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Aircraft Maintenance Squadron, by Lawrence Crespo, from outsideislamabad.com

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Generar caos en las fronteras de China, su principal competidor

El Pentágono apunta a un ataque a Pakistán

Por Pepe Escobar *
voltairenet.org, 03.10.11

La farsa de la «Guerra contra el Terrorismo» iniciada por la administración Bush no terminó con el fin del mandato de este presidente estadounidense sino que dicha estrategia sigue siendo utilizada por el Pentágono en el actual gobierno de Barack Obama. En efecto, la oligarquía norteamericana y sus diferentes cabezas, sean los neoconservadores, el complejo militar-industrial, el lobby de la finanza o del petróleo necesitan de la guerra y del caos constructor para poder neutralizar a sus competidores y poder mantener así su supremacía imperial, supremacía que cada día se desmorona más frente al auge de los países emergentes.

Siria tendrá que esperar. Es seguro que la próxima parada en la «guerra prolongada» acuñada por el Pentágono será Pakistán. Cierto, ya existe una guerra en lo que el gobierno de Barack Obama bautizó como AfPak [Afganistán y Pakistán]. Pero la fase decisiva en el propio Pak surge cada vez más cerca. Llamémosla la campaña «en la que ninguna bomba se queda atrás».

Al Qaida es algo del pasado; después de todo, activos de al Qaida como Abdelhakim Belhaj dirigen ahora Trípoli. El nuevo mega-coco fabricado en Washington es ahora la red Haqqani.

Una implacable industria de fabricación de consenso que apunta a Haqqani ya está a toda marcha, a través de una constelación de los usuales sospechosos neoconservadores, belicistas republicanos surtidos, «funcionarios del Pentágono» y socios del complejo industrial/militar en los medios corporativos.

La red Haqqani, una fuerza de entre 15.000 y 20.000 combatientes pastunes dirigidos por el ex personaje muyahidín antisoviético Jalalludin Haqqani, es un componente clave de la insurgencia afgana desde sus bases en el área tribal Waziristán del Norte de Pakistán.

Para el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., la red Haqqani «actúa como un verdadero brazo del directorado de Inteligencia Inter-Servicios [ISI] de Pakistán». Mullen ha tardado más de 10 años, desde el bombardeo de Washington a Afganistán, en descubrirlo. Alguien debiera darle un Premio Nobel de la Paz.

Según la narrativa del gobierno de EE.UU., fue el ISI el que aprobó el ataque de la red Haqqani a la embajada de EE.UU. en Kabul el 13 de septiembre.

El jefe del Pentágono, Leon Panetta, ha dicho oficialmente que como reacción, Washington podría elegir el camino unilateral. Eso significa que vastas cantidades de agricultores pastunes, incluidos mujeres y niños, que ya han sido diezmadas por meses de ataques de drones estadounidenses contra las áreas tribales, pasarán a la consideración de extras en una operación humanitaria.

La «guerra prolongada» del Pentágono, también conocida como «guerra contra el terror», puede haber costado a la economía hasta la asombrosa cantidad de 100.000 millones de dólares y más de 30.000 víctimas, una gran cantidad de ellas, civiles. Bajo «ninguna bomba se queda atrás», hay que esperar que el «daño colateral» siga aumentando.

Si dudas, lee el libro

Como era de esperar el jefe del ejército paquistaní, general Ashfaq Parvez Kiani –a propósito, un favorito del Pentágono– niega que el ISI coopere con los Haqqanis. Ahora bien, sí lo hace. Pero incluso más salaz es la actual línea oficial paquistaní, que porque EE.UU. ha fracasado tan miserablemente en Af, ahora trata de culpar a Pak por todo el lío.

Parece que por lo menos Mullen se está poniendo al día con el libro esencial del difunto Syed Saleem Shahzad sobre AfPak, Inside al-Qaeda and the Taliban: Beyond Bin Laden and 9/11 [Dentro de al Qaida y de los talibanes: Más allá de bin Laden y del 11-S]. En el libro, Saleem que era jefe del buró Pakistán de Asia Times Online, detalla que el legendario –y engreído– Jalalludin Haqqani (a quien todavía le gusta teñirse los cabellos) nunca dejó de ser un destacado señor de la guerra talibán; y que el ISI nunca dejó de asegurarle que sus ofensivas contra él, su hijo y su red eran sólo ficción.

Los Haqqanis podrán estar basados en Waziristán del Norte, pero dirigen gran parte de lo que sucede en Paktia, Paktika y Khost al otro lado de la frontera. El astuto Jalalludin ha prometido fidelidad total al líder talibán Mullah Omar, de quien todos saben que está oculto en Quetta, en la provincia Baluchistán de Pakistán, pero se mantiene misteriosamente invisible para los mejores ojos estadounidenses en el cielo.

Creer que el ISI se libraría simplemente de los Haqqanis, o que neutralizaría sus bases en Waziristán del Norte para que no puedan seguir atacando a fuerzas de EE.UU. y de la OTAN en Afganistán, no pasa de ser una ilusión vana. Los militares paquistaníes tienen un compinche importante en la lucha afgana. Y el nombre de ese compinche es talibán, que ellos «inventaron» a principios de los años noventa.

Además, siempre pueden contar con los Haqqanis como una especie de ejército de reserva para combatir la posibilidad de un aumento de la influencia de India en Afganistán.

Cuando el ministro de Exteriores paquistaní Hina Rabbani Khar dice que EE.UU. «no se puede permitir enajenar a Pakistán», tiene toda la razón. Si eso sucede, los talibanes históricos acelerarían su cadena ya constante de ataques letales dentro de Afganistán.

Tehrik-e-Taliban Pakistan (talibanes paquistaníes - TTP) aumentarían los ataques a través de la frontera, desde Kunar y Nuristan en Afganistán a Dir y Bajaur en Pakistán. Y facciones militares de la línea dura en Pakistán tendrían todavía más motivación para librarse totalmente del gobierno civil.

Ya que Washington entrena y equipa en cierta medida a los militares de Islamabad, y la CIA se siente tan cómoda con el ISI, habrá quien pueda pensar que Washington «posee» Islamabad.

Lo hace, pero sólo hasta cierto punto. Alguien debería convocar un seminario en Washington para explicar que el ejército paquistaní tiene planes muy diferentes de los del ISI, mientras el ISI está repleto de células secretas rebeldes; una de estas células puede haber asesinado a Saleem Shahzad.

Los militares paquistaníes tratan de asegurar que los talibanes «históricos» dirigidos por Mullah Omar, así como Hizb-e Islami de Gulbuddin Hekmatyar, pierdan gran parte de su influencia en Afganistán. Pero al mismo tiempo, esas células de la línea dura del ISI quieren seguir apoyando a la red Haqqani como un medio para mantener alerta a cualquier futuro gobierno afgano.

Es la hora para que Pekín pase la cuenta

La partida se volverá realmente dura si –y cuando– el consorcio Pentágono/CIA/Casa Blanca decide que Fuerzas Especiales de EE.UU. violarán la soberanía paquistaní por helicóptero, al estilo de la incursión de Abbottabad que mató a Osama bin Laden, y enfrentarán a los Haqqanis y arriesgarán así un choque directo con el ejército paquistaní. El primer ministro Yousuf Raza Gilani ya organizó una reunión de emergencia precisamente para analizar esa clara posibilidad.

Si eso sucede, Islamabad ciertamente hará todo lo posible por desmantelar la crítica red de aprovisionamiento logístico desde la ciudad porteña sureña de Karachi al Paso Khyber, causando serios estragos en el flujo de suministros de la OTAN a Afganistán. Destruirá toda posibilidad de compartir inteligencia y la cooperación en contraterrorismo/contrainteligencia. Incluso al Qaida obtendrá un nuevo impulso en todo Pakistán, y no solo en las áreas tribales.

Además Pakistán tiene un ejército de 610.000 soldados con unos 500.000 reservistas. Si se considera que solo entre 15.000 y 20.000 talibanes han podido hacer la vida difícil a las tropas de EE.UU. y de la OTAN en Afganistán durante años, simples matemáticas predicen sòlo una opción para Washington: un desastre.

