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A worker rests after an exhausting day trying to put new heads on the wells. Greater Burhan, Kuwait, 1991. By Sebastião Salgado. From fotojournalismus.tumblr.com

YPF no es nuestra, pero tanta bandera envenena el aire

Por Jon Juanma
Especial para argenpress.info, 17.04.12

“Hoy, el poder público viene a ser, pura y simplemente, el consejo
de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa.”
Marx, Karl y Engels, Friedrich (Manifiesto Comunista, 1848).

Me importa una mierda YPF, España y Argentina. En mi DNI dice que soy ciudadano español y en mi pasaporte: europeo. Tanto me da, como si afirmaran que soy marciano o habitante de la Tierra Media. Sí me importan, en cambio, los españoles y los argentinos. Y me jode que se les quiera enfrentar por intereses extraños. Me importan los que trabajan. Me preocupan mucho aquellos que con el sudor de su frente y/o sus manos luchan para ganarse la vida. Aquellos que crean toda riqueza no heredada de la Naturaleza.

Me importan mucho todos ellos, sin preocuparme si en los papeles de turno afirman que “son” españoles, argentinos, brasileños, alemanes, nepaleses, chinos o mongoles. Mi corazón late con aquellos que deben esforzarse cada minuto de sus días para sobrevivir posibilitando que sus seres queridos amanezcan otro alba más, donde quizás y solo quizás, puedan respirar con el maravilloso cosquilleo de la esperanza. Aquellos que todavía sueñan que puede/debe existir un futuro mejor, aquellos que no pierden la fe en nuestra raza humana, para que algún día dejemos de ser monos con zapatos. Aquellos sí me importan, y mucho.

Me considero comunista, socialista y demócrata (radical). El orden es indiferente. Digo “radical” por la perversión que tiene la palabra “demócrata” cuando la emplean/prostituyen los dictadores de las finanzas y las deudas externas. Aquellos que no dejan de ser basura disfrazados con trajes y corbata, los que calcinan a los pueblos desde la tranquilidad de sus jacuzzies y sus hoteles de cinco estrellas.

Ojalá bastase decir que soy demócrata y automáticamente el público entendiera que por ende también soy socialista y comunista. Pero vivimos en el mundo al revés, en la mistificación permanente y a veces, lo lógico debe hacer malabares para no aparecer frente a los ojos de las mayorías como un sinsentido, cuando no directamente una auténtica locura. Y esto no es sólo culpa de los de arriba, los del hilo rojo tenemos nuestra responsabilidad, nuestras inmundicias históricas que los explotadores supieron aprovechar, y como les es inmanente: explotar. 1

¿Y por qué digo todo esto? Ayer el gobierno del PP aparecía enunciando altivo, en sus medios cómplices, que el gobierno argentino está afectando los intereses de una empresa española (Repsol) por nacionalizar una parte de su filial argentina (YPF), asegurando que el hacerlo es como meterse con España y con todos los españoles. Yo les digo que mienten, calumnian y lo saben.

Repsol es una compañía privatizada por el anterior gobierno del PP de Aznar e YPF por el gobierno argentino de Menem (ambos ex presidentes, amigos actuales). Paradójicamente, o no tanto, Menem era del mismo partido que es en la actualidad Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de la República y debutante “nacionalizadora” 2, que también votó a favor de la privatización por aquel entonces. 3

Y unos y otros siguen mintiendo denostando la profesión de los pocos políticos honestos que todavía quedan en el mundo. Su inmundicia les atora sus gargantas de humanos que juegan a ser muñecos de trapo al servicio de los grandes prestidigitadores.

Políticos de la infrapolítica que destruyen cualquier vestigio de su humanidad malherida, encharcados en la hedionda miseria de los que limpian el culo, día tras día, a los magnates enriquecidos, o sea: a los ladrones y asesinos de guante blanco, dueños de armas (deudas externas) con silenciadores (medios de desinformación).

A vosotros, gobierno del PP, gobierno de “patriotas” de pacotilla, os pregunto: ¿Cuando cientos de miles de familias españolas son expulsadas de sus casas porque a los bancos extranjeros les resultan más rentables fuera que dentro de sus hogares… es o no, también, meterse con los españoles?

¿Lo es cuando las multinacionales estadounidenses o alemanas radicadas en la Península echan a cientos de miles de trabajadores de sus puestos laborales? ¿Es o no meterse con los españoles cuando actualmente un 25% de los mismos que viven bajo esta Monarquía, donde reina un mata-elefantes, subsisten bajo el umbral de la pobreza mientras nuestro Estado sigue siendo una de las mayores economías de Europa?

