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Argentina Sociedad Anónima, from taringa.net

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Argentina: saqueos y tensión social

Tres hipótesis y una realidad

Por Maristella Svampa *
perfil.com, 23.12.12

Cuesta reflexionar sobre la ola de saqueos que ha recorrido el país en estos últimos días y no quedar preso de las imágenes y las declaraciones de coyuntura. Sin embargo, sin contar con un panorama del todo claro al respecto, hay por lo menos tres hipótesis interpretativas sobre las cuales me gustaría detenerme un momento.

Hay una primera hipótesis, que podemos llamar “catastrofista”, que suele asociar los saqueos al fin de época. Así ocurrió en 1989, cuando la hiperinflación arrasaba con el país, y lo mismo sucedió en 2001, cuando la desocupación y el hambre se conjugaron explosivamente con medidas restrictivas (el corralito).

En la Argentina de hoy, las brechas de la desigualdad continúan siendo enormes y el deterioro de la situación socio-económica, en amplias franjas de los sectores populares, es mucho mayor que el que el Gobierno nacional estaría dispuesto a reconocer, cualquiera fuera la circunstancia.

Pero 2012 no es 2001 ni tampoco 1989. No estamos viviendo un “fin de época”, pero tampoco un “freno a la paz social”, como declaró el funcionario Abal Medina. Tampoco éstos son, como se ha leído por ahí, los “saqueos de la abundancia”. Estos, como los dichos poco afortunados del funcionario más arriba citado, constituyen un insulto a la inteligencia, además de un acto de ceguera política.

La segunda es la hipótesis “conspirativa”: todo saqueo es organizado, y éstos aparecen asociados al incorregible peronismo, cuya base está en el conurbano bonaerense y otras grandes periferias urbanas. Lo particular en este caso sería, como bien apunta en este mismo diario Pablo Stefanoni, que por primera vez dichos dispositivos conspirativos (¿o serán llamados destituyentes?) buscarían atentar contra la estabilidad de un gobierno también de signo peronista.

Más allá de las internas peronistas, hay que tener en cuenta que, por lo general, la hipótesis conspirativa apunta a estigmatizar y descalificar a quienes son vistos como el “enemigo principal”. Algunas declaraciones gubernamentales se orientaron en esta dirección, acusando nada menos que a la CGT comandada por Moyano. No faltarán quienes comiencen a hablar de maniobras ocultas y manipulatorias por parte de un debilitado Duhalde (a quien se liga a los saqueos de 2001).

Sin embargo, el problema de esta hipótesis es que tiende a tomar la parte por el todo, ya que en alguna de sus modalidades –peronismo partidario, sindical o punteros– habría, más temprano que tarde, una explicación reduccionista, que apunta, en última instancia, a la tesis del Responsable Político e Intelectual.

Aunque probablemente haya episodios de saqueo promovidos por punteros y dirigentes peronistas alineados en una feroz interna, propias del peronismo infinito, lo cierto que esta tendencia a tomar la parte por el todo, acusando al “enemigo principal”, nunca alcanza a explicar el meollo central de estos sucesos.

Una tercera hipótesis plantea que los saqueos constituyen un repertorio de acción colectiva –espontáneo u organizado, según los casos, y a veces de modo sucesivo y combinado– de los sectores populares, asociados a momentos de crisis.

El sociólogo Javier Auyero ha hecho interesantes trabajos sobre el tema y ha hablado de los saqueos como una “zona gris”, señalando que no habría discontinuidades entre práctica cotidiana y violencia colectiva, aun si el autor coloca demasiado el acento en la articulación entre saqueos, punteros y dirigentes partidarios (del Partido Justicialista) en sus análisis de lo sucedido a finales de 2001.

Desde nuestra perspectiva, esta tercera hipótesis –como recurso de los sectores populares en tiempos de crisis, ya instalado en la memoria colectiva– debe ser puesta en perspectiva socio-geográfica, esto es, tener en cuenta el lugar donde se originaron los saqueos.

Se trata nada menos que de Bariloche, la ciudad turística más emblemática de la Patagonia y, a la vez, paradigma de la fractura socio-espacial. No es la primera vez que Bariloche nos sorprende  con sus imágenes extremas. Ya lo hizo en 2010, cuando la policía asesinó a tres adolescentes y hubo fuertes manifestaciones de xenofobia y racismo por parte de los comerciantes del Bajo, en apoyo a la policía del gatillo fácil…

La impunidad y la desigualdad fueron potenciadas por la situación de emergencia económica que, desde 2011, atraviesa la ciudad (y otras regiones de la provincia de Río Negro y Neuquén) como producto de las cenizas del volcán Puyehue.

