Archivo para diciembre 11th, 2010

Coal power plant, from coal-is-dirty.com

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Energía y crecimiento

Por Mariano Marzo
La Vanguardia
crisisenergetica.org, 06.12.10

La cumbre sobre cambio climático de Cancún no ha suscitado grandes expectativas. Los mediocres resultados alcanzados en la anterior cumbre de Copenhague han dejado una sensación de frustración, sólo justificable si se desconoce la complicada naturaleza del problema por resolver.

La identidad de Kaya nos dice que el CO2 emitido globalmente por la actividad humana a la atmósfera resulta de multiplicar cuatro factores: 1) el PIB per cápita mundial, 2) la población del planeta, 3) la eficiencia o intensidad energética (que mide cuánta energía necesita el mundo para incrementar en una unidad su riqueza), y 4) el factor de emisión (que informa del CO2 emitido por el mix energético global).

Para que el resultado final de una multiplicación de cuatro factores sea cero, basta con que uno de ellos lo sea. Pero, hoy por hoy, este supuesto es impensable. Lo que sí esta en nuestra mano es tratar de reducir las emisiones de CO2. Para ello, podemos mejorar la eficiencia y promover el despliegue de fuentes de energía limpias en CO2 (renovables y nuclear). Además, el resultado de la multiplicación comentada puede rebajarse mediante el secuestro del CO2, ya sea por medios artificiales o naturales (por ejemplo, inyectándolo y almacenándolo en el subsuelo o evitando la deforestación).

En cualquier caso, las previsiones en el horizonte 2035 contenidas en un reciente informe del Gobierno de EE.UU. (International Energy Outlook 2010) no invitan al optimismo. En los próximos veinticinco años, elmundo podría reducir su intensidad energética a algo menos de la mitad y disminuir ligeramente el factor de emisión de CO2 respecto a los valores del 2007. Sin embargo, estas mejoras se verían ampliamente contrarrestadas por el crecimiento del PIB per cápita (cercano al 100%) y por el aumento de la demografía (próximo al 30%), de forma que, en conjunto, la multiplicación de los cuatro factores de Kaya arroja el resultado de que en el 2035 las emisiones globales de CO2 se habrán incrementado en algo más del 40% respecto a las del 2007.

Lo hasta aquí expuesto puede resultar sorprendente: las actuales políticas de reforma del modelo energético probablemente no serán suficientes para reducir sustancialmente la inyección antropogénica de CO2 a la atmósfera; también se hace necesario cuestionar el actual paradigma de crecimiento económico y demográfico. Una verdad tan incómoda como la predicada por el ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore a propósito de la aceptación de la realidad del cambio climático.

No cabe duda. A la luz de la identidad de Kaya, el análisis de la historia del consumo energético, así como del crecimiento económico y demográfico de la humanidad en los últimos cien años, nos indica que el cambio climático es, en buena parte, consecuencia de un desarrollo económico y demográfico sin precedentes, posibilitado por el uso masivo de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas). Afirmar, como a menudo se hace, que el cambio climático es tan sólo el resultado del uso masivo de dichos combustibles es una verdad a medias. Equivale a culpar a la bala, o la pistola que la dispara, de un asesinato, sin analizar quién aprieta el gatillo.

Ciertamente, el CO2 que (junto a otros gases de efecto invernadero) provoca el actual desequilibrio climático proviene en su mayor parte de la quema de combustibles fósiles, pero no deberíamos olvidar que el uso masivo de estos ha sido requerido por un paradigma socioeconómico basado en el crecimiento global, continuo e ilimitado.

Hoy en día los combustibles fósiles representan alrededor del 80% del mix de energía primaria mundial y sin ellos el sistema se colapsaría. Pero aún hay más: sin carbón, petróleo y gas, el consumo energético mundial no podría haberse multiplicado por un factor cercano a cinco durante el periodo 1950-2000, posibilitando que durante el mismo período el PIB mundial se multiplicara por siete y la población mundial por algo más de dos.

