Archivo para Agosto, 2011

El alba colmó de rosas la cúpula del cielo. Desde taringa.net

El alba colmó de rosas la cúpula del cielo. Desde taringa.net

Rubaiyat

Por Omar Khayyám *

V

Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy. Coge un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe pensando en que mañana quizá la luna te busque en vano.

VII

Nuestro tesoro es el vino y nuestro palacio la taberna. La sed y la embriaguez son nuestros fieles compañeros. Ignoramos el miedo porque sabemos que nuestras almas, nuestros corazones, nuestros cálices y nuestras ropas manchadas, nada tienen que temer del polvo, del agua ni del fuego.

IX

Antaño, este jarrón era un pobre enamorado que sufría ante la indiferencia de una mujer. El asa del borde era el brazo que ceñía el cuello de su bienamada.

XVII

La brisa de la primavera refresca el cuerpo de las rosas. Y en la sombra azulada del jardín, acaricia también el cuerpo de mi amada. A pesar de la plenitud de que gozamos, olvido nuestro pasado. ¡Tan seductora es la caricia del Presente!

XXVI

El mundo inabarcable: un grano de polvo en el vacío. Toda la ciencia del hombre: palabras. Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas: sombras. El fruto de tu constante meditación: la nada.

XXVII

Demos por supuesto que hayas resuelto el enigma de la creación. Pero ¿conoces tu destino? Demos por supuesto que hayas despojado de todos sus velos a la Verdad. Pero ¿conoces tu destino? Demos por supuesto que hayas sido feliz durante cien años y que cien otros te esperen todavía. Pero ¿conoces tu destino?

XXXVII

Imposible contemplar el cielo. ¡Llevo en los ojos un cendal de lágrimas! Gráciles chispas son las hogueras del Infierno frente a las llamas que me consumen. El Paraíso, para mí, no es más que un instante de paz.

L

Vi ayer a un alfarero trabajando. Modelaba los costados y las asas de un cántaro. El barro amasado eran cráneos de sultanes y manos de mendigos.

LV

Tú, cuyas mejillas eclipsan a la eglantina de los campos, ¡tú, cuyo rostro semeja un ídolo chino ¿sabes acaso que tu mirar aterciopelado trocó al rey de Babilonia en alfil que huye de la reina?

LXVI

¡Qué misterio el de esos astros que ruedan en el espacio! Khayyám aférrate fuerte a la cuerda de la Sabiduría. ¡Cuidado con el vértigo que, a tu alrededor, derriba a tus compañeros!

LXIX

Escucho decir que los amantes del vino serán condenados. No existen verdades comprobadas, pero hay mentiras evidentes. Si quienes aman el vino y el amor van al Infierno, vacío debe estar el Paraíso.

LXXII

Un poco de pan, un poco de agua fresca, la sombra de un árbol y tus ojos. Ningún sultán más feliz que yo. Ningún mendigo más triste.

LXXXIV

El alba colmó de rosas la cúpula del cielo. En el aire cristalino se pierde el canto del último ruiseñor. El perfume del vino es más ligero. ¡Y pensar que en este instante hay insconscientes que sueñan con la gloria y los honores! ¡Cuán sedosos tus cabellos, bienamada!

CVIII

En la tierra abigarrada alguien camina que no es infiel ni musulmán, ni rico ni pobre. No invoca a Dios ni hace caso de las leyes. No cree en la verdad ni afirma nunca nada. En la tierra abigarrada ¿quién es este hombre triste y valeroso?

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* Según la versión inglesa de Francis Scott Fitzgerald. Traducción de Pedro Ramírez Cueto. Edicomunicación, s.a., 1999.

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10 dm deutsche mark, from yogan.meinungsverstaerker.de

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La Unión Europea va hacia la catástrofe

Un diagnóstico económico y un pronóstico político

Por Marshall Auerback *
New Economic Perspectives
rebelion.org, 31.08.11

Olvídense de la degradación calificatoria de S&P, que tuvo impacto cero en los mercados de valores globales. Se supone que esa degradación significaba una mayor probabilidad de que el gobierno de los EEUU termine siendo incapaz de honrar la deuda previamente contraída. Si los mercados hubieran tomado en serio esa advertencia, habría conferido un mayor premio de riesgo a los bonos públicos norteamericanos. Se calla por sabido que ocurrió precisamente lo contrario: el precio de esos bonos se disparó. En otras palabras: los inversores, aquí y por doquiera, dijeron con dinero, y harto estridentemente, que la deuda pública estadounidense era un puerto muy seguro en un tiempo de caos financiero.

De modo que, si no fue la degradación calificatoria de S&P lo que causó la cascada de desplomes de los mercados de valores globales, ¿qué fue? De lejos, el factor más importante que está ahora mismo determinando el rumbo de los mercados es Europa, y más singularmente, el futuro del euro y de la Unión Monetaria Europea. El riesgo sistémico ha cruzado el Atlántico para instalarse en la eurozona.

Y tras esa broma de cumbre reciente entre la Cancillera alemana Merkel y el Presidente francés Sarkozy, diríase que una vez más quienes toman las decisiones políticas en Europa disparan ese riesgo. Su persistente reluctancia a enfrentarse a la bomba sistémica de relojería instalada en el corazón del euro ha llegado a punto tal, que probablemente ha sentenciado el destino del euro.

Sus repetidos “planes de rescate” (y asertos igualmente fatuos sobre nuevos comités y sobre la “eurosolidaridad”) no pueden ya ocultar el problema central, y es a saber: que países con economías muy distintas andan uncidas a una misma moneda sin una unión de transferencias fiscales; a falta de esa unión fiscal, en las actuales circunstancias resulta imposible la facilitación del crecimiento, y en cambio, se propician la depresión económica y el caos político.

