Archivo para Enero, 2010

No es cuento lo de El Roto, desde elpais.es

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Residencial y Comercial: Las crisis inmobiliarias están vinculadas pero difieren

Fragmento de Geab N° 37 (17 de septiembre de 2009)

Por el Laboratorio Europeo de Anticipación Política, 27.01.10

Mientras que la crisis de los bienes inmuebles residenciales todavía continúa (incluso en Estados Unidos), es ahora el turno del derrumbe de los inmuebles comerciales; esto no es ninguna sorpresa para los lectores del GEAB, aunque las tendencias difieren por regiones. En ciertos casos, llegó el momento de seguir de cerca la evolución del mercado, para regresar; en otros, hay que huir lo más de prisa posible. De todas formas, las grandes tendencias parecen estar bien afirmadas para el período que va hasta el verano de 2010.

Por todas partes, sin excepción, los precios de los bienes inmuebles (residenciales y comerciales) van a bajar en lo sucesivo. Y, según el Leap/E2020, esta tendencia no cesará en ningún lugar hasta el verano boreal de 2010. En ese momento, es muy probable que las tendencias difieran mucho de lugar en lugar.

En cuanto a los inmuebles residenciales, habrá una prosecución de las bajas en Estados Unidos, el Reino Unido, Irlanda y España así como en los micromercados que se caracterizaron por grandes burbujas inmobiliarias en la última década (Dubai (1), los Países Bálticos, Marrakech, Costa Rica…) (2) a los cuales se añadirá el mercado chino (todavía en fase de expansión artificial gracias al plan de reactivación lanzado por Pekín). Mientras no regrese el crecimiento acompañado por una fuerte recuperación del empleo, estos mercados permanecerán muy deprimidos. Y cuanto más tiempo pase, más los bancos deberán hacer frente a lo inevitable: degradar fuertemente el valor de sus activos en bienes inmuebles. En estos mercados, esto asegura que todavía existe una baja potencialmente muy importante.

En los mercados que no conocieron la locura especulativa inmobiliaria de los años pasados, asistiremos a mediados de 2010 a una estabilización de los precios después de una nueva baja que podrá oscilar entre el 10 y el 20 % de los precios, a fines de este verano boreal de 2009.

Los propietarios saben que los nuevos mercados de inmuebles residenciales deben adaptarse al mercado de compradores (en lugar de al mercado de vendedores como ocurría en los últimos años) (3). Y al respecto si se debe vender, mejor hacerlo hoy que dentro de un año porque los precios bajarán aún más.

Los cambios de los precios de la vivienda en Francia (en negro) y el importe de las transacciones (en verde) (1965 a 2009) - Fuentes: CGEDD / INSEE.

Excepto los casos de urgencia que requieran la compra inmediata de una vivienda es prudente alejarse de toda inversión inmobiliaria con fines de reventa rápida hasta el verano de 2010 en la mayoría de los países europeos, asiáticos y latinoamericanos. En cambio, va a ser el momento de seguir más de cerca la evolución a partir de fines de 2009, para comenzar a prepararse para adquisiciones eventuales después del verano de 2010 (4). En todos los casos, no hay que inquietarse por «evaluar» el piso de los precios porque estos últimos quedarán «pegados al piso» por un tiempo bastante largo, ya que una recuperación económica rápida y fuerte no es factible en este estadio.

En cuanto a los mercados «post-burbujas», trate siempre de vender ahora porque la baja continuará por lo menos durante dos años, con una depreciación comprendida entre el 20 y el 50 % con relación a los precios actuales (sólo los micromercados que entraron en la crisis inmobiliaria en 2008 serán los más afectados). En Estados Unidos, en un contexto de desempleo en aumento y de baja de las rentas, las ejecuciones inmobiliarias continuarán creciendo en número, tocando a nuevas clases sociales (5) (particularmente la clase media favorecida (6)), los precios del mercado inmobiliario siguen una sola dirección: hacia abajo (7).

La evolución del número de ejecuciones hipotecarias en Estados Unidos (2006-2009) - Fuente: DoctorHousingBubble.

Mantenemos más que nunca nuestra recomendación en lo que concierne a las copropiedades: continúe evitándolas porque los estragos económicos de la crisis (pérdidas de empleo, bajas de rentas) las transforman en trampas a causa de las expensas comunes. ¡Cada vez menos copropietarios llegan a hacer frente a las cargas crecientes!

Una peculiaridad de la situación económica actual y que probablemente sea duradera, impone hacer una reflexión más profunda antes de traspasar el patrimonio inmobiliario de padres a hijos. El estado de creciente precariedad de la situación profesional de las generaciones entre veinte y cuarenta años hace necesario reflexionar dos veces, por el propio interés de los hijos, antes de efectuar por ejemplo la transmisión de una vivienda. Los padres, generalmente jubilados, están sujetos a un menor riesgo de embargo inmobiliario que las generaciones más jóvenes, en el contexto de la crisis económica actual caracterizada por despidos y quiebras en aumento. La crisis no terminó aún de hacernos descubrir sus sorprendentes consecuencias.