Así, quienes conocen Bariloche saben que en realidad es la ciudad-country de la Patagonia: por un lado, está la ciudad del Bajo, la de los operadores turísticos y las chocolaterías con sonoridades centroeuropeas, protegida por las fuerzas de seguridad; la ciudad blanca, racista y xenófoba, la de los chalets suizos que se despliegan de modo barroco por los kilómetros, al borde de uno de los lagos más hermosos de la Patagonia.

Por otro lado, está el Alto, de corte mestizo y de raigambre mapuche, con sus sonoridades chilenas e indígenas, hundido en la pobreza y la marginalidad, cuyas imágenes urbanas tienen más de campamento permanente de refugiados que de extinto barrio proletario.

Punto de arranque de una situación perturbadora que, sin llegar a ser leída como “fin de época”, pero tampoco como mera “conspiración”, Bariloche vuelve a poner en el centro de la agenda pública tanto la vigencia de la fractura social, en sus formas extremas, como el evidente y rápido deterioro socio-económico de amplios sectores populares a lo largo del país.

* Socióloga y escritora.

http://www.perfil.com/ediciones/2012/12/edicion_739/contenidos/noticia_0020.html

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Las noches calientes de los pueblos de España

Por Jorge Altamira
Especial para argenpress.info, 27.05.11

Las interpretaciones de los procesos políticos parecen desfallecer cuando encaran la situación de España. Decenas de miles de personas ocupan los centros de las principales ciudades -desafiando las órdenes de desalojo de la policía- para reclamar el fin del sistema político cuando culmina una campaña electoral que dará el triunfo a la derecha, la cual encarna más que nadie a ese sistema, pues representa la herencia del franquismo y la antediluviana institución clerical, y que -como valor agregado- es una punta de lanza del capital financiero español, que exige un rescate de la bancarrota capitalista a costa del sufrimiento de las grandes masas.

En la movilización sin precedentes de todos los pueblos del Estado español, están notoriamente ausentes la UGT y Comisiones Obreras, dos de las organizaciones históricas de la clase obrera, cuya burocracia se ha asociado a la política de liquidación de los derechos laborales, incluidas las jubilaciones. Los sindicatos fueron incapaces de enviar mensajes de solidaridad política a los manifestantes y ocupantes, y se inmolaron hasta el final en el apoyo al gobierno del Estado. Estamos ante una manifestación del desarrollo de las características subjetivas de la crisis mundial en todas sus contradicciones. España anticipa un verano caliente con sus deliberaciones y manifestaciones nocturnas -un ‘invento’ del Argentinazo.

Lo que viene ocurriendo, sin embargo, no es una novedad, sino una reposición. En 2004, también una movilización popular excepcional violentó toda la reglamentación que rige las vísperas de las elecciones como respuesta a una provocación del gobierno de Aznar, del PP, ante un atentado terrorista y dio vuelta un resultado electoral en 48 horas, otorgando la victoria al PSOE. Recientemente, cuando comenzó la política del ajuste, las bases del subterráneo paralizaron los servicios en forma fulminante -para pavor de Rodríguez Zapatero, la burguesía y la burocracia sindical. El conformismo que se adjudica a las masas de España desde el ingreso del país a la entonces Comunidad Europea es interrumpido en forma brusca y sucesiva por estallidos populares, que obligan al poder a componendas y virajes hasta el estallido siguiente.

La curva general crece, sin embargo, en amplitud y repercusión. Las manifestaciones que están en curso incorporan una novedad de peso: son la primera respuesta masiva a la bancarrota capitalista y adelantan el escenario de luchas que diseñan la inminente cesación de pagos de Grecia y la ruptura en la cúpula dividida de la Unión Europea. El Banco Central de Europa acaba de amenazar con un boicot a la deuda pública de los países que reestructuren o refinancien sus deudas. Es otra forma de decir que aboga por la expulsión de los Estados quebrados de la zona monetaria del euro -y, por carácter transitivo, de la Unión Europea.

