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Argentinazo, desde vozentrerriana.blogspot.com

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Argentina es el mundo de hoy

Por Jorge Altamira *

En estos 10 años, después de haber salido de una crisis tan impresionante como la de 2001-2002, ¿estamos como país en una salida efectiva de aquella crisis? Es muy difícil encontrar a quien diga que no. Todo el mundo piensa que el 2001 fue una pesadilla de la cual simplemente nos hemos desembarazado cuando abrimos los ojos a la mañana y nos dimos cuenta de que lo que soñamos por la noche no fue más que la imaginacion de nuestras mentes y de lo que nos agobia.

La pregunta es si la estructura social, económica y política del país cambió tanto entre 2001 y ahora como para hablar de que la Argentina superó efectivamente esa crisis. Nosotros marcamos un antecente que es muy importante: la dictadura (de 1976-1983) no sólo cayó por la derrota de Mavinas, sino porque enfrentó una crisis económica que no podía superar, y que consistía en que no podía pagar la deuda externa.

Entonces vino (el primer presidente electo del último período electoral, Raúl) Alfonsín. A mediados del gobierno de Alfonsín, todo el mundo opinaba que de aquella crisis que había dejado la dictadura militar ya no había rastros. Si hubieran esperado dos años más, habrían visto cómo la hiperpinflación se lo comía a Alfonsín, y éste adelantaba la entrega del mando a (quien entonces era presidente electo, Carlos Saúl) Menem.

Menem estuvo dos, tres años con hiperinflaciones, hasta que lo trajo a (Domingo) Cavallo, que metió la Convertibilidad (1 peso, 1 dólar). A los tres años del gobierno de Menem, cuando se salió de la crisis de Alfonsín, todo el mundo dijo: “Argentina es un país del primer mundo”.

A finales de 1994 estalló una crisis en México, que afectó particularmente a la Argentina, que estuvo dos años en recesión, y a punto de un derrumbe de la Convertibilidad. Cuando se salió de eso dijeron: “Ya está. Hemos despegado”. Y el resultado fue que a partir de 1998 comenzó una crisis muy aguda, que terminó en 2001 con la bancarrota de la Argentina.

Entonces no hay que tener una mirada tan superficial como decir “Bueno, ya está…”. Y en el día de hoy (15 de diciembre de 2011, el secretario general de la Confederación General del Trabajo argentina), Hugo Moyano, en la cancha de Huracán, pronunció un discurso demoledor contra la presidente de la Nación. Un discurso de esos que no demuelen nada, porque el hombre se cuidó muy bien de unir el acto a la palabra.

Pero lo que dijo fue demoledor, acusó al gobierno de no querer respetar el derecho de huelga, de querer apropiarse de las obras sociales (que manejan los sindicatos), algo que no habían logrado ni siquiera las dictaduras militares. Y de querer apropiarse de las obras sociales como antes ocurrió con el Ansés (Administración Nacional de la Seguridad Social, que maneja los ahorros para los jubilados), para pagar la deuda externa. De instalar el impuesto al salario -porque los trabajadores que ganan más de cierto nivel están sujetos a un impuesto a las ganancias de las personas y que afecta a cualquier trabajador a partir de los 7000 pesos (equivalente a 1666 dólares)-. Y de lo único que no habló, que hubiera sido lo más importante, fue del tarifazo (anunciado días antes por el gobierno nacional), que implica aumentos colosales en los servicios públicos y que no sólo avala el gobierno nacional, sino también los gobiernos provinciales.

¿Y a qué obedece todo esto? A que nuevamente enfrentamos una situación de bancarrota económica, porque el gobierno se ha quedado sin superávit fiscal -ya no tiene más la diferencia a favor de ingresos sobre egresos-, ha usado toda la plata del Banco Central, ha usado gran parte del dinero de la Ansés -hoy la Ansés es tenedora de la mitad de la deuda externa argentina-. Les hemos pagado a los acrreedores con dinero de la Ansés, entonces no se puede sacar más dinero. y de ahí viene este tarifazo, y la consecuente crisis política. Porque si la presidente de la Nación dice que el derecho de huelga es una extorsión, es porque teme que los trabajadores se enfrenten con huelgas estos impuestazos y este tipo de tarifazos.

Parece mentira que en el curso de una década se hiciera un ciclo económico, de una crisis económica a otra, cuyo desarrollo y desenlace todavía se encuentran abiertos. Y en muchos aspectos, la crisis económica que enfrenta el gobierno actual es muy superior a la de 2001. Y esto tiene que sorprender. Porque cualquiera que vivió lo del 2001 tiene que considerar una fábula lo que estoy diciendo.