En vez de tratar de prevenir una segunda zambullida en la recesión con políticas fiscales y monetarias flexibles, el Banco Central Europeo (BCE) se ha empeñado en todo lo contrario. El euro se ha convertido así en un instrumento hooveriano [1] de tortura económica en manos de sadomonetaristas como Jean-Claude Trichet, que ven en cada rescate un medio para que las naciones pretendidamente irresponsables carguen con sus pasivos a sus vecinos más aptos, en vez de atender a las fracasadas estructuras institucionales generadoras en primera instancia de la necesidad de esas medidas mitigadoras del ensanchamiento del hiato que separa a los distintos países.

Se han aumentado los tipos de interés, y se ha forzado a los Estados miembros a poner por obra suicidas programas de austeridad que, destruyendo el crecimiento, han empeorado todavía más la subyacente dinámica de deuda. Resulta difícil imaginar una amalgama de políticas más trágica y suicida. Es 1937, a lo bestia.

¿Cuánto tiempo aguantarán esto los votantes de los países ricos? Tal vez no mucho más, pues los alemanes, singularmente, parecen no tener estómago ya para aguantar los costes requeridos para salvar la unión monetaria. Así pues, ¿cuál es el problema en el corazón del euro?

Remontémonos a los primeros principios: hay que entender la diferencia entre las monedas soberanas y las no-soberanas. Un Estado con una moneda no-soberana que emita deuda pública o bien en moneda extranjera o bien en una moneda nacional atada a una moneda extranjera (o a un metal precioso, como el oro) se enfrenta a un riesgo de insolvencia. Sin embargo, un Estado que gaste sirviéndose de su propia moneda flotante y no-convertible no se verá jamás forzado a la quiebra, salvo que voluntariamente decida declararse quebrado (como, por ejemplo, estuvo a pique de hacer el Congreso de los EEUU en las recientes negociaciones sobre el techo de deuda).

Por eso un país como Japón puede seguir manejando una deuda pública cuya proporción con el PIB es más del doble de la “elevada deuda” de los países PIIGS disfrutando al propio tiempo su deuda soberana de tasas de interés extremadamente bajas. Una nación que opera con su propia moneda siempre puede gastar a crédito de cuentas bancarias, y eso incluye gastos en intereses. De modo que no hay riesgo de quiebra en términos de capacidad de pago (que es cosa distinta de la disposición política a pagar).

Pero como han observado muchos críticos de la moneda común, la relación de los países miembros con la Unión Monetaria Europea (UME) es más parecida a la relación de los tesoros de los Estados miembros de los EEUU con la Fed que la relación del Tesoro estadounidense con la Fed. Un país como Irlanda, dentro de la UME, se parece más Nueva York que a un Estado soberano.

Eso significa que tiene poco margen de política nacional para servirse de políticas monetarias y fiscales que le permitan lidiar con la crisis. Resultado: al primer gran shock negativo de demanda que sacudido a la región, los Estados nacionales se han encontrado inmediatamente con que no pueden usar la política fiscal de modo responsable para proteger sus economías de un creciente desempleo y unos ingresos menguantes.

En una federación normal, el gobierno nacional siempre puede garantizar la solvencia de las partes constituyentes vía transferencias fiscales. En el diseño jurídico-institucional de la UME no se especifica esa función, y las tentativas de los Estados miembros para mitigar el colapso de la demanda no tardaron en levantar las iras de las elites del euro, con un BCE que asumió el papel de imponer austeridad fiscal a unos gobiernos erráticos.

En los EEUU, los Estados federados no tienen poder para crear moneda; en tales circunstancias, los impuestos “financian” realmente el gasto de los Estados federados, los cuales se ven obligados a tomar empréstitos (a vender bonos en los mercados) a fin de gastar más de lo que recaudado fiscalmente. Los compradores de bonos de los Estados federados se preocupan por la fiabilidad crediticia de esos Estados, y la capacidad de los Estados federados norteamericanos para incurrir en déficits depende al menos parcialmente de la percepción que se tenga de su fiabilidad como deudores.

Mientras que un Estado individual puede siempre recurrir a la ayuda del gobierno federal estadounidense en caso de necesidad (aunque la reciente experiencia de las negociaciones del techo de deuda hace menos seguro ese supuesto), no está tan claro que los países individuales de la zona euro sean tan afortunados. Funcionalmente, cada Estado nacional opera como los Estados federados individuales norteamericanos, pero sólo con tesoros públicos individuales.

El dilema del euro es, pues, análogo al dilema latinoamericano, según lo experimentaron regularmente países como Argentina cuando operaban con monedas atadas al dólar. Dadas las restricciones institucionales, el gasto de déficit precisa, en efecto, del empréstito en “moneda extranjera” conforme a los dictados de mercados privados, y los Estados nacionales se ven exteriormente restringidos.

Por eso Irlanda y Letonia están en un lío, asediadas por problemas de insolvencia. Por eso también California sufre un problema de insolvencia, o España, o Italia. No los EEUU o Japón, lo que explica por qué este último país ha sido capaz de tomar dinero prestado al 1% durante las dos últimas décadas a pesar de que la proporción de su deuda pública respecto de su PIB dobla de los EEUU o la de la eurozona.

Ello es que, en la presente coyuntura, no hay ya tiempo para crear unos “Estados Unidos de Europa”. Por eso el BCE ha reanudado sus operaciones de compra de bonos a fin de contener los intereses de esos bonos y aliviar las preocupaciones suscitadas por la solvencia de los Estados nacionales individuales. El BCE ha recibido una muchedumbre de críticas por eso. En un sentido, las críticas están justificadas: el BCE está, efectivamente, jugando un “papel fiscal” para el que no está concebido. Comprando bonos, compra tiempo.

Pero la compra de bonos ataca los síntomas, más que los problemas subyacentes. Y resulta fundamentalmente antidemocrática: al asumir ese papel, por la vía de rescates ad hoc y la compra de bonos en mercados secundarios, el BCE se ha convertido en una suerte de Zar fiscal que no tiene que rendir cuentas a ningún electorado nacional.