En cuanto a los bienes inmuebles comerciales, la situación es netamente más simple. De manera general, los precios bajan rápidamente en todos los países. La oferta de oficinas, centros comerciales, tiendas, hoteles, es desproporcionada con relación a la demanda actual, teniendo en cuenta, particularmente, su tendencia a la baja en los próximos años. En Estados Unidos, asistimos a un verdadero hundimiento del mercado de bienes inmuebles comerciales, en proporciones desconocidas hasta hoy (ver el siguiente gráfico). Lo que contribuye por otra parte a dificultar todavía más los ingresos desfallecientes de las municipalidades (8) y, desde luego, agrava los pasivos reales de los bancos estadounidenses (los que deberán que limpiarse algún día (9)). La misma Manhattan es golpeada duramente por esta baja fuerte de los precios y los volúmenes (10).

Evolución del Índice Nacional de Propietarios (inmuebles Comerciales de EE.UU.) (1978 a 2009) - Fuentes: NCREIF / Financial Sense.

En Europa también la factura de los bienes inmuebles comerciales se pone pesada para los bancos y los promotores. En la materia, sus precios en el mundo inician ya la misma curva que la de los inmuebles residenciales de hace dos años: aquella según la cual la baja de precios se acelera. Sobre este mercado, una sola consigna (salvo urgencia): esperar por lo menos un año, posiblemente dos (11).

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Notas:

(1) La población de Dubai disminuyó rápidamente y se espera un descenso del 17% de la población en 2009. Además de los edificios de oficinas vacíos, también hay que esperar una ciudad fantasma en lo que a viviendas se refiere. Fuente: Kippreport / EFG-Hermes, 29/03/2009.

(2) En estos pequeños países dónde hay una fuerte concentración geográfica de los recientes activos inmobiliarios, la situación de todos los mercados «post-burbujas» es muy fácil de descifrar porque se ven allí por todas partes edificios vacíos de vivienda y de oficina, obras detenidas abruptamente… y precios anunciados casi inalterados mientras no hay ningún comprador. Es el efecto «activo en el balance de un banco», que hace que el establecimiento financiero prefiera guardar la ficción contable de un activo a un precio fuerte, en lugar de obtener el ingreso de una venta al 30 % o el 50 % del precio, que fundiría su activo. En los países más grandes, estos mismos activos «podridos» están diseminados en general sobre un territorio vasto y la visualización de la amplitud del problema es más difícil. En ambos casos sin embargo, según nuestro equipo, a más tardar después del verano boreal de 2010, los bancos deberán hacer frente a la realidad del «mundo post-crisis». Y empezar a desembarazarse al precio de mercado de sus carteras inmobiliarias.

(3) Y esto se hace también a menudo en el mercado de locaciones como es el caso de Manhattan, un lugar sin embargo famoso por la rareza de sus apartamentos. En Francia, como en cualquier otra parte, los bancos comprueban una suba constante de los quebrantos vinculados a los préstamos inmobiliarios. Fuentes: Bloomberg, 25/08/2009; Agefi, 01/09/2009.

(4) A este respecto, para nuestros lectores que se interesan por los bienes inmuebles franceses, nos permitimos citar la polémica creciente que rodea las estadísticas francesas en la materia. Hace cerca de dos años, habíamos subrayado la opacidad francesa en este campo con relación a otros países occidentales. La crisis permite visiblemente hacerlo un tema público y es una buena práctica. Fuente: Les Echos, 11/09/2009.

(5) Hasta el gobierno estadounidense debe reconocer que son de esperar millones de nuevas ejecuciones inmobiliarias. Lo que muestra lo dramático de la situación. Fuente: CNBC, 09/09/2009.

(6) Hasta los enclaves más ricos ya son duramente afectados, panorama que ilustra en imágenes Forbes el 25/06/2009.

(7) El artículo de Diana Olick publicado por CNBC el 25/08/2009 ofrece un análisis muy instructivo de lo que se esconde detrás de las «buenas» cifras inmobiliarias del verano. También hay que tener presente que cada verano los índices inmobiliarios suben para seguir luego caminos muy variables según las épocas.

(8) Fuente: SFGate, 24/08/2009.

(9) La dueña de la Corporación Federal de seguros de depósitos (el órgano federal que salva por lo menos a tres bancos a la semana en estos tiempos en Estados Unidos) señaló en una conferencia en Tokio que los bienes inmuebles comerciales harían caer a más bancos que los inmuebles de vivienda en 2009 y 2010. Fuente: MarketWatch, 02/09/2009.

(10) Fuente: New York Times, 09/09/2009.

(11) Incluso cinco años en el Reino Unido, como lo indica el Telegraph de 31/08/2009.

http://www.leap2020.eu/Residencial-y-Comercial-Las-crisis-inmobiliarias-estan-vinculadas-pero-difieren_a4237.html

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Aurora boreal y un meteorito sobre un lago de Canadá, from antwrp.gsfc.nasa.gov

Aurora boreal y un meteorito sobre un lago de Canadá, from antwrp.gsfc.nasa.gov

El HAARP y la bomba del arco iris: cómo acabar con la civilización moderna en menos de un segundo

Existe al menos una manera de terminar con la sociedad que conocemos y enviarnos de vuelta al siglo XIX. Sí, el HAARP tiene algo que ver, pero no lo que muchos creen.

lapizarradeyuri.blogspot.com, 21.01.10

El 9 de julio de 1962, los Estados Unidos realizaban una prueba nuclear en el espacio exterior con el nombre en clave Starfish Prime: hicieron estallar una carga termonuclear de 1,44 megatones propulsada mediante un cohete Thor a 400 km sobre el Océano Pacífico. Por aquellos tiempos ya se sabía que las explosiones atómicas a gran altitud no pueden causar daños directos en tierra, pero presentan unas propiedades especiales que fueron un secreto absoluto durante más de treinta años, hasta el extremo de convertirse en un arma clave para la guerra nuclear sin que el público tuviera ningún conocimiento de ello. Los físicos sí que se lo imaginaban aunque, naturalmente, no dispusieran de los medios para realizar el experimento, que caía dentro de las atribuciones exclusivas de sus compañeros al servicio de las fuerzas armadas. Aunque a partir de 1981 se publicaron numerosos artículos en Science y otras revistas científicas revisadas por pares, fue sólo tras el final de la Guerra Fría –cuando sus posibilidades eran ya un secreto a voces en el mundo académico– que se empezó a hablar públicamente de la cuestión.

