La enfermedad mental
Por Thomas Szasz *
Conciencia Vigilante, April 21, 2009
“La enfermedad mental es coacción disimulada como pérdida de autodominio; la psiquiatría institucional es contracoacción disimulada como terapia. La enfermedad mental es un engaño que realza a uno mismo, una estrategia para autopromoverse. Para la familia y la sociedad del paciente, la enfermedad mental es un problema; para el paciente mismo es una solución. Este es el gran descubrimiento de Freud. Actualmente, los psicoanalistas, hacen caso omiso de esto, y los psiquiatras lo niegan.”
La enfermedad corporal es algo que el paciente tiene, mientras que la mental es en realidad algo que el paciente es o hace. Si la neurosis y la psicosis fueran enfermedades, como la neumonía o el cáncer, sería posible que una persona tuviera a la vez una neurosis y una psicosis. Pero las reglas de la sintaxis psiquiátrica hacen que sea absurdo dar esta combinación diagnóstica. En realidad, usamos las palabras “neurótica” y “psicótica” (y otros términos que se emplean en los diagnósticos psiquiátricos) para caracterizar a las personas y no para nombrar enfermedades.
La enfermedad mental es una definición falsa de un problema relativo a tí mismo y a los demás. No decimos: “Vivo mal. Soy inmoral”; en vez de ello decimos: “Estás confundido. Tu mente no funciona como es debido. Estás enfermo”.
La enfermedad mental es coacción disimulada como pérdida de autodominio; la psiquiatría institucional es contracoacción disimulada como terapia.
Thomas Szasz
La enfermedad mental es un engaño que realza a uno mismo, una estrategia para autopromoverse.
Para la familia y la sociedad del paciente, la enfermedad mental es un problema; para el paciente mismo es una solución. Este es el gran descubrimiento de Freud. Actualmente, los psicoanalistas, hacen caso omiso de esto, y los psiquiatras lo niegan.
Cuando la resistencia de una persona contra la coacción malévola se encuentra en su punto más bajo, cuando ya no puede defenderse de la intrusión del otro, entonces esa persona sufre lo que popularmente se llama una crisis nerviosa; en la jerga psiquiátrica se vuelve psicótica. Entonces, o bien afirma que le están ocurriendo cosas terribles (lo cual es cierto), o que es invulnerable y poderosa (lo cual es una forma de engañarse a sí misma para que la vida sea tolerable), o ambas cosas.
No esperamos que todo el mundo sea buen nadador, jugador de golf, ajedrecista, o tirador; tampoco consideramos enfermos a los malos jugadores. Las actividades que constituyen ser estudiante, padre o madre, trabajador, etc., se parecen en muchas cosas a las que constituyen ser jugador de golf o ajedrecista. Sin embargo, pretendemos que todo el mundo sea competente en los juegos de su propia vida; y a los que juegan mal -a ser marido o esposa, madre o padre- les consideramos enfermos, esto es, enfermos mentales.
Si un hombre nos cuenta mentiras sobre su coche para sacarnos más dinero en la venta, se trata de un comportamiento económico comprensible. Pero si nos miente sobre sí mismo, para llamar más la atención, se trata de una locura misteriosa. A lo primero, respondemos regateando en torno al precio; y, a lo segundo, combatiendo la enfermedad mental.
Gran parte de lo que actualmente pasa por enfermedad mental es en realidad el fruto de la aprensión y el temor. Hablamos de la paga del pecado, que sin duda es real. En justa correspondencia, deberíamos hablar de la paga del miedo: el miedo a ser, el miedo a vivir y a morir, el miedo a equivocarse, el miedo a que nos tengan envidia o lástima, el miedo a ser diferente. La paga de estos miedos son las numerosas autoinhibiciones a las que llamamos enfermedad mental.
Histeria: Sartre dice que la histeria es una mentira sin mentiroso. También podría decirse que el histérico es un mentiroso que no admite ni reconoce sus mentiras.
Fobia: un tipo de dramatización del ser, como si la persona se dijera a sí misma: “Tengo miedo a X (los gatos, las arañas, estar sola, etcétera), aun cuando no hay ningún motivo para tener miedo a X”. La vida empobrecida de esta persona (que suele ser una mujer) se convierte así en una especie de relato detectivesco, una película de misterio o una función de gran guiñol. Una vida vacía se transforma de este modo, sin esfuerzo o trabajo real, en una vida llena de interesantes peligros, amenazas y terrores. Esto resuelve el problema que tiene el paciente, el problema de qué hacer con su vida: debe protegerse de los peligros que le amenazan.
Hipocondría: atención exagerada a la propia mala salud (real o fingida). La enfermedad resuelve el problema del aburrimiento y de la elección de carrera: el hipocondríaco es un “Jeremías” (“el profeta llorón”) de su propia fisiología.
Esquizofrènico: adulto joven que teme construir o se niega a ello.
Psicópata o dependiente pasivo: persona que trata de vivir en casa ajena.
Deprimida: persona que desprecia lo que ha construido.
Maníaco: individuo que enseña su leonera como si fuera un palacio.
Una vez que hemos diagnosticado estas enfermedades mentales, nos ponemos a buscar las enzimas defectuosas o las moléculas torcidas en el cerebro del supuesto paciente. Decimos que andamos buscando las causas de la enfermedad mental. En realidad no tratamos de ver nada, sino que, al contrario, tratamos de no ver las tragedias de la vida que nos miran fijamente a los ojos. Y nos sale muy bien.
La enfermedad mental ccomo falsificación
HISTERIA: la falsificación de la enfermedad. ESQUIZOFRENIA: la falsificación del sentido. PSICOPATÍA: la falsificación del valor. HOMOSEXUALIDAD, TRAVESTISMO: la falsificación del género.
La enfermedad mental como drama
DEPRESIÓN: tragedia. MANÍA: comedia. HISTERIA: melodrama. TRAVESTISMO: farsa.
La enfermedad mental como caricatura
DEPRESIÓN: caricatura de la contrición. HIPOCONDRÍA: caricatura de la preocupación por la salud propia. MANÍA: caricatura del amor y la devoción. PARANOIA: caricatura de la preocupación por la traición, el peligro y la protección. OBSESIÓN Y COMPULSIÓN: caricatura de la escrupulosidad.
Hoy día, especialmente en Estados Unidos, todas las dificultades y todos los problemas de la vida se consideran enfermedades psiquiátricas y, en mayor o en menor medida, a casi todo el mundo se le considera un enfermo mental. De hecho, no es exagerado decir que la vida misma se ve ahora como una enfermedad que empieza con la concepción y termina con la muerte, y que mientras dura necesita a cada paso la ayuda de los médicos y, sobre todo, de los profesionales de la salud mental.
* Thomas Sasz, psiquiatra. El segundo pecado, prólogo de Fernando Savater. Ediciones Martínez Roca, colección Alcor, 1992. [FD, 30/05/2006]
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