La esperanza es que, frenando los disparados intereses de los bonos, el BCE pueda convencer a los mercados de que países como Italia y Grecia no son insolventes para que los mercados vuelvan a financiarlos. Aun con unos bonos italianos y españoles que ahora mismo ha conseguido hacer bajar a menos del 5%, tal esperanza es vana, porque el contagio ya se ha difundido hasta afectar a países del núcleo, como Francia.

Los europeos ni siquiera han empezado a rediseñar correctamente su estructura institucional, y el BCE, en su calidad de emisor único de euros, sigue siendo el único instrumento que hoy por hoy puede jugar ese papel, bien que harto imperfectamente. Hay, sin embargo, una mejor manera de hacerlo.

El BCE podría proporcionar un alivio inmediato, aprestándose a crear y distribuir varios billones de euros por todas las naciones de la zona euro según su renta per capita. Eso, de por sí, no constituiría un “rescate”, pues Alemania –cuya economía dispone de la mayor renta per capita— sería el mayor receptor.

Se permitiría a todas las naciones individuales de la zona euro servirse de ese socorro de emergencia según lo estimaran conveniente. Grecia podría optar por comprar parte de su abultada deuda pública; otros podrían optar por paquetes de estímulos fiscales. Aunque esto pueda sonar parecido a los rescates corrientes y molientes, en los que el BCE compra a los bancos, en mercados secundarios, bonos públicos (suponiendo, por ejemplo, un riesgo de quiebra para Grecia), lo cierto es que los paquetes de emergencia aquí esbozados (propuestos por vez primera por Warren Mosler www.moslereconomics.com) quedarían discrecionalmente en manos de las naciones individuales.

Por consiguiente, el BCE financiaría operaciones públicas corrientes, si los gobiernos nacionales eligieran ese curso de acción. Y si el BCE considerara que un país comete abusos (si, por ejemplo, Grecia no fuera eficiente en la recaudación fiscal), podría retirar los pagos, hasta que se volviera a la normalidad. La sanción sería tanto más creíble, cuanto que haría las veces de retirar la zanahoria por parte del BCE, algo totalmente distinto de castigar fiscalmente con el palo, buscando meter en vereda a un país ya suficientemente agobiado por estrecheces económicas. Más significativamente aún, el ingreso compartido propuesto tomaría por los cuernos el problema del impacto del contagio, ya que el BCE seguiría distribuyendo a otros países en el caso de tener que castigar a los “chicos recalcitrantemente problemáticos”.

Eso no encara el problema de la deficiente demanda agregada, pero encara al menos el problema de la solvencia, que es la principal amenaza sistémica ahora mismo para la zona euro (y en verdad, para el conjunto de la economía mundial). Al persuadir a los mercados de que el grueso de la zona euro es digna de confianza, disminuye considerablemente el riesgo de que los mercados se apresten a abatir a esos países. A medida que esos países se financian a sí mismos en términos creíbles en los mercados privados, pueden empezar a crecer de nuevo.

Claro es que plantear el problema en este contexto avanzando una propuesta en la que anda en juego al menos un billón de euros resulta algo difícil de digerir políticamente para el BCE o para las naciones que son acreedoras suyas, como Alemania. Por eso pensamos que el resultado final de este juego será más probablemente el que tuvimos ocasión de sugerir hace unas semanas:

“… el resultado más probable de una salida alemana del euro sería un alza formidable del valor del reconstituido marco alemán. En efecto: todo el mundo devaluaría frente a la fortaleza económica que es Alemania, y la carga de la reflación fiscal recaería sobre el miembro más recalcitrante de la Unión Europea. Alemania tendría entonces con toda probabilidad que rescatar sus bancos, pero eso es políticamente más digerible que, pongamos por caso, salvar los bancos griegos (al menos, desde la perspectiva de la población alemana).” [“Para salvar el euro, es Alemania la que debe abandonar la eurozona”, SinPermiso, 29 mayo 2011.]

La cuestión sigue planteada: ¿terminarán los alemanes abandonando el euro para salvar a Alemania, o considerarán que su destino está ya tan estrechamente unido a la moneda común, que una salida significaría un coste económico y político todavía mayor?

En el segundo caso, los alemanes tendrán que terminar entendiendo que el problema central en el corazón de la zona euro no es un problema de “mediterráneos manirrotos”. Mucha gente, particularmente en Alemania, cree que los gobiernos italiano, griego y portugués (y por asociación, sus ciudadanos) son los culpables de esta crisis por haber accedido a préstamos baratos de los bancos de la Europa septentrional, por no haber pagado suficientes impuestos, por no haber trabajado lo bastante duro, etc., etc.

De las declaraciones que siguen ofreciendo los mandamases políticos europeos, una cosa resulta clara: no entienden ecuaciones contables básicas. No consiguen ver la menor relación entre su propio modelo exportador y sus socios comerciales.

Por ejemplo: resulta irónico (y más que un pelín hipócrita) que Alemania critique a sus vecinos, como Grecia, o a sus socios comerciales, como los EEUU, por ser “manirrotos”, pero se base en esos países, que “viven por encima de sus posibilidades”, para producir un excedente comercial que permite a su gobierno incurrir en déficits presupuestarios más pequeños.

Más extremas son todavía las cosas dentro de la zona euro, si se consideran en el contexto de la economía global. El bloque de la Unión Monetaria Europea mantiene, en conjunto, un equilibro en su balanza por cuenta corriente con el resto del mundo. Por consiguiente, dentro de Eurolandia hay un juego de suma cero: el excedente de la balanza por cuenta corriente de un país se logra a costa del déficit en que incurre algún vecino. Y dadas unas restricciones triples –incapacidad para devaluar el euro, declive global y el socio dominante en el euro, Alemania, determinado a lograr excedentes comerciales—, parece harto improbable que las sufridas naciones pobres como Grecia o Irlanda puedan acercarse a un excedente de cuenta corriente, lo que ayudaría a reducir las cuitas de sus “manirrotos” gobiernos.