¿Es o no meterse con los españoles pagar cada día más intereses a los compradores extranjeros de deuda mientras para pagarles se recortan salarios y se destruye todo lo público? ¿Es o no destruir nuestra sociedad permitir que las multinacionales farmacéuticas exijan la privatización de los hospitales públicos para que crezcan sus negocios mientras se deja morir a los pacientes menos rentables en sus casas?

Pero por otro lado, a mis hermanos argentinos les digo algo que muchos ya sabrán: el gobierno del Estado argentino no es ni socialista ni revolucionario, ni nada que se le parezca, por mucho que honre y coloque cuadros del Che Guevara en algunas recepciones oficiales. Un Che que desde luego no estaría ni en su partido ni entre sus filas de corruptos, oportunistas y en el mejor de los casos posibles: reformistas.

El gobierno argentino no hace la recuperación de accionariado de YPF por fortaleza propia sino por debilidad de las otras burguesías decadentes. ¿Por qué no expropian a los capitalistas argentinos, estadounidenses o brasileños?

Kirchner y compañía son pro-burgueses, pero basan su modelo capitalista en un desarrollo regional-popular de cierto tipo obligado por las dinámicas históricas de acumulación de capital mundial y la propia presión interna de “sus” trabajadores argentinos que ya no soportan más el papel de habitantes de una semicolonia, como lo fue durante dos décadas la Argentina que ayudaba a aplastar a sus habitantes más empobrecidos con la ayuda de las ex metrópolis coloniales.

Es por ello que exigen mejoras y ahora el gobierno Kirchner puede disfrutar redirigiendo una parte del plusvalor mundial que se extrae siempre, con toda la violencia capitalista, del robo de los trabajadores de aquellos países que viven justo por debajo del nivel medio mundial de explotación.

El sistema capitalista internacional debe reordenarse por sus recurrentes crisis de sobreproducción (no menos de una veintena lleva ya) y las nuevas acumulaciones de capital (sobre todo en Asia) están obligando a re(des)equilibrar todo el sistema. De este modo, los papeles entre países enriquecidos, semiperiféricos y empobrecidos están mudando. Se reparten los mismos disfraces pero cambian sus portadores. Capitalismo 100%, destrucción creativa: cambiemos todo para que nada cambie.

Algunas colonias o neocolonias pasarán a ser países semiperiféricos “acomodados” y otros antiguos semiperiféricos acomodados o enriquecidos humildes como España, se transformarán en semiperiféricos. Estados Unidos de América tarde o temprano descenderá y China o India ascenderán como potencias hegemónicas por su propia lucha de clases interna y su creciente acumulación de capital fruto del desmantelamiento industrial promovido por los capitalistas de los antiguos países enriquecidos.

Pero esto no significa que el capitalismo esté perdiendo, al contrario, sigue ganando, pues lamentablemente todavía la mayoría de trabajadores del mundo no hemos aprendido que nuestra única patria posible es la unión de todas las hormigas de los hormigueros vilipendiados en lucha legítima por un hormiguero mundial, digno y en paz. No esperemos ingenuamente que los mismos gigantes que nos aplastan se apiaden de nuestra suerte y nos pongan caritativamente a salvo. O ellos o nosotros.

Mientras tanto reina la desidia, la inmundicia y el crimen en este Reino de Bananas llamado España. Los criminales andan sueltos entre tanto hijo de la gran puta. Hijos de puta que están destrozando las vidas del pueblo y que me perdonen todas las asalariadas del sexo que son mil veces más dignas que todos aquellos que insultan las maternidades honradas del mundo.

Cada jornada que pasa, cada cual más dura, tediosa y pesada, nos exigen más y más sacrificio. Y lo hacen sin que se les caiga la cara de vergüenza. Al pueblo tranquilo, que gusta de la paz y los momentos buenos de la vida, se le pide a base de golpes lo que nadie en su sano juicio desea: hacer una revolución. Eso que nadie busca a menos que no vea otra salida. Nos lo exigen a base de machacarnos las vidas, de apagar todo futuro, de pisarnos los títulos que tanto esfuerzo y estudio nos costaron, de echarnos de las empresas que ayudamos a construir, de derruir nuestros hospitales y las escuelas de nuestros hijos, de cagarse en su futuro pisoteando su dignidad desde la fragilidad de las aulas…

Nos están pidiendo una revolución, nos la están pidiendo para tener la excusa con la cual hacer una guerra y matarnos a todos los unos contra los otros: las hormigas españolas contra las de más allá y las de más allá contra las de más acá. Nos están pidiendo revueltas, desean alborotos, meter a los tres o cuatro gatos “revolucionados” de siempre entre rejas.