Pakistán es uno de los principales puntales geopolíticos de China. No cabe duda de que Pekín ya ha hecho numerosos cálculos sobre que la demencia estratégica de Washington –o su deseo incontenible de lanzar una operación «cinética» o lo que sea– sólo puede llevar a un alejamiento total de Pakistán.

El ministro de Seguridad Pública Meng Jianzhu –máximo funcionario de seguridad de China– estuvo en Rawalpindi el lunes. Significativamente, el ministro del Interior Rehman Malik subrayó: «China siempre estará junto a nosotros en los momentos más difíciles». Meng, por su parte, dijo que discutieron maneras de «contribuir a la seguridad nacional y a la estabilidad regional».

También durante esta semana, el ejército paquistaní participó en ejercicios conjuntos en el Punjab con fuerzas del «amigo especial de Pakistán», Arabia Saudí. Con amigos especiales como Pekín y Riad para compensar el equipo militar o ingresos perdidos, no es sorprendente que los generales de Pakistán no estén exactamente sumidos en la desesperación.

Sin embargo, Washington está desesperado, ya que siente la necesidad urgente de hacer algo. Por lo tanto, ¿qué es lo que hay que esperar desde ahora?

Hay que esperar un festival de drones MQ-9 Reapers atacando a muerte Waziristán del Norte. Lo que el presidente Barack Obama califica de instrumento de «capacidades incomparables», para los agricultores pastunes es un arma de terror.

Hay que esperar un ataque tras el otro realizados desde una sala de control en la base Nellis de la fuerza aérea en Nevada.

Hay que esperar una serie de bombardeos estratégicos de misiles con un espectacular daño colateral.

Hay que esperar más operaciones de «matar/capturar» de fuerzas especiales ordenadas por el Comando Conjunto de Operaciones Especiales.

Hay que esperar una nueva e inmensa Lista de Efectos Conjuntos Priorizados, como en Afganistán; sin nombres, sólo una lista de números de teléfonos móviles o satelitales. Si ponen tu móvil en la lista por error, serás liquidado por los Hellfire.

Hay que esperar una mortífera y eterna venganza de los pastunes contra los estadounidenses que será tan irreversible como la muerte y los impuestos.

Y por sobre todo, hay que esperar que una guerra de baja intensidad se volverá volcánica en cualquier momento.

* Pepe Escobar es periodista y autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su último libro es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Es también corresponsal para el diario Asia Times y analista político para The Real News.

Fuente: Asia Times Online, 30 de septiembre de 2011.
http://www.atimes.com/atimes/South_…

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.

http://www.voltairenet.org/El-Pentagono-apunta-a-un-ataque-a

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MH-53, US Military, from taringa.net

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Zonas de guerra

Comandos de EEUU: Una guerra secreta en 120 países

En algún lugar de este planeta, un comando estadounidense está llevando a cabo una misión. Repitan ahora eso mismo setenta veces y ya han hecho bastante… por hoy. Sin que el pueblo estadounidense sepa nada, una fuerza secreta dentro del ejército de EEUU está emprendiendo toda una serie de operaciones en una mayoría de países del mundo. Esta nueva elite de poder en el Pentágono está librando una guerra global cuyo tamaño y alcance no se habían revelado nunca hasta ahora.

Por Nick Turse *
TomDispatch.com
IAR Noticias, 09.08.11

Después de que un SEAL [el cuerpo de los Focas] de la Marina de EEUU le metiera una bala en el pecho y otra en la cabeza a Osama bin Laden tras asaltar el recinto donde se hallaba en Pakistán, una de las unidades más secretas de operaciones encubiertas del ejército estadounidense se encontró de repente con que su misión se había convertido en el centro de la atención pública. Algo muy poco común. Aunque se sabe bien que las Fuerzas de las Operaciones Especiales de EEUU están desplegadas en las zonas de guerra de Afganistán e Iraq y cada vez está más claro que esas unidades actúan en zonas conflictivas difíciles, como Yemen y Somalia, la extensión total de su guerra, de amplitud mundial, ha permanecido profundamente oculta en las sombras.

El pasado año, Karen De Young y Greg Jaffe, del Washington Post, informaron de que las Fuerzas de las Operaciones Especiales de EEUU estaban desplegadas en 75 países, subiendo hasta esa cifra desde los 60 que eran a finales de la presidencia de George W Bush. El portavoz del Mando de dichas Operaciones Especiales Tim Nye me dijo que, para últimos de este año, la cifra probablemente llegará a 120. “No paramos de movernos, no se trata sólo de Afganistán o de Iraq”, dijo recientemente. Esta presencia global –aproximadamente en el 60% de las naciones del mundo y muchísimo más amplia de lo que anteriormente se reconocía- proporciona una nueva y sorprendente prueba de la existencia de una creciente elite de poder clandestina dentro del Pentágono que está emprendiendo una guerra secreta por todas las esquinas del planeta.

El surgimiento del “ejército secreto” del ejército.

Surgido a partir del fallido asalto de 1980 que trató de rescatar a los rehenes estadounidenses en Irán y en el cual murieron ocho soldados estadounidenses, el Mando de Operaciones Especiales estadounidenses (SOCOM, por sus siglas en inglés) se creó en 1987. Una vez que el ejército regular superó el recelo y la escasez de fondos de los años post-Vietnam, las Fuerzas de Operaciones Especiales se encontraron de repente con que tenían casa única, presupuesto estable y un comandante de cuatro estrellas como defensor.

Desde entonces, el SOCOM ha crecido en proporciones alarmantes como fuerza combinada. Está compuesto por unidades de todas las ramas del ejército, incluyendo los “Boinas Verdes” y los Rangers, los SEAL de la Marina, los Comandos de la Fuerza Aérea y los equipos de Operaciones Especiales del Cuerpo de Marines, además de tripulaciones especializadas de helicópteros, equipos de barcos, personal de asuntos civiles, cuerpos de rescate paramilitares e incluso controladores del tráfico aéreo de batallas y meteorólogos de operaciones especiales; el SOCOM lleva a cabo las misiones más secretas y especializadas de los EEUU.

Esas misiones incluyen asesinatos, ataques contraterroristas, misiones de reconocimiento de amplio alcance, análisis de inteligencia, entrenamiento de tropas extranjeras y operaciones de contra-proliferación de armas de destrucción masiva.

Uno de sus componentes claves es el Mando de Operaciones Especiales Conjuntas, o JSOC (por sus siglas en inglés), un subcomando clandestino cuya principal misión es el seguimiento y asesinato de supuestos terroristas. Al presentar sus informes al presidente y actuar bajo su autoridad, el JSOC mantiene una lista negra global que incluye también a ciudadanos estadounidenses. Lleva desarrollando una campaña de “caza y captura” extra-legal que John Nagl, un antiguo asesor de contrainsurgencia del general de cuatro estrellas y próximo director de la CIA, David Petraeus, llama “una maquina de matar contraterrorista de escala casi industrial“.

Ese programa de asesinatos es desarrollado por unidades de comandos como los SEAL de la Marina y la Fuerza Delta del Ejército, así como también mediante ataques de aviones no tripulados, formando parte de las guerras secretas en las que la CIA está implicada en países como Somalia, Pakistán y el Yemen. Además, el comando dirige y controla una red de prisiones secretas, quizá hasta veinte sitios negros, sólo en Afganistán, que utilizan para interrogar a objetivos muy valiosos.

Industria en crecimiento

De una fuerza de unos 36.000 miembros a principios de la década de 1990, el personal del Mando de Operaciones Especiales ha crecido hasta llegar a los 60.000, de los cuales una tercera parte son miembros de carrera del SOCOM; el resto tienen otras especialidades ocupacionales militares y van turnándose por todo el Mando.

El crecimiento ha sido exponencial desde el 11 de septiembre de 2001, cuando el presupuesto base del SOCOM casi se triplicó de 2.300 millones de dólares a 6.300 millones. Si se añade la financiación para las guerras en Iraq y Afganistán, actualmente se ha más que cuadruplicado llegando hasta los 9.800 millones de dólares a lo largo de estos años. No es sorprendente que la cifra de su personal desplegado en el extranjero se haya cuadruplicado también. Nuevos incrementos y operaciones ampliadas aparecen por el horizonte.