“Eran los daños causados por el HEMP, tanto como los debidos a la explosión, el fuego y la radiactividad, lo que ensombrecía todos los estudios detallados sobre la posibilidad de recuperarse después de una guerra nuclear. Sin disponer de esencialmente nada eléctrico o electrónico, incluso en remotas áreas rurales, parecía sorprendentemente difícil que América pudiese recuperarse. La América posterior al ataque, en todos estos estudios, quedaba anclada a principios del siglo XX hasta que pudieran adquirirse en el extranjero equipos eléctricos y componentes electrónicos. Por razones obvias, todo el tema EMP era alto secreto y los seguimientos del Congreso se efectuaban a puerta cerrada. De hecho, ésta es la primera sesión de seguimiento a puertas abiertas que recuerdo.”

Dr. Lowell Wood, director de proyectos avanzados en los Laboratorios Nacionales Lawrence Livermore, en audiencia ante el Congreso de los Estados Unidos, el 7 de octubre de 1999.

No se lo dijeron a nadie, pero Starfish Prime modificó el campo magnético de la Tierra –específicamente, el cinturón interior de Van Allen– y creó un cinturón de radiación a su alrededor que dañó tres satélites. Durante muchos años, hubo que construir los satélites artificales con mayor blindaje debido a este hecho. De manera más notoria, ocurrieron cosas extrañas en las Islas Hawaii, situadas a casi mil quinientos kilómetros de distancia: se fundieron misteriosamente trescientas farolas del alumbrado urbano, se dispararon cientos de alarmas contra robo e incendio aunque no hubiera llegado ni la más mínima vibración, y el enlace interinsular de microondas de una compañía telefónica se quemó. Estas averías fueron reparadas rápidamente, sin dar ninguna explicación.

La Unión Soviética protestó, como era de esperar, aunque sólo uno de sus satélites había resultado afectado marginalmente. Lo que no dijeron los rusos es que ellos tenían ya preparada sus propias pruebas para apenas tres meses después, relacionadas con el estudio de la Defensa Antibalística de Moscú: la serie K, que se hizo estallar en Kazajistán entre octubre y noviembre de 1962, con cinco cargas de hasta 300 kilotones. La tercera prueba de la serie, denominada poco imaginativamente K-3, detonó el 22 de octubre a 290 kilómetros de altitud, no muy lejos de la vertical de Jezkazgan, mientras el resto del mundo andaba ocupado con la Crisis de los Misiles de Cuba. Los científicos soviéticos monitorizaban muy discretamente una línea telefónica aérea de 570 km para medir los efectos de aquella energía secreta que parecía hacer cosas a los sistemas eléctricos a distancias enormes; para ello, la habían dividido en varios sectores de 70 u 80 km., instrumentados independientemente.

Test del Hemp en la URSS.

Test del Hemp en la URSS.

Se puede imaginar su estupor cuando los 570 km quedaron fritos con corrientes de 1.500 a 3.400 amperios, con todos sus fusibles y disyuntores a gas, y con ellos toda la red de líneas secundarias. No sólo eso: también se incendió violentamente la central eléctrica de Karaganda, mientras 1.500 km de cables eléctricos subterráneos entre Astana y Almaty quedaban fuera de servicio, además de una cantidad incontable de daños menores. De nuevo, aquella energía secreta invisible e imperceptible había demostrado su capacidad de dañar gravemente la infraestructura civil y militar a distancias enormes mediante la sobrecarga masiva de los sistemas eléctricos y electrónicos radicalmente indispensables para cualquier forma de sociedad tecnificada.

Al año siguiente, los Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron el Tratado de Limitación Parcial de las Pruebas Nucleares, prohibiendo todos los ensayos excepto los subterráneos, que después suscribiríamos hasta 123 países. La razón fundamental de este tratado fue reducir la cantidad de lluvia radiactiva que estaba ya contaminando toda la Tierra debido a las 331 pruebas atmosféricas norteamericanas, las 200 soviéticas y las decenas de Francia, el Reino Unido y China. Y eso estuvo bien. Aunque también hubo otra razón menos confesable: mantener esta fuerza secreta en la oscuridad, lejos del alcance de cualquier futura potencia nuclear.

Pero, ¿de qué se trataba? ¿Qué clase de fuerza extraordinaria es ésta que puede destruir el sustrato más básico de la civilización tecnológica contemporánea a lo largo y ancho de todo un continente, después de una explosión nuclear en el espacio exterior que ni siquiera llega a verse y mucho menos notarse desde tierra? Porque este arma sólo deja como prueba de su presencia unas luces multicolores bellísimas, muy altas en el cielo, que son en realidad auroras boreales: las luces del fin del mundo. Por eso la llaman la bomba del arco iris.

