico del capitalismo, incrementan su déficit fiscal y sus deudas.

Queda así al descubierto un aspecto esencial del imperialismo del siglo XXI mutando hacia una dinámica de desintegración general de alcance planetario. Esto es advertido no sólo por algunos partidarios del anticapitalismo sino desde hace un cierto tiempo por un número creciente de “prestigiosos” (mediáticos) defensores del sistema como el gurú financiero Nuriel Roubini cuando proclamaba hacia mediados de 2011 que el capitalismo había ingresado en un período de autodestrucción (3).

Es un lugar común la afirmación de que el capitalismo no se derrumbará por si solo sino que es necesario derribarlo, por consiguiente quienes señalan la tendencia hacia la autodestrucción del sistema son acusados de ignorar sus fortalezas y sobre todo de fomentar la pasividad o las ilusiones acerca de posibles “victorias fáciles” que desarman, distraen a los que luchan por un mundo mejor.

En realidad ignorar o subestimar el carácter autodestructivo del capitalismo global del siglo XXI significa desconocer o subestimar fenómenos que sobredeterminan su funcionamiento como la hegemonía del parasitismo financiero, la catástrofe ecológica en curso, la declinación de los recursos naturales especialmente los energéticos catalizada por la dinámica tecnológica dominante, la incapacidad de la economía mundial para seguir creciendo lo que la lleva a acelerar la concentración de riquezas y la marginación de miles de millones de seres humanos que “están de más” desde el punto de vista de la reproducción del sistema. En suma, el ingreso a una era marcada por la reproducción ampliada negativa de las fuerzas productivas de la civilización burguesa amenazando a largo plazo la supervivencia de la mayor parte de la especie humana.

Presenciamos entonces una subestimación de apariencia voluntarista que oculta la devastadora radicalidad de la decadencia y en consecuencia la necesidad de la irrupción de un voluntarismo insurgente (anticapitalista) capaz de impedir que el derrumbe nos sepulte a todos.

Dicho de otra manera; no nos encontramos ante una “crisis cíclica” con alternativas de recomposición de una nueva prosperidad burguesa aunque sea elitista sino ante un proceso de degeneración sistémica total.

La historia de las civilizaciones nos recuerda numerosos casos (empezando por el del Imperio Romano) donde la hegemonía civilizacional que conseguía reproducirse en medio de la decadencia anulaba las tentativas superadoras engendrando descomposiciones que incluían a víctimas y a verdugos.

La contrarrevolución ideológica que dominó la post guerra fría acunó a una suerte de marxismo conservador que caricaturizó la teoría de la crisis de Marx reduciéndola a una sucesión infinita de “crisis cíclicas” de las que el capitalismo conseguía siempre salir gracias a la explotación de los trabajadores y de la periferia, el ogro era denunciado quedando demostrado una vez más quien era el villano del film.

Pero la historia no se repite, ninguna crisis cíclica mundial se parece a otra y todas ellas para ser realmente entendidas deben ser incluidas en el recorrido temporal del capitalismo, en su gran y único súper ciclo, es lo que nos permite por ejemplo distinguir a las crisis cíclicas de crecimiento, juveniles del siglo XIX, de las crisis seniles de finales del siglo XX y del siglo XXI.

Por otra parte, es necesario descartar la idea superficial de que la autodestrucción del sistema equivale al suicidio histórico aislado de las élites globales liberando automáticamente de sus cadenas al resto del mundo que un buen día descubre que el amo ha muerto y entonces da rienda suelta a su creatividad.

Es el mundo burgués en su totalidad el que ha iniciado su autodestrucción y no sòlo sus élites, es toda una civilización con sus jerarquías y mecanismos de reproducción simbólica, productiva, etc. que llega a su techo histórico y comienza a contraerse, a desordenarse pretendiendo arrastrar a todos sus integrantes, centro y periferia, privilegiados y marginales, opresores y oprimidos… el naufragio incluye a todos los pasajeros del barco.

Decadencia global

La autodestrucción aparece como la culminación de la decadencia y abarca al conjunto de la civilización burguesa no como un fenómeno “estructural” sino como totalidad histórica con todas sus herencias a cuestas: culturales, militares, productivas, institucionales, religiosas, tecnológicas, morales, científicas, etc. Se trata de la etapa descendente de un prolongado proceso civilizacional con un auge de algo más de doscientos años precedido por una prolongada etapa preparatoria y que llegó a asumir una dimensión planetaria.

Decadencia general, mucho más que “crisis” (las crisis que se van sucediendo aparecen como turbulencias, sacudones en el recorrido de la enfermedad), el fenómeno incluye a las dos configuraciones básicas del sistema: la central (imperialista, “desarrollada”, rica) y la periférica (“subdesarrollada”, globalmente pobre, “emergente” o sumergida, con sus áreas de prosperidad dependiente y de miseria extrema).

Los primeros años posteriores a la ruptura de 2008 mostraron el comienzo del fin de la prosperidad de las economías dominantes mientras un buen número de países periféricos seguían creciendo sobre todo China en torno de la cual se tejieron ilusiones acerca de una recomposición mundial del capitalismo a partir del subdesarrollo convertido en avalancha industrial-exportadora.

Pero la expansión de la economía china dependía del poder de compra de sus principales clientes: los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, como ya se pudo ver en 2012 el desinfle de esos compradores desinfla al engendro industrial exportador de la periferia (el negocio de la superexplotación de la mano de obra barata china encuentra límites significativos). En síntesis: no hay ningún desacople capitalista posible de la declinación mundial del sistema.

La decadencia es ante todo decadencia occidental, degradación del centro imperialista. Desde fines del siglo XVIII, cuando se inició el ascenso industrial, hasta los primeros años del siglo XXI, el capitalismo estuvo marcado por la dominación inglesa-norteamericana. Inglaterra en el siglo XIX y los Estados Unidos en la mayor parte del siglo XX han cumplido la función reguladora del conjunto del sistema, imponiendo la hegemonía occidental y al mismo tiempo subordinando a los rivales que aparecían al interior de Occidente, Francia fue desplazada a comienzos del siglo XIX y Alemania en la primera mitad del siglo XX.

El sello occidental del capitalismo viene dado no sólo por factores económicos y militares sino por un conjunto más vasto de aspectos decisivos del sistema (estilo de consumo, arte, ciencia, perfiles tecnológicos, diseños políticos, etc.). Lo que ahora es visualizado como despolarización o fin de la unipolaridad, es decir como pérdida de peso del imperialismo norteamericano (paralelo a la declinación europea) sin reemplazante a la vista expresa la desarticulación del capitalismo en tanto sistema global que debe ser entendida no sólo como desestructuraciòn polìtica y militar sino también cultural en el sentido amplio del concepto, es la historia de una civilización que entra en el ocaso.

Dicho de otra manera, la reproducción ampliada universal pero no occidentalista del capitalismo es una ilusión sin asidero histórico, sin embriones visibles reales en el presente. Recordemos el fiasco del llamado milagro japonés de los años 1960-1970-1980 y los pronósticos de esa época acerca de “Japón primera potencia mundial del siglo XXI” seguidos hasta hace poco por especulaciones no menos fantasiosas sobre el inminente ascenso chino al rango de primera potencia capitalista del planeta.

Agotamiento financiero

Es posible señalar fenómenos que marcan a la declinación sistémica. Uno de ellos es el de la hipertrofia financiera que como sabemos se fue expandiendo mientras descendían las tasas de crecimiento del Producto Bruto Mundial desde los años 1970.

Cuando estalló la crisis de 2008 la masa financiera global equivalía aproximadamente a unas veinte veces el Producto Bruto Mundial. Su columna vertebral visible, los productos financieros derivados registrados por el Banco de Basilea, representaban en Junio de 2008 11,7 veces el PBM (contra 2,5 veces en Junio de 1998, 3,9 veces en Junio de 2002, 5,5 veces en Junio de 2004, 7,8 veces en Junio de 2006).

Pero desde mediados de 2008 esa masa dejó de crecer tanto en su relación con el PBM como en términos absolutos, había llegado en ese momento a unos 683 billones (millones de millones) de dólares nominales, alcanzó los 703 billones en Junio de 2011 bajando a 647 billones en diciembre de 2011 (4).

Nos encontramos ahora ante un fenómeno de agotamiento financiero, en el pasado (posterior de los años 1970) la expansión de las deudas de los Estados, las empresas y los consumidores permitió crecer a las economías de los países ricos pero el endeudamiento fue llegando al límite mientras allí se saturaban importantes mercados (como los del automóvil y otros bienes durables).

Deudas, consumos tradicionales y parasitarios, redes comerciales, etc. en torno de los cuales se inflaban las actividades especulativas alcanzaron su frontera hacia 2007-2008, la droga había terminado por agotar la dinámica capitalista y al decaer los clientes se estancaron los negocios de los dealers, es decir del espacio hegemónico del sistema.

El capitalismo financierizado, resultado de una prolongada crisis de sobreproducción potencial controlada pero no resuelta, parásito cada día más voraz, finalmente agotó a su víctima y al hacerlo bloqueó su propia expansión.

Visto de otra manera, la reproducción ampliada del capitalismo atravesando exitosamente una larga sucesión de crisis de sobreproducción dio finalmente alas al hijo de uno de sus padres fundadores: las finanzas, lo hizo para sobrevivir, porque sin esa droga no habría podido salir del atolladero de los años 1970-1980; iniciado el camino quedó atrapado para siempre: más difícil era el crecimiento, más droga necesitaba el adicto, y después de cada breve ola de prosperidad económica global (su euforia efímera) llegaba el estado depresivo que reclamaba más droga, las tasas de crecimiento zigzageaban en torno de una linea de tendencia descendente y la masa financiera mundial se expandía en progresión geométrica. La fiesta terminó en 2008.