El teniente general Dennis Hejlik, el anterior jefe del Mando de Operaciones Especiales de las Fuerzas del Cuerpo de Marines –la última de las ramas del ejército en incorporarse al SOCOM en 2006- indicó, por ejemplo, que preveía duplicar su antigua unidad de 2.600 efectivos. “Les veo como una fuerza que un día tendrá unos 5.000 miembros, el equivalente a la cifra de SEAL que hay en el campo de batalla. Entre 5.000 y 6.000“, dijo en un desayuno celebrado en el mes de junio con periodistas del área de la defensa en Washington. Los planes a largo plazo están exigiendo ya que la fuerza aumente en 1.000 efectivos.

Durante su reciente audiencia de confirmación en el Senado, el Vicealmirante de la Marina William McRaven, el entrante jefe del SOCOM y saliente jefe del JSOC (el que mandaba durante el ataque a bin Laden) aprobó una rápida tasa de crecimiento del 3% al 5% en un año, mientras peleaba por lograr aún más recursos, incluyendo más aviones teledirigidos y la construcción de nuevas instalaciones para operaciones especiales.

Un ex SEAL, que todavía en ocasiones acompaña a las tropas al campo de batalla, McRaven, manifestó que pensaba que como las fuerzas convencionales estaban disminuyendo en Afganistán, las tropas de operaciones especiales deberían tener cada vez un mayor papel. Iraq, añadió, saldría beneficiado si las fuerzas estadounidenses continuaban trabajando allí una vez superado el límite de diciembre de 2011 para una retirada total de las tropas estadounidenses. También aseguró al Comité de Servicios Armados del Senado que “como antiguo comandante de la JSOC, puedo decirles que trabajamos muy duro en Yemen y en Somalia”.

Durante un discurso en el Simposio Anual sobre Conflictos de Baja Intensidad y Operaciones Especiales de la Asociación Industrial de la Defensa Nacional celebrado a primeros de año, el Almirante de la Marina Eric Olson, el jefe saliente del Mando de Operaciones Especiales, señaló una imagen de satélite obtenida por la noche. Antes del 11-S, se consideraban zonas claves las porciones iluminadas del planeta –en su mayoría naciones industrializadas del norte global-. “Pero el mundo ha cambiado mucho en la última década”, dijo . “Nuestro enfoque ha cambiado en gran medida hacia el sur… sin duda dentro de la comunidad de operaciones especiales, mientras abordamos las amenazas emergentes desde lugares no iluminados“.

Con ese fin, Olson lanzó el “Proyecto Lawrence”, un esfuerzo para aumentar las habilidades culturales –como formación avanzada en lenguas y mejores conocimientos de la historia y costumbres locales- para las operaciones en el extranjero. El programa se llamó así por el oficial británico, Thomas Edward Lawrence (más conocido como “Lawrence de Arabia”), quien se unió a los combatientes árabes para emprender una guerra de guerrillas en Oriente Medio durante la I Guerra Mundial. Mencionando a Afganistán, Pakistán, Mali e Indonesia, Olson añadió que el SOCOM necesitaba ahora “Lawrences en todas partes“.

Aunque Olson refirió sólo 51 países que constituían objeto de preocupación para el SOCOM, Nye me dijo un determinado día que las fuerzas de las Operaciones Especiales están desplegadas, aproximadamente, en 70 naciones de todo el mundo. Todas ellas, se apresuró a añadir, a petición de los gobiernos anfitriones.

Según el testimonio de Olson a principios de años ante el Comité de Servicios Armados del Congreso, aproximadamente el 85% de las tropas de Operaciones Especiales desplegadas en el extranjero se encuentran en veinte países del área de operaciones del CENTCOM en el Gran Oriente Medio: Afganistán, Bahrein, Egipto, Irán, Iraq, Jordania, Kazajstán, Kuwait, Kirguizistán, Líbano, Omán, Pakistán, Qatar, Arabia Saudí, Siria, Tayikistán, Turkmenistán, Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán y el Yemen. El resto está disperso por todo el mundo, desde Sudamérica hasta el Sureste Asiático, algunas en pequeñas cifras, otras en grandes contingentes.

El Mando de las Operaciones Especiales no quiere revelar exactamente en qué países actúan sus fuerzas. “Obviamente, estamos yendo a algunos lugares donde no resulta ventajoso que digamos que estamos ahí“, dice Nye. “No todas las naciones anfitrionas quieren saberlo, cualesquiera que sean las razones, que pueden ser internas o regionales”.

Pero no es ningún secreto (o al menos es uno muy mal guardado) que las supuestas tropas de operaciones especiales negras, como los SEAL y la Fuerza Delta, están llevando a cabo misiones de capturar y matar en Afganistán, Iraq, Pakistán y Yemen, mientras que las fuerzas “blancas” como los Boinas Verdes y los Ranger están entrenando a sus socios indígenas como parte de una guerra secreta mundial contra Al-Qaida y otros grupos militantes.

Por ejemplo en Filipinas EEUU gasta 50 millones de dólares al año en un contingente de 600 efectivos de las Fuerzas de Operaciones Especiales del ejército, los SEAL de la Marina, en operadores especiales de la Fuerza Aérea y otros que llevan a cabo operaciones de contraterrorismo con aliados filipinos contra grupos insurgentes como la Yemaah Islamiyah y Abu Sayaf.

El año pasado, como revela un análisis de documentos del SOCOM, de documentos de fuentes abiertas del Pentágono y de una base de datos de las misiones de las Operaciones Especiales recopiladas por la periodista de investigación Tara McKelvey (para la Iniciativa del Periodismo de Seguridad Nacional de la Facultad Medill de Periodismo), la mayoría de las tropas de elite estadounidenses realizaron ejercicios de entrenamiento conjunto en Belize, Brasil, Bulgaria, Burkina Faso, Alemania, Indonesia, Mali, Noruega, Panamá y Polonia.

En lo que llevamos de año se han llevado a cabo misiones de entrenamiento parecidas en la República Dominicana, Jordania, Rumania, Senegal, Corea del Sur y Tailandia, entre otras naciones. En realidad, me dijo Nye, en estos momentos las labores de entrenamiento continúan en casi todas las naciones donde las Fuerzas de Operaciones Especiales están desplegadas. “De los 120 país que visitamos a finales de año, yo diría que en la inmensa mayoría hay ejercicios de entrenamiento de una forma u otra. Podrían clasificarse como ejercicios de entrenamiento”.

La elite de poder del Pentágono

En otro tiempo hijastras abandonadas del establishment militar, las Fuerzas de Operaciones Especiales han crecido exponencialmente no sólo en tamaño y presupuesto sino también en poder e influencia. Desde 2002, se ha autorizado al SOCOM a crear sus propios Destacamentos Especiales Conjuntos –como el Destacamento Especial de Operaciones Especiales Conjuntas en Filipinas-, una prerrogativa limitada normalmente a mandos combatientes más amplios, como el CENTCOM. Este año, sin mucha fanfarria, el SOCOM estableció también su propio Destacamento Especial de Adquisiciones Conjuntas, un grupo de diseñadores de equipamiento y especialistas en adquisiciones.

Con control sobre el presupuesto, el adiestramiento y el equipamiento de sus fuerzas, los poderes normalmente reservados a los departamentos (como el Departamento del Ejército o el Departamento de la Marina), a los que se dedican dólares en cada presupuesto del Departamento de Defensa e influyentes defensores en el Congreso, en la actualidad el SOCOM es un actor excepcionalmente poderoso en el Pentágono.

Con verdadero peso, puede ganar batallas burocráticas, comprar tecnología punta y dedicarse a investigaciones marginales como la transmisión de mensajes electrónicos a las cabezas de la gente o desarrollar con sigilo tecnologías secretas para las tropas de tierra. Desde 2001, los contratos importantes concedidos a empresas pequeñas –las que producen generalmente equipamiento especializado y armas- han aumentado seis veces.