Diríase que el BCE anda aquejado de la misma confusión conceptual. No parece percatarse tampoco de la conexión entre los balances financieros y el crecimiento nominal del PIB.

Parece entender que los balances financieros deben equilibrarse ex post, y así es como los balances sectoriales están interconectados. No parece percatarse de que el emisor de moneda y los creadores de crédito tienen generalmente la clave de la capacidad de los sectores para incurrir en déficit presupuestario y que el déficit presupuestario es necesario para generar el incremento de ingresos, a partir del cual puede darse un nuevo ahorro bruto. Pero con la quimera de las “consolidaciones fiscales expansivas” habiéndose revelado tal con las recesiones de Grecia, Irlanda, Portugal y, muy pronto, España, tal vez tengamos ahora ocasión de ilustrar a más gente sobre ese punto.

¿Qué decir de los cargos de holgazanería, corrupción e insuficiente recaudación fiscal habitualmente imputados a los llamados países “PIIGS”? A eso se puede responder con una sencilla cuestión: aun si fueran inveterada verdad la holgazanería y el escaqueo fiscal de  los países del “Club Med”, ¿por qué la crisis ha estallado precisamente ahora?

No, el problema es el euro, y se trata de un problema compartido por toda la eurozona. Y eso es lo que está empezando a reflejarse en los mercados, a medida que el contagio se difunde de la periferia al núcleo.

Hasta ahora, los burócratas se han limitado, o a negar las crecientes fracturas de tensión registradas dentro del sistema, o a forzar a los países más débiles a imponer una mayor austeridad fiscal a sus sufridas poblaciones, lo que no ha hecho sino exacerbar ulteriormente los problemas. Y ha faltado de todo punto consistencia en los principios. Cuando países grandes, como Alemania y Francia, violaban rutinariamente los límites de gasto hace unos pocos años, la cosa se pasaba oportunamente por alto, en vivo contraste con la virulencia de las críticas que ahora se dirigen a los manirrotos mediterráneos.

La persistente tendencia de la UE a proceder a improvisaciones ad hoc a partir de las cláusulas del tratado de la UME, en vez de tomar el toro por los cuernos y disponerse a reformar radicalmente un diseño institucional fallido, responde a una necia ideología que da la espalda a la realidad política, no menos que a la lógica económica. Y el resultado está ya a los alcances: una tormenta de fuego política que está minando completamente la credibilidad del euro.

A juzgar por la fláccida declaración que acompañó al final de la cumbre Merkel-Sarkozy, diríase que, incluso habiéndose llegado a este punto, los dirigentes políticos europeos no se enteran, o cuando menos, no consiguen ponerse políticamente de acuerdo para afrontar el radical cambio conceptual de todo punto necesario para salvar el euro.

Los alemanes están paralizados políticamente, y las cosas están discurriendo demasiado rápidamente como para que quienes toman decisiones políticas puedan reaccionar con la agilidad requerida. Y sus dirigentes políticos jamás han explicado a su electorado la magnitud del problema, ni los costes asociados a los castigos en curso contra los llamados manirrotos.

Cuando un dirigente político alemán abre la boca, siempre es para anunciar malas nuevas, como en las recientes declaraciones del ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble, según las cuales el gobierno alemán se había opuesto a cualquier incremento de los recursos del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera o a la creación del eurobonos, a pesar de que este último resulta esencial para una estabilización a medio plazo de los mercados financieros.

Así pues, en esta coyuntura, lo que parece más probable es que los alemanes busquen salvarse a sí mismos saliendo de la zona euro, para luego recapitalizar sus bancos, como ya hicieran tras la reunificación de Alemania. Incorporarían a los países del Benelux –que han convergido ya estrechamente con la alemana— y dispondrían de un “bloque ampliado del Marco alemán” para comprar de barato al resto de Europa con un Marco reconstituido.

De ocurrir eso, las naciones del Club Med, como Grecia, Italia y España se salvarán, porque el euro se desplomará, lo que beneficiará grandemente a sus exportaciones. El euro volverá a ser una moneda de países débiles, lo que permitirá a esos países volver a vivir con una mayor inflación, mayores exportaciones y, probablemente, un estilo de vida más confortable.

Lo que resulta bien interesante es que, en ese probable escenario, el país que resultará realmente perjudicado por tal tipo de ambiente será Francia, que no es una economía del “Club Med”, pero que no ha tampoco acometido muchas de las reformas estructurales que está tratando de imitarle a su socio alemán. Su economía es más parecida a la italiana, pero si quisiera integrarse en el “bloque ampliado del Marco alemán”, su base industrial se vería probablemente amenazada por una enorme presión competitiva italiana: podría terminar destripada. Y la reacción social a eso podría llegar a ser muy grave. Recuérdese que la guillotina se inventó en Francia.

En lo tocante a Alemania, lo irónico es que el divorcio del euro no resultará probablemente la panacea que muchos alemanes creen ahora. A medida que el nuevo Marco alemán se dispare hasta niveles del Franco suizo –porque el nuevo Marco se verá como una “moneda fuerte”, un puerto seguro y creíble para flujos de ahorro—, lo más probable es que el empresariado alemán se sirva de su reapreciado Deutschmark para comprar de barato activos europeos.

Una Anschluss [anexión; T.] económica a gran escala. Eso implica trasladar una buena parte de su industria a otros países europeos para aprovecharse de sus menores costes laborales, lo que redundará probablemente en un descenso del nivel de vida del trabajador alemán medio. La cosa terminará por revelarse como una estafa ante buena parte del electorado alemán, que no tardará en percatarse de que, una vez más, ha sido vendido por sus políticos.