El pulso electromagnético de gran altitud (HEMP)

Cuando se produce un pico súbito de energía electromagnética, durante un período muy corto de tiempo, decimos que se trata de un pulso electromagnético. Podríamos afirmar que, por ejemplo, un rayo o un relámpago causan pulsos electromagnéticos naturales.

Ya en 1945, durante las primeras pruebas nucleares en Nevada, se blindaron por partida doble los equipos electrónicos porque Enrico Fermi se esperaba alguna clase de pulso de estas características generado por aquellas bombas atómicas primitivas. A pesar de este blindaje, numerosos registros resultaron dañados o destruidos. Lo mismo les ocurrió a los soviéticos y los británicos, que llamaban a este efecto radioflash.

Lo que ocurre es que, en una bomba atómica que estalla cerca del suelo, el pulso electromagnético es pequeño, tiene poco alcance y en general queda dentro del área de destrucción térmica y cinética ocasionada por el arma, con lo que no se detecta a primera vista. Pero en un explosivo atómico que detona fuera de la atmósfera terrestre, en el espacio exterior, este efecto es muy distinto y resulta amplificado a gran escala por el propio campo magnético natural terrestre. ¿Cómo es esto posible?

Esquemáticamente, el Hemp.

Esquemáticamente, el efecto Hemp.

Buena parte de la energía de una carga atómica se libera en forma de rayos gamma instantáneos. Los rayos gamma no son otra cosa que una forma de energía electromagnética de alta frecuencia; esto es, fotones como los que, a frecuencias menores, componen la luz, las ondas de radio o los rayos X. Su emisión es característica en los procesos que afectan al núcleo de los átomos o las partículas subatómicas que los forman. En una explosión nuclear, por tanto, se producen masivamente.

Dentro de la atmósfera terrestre, los rayos gamma resultan absorbidos rápidamente por los átomos del aire, produciendo calor; parte de la devastadora energía termocinética que caracteriza a las armas atómicas se debe precisamente a esta razón. Pero fuera de la atmósfera terrestre, esta absorción no se produce, porque no hay aire ni nada digno de mención que se cruce en su camino: a efectos macroscópicos, viajan por el vacío. Y siguen haciéndolo a la velocidad de la luz, hasta volverse imperceptibles en la radiación de fondo. Algunos de los objetos más lejanos que conocemos son los brotes de rayos gamma, en el espacio profundo, precisamente porque esta radiación puede desplazarse sin muchas molestias a lo largo y ancho de todo el universo.

Sin embargo, en una detonación próxima a la Tierra, la parte de esta radiación gamma que enfoca hacia el planeta viaja a la velocidad de la luz hasta alcanzar las capas exteriores de la atmósfera. Si se ha producido lo bastante cerca (típicamente, entre cien y mil kilómetros), esta esfera de radiación gamma en expansión no habrá llegado a disiparse mucho y billones de estos fotones de alta frecuencia chocan con los átomos del aire, a entre 20 y 40 kilómetros de altitud, cubriendo la extensión de un continente e incluso más. Entonces, se producen dos efectos curiosos.

El primero es que los átomos de la atmósfera resultan excitados y se ponen a liberar gran cantidad de electrones libres de alta energía, por efecto Compton. A continuación, estos electrones resultan atrapados por las líneas magnéticas del campo terrestre y se ponen a girar en espiral en torno de las mismas. El resultado es una especie de “dínamo” gigantesca, del tamaño del planeta, con un “bobinado” (los electrones libres capturados) que gira a la velocidad de la luz.

No giran mucho tiempo, pero da igual. Como consecuencia, se produce un inmenso pulso electromagnético que carga de grandes cantidades de electricidad el aire circundante y la tierra que está a sus pies. Estas cargas eléctricas ionizan intensamente la atmósfera, causando las bellísimas auroras boreales que dan nombre a la bomba del arco iris, y a continuación se abalanzan sobre todo lo que esté a su alcance con un potencial de decenas e incluso cientos de miles de voltios/metro. Especialmente, sobre los sistemas eléctricos y electrónicos.

Típicamente, el pulso así generado tiene tres componentes, denominados –de manera igualmente poco creativa– E1, E2 y E3. Ninguno de ellos tiene la capacidad de dañar de manera significativa a la materia corriente o a las personas. El E3 es un pulso muy lento, con decenas a cientos de segundos de duración, ocasionando un efecto parecido al de una tormentas geomagnética muy severa; tiende a deteriorar o dañar las grandes líneas eléctricas y sus transformadores. El E2 es muy parecido al ocasionado por el relámpago, y resulta fácilmente neutralizado por los pararrayos y otras protecciones similares contra embalamientos energéticos. El E1, en cambio, es brutalmente rápido, casi instantáneo, y transporta grandes cantidades de energía electromagnética; por ello, es capaz de superar las protecciones corrientes contra rayos y otras sobrecargas, induciendo corrientes enormes, miles de amperios, en los circuitos eléctricos y electrónicos que quedan a su alcance: miles de kilómetros de alcance.

Hemp proyectado sobre el área norte continental americano.

Hemp proyectado sobre el área norte continental americano.

El resultado es sencillo: los circuitos, simplemente, se fríen de modo instantáneo por todo el continente. Esto sucede sobre todo en aquellos que están conectados a antenas (pues una antena capta tanta energía electromagnética del aire como puede) y a líneas que actúen de antena (por ejemplo, los propios cables de la red eléctrica). Pero se ha documentado también muchas veces en circuitos apagados y desconectados, pues el pulso es lo bastante intenso para inducir corriente en su interior.