La victoria del franquista PP (que es franquista lo prueba su violenta oposición a investigar los crímenes cometidos en la guerra civil y su asalto al juez Baltazar Garzón) impresiona bastante menos que el derrumbe del PSOE: ganó 400 mil votos contra una pérdida de dos millones de su rival. O sea que, a cuentagotas, la hemorragia ‘socialista’ se desparramó hacia partidos regionales y otros, donde se destaca la perfomance espectacular de la coalición independentista Bildu, en el País Vasco, que se llevó el 25% de los votos y la totalidad de los municipios.

De todos modos, si existe una ruptura de la tendencia a apoyar a los partidos tradicionales, ella se manifestó en forma incipiente. Los movilizados en ningún momento llamaron a la abstención o al voto en blanco, una expresión de la ausencia de homogeneidad política. Pero la ocupación extraordinaria de plazas públicas le quita relevancia anticipada a los resultados electorales, como ocurrió en Argentina con posterioridad a las elecciones de octubre de 2001 -donde también se manifestó una ruptura incipiente con el régimen político.

A fuerza de poner un signo igual entre las elecciones y la tendencia subjetiva de las masas, los observadores y los políticos confunden la representación formal con la realidad -ni sospechan que esta última ya amenaza con llevarse puesta a la primera. A quienes se apuran en adjudicar a las asambleas populares el consabido mote de la ‘espontaneidad’, respondemos que los programas que han hecho circular plantean la nacionalización de la banca y la reestatización de las empresas que han sido privatizadas. El solo cumplimiento de este punto llevaría a la confiscación de la burguesía española. Las asambleas han votado, asimismo, la organización de asambleas barriales que, si fructifican, establecerán lazos con los comités o comisiones de fábricas y empresas.

El entramado de las contradicciones en España se manifiesta ahora en una dicotomía elemental: el gobierno del PSOE no puede continuar, pero España no tiene condiciones de atravesar una campaña electoral y menos de consagrar un gobierno del PP. El comando mayor de la UE y del BCE exige que siga Rodríguez Zapatero, incluso porque no confía en los ‘populares’, ya que en su seno operan tendencias al distanciamiento y hasta la separación de la UE, así como tendencias pro-norteamericanas, que esperan el rescate de Estados Unidos y de ningún modo de Alemania.

El fiel de la balanza en esta crisis lo tiene la catalana Convergencia e Unió, el partido de la gran burguesía de Cataluña, firme aliado del capital alemán, que cuenta con los votos parlamentarios para decidir la continuidad o no de Rodríguez Zapatero. Pero como dicen los asambleístas, España no está gobernada, en última instancia, por el parlamento, sino por los ‘mercados’ -y los ‘mercados’ están a punto de irse de nuevo al diablo de donde nunca salieron. Los acontecimientos extraordinarios vividos por una parte de los pueblos de España en las últimas semanas constituyen una anticipación del derrumbe inminente de los planes de rescate y una preparación para hacerle frente. La iniciativa histórica ha pasado a los explotados.

http://www.argenpress.info/2011/05/las-noches-calientes-de-los-pueblos-de.html

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US shutdown government, from twotsi.com

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La bancarrota capitalista en pañales

Por Jorge Altamira
Prensa Obrera
rebelion.org, 13.05.11

Cada atardecer, cuando la penumbra desciende sobre Atenas, la policía con equipamiento antidisturbios espera sentada en los autobuses que se alinean en las calles del centro de la ciudad. Algunos pegados a sus celulares, otros escudriñando la noche. Nadie tiene una certeza de lo que podrían estar esperando. Pero todos, en la capital griega, coinciden en que algo podría ocurrir en cualquier momento“.

El lector difícilmente se imagine que esta descripción electrizante emane de un corresponsal del muy inglés Financial Times (2/5). Para justificar la impresión que le causa la primavera de Atenas, el periodista señala que, después de un año de rescates financieros, “Grecia se encuentra en una recesión profunda: la economía se contrajo un 4,5% y se espera otra caída del 3% para el año que corre“. Desde entonces, las jubilaciones fueron podadas en un 20% y los salarios un 15% -además de la eliminación de todas las bonificaciones. El miércoles 10 de mayo, Grecia fue paralizada, por décima vez, por una huelga general.

El punto es que no solamente fracasó el ‘ajuste’ -ni siquiera para una transfusión de sangre del trabajo al capital, o para restablecer las cuentas del Estado. La deuda pública, que antes de la declaración de la crisis se estimaba entre el 85 y el 110% del PBI de Grecia, ha atravesado alegremente la barrera del 160%.