Sea ello como fuere, no parece haber final feliz posible aquí. Diríase que Europa entra en la época más peligrosa de su historia desde la II Guerra Mundial.

Nota T.: [1] Por el presidente Hoover, cuyas políticas económicas de austeridad fiscal insensatamente procíclica agravaron la crisis económica de 1929.

* Marshall Auerback, uno de los analistas económicos más respetados de los EEUU, es miembro consejero del Instituto Franklin y Eleanor Roosevelt, en donde colabora con el proyecto de política económica alternativa new deal. 2.0.

Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4381

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=134843

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BoA, en este caso, constrictor constrictor, desde asociacionecoanimal.blogspot.com

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Crisis global

Bancarrota capitalista: se agotaron las aspirinas

Cuando ingresa en su quinto año, la bancarrota capitalista que comenzó a mediados de 2007 avizora su fase más aguda.

Por Jorge Altamira
Prensa Obrera
iarnoticias.com, 27.08.11

Crisis mundial

Se habla ni más ni menos que de la caída del Bank of America, uno de los primeros de Estados Unidos. El Bank of America había absorbido en el primer año de la crisis a rivales como Countrywide -el cual estaba hasta el cuello en créditos incobrables por hipotecas- y se había quedado con otro en el tope del ranking -el poderoso Merril Lynch. Semejantes bocados lo atoraron, debido a las enormes deudas que habían contraído estos bancos para financiar la especulación inmobiliaria.

A esta calamidad, se han sumado las penas y resarcimientos que deberá pagar por el fraude que cometió con otros bancos en oportunidad del ‘defol’ de la mayor aseguradora del mundo, AIG. Por medio de la intervención del secretario del Tesoro norteamericano, el America se hizo pagar los créditos que tenía sobre AIG unas pocas horas antes de que la aseguradora declara la cesación de pagos; el mismo beneficio recibieron otros bancos, como el francés Société Gènerale.

Una caída del America desataría quiebras generalizadas, pero lo mismo ocurriría con las alternativas para salvarlo. Una inyección de capital, del orden de los 60 mil millones de dólares, provocaría una reducción fuerte del precio de sus acciones (superior al derrumbe que ya experimentó: en lo que va del año, sus precios se derrumbaron desde 14 a 7 en el día de hoy, o sea un 50%) y la consecuencia sería una extendida depresión en la Bolsa. Si, como otra opción, declarara una quita del valor de sus préstamos para facilitar su cobro a los clientes, el resultado sería una depresión aún mayor en el mercado crediticio.

La variante que se vislumbra es que sea adquirido por el J.P. Morgan, que para eso requeriría un fortísimo subsidio del Banco Central (FED), en momentos en que la emisión monetaria ha tomado proporciones gigantescas. Según las versiones, “el secretario (del Tesoro) se habría ya comprometido a facilitarle al comprador unos 100.000 millones de dólares con objeto de que la entidad (Morgan) complete la compra”, pero se estima “que el Bank of America requiere una ampliación de capital de 200.000 millones de dólares”. El costo del seguro contra un ‘defol’ del Bank of America ha subido cerca de 500 puntos sobre la tasa que se usa como referencia. Todo lo que se creía sólido se deshace en el aire.

Perdidos en Europa

De mayor alcance es lo que ocurre en Europa. Un banco pequeño de Grecia (de sólo 35 sucursales) tuvo que ser rescatado de la quiebra por parte de cuatro bancos de mayor porte para evitar una corrida de depositantes, que habría noqueado incluso a los grandes bancos de Europa que tienen una fuerte exposición a la deuda estatal y a los bancos de Grecia. El Banco Central Europeo, sin embargo, no aportó dinero a este operativo, porque los bancos griegos agotaron las garantías para acreditar ante el BCE.

El pilotaje lo tuvo que asumir el Banco Central de Grecia, el que sumó así nueva deuda con el BCE, y la enorme deuda pública de Grecia, que es el garante último del Banco Central del país. Este rescate precario e improvisado ha aumentado las dificultades de España e Italia para acceder al mercado de créditos para financiar el pago de la deuda pública. La desvalorización que sufrirá esta deuda afectará fuertemente la solvencia de los bancos acreedores del Estado y la tendencia a una corrida contra ellos. Los bancos españoles están en la primera línea de fuego.

Como resumen general, se constata que los rescates de bancos realizados por gobiernos y bancos centrales a partir de comienzos de 2008 han concluido con una nueva crisis financiera y fiscal aún mayor de los Estados, la cual repercute sobre los bancos que, durante toda la crisis, han especulado con la compra de deuda pública.

Los ajustes fiscales, a partir de finales de 2009, y los despidos, reducciones en la jornada de trabajo y de los salarios golpearon fuerte a la demanda de consumo y de inversión, precipitando una nueva recesión. Estos ataques a los trabajadores aumentaron la tasa de explotación de la fuerza de trabajo por parte del capital, pero acentuaron la insolvencia financiera (la capacidad de repago de los préstamos) como consecuencia de la recesión. Se manifestó, de este modo, la tendencia de la crisis a quebrar las relaciones sociales propias del capitalismo (ausencia de crédito y una nueva crisis monetaria).

De nuevo la madre de todas las crisis: la monetaria

A este regreso de la crisis monetaria responde la suba descomunal del oro (llegó, hace tres días, a cerca de dos mil dólares la onza), mientras el precio del petróleo ha estado cayendo (algo que los analistas consideran relacionado con un horizonte económico recesivo).

El oro no es considerado materia prima, sino refugio del capital bajo la forma metálica. El dinero y el capital se retiran del mercado y de la acumulación ampliada, y se repliegan al atesoramiento.