Los microchips de alta integración en los que se basa toda nuestra tecnología presente, desde las grandes instalaciones industriales y energéticas hasta los aparatejos que nos compramos continuamente, son especialmente frágiles ante el componente E1 del pulso electromagnético, que quema con facilidad las uniones P-N por embalamiento térmico, tanto más cuanto más pequeños sean sus componentes. La subsiguiente dislocación de los sistemas SCADA, los controladores PLC y otros elementos clave de los sistemas que garantizan los servicios de la civilización actual puede poner fácilmente a una sociedad contemporánea de rodillas durante las primeras fracciones de segundo de un ataque así, incluso mucho antes de que empiece la guerra de verdad… en caso de que haga falta después de algo así.

Se ha documentado que esta clase de circuitos pueden quedar dislocados con pulsos de 1.000 voltios/metro y la mayoría de ellos resultan destruidos por debajo de 4.000 voltios/metro. Un arma nuclear detonando en el espacio para generar pulsos electromagnéticos puede barrer fácilmente un continente entero con un potencial de entre 6.000 y 50.000 voltios/metro, incluso con potencias explosivas muy bajas, por debajo de 10 kilotones, menos que la primitiva bomba de Hiroshima. Aunque la documentación pública al respecto es ciertamente críptica, parece como si el componente E1 fuese en gran medida independiente de la energía total liberada por el arma (a diferencia del E3, que es directamente proporcional).

El mecanismo del Hemp.

El mecanismo del Hemp.

Debido a la distribución característica de las lineas del campo magnético terrestre, y dado que la generación del pulso es totalmente dependiente de las mismas, su intensidad está relacionada con la latitud. El pulso tiende a ser débil cerca del ecuador e intenso en las latitudes intermedias donde se hallan Europa, Estados Unidos, China, Japón y las áreas más habitables de Canadá y Rusia. Su impacto sería mucho más notorio en sociedades altamente urbanas e industrializadas y menor en las zonas agrícolas subdesarrolladas o en vías de desarrollo. Las ciudades, que dependen de una infinidad de servicios garantizados por estas tecnologías y son prácticamente inhabitables en ausencia de los mismos, sufrirían de manera particular. Toda gran urbe depende de sus suministros y su pujanza económica; la capacidad del pulso electromagnético inducido para desarticular los suministros y suprimir la actividad económica les resultaría letal.

Esto último nos hace observar un hecho singular: las armas de pulso electromagnético podrían ser una opción extraordinariamente interesante para países que se sientan en condiciones de inferioridad tecnológica o industrial respecto a un adversario. En un intercambio de bombas del arco iris, el bando más tecnificado e industrializado sufriría daños y dislocaciones de sus infraestructuras esenciales mucho mayor que el bando menos dependiente de la tecnología avanzada. Si las armas nucleares tienen en general una capacidad igualadora importante, las de pulso electromagnético llevan esta capacidad al extremo. Hipotéticamente, una nación agrícola atrasada y anclada a principios del siglo XIX no sufriría ningún daño por un ataque de estas características, mientras que una nación sofisticada, urbanita y avanzada sufriría pérdidas inmensas y correría grave riesgo de aniquilación.

Efectos del HEMP

“Los automóviles modernos dependen de los semiconductores y los microprocesadores; la posibilidad de que sufran daños catastróficos es, por tanto, extrema. Ninguno de los sistemas militares desprotegidos que hemos sometido a pruebas soportaba más de 10.000 voltios por metro [...] Las tormentas solares, de potencia muy inferior a esta distancia, han provocado cortes de electricidad muy severos. Existen múltiples razones para creer que las partes de nuestros sistemas de comunicaciones basadas en semiconductores, es decir su práctica totalidad, serían extremadamente vulnerables a un ataque EMP. Es razonable afirmar que muchos, si no todos los sistemas informáticos modernos expuestos a campos EMP de 50.000 voltios por metro, desde los portátiles hasta los grandes sistemas, dejarían de funcionar como mínimo. Y la mayoría de ellos se quemarían. Cualquier arma nuclear de cualquier tipo [generará EMP si se detona a la altitud adecuada]”

Dr. Lowell Wood, op.cit.

Durante un intenso ataque de pulso electromagnético de gran altitud (HEMP) un ciudadano corriente sólo notaría al principio que se ha ido la luz. Su sorpresa aumentaría al mirar su reloj (digital) de pulsera, querer usar el teléfono, encender su portátil o descubrir que al menos una parte de los coches y camiones han dejado de funcionar repentinamente y están formando grandes atascos: nada parece estar operativo. En muchas ciudades, que dependen de bombas para el correcto funcionamiento de la red de aguas potables, la presión de los grifos comenzaría a descender (y en otros puntos aumentar, hasta el extremo de reventar las tuberías). El personal de mantenimiento o emergencias que acudiera a reparar las averías e incendios descubriría que sus propios instrumentos están dañados y al menos una parte de sus vehículos inutilizados.

Así reducido ya al estado de un campesino del siglo XIX sin saberlo, es posible que nuestro amigo o amiga pasara sus primeras horas esperando a ver si vuelve la corriente, leyendo a la luz de las velas, jugando con los niños o bajando al bar (donde no funciona ni la cafetera, ni la cocina) para echar la partida sin luz. En este momento, su vida sería aún parecida a quienes experimentaron algún gran apagón. Quienes trabajen o estudien lejos de sus casas tendrían muchos problemas para regresar, y es probable que debieran hacerlo a pie.