Bloqueo energético y crisis tecnológica

Otro fenómeno importante es el del bloqueo energético, el capitalismo industrial pudo despegar hacia finales del siglo XVIII porque la Europa imperial agregó a la explotación colonial y a la desestructuración de su universo rural (que le proporcionó mano de obra abundante y barata) un proceso de emancipación productiva respecto de las limitadas y caras fuentes energéticas convencionales como las corrientes de los ríos que permitían el funcionamiento de los molinos, la madera de los bosques y la energía animal. La solución fue el carbón mineral y en torno del mismo la ampliación sin precedentes de la explotación minera, su polo dinámico fue el capitalismo inglés.

La depredación creciente de recursos naturales atravesó a todos los modelos tecnológicos del capitalismo y si consideramos a la totalidad del ciclo industrial (entre fines del siglo XVIII y la actualidad) podríamos referirnos al sistema tecnológico de la civilización burguesa basado en la disociación cultural del hombre y la “naturaleza” asumiendo a esta última como universo hostil, objeto de conquista y pillaje.

Al auge del carbón mineral del siglo XIX le sucedió el del petróleo en el siglo XX y hacia comienzos del siglo XXI ha sido agotada aproximadamente la mitad de la reserva original de ese recurso. Eso significa que ya nos encontramos en la zona calificada como cima o nivel máximo posible de extracción petrolera a partir de la cual se extiende un inevitable descenso extractivo, desde mediados de la década pasada ha dejado de crecer la extracción de petróleo crudo.

Suponiendo la existencia de reemplazos energéticos viables a gran escala y a largo plazo cuando aceptamos las promesas tecnológicas del sistema (para un futuro incierto) y los introducimos en el mundo real con sus ritmos de reproducción económica concretos a mediano y corto plazo nos encontramos ante un bloqueo energético insuperable. Si pensamos en lo que resta de la década actual comprobaremos que no aparecen reemplazos energéticos capaces de compensar la declinación petrolera.

Dicho de otra manera, el precio del petróleo tiende a subir y la especulación financiera en torno del producto lo empuja aún más hacia arriba, además alguna aventura militar occidental como por ejemplo un ataque israelí-estadounidense contra Irán y el consiguiente cierre del estrecho de Ormuz llevarían el precio a las nubes. Todo ello significa que los costos energéticos de la economía se han convertido en una factor decisivo limitante de su expansión y en algún escenario turbulento causarían una contracción catastrófica de las actividades económicas a nivel global.

No se trata sólo del petróleo sino de un amplio abanico de recursos mineros que se encuentran en la cima de su explotación, cerca de la misma o ya en la etapa de extracción declinante (5) afectando a la industria y a la agricultura, por ejemplo la declinación de la producción mundial de fosfatos, componente esencial para la producción de alimentos, desde hace algo más de dos décadas (6).

Pasamos entonces del tema del bloqueo energético a otro más vasto, el del bloqueo de los recursos mineros en general y de allí al del sistema tecnológico de la civilización burguesa que lo ha engendrado. En dicho sistema tenemos que incluir a sus materias primas básicas, sus procedimientos productivos y su respaldo técnico-científico, su dinámica y estilo de consumo civil y de guerra, etc., es decir al capitalismo como civilización.

Asistimos ahora a la búsqueda vertiginosa de “reemplazos” energéticos, de diversos minerales, etc., destinados a seguir alimentando una estructura social decadente cuya dinámica de reproducción nos dice que más de la mitad de la humanidad “está de más” y que en consecuencia la “civilización” ha marcado un camino futuro habitado por una sucesión de mega genocidios.

Pero la decadencia nos lleva a pensar que todos esos “recursos necesarios” para el sostenimiento de sociedades y élites parasitarias no son necesarios en otro tipo de civilización o por lo menos lo son en volúmenes mucho más reducidos. No están de más los pobres y excluidos del planeta, está de más el capitalismo con sus objetos de consumo lujoso, sus sistemas militares, su despilfarro obsceno.

De la sobreproducción controlada a la crisis general de subproducción

Es posible describir el trayecto de algo más de cuatro décadas que ha conducido a la situación actual. En el comienzo entre aproximadamente 1968 y 1973 nos encontramos ante una gran crisis de sobreproducción en los países centrales que, como ya he señalado no derivó en un derrumbe generalizado de empresas y una avalancha de desocupación al el estilo “clásico” sino en una complejo proceso de control de la crisis que incluyó instrumentos de intervención pública destinados a sostener la demanda, la liberalización de los mercados financieros, esfuerzos tecnológicos y comerciales de las grandes empresas. Y también la ampliación del espacio del sistema, por ejemplo integrando a la ex Unión Soviética como proveedora de gas y petróleo y a China como proveedora de mano de obra industrial barata.

Los cambios no se produjeron de manera instantánea sino gradualmente en respuesta a las sucesivas coyunturas pero finalmente se conviertieron en un nuevo modelo de gestión del sistema llamado neoliberalismo girando en torno de tres orientaciones decisivas marcadas por el parasitismo: la financierización de la economía, la militarización y el saqueo desenfrenado de recursos naturales.

El proceso de financierización concentró capitales parasitando sobre la producción y el consumo, la incorporación de centenares de millones de obreros chinos y de otras zonas periféricas y el saqueo de recursos naturales permitió bajar costos, desacelerar la caída de los beneficios industriales.

El resultado visible al comenzar el siglo XXI es el ahogo financiero del sistema, la degradación ambiental y el comienzo de la declinación de la explotación de numerosos recursos naturales tanto los no renovables como los renovables (al ser quebrados sus ciclos de reproducción).

Finalmente la crisis de sobreproducción controlada engendra una crisis prolongada de subproducción que está dando ahora sus primeros pasos. El sistema encuentra “barreras físicas” para la reproducción ampliada de sus fuerzas productivas, los recursos naturales declinan, no se trata de “fronteras exógenas”, de bloqueos causados por fuerzas sobrehumanas sino de autobloqueos, de los efectos de la actividad productiva del capitalismo, prisionero de un sistema tecnológico muy dinámico basado en la explotación salvaje de la naturaleza y en la expansión acelerada de las masas proletarias del planeta (poblaciones miserables de la periferia, obreros pobres, campesinos sumergidos, marginales de todo tipo, etc.).

Asistimos entonces a la paradoja de industrias como la automotriz con altos niveles de capacidad productiva ociosa, si por alguna magia de los mercados esas empresas llegan a encontrar demandas adicionales significativas se producirían saltos espectaculares en los precios de una amplia variedad de materias primas, por ejemplo el petróleo, que anularían dichas demandas.

No estamos pasando del crecimiento al estancamiento, esté último no es más que el transito hacia la contracción, más o menos rápida, más o menos caótica del sistema, hacia la reproducción ampliada negativa de las fuerzas productivas al ritmo de la concentración de capitales, la marginación social y el agotamiento de los recursos naturales. No tiene por qué ser un proceso de declinación inexorable de la especie humana, se trata de la decadencia de una civilización, de sus sistemas productivos y perfiles de consumo.

Capitalismo mafioso

De este proceso forma parte la mutación del núcleo dirigente del capitalismo mundial en un conglomerado de redes parasitarias mafiosas una de cuyas características psicológicas es la del acortamiento temporal de expectativas, cortoplacismo que junto a otras perturbaciones lo conduce hacia una creciente crisis de percepción de la realidad.

El negocio financiero en tanto cultura hegemónica del mundo empresario, el gigantismo tecnológico (especialmente su capítulo militar), la súper concentración económica y otros factores convergentes impulsan esta desconexión psicológica liberando una amplia variedad de proyectos irracionales que sirven como apoyatura de políticas económicas, sociales, comunicacionales, militares, etc. (el cuerpo parasitario engorda y la mente racional del obeso se contrae).

La élite global dominante (imperialista) se va convirtiendo en un sujeto extremadamente peligroso empecinado en el empleo salvador de lo que considera su instrumento imbatible: el aparato militar (aunque experiencias concretas como en el pasado su derrota en Vietnam y actualmente el empantanamiento en Afganistan demuestran lo contrario).

Tres enfoques convergentes

Es posible abordar la historia de la civilización burguesa, su gestación, ascenso y decadencia, desde tres visiones de largo plazo.

La primera de ellas enfoca una trayectoria de aproximadamente quinientos años. Arranca a entre fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI europeo con la conquista de América y el pillaje de sus riquezas generando un derrame de oro y plata sobre las sociedades imperiales europeas impulsando su expansión económica y transformación burguesa.

Luego del primer atracón (siglo XVI) llegó el tiempo de la digestión y de la desestructuración de los bloqueos precapìtalistas y de la emergencia de embriones sólidos del Estado y de la ciencia  modernos y de núcleos capitalistas emergentes, todo ello expresado como “larga crisis del siglo XVII”.

Al comenzar el siglo XVIII esas sociedades ya estaban culturalmente preparadas para la gran aventura capitalista. Su despegue estuvo marcado por una crisis de mediana duración entre fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX marcada por la revolución industrial inglesa, la revolución francesa y las guerras napoleónicas. Fue atravesando todo el siglo XIX al ritmo de las expansiones coloniales y neocoloniales y las tranformaciones industriales y políticas.