Al mismo fenómeno responde -aunque no por mucho tiempo- la suba paradójica del precio de la deuda pública de Estados Unidos. Se trata de una forma disimulada de corrida bancaria: ocurre que los poseedores de enormes masas de dinero en forma líquida (4 billones de dólares) las están retirando de bancos y fondos especulativos por temor a una quiebra, para refugiarse en el santuario ‘políticamente seguro’ de la deuda pública norteamericana.

Pero la escasa remuneración que ofrece la compra de deuda pública de Estados Unidos perjudica el negocio bancario, que paga más por los depósitos que recibe que lo que cobra por los títulos del Tesoro que compra con esos depósitos. El resultado es que algunos de ellos (Mellon de Nueva York) han comenzado a desalentar el ingreso de depósitos mediante el cobro de una comisión.

La crisis monetaria ha retornado a la economía mundial, como ocurriera en las vísperas del derrumbe de Lehman Brothers en septiembre de 2008, cuando paralizó el comercio mundial y las transacciones financieras. El mercado monetario, donde se otorgan y renuevan los préstamos de cortísimo plazo (de un día hasta seis meses), ha sufrido una fuerte caída.

Se comienza a hablar de un tercer plan de inyección monetaria para reactivarlo por parte de la FED, pero los principales observadores desechan que pueda tener efectos prácticos: los mercados están llenos de plata, no necesitan que ingrese más -el problema es que ese dinero se movilice. El recurso a la impresión de billetes para rescatar bancos se ha agotado; otra cosa sería que sirviera a un plan económico de conjunto para reconstruir a la sociedad sobre nuevas bases. El capitalismo se enfrenta a lo que procuró evitar: un replanteo político de conjunto. Ingresamos al punto más alto de la crisis.

El choque político

Varios comentaristas han atribuido la ‘politización’ de la crisis mundial a la descalificación, que consideran arbitraria, de la deuda norteamericana por parte de las calificadoras de riesgo. En realidad, estas calificadoras llegaron tarde, si se tiene en cuenta que la deuda de conjunto de Estados Unidos es de 22 billones de dólares ¡un 150% del PBI! El monto suma la deuda federal (14,5 billones); las deudas de Estados y municipios (unos 2 billones de dólares) y la deuda de las agencias hipotecarias del Estado (5 billones y medio). Es impagable a su valor actual.

El voltaje político que hay que asignar a esta rebaja de calificación pasa, antes que nada, por el hecho de que los acreedores más importantes son internacionales -China y Japón-, mientras que el principal acreedor interno es (como en la Argentina K) el Banco Central y los Fondos de Pensiones. La rebaja de calificación desvaloriza la deuda: ‘licúa’, por un lado, los activos en poder de los jubilados y de los consumidores y, por el otro, el de los rivales del exterior.

Estamos ante una presión para que Japón y, en mucha mayor medida, China, revaloricen sus monedas, para que sustituyan así la desvalorización del dólar. Una revalorización de la moneda de China favorecería el comercio de sus competidores y aumentaría la deuda interna en China medida en dólares; lo que desataría una crisis en regla en el país asiático.

China ha respondido con una advertencia política: le exigió a Estados Unidos una reducción de los gastos militares, para pagar la deuda, y botó el primer portaviones nuclear, que Obama cuestionó con una advertencia ‘dura’. China no tiene márgenes: ahora mismo la inflación en el país está creciendo -especialmente y en gran medida en los alimentos básicos, muy sensibles para la población.

Europa atraviesa un proceso de características similares (crisis monetaria y política). Su capacidad para financiar el pago de la deuda pública de sus países se ha agotado; lo mismo vale para los ajustes fiscales. Se ha puesto en marcha una reestructuración insignificante de la deuda de Grecia, que carece de magnitud o profundidad para resolver el ‘defol’.

El reemplazo de las deudas nacionales impagables por una deuda única de Europa, para hacerlas más solventes, solamente cambiaría el asunto si la carga del endeudamiento sustituto la asumieran los Estados más fuertes (Alemania y Francia), pero esto sería equivalente a subsidiar el rescate de sus competidores.

Sólo podrían admitir ese rescate si antes el resto de los países cedieran sus soberanías para que, Alemania en especial, pudieran reorganizar sus economías en función de la industria alemana.

La dimensión de la crisis la dejó ver recientemente el magnate George Soros, cuando planteó que Grecia y Portugal debían retirarse de la zona euro (no sin antes asegurar el pago de deudas y depósitos en euros) para cerrar filas entre los países restantes y de este modo salvar a la moneda común y a la Unión Europea.

Pero esta salida implicaría un ‘defol’ de esos dos países y la quiebra de los bancos acreedores de varios de los Estados acreedores de Grecia. Soros caracterizó una desintegración de la UE como la etapa última y final de la crisis en curso.

Nouriel Roubini, un economista con laureles, la ve de otro modo: es necesaria -dice- una reestructuración de la deuda hipotecaria de Estados Unidos, que saque del ‘defol’ y del desalojo a 11 millones de familias y, en forma complementaria, obligar a los accionistas y acreedores de los bancos que dieron hipotecas a que carguen con las pérdidas correspondientes. A partir de aquí recomienda un fuerte aumento del gasto fiscal para recuperar la demanda.

Que se diga esto, luego de que Obama pactara con los republicanos lo contrario, es un síntoma inconfundible de la violencia de la crisis política que asoma en Estados Unidos. Incluso el multimillonario Warren Buffet reclamó que los ricos paguen más impuestos para financiar un programa de obras públicas. La fase de las opciones políticas en el desarrollo de la crisis forzará a la participación masiva de las diferentes clases de la sociedad.