Con sus cuarteles en la Base de la Fuerza Aérea Macdill en Florida, pero operando en el exterior de ese escenario, los comandos se extienden por todo el planeta, incluyendo Hawai, Alemania y Corea del Sur, y están activos en la mayoría de los países; el Mando de Operaciones Especiales ahora es una fueerza en sí mismo.

Como jefe saliente del SOCOM, Olson señaló a primeros de año: el SOCOM “es un microcosmos del Departamento de Defensa, con componentes de tierra, mar y aire, presencia global y autoridades y responsabilidades que son reflejo de los departamentos militares, los servicios militares y las agencias de la Defensa”.

Encargado de coordinar todos los planes del Pentágono contra las redes globales del terrorismo y, como consecuencia, estrechamente conectado con otras agencias gubernamentales, ejércitos extranjeros y servicios de inteligencia, y armado con un inmenso inventario de helicópteros sigilosos, aviones tripulados de ala fija, aviones teledirigidos inmensamente armados, lanchas rápidas de fuego a gogó dotadas de alta tecnología, Humvees especializados y vehículos acorazados todoterreno resistentes a minas y emboscadas, o MRAPs (por sus siglas en inglés), así como otros equipamientos de vanguardia (con más en camino), el SOCOM representa algo novedoso en el ejército.

Aunque el difunto erudito del militarismo Chalmers Johnson solía referirse a la CIA como “el ejército privado del presidente”, hoy el JSOC asume ese papel, actuando como el jefe ejecutivo de los escuadrones privados para asesinar, y su pariente el SOCOM funciona como una nueva elite de poder del Pentágono, un ejército secreto dentro del ejército que posee poder local y alcance global.

En 120 países de todo el globo, las tropas del Mando de Operaciones Especiales llevan a cabo su guerra secreta de asesinatos de perfil alto, matanzas de nivel bajo, operaciones de captura y secuestro, ataques nocturnos tipo patada en la puerta, operaciones conjuntas con fuerzas extranjeras y misiones de entrenamiento con socios locales como parte de un conflicto en las sombras del que la mayoría de los estadounidenses carecen de información. En otro tiempo “especiales” por ser pequeños, enjutos, equipos que actuaban fuera, hoy son especiales por su poder, accesos, influencia y aura.

Esa aura se beneficia ahora de una campaña de relaciones públicas bien orquestada que les ayuda a proyectar una imagen sobrehumana en casa y afuera, incluso aunque muchas de sus actividades actuales permanezcan en sombras cada vez más amplias. La visión típica que tratan de difundir se puede hallar en esta declaración del Almirante Olson: “Estoy convencido de que las fuerzas… son los socios culturalmente más compenetrados, los cazadores de asesinos más letales y los asesores, entrenadores, solucionadores de problemas y guerreros más responsables, ágiles, innovadores y eficaces que cualquier nación podría ofrecer”.

Recientemente, en el Forum de Seguridad del Instituto Aspen, Olson ofreció unos comentarios igualmente edulcorados y también alguna información engañosa al afirmar que las Fuerzas de las Operaciones Especiales de EEUU estaban operando sólo en 65 países e implicadas en combate sólo en dos de ellos. Cuando se le preguntó por los ataques de aviones no tripulados en Pakistán, según las informaciones, contestó: “¿Está usted hablando de explosiones no atribuidas?“.

Sin embargo, algo se le escapó. Señaló, por ejemplo, que las operaciones negras, como la misión de bin Laden, con comandos aerotransportados realizando ataques nocturnos, ya era algo excepcionalmente común. Cada noche se llevan a cabo más o menos una docena, dijo. Sin embargo, quizá sea aún más esclarecedor el comentario a bote pronto que hizo acerca del tamaño del SOCOM. Justo ahora, subrayó, las fuerzas de Operaciones Especiales de EEUU son aproximadamente tan grandes como todo el ejército del Canadá en servicio activo. En realidad, la fuerza es mucho mayor que los ejércitos en servicio activo de muchas de las naciones donde las tropas de elite estadounidenses operan cada año y se ha decidido que sigan creciendo.

Los estadounidenses tienen que ser conscientes ya de lo que significa tener una fuerza “especial” tan inmensa, tan activa y tan secreta, y no es muy probable que empiecen a serlo hasta que dispongan de mayor información. Y esa información no van a facilitársela Olson o sus tropas. “Nuestro acceso [a países extranjeros] depende de nuestra capacidad para no hablar de ello”, dijo en respuesta a preguntas sobre el secretismo del SOCOM. Cuando las misiones se ven sometidas a escrutinio, como en el caso del asalto a bin Laden, las tropas de elite se sienten molestas. El “ejército secreto” del ejército, dijo Olson, quiere “regresar a las sombras y hacer ahí lo que tenga que hacer”.

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* Nick Turse es historiador, ensayista y periodista de investigación. Es editor asociado de TomDispatch.com y nuevo redactor de Alternet.org, su último libro es The Case for Withdrawal from Afghanistan (Verso Books).

Este artículo es una colaboración entre Alternet.org y TomDispatch.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

http://www.iarnoticias.com/2011/noticias/norteamerica/0157_comandos_eeuu_08agos2011.html

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Lívida Libya, by Latuff, from withintheblackcommunity.blogspot.com

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Revelado el acuerdo entre EE.UU. y Arabia Saudí

Por Pepe Escobar *
Asia Times Online
rebelion.org, 02.04.11

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Vosotros invadís Bahréin. Nosotros eliminamos a Muamar Gadafi en Libia. Es, en breve, la esencia de un trato cerrado entre el gobierno de Barack Obama y la Casa de Saud. Dos fuentes diplomáticas de las Naciones Unidos lo confirmaron independientemente de que Washington, a través de la secretaria de Estado Hillary Clinton, dio el visto bueno para la invasión de Bahréin por Arabia Saudí y la represión del movimiento pro democracia en su vecino a cambio de un “sí” de la Liga Árabe a la zona de exclusión aérea sobre Libia, la principal justificación que llevó a la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La revelación provino de dos diplomáticos diferentes, un europeo y un miembro del BRIC y la hicieron por separado a un experto estadounidense y a Asia Times Online. Debido al protocolo diplomático, sus nombres no se pueden mencionar. Uno de los diplomáticos dijo: “Es el motivo por el que no pudimos apoyar la resolución 1973. Y argumentamos que Libia, Bahréin y Yemen eran casos similares, y pedimos una comisión investigadora. Mantenemos nuestra posición oficial de que la resolución no es clara, y podría interpretarse de una manera beligerante.”

Como informó Asia Times Online, el apoyo total de la Liga Árabe a la zona de exclusión aérea es un mito. De los 22 miembros plenos, sólo 11 estuvieron presentes en la votación. Seis de ellos eran miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (GCC), el club apoyado por EE.UU. de reinos/dominios de jeques del Golfo, con su mandamás, Arabia Saudí. Siria y Argelia estuvieron en contra. Arabia Saudí solo tuvo que “seducir” a otros tres miembros para obtener los votos.

Traducción: sólo nueve de los 22 miembros de la Liga Árabe votaron por la zona de exclusión aérea. La votación fue esencialmente una operación dirigida por la Casa de Saud y Amr Moussa, secretario general de la Liga Árabe, ansioso de pulir su currículo ante Washington con la meta de llegar a ser el próximo presidente egipcio.

Por lo tanto, al principio, hubo la gran revuelta árabe de 2011. Luego, inexorablemente, vino la contrarrevolución estadounidense-saudí.

Alegría de los logreros

Los imperialistas humanitarios lo presentarán en masa como una “conspiración”, tal como han afirmado que el bombardeo de Libia impidió una hipotética masacre en Bengasi. Defenderán a la Casa de Saud diciendo que actuó para aplastar una subversión iraní en el Golfo; obviamente la ‘R2P’, -“responsabilidad de proteger”– no se aplica a la gente de Bahréin. Promoverán activamente la Libia post Gadafi como una nueva y petrolera Meca de los derechos humanos, completada con agentes de los servicios de inteligencia de EE.UU., operaciones clandestinas, fuerzas especiales y contratistas marrulleros.