En torno del año 1900 el capitalismo, con centro en Occidente, había establecido su sistema imperial a nivel planetario. Hasta llegar a la primera guerra mundial que señala el fin de la juventud del sistema y el inicio de una nueva crisis de mediana duración entre 1914 y 1945, punto de inflexión entre la etapa juvenil ascendente y una era de turbulencias que empiezan a mostrar los límites históricos de un sistema que dispone de recursos (financieros, tecnológicos, naturales, demográficos, militares) como para prolongar su existencia en medio de amenazas como la aparición de la Unión Soviética, luego la revolución china, etc.

Y despues de una recomposición que trae la prosperidad a un capitalismo amputado, acosado (entre fines de los años 1940 y fines de los años 1960) el sistema ingresa en una crisis larga (que consigue atrapar a los grandes ensayos protosocialistas: la URSS y China) que se prolonga hasta el presente.

Esta última etapa, que ya dura más de cuatro décadas, se caracteriza por el descenso gradual zigzageante y persistente de las tasas globales de crecimiento económico sobredeterminado por la desaceleración de las economías imperialistas (en primer lugar los Estados Unidos) y por el incremento de las más diversas formas de parasitismo (principalmente el financiero).

En esta etapa es posible distinguir un primer período entre 1968-1973 y 2007-2008 de desaceleración relativamente lenta, de pérdida gradual de dinamismo y un segundo período (en el que nos encontramos) de agotamiento del crecimiento apuntado hacia la contracción general del sistema.

En síntesis: a partir del primer impulso colonial exitoso (en el siglo XVI, el anterior: las Cruzadas había fracasado) es posible hacer girar la historia de la civilización burguesa en torno de cuatro grandes crisis; la larga crisis del siglo XVII vista como etapa preparatoria del gran salto, la crisis de mediana duración de nacimiento del capitalismo industrial (fines del siglo XVIII – comienzos del siglo XIX), una segunda crisis de mediana duración (1914-1945) seguida por una prosperidad de aproximadamente un cuarto de siglo y finalmente una nueva crisis de larga duración (que se inicia hacia fines de los años 1960) de decadencia del sistema, suave primero y acelerada desde fines de la primera década del siglo XXI.

Un segundo enfoque restringido a un poco más de doscientos años arranca con la revolución industrial inglesa, la Revolución Francesa, la independencia de los Estados Unidos, las guerras napoleónicas y otros acontecimientos que señalan el inicio del capitalismo industrial consolidándose en una larga etapa juvenil del sistema abarcando la mayor parte del siglo XIX.

Las turbulencias son cortas, las crisis de sobreproducción siguiendo el modelo desarrollado por Marx son “crisis de crecimiento” del sistema que van acumulando heridas, deformaciones, problemas que terminan por provocar el gran desastre de 1914. Karl Polanyi se refiere a rol de la cúpula financiera europea en el mantenimiento de equilibrios económicos y políticos, en esa élite está la base de la futura hipertrofia financiera de finales del siglo XX (6).

Luego de la etapa juvenil se desarrolla un período de madurez signado por guerras, fuertes depresiones y una prosperidad de mediana duración (1945-1970).

Con la crisis de los años 1970, el fin del patrón dólar-oro, la derrota norteamericana en Vietnam, la estanflación y los dos shocks petroleros, etc., el capitalismo entra en su vejez que deriva en senilidad. El concepto de “capitalismo senil” fue introducido por Roger Dangeville hacia finales de los años 1970 señalando que desde ese momento el sistema devenía senil (8), se desagregaba, perdía el rumbo.

En realidad la senilidad del sistema se hace evidente tres décadas después, a partir del estampido financiero-energético-alimentario de 2008 cuando se acelera el descenso del crecimiento hasta acercarnos ahora a crecimientos iguales a cero o negativos en el conjunto de la zona central del capitalismo y cuando el motor financiero se ha estancado apuntando a la caída.

Un tercer enfoque de desagregación del superciclo en “ciclos parciales” permite detallar fenómenos decisivos de la historia del sistema. Es necesario limitar los aspectos de autonomía de esos “ciclos” haciéndolos interactuar entre si y refiriéndolos siempre a la totalidad sistémica.

El crepúsculo del sistema arranca con las turbulencias de 2007-2008, la multiplicidad de “crisis” que estallaron en ese período (financiera, productiva, alimentaria, energética) convergieron con otras como la ambiental o la del Complejo Industrial-Militar del Imperio empantanado en las guerras asiáticas.

El cáncer financiero irrumpió triunfal entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX y obtuvo el control absoluto del sistema siete u ocho décadas después, pero su desarrollo había comenzado mucho tiempo (varios siglos) antes financiando Estados imperiales donde se expandían las burocracias civiles y militares al ritmo de las aventuras coloniales-comerciales y luego también a negocios industriales cada vez más concentrados.

La hegemonía de la ideología del progreso y del discurso productivista sirvió para ocultar el fenómeno, instaló la idea de que el capitalismo -a la inversa de las civilizaciones anteriores- no acumulaba parasitismo sino fuerzas productivas que al expandirse creaban problemas de adaptación superables al interior del sistema mundial, resueltos a través de procesos de “destrucción creadora”.

Por su parte el militarismo moderno hunde sus raíces más fuertes en el siglo XIX occidental, desde las guerras napoleónicas, llegando a la guerra franco-prusiana hasta irrumpir en la Primera Guerra Mundial como “Complejo Militar-Industrial” (aunque es posible encontrar antecedentes importantes en Occidente en las primeras industrias de armamentos de tipo moderno aproximadamente a partir del siglo XVI).

Fue percibido en un comienzo como un instrumento privilegiado de las estrategias imperialistas y más adelante como reactivador económico del capitalismo. Sólo se veían ciertos aspectos del problema pero se ignoraba o subestimaba su profunda naturaleza parasitaria, el hecho de que detrás del monstruo militar al servicio de la reproducción del sistema se ocultaba un monstruo mucho más poderoso: el del consumo improductivo, causante de déficits públicos que no incentivan la expansión sino el estancamiento o la contracción de la economía.

Actualmente el Complejo Militar-Industrial norteamericano
(en torno del cual se reproducen los de sus socios de la OTAN) gasta en términos reales más de un billón (un millón de millones) de dólares, contribuye de manera creciente al déficit fiscal y por consiguiente al endeudamiento del Imperio (y a la prosperidad de los negocios financieros beneficiarios de dicho déficit). Su eficacia militar es declinante pero su burocracia es cada vez mayor, la corrupción ha penetrado en todas sus actividades, ya no es el gran generador de empleos como en otras épocas, el desarrollo de la tecnología industrial-militar ha reducido significativamente esa función. La época del keynesiamismo militar como eficaz estrategia anti-crisis pertenece al pasado.

Presenciamos actualmente en los Estados Unidos la integración de negocios entre la esfera industrial-militar, las redes financieras, las grandes empresas energéticas, las camarillas mafiosas, las “empresas” de seguridad y otras actividades muy dinámicas conformando el espacio dominante del sistema de poder imperial.

La historia de las decadencias de civilizaciones, por ejemplo la del Imperio Romano, muestran que ya comenzada la declinación general y durante un largo período posterior, la estructura militar se sigue expandiendo sosteniendo tentativas desesperadas e inútiles de preservación del sistema.

En consecuencia, la decadencia general y la exacerbación de la agresividad militarista del Imperio podrían llegar a ser perfectamente compatibles, de allí se deriva la conclusión de que al escenario previsible de desintegración mas o menos caótica de la superpotencia deberíamos agregar otro escenario no menos previsible de declinación sanguinaria, guerrerista.

Tampoco la crisis energética en torno de la llegada del “Peak Oil” debería ser restringida
a la historia de las últimas décadas, es necesario entenderla como fase declinante del largo ciclo de la explotación moderna de los recursos naturales no renovables. Ese ciclo energético bisecular condicionó todo el desarrollo tecnológico del sistema y expresó, fue la vanguardia de la dinámica depredadora del capitalismo extendida al conjunto de recursos naturales y del ecosistema en general.

Lo que durante casi dos siglos fue considerado como una de las grandes proezas de la civilización burguesa, su aventura industrial y tecnológica, aparece ahora como la madre de todos los desastres, como una expansión depredadora que pone en peligro la supervivencia de la especie humana.

En síntesis, el desarrollo de la civilización burguesa durante los dos últimos siglos (con raíces en un pasado occidental mucho más prolongado) ha terminado por engendrar un proceso irreversible de decadencia, la depredación ambiental y la expansión parasitaria están en la base del fenómeno.

Existe una interrelación dialéctica perversa entre la expansión de la masa global de ganancias, su velocidad creciente, la multiplicación de las estructuras burocráticas civiles y militares de control social, la concentración mundial de ingresos, el ascenso de la marea parasitaria y la depredación del ecosistema.

Las revoluciones tecnológicas del capitalismo han sido en apariencia sus tablas de salvación, así fue durante mucho tiempo incrementando la productividad industrial y agraria, mejorando las comunicaciones y los transportes, pero en el largo plazo histórico, en el balance de varios siglos constituyen su trampa mortal, han terminado por degradar el desarrollo que han impulsado al estar estructuralmente basadas en la depredación ambiental, al generar un crecimiento exponencial de masas humanas súper explotadas y marginadas.

El progreso técnico integra así el proceso de autodestrucción general del capitalismo (es su columna vertebral) en la ruta hacia un horizonte de barbarie. No se trata de la incapacidad del actual sistema tecnológico para seguir desarrollando fuerzas productivas sino de su alta capacidad en tanto instrumento de destrucción neta de fuerzas productivas.