El problema es que el contexto inernacional del 2001 es muy diferente al actual. En 2001 había un conjunto de naciones que habían sufrido una crisis, pero de modo general, la economía mundial estaba enfrentando crisis localizadas, no crisis de orden general. En cambio hoy, en 2011, tenemos a todas las potencias del mundo en un estado de bancarrota económica, a las cuales añado la República Popular China, que está enfrentando ahora el derrumbe de todo su mercado inmobiliario -lo mismo que en el año 2007 llevó a la crisis a Estados Unidos-; y como consecuencia de ello una serie de levantamientos populares y grandes represiones se han concretado en el curso de esta semana en China.

“Pocas veces se vio un fenómeno de esta envergadura. Porque en el fondo, una crisis es tal cuando amenaza la disolución de la sociedad.”

La bancarrota económica argentina de 2001 es la célula madre de todas las bancarrotas que vayamos a ver. En la historia económica mundial hay pocos casos de una crisis completa total y absoluta. Un caso es el de Alemania en 1923, cuando el derrumbe económico era tan impresionante que lo que en un mes costaba 3 marcos, al mes siguiente costaba 30 mil, al siguiente 300 mil, y finalmente la plata valía tan poco que en el invierno se alimentaba el fuego del hogar con billetes -era más barato quemar un billete que un papel de envoltorio, que tenía un precio superior-. Y ha habido casos de personas que para ir a comprar cigarrillos tenían que llevar el dinero en carretillas, porque en el punto máximo de la crisis, cada dólar valía unos 30 millones de marcos.

Pocas veces se vio un fenómeno de esta envergadura. Porque en el fondo, una crisis es tal cuando amenaza la disolución de la sociedad. Y efectivamente, en Alemania en el año 23 y 24 todas las relaciones sociales estaban completamente disueltas. No había orden, hubo revueltas, pero era una sociedad en la que todos los mecanismos que nos conectan a través del trabajo y el comercio estaban quebrados.

Entonces, cuando uno quiere ver cuál es la perspectiva de un proceso de disolución social, toma el caso de Alemania. Yo coloco el derrumbe argentino de 2001 entre esos casos. Un caso paradigmático, porque cuando se abandona la Convertibilidad, todas las relaciones sociales argentinas quedan disueltas. La industria queda paralizada y el sistema bancario entra en bancarrota.

Déjenme contar dos cosas. ¿Cuántos automóviles creen ustedes que se vendieron en febrero de 2002? Lo pregunté a un montón de personas, y no lo cree nadie. Hoy en el país se venden 50 mil autos por mes. En febrero de 2002 se vendieron 4 automóvles. Si eso no es un derrumbe…

Los bancos entraron todos en bancarrota. Lo que debían a los ahorristas era infinitamente mayor que lo que tenían. ¿Por qué? Porque lo que tenian era la deuda externa. y la deuda había entrado en default, la Argentina había declarado que no estaba en condiciones de pagarla. En ese momento, un bono de 1 dólar de deuda externa valía 5 centavos. Por lo tanto, los bancos tenían la 200ava parte de lo que eran sus activos. Si iban al mercado y vendían el bono, le daban 5 centavos por cada dólar, y así no podían pagarle al depositante que quería retirar su dinero.

Y en la Argentina, como ustedes saben muy bien, para poder sostenerse se crearon 14 monedas diferentes. Es decir, se disolvió el sistema monetario. Y en el capitalismo, lo que une al comercio es el sistema monetario. Con lo cual hubo una parálisis completa del comercio. Y entre desocupados y subocupados se llegó al 40 por ciento de la población activa.

La crisis argentina no se extendió internacionalmente, pero la crisis internacional actual va, derecho viejo, a un Argentinazo mundial. Porque el gran valor que tiene la crisis argentina, como aquella alemana, es que permitió ver qué es una crisis capitalista. Por eso se habla tanto de Argentina, ahora, en materia de crisis económicas. Porque todo lo que puede pasarle ahora a Europa y Estados Unidos es lo que le ocurrió a la Argentina en 2001-2002.

“La clase media argentina miró para los dos lados, y no dudó de que el peligro mayor que enfrentaba eran los banqueros.”

Y es interesante decirlo porque Argentina en 2001 era todavía un caso ejemplar para la economía mundial capitalista, el país más virtuoso del mundo, donde no había inflación, donde el Estado se había despojado de las empresas estatales, el sistema previsional había sido privatizado, había una libertad para invertir, desinvetir, actuar y dejar de actuar absolutamente total. Es decir que, llevada a sus últimas consecuencias, una propuesta capitalista terminó en una bancarrota capitalista de proporciones extraordinarias.

¿Adónde apunta el conjunto de la crisis capitalista mundial en la actualidad? Si algún país de Europa, afixiado por la crisis, decidiera retirarse de la zona euro, y volver a su antigua moneda nacional, pasaría a vivir la Argentina de 2002, automáticamente. Y arrastraría a las otras naciones europeas, en su mayor parte, a una situación similar. Se derrumbaría el euro, los bancos quebrarían, etc.