Digan lo que digan, no cambiarán los hechos en el terreno –los resultados gráficos del baile sucio de EE.UU. y los saudíes-. Asia Times Online [Rebelión] ya ha informado de quién se beneficia de la intervención extranjera en Libia (Vea “No hay negocio como el de la guerra”, del 31 de marzo). Los protagonistas incluyen al Pentágono (a través de AFRICOM), a la OTAN, Arabia Saudí, Moussa de la Liga Árabe y Qatar. Agreguemos a la lista la dinastía al-Khalifa en Bahréin, diversos contratistas de armamentos y a los sospechosos neoliberales de siempre, ansiosos de privatizar todo en la nueva Libia, incluso el agua. Y ni siquiera hablamos de los buitres occidentales que revolotean sobre la industria del petróleo y del gas de Libia.

Desvelada está, sobre todo, la sorprendente hipocresía del gobierno de Obama, que presenta un burdo golpe geopolítico que involucra África y el Golfo Pérsico como una operación humanitaria. En cuanto al hecho de que se trata de otra guerra de EE.UU. contra una nación musulmana, se trata sólo de una “acción militar cinética”.

Hay amplia especulación, tanto en EE.UU. como en todo Medio Oriente, de que considerando el impasse militar, y corto, de que la “coalición de los dispuestos” relegue a la familia Gadafi al olvido con sus bombas, Washington, Londres y París se den por satisfechos con el control de Libia oriental; una versión norteafricana de un Emirato del Golfo rico en petróleo. A Gadafi le quedaría una Tripolitania hambrienta al estilo de Corea del Norte.

Pero considerando las últimas deserciones importantes del régimen, más la fase final deseada (“Gadafi debe irse”, en las propias palabras del presidente Obama), Washington, Londres, París y Riad no se darán por satisfechos con otra cosa que con todo el kebab. Incluida una base estratégica para AFRICOM y la OTAN.

Acorralen a los sospechosos de siempre

Uno de los efectos secundarios del trato sucio EE.UU.-Arabia Saudí es que la Casa Blanca hace todo lo que puede para asegurar que el drama de Bahréin sea enterrado por los medios estadounidenses. La presentadora de noticias de BBC America, Katty Kay, por lo menos tuvo la decencia de subrayar: “Les gustaría que esto [Bahréin] desapareciera porque no hay ninguna ventaja real para ellos en el apoyo a la rebelión de los chiíes”.

Por su parte el emir de Qatar, Jeque Hamad bin Khalifa al Thani, se presentó en al-Jazeera y dijo que la acción fue necesaria porque el pueblo libio fue atacado por Gadafi. Los periodistas, generalmente decentes, de al-Jazeera podrían haber preguntado cortésmente al emir si enviaría sus Mirage a proteger al pueblo de Palestina contra Israel, o a sus vecinos en Bahréin contra Arabia Saudí.

La dinastía al-Khalifa en Bahréin es esencialmente un montón de colonos suníes que se apoderaron del país hace 230 años. Durante gran parte del Siglo XX, fueron complacientes esclavos del imperio británico. El Bahréin moderno no viene bajo el espectro de un empujón de Irán: no es más que un mito de al-Khalifa (y de la Casa de Saud).

Los bahreiníes, históricamente, siempre han rechazado que formen parte de una especie de nación chií dirigida por Irán. Las protestas son antiguas, y forman parte de un verdadero movimiento nacional, mucho más allá de sectarismo. No es sorprendente que la consigna en la icónica rotonda Perla, aplastada por el temible Estado policial al-Khalifa, haya sido: “ni suní, ni chií: bahreiní”.

Lo que querían los manifestantes era esencialmente una monarquía constitucional; un parlamento legítimo; elecciones libres y justas; y no más corrupción. Lo que obtuvieron en su lugar fue “Bahréin amigo de las balas” en lugar de “Bahréin amigo de los negocios”, y una invasión auspiciada por la Casa de Saud.

Y la represión continúa, invisible para los medios corporativos de EE.UU. Los twitters gritan que todo el mundo y su vecino están siendo arrestados. Según Nabeel Rajab, presidente del Centro Bahréin por los Derechos Humanos, más de 400 personas han desaparecido o están detenidas, algunas “arrestadas en puestos de control comandados por matones traídos de otros países árabes y asiáticos, llevan máscaras negras en las calles”. Incluso el bloguero Mahmood Al Yousif fue arrestado a las 3 de la mañana, provocando sospechas de que lo mismo ocurrirá a todo bahreiní que haya blogueado, twitteado, o colgado mensajes en Facebook a favor de la reforma.

El policía global progresa

Amanecer de la Odisea ha terminado. Ahora viene Protector Unificado –dirigido por el canadiense Charles Bouchard-. Traducción: el Pentágono (como en AFRICOM) transfiere la “acción militar cinética” a sí mismo (como a la OTAN, que no es otra cosa que el Pentágono gobernando Europa). AFRICOM y la OTAN son ahora uno solo.

El espectáculo de la OTAN incluirá ahora ataques aéreos y de misiles crucero; un bloqueo naval de Libia; y tenebrosas operaciones en tierra no especificadas para ayudar a los “rebeldes”. Hay que esperar incursiones duras de helicópteros artillados al estilo AfPak –con el correspondiente “daño colateral”.

Una curiosa situación ya se hace visible. La OTAN permite deliberadamente que las fuerzas de Gadafi avancen a lo largo de la costa del Mediterráneo para repeler a los “rebeldes”. Hace rato que no hay ataques aéreos selectivos.

El objetivo posiblemente es extraer concesiones políticas y económicas del Consejo Nacional Interino (INC) infestado de desertores y exiliados libios, un reparto sospechoso de personajes que incluye al ex ministro de justicia Mustafa Abdel Jalil, al ex secretario de planificación educado en EE.UU. Mahmoud Jibril y al ex residente en Virginia, el nuevo “comandante militar” y agente de la CIA Khalifa Hifter. El laudable movimiento indígena Juventud del 17 de Febrero –que estuvo a la vanguardia del levantamiento de Bengasi– ha sido totalmente marginado.

Es la primera guerra africana de la OTAN, tal como Afganistán es la primera guerra de la OTAN en Asia central y del sur. Configurada ahora firmemente como brazo armado de la ONU, la policía global OTAN progresa, implementando su “concepto estratégico” aprobado en la cumbre de Lisboa en noviembre pasado (vea “Bienvenido a OTANstán”, Rebelión, 21 de noviembre de 2010).

Hay que eliminar la Libia de Gadafi para que el Mediterráneo –el mare nostrum de la antigua Roma– se convierta en un lago de la OTAN. Libia es la única nación del norte de África que no está subordinada a AFRICOM, a CENTCOM o a alguna otra de la miríada de “cooperaciones” de la OTAN. Las otras naciones no relacionadas con la OTAN son Eritrea, la República Árabe Saharaui Democrática, Sudán y Zimbabue.

Además, dos miembros de la “Iniciativa de Cooperación de Estambul” de la OTAN –Qatar y los Emiratos Árabes Unidos– combaten ahora por primera vez junto a AFRICOM/OTAN. Traducción: la OTAN y los socios del Golfo Pérsico libran una guerra en África. ¿Europa? Es demasiado provincial. El camino es el policía global.

Según la propia doble moral oficial del gobierno de Obama, los dictadores que son elegibles para el “acercamiento estadounidense” –como los de Bahréin y Yemen– pueden estar tranquilos, y no se les castigará hagan lo que hagan. Y más vale que tengan cuidado los que son elegibles para “alteración de régimen”, desde África a Medio Oriente y Asia. La policía global OTAN los va a liquidar. Con tratos sucios o sin ellos.

* Pepe Escobar es autor de “Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War” (Nimble Books, 2007) y “Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge”. Su último libro es “Obama does Globalistan” (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com.

Copyright 2011 Pepe Escobar

(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.)

