Archivo para mayo 6th, 2011

Girasoles y cuervos, by Vincent Van Gogh, from art-prints-gallery.com

Trigal y cuervos, by Vincent Van Gogh, from art-prints-gallery.com

El sentido de la luna

Por Tom Robbins

I

Vincent van Gogh se cortó la oreja y la envió a Marilyn Monroe.
Marilyn Monroe quedó tan conmovida que abandonó todo -su carrera, su piscina, su bamboleo, su teléfono, su suicidio, todo- y se mudó al sur de Francia para estar con Vincent Van Gogh.
¿Vivieron por siempre felices? No, nadie lo hace. Pero simularon ser por siempre felices. Y como todas las cosas se vuelven lo que simulan ser, la felicidad falsa es tan buena como la auténtica.

II

Vincent Van Gogh se cortó la oreja y la envió a Marilyn Monroe. Cuando desenvolvió el paquete y encontró la oreja, Marilyn Monroe hizo brillar su famosa sonrisa de gato-que-se-tragó-la-banana.
Marilyn Monroe colocó la oreja en una cajita de palo rosa sobre su tocador. De vez en cuando, ella sacaba la oreja de la caja, la acariciaba, la soplaba, la rascaba y soltaba risitas. Una vez enganchó la oreja a una cadena de plata y la llevó a una fiesta. Siempre pensaba en escribir una buena nota de agradecimiento al propietario original, pero nunca llegaba a hacerlo.
¿Fue Vincent Van Gogh un tonto?
Tal vez la tonta fuera Marilyn Monroe. Después de todo, Vincent Van Gogh hizo un gran gesto y Marilyn Monroe lo recibió frívolamente.

III

Vincent Van Gogh se cortó la oreja y la envió a Marilyn Monroe. Unas semanas más tarde el paquete le fue devuelto a Vincent Van Gogh. Le habían escrito REMITENTE FALLECIDO.
Vincent Van Gogh hizo averiguaciones y descubrió que era cierto. En su investigación se enteró de que Joe DiMaggio había ordenado que rosas rojas frescas se colocaran en la tumba de Marilyn Monroe cada tres días, por siempre. No por lo que durase la vida de Joe DiMaggio, nótese bien, no por lo que durasen Hollywood, sus films y sus cementerios, sino por siempre.
Vincent Van Gogh se apoyó contra la mareada corona de un girasol epiléptico. Dijo, “Después del fin del mundo, a Joe DiMaggio le van a devolver algún dinero.”

IV

Vincent Van Gogh se cortó la oreja y la envió a Marilyn Monroe. Ante lo cual Marilyn Monroe se cortó una de sus orejas y la envió a Vincent Van Gogh.
Vincent Van Gogh se cortó el dedo chico del pie y lo envió a Marilyn Monroe. Marilyn Monroe le envió a cambio uno de sus dedos chicos del pie. A continuación, Vincent Van Gogh se cortó un párpado y lo mandó por correo. En el correo de regreso, recibió un párpado de Marilyn Monroe. La amistad entre ambos se hacía cada vez más cálida.
Se intercambiaron anulares, lenguas, ombligos y pezones. Un día, Vincent Van Gogh se cortó el corazón y lo envió rápidamente a Hollywood -pero para entonces Marilyn Monroe se había aburrido de todo el asunto y se había fugado a Tijuana con Warren Beatty.
Vincent Van Gogh quedó destrozado. Sin embargo, no debería haberse sorprendido tanto. Tal es el curso que sigue el amor con frecuencia.