¿Cómo se reconstruye una sociedad capitalista que no funciona más? En primer lugar porque aún continúa en pie el poder del Estado. Que tiene una capacidad de imponer coercitivamente soluciones más o menos precarias -porque en casos en que incluso la autoridad del Estado se quiebra, como sucedió en Chile durante el gobierno de Salvador Allende, la fuerza reconstitutiva es el Ejército, que impone por las armas la reconstitución de la sociedad-. Con lo cual se ve que el Estado, como factor reconstituyente de la sociedad, es el paso previo a la intervención del Ejército. Si el Ejército fracasa -porque la gente no quiere o lo resiste- se produce una revolución social. Y se da lugar a un nuevo régimen social.

En la Argentina, en 2001, cuando los trabajadores no tenían aún la capacidad para operar ese cambio de tipo social, intervino el Estado. Y en cuanto a los bancos, allí donde decían que tenían valores por 1 dólar que en el mercado valían 5 centavos, el gobierno, para que no entraran en quiebra, ordenó que el valor se mantuviera en 1, en los libros de los bancos. Si vendían esos valores les daban 5 centavos, entonces no vendían. Y entonces decidieron que a los depositantes no le daban nada. Y le dieron papeles, bonos a los depositantes.

Los depositantes fueron a golpear a los bancos, pero el Estado les dijo “no, esto es así, ustedes se quedan con el papel”. Hubo gigantescas protestas, cacerolazos, pero se impuso compulsivamente una salida capitalista. Y al devaluar la moneda, todos los que tenían deudas en pesos pasaron a tener deudas de 25 centavos por cada dólar. Techint, los grandes capitales, que fomentaron esa devaluación, saldaron sus deudas pagando la cuarta parte. Ese fue el proceso reconstitutivo.

Ahora, antes de que eso se diera, la población salió a la calle. En el momento más crítico, el gobierno de (Fernando) De la Rúa decide declarar el estado de sitio. Y como De la Rúa era estigmatizado por los medios de comunicación como una persona casi idiota, se atribuyó a la idiotez de De la Rúa el dictado del estado de sitio. Un presidente no declara el estado de sitio si no tiene el acuerdo de casi todos sus asesores. Y de las Fuerzas Armadas y de la policía y de la Side (Servicio de Inteligencia del Estado).

Así que por qué atribuirle a la debilidad de De la Rúa esa medida. Pero lo que De la Rúa hace es lo que han hecho todos los gobiernos del mundo en todas las épocas, con lo cual De la Rúa no cometió ningún desatino. En los días previos al 19 y 20 de diciembre de 2001 había una gran conmoción en el país, y la clase media argentina, viendo que habìa saqueos, etcétera, seguramente desarrolló un temor a que este tipo de cosas prosperara.

Entonces De la Rúa declaró el estado de sitio con la misma intención que todos los gobiernos antes de él: decirle a la clase media que iba a tomar medidas represivas muy duras en defensa de la propiedad, de las casas, de la clase media. Fue un acto donde intentó separar a los sectores más pobres del país de la clase media, y ganar a la clase media para el orden, contra los sectores más pobres que estaban completamente soliviantados, porque el país había dejado de funcionar con el “corralito” de Cavallo.

Cuando lo dicta, el estado de sitio es el detonante por el cual la clase media sale a la calle para derrocar a De la Rúa. Incomprensible, el hombre sale a defenderla por temor a que las masas le asalten sus casas, y la clase media va y asalta al gobierno. Insisto en esta definición del Argentinazo, porque es una clave histórica fundamental.

La clase media estaba enlazada por dos lados: por gente que saqueaba supermercados, y por los banqueros que se iban a quedar con todos sus ahorros -90 mil millones de dólares en ese momento-. La clase media argentina miró para los dos lados, y no dudó de que el peligro mayor que enfrentaba eran los banqueros. Porque lo máximo que podìa hacer un desocupado era quedarse con las vituallas del supermercado, en cambio los banqueros se quedaron con una riqueza equivalente al 30 por ciento del producto bruto interno de Argentina. Esta es la verdadera mecánica de la lucha de clases: los banqueros acusan a la izquierda de querer confiscar al capitalismo y los pueblos aprenden en una crisis que quien quiere confiscar es el banquero, a las clases medias y a los trabajadores.