Pero esta vez vamos a ser más listos que ellos y la revolución la vamos a hacer mundial. Debemos acumular fuerzas y hacer bullir el agua cuando no lo esperen, pero en lugar de aguas nacionales serán océanos internacionales. Cuanto más seamos menos serán las bajas, más pacífica la revolución mundial necesaria. Es nuestra única oportunidad. Vamos a trabajar a cada segundo por esa causa, con la fuerza de las palabras ahora que podemos todavía emplearlas, amando a los pueblos y no dejando que esos malditos magnates de la burguesía nos enfrenten los unos con los otros por sus pérfidos intereses de clase.

Nuestros intereses, en cambio, coinciden con el futuro del género humano; los suyos: con el fin de la especie. Los nuestros encajan con la necesidad de conseguir la verdadera democracia y un mundo donde la libertad y la justicia dejen de ser falsas promesas o dolorosas mentiras, para transformarse por fin en principio de realidades. De presente, en presente, nos presentamos para conquistar nuestro futuro. Aquí los que creemos en la raza humana.

No faltemos a nuestra cita histórica.

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* Jon Juanma es el seudónimo artístico de Jon E. Illescas Martínez, licenciado en Bellas Artes e investigador de la FCM de Sociología y Comunicación en la Universidad de Alicante y la Universidad Complutense de Madrid.

Notas:
1) Me refiero a las revoluciones que acabaron pariendo nuevas explotaciones, y de las que tenemos que aprender mucho y evitar bastante.

2) En el siglo XX y en la teoría política nacionalizar no significa que el Estado tenga la mayoría más uno del accionariado, sino el 100%. Son cosas de los tiempos de hegemonía neoliberal, que hace que los pastores alemanes reformistas y amaestrados parezcan lobos feroces bolcheviques.

3) Ver en el Periódico Tribuna: http://www.periodicotribuna.com.ar/10958-el-dia-que-cristina-kirchner-hizo-lobby-a-favor-de-la-privatizacion-de-ypf.html (2012/04/17).

http://www.argenpress.info/2012/04/ypf-no-es-nuestra-pero-tanta-bandera.html

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Baby hippo with its mother, from acuteaday.com

Baby hippo with its mother, from acuteaday.com

La revolución árabe según Hegel y Emmanuel Todd

Por Alfredo Jalife-Rahme
educacioncontracorriente.org, 25.05.11

No podíamos dejar en el tintero la excepcional entrevista del pensador francés Emmanuel Todd a Der Spiegel (20/5/11).

A diferencia de David P. Goldman (alias Spengler), quien peca de perturbador sectarismo israelocéntrico en sus tóxicas columnas de Asia Times y usa la demografía para justificar indefectiblemente las exacciones del Estado judío, sea cual fuere la circunstancia, Emmanuel Todd es un universalista a carta cabal: no solamente es un profesional de la demografía con visión histórica, sociológica y humanista, sino que, aún mejor, se encuentra en las antípodas del manual de guerras religiosas El choque de civilizaciones de Samuel Huntington, al demostrar que, al contrario, el mundo tiende a “la convergencia (al rendez-vous) de las civilizaciones”.

Lo descubrí con su libro La ilusión económica: el estancamiento de las sociedades desarrolladas, de 1998, y lo volví a encontrar, en ese rendez-vous de las ideas universales, con un libro excepcional, Después del imperio: la quiebra del orden estadunidense (¡escrito en 2001!), donde vaticinó, temeraria pero correctamente, el “resurgimiento de Rusia”.

Ya había vaticinado 15 años antes el derrumbe del régimen soviético.

El politólogo (formado en París) e historiador (consolidado en Cambridge) Emmanuel Todd se considera un “hegeliano empírico” y reconoce el curso universal de la historia, más allá de aldeanismos y sectarismos fisíparos.

¡De la etapa gloriosa de Hegel a la degenerescencia de Huntington, ya no se diga el grotesco nipón-estadunidense Fukuyama (el sepulturero histérico de la historia), cómo se ha degradado el pensamiento “occidental”!

Por pudor no cito a otros locales seudopensadores latinófobos e israelocéntricos que pululan estéril y cacofónicamente en los multimedia del neoliberalismo global.

Con sus ilustres e universales antecedentes exitosos, vale la pena escuchar los puntos de vista de Emmanuel Todd, a mi juicio, una de las pocas voces autorizadamente valiosas de “Occidente” (en pleno oscurantismo ideológico), para analizar científicamente la revolución árabe.

Emmanuel Todd aduce (en forma menos reduccionista a lo común) que las estructuras familiares y los factores de población y política educativa son más importantes que el sistema económico.

Cuatro años antes Emmanuel Todd –con la coautoría de Youssef Courbage– se había adelantado a la extática “revolución del jazmín” en su otro imprescindible libro Convergencia (sic) de civilizaciones: la transformación de las sociedades islámicas en el mundo, que versa sobre la inevitabilidad de la revolución árabe.