Puede que su nerviosismo comenzara a aumentar a la mañana siguiente, al descubrir que todo sigue sin funcionar, que los alimentos del refrigerador comienzan a estropearse y que los cajeros automáticos continúan muertos. Trata de conseguir una radio a pilas, se dirige a la comisaría más próxima o a la junta de distrito a preguntar. Nadie sabe gran cosa. Corre el rumor de que ha habido una guerra. Los supermercados y la mayoría de comercios, desprovistos de cajas registradoras, suministros diarios y controles de stock y personal están en su mayoría cerrados a cal y canto; sólo quedan abiertos algunos pequeños comerciantes, vendiendo el fondo de almacén y sacando las cuentas con lápiz y papel. Se pasa por el trabajo, donde le dicen que no hay nada que hacer hasta que vuelva la luz. Los niños siguen yendo al colegio (si viven cerca), pues para dar clase sólo se precisa tiza y pizarra, pero los profesores andan un poco confundidos.

Cuando pasa por delante de un hospital, se encuentra con largas colas en las puertas de urgencias. Aparentemente, tienen problemas para atender a los enfermos, y no digamos ya cuando se precisa una intervención quirúrgica. Oye decir que se les están agotando los medicamentos más utilizados. Un poco asustado, busca una farmacia abierta para adquirir los fármacos que usa la familia. No se los quieren vender sin receta, y de todas formas algunos ya no quedan. Por todas partes hay vehículos inútiles empujados malamente sobre las aceras y arcenes. Gracias a eso pueden circular ahora unos pocos trastos viejos, anteriores a la era de las centralitas digitales y el encendido electrónico. Pasa un arcaico Land Rover de la Guardia Civil, pidiendo por megafonía a viandantes y vecinos que permanezcan en sus casas siguiendo instrucciones de la Delegación del Gobierno.

Nuestro ciudadano se asusta y decide regresar al hogar. Cuando pasa por cerca de la estación del tren, observa que allí tienen luz eléctrica. Al asomarse, descubre que han conectado una locomotora diésel-eléctrica del año de la tos, a modo de generador. Las modernas máquinas computarizadas para los AVEs y Alaris y demás redes de velocidad alta, en cambio, parecen estar inutilizadas.

En unos pocos días, a nuestro ciudadano ya no le queda comida, ni medicamentos, y el agua potable es de dudosa salubridad. La electricidad sigue sin regresar, pues las fábricas que debían construir los repuestos para hacer millones de reparaciones a gran escala también están destruidas. Se habla de que van a evacuar a la gente al campo. Pero, ¿en qué campos van a meter a los millones de habitantes de las ciudades? Desde la terraza, ve cómo se van formando las primeras colas de refugiados. Sólo entonces comprende que su vida y la de los suyos ha cambiado para siempre, propulsados a un mundo antiguo donde, realmente, ya no sabe cómo sobrevivir.

Esto no son hipótesis. Este es el tipo de daño que vemos en los transformadores durante las tormentas geomagnéticas. Una tormenta geomagnética es una variante muy suave, muy sutil, del llamado componente lento del EMP [E3].

Así que cuando estos transformadores quedan sometidos al [E3], básicamente se queman, no debido al propio EMP sino a la interación del EMP con la operación normal del sistema eléctrico. Los transformadores se queman y cuando se queman así, señor, ahí se quedan y no se pueden reparar. Deben reemplazarse, como usted apuntó, desde fuentes extranjeras. Los Estados Unidos, como parte de su ventaja competitiva, ya no producen grandes transformadores eléctricos en ningún lugar. Toda la producción está deslocalizada en el exterior.

Y cuando quiere usted uno nuevo, lo pide, y entonces hay que fabricarlo y entregarlo. No se almacenan. No hay inventario. Se fabrica, se embarca y se entrega por medios muy lentos y complejos porque son objetos muy grandes y masivos. Vienen despacio. El retraso típico desde que ordena usted uno hasta que lo tiene en servicio es de uno a dos años, y eso es si todo sale estupendamente [y tiene usted dinero para pagarlo.]

Dr. Lowell Wood, en otra comparecencia ante el Senado de los EEUU, 2005.

Uso militar del HEMP: destruyendo la civilización a continentes

“Los soviéticos planificaron un ataque HEMP muy extenso contra los Estados Unidos y otros objetivos [...] Un ataque así causaría billones [europeos] de dólares en daños infraestructurales [...] A finales de la Guerra Fría [...] sólo la Unión Soviética tenía la capacidad de montar ataques EMP contra los Estados Unidos, y muy probablemente lo haría como el primer golpe de una lucha a muerte realizada con medios técnicos protegidos contra EMP. Las respuestas indicadas a cualquier ataque EMP eran bien claras. La capacidad soviética máxima para imponer esos ataques existe todavía en las fuerzas estratégicas de la Federación Rusa, y predigo sin duda ninguna que seguirá existiendo durante muchas décadas [...] Cualquier país que disponga de un arma nuclear del tipo de las utilizadas en la II Guerra Mundial [y un cohete capaz de transportarla al espacio] puede realizar un ataque HEMP.”