El truco de aumentar la deuda mientras se podan los gastos es la consecuencia de la subida enorme de la tasas de interés que paga el Estado: el bono del Tesoro griego a dos años ‘rinde’ el 25,5% anual (último registro), lo que equivale a un ‘riesgo-país’ de 2.200 puntos cuando se lo compara con uno alemán, que cuesta 3,5%; el bono a diez años promete un 15,5%, lo que no deja de representar un ‘riesgo’ de 1.300 puntos sobre el similar germano.

¿Por qué cualquiera debería sorprenderse cuando el semanario Der Spiegel reveló una reunión secreta de los máximos responsables de finanzas de la Unión Europea, en la que se discutió un cese de pagos de Grecia (‘defol’) e incluso su retiro del euro? Desmentida enérgicamente por los participantes, la reunión fue confirmada por el Financial Times el 8 de mayo (columnista Wolfgang Munchau).

‘Naturalmente’, ¿a quién le importa el ‘defol’ de Grecia, un país con un PBI inferior al de Argentina? En plata, muchísimo -aunque sea lo secundario. Los bancos griegos tienen en su cartera el 22% de la deuda, unos cien mil millones de dólares, los suficientes para barrer varias veces con su capital. Un banco del nivel de BNP Paribas, carga un muerto de 8 mil millones y, en grado decreciente, otros bancos franceses, españoles, alemanes y belgas. El 11% de la deuda la tienen el FMI y los gobiernos europeos, unos 6 mil millones.

Pero el Banco Central Europeo (BCE) carga con el 20% de la deuda (otros cien mil millones de dólares), dentro de la cual no se cuentan los títulos de cortísimo plazo ofrecidos por el gobierno griego o los bancos -lo cual sumaría 300 mil millones de dólares, según calcula el norteamericano J.P. Morgan (Financial Times, 10/5). ¿Y qué pasa si añadimos a esto el endeudamiento ‘derivado’ de este endeudamiento público, como son los bonos vendidos como seguros de cambio contra, precisamente, la posibilidad de un cese de pagos en el endeudamiento original?

La evolución del sistema financiero ha convertido a las operaciones “fuera de libros” (off balance) en más y mucho más importantes que las registradas en la contabilidad. Las deudas públicas no se compran con dinero, sino con préstamos que cubren una parte muy pequeña de la compra. En caso de ‘defol’, no solamente cae el acreedor ‘engañado’, sino toda una cadena de acreedores ‘engañados’ por él. En esto consiste el “sistemic risk” (riesgo sistémico) al que hacen referencia de continuo todos los observadores.

Ojo, lo que importa para Grecia vale también para Irlanda, Portugal, Islandia, eventualmente España e Italia y ,al final (¿por qué! no?), para Estados Unidos y Japón, los dos Estados más endeudados del mundo y más apalancados también (que deben a quienes compraron esas deudas con deudas y así de seguido).

La cadena de la felicidad

Sin embargo, con lo impresionante que son esas cifras, y para un país chiquititísimo, lo más importante es otra cosa: el fracaso del rescate operado con los mismos métodos que llevaron a la crisis en primer lugar. Como lo señala bien un ex banquero central de Argentina, Mario Blejer, quien antes integró el Banco de Inglaterra y luego fue asesor de Néstor Kirchner, “la situación se asemeja a una pirámide o esquema Ponzi. Algunos de los tenedores originales de los bonos son pagados con préstamos oficiales que también financian los déficit primarios” (Financial Times, 6/5).

Dado que esta bicicleta se realiza con dinero público y, en última instancia, requerirá emisión monetaria, ¿puede proseguir en forma indefinida? Sí, contesta Blejer, que presidió el derrumbe de 2001: hasta que la última deuda privada haya sido cancelada por el Estado; “el último tenedor carga con la pérdida completa”. Esto significa el derrumbe financiero del Estado, la desaparición de la moneda y una situación política de 2002 a la escala de media Europa y un ‘poquito’ más.

Todo indica que en la reunión secreta -desmentida por sus participantes- se habría llegado a la conclusión de que una reestructuración de la deuda de Grecia sería imbancable, literalmente, para Europa y, en especial, para los bancos franceses y alemanes, y podría provocar una ‘corrida’ contra la deuda pública y privada de España -cuya situación es peor que la de Grecia, puesto que tiene a las dos terceras partes de su sistema financiero quebrado.