El núcleo

Las diversas explosiones -tanto económicas como políticas e internacionales- de la bancarrota capitalista se están acercando al núcleo del reactor. La vigencia de un programa de transición que opere como un factor de movilización de masas, entre la situación actual y la meta de la reorganización socialista de la sociedad (que la crisis la paguen los capitalistas), está más clara que nunca.

http://www.iarnoticias.com/2011/noticias/norteamerica/0185_bancarrota_capitalista_25agos2011.html

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Imperativos, by Eneko, from entrenomadas.wordpress.com

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Gobernados por ciegos e irresponsables

Por Leonardo Boff *
Revista Fusión
rebelion.org, 29.08.11

Afinando los muchos análisis hechos acerca del conjunto de crisis que nos asolan, llegamos a algo que nos parece central y sobre lo que toca reflexionar seriamente. Las sociedades, la globalización, el proceso productivo, el sistema económico-financiero, los sueños predominantes y el objeto explícito del deseo de las grandes mayorías es consumir y consumir sin límites. Se ha creado una cultura del consumismo propalada por todos los medios. Hay que consumir el último modelo de celular, de zapatillas deportivas, de ordenador.

El 66% del PIB norteamericano no viene de la producción sino del consumo generalizado. Las autoridades inglesas se sorprendieron al constatar que, entre quienes promovían los disturbios en varias ciudades, no solamente estaban los habituales extranjeros en conflicto entre sí, sino muchos universitarios, ingleses desempleados, profesores y hasta reclutas. Era gente enfurecida porque no tenía acceso al tan propalado consumo. No cuestionaban el paradigma de consumo sino las formas de exclusión del mismo.

En el Reino Unido, después de M. Thatcher, y en USA después de R. Reagan, así como en el mundo en general, va creciendo una gran desigualdad social. En aquel país, los ingresos de los más ricos se incrementaron en los últimos años 273 veces más que las de los pobres, según informa Carta Maior el 12/08/2011. Por eso, no es de extrañar la decepción de los frustrados ante un «software social» que les niega el acceso al consumo y ante los recortes en el presupuesto social, del orden del 70%, que los castiga duramente. El 70% de los centros recreativos para jóvenes fueron simplemente cerrados.

Lo alarmante es que ni el primer ministro David Cameron ni los miembros de la Cámara de los Comunes se tomaron el trabajo de preguntar el por qué de los saqueos en las distintas ciudades. Respondieron con el peor remedio: más violencia institucional. El conservador Cameron dijo con todas las letras: «Vamos a detener a los sospechosos y publicaremos sus caras en los medios de comunicación sin importarnos las preocupaciones ficticias con respecto a los derechos humanos». He aquí una solución del despiadado capitalismo neo-liberal: si la orden que es desigual e injusta lo exige, se anula la democracia y se pasa por encima de los derechos humanos. Y esto sucede en el país donde nacieron las primeras declaraciones de los derechos de los ciudadanos.

Si miramos bien, estamos enredados en un círculo vicioso que puede destruirnos: necesitamos producir para permitir el tal consumo. Sin consumo las empresas van a la quiebra. Para producir, necesitan los recursos de la naturaleza. Estos son cada vez más escasos y ya hemos dilapidado un 30% más de lo que la tierra puede reponer. Si paramos de extraer, producir, vender y consumir no hay crecimiento económico. Sin crecimiento anual los países entran en recesión, generando altos índices de desempleo. Con el desempleo, irrumpen el caos social explosivo, depredaciones y todo tipo de conflictos. ¿Cómo salir de esta trampa que nos hemos preparado a nosotros mismos?

Lo contrario del consumo no es el no consumo, sino un nuevo «software social» en la feliz expresión del politólogo Luiz Gonzaga de Souza Lima. Es decir, urge un nuevo acuerdo entre un consumo solidario y frugal, accesible a todos, y los límites intraspasables de la naturaleza. ¿Cómo hacer?

Existen varias sugerencias: el «modo sostenible de vida» de la Carta de la Tierra, el «vivir bien» de las culturas andinas, fundado en el equilibrio hombre/Tierra, la economía solidaria, la bio-socio-economía, el «capitalismo natural» (expresión desafortunada) que intenta integrar los ciclos biológicos en la vida económica y social, y otras.

Pero cuando los jefes de los Estados opulentos se reunen no hablan de estas cosas. Ahí se trata de salvar el sistema que está haciendo agua por todas partes. Saben que la naturaleza ya no puede pagar el alto precio que el modelo consumista cobra. Ya está a punto de poner en peligro la supervivencia de la vida y el futuro de las próximas generaciones. Estamos gobernados por ciegos e irresponsables, incapaces de darse cuenta de las consecuencias del sistema económico-político-cultural que defienden.

Es imperativo un nuevo rumbo global, si queremos garantizar nuestra vida y la de los demás seres vivos. La civilización científico-técnica que nos ha permitido niveles exagerados de consumo puede poner fin a si misma, destruir la vida y degradar la Tierra. Seguramente no es para esto para lo que hemos llegado a este punto en el proceso evolutivo. Urge tener valor, osadía para cambios radicales, si es que todavía nos tenemos un poco de amor a nosotros mismos.

* Teólogo, filósofo y escritor. Uno de los fundadores de la Teología de la Liberación.

Fuente:http://www.revistafusion.com/201108232219/Opinion/Opinion/gobernados-por-ciegos-e-irresponsables.htm

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=134790

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El mandril y sus dos sentidos, from mewerty.blogspot.com

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Tala y quema como la nueva normalidad: el capitalismo salvaje toma las calles

Por David Harvey *
sinpermiso.info, 14.08.11

El Daily Mail los llamó “adolescentes nihilistas y salvajes”; jóvenes enloquecidos de todos los ámbitos de la vida correteando por las calles e irreflexiva y desesperadamente lanzando ladrillos, piedras y botellas a los policías mientras aquí saqueaban y allá encendían hogueras, jugando con las autoridades al gato y al ratón en una carrera de “agarra-todo-lo-que-puedas” mientras se ‘twitteaban’ para acudir de un objetivo a otro.