Desgraciadamente, el precio que pagar ha sido que las emisiones de CO2 se han multiplicado por casi cinco durante los cincuenta años considerados.

El principal problema que subyace en la cumbre de Cancún es que el crecimiento exponencial vivido en la segunda mitad del siglo XX se ha repartido de manera muy desigual por el planeta. El desarrollo económico ha beneficiado al 20% de la población mundial que reside en los países industrializados, de forma que estos países acaparaban en el año 2000 cerca del 80% del PIB mundial, mientras que el resto de los habitantes del planeta apenas habían incrementado su consumo energético y PIB per cápita.

Y estos países, liderados por las grandes demografías y potencias emergentes, van a seguir exigiendo cuentas del pasado, sin comprometer ni un ápice su futuro. Algo que en el caso de China e India pasa inexorablemente por el uso de sus enormes reservas de carbón, el combustible más sucio, pero también el más barato.

http://www.crisisenergetica.org/article.php?story=20101206211131986

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Red Eye, by Loco Pro (fijate vos), from devianart.net, by pass: 3sativa3 in taringa.net

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La enfermedad mental

Por Thomas Szasz *
Conciencia Vigilante, April 21, 2009

“La enfermedad mental es coacción disimulada como pérdida de autodominio; la psiquiatría institucional es contracoacción disimulada como terapia. La enfermedad mental es un engaño que realza a uno mismo, una estrategia para autopromoverse. Para la familia y la sociedad del paciente, la enfermedad mental es un problema; para el paciente mismo es una solución. Este es el gran descubrimiento de Freud. Actualmente, los psicoanalistas, hacen caso omiso de esto, y los psiquiatras lo niegan.”

La enfermedad corporal es algo que el paciente tiene, mientras que la mental es en realidad algo que el paciente es o hace. Si la neurosis y la psicosis fueran enfermedades, como la neumonía o el cáncer, sería posible que una persona tuviera a la vez una neurosis y una psicosis. Pero las reglas de la sintaxis psiquiátrica hacen que sea absurdo dar esta combinación diagnóstica. En realidad, usamos las palabras “neurótica” y “psicótica” (y otros términos que se emplean en los diagnósticos psiquiátricos) para caracterizar a las personas y no para nombrar enfermedades.

La enfermedad mental es una definición falsa de un problema relativo a tí mismo y a los demás. No decimos: “Vivo mal. Soy inmoral”; en vez de ello decimos: “Estás confundido. Tu mente no funciona como es debido. Estás enfermo”.

La enfermedad mental es coacción disimulada como pérdida de autodominio; la psiquiatría institucional es contracoacción disimulada como terapia.

Thomas Szasz

La enfermedad mental es un engaño que realza a uno mismo, una estrategia para autopromoverse.

Para la familia y la sociedad del paciente, la enfermedad mental es un problema; para el paciente mismo es una solución. Este es el gran descubrimiento de Freud. Actualmente, los psicoanalistas, hacen caso omiso de esto, y los psiquiatras lo niegan.

Cuando la resistencia de una persona contra la coacción malévola se encuentra en su punto más bajo, cuando ya no puede defenderse de la intrusión del otro, entonces esa persona sufre lo que popularmente se llama una crisis nerviosa; en la jerga psiquiátrica se vuelve psicótica. Entonces, o bien afirma que le están ocurriendo cosas terribles (lo cual es cierto), o que es invulnerable y poderosa (lo cual es una forma de engañarse a sí misma para que la vida sea tolerable), o ambas cosas.

No esperamos que todo el mundo sea buen nadador, jugador de golf, ajedrecista, o tirador; tampoco consideramos enfermos a los malos jugadores. Las actividades que constituyen ser estudiante, padre o madre, trabajador, etc., se parecen en muchas cosas a las que constituyen ser jugador de golf o ajedrecista. Sin embargo, pretendemos que todo el mundo sea competente en los juegos de su propia vida; y a los que juegan mal -a ser marido o esposa, madre o padre- les consideramos enfermos, esto es, enfermos mentales.