El conjunto del sistema bancario de Europa tiene aún ‘activos tóxicos’ (créditos incobrables o títulos sin valor de mercado) por un valor que oscila entre 800 mil y 1,3 billones de dólares, y Estados Unidos entre 1 y 1,6 billones. Por otro lado, se (sub)estima la insuficiencia de capital de los bancos europeos en 180 mil a 220 mil millones de dólares. Lo que se desprende de aquí es que una reestructuración d! e la deuda de Grecia, para evitar el ‘defol’, podría ser un golpe demoledor para buena parte de esa banca.

La reestructuración debería combinar una ‘quita’ de al menos el cincuenta por ciento de la deuda, una reducción fuerte de la tasa de interés y un alargamiento considerable de los plazos -lo cual, en conjunto, nos llevaría a una desvalorización de más del 75% de la deuda griega (y, enseguida, hacer lo mismo con Irlanda y Portugal y hasta España). Incluso en un caso de estas dimensiones, no está claro que fuera a haber una recuperación de la economía de los países afectados, que los capacite para el pago del sobrante, porque ello depende de las condiciones generales de la economía mundial.

No sólo de números vive el hombre

Los números elementales de la crisis, a pesar de su contundencia, nublan su comprensión. Al lado del enorme capital en bancarrota, por ejemplo, opera otro capital que se encuentra a la expectativa de aprovechar esa bancarrota. Fondos financieros de distintas características se han puesto al acecho para comprar la deuda de los países insolventes una vez que se reconozca su completa pérdida de valor. Fue lo que ocurrió en Argentina en la crisis de 2002.

El caso de España es bien elocuente: el Banco de España ha ordenado la recapitalización de las Cajas, que representan más de la mitad del sistema financiero, pero los capitales dispuestos a hacerlo reclaman un precio bastante inferior al que ofrecen sus accionistas; el Banco Central está amenazando con declarar la quiebra de algunas cajas. Los banqueros alemanes quieren estirar los tiempos del default, pero los norteamericanos y los ingleses presionan para apurarlo.

Se ha desatado una feroz lucha de intereses contradictorios. Una manifestación de ella es la dificultad para establecer un sistema de deuda pública de la Unión Europea, que sustituiría los endeudamientos nacionales por un título continental: se oponen los países más endeudados, porque tendrían que sumar deuda a la deuda, y los menos endeudados, para no cargar con el muerto de los otros. Una deuda pública común supone un Estado único.

En contra de esta tendencia opera una contraria, o sea a la disolución de los Estados que ya existen, debido a la tensión que provocan las deudas de sus regiones internas: las “autonomías” en España; las comunas en Italia; los länder en Alemania. La hipoteca de estas regiones es feroz, porque los bancos las han metido en operaciones ‘derivadas’, que se han devorado los ingresos acumulados.

En Estados Unidos, la deuda municipal (muni-bonds) involucra un par de billones de dólares. Esto ha llevado a varios Estados norteamericanos a enmendar su sistema de pensiones y anular el derecho a la convención colectiva; a nivel nacional serruchar los sistemas de asistencia a la salud.

Un editorial de The Economist acaba de plantear que, como mínimo, hay que llevar la edad para jubilarse a los 70 años. “Los costos crecientes de los sistemas sociales de salud; la seguridad social; el esquema de previsión social del gobierno son considerados (por los republicanos) la amenaza principal a la posición fiscal del gobierno” (Financial Times, 6/5). Es que cuando se incluye los compromisos de pagos de pensiones en las próximas dos décadas, la deuda nacional de Estados Unidos se empina a los 200 billones de dólares -cuatro veces todo el PBI mundial.

La tensión de la crisis financiera que se desarrolla encima de la crisis financiera ha quedado ilustrada la semana pasada por el derrumbe de la cotización de la plata, en primer lugar, y las materias primas en general. Lo que desató el desplome fue el requerimiento de algunas Bolsas para elevar el depósito que deben dejar los especuladores como garantía de una operación financiera. Para cumplir con la exigencia, los afectados salieron a vender apresuradamente sus apuestas.

El requerimiento de mayor garantía expresa la desconfianza de los reguladores en que se finalicen los contratos de especulación. La elevación de la garantía (‘margin call’) ha sido el detonante de todos los derrumbes desde que existe el capitalismo. A diferencia de la crisis del 30, en la actual se ha seguido a la regla de no dejar caer a los grandes bancos, o sea rescatarlos.