Se confirma así el sombrío pronóstico formulado por Marx y Engels en pleno auge juvenil del capitalismo: “Dado un cierto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, aparecen fuerzas de producción y de medios de comunicación tales que, en las condiciones existentes sólo provocan catástrofes, ya no son más fuerzas de producción sino de destrucción” (9).

En fin, el ciclo histórico iniciado hacia fines del siglo XVIII contó con dos grandes articuladores hoy declinantes: la dominación imperialista anglo-norteamericano (etapa inglesa en el siglo XIX y norteamericana en el siglo XX) y el ciclo del Estado burgués desde su etapa “liberal industrial” en el siglo XIX, pasando por su etapa intervencionista productiva (keynesiana clásica) en buena parte del siglo XX para llegar a su degradación “neoliberal” a partir de los años 1970-1980.

Capitalismo mundial, imperialismo y predominio anglo-norteamericano constituyen un solo fenómeno, una primera conclusión es que la articulación sistémica del capitalismo aparece históricamente indisociable del articulador imperial (historia imperialista del capitalismo). Una segunda conclusión es que al ser cada vez más evidente que en el futuro previsible no aparece ningún nuevo articulador imperial ascendente a escala global entonces desaparece del futuro una pieza decisiva de la reproducción capitalista global a menos que supongamos el surgimiento de una suerte de mano invisible universal (y burguesa) capaz de imponer el orden (monetario, comercial, político-militar, etc.). En ese caso estaríamos extrapolando al nivel de la humanidad futura la referencia a la mano invisible (realmente inexistente) del mercado capitalista pregonada por la teoría económica liberal.

La declinación imperial de Occidente incluye la de su soporte estatal abarcando una primera etapa (neoliberalismo) marcada por el endeudamiento público, el sometimiento del Estado a los grupos financieros, la concentración de ingresos, la elitización y pérdida de representatividad de los sistemas políticos y una segunda etapa de saturación del endeudamiento público, enfriamiento económico y crisis de legitimidad del Estado.

El colonialismo-imperialismo y el Estado moderno han sido en términos históricos pilares esenciales de la construcción de la civilización burguesa. Sobre los antecedentes coloniales del capitalismo no hay mucho más que agregar. Respecto de la relación Estado-burguesía es evidente sobre todo a partir del siglo XVI en Europa la estrecha interacción entre ambos fenómenos, no es posible entender el ascenso del Estado moderno sin el respaldo financiero y de toda la articulación social emergente de la naciente burguesía cuyo nacimiento y consolidación hubieran sido imposibles sin el aparato de coerción y el espacio de negocios ofrecido por las monarquías militaristas. Y tambien es necesario tomar en cuenta el mutuo respaldo legitimador, cultural, social que permitió a ambos crecer, transformarse hasta llegar a la instauración del capitalismo industrial y su contraparte estatal, la historia de la modernidad nos sugiere tratarlos como partes de un único sistema (heterogéneo) de poder.

Hacia el final, en la fase descendente del capitalismo sesgada por la financierización integral de la economía, el Estado (en primer lugar los Estados de las grandes potencias) también se financieriza, se va convirtiendo en una estructura parasitaria (un componente de las redes parasitarias), entra en decadencia.

La convergencia de numerosas “crisis” mundiales puede indicar la existencia de una perturbación grave pero no necesariamente el despliegue de un proceso de decadencia general del sistema. La decadencia aparece como la última etapa de un largo súper ciclo histórico, su fase declinante, su envejecimiento irreversible (su senilidad).

Extremando los reduccionismos tan practicados por las “ciencias sociales” podríamos hablar de “ciclos” parciales: energético, alimentario, militar, financiero, productivo, estatal y otros, y así describir en cada caso trayectorias que despegan en Occidente entre fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX con raíces anteriores e involucrando espacios geográficos crecientes hasta asumir finalmente una dimensión planetaria para luego declinar cada uno de ellos.

La coincidencia histórica de todas esas declinaciones y la fácil detección de densas interrelaciones entre todos esos “ciclos” nos sugieren la existencia de un único súper ciclo que los incluye a todos. Dicho de otra manera, se trata del ciclo de la civilización burguesa que se expresa a través de una multiplicidad de aspectos parciales.

El siglo XX

A partir de un enfoque plurisecular del capitalismo es posible avanzar una explicación del ascenso y derrota de la ola anticapitalista que sacudió al siglo XX. La Revolución Rusa inauguró en 1917 una larga sucesión de rupturas que amenazaron erradicar al capitalismo como sistema universal, el despegue revolucionario se apoyaba en una crisis profunda y prolongada del sistema que podríamos ubicar aproximadamente entre 1914 y 1945 y cuyas secuelas se extendieron más allá de ese período.

Dicha crisis fue interpretada por los revolucionarios rusos como el comienzo del fin del sistema pero el sistema aún sufriendo sucesivas amputaciones “socialistas” (Europa del Este, China, Cuba, Vietnam…) y la proliferación de rebeldías y autonomizaciones nacionalistas en la periferia pudo finalmente recomponerse y sus enemigos fueron cayendo uno tras otro a través de restauraciones explícitas como en el caso soviético o sinuosas como en el caso chino.

Las élites occidentales pudieron entonces afirmar que la tan anunciada declinación del capitalismo y su remplazo socialista no fue más que una ilusión alimentada por la crisis pero que al ser ésta superada la ilusión se fue esfumando. Y algunos gurús como el ahora olvidado Francis Fukuyama hasta proclamaban el fin de la historia y el pleno desarrollo de un milenio capitalista liberal.

Existe una visión falsa (pero no totalmente falsa) de la decadencia occidental frente a la emergencia del mundo nuevo a partir de la Revolución Rusa incluso si es entendida como “decadencia hegemónica”, esa visión pareció quedar desmentida por la realidad con el sometimiento chino (1978) y el derrumbe soviético (1991), sin embargo era apuntalada desde 1968-73 cuando empezaron a declinar las tasas de crecimiento del Producto Bruto Mundial y parcialmente confirmada desde 2008 porque el sistema se degrada velozmente (condición necesaria para su superación) aunque su sepulturero no aparece o aparece en una dispersión de pequeñas dosis históricamente insuficientes.

Insurgencias (hacia la negación absoluta del sistema)

La contracara positiva de la decadencia podría ser sintetizada como la combinación de resistencias y ofensivas de todo tipo contra el sistema operando como un fenómeno de dimensión global y actuando en orden disperso, expresando una gran diversidad de culturas, diferentes niveles de conciencia y de formas de lucha.

Desde los indignados europeos o norteamericanos que (por ahora) sólo pretenden depurar al capitalismo de sus tumores financieros y elitistas, hasta los combatientes afganos peleando contra el invasor occidental o la insurgencia colombiana animada por la perspectiva anticapitalista pasando por un muy complejo abanico de movimientos sociales, minorías y pequeños grupos críticos y rebeldes.

Oposiciones a gobiernos abiertamente reaccionarios y a ocupaciones coloniales pero también a las fachadas democráticas más o menos deterioradas que intentan suministrar gobernabilidad al capitalismo.

Lo que plantea la hipótesis de la convergencia y radicalización de esos procesos y entonces la posibilidad de profundizar el concepto de insurgencia global pensado como realidad en formación alimentada por la declinación de la civilización burguesa. La alternativa insurgente emergiendo como rechazo y apuntando hacia la negación radical del sistema y al mismo tiempo abriendo el espacio de las utopías post capitalistas.

El sujeto central de la insurgencia es la humanidad sumergida en expansión a la que la dinámica de la marginación y la superexplotación (la dinámica de la decadencia) empuja hacia la rebelión como alternativa a la degradación extrema, se trata de miles de millones de habitantes de los espacios rurales y urbanos.

Este proletariado es mucho más extendido y variado que la masa de obreros industriales (incluye a sus franjas periféricas y empobrecidas), no es el nuevo portador de la antorcha del progreso construida por la modernidad sino su negador potencial absoluto el cual en la medida en que vaya destruyendo las posiciones enemigas (sus estructuras de dominación) estará construyendo una nueva cultura libertaria.

Sin embargo la irrupción universal de ese sujeto se demora, un gigantesco muro de ilusiones bloquea su rebelión. Es que la autodestrucción del sistema global recién está en sus inicios, su hegemonía civilizacional es todavía muy fuerte, es casi imposible pronosticar, establecer teóricamente el recorrido temporal, el calendario de su desarticulación. Sí es posible establecer teóricamente la trayectoria descendente aunque sin pegarle fechas.

Utopías (el retorno del fantasma)

Aquí aparece el postcapitalismo como necesidad y posibilidad histórica concreta, como utopía radical que hunde sus raíces en el pasado revolucionario de los siglos XIX y XX y mucho más allá en las culturas comunitarias precapitalistas de Asia, Africa, América Latina y de la Europa anterior a la modernidad. No se trata de una etapa inevitable (une suerte de “resultado inexorable” de la declinación del sistema decidido por alguna “ley de la historia”) sino del resultado posible, viable del desarrollo de la voluntad de las mayorías oprimidas.

Ya en la génesis del sistema existía su enemigo absoluto, negando, rechazando su expansión opresora. En Europa en torno del siglo XVI emergían los despliegues coloniales, la industria de guerra bajo moldes pos artesanales, las primeras formas estatales modernas, los capitalistas comerciales y financieros asociados a las aventuras militares de las monarquías. Y la superexplotación de los campesinos, la destrucción de sus culturas, de sus sistemas comunitarios generando rebeliones como la que encabezó el comunista cristiano Tomas Müntzer en el corazón de Europa bajo la consigna “Omnia sunt communia” (todo es de todos, todas las cosas nos son comunes).