“…si hoy todos aplican las medidas tomadas aquí en 2002, van a tener que exportarle soja a Marte. No a China, porque China está envuelta en esta crisis”

Cuando en Europa quede claro que se va al asalto final de los ahorros de la clase media y los salarios, y aparezcan gobiernos que en nombre de la protección de la clase media quieran instaurar el estado de sitio, las clases medias van a reaccionar como reaccionaron en la Argentina. En este sentido ha sido muy emblemático lo ocurrido en 2001. Ahora, en Italia, el gobierno decidió aumentar la edad para jubilarse, aumentar las cotizaciones para jubilarse, y al mismo tiempo le da un subsidio descomunal a los banqueros. O ha decidido gravar la compra de la primera vivienda de un trabajador, para recoger ingresos fiscales para los banqueros. Ya están tomando medidas del tipo de las que Cavallo tomó con el “corralito”, que van apuntando a una confiscación a la masa mayoritaria de la población, clase media, trabajadores, en beneficio de los grandes bancos.

Argentina es el mundo de hoy. Los banqueros no pueden pagar las deudas que han contraído. Los activos en su poder que figuran a 1 dólar valen 5 centavos, en todo el mundo. Y lo que los mantiene en pie es la acción de los Estados inyectándoles dinero para que no se caigan. Y la acción de los gobiernos va a ser la de De la Rúa. No puede interpretarse lo ocurrido en Argentina en 2001 como una fiebre episódica sino como la tendencia fundamental del capitalismo en el periodo actual, y como la tendencia fundamental de sus crisis.

Entonces, en 2001, la crisis era localizada. Por eso Argentina pudo comenzar a vender al exterior su producción de soja -porque además había aparecido un importante comprador como China-. Cuando una crisis es localizada siempre está la salida del exterior, porque el mercado mundial no está en crisis. Lo que tenemos ahora es la crisis del mercado mundial. Por eso vengo haciendo el chiste de que si hoy todos aplican las medidas tomadas aquí en 2002, van a tener que exportarle soja a Marte. No a China, porque China está envuelta en esta crisis. Como dato, hoy el 35 por ciento de nuestras exportaciones va a Europa.

Argentina se reencuentra así con la crisis de 2001 en la crisis mundial. y el tarifazo anunciado por el gobierno demuestra la precariedad de las tentativas de reconstrucción económica de 2001 a esta parte. Hoy el Congreso de la Nación está aprobando la ley de emergencia económica dictada en 2002 para tomar medidas excepcionales. El gobierno dice que la necesita todavía ahora. Un ejemplo interesante es que en 2001 el sistema bancario movilizaba 90 mil millones de dólares. 10 años después moviliza 30 mil millones. Después de 10 años no se pudo reconstituir el sistema bancario, y por lo tanto el sistema de crédito.

El otro ejemplo es que el gobierno alega que a través de la reconstitución de la producción se fueron elevando los salarios y el poder adquisitivo de los trabajadores: es una forma falaz de presentar el problema. Para esta reconstitución debe haber primero un capital, para que un patrón contrate un obrero con el salario al nivel de la crisis. Eso es la explotación del trabajo obrero sobre la base de salarios muy bajos, que todavía hoy es bajo. Llegamos a 2011 con un salario que empata al salario anterior a la crisis. Es decir, durante 10 años hubo un beneficio extraordinario para el capital, y por tanto, una fuerza de trabajo que cobraba salarios inferiores a antes de la crisis. Después de 10 años, empatamos.

Ahora que empatamos, la Unión Industrial Argentina y (la presidente) Cristina Fernandez dicen que hay que ponerle un tope a los aumentos salariales. Y en realidad no empatamos nada, porque hoy hay una clase obrera mucho menos homogénea que antes, en algunas industrias de punta se ganan salarios relativamente elevados, pero entre la gran masa el salario medio no pasa los 3200 pesos (761 dólares), entonces no se puede hacer un promedio real de los ingresos salariales actuales, porque oculta una base mayoritaria que está en la lona.

Hoy, el 54 por ciento de los votos (obtenido por la presidente CFK) da poder político para superar todas las contradicciones del proceso económico y social, y no a aquel que frente a esas contradicciones decide descargar la crisis sobre el conjunto de los trabajadores. El horizonte que se abre de aquí en más es una agudización de la crisis económica y social. ¿Y quién la va a resolver?

La base de apoyo de la presidente, La Cámpora, es un rejuntado de arribistas; más la burocracia sindical. Pero a la burocracia sindical no la quiere la población. Esta es una pelea entre dos gatos negros en un cuarto oscuro. En este marco, desarrollamos el frente de izquierda como una coalición política anticapitalista donde las medidas para resolver esta crisis sean a costa del capital y no de los trabajadores.

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* Párrafos sustanciales de su conferencia La crisis política a 10 años del Argentinazo, brindada el 15 de diciembre de 2011 en Reconquista, Santa Fe, invitado por el Grupo de Profesores de Historia, el Partido Obrero distrital y el periódico Edición 4.

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