Charlize Theron y el oro, dos formas de riqueza contemporánea.

Charlize Theron y el oro, dos formas de riqueza contemporánea.

Regresar al vínculo entre el oro y el dólar

Por Richard Duncan *
Financial Times, Londres, 24.11.08.

Cuando Richard Nixon destruyó en 1971 el Sistema Monetario Internacional de Bretton Woods cerrando la ventana del oro en el Tesoro, decapitó el último vínculo entre dólares y oro. Lo que siguió fue una proliferación en espiral de cada vez más falsos instrumentos de crédito denominados en una divisa devaluada. El ejemplo más evidente y letal de esta locura ha sido el crecimiento del mercado de derivados no regulados, que se ha hinchado hasta alcanzar US$600 billones, el equivalente a casi US$100.000 por habitante del planeta.

Bajo el dollar standard de post-Bretton Woods, el crecimiento del crédito propulsó el crecimiento económico. En EE.UU, el ratio de crédito total sobre el producto interior bruto pasó del 150% en 1969 al 350% en 2007. Consumo financiado con crédito y succión de importaciones con un devastador impacto en la balanza comercial norteamericana. En 2006, el déficit por cuenta corriente de EE.UU alcanzó casi US$800.000 millones.

Según el dollar standard inundaba el mundo con dinero falso, la inestabilidad económica se propagó alrededor del globo. La reinversión de los “petrodólares” creó el boom económico en América Latina en los años ’70 y a continuación la crisis de deuda del Tercer Mundo en los 80. El superávit comercial de Japón frente a EE.UU impulsó los precios de las propiedades japonesas a finales de los ’80 hasta que los jardines imperiales de Tokyo valieron más que California; produciéndose luego la “década perdida” japonesa cuando la burbuja estalló en 1990. Seguidamente vinieron el ascenso y la caída de la burbuja del milagro asiático. Cada convulsión económica se debió a la excesiva afluencia de dólares a esas economías. Ningún régimen regulador podría hacer frente a tal extraordinaria incursión de dinero exógeno.

El colapso de Bretton Woods rompió el vínculo entre las divisas mundiales y el oro. Los bancos centrales fueron entonces libres para crear tanto dinero como quisieron.  Entre 2001 y hoy día, los bancos centrales fuera de los EE.UU. han creado el equivalente a unos US$6 billones. Esto puede comprobarse en el incremento de 7 veces las reservas de divisas en ese período. El dinero creado (que representaba para la mayoría, si no para todos, lo que el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke denominó la superabundancia de ahorro global) se utilizó para comprar dólares y reprimir el valor de las divisas de los socios comerciales de EE.UU. para perpetuar su ventaja comercial.

Cuando esos dólares fueron reinvertidos en activos denominados en dólares, le llegó el turno de burbujear a EE.UU. Tal y como los bancos centrales compraban los bonos del Tesoro USA, se impulsaron sus precios y se redujeron sus rendimientos. Sin embargo, al no haber suficientes nuevos bonos del Tesoro emitidos para absorber el resto de las ganancias del excedente comercial mundial, los bancos centrales compraron también deuda de Fannie y Freddie. Lo cual permitió a dichas empresas semigubernamentales adquirir o garantizar más de la mitad de todas las hipotecas del país antes de desmoronarse. Entre los tipos de interés artificialmente bajos y el frenesí comprador de Fannie y Freddie, los precios de las propiedades subieron. La burbuja inmobiliaria estadounidense siguió a la nefasta burbuja del Nasdaq. Sin embargo, la inflación del mercado norteamericano de la vivienda fue una burbuja que llegó demasiado lejos. Cuando explotó, el sistema financiero mundial se precipitó en crisis, dejando la versión del siglo XXI del capitalismo financiero Anglo-Americano desacreditada.

La lección que debe ser aprendida a raíz de este desastre es que el capitalismo de mercado libre bajo un régimen de dinero fiduciario no produce los mismos beneficios (prosperidad sostenible) que los de un verdadero capitalismo de libre mercado bajo un sistema monetario anclado al oro. Cuando el Presidente Nixon rompió el vínculo entre el dólar y el oro, cambió la naturaleza del modelo económico Anglo-Americano y, en última instancia, lo destruyó.

El mundo no puede regresar al gold standard de la noche a la mañana sin provocar una brutal contracción del crédito y una depresión global. Sin embargo, tampoco podemos permitirnos el lujo de pretender que nada ha cambiado y que la economía global puede seguir funcionando bajo el dollar standard. Ha llegado el momento de convocar un foro de líderes mundiales para que negocien y comiencen la transición hacia un sistema monetario internacional basado en normas fundamentadas en dinero sólido/sensato e intercambio comercial equilibrado. Los esfuerzos actuales del G-20 están muy por debajo de lo que se necesita.

* Ingeniero y geólogo estadounidense, director del Instituto de la Energía y el Hombre, uno de los más eminentes geólogos contemporáneos, autor del ensayo “La Teoría de Olduvai”, que contiene estudios sobre la evolución del consumo de energía per capita y el cenit mundial de la producción de petróleo a nivel mundial, cuya actualización, “El declive final es inminente”, publicara Edición 4 en 2007.

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