El amanecer de la modernidad burguesa fue también el de su negación absoluta, ambos bandos aportaban nuevas culturas pero al mismo tiempo heredaban viejas culturas de opresión y emancipación.

La alianza de banqueros, terratenientes y príncipes que derrotó a los campesinos en la batalla de Frankenhausen (mayo de 1525) y asesinó a Müntzer unía sus nuevos apetitos burgueses con los viejos privilegios feudales (convertidos en base de acumulación de las nueva formas de poder) mientras los campesinos rebeldes reinterpretaban los evangelios de manera comunista y asumían la herencia de libertad comunitaria del pasado, incluidas valiosas tradiciones precristianas. La construcción de alternativas innovadoras (de opresión y de emancipación) hundía sus raíces en el pasado.

Repasando luego el siglo XIX europeo y más adelante la crisis occidental entre 1914 y 1945 y sus consecuencias vemos cómo una y otra vez el demonio burgués derrota a su enemigo mortal que renace más adelante para presentar nuevamente batalla. Desde las insurgencias obreras europeas hasta llegar a la derrota de la Comuna de París en la era del capitalismo industrial juvenil que ya asumía una dimensión imperialista planetaria hasta llegar a las revoluciones comunistas rusa y china concluyendo con la degeneración burocrática y la implosión de la primera y la mutación capitalista-salvaje de la segunda.

En su prolongada historia la civilización burguesa fue pasando desde su infancia europea hasta su madurez en el siglo XX y finalmente a su vejez y su degradación senil desde fines del siglo XX hasta nuestros días.

En la era de la decadencia del capitalismo va asomando nuevamente la figura de su enemigo, se trata de un nuevo fantasma heredero y al mismo tiempo superador de los anteriores. Una mirada pesimista nos señalaría que será nuevamente derrotado, si ello ocurre esta civilización planetaria se irá sumergiendo en niveles de barbarie nunca antes vistos ya que su capacidad (auto)destructiva supera a cualquier otra decadencia civilizacional. Ahora no está en juego la supervivencia de algunos millones de seres humanos sino de más de siete mil millones.

Pero ese pesimismo se apoya en la historia de la modernidad pensada como una infinita repetición de escenarios donde cambian la dimensión, la complejidad tecnológica, los modelos de consumo, etc. pero queda intacta la dinámica amo-esclavo, el primero controlando los instrumentos que le permiten renovar su dominación y el segundo embarcado en batallas perdidas de antemano.

De esa manera es ocultado el hecho de que la modernidad burguesa ha entrado en decadencia lo que abre la posibilidad del quiebre, del colapso de dicha dinámica perversa abriendo el horizonte de la victoria de los oprimidos. Ello no fue posible en las etapas de adolescencia, juventud o madurez del sistema, pero sí es posible ahora.

Es la declinación de Occidente (entendido como civilización burguesa universal) lo que abre el espacio para el nuevo fantasma anticapitalista que necesita para imponerse irrumpir bajo la forma de una vasto, plural proceso de desoccidentalización, de critica radical a la modernidad imperialista, sus modelos de consumo y producción, de organización institucional, etcétera.

Se trata entonces de la abolición del sistema en el sentido hegeliano del concepto: negar, destruir, anular las bases de la civilización declinante y al mismo tiempo recuperar positivamente en otro contexto cultural todo aquello que pueda ser utilizable.

Volviendo a Hegel para superarlo es necesario afirmar que la marcha de la libertad que él suponía avanzando desde “Oriente” (entendido como la periferia del mundo occidental-moderno) para realizarse plenamente en Occidente en realidad avanza desde el subsuelo del mundo y puede llegar a dar un salto gigantesco aplastando, desbordando a los baluartes de la opresión occidental, irrumpiendo como una ola universal de pueblos insurgentes.

El primer fantasma fue europeo de cuerpo y alma y dio su última batalla en 1871 en la Comuna de París. El segundo fantasma asumió una envergadura planetaria, levantó su bandera roja en Rusia y China alentando un amplio espectro de rebeliones periféricas, tenía un cuerpo universal pero su cabeza estaba impregnada de ilusiones progresistas occidentales (el tecnologismo, el aparatismo, el estatismo, el consumismo). Su fecha o período de defunción podemos fijarla entre 1978 cuando China ingresa en la via capitalista y 1991 (derrumbe de la URSS).

Lo que necesita el siglo XXI es el desarrollo de un tercer fantasma revolucionario, completamente desoccidentalizado, es decir negador absoluto de la modernidad burguesa y por consiguiente universal de cuerpo y alma, anticapitalista radical, construyendo la nueva cultura postcapitalista a partir de la confrontación intransigente con el sistema. Heredando los antiguos combates, levantando la bandera multicolor de la rebeldía de todos los pueblos esclavizados del planeta, de sus identidades aplastadas, sumergidas convertidas gracias a sus combates en contraculturas opuestas al capitalismo.

En suma la emergencia, la avalancha plural de pueblos sometidos, de la humanidad verdadera, liberada (en proceso de emancipación) de la prehistoria, de la historia inferior del hombre enemigo de su entorno ambiental, del espacio que le permite vivir, y en consecuencia del hombre enemigo de sí mismo.

No se trata de una utopía universal única apuntando a una humanidad homogénea sino de una amplia variedad de utopías comunitarias ancladas en identidades populares específicas interrelacionadas conformando un gran espacio plural marcado por la abolición de las clases sociales y del Estado.

(1) Blanchard, del FMI, dice que la crisis durará una década, www.que.es/ultimas-noticias/internacionales/201210031112-blanchard-dice-crisis-durara-decada-reut.html

(2) Natixis- Banque de financement & d’investissement, “La crise de la zone euro peut durer 20 ans”, Flash Économie – Recherche Économique, 8 Août 2012 – N°. 534.

(3) Ansuya Harjan, “Roubini: My ‘Perfect Storm’ Scenario Is Unfolding Now”, CNBC 9 Jul 2012, http://www.cnbc.com/id/48116835 y Nouriel Roubini, “A Global Perfect Storm”, Proyect Syndicate, 15 June 2012, http://www.project-syndicate.org/print/a-global-perfect-storm.

(4) “Banco de Basilea”, Bank for International Settlements, Monetary and Economic Department, OTC derivatives market activity. (www.bis.org).

(5) Ugo Bardi and Marco Pagani. “Peak Minerals”, The Oil Drum:Europe, October 15, 2007, http://europe.theoildrum.com/node/3086.

(6) Patrick Déry and Bart Anderson, “Peak Phosphorus”, The Oil Drum:Europe , August 17, 2007, http://www.theoildrum.com/node/2882.

(7) Karl Polanyi, “La gran transformación. Los orígenes económicos y políticos de nuestro tiempo”, Fondo de Cultura Económica, Mexico DF, 2011.

(8) Roger Dangeville, “Marx-Engels, La Crise”, Union Générale D`Editions-10/18, Paris 1978.

(9) (Marx-Engels, “La ideología alemana”, 1845-46) en Marx & Engels, Obras Escogidas, Editorial Progreso, Moscú, 1974.

http://www.noticiaspia.com.ar/autodestruccion-sistemica-global-insurgencias-y-utopias-por-jorge-beinstein/

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Postal del Día de los Muertos, by Silvana Avila, from silvana-avila.com

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Revuelo en Wall Street

Por John Saxe-Fernández
La Jornada, Unam, Mx, 09.08.12

En medio de oscuros nubarrones por lo profundo y amplio de la crisis, esta vez manifiesta en la eurozona, pero también en el catarrito de 4-5 mil millones de dólares (mmdd) de JP Morgan y en indicios de “acople depresivo global”, la semana pasada hubo conmoción mayor en Wall Street –y en la finanza y la política mundial– cuando Sandy Weill, cofundador, ex CEO y ex presidente de Citigroup, dijo que ya era hora de disolver la fusión de bancos comerciales y bancos de inversión (“Break up the big banks” CNBC.com).

Ese tipo de fusión, avalada en 1999 al derogarse la Ley Glass/Steagal de 1933, abrió las compuertas a la megaespeculación por la vía del desate de la “ingeniería financiera” y la formación de firmas “demasiado grandes para caer”, sujetas al rescate abierto y/o clandestino, con fondos públicos.

Ya que cerca de la mitad de la banca mexicana (Banamex) es parte de ese “supermercado financiero” que apuesta con bloques accionarios de firmas petroleras y del gas, farmacéuticas, aerolíneas, mineras, forestales, alimentarias etc., aquí la crisis acentúa el apetito especulador, primero en Pemex, como ilustra Israel Rodríguez.

Pero también van tras el resto: electricidad, infraestructura, bosques, todos los servicios públicos –educación, salud– etc. Ante el agotamiento de recursos estratégicos convencionales no renovables, las firmas de fuera cuentan con codiciosos cómplices, “hombres de negocios” locales, armados con la “Ley de Asociaciones Público-Privadas”, listos para, desde la usurpación del poder, lanzarse al festín privatizador. Ya hicieron fortuna durante el salinato/zedillato. Ahora quieren más.

Aunque cause revuelo el giro de Weill, poderoso y rapaz ex banquero, pieza clave en la desregulación financiera, ya otros notables expresaron su “mea culpa” por el desenfreno de 2007/2008, sin dejar de embolsarse multimillonarias compensaciones.