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MD02Ak01.html

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Hundreds of thousands of pilgrims gathering on the 27th night of Ramadan at the Great Mosque in Mecca, Saud.Ar. AFP/Corbis. From britannica.com

Hundreds of thousands of pilgrims gathering on the 27th night of Ramadan at the Great Mosque in Mecca, Saud.Ar. AFP/Corbis. From britannica.com

Cómo terminará la era del petróleo

El colapso del viejo orden petrolero

Por Michael T. Klare *
Tom Dispatch
rebelion.org, 08.03.11

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Introducción del editor de TomDispatch

La media del precio de la gasolina en el surtidor actualmente es de 3,65 dólares por galón en California y ya ha llegado a 4 dólares en San Francisco y Chicago. En todo el país cuesta 3,38 dólares, un aumento de 20 centavos en la última semana (seis centavos sólo el viernes pasado). Mientras tanto, en sus declaraciones ante el Comité Bancario del Senado el martes, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, habló con optimismo de la economía y negó que el aumento del precio del petróleo impulsado por la agitación en Medio Oriente pudiera tener ninguna repercusión. «El resultado más probable —dijo— es que el reciente aumento en los precios de las materias primas lleve, en el peor de los casos, a un aumento temporal y relativamente modesto de la inflación de los precios para los consumidores estadounidenses».

Por supuesto, damos por sentado que nadie que circule con su coche dentro de la carretera de circunvalación de Washington tiene que llenar el depósito de gasolina. Para ellos, el dolor en la gasolinera puede ser «temporal y relativamente modesto», pero vaya a decírselo al 9% de estadounidenses desocupados (según las estadísticas oficiales) que todavía tienen que conducir un coche, en lo que a Bernanke y a cualquier otro que no esté sufriendo les parece que no es una recesión. En 1940, el último año de la Gran Depresión, la tasa de desempleo fue 14,6%, y en esos días todavía no habían dejado de contar a los que estaban demasiado desalentados como para buscar trabajo. En ese sentido, considera lo que está sucediendo en los surtidores como algo equivalente al asesinato del sustento y ahora imagina que, al llegar el verano (si no mucho antes), el precio de un galón de gasolina a nivel nacional podría, como antes de la catástrofe económica global de 2008, acercarse a la marca de los 4 dólares por galón, y tal vez seguir aumentando.

Después de todo, los temores por el oro líquido, como lo dijo recientemente la página de negocios del New York Times, «han puesto nervioso al mundo del petróleo», y ya se oyen los primeros murmullos que temen una próxima «crisis del petróleo» o incluso que el surtidor marque los 5 dólares. Y con razones. El suministro de petróleo de Medio Oriente es ahora mucho más vulnerable ante todo tipo de trastornos, incluido el sabotaje, de que lo que mucha gente piensa. Como escribió recientemente Juan Cole: «Los trabajadores en el Golfo [Pérsico] descontentos con sus vidas, a diferencia de los maestros de escuela de Wisconsin, pueden desestabilizar la economía si así lo deciden». Y hay que recordar que es sólo el punto de vista a corto plazo. Si se trata de un experto en energía como Michael Klare, colaborador regular de TomDispatch, autor de Rising Powers, Shrinking Planet, perpetuamente adelantado a los acontecimientos cuando se trata de un futuro de recursos limitados, sabremos que es sólo el comienzo del fin de la era del petróleo y parte de nuestro duro ingreso a un mundo de energía extrema. Tom

El colapso del viejo orden petrolero

Cómo terminará la era del petróleo

Por Michael T. Klare

Sea cual sea el resultado de las protestas, levantamientos, y rebeliones que ahora afectan a Medio Oriente, una cosa es segura: el mundo del petróleo cambiará para siempre. Hay que considerar todo lo que está sucediendo sólo como el primer temblor de un terremoto que estremecerá hasta la médula a nuestro mundo.

Durante un siglo, a partir del descubrimiento de petróleo en el sudoeste de Persia, antes de la Primera Guerra Mundial, las potencias occidentales han intervenido repetidamente en Medio Oriente para asegurar la supervivencia de gobiernos autoritarios dedicados a producir petróleo. Sin semejantes intervenciones, la expansión de las economías occidentales después de la Segunda Guerra Mundial y la actual opulencia de las sociedades industriales serían inconcebibles.

Esa, sin embargo, sería la noticia que debiera estar en las primeras planas de los periódicos por doquier: El viejo orden petrolero se muere y, con su defunción, veremos el fin del petróleo barato y fácilmente accesible; para siempre.

El fin de la era del petróleo

Tratemos de apreciar lo que exactamente está en peligro en el tumulto actual. Para comenzar, casi no hay modo de hacerle honor al papel crítico jugado por el petróleo de Medio Oriente en la ecuación energética del mundo. Aunque el carbón barato alimentó la Revolución Industrial original, alimentando los ferrocarriles, los barcos a vapor, y las fábricas, el petróleo barato ha posibilitado el automóvil, la industria de la aviación, los barrios residenciales, la agricultura mecanizada, y la explosión de la globalización económica. Y mientras fueron sólo un puñado de áreas clave en la producción de petróleo las que lanzaron la Era del Petróleo (EE.UU., México, Venezuela, Rumania, el área alrededor de Bakú, en lo que era entonces el imperio zarista ruso, y las Indias Orientales Neerlandesas), es el Medio Oriente el que ha satisfecho la sed de petróleo del mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

En 2009, el año más reciente para el que existe ese tipo de datos, BP informó que los proveedores en Medio Oriente y el Norte de África produjeron en total 29 millones de barriles al día, o sea, un 36% del suministro total de petróleo del mundo. Esta información no nos da ni la más remota idea de la importancia de la región para la economía petrolera.

Más que ninguna otra área, Medio Oriente ha canalizado su producción hacia mercados de exportación para satisfacer el hambre de energía de potencias importadoras de petróleo como EE.UU., China, Japón, y la Unión Europea (UE). Estamos hablando de 20 millones de barriles canalizados cada día a los mercados de exportación. Comparemos eso con Rusia, el mayor productor individual del mundo, con siete millones de barriles en petróleo exportable, el continente africano con seis millones, y Suramérica con sólo un millón.

Lo que pasa es que los productores de Medio Oriente serán aún más importantes en los años por venir porque poseen lo que se calcula en dos tercios de las reservas no explotadas del petróleo restante. Según las recientes estimaciones del Departamento de Energía de EE.UU., Medio Oriente y el Norte de África proveerán en su conjunto aproximadamente un 43% del suministro mundial de crudo de petróleo en 2035 (un aumento, en comparación con un 37% en 2007), y producirán una parte aún mayor del petróleo exportable del mundo.

Dicho en pocas palabras: la economía mundial requiere de un creciente suministro de petróleo asequible. Sólo Medio Oriente puede proveerlo. Por eso, los gobiernos occidentales han apoyado durante mucho tiempo regímenes autoritarios «estables» en toda la región, suministrando y entrenando regularmente a sus fuerzas de seguridad. Ahora, ese orden embrutecedor y petrificado, cuyo mayor éxito fue producir petróleo para la economía mundial, se está desintegrando. No hay que contar con ningún nuevo orden (o desorden) que suministre suficiente petróleo barato para preservar la Era del Petróleo.

Para apreciar por qué será así, conviene presentar una pequeña lección de historia.

El golpe iraní

Después de que la Compañía Anglo-Persa de Petróleo (APOC) descubriera petróleo en Irán (conocido entonces como Persia) en 1908, el gobierno británico intentó ejercer su control imperial sobre el Estado persa. El creador principal de ese impulso fue el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill. Después de ordenar la conversión de los barcos de guerra británicos de carbón a petróleo antes de la Primera Guerra Mundial y determinado a colocar una importante fuente de petróleo bajo el control de Londres, Churchill orquestó la nacionalización de APOC en 1914. En la víspera de la Segunda Guerra Mundial, el entonces primer ministro Churchill supervisó la remoción del gobernante pro alemán de Persia, Shah Reza Pahlavi, y el predominio de su hijo de 21 años, Mohamed Reza Pahlavi.