Si un hombre nos cuenta mentiras sobre su coche para sacarnos más dinero en la venta, se trata de un comportamiento económico comprensible. Pero si nos miente sobre sí mismo, para llamar más la atención, se trata de una locura misteriosa. A lo primero, respondemos regateando en torno al precio; y, a lo segundo, combatiendo la enfermedad mental.

Gran parte de lo que actualmente pasa por enfermedad mental es en realidad el fruto de la aprensión y el temor. Hablamos de la paga del pecado, que sin duda es real. En justa correspondencia, deberíamos hablar de la paga del miedo: el miedo a ser, el miedo a vivir y a morir, el miedo a equivocarse, el miedo a que nos tengan envidia o lástima, el miedo a ser diferente. La paga de estos miedos son las numerosas autoinhibiciones a las que llamamos enfermedad mental.

Histeria: Sartre dice que la histeria es una mentira sin mentiroso. También podría decirse que el histérico es un mentiroso que no admite ni reconoce sus mentiras.

Fobia
: un tipo de dramatización del ser, como si la persona se dijera a sí misma: “Tengo miedo a X (los gatos, las arañas, estar sola, etcétera), aun cuando no hay ningún motivo para tener miedo a X”. La vida empobrecida de esta persona (que suele ser una mujer) se convierte así en una especie de relato detectivesco, una película de misterio o una función de gran guiñol. Una vida vacía se transforma de este modo, sin esfuerzo o trabajo real, en una vida llena de interesantes peligros, amenazas y terrores. Esto resuelve el problema que tiene el paciente, el problema de qué hacer con su vida: debe protegerse de los peligros que le amenazan.

Hipocondría:
atención exagerada a la propia mala salud (real o fingida). La enfermedad resuelve el problema del aburrimiento y de la elección de carrera: el hipocondríaco es un “Jeremías” (“el profeta llorón”) de su propia fisiología.

Esquizofrènico: adulto joven que teme construir o se niega a ello.

Psicópata o dependiente pasivo: persona que trata de vivir en casa ajena.

Deprimida: persona que desprecia lo que ha construido.

Maníaco:
individuo que enseña su leonera como si fuera un palacio.

Una vez que hemos diagnosticado estas enfermedades mentales, nos ponemos a buscar las enzimas defectuosas o las moléculas torcidas en el cerebro del supuesto paciente. Decimos que andamos buscando las causas de la enfermedad mental. En realidad no tratamos de ver nada, sino que, al contrario, tratamos de no ver las tragedias de la vida que nos miran fijamente a los ojos. Y nos sale muy bien.

La enfermedad mental ccomo falsificación

HISTERIA: la falsificación de la enfermedad. ESQUIZOFRENIA: la falsificación del sentido. PSICOPATÍA: la falsificación del valor. HOMOSEXUALIDAD, TRAVESTISMO: la falsificación del género.

La enfermedad mental como drama

DEPRESIÓN: tragedia. MANÍA: comedia. HISTERIA: melodrama. TRAVESTISMO: farsa.

La enfermedad mental como caricatura

DEPRESIÓN: caricatura de la contrición. HIPOCONDRÍA: caricatura de la preocupación por la salud propia. MANÍA: caricatura del amor y la devoción. PARANOIA: caricatura de la preocupación por la traición, el peligro y la protección. OBSESIÓN Y COMPULSIÓN: caricatura de la escrupulosidad.

Hoy día, especialmente en Estados Unidos, todas las dificultades y todos los problemas de la vida se consideran enfermedades psiquiátricas y, en mayor o en menor medida, a casi todo el mundo se le considera un enfermo mental. De hecho, no es exagerado decir que la vida misma se ve ahora como una enfermedad que empieza con la concepción y termina con la muerte, y que mientras dura necesita a cada paso la ayuda de los médicos y, sobre todo, de los profesionales de la salud mental.

* Thomas Sasz, psiquiatra. El segundo pecado, prólogo de Fernando Savater. Ediciones Martínez Roca, colección Alcor, 1992. [FD, 30/05/2006]

http://www.filosofiadigital.com/?p=375

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