Impunes, se “preocupan” por las brutales secuelas de su actuación sobre millones de familias y la “economía real”: en 2009 Reed se “disculpó” por los 45 mmdd y varios cientos de mmdd más, para el rescate y funcionamiento de Citigroup; igual hicieron David Komansky, de Merril Lynch, y Philip Purcell, ex CEO de Morgan Stanley. Komansky apoyó a Weill en la derogación de la Glass Steagal, mientras J. Dimon, “protegé” de Weill, ahora CEO de JP Morgan, desdeña las críticas a los excesos de su firma.

Cuando la finanza es parte de la acumulación capitalista en crisis, es sobrecogedor que, arrepentidos o no, los bribones, conductores de las principales firmas financieras, con activos que representan cerca de 60 por ciento de PNB de EU, ejerzan, como advierte el senador Bernie Sanders, “un enorme poder económico y político”.

Bajo su gravitación operaron Clinton, Bush, Obama y Phil Gramm, presidente del comité senatorial de la banca (1995-2000). Gramm, además de ser clave contra la Glass Steagal, insertó la desregulación de derivados en la Ley sobre Modernización de Futuros en Materia Prima.

Eso agradó a los cabildos más poderosos hoy tras el petróleo/gas de esquisto y el resto del patrimonio nacional mexicano. Se desató una voraz especulación con petróleo, gas, minerales y el hambre popular –maíz, arroz, trigo, etc, (La Jornada 22/III/2012 p.31)– desde Goldman Sachs, Stanley Morgan, Bank of America, Citigroup et al. Sanders, cuya auditoria a la Reserva Federal mostró un desvío secreto de préstamos de 16 billones (trillions) de dólares a bajo interés a “firmas amigas”, dice que Rex Tillerson, presidente de Exxon-Mobil, (firma con exorbitantes ganancias, que dijo no querer ser “contratista de Pemex” sino dueña del petróleo, que ahora se anuncia en revistas de izquierda y nos informa desde Gaceta Universitaria que formará cuadros de ingenieros y geólogos en la UNAM), reconoció ante el Senado de EU que “la excesiva especulación puede haber sido responsable de un aumento en el precio del petróleo hasta de 40 por ciento”, mientras un representante de Delta Air Lines advirtió a las autoridades federales que “la burbuja especulativa en los precios del petróleo tiene consecuencias negativas para la economía real”, una advertencia compartida por Richard Moskowitz del sector camionero ya que ”la excesiva especulación causa aumentos dramáticos del crudo que dañan a los camioneros”.

Coda: la política del FMI-BM de 30 años en México, centrado en la mano de obra barata, la maquila y la “reprimarización” es un diseño para el saqueo periódico del país. Carente de capacidad para generar desarrollo y empleo, sus crisis de insolvencia se “resuelven” rematando el patrimonio a depredadores/especuladores domésticos y externos.

Al afectarse de manera acumulada las bases de la estabilidad social, la vigencia del “modelo” muta en principal “amenaza y problema“ para la “seguridad nacional”.

Cuando, en medio de la carnicería en curso, los activos públicos se agoten, ¿sigue la especulación con el territorio?

jsaxef.blogspot.com

http://www.jornada.unam.mx/2012/08/09/opinion/030a1eco

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"Adopte un terrorista", en South Park, desde uglyblackjohn.blogspot.com

"Adopte un terrorista", en South Park, desde uglyblackjohn.blogspot.com

La desinformación de los medios y el uso de “palabras”

Por Ross Ruthenberg *
Global Research
es.sott.net, 03.05.12

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

A la hora de informar los medios de comunicación dominantes utilizan muchas palabras y expresiones elegidas específicamente ya sea por los medios o por una fuente para tergiversar o distorsionar los contextos a los que se aplican. Por desgracia, los medios alternativos a menudo toman estas palabras (o expresiones) y las utilizan en sus propias informaciones sin tener en cuenta que con ello están perpetuando las distorsiones y tergiversaciones.

Veamos los siguientes ejemplos:

“Balas de goma”

La imagen que se presenta el público es la de unas bonitas bolas de goma que golpean a los manifestantes y les provocan un dolor agudo, y que se utilizan para controlar a las multitudes, lo cual no es en absoluto el caso, aunque en general se las considera “menos letales” si se utilizan correctamente, es decir, si no se disparan a la cabeza. Para hacerse una idea adecuada del asunto, véase el vídeo [1].

Como mínimo se las debería llamar “balas recubiertas de goma”. Pero hasta el uso de la palabra “goma” distorsiona la realidad. Sería más adecuado llamarlas “balas de acero recubierto”. También habría que señalar que a suficiente velocidad (como la que suelen adquirir al ser disparadas por los rifles) y lo suficientemente cerca, casi cualquier material puede ser letal. El mejor ejemplo serían los tornados que incrustan pajas contra los troncos de los árboles y maderas contra los muros de edificios*.

“Gas lacrimógeno”

Aunque es posible que las “lágrimas” fueran la principal reacción humana a este gas cuando se inventó, la toxicidad del gas que se emplea ahora, el gas CS [2], es mucho mayor y provoca todo tipo de reacciones negativas en el sistema respiratorio humano, en los ojos, en la piel, etc.

La caracterización que se le ha dado de “no letal” también ha demostrado no ser cierta en muchas ocasiones. El gas CS es el más utilizado y se podría utilizar la denominación de “gas CS” en vez de la de “gas lacrimógeno” o quizás incluso mejor la de “gas CS tóxico”.

“Colonos”

Este término es el más utilizado por Israel para denominar a los israelíes que se apropian, sin compensación alguna, de tierra que es propiedad de palestinos. Según esta definición, uno podría trasladarse a la casa de los vecinos mientras están de vacaciones y exigir protección legal y moral como “colono”.

El uso de este término tuvo sus orígenes en Estados Unidos cuando los europeos se iba apropiado de las tierras indias a medida que avanzaban hacia el oeste, e implicaba (a menudo se expresaba francamente) que las tierras “estaba sin poblar” y habitadas únicamente por “salvajes”. Una denominación más adecuada sería “ladrones de tierras” o “personas que se apropian de las tierras”**.

“Terroristas”

Técnicamente, para ser un “terrorista” uno debe crear o proponerse crear terror entre una población. Pero los gobiernos, individuos y organizaciones han prostituido completamente el término utilizándolo para su propio beneficio, especialmente desde 2001. Una agencia gubernamental puede afirmar meramente que un individuo o grupo es/son terrorista(s).

Pero la denominación de “terrorista” depende del cristal con que se mira. Es muy probable que los afganos se sientan aterrorizados por los ataques nocturnos a sus hogares por parte de los soldados de la OTAN, sin embargo los occidentales no califican a la OTAN de terrorista.

Otro ejemplo podría ser que Gaza y Cisjordania parecen estar repletos de terroristas, mientras que parece que Israel no tiene ninguno, aunque Israel haya matado a más palestinos que al contrario.

Resulta complicado encontrar un término mejor, así que quizá se sería mejor utilizar epítetos, como “los que Estados Unidos afirma que son terroristas”, “terroristas encubiertos”, etc. O simplemente usar lo mínimo el término “terrorista” y utilizar denominaciones más apropiadas como “soldados” etc.

“Defensa”

En su origen el ejército estadounidense era el Departamento de Guerra. Ahora es el “Departamento de Defensa” aunque se podría argumentar sólidamente que sería más adecuado llamarlos el “Departamento Ofensivo”. Dependiendo de la fuente, cualquier esfuerzo militar se suele describir mejor como defensivo que como ofensivo, ya que la imagen es mejor.

Por ejemplo, puede que el ejército y las fuerzas de seguridad sirias estén actuando defensivamente (contra mercenarios), pero quienes apoyan a los mercenarios calificarán todos estos movimientos del gobierno sirio como ofensivos, es decir, “ataques a su pueblo”.

En vez de los términos “defensa/defensivo” sería mejor utilizar “ofensivo”, “represión”, “opresión”, etc. Se podría utilizar un término más neutral, como “reactivo” o “en reacción a”. El Departamento de Defensa debería ser el Departamento Ofensivo, del mismo modo que las Fuerzas de Defensa de Israel*** deberían ser las Fuerzas Ofensivas de Israel .

“Inteligente”

Es un término que con el tiempo se utiliza cada vez más, como en el caso de “bomba inteligente”. La definición de inteligente incluye o asume intrínsecamente la inteligencia, pero la inteligencia es algo que sólo se puede atribuir a los animales, especialmente a los humanos (aunque la inteligencia sea a menudo discutible). En la mayoría de los casos, el término “inteligente” se aplica a un objeto que contiene un ordenador en alguna forma. Pero los ordenadores no pueden pensar ni son inteligentes… simplemente son máquinas dirigidas por un código.

La denominación “bomba inteligente” es una atribución inmoral del adjetivo “inteligente”. ¿Por qué no se definen todas las demás bombas como “bombas tontas”? Sería más correcto “bomba teledirigida”, al menos en el contexto de que uno se podría preguntar si se ha dirigido bien, aunque parece que se ha adoptado el adjetivo “inteligente” basándose en la aceptación de lo binario: inteligente o no (¿tonta?).

“Manifestantes”, “militantes”, “insurgentes”, “activistas”, “rebeldes”, “extremistas”, “radicales”, etc.

Puesto que todas estas palabras se suelen basar en caracterizaciones de lo que está haciendo la persona, es bastante confuso llamar a una persona, por ejemplo, “militante” si ese día está simplemente siendo un “manifestante”. Ser iraní, u hombre, o cristiano (etc.) no son caracterizaciones de acción: no se puede ser un “iraniante”.