Aunque tendía a ensalzar sus (míticos) vínculos con los imperios persas del pasado, Mohamed Reza Pahlavi fue un instrumento al servicio de los británicos. Sus súbditos, sin embargo, se mostraron cada vez menos dispuestos a tolerar el servilismo ante los déspotas imperiales de Londres. En 1951, el democráticamente elegido primer ministro Mohamed Mossadeq obtuvo el apoyo parlamentario para la nacionalización de la APOC, rebautizada para entonces como Compañía Petrolera Anglo-Iraní (AIOC). La acción fue extremadamente popular en Irán, pero en Londres provocó el pánico. En 1953, para salvar su gran presea, los dirigentes británicos conspiraron infamemente con el gobierno del presidente Dwight Eisenhower y la CIA para organizar un golpe de Estado que depuso a Mossadeq y trajo al Shah Pahlavi de vuelta de su exilio en Roma, una historia relatada recientemente con mucho estilo por Stephen Kinzer en All the Shah’s Men.

Hasta que fue derrocado en 1979, el Shah ejerció un control implacable y dictatorial sobre la sociedad iraní, gracias en parte a la generosa ayuda militar y policial de EE.UU. Primero aplastó a la izquierda secular, aliada de Mossadeq, y luego a la oposición religiosa, encabezada desde el exilio por Ayatolá Ruhollah Jomeini. Frente a su brutal contacto con el equipamiento policial y carcelario suministrado por EE.UU., los oponentes del shah llegaron a detestar en la misma medida a su monarquía y a Washington. En 1979, por cierto, el pueblo iraní salió a las calles, el shah fue derrocado y Ayatolá Jomeini llegó al poder.

Se puede aprender mucho de esos eventos que llevaron al actual impasse en las relaciones entre EE.UU. e Irán. El punto crucial que hay que comprender, sin embargo, es que la producción de petróleo iraní nunca se recuperó de la revolución de 1979-1980.

Entre 1973 y 1979, Irán había logrado una producción de casi seis millones de barriles de petróleo por día, una de las mayores del mundo. Después de la revolución, AIOC (rebautizada como British Petroleum, o después simplemente BP) fue nacionalizada por segunda vez, y los gerentes iraníes volvieron a hacerse cargo de las operaciones de la compañía. Para castigar a los nuevos dirigentes de Irán, Washington impuso duras sanciones comerciales, obstaculizando los esfuerzos de la compañía petrolera estatal de obtener tecnología y ayuda extranjera. La producción iraní cayó a dos millones de barriles por día e incluso dos décadas después, ha vuelto a sólo poco más de cuatro millones de barriles por día, a pesar de que el país posee las segundas de reservas por su tamaño de petróleo después de Arabia Saudí.

Los sueños del invasor

Iraq siguió una trayectoria inquietantemente similar. Bajo Sadam Hussein, la Compañía de Petróleo de Iraq (IPC), estatal, produjo hasta 2,8 millones de barriles al día hasta 1991, cuando la Primera Guerra del Golfo con EE.UU. y las sanciones resultantes hicieron caer la producción a medio millón de barriles al día. Aunque en 2001 la producción había vuelto a subir a casi 2,5 millones de barriles al día, nunca volvió a llegar a los niveles anteriores. Mientras el Pentágono se preparaba para la invasión de Iraq a fines de 2002, los círculos informados del gobierno de Bush y los expatriados iraquíes bien conectados hablaban como en sueños de una futura era dorada en la cual las compañías petroleras extranjeras volverían a ser invitadas al país, la compañía petrolera nacional sería privatizada, y la producción llegaría a niveles nunca vistos anteriormente.

¿Quién puede olvidar el esfuerzo que el gobierno de Bush y sus funcionarios en Bagdad invirtieron en la realización de su sueño? Después de todo, los primeros soldados estadounidenses en llegar a la capital protegieron el edificio del Ministro del Petróleo, incluso mientras soltaban a saqueadores iraquíes en el resto de la ciudad. L. Paul Bremer III, el procónsul elegido posteriormente por el presidente Bush para supervisar el establecimiento de un nuevo Iraq, llevó a un equipo de ejecutivos petroleros estadounidenses para supervisar la privatización de la industria petrolera del país, mientras el Departamento de Energía de EE.UU. predecía con confianza en mayo de 2003 que la producción iraquí aumentaría a 3,4 millones de barriles por día en 2005, 4,1 millones de barriles en 2010, y 5,6 millones en 2020.

Nada de esto sucedió, claro está. Para muchos iraquíes de a pie, la decisión de EE.UU. de dirigirse de inmediato al edificio del Ministerio del Petróleo fue un momento decisivo, un instante que transformó en cólera y hostilidad el posible apoyo para el derrocamiento de un tirano. El impulso de Bremer por privatizar la compañía petrolera estatal produjo, de la misma manera, una encarnizada reacción nacionalista entre los ingenieros iraquíes del petróleo, quienes esencialmente torpedearon el plan.

En seguida, estalló la insurgencia suní hecha y derecha. La producción de petróleo bajó rápidamente, llegando a un promedio de tan sólo 2 millones de barriles por día entre 2003 y 2009. En 2009, finalmente volvió a la marca de 2,5 millones de barriles, lejos de esos soñados 4,1 millones.

Es fácil llegar a una conclusión: los esfuerzos de extraños por controlar el orden político en Medio Oriente para obtener una mayor producción de petróleo generarán inevitablemente presiones contrapuestas que resultarán en una disminución de la producción.

EE.UU. y otras potencias que observan los levantamientos, rebeliones, y protestas que estallan en Medio Oriente deberían ciertamente tener cuidado: sean cuales sean sus deseos políticos o religiosos, las poblaciones locales siempre llegan a albergar una hostilidad feroz y apasionada a la dominación extranjera y, a la hora de la verdad, elegirán la independencia y la posibilidad de libertad antes que el aumento de la producción de petróleo.

Puede que las experiencias de Irán e Iraq no sean comparables en el sentido usual con las de Argelia, Bahréin, Egipto, Iraq, Jordania, Libia, Omán, Marruecos, Arabia Saudí, Sudán, Túnez, y Yemen. Sin embargo, todos ellos (y otros países que probablemente se sumarán al tumulto) exhiben algunos elementos del mismo molde político autoritario y todos están conectados con el viejo orden petrolero. Argelia, Egipto, Iraq, Libia, Omán, y Sudán son productores de petróleo. Egipto y Jordania protegen oleoductos vitales y, en el caso de Egipto, un canal esencial para el transporte de petróleo; Bahréin y Yemen, así como Omán, ocupan puntos estratégicos a lo largo de las principales vías marítimas del petróleo. Todos han recibido una ayuda militar estadounidense sustancial y/o albergado importantes bases militares de EE.UU. Y, en todos estos países, el grito es el mismo: «El pueblo quiere la caída del régimen».

Dos de esos regímenes ya han caído, tres se tambalean, y otros están en peligro. El impacto sobre los precios globales del petróleo ha sido rápido y despiadado: el 24 de febrero, el precio de entrega de crudo North Brent, un parámetro de la industria, casi llegó a 115 dólares el barril, el mayor desde la catástrofe económica global de octubre de 2008. El West Texas Intermediate, otra constante del crudo, cruzó amenazadoramente el umbral de los 100 dólares.

Por qué los saudíes son esenciales

Hasta ahora, el productor más importante de Medio Oriente, Arabia Saudí, no ha mostrado señales obvias de vulnerabilidad, o los precios se hubieran disparado aún más. Sin embargo, la casa real del vecino Bahréin ya está en apuros; decenas de miles de manifestantes (más de un 20% de su población de medio millón) han salido repetidamente a las calles, a pesar de la amenaza de que se abriera fuego con munición de guerra, en un movimiento por la abolición del gobierno autocrático del rey Hamad ibn Isa al-Khalifa, y su reemplazo por un régimen genuinamente democrático.

Esos eventos son especialmente preocupantes para la dirigencia saudí, ya que el ímpetu por el cambio en Bahréin es dirigido por la maltratada población chií del país contra la elite suní gobernante, atrincherada en el poder. Arabia Saudí también contiene una gran población chií, aunque no mayoritaria como en Bahréin, que también ha sufrido discriminación por parte de los gobernantes suníes.