Con este método, el capital ha creído haber aprendido la lección de hace ochenta años. Pero la crisis del capital no es un asunto académico; no se trata de aprender o, como diría Marx, de “interpretar” al capital: para erradicar estas catástrofes es necesario abolirlo mediante una acción social consciente, o sea política.

De gendarmes y rehenes

La posibilidad de que Grecia se retire del euro es el tema del momento, no solamente su default. Los que reclaman que se autorice la reestructuración de su deuda tienen presente aquella alternativa más drástica. En lugar de seguir metiendo plata en la Hélade, mejor sería admitir una ‘quita’ que se combine con alargamiento de plazos de vencimiento y salir al rescate de los bancos que resulten afectados por esa reestructuración. Los bancos alemanes están expuestos por sobre todo a España (210 mil millones de dólares) y a Irlanda (170 mil millones).

La amenaza de salir del euro, por parte de Grecia, constituye una extorsión a Alemania para persuadirla a que habilite la reestructuración. Pero un retiro de Grecia sería acompañado por Irlanda, en primer lugar, y por Portugal y España. El retorno a sus antiguas monedas les permitiría devaluarlas y reconquistar una competenci! a en el mercado mundial, incluido el turismo.

La extorsión salta a la vista, porque la desintegración de la zona euro produciría una cadena de devaluaciones en perjuicio de Alemania, cuyo euro sería el viejo marco con otro nombre, que se revalorizaría a extremos que afectarían en forma decisiva su capacidad de competencia industrial en el mercado mundial -lo cual haría las delicias de Japón y Estados Unidos, aunque menos, contradictoriamente, de China, que se equipa en las fábricas germanas.

Alemania ha pasado de gendarme a rehén, que ahora tiembla ante la pequeña Grecia. La ruptura de este verdadero nudo gordiano de la crisis no lo pueden producir las cifras de endeudamiento ni las recomendaciones de los especialistas. Lo harán las crisis políticas y, por sobre todo, las rebeliones populares.

Lo importante es que estas rebeliones se verán obligadas a clarificar sus objetivos políticos, esto para no ser instrumentadas, a la larga, por una falta de dirección, por las tendencias a la desintegración del euro que beneficiaría a los rivales de Alemania, por un lado, o por un reforzamiento del protectorado alemán sobre la periferia de Europa, por el otro.

Los límites

Los espacios de este artículo no alcanzan para entrar en el corazón de todo el asunto: Estados Unidos y Japón -con China en la órbita. Pero la emisión de dólares para financiar el rescate capitalista, cerca de tres billones, ha fracasado para reanimar el crédito o la economía, ni hablar de que no ha resuelto el derrumbe hipotecario ni la desocupación. Los bancos guardan los dólares emitidos en las cuentas remuneradas de la Reserva Federal o alimentan la especulación mundial, la cual se desarrolla sobre una economía mundial abrumada por deudas provocadas por la especulación mundial.

Antes de Estados unidos, lo mismo había hecho Japón -de aquí el vertiginoso aumento de los precios de las materias primas y el auge de la especulación inmobiliaria en los países a los que no había llegado en la fase anterior.

Si se corta este chorro, sin embargo, se arriesga una depresión mundial. Por eso la Reserva Federal ha dicho que seguirá financiando a tasas del 0,5%, aun cuando deje de comprar bonos del Tesoro norteamericano -del cual ha acumulado 1,5 billones de dólares, por lo que se ha transformado en el principal acreedor de su propio Estado.

La consecuencia de esto será una mayor devaluación del dólar y la potenciación de los procesos de especulación y, en última instancia, de quiebras ‘a la griega’. La devaluación de la moneda quita al Estado la capacidad de crear deuda pública, o sea financiarse. La contrapartida de esto es la apreciación del oro, que no es solamente una materia prima para la industria sino, más que nada, dinero -o sea una reserva de valor y el equivalente que permite el intercambio general de las mercancías.

En los comentarios de los principales observadores de asuntos financieros y económicos aparece, con frecuencia cada vez mayor, la conclusión de que las operaciones de rescate mundial del capitalismo colisionan con los “límites políticos”. Se refieren a las crisis estatales, a los choques entre Estados y, por sobre todas las cosas, a la resistencia popular. Los problemas vienen con su propia solución.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=128296&titular=la-bancarrota-capitalista-en-pa%F1ales-

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