Así pues, más allá de ser (a menudo a propósito) poco claras y confusas, por definición estas caracterizaciones podrían ser correctas un día e incorrectas al siguiente. Y un “manifestante” bien podría ser en un momento dado un “activista manifestante”.

Es una lástima que no haya una palabra que englobe a todos estos términos. Una vez más podría ayudar el uso de adjetivos: el término manifestante se vuelve más claro añadiendo el adjetivo “pacíficos” (“manifestantes pacíficos”); insurgentes gana claridad acompañado de adjetivos: “insurgentes ciudadanos pobremente armados”, etc.

* Ross Ruthenberg es un analista político residente en Chicago. rossersurf@comcast.net

Notas:

[1] http://www.youtube.com/watch?v=rTx4vbTYr-w

*En el Estado español se utilizan “pelotas de goma”, que no tiene una pieza de acero en su interior y son de un tamaño mayor, pero pueden ser igualmente letales: el día de la huelga general en el País Vasco, 29 de marzo de 2012, una pelota de goma disparada por la policía autonómica vasca, Ertzaintza, envió a la UCI al Xuban Nafarrete, que había recibido un disparo en la cabeza (véase:http://gara.euskalherria.com/azkenak/03/331821/eu/El-joven-herido-Gasteiz-pelotazo-mejora-notablemente?Hizk=en). Poco después, Iñigo Cabacas, un hincha del Atletic, moría a consecuencia de otro pelotazo de goma en la cabeza disparado por la Ertzaintza (véase: http://www.gara.net/paperezkoa/20120410/333784/es/Ares-sigue-sin-aportar-una-explicacion-tras-muerte-Inigo-Cabacas )(N. de la T.)

[2] http://en.wikipedia.org/wiki/CS_gas

** El autor añade el término ” carpetbagger ” intraducible en castellano: es un término que nació en Estados Unidos en el siglo XIX, después de la Guerra de Secesión, y se aplicaba a los norteños que se mudaban a los Estados del sur. Se consideraba a los carpetbaggers unos oportunistas maliciosos que iban al Sur como “zona conquistada” para explotarla en su propio beneficio y perjudicando a la población local. A partir de 1900 el término se utilizó en la jerga política de Estados Unidos para denominar a los políticos que buscan sacar ventajas electorales en territorios que son supuestamente distintos a su lugar de origen, donde nunca han residido, o que jamás han visitado. (N. de la T.)

*** Nombre con el que se autodenomina el ejercito israelí, Israel Defense Forces, IDF. (N. de la T.)

http://es.sott.net/articles/show/13405-La-desinformacion-de-los-medios-y-el-uso-de-palabras-

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The story of gardens, by Kuba Woynarowskie, from pasalavida.org

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Crisis sistémica global. Geab nº 61

2012: El año de la gran conmutación geopolítica mundial

Por el Laboratorio Europeo de Anticipación Política
leap2020.eu, 17.01.12
aporrea.org

Con este Geab N° 61, hará ya seis años que cada mes el equipo del Leap/E2020 comparte con sus suscriptores y lectores su comunicado público mensual, sus anticipaciones sobre el desarrollo de la crisis sistémica global. En este número de enero por primera vez presentamos una síntesis de anticipaciones para el corriente año, que no se traducirá únicamente en una intensificación de la crisis mundial sino que también será caracterizado por la aparición de los primeros elementos constructivos del «mundo de mañana», usando la expresión de Franck Biancheri en su libro «Crisis mundial: Encaminados hacia al mundo de mañana».

Según el Leap/E2020, 2012 será el año del gran cambio geopolítico mundial: un fenómeno que será, sin duda alguna, portador de grandes dificultades para gran parte del mundo pero que al mismo tiempo permitirá el surgimiento de las condiciones geopolíticas propicias para un mejoramiento de la situación en los próximos años. Contrariamente a los años precedentes, este año no será un año «perdido», atrapado en el «mundo pre crisis», por falta de audacia, iniciativa e imaginación de los dirigentes mundiales y por la gran pasividad de los pueblos desde el principio de la crisis.

Habíamos caracterizado al año 2011 como un año despiadado porque iba a hacer estallar las ilusiones, en las que todos creían, de que la crisis estaba bajo control y que se iban a poder recuperar sus «pequeños negocios cotidianos» como en los viejos tiempos. El año pasado fue despiadado para muchos dirigentes políticos, para el sector financiero, los inversores, las deudas occidentales, el crecimiento mundial, la economía estadounidense y para la ausencia de gobernanza de Eurolandia. Los que se creían intocables o inamovibles descubrieron repentinamente que la crisis no respeta nada ni a nadie.

Por supuesto que esta tendencia proseguirá durante el 2012 porque la crisis no respeta tampoco el corte del calendario gregoriano. Los últimos «intocables» lo experimentarán: Estados Unidos, Reino Unido, USD, T-Bonds, dirigentes rusos y chinos, etc… (1). Pero el 2012 también afianzará, sobre todo en su segunda mitad, las fuerzas y actores que permitirán en el 2013 y los años siguientes comenzar a reconstruir un nuevo sistema internacional, reflejando las expectativas y las relaciones de poder del siglo XXI y no de mediados del siglo XX. En esto, 2012 será el año del lapso de transición entre el mundo de ayer y el de mañana. Como año de transición, será una mezcla de lo peor (2) y lo mejor. Pero a pesar de ello, será el primer año constructivo desde el 2006 (3).

Presentamos por otra parte en este Geab N° 61 los 35 temas/acontecimientos, los que a su vez son asimismo recomendaciones, que anticipamos que caracterizarán el año 2012: 20 temas se potenciarán y 15 temas se desvanecerán. Esta lista puede ayudar al lector del Geab a prepararse para el próximo año y reducir el tiempo que se pierde al leer artículos sobre temas que han pasado a tener un impacto secundario en el curso de los acontecimientos, o bien para tomarse el tiempo necesario para profundizar los temas que mañana serán centrales en los próximos desarrollos. Es decir, esta lista de 35 «Up and Down» de 2012 sirve para que estos desarrollos del año no lo tomen por sorpresa. Con un porcentaje de éxito que varía entre 75% y 85% desde hace seis años, esta anticipación anual se constituye en una ayuda particularmente concreta para las decisiones de los próximos doce meses.

Por otra parte, en este Geab N°61, nuestro equipo analiza profundamente la naturaleza y las consecuencias (4) del posible QE3 que lanzaría la Reserva Federal estadounidense durante el 2012.  Esperado por unos, temido por otros, el QE3 es generalmente presentado como la última arma para salvar la economía y el sistema financiero de Estados Unidos que, contrariamente al discurso dominante de estas últimas semanas, continúan deteriorándose (5).  Sea que la FED lo lance o no, el QE3, ése será sin duda alguna el mayor acontecimiento financiero de 2012 cuyas consecuencias marcarán definitivamente el sistema financiero y monetario mundial. Este Geab N° 61 le permitirá hacerse una idea precisa sobre la cuestión.

a

Evolución de los bonos del Tesoro poseídos por Primary Dealers clasificados por vencimiento (12/2010 – 10/2011). (En gris: menos de un año / en rojo: menos de 3 años / en verde: de 3 a 6 años / en color malva: de 6 a 11 años / en azul: 11 años y más). Fuente: Zerohedge, 10/2011.

El QE3 jugará un importante papel en el gran cambio geopolítico mundial de 2012 porque en este año se plantearán las últimas tentativas de los poderes dominantes del mundo anterior a la crisis por mantener su poder global, tanto en materia estratégica, económica como financiera. Cuando utilizamos el término «últimas», queremos remarcar que después de 2012 su poder se habrá debilitado demasiado como para pretender mantener esta situación privilegiada.

La degradación reciente de la mayoría de los países de Eurolandia por S&P es un ejemplo típico de estas tentativas de la última instancia: empujados por Wall Street y la City, y a causa de sus necesidades insaciables de financiamiento (6), Estados Unidos y el Reino Unido están a punto de emprender una abierta guerra financiera con sus últimos aliados, los europeos.

Es un suicidio geopolítico porque esta actitud obliga a Eurolandia a fortalecerse, integrándose cada vez más, y a disociarse de Estados Unidos y del Reino Unido; mientras que la inmensa mayoría de los dirigentes y pueblos de la Eurozona comprendieron finalmente que se había declarado una guerra transatlántica y transmancha contra ellos (7). El Leap/E2020 presentará sus anticipaciones en este sentidos en «Europa 2012-2016» en el Geab N° 62 que aparecerá en febrero de 2012.

b

Distribución de las deudas occidentales (2011). (En azul claro: deuda del sector no financiero / en verde: deuda del sector financiero / en naranja: deuda pública / en azul oscuro: deuda de los particulares). Fuentes: Haver analytics / Morgan Stanley, 01/2012.

En otro orden, las tentativas de crear una «pequeña guerra fría» con China o de tender una trampa a Irán sobre la cuestión de la libre circulación en el estrecho de Ormuz reflejan lo mismo (8). Volveremos con más detalles en este Geab N° 61.

El gran cambio de 2012 es también el de los pueblos. Porque será también el año de la ira popular. Es el año en el que entrarán masivamente a la escena de la crisis sistémica global. El año 2011 habrá sido el «precalentamiento» donde los pioneros han ensayado métodos y estrategias. En 2012, los pueblos se afianzan como las fuerzas motivadoras de los importantes cambios que van a caracterizar este año-bisagra.