Hay ansiedad en Riad ante la posibilidad de que la explosión en Bahréin pueda extenderse a la Provincia Oriental, rica en petróleo y la única área del reino en la cual los chiíes son mayoría, desafiando así al régimen. En parte para prevenir cualquier rebelión juvenil, el rey Abdullah, de 87 años, acaba de prometer 10.000 millones de dólares en subvenciones, como parte de un paquete de cambios de 36.000 millones, en ayudas al matrimonio de los jóvenes ciudadanos saudíes, para que obtengan casas y apartamentos.

Incluso si la rebelión no llega a Arabia Saudí, el viejo orden del petróleo de Medio Oriente no puede ser reconstruido. Es seguro que el resultado será una disminución a largo plazo en la disponibilidad futura de petróleo exportable.

Tres cuartos de los 1,7 millones de barriles de petróleo que Libia produce a diario desaparecieron rápidamente del mercado al propagarse la agitación en ese país. Gran parte puede permanecer desconectado y fuera del mercado hasta un futuro indefinido. Se espera que Egipto y Túnez restauren pronto la producción, modesta en ambos países, a niveles anteriores a la rebelión, pero es poco probable que adopten el modelo de grandes sociedades conjuntas con firmas extranjeras que podrían aumentar la producción mientras diluyen el control local. Iraq, cuya principal refinería de petróleo fue muy dañada por los insurgentes sólo la semana pasada, e Irán, no dan señales de ser capaces de aumentar significativamente la producción en los años por venir.

El protagonista crítico es Arabia Saudí, que acaba de aumentar la producción para compensar las pérdidas libias en el mercado global. Pero no hay que esperar que ese modelo se mantenga eternamente. Suponiendo que la familia real sobreviva la actual vuelta de levantamientos, indudablemente tendrá que desviar una mayor parte de su producción diaria de petróleo para satisfacer los crecientes niveles de consumo interno y alimentar a las industrias petroquímicas locales, que pueden suministrar puestos de trabajo mejor remunerados a una población intranquila y en rápido crecimiento.

Entre 2005 y 2009, los saudíes usaron cerca de 2,3 millones de barriles al día, dejando cerca de 8,3 millones de barriles para la exportación. Sólo si Arabia Saudí sigue suministrando por lo menos tanto petróleo a los mercados mundiales, el mundo podrá llegar a satisfacer las necesidades mínimas de petróleo previstas. No es probable que así sea. Los miembros de la familia real saudí se han mostrado renuentes a aumentar la producción sobre los 10 millones de barriles al día, por temor a dañar sus yacimientos restantes y a causar baja en los futuros ingresos de sus numerosos descendientes.

Al mismo tiempo, se espera que el aumento en la demanda interior consuma una parte cada vez mayor de la producción neta de Arabia Saudí. En abril de 2010, el director ejecutivo de Saudi Aramco, de propiedad estatal, Khalid al-Falih, predijo que el consumo interno podría llegar al asombroso nivel de 8,3 millones de barriles diarios en 2028, dejando sólo unos pocos millones de barriles disponibles para la exportación, con lo que se asegura que, si el mundo no puede cambiar a otras fuentes de energía, habrá una escasez extrema de petróleo.

En otras palabras, si se traza una trayectoria razonable de los actuales eventos en Medio Oriente, ya se ve lo que se avecina. Ya que ninguna otra área es capaz de reemplazar al Medio Oriente como el principal exportador de petróleo del mundo, la economía petrolera se debilitará y con ella, la economía global en su conjunto.

Hay que considerar el reciente aumento en el precio del petróleo como sólo un débil y temprano temblor que anuncia el terremoto petrolero que tendrá lugar. El petróleo no desaparecerá de los mercados mundiales, pero en las próximas décadas no volverá a llegar a los volúmenes necesarios para satisfacer la demanda mundial proyectada, lo que significa que, más temprano que tarde, la escasez se convertirá en la condición dominante en el mercado. Sólo el rápido desarrollo de fuentes alternativas de energía y una dramática reducción del consumo de petróleo salvarán al mundo de las peores repercusiones económicas.

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* Michael T. Klare es profesor de estudios de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College. Su último libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books).

Copyright 2011 Michael T. Klare

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175362/

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=123780

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Rescates bancarios y planes de estímulo, por su cuenta.

Rescates bancarios y planes de estímulo, por su cuenta.

CASI 1.900 DÓLARES PER CÁPITA

La factura de los rescates públicos asciende al 21% del PIB mundial

El coste de los rescates bancarios y los ingentes planes de estímulo aplicados por los gobiernos para combatir la crisis asciende a 13 billones de dólares, el 21,12% del PIB mundial (61,5 billones en 2008). Una deuda adicional de 1.897 dólares por cada niño, mujer y hombre del planeta.

Por Manuel Llamas
libertaddigital.com, 28.01.10

La intervención de los gobiernos, bajo la excusa de rescatar al sistema financiero internacional y combatir la recesión económica, ha supuesto un desembolso de dinero público histórico.

El coste de los rescates bancarios y la aplicación de los planes de estímulo asciende a 13 billones de dólares hasta 2009. Esta cifra equivale al 21,12% del PIB mundial (61,5 billones de dólares), de modo que la intervención pública supone una carga adicional próxima a los 1.900 dólares por cada ser humano del planeta. Y ello, sin contar con las inyecciones extraordinarias de liquidez aplicadas por los principales bancos centrales.

En concreto, los rescates bancarios por parte de los gobiernos (empleando dinero del contribuyente) asciende a 3,6 billones de dólares (el 5,73% del PIB mundial) o, lo que es lo mismo, 515 dólares per capita. Mientras, los planes de estímulo suman 9,4 billones de dólares (el 15,39% del PIB mundial), equivalente a 1.382 dólares por ser humano, según un estudio elaborado por Grail Research and de Luxe & Associates, para la prestigiosa Harvard Business Review.

Según el informe, casi el 75% del rescate bancario ha sido llevado a cabo por los países occidentales, es decir, EEUU y las grandes potencias europeas. En este caso, el coste de salvar el sistema financiero haciendo uso del gasto público ha sido del 7,8% del PIB conjunto de dichos países.

Islandia lidera el ranking de esfuerzo público para sostener en pie su banca tras destinar el 76,2% de su PIB a esta tarea, seguido de Irlanda (48,3%), Letonia (33,6%) -junto a otros países del Este como Hungría (20,6%)-, Reino Unido (19,3%), Rusia (14,2%), Emiratos Árabes Unidos (12,2%), EEUU (7,3% del PIB), España (5,2%) y Alemania (5,1%).

En cuanto a los planes de estímulo, por encima de todos destaca Arabia Saudí (85%) y China, cuyo Gobierno ha destinado el 46,7% de su PIB a estimular la economía mediante un ingente plan de gasto público, según los autores del informe. Le siguen Sudáfrica (29,3%), EEUU (34,6%) y Japón con el 13,9% del PIB. El plan de estímulo aprobado por el Gobierno español hasta 2009 asciende al 5,3% del PIB, indica el informe.

Sin embargo, tras este dispendio, las cuentas estatales comienzan a indigestarse como consecuencia de la absorción de los activos tóxicos de la banca y los planes de estímulo económico, según reconoce el propio Banco Central Europeo (BCE).

Pese a ello, ante el temor de que la recuperación adopte una forma de W (doble recesión), el Fondo Monetario Internacional (FMI) anima en su último informe a seguir manteniendo los planes de estímulo en 2010, con lo que la factura global de la intervención pública para combatir la crisis podría llegar a ser superior en los próximos meses.

Por el momento, los gobiernos han gastado con el dinero de los contribuyentes la quinta parte de la riqueza mundial. Una deuda adicional de 1.900 dólares por cada niño, mujer y hombre del planeta.

http://www.libertaddigital.com/economia/la-factura-de-los-rescates-publicos-asciende-al-21-del-pib-mundial-1276382870/

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