No dista mucho de mis recientes posturas públicas (guardando las proporciones): “las raíces demográficas de la revolución árabe” como consecuencia del incremento del nivel educativo y la rápida disminución de la natalidad. Sobre el “fantasma de Bin Laden” se burla sarcásticamente que “Al Qaeda ya estaba muerta”.

Comenta humildemente que su labor es como la de “los geólogos que compilan las señales de un terremoto inminente o de una erupción volcánica”, aunque no se pueda predecir su exactitud temporal ni su severidad.

Se basó en tres indicadores para su cálculo probabilístico: 1) el rápido incremento en la educación, en particular, de las mujeres; 2) el descenso de la natalidad y 3) una declinación significativa de la tasa de endogamia, en particular el matrimonio entre primos hermanos.

Los tres factores exhiben que “las sociedades árabes estaban en el camino hacia la modernización cultural (sic) y mental (¡súper sic!), en cuyo trayecto el individuo se vuelve más importante como entidad autónoma”.

¿Cavaron su propia tumba los mismos sátrapas del mundo árabe al haber propiciado, involuntaria o voluntariamente, el andamiaje de las estructuras transformativas, o todo fue producto de la modernización global? Ambas, a mi humilde entender.

Refiere que sus consecuencias desembocan en “la transformación del sistema político, una ola expansiva de democratización y la conversión de los sujetos en ciudadanos“. Viene una aseveración nítidamente hegeliana: “aunque esto sigue las tendencias globales, puede tomar algún tiempo”.

Compara la revolución árabe con las revueltas europeas de 1848, más que con el estereotipo muy trillado de la caída del Muro de Berlín de 1989: “una clásica reacción en cadena, pese a las diferencias regionales mayores”.

Sentencia que “las revoluciones usualmente estallan durante fases de crecimiento cultural y declive económico”, cuando “el desempleo y la frustración social fomentan convulsiones”.

Como consagrado demógrafo considera que “la variable principal es la tasa de alfabetización más que el PIB per cápita” (la fijación neoliberal), como demostró el historiador británico Lawrence Stone en las revoluciones de los siglos XVI y XVII en Gran Bretaña: “su umbral crítico es entre 40 y 60 por ciento”.

El papel de las mujeres jóvenes ha sido determinante tanto en el control de su natalidad como en su participación destacada en las revueltas.

Mientras la previa generación fue muy prolífica –lo que explica su explosividad al corte de caja de hoy–, pero, en forma dinámica, “la tasa de natalidad ha decaído dramáticamente a la mitad”: de 7.5 hijos por mujer en 1975 a 3.5 en 2005. Entre las mujeres académicas la tasa de natalidad se encuentra por debajo de 2.1.

En su desencadenamiento primigenio, ¿es la revolución hegeliana, genuinamente femenina y juvenil, ante todo ginecológica y obstétrica?

Desmonta prejuicios aldeanos sobre el Islam, muy socorridos por los fanáticos de Huntington, e invita a rebasar las apariencias del pleito sobre el porte del velo para enfocarse en las estructuras: “según la ley de la historia, el progreso educativo y el declive en la tasa de natalidad son indicadores de creciente secularización y racionalización. El islamismo es una transitoria reacción defensiva (sic) al choque de la modernización y no constituye el punto final de la historia. Para el mundo islámico su punto final es universal”.

Profiere un axioma asombroso: “la condición para cualquier modernización es la modernización demográfica”, que “va de la mano con la declinación en la religiosidad practicada”.

A su juicio, ocurre ya “una desislamización de las sociedades árabes, una desmitificación del mundo, como la llamó Max Weber, y continuarán inevitablemente (¡súper sic!), así como la descristianización sucedió en Europa”.

La visión de Emmanuel Todd es sacudidora: las revueltas árabes constituyen “crisis de la modernización que desestabilizan a las clases gobernantes. El hecho de que las turbulencias en la región coincidan con el avance del fundamentalismo es un fenómeno clásico (¡súper sic!). Duda y fanatismo son dos caras del mismo desarrollo, como sucedió en la esfera intelectual europea” sobre el debate acerca de la existencia de Dios entre Descartes (y su cogito dubitativo) y el matemático Pascal (un jansenista fundamentalista).

Tiene que ser imponentemente destacada la obligada réplica –en el sentido de “la convergencia de las civilizaciones” y la unicidad universal del género humano, lejos de los primitivismos sectarios– de parte de los intelectuales de Medio Oriente a las tesis hegelianas de Emmanuel Todd, no solamente sobre la revolución árabe sino, por encima de todo, sobre el devenir del Islam.

http://www.educacioncontracorriente.org/index.php?option=com_content&view=article&id=24258%3Ala-revolucion-arabe-segun-hegel-y-emmanuel-todd-alfredo-jalife-rahme&catid=14%3Amaestros&Itemid=61

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