Dr. Lowell Wood, op.cit. (1999)

Se ha postulado insistentemente que las armas de pulso electromagnético y otras aún más esotéricas como las de oscurecimiento constituirían el compás de apertura de la guerra nuclear. Un país así atacado a escala continental sufriría grave desarticulación de sus sistemas defensivos, y muy especialmente en sus radares y telecomunicaciones radioeléctricas. Pero, si bien todos los medios militares que se pueden proteger suelen estar protegidos, su efecto sobre la infraestructura civil resultaría tan devastador que un atacante podría optar por utilizar únicamente esta técnica para asestar un golpe terrible sin iniciar una guerra nuclear a gran escala.

Un solo cohete con una sola cabeza detonando en el espacio exterior, lejos de cualquier sistema antimisil del presente o del futuro próximo, puede provocar con facilidad esta clase de efectos a mayor o menor nivel. Hace tiempo que los científicos rusos y chinos publican abiertamente artículos sobre las posibilidades de construir armas de “súper-HEMP”, diseñadas específicamente con objeto de llevar esta clase diferente de destrucción a sus límites teóricos máximos. Para potencias que disponen desde hace décadas de tecnología de armas nucleares avanzadas, misiles balísticos y cohetes espaciales, el coste de tales opciones es ridículamente bajo. Incluso países mucho más atrasados como Corea del Norte podrían llevar a cabo un ataque de este tipo con éxito, lo que seguramente explica algunas realidades presentes de la política internacional.

Curiosamente, un ataque de pulso electromagnético sólo se puede realizar una vez, y luego hay que esperar a que la atmósfera se descargue para repetirlo: cuando el aire está altamente ionizado por la detonación precedente, los siguientes pulsos “se ponen a tierra” y no hacen gran cosa. Por este mismo motivo se prefieren armas de fisión de una sola etapa en vez de armas de fusión multietápicas, o se corre el riesgo de que el pulso generado por la pequeña carga iniciadora debilite los efectos de las siguientes etapas.

Por su capacidad para causar grandes daños en un área inmensa a un coste ridículo, de manera difícilmente evitable y con la hipotética posibilidad de desarticular por completo la sociedad atacada durante un período de tiempo indeterminado, es muy probable que este tipo de armas se utilizaran en cualquier conflicto que escalara al nivel nuclear.

Armas de pulso electromagnético no nucleares

Se han postulado diversas armas electromagnéticas de alcance reducido, con el propósito de realizar ataques selectivos contra una instalación o vehículo determinados. Ya en 1951, Andrei Sajárov y su equipo propusieron en la URSS un cierto generador por compresión de flujo mediante bombeo explosivo, que fue reproducido poco después en el Laboratorio Nacional Los Álamos estadounidense. Los generadores Marx usados en la investigación de los efectos del pulso electromagnético constituyen otra posibilidad, aunque son caros y voluminosos para una aplicación militar en el campo de batalla. Un dispositivo llamado vircator puede convertir con facilidad la energía producida por estos generadores en fuertes pulsos locales, con un alcance de decenas o cientos de metros.

No se ha documentado con claridad el uso de este tipo de armas en guerras reales, probablemente porque están envueltas en un velo de secreto, los sistemas militares suelen estar protegidos contra pulsos y las redes eléctricas civiles se suprimen con más facilidad y de manera más selectiva mediante el uso de bombas de grafito.

Defensa contra pulsos electromagnéticos

Es conceptualmente sencillo proteger una instalación o equipo contra pulsos electromagnéticos, y en ocasiones hasta barato: si la defensa se implementa en la fase de diseño, puede llegar a encarecer el producto final en cantidades tan bajas como un 5% (aunque en otros casos llegue a superar el 100%). Sin embargo, esto sólo es aplicable a determinadas instalaciones y dispositivos, y una protección fuerte contra pulsos electromagnéticos militares presenta numerosos problemas de índole práctica (y económica).

Uno de estos problemas sustanciales radica en que, para proteger una instalación o equipo contra esta clase de ataque, la única aproximación verdaderamente eficaz consiste en encerrarlo en una caja o jaula de Faraday. Sin embargo, una jaula de Faraday perfecta resulta más fácil de decir que de hacer, sobre todo cuando hablamos de instalaciones voluminosas como una central eléctrica o telefónica, una estación de transformación, una refinería o una planta industrial. Entre otras cosas, requiere un costoso mantenimiento constante, para evitar que la humedad, la oxidación o incluso cosas como pequeños corrimientos de tierra que generen grietas en el subsuelo dejen un “paso libre” al pulso.

Otro problema importante radica en que las propias redes (eléctrica, telefónica, incluso la de aguas y alcantarillado…) pueden transportar el pulso con facilidad al interior de la instalación o dispositivo. Todo contacto con el exterior debe estar defendido con componentes dieléctricos, fusibles o disyuntores ultrarrápidos –raros y caros, pues como ya hemos mencionado las protecciones contra el rayo no sirven contra el componente E1 del pulso– o, incluso, mediante el uso de equipos totalmente autónomos situados dentro de la jaula.

Resulta especialmente complicado proteger los dispositivos provistos –externa o internamente– de antenas o de cableados o circuitos que actúen como una antena, dado que la naturaleza de las mismas es precisamente captar tanta energía electromagnética de la atmósfera como sea posible. Esta clase de aparatos quedarán destruidos con facilidad durante un ataque de esta naturaleza, e incluso pueden llegar a incendiarse o estallar. Prácticamente todos los equipos electrónicos que utilizamos cotidianamente y las redes que los alimentan son susceptibles de actuar como una antena.