Lo harán de manera proactiva porque crearán las condiciones de cambios políticos decisivos a través de las elecciones (será el caso en Francia con la salida de Nicolás Sarkozy (9)) o vía manifestaciones masivas (Estados Unidos, el Mundo Árabe, el Reino Unido, Rusia).

También de manera más pasiva generando el temor en sus dirigentes, obligando a estos últimos a una actitud «preventiva» para evitar una conmoción política mayor (será el caso en China (10) y en varios países europeos). Ambos casos, independientemente de lo que piensan las élites de los países afectados, constituyen un fenómeno constructivo porque nada importante ni duradero puede emerger de esta crisis si los pueblos no se involucran (11).

El gran cambio de 2012 es todavía el colapso acelerado del poder de los bancos y de las instituciones financieras occidentales, una realidad que describimos en este Geab contrariamente al discurso populista actual que olvida que las estrellas que contemplamos en el cielo nocturno son una imagen de una realidad desaparecida desde hace tiempo.

La crisis es la aceleración de la Historia y muchos todavía no comprendieron que el poder de los bancos que a ellos inquietan es una realidad anterior a 2008. Es un tema que detallamos en este número del Geab. Al mismo tiempo, continuamos viendo a los inversores huir de los valores bursátiles y financieros, principalmente de aquellos de Estados Unidos (12).

c

Evolución comparada de PBI de los países industriales y de su deuda pública (1991-2011). (En gris: PBI / en rojo: deuda pública). Fuente: Spiegel, 01/2012.

Y el gran cambio, es también la llegada a la madurez del BRICS que, después de cinco años de buscar y tomar sus marcas, va en 2012 a comenzar a pesar fuertemente y proactivamente sobre las decisiones internacionales (13). Sin embargo, son sin duda uno de los actores esenciales para el surgimiento del mundo de mañana; y un actor que, al contrario de Estados Unidos y del Reino Unido, sabe que es de su interés ayudar a Eurolandia a atravesar esta crisis (14).

Con Eurolandia estabilizada y dotada de una gobernanza sólida, fines de 2012 se presenta como la primera oportunidad de fundar las bases de un mundo cuyas raíces ya no estén arraigadas en el final de la Segunda Guerra Mundial. Irónicamente, es probable que la cumbre del G20 de Moscú en 2013, la primera que se celebra fuera del campo occidental, concrete las promesas de la segunda mitad del 2012.

—–
Notas:

(1) Y el culebrón de la crisis de las deudas europeas hasta el fin del primer semestre 2012. El año será muy difícil también para Eurolandia como lo muestran los escenarios preparados por OFCE.  Pero se revelará mucho menos difícil que lo anticipado hoy por los expertos y los medios de comunicación financieros porque éstos subestiman, por una parte, el progreso hecho en materia de gobernanza de Eurolandia que dará sus frutos en la segunda mitad del 2012; y, por otra parte, el cambio de contexto psicológico en cuanto que la atención del mundo se trasladará a los problemas estadounidenses y británicos. A propósito de ello, he aquí un nuevo ejemplo de desinformación sobre el Euro publicado por MarketWatch el 09/01/2012: el editorialista David Marsh intenta dar crédito a la idea que la elección presidencial francesa de la primavera de 2012 será otra mala noticia para el Euro, afirmando explícitamente que Francisco Hollande ¡es un euroescéptico! Como todo el mundo sabe en Francia, Francisco Hollande es al contrario un proeuropeo y feroz, lo que deja sólo dos opciones en lo que conciernen a MarketWatch/Marsh: o que no saben de lo que hablan, o mienten deliberadamente. En ambos casos, esto esclarece el valor de las opiniones de la gran prensa financiera estadounidense sobre el Euro y su futuro. ¡Quienes los siguen perderán mucho dinero! Siempre en cuanto a Eurolandia, el Spiegel del 03/01/2012 ofrece una interesante inmersión en el funcionamiento de Merkozysme que muestra cuánto ambos países tienen ligados definitivamente sus destinos: una evolución que se estimulará después de la elección de Francisco Hollande, quien, a diferencia de Sarkozy, no tendrá un pie en Eurolandia y el otro en Washington.

(2) Especialmente la continuación del aumento generalizado del paro. Fuente: Tribune, 31/10/2011.

(3) Un toque poético permite ilustrar nuestro enfoque en la materia, siempre en el marco de la metodología de anticipación política descripta en el «Manual de Anticipación Política» de Marie-Héléne Caillol, presidenta de Leap. ¿Cómo hay que considerar el solsticio de invierno? ¿Cómo la parte central del invierno porque sus días son más cortos o el anuncio de la primavera porque a partir de él los días se alargan? Ambas respuestas son correctas. Pero la primera no dice gran cosa sobre el futuro, sino que continuará por un tiempo siendo melancólico y probablemente frío; es una fotografía, un análisis estático. La segunda respuesta en cambio guía la mirada a un futuro más lejano y destaca la existencia de un proceso continuo que conduce a cambios en la duración del día y tal vez de la temperatura; es una visión dinámica de los acontecimientos. La metodología de anticipación política ya tiene, por otra parte, un lugar en el debate científico ya que Marie-Héléne Caillol ha sido invitada a contribuir en el número especialmente dedicado a la Anticipación (Volumen 41, Issue 1, 2012) (coordinado por el profesor Mihai Nadin) de la revista científica estadounidense «International Journal of General Systems» (Francis y Taylor), una publicación multidisciplinaria consagrada a la publicación de trabajos originales de investigación en ciencias de sistemas, básica y aplicadas. El artículo resultante de esta colaboración se titula: «Anticipación política: observar y comprender las tendencias socioeconómicas globales con el fin de guiar los procesos de toma de decisión».

(4) El deterioro de la situación estadounidense se produce a pesar del deseo de ocultarla mediante los medios de comunicación dominantes y las agencias de calificación; mientras que en Eurolandia la situación no se deteriora tanto como quieren hacernos creer esos mismos medios de comunicación y agencias. Con el transcurrir del tiempo, los resultados no dejan ninguna duda. En cuanto a la degradación económica de Estados Unidos, basta con comprobar el hundimiento de los beneficios bancarios, del consumo (los anuncios rimbombantes sobre los festejos que dieron lugar cifras muy mediocres), el cierre o la quiebra continúa de redes minoristas, la permanencia del desempleo en tasas históricas, el creciente problema del pago de las jubilaciones, el colapso de los presupuestos de las grandes universidades públicas… Fuentes: YahooNews, 12/01/201; Bloomberg, 12/01/2012; USAToday, 12/01/2012; CNBC, 28/12/2011; Washington Post, 27/12/2011.

(5) Las publicaciones recientes de las minutas de los debates de 2006 de la FED ilustran perfectamente una de nuestras hipótesis de trabajo: los responsables de un sistema complejo son generalmente incapaces de percibir el momento cuando van entrar en crisis o al caos. Fue el caso de Alan Greenspan, Thimothy Geithner y colaboradores en 2006. Es el caso de los dirigentes de la City, de Wall Street o de Washington en 2012 que, por otra parte, son los mismos. Fuente: New York Times, 12/01/2012.

(6) Como lo muestra el cuadro, con el 900 % del PIB de deuda, el Reino Unido es como un animal atrapado por la trampa de la deuda. Y a causa del enorme peso de la deuda sobre el sector financiero británico, está condenado a intentar por todos los medios a obligar a Eurolandia a pagar las deudas de Grecia, etc… La quita de las deudas públicas occidentales es una bazuca que apunta hacia el corazón del Reino Unido: la City. Fuente: Guardian, 01/01/2012.

(7) Tanto mejor porque no hay nada peor que de estar en guerra sin saberlo como ha escrito a este respecto Franck Biancheri en su cuenta Twitter en el que comenta la campaña presidencial francesa twitter.com/Fbiancheri2012.

(8) Rusia ya tomó la decisión de expandir su comercio con Irán en rublos y riales, eliminando el USD en las transacciones entre ambos países. En cuanto a Europa, gesticula bajo la presión estadounidense, pero finalmente no hará gran cosa en materia de embargo porque en junio (nueva fecha para tomar una decisión), el mapa político habrá cambiado. Fuentes: Bloomberg, 07/01/2012; Le Monde, 09/01/2012.

(9) Lo que de paso volverá a poner la Francia en su línea histórica «gaullista-europea» en lugar de la línea occidentalista que habrá significado el paréntesis Sarkozy. Fuente: Le Monde, 11/01/2012.

(10) En China, según el Leap/E2020, el riesgo de una gran explosión popular se encuentra en la encrucijada de una situación económica tensa (será el caso en 2012 – ver en este GEAB N° 61) y de un importante incidente en salud pública; mucho más que en un contexto de cuestionamiento político.

(11) El anuncio por los Hermanos Musulmanes egipcios de someter a referéndum el tratado de paz con Israel pertenece a la misma tendencia. Fuente: Haaretz, 02/01/2012.

(12) Fuente: CNBC, 06/01/2012.

(13) Los dirigentes chinos, por ejemplo, parecen más determinados que nunca a seguir el camino que ellos consideran el mejor (incluso para la conquista espacial, símbolo por excelencia del liderazgo), rechazando las presiones externas. Fuente: Caixin, 04/01/2012; ChinaDaily, 30/12/2011; NewYork Times, 29/12/2012.

(15) Fuente: 20Minutes/Suisse, 08/01/2012.

http://www.aporrea.org/internacionales/n196819.html

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