V

Vincent Van Gogh se cortó la oreja y la envió a Marilyn Monroe. Poco tiempo después, Marilyn Monroe voló a París, condujo un auto de alquiler al sur de Francia y buscó a Vincent Van Gogh.
Luego de una apropiada introducción, Marilyn Monroe sacó un paquete de Hostess Twinkies. Como los Hostess Twinkies siempre viajan de a pares; como, al igual que el coyote, el gorila, la ballena asesina y la grulla americana, los Hostess Twinkies se aparean de por vida, había un Twinkie para cada uno de ellos.
Cuando la merienda se acabó, Marilyn Monroe buscó en su costurero, sacó una aguja y un carrete de hilo verde y se puso a coser la oreja de Vincent Van Gogh adonde pertenecía.
“Ya está,” dijo, lamiendo un resto de crema de Twinkie de la comisura de su boca. “Ya está, picarón. Y la próxima vez que quieras cortarte una parte tuya como muestra de afecto deberías tener en cuenta la vieja costumbre judía. Es menos sucia y socialmente más aceptable. No te olvides, orejar es humano, prepuciar es divino.”

VI

Vincent Van Gogh se cortó la oreja y la envió a Marilyn Monroe. La oreja cortada le recordó a Marilyn Monroe una luna creciente, y la contempló durante horas a la luz de la luna.
Telefoneó a Vincent Van Gogh. “¿Tiene algún sentido la luna?”, preguntó.
Vincent Van Gogh consideró la pregunta. Decidió que era tonta.
Albert Camus escribió que la única pregunta seria es si uno tiene que matarse o no.
Tom Robbins escribió que la única pregunta seria es si el tiempo tiene un principio y un fin.
Es evidente que Camus se levantó del lado equivocado de la cama, y que Robbins debe haberse olvidado de poner el despertador.
Existe una sola pregunta seria. Y ella es: ¿Quién sabe cómo hacer que el amor perdure?
Contéstenme eso y les diré si tienen que matarse o no.
Contéstenme eso y los tranquilizaré acerca del principio y el fin del tiempo.
Contéstenme eso y les revelaré el sentido de la luna.

VII

Vincent Van Gogh se cortó la oreja y la envió a Marilyn Monroe. Paul Gauguin estaba horrorizado. “Eso fue de muy mal gusto, Vincent,” dijo Gauguin. “Dentro de unos años, cuando hayas muerto y desaparecido, te recordarán más por haberte cortado tu oreja que por la belleza y la verdad de tu arte.”
Vincent Van Gogh miró a Paul Gauguin por debajo del vendaje y sonrió. “No te preocupes,” dijo. “El arte se cuida a sí mismo. Y lo que el mundo piense de mí cuando haya muerto y desaparecido no me importa. Lo que importa es la vida. Lo que importa es el amor. Yeah.”
Al día siguiente, Paul Gauguin se cortó su esposa y se envió a sí mismo a Tahiti.
“Pobre Gauguin”, suspiró Vincent Van Gogh. “Entendió sólo la mitad de lo que dije.”

VIII

Vincent Van Gogh se cortó la oreja y la envió a Marilyn Monroe. De inmediato lo pensó mejor y cayó en una profunda depresión.
“Oh, ¿por qué fui tan presuntuoso?” se preguntó. “Una oreja es algo muy íntimo. ¿Y qué pasa si a ella no le gustan las orejas? Habría hecho mejor en enviar violetas o fósforo. Debería haber enviado papas, dentífrico o cepillos de un ancho significativo. Esa oreja la ofenderá, lo sé. Oh, tendrían que haberme bautizado Vincent Van Gauche. Lo arruiné todo otra vez.”
En medio de toda esta inquietud, llegó una nota de América. “Estimado Señor,” empezaba. “Muchísimas gracias por la cartera de seda.” Vincent Van Gogh se relajó. Sonrió de oreja a… ¡epa!

IX

Vincent Van Gogh se cortó la oreja. Quería mandársela a Marilyn Monroe, pero no sabía cómo hacerlo.
No podía costearse entregarla en persona. No tenían amigos en común. Y si la enviaba al estudio de cine, una mujer adusta con traje gris por cierto la arrojaría al cesto.
¿Se la confiaría a Railway Express? ¿Al United Parcel Service? ¿A Brink’s?
La oreja de Vincent Van Gogh era su amor. Incapaz de enviarla mediante canales normales, salió al trigal y la envió por cuervo.

* Leída alguna vez en El Porteño, acaso.

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