Me llamó la atención el uso de la palabra “salvaje” (feral). Me recordó cómo los communards en el París de 1871 eran retratados como animales salvajes, como hienas que merecían ser ejecutadas sumariamente en nombre de la santidad de la propiedad privada, la moral, la religión y la familia, algo que sucedió poco después con frecuencia. Pero entonces la palabra me llevó a otra asociación: a Tony Blair atacando a los “medios de comunicación salvajes” (feral media) que le habían alojado cómodamente en el bolsillo izquierdo de Rupert Murdoch sólo para ser sustituido cuando Murdoch se sacó de su bolsillo derecho a David Cameron.

Veremos por supuesto el inevitable debate histérico entre quienes se inclinan a ver los disturbios como una cuestión de pura, desbridada e inexcusable criminalidad, y quienes ansían contextualizar los hechos contra el telón de fondo de una mala política: el racismo continuo, la persecución injustificada de los jóvenes y las minorías, el desempleo masivo entre los jóvenes, la creciente privación social y una miope política de austeridad que nada tiene que ver con la economía y sí con la perpetuación y consolidación del poder y la riqueza personales. Algunos puede que incluso lleguen a acercarse a condenar tímidamente las características alienantes de los trabajos carentes de sentido de estos jóvenes, características también de su vida cotidiana en el medio del inmenso, pero mal distribuido, potencial para el florecimiento humano.

Con suerte, se formarán comisiones de investigación que repetirán lo que se dijo de Brixton y Toxteth en los años de Thatcher. Y digo “con suerte”, porque los instintos salvajes del actual Primer ministro parecen más inclinados a permitir el uso de los cañones de agua, lanzar los gases lacrimógenos y las balas de goma mientras pontifica grandilocuentemente sobre la pérdida de valores morales, el declive del civismo y el triste deterioro de los valores familiares y la disciplina entre la juventud descarriada.

Pero el problema es que vivimos en una sociedad en la que el capitalismo mismo se ha convertido en algo desenfrenadamente salvaje. Políticos salvajes mienten a su costa, banqueros salvajes saquean las cuentas públicas hasta dejarlas vacías, directores ejecutivos, operadores de fondos de inversión libre y genios de la arquitectura financiera se apoderan de la riqueza, las compañías de teléfonos y tarjetas de crédito cargan misteriosos costes en las facturas de todo el mundo, los tenderos inflan los precios, y, en la cima de la pirámide, los estafadores y artistas del timo juegan el trile en los escalafones más altos del mundo político y empresarial.

Una economía política de desposesión masiva está a la orden del día, una economía política de prácticas depredadoras que han llegado hasta el robo a plena luz, particularmente de los más pobres y vulnerables, de la gente común y de los más desprotegidos legalmente. ¿Todavía cree alguien que es posible encontrar a un capitalista honesto, a un banquero honesto, a un político honesto, a un tendero honesto o a un agente de policía honesto? Sí que existen. Pero sólo como una minoría a la que todos los demás contempla como estúpidos. Espabílate. Consigue beneficios fáciles. ¡Defrauda y roba! Las posibilidades de que te cojan son mínimas. Y en cualquier caso, hay un sinfín de maneras de blindar la riqueza personal de los costes de un proceso por malversación empresarial.

Lo que digo puede sonar chocante. La mayoría de nosotros no lo ve porque no quiere. Ciertamente, ningún político se atreve a decirlo y la prensa sólo tendrá espacio para cubrir de desprecio a quien sostenga esta opinión. Pero me atrevo a pensar que quienes participaron en los disturbios saben exactamente a lo que me refiero. Ellos sólo están haciendo lo que todos los demás, aunque de otra manera: más descarada, más visible y en las calles. El thatcherismo desencadenó los instintos salvajes del capitalismo (los “espíritus animales” del emprendedor, cómo los llamaban con cierto apuro) y no ha surgido nada para frenarlos desde entonces. La tala y quema es abiertamente el lema de las clases dirigentes casi en todas partes.

Ésta es la nueva normalidad en que vivimos. Esto es de lo que la próxima gran comisión de investigación debería ocuparse. Cualquiera, no sólo los alborotadores, debería ser llamado a declarar. El capitalismo salvaje debería ser juzgado por crímenes contra la humanidad así como por crímenes contra la naturaleza.

Tristemente, esto es lo que los inconscientes participantes en los altercados no puede ver o pedir. Todo conspira para prevenirnos de verlo y también de pedirlo. Esta es la razón por la que el poder político se viste a toda prisa con la toga de la superioridad moral y la razón untuosa, para que nadie pueda verlo como lo que es sin ella: algo irracional, estúpido y corrupto.

Pero hay varios rayos de esperanza en el mundo: los movimientos de indignados en España y Grecia, los impulsos revolucionarios en Latinoamérica, los movimientos campesinos en Asia, todos ellos son comienzos de ver más allá del enorme engaño con el que el capitalismo mundial, depredador y salvaje, ha cubierto el mundo. ¿Cuánto tiempo nos llevará al resto darnos cuenta y reaccionar? ¿Cómo podemos comenzar otra vez de nuevo? ¿Qué dirección deberíamos tomar? Las respuestas no son fáciles. Pero una cosa sabemos con seguridad: sólo podemos obtener las respuestas correctas haciendo las preguntas correctas.

* David Harvey es un geógrafo, sociólogo urbano e historiador social marxista de reputación académica internacional. Entre sus libros traducidos al castellano: Espacios de esperanza (Akal, Madrid, 2000) y El nuevo imperialismo (Akal, Madrid, 2004). Actualmente, es Distinguished Professor en el CUNY Graduate Center de Nueva York. Su último libro es A Brief History of Neoliberalism [traducción castellana: Breve historia del neoliberalismo, Madrid, Akal, 2007]. Mantiene un más que recomendable blog: Reading Marx’s Capital blog.

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4371

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