Investigación de los pulsos electromagnéticos

Los procesos y efectos de los pulsos electromagnéticos de gran altitud se estudian fundamentalmente por dos vías. Una de ellas son los generadores Marx, capaces de inducirlos localmente sobre los equipos que se desea poner a prueba. De esta forma, se pueden descubrir sus efectos sobre cada aparato específico y sobre las protecciones que se les puedan haber implementado. Pese a que estos equipos son costosos y muy voluminosos, son numerosos los países que han trabajado con los mismos: Estados Unidos, la URSS y luego Rusia, China, el Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda, Suiza e Italia.

Para comprender la manera como se generan estos pulsos y otros fenómenos similares de utilidad tanto civil como militar se utilizan las instalaciones del tipo del HAARP, tan del gusto de los conspiranoicos (aunque nunca sean capaces de acertar a qué se dedican realmente, y desde luego no tiene nada que ver con los terremotos). Tanto el HAARP norteamericano (con su potencia de 3,6 MW… hay cadenas de radio que emiten más energía) como la instalación rusa de Sura (190 MW, 53 veces más) o el EISCAT europeo (cerca de un gigavatio total) y algunos otros de menor potencia son equipos de calentamiento ionosférico por radiación electromagnética. Estas instalaciones permiten simular de manera limitada el bombeo de rayos gamma y X en las capas exteriores de la atmósfera característicos de una carga nuclear EMP (y también de un montón de fenómenos naturales, como la radiación solar).

Sin que el mundo lo supiera, las principales potencias han dispuesto durante más de cuarenta años de un arma capaz de acabar con la civilización tecnológica moderna en apenas una fracción de segundo. En vez de corregir discretamente esta debilidad, la evolución de las sociedades y los mercados hacia unas tecnologías cada vez más delicadas y una economía donde se tienden a presionar todos los costes a la baja han magnificado el riesgo de que un ataque así suprima radicalmente los medios técnicos de una nación moderna y la envíe de vuelta al siglo XIX… en un tiempo donde ya nadie recuerda cómo se sobrevivía en el siglo XIX. Al igual que ocurre con las armas nucleares, no hay manera de desinventar el pulso electromagnético; sólo queda protegerse contra él. La pregunta es si queremos. Si queremos pagarlo, claro.

Lee también la adenda a este artículo, con detalles y precisiones importantes (23 de enero).

http://lapizarradeyuri.blogspot.com/2010/01/el-haarp-y-la-bomba-del-arco-iris-como.html

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Actual jefe del Imperio Vaticano, by Batistao, from wordpresscartoon.com

Actual monarca del Vaticano, caricatura de Batistao, from wordpresscartoon.com

Guerra Santa - San Pablo en Iraq y Afganistán

Por Pablo Bilsky
argenpress.info, 28.01.10
vía señalesdelostiempos.blogspot.com

A finales del año 57, Pablo de Tarso escribe la segunda carta destinada a las comunidades cristianas de la ciudad de Corinto, donde cuatro facciones rechazaban su autoridad, y en la que además las mujeres gozaban de una libertad que al feroz converso le producía escozor. Casi dos mil años después, las palabras del santo están inscriptas en las miras telescópicas de precisión de los fusiles que utilizan los soldados estadounidenses en Irak y Afganistán, junto a otras citas bíblicas. No es este el caso de la Biblia y el calefón. Biblia y fusil maridan de maravillas, y desnudan un mismo universo ideológico de atropellos, conquistas y represión.

2Cor4:6”. Parece una suerte de cifra de la bestia, pero tiene pretensiones angélicas. Acaso es posible imaginar que un Marine, piadoso, pose su mirada sobre ese mensaje cifrado, y rece, y se encomiende a Cristo su señor, antes de apuntar y colocar en la mira a “un enemigo del imperio” y disparar. Desde los albores del relato cristiano, cuando apenas estaba escribiéndose, Pablo de Tarso saluda al soldado invasor con las palabras de su epístola virulenta y militante, con la que combatió los excesos de las comunidades cristianas que se desviaban de su mensaje. “Para Dios, quien mandó que la luz brillara desde la oscuridad, ha brillado en nuestros corazones, para dar luz del conocimiento de la gloria de Dios en la cara de Jesucristo”, señala el pasaje de la segunda carta de San Pablo a los corintios, en el Nuevo Testamento y en la mira. Teniendo en cuenta que varios de los modelos de miras que contienen las citas grabadas son para visión nocturna, es obvio que “la luz que brilla en la oscuridad” es la de la tecnología de punta que permite a los invasores salir a cazar enemigos por las noches, con la impunidad que les brindan las sombras. Las miras, efectivamente, como señala el mensaje paulino, “dan luz”, presuntamente para conocer “la gloria de Dios en la cara de Cristo”, y probadamente para meter balas en la cara, la cabeza y otras partes del cuerpo de muchos civiles, incluso niños, de los países invadidos.

El escándalo estalló la semana pasada en Estados Unidos, cuando se conoció, a través de un informe de la cadena ABC, que las miras telescópicas de los rifles empleados por los soldados estadounidenses y las fuerzas especiales en Irak y Afganistán, tienen grabadas citas del Nuevo Testamento. Los equipos fueron provistos por la empresa contratista Trijicon, que tras la revelación anunció que dejará de grabar esos mensajes, “luego de 30 años de hacerlo sin quejas”, según señaló la firma. El Pentágono minimizó primero el asunto, pero luego, cuando se expresó preocupación incluso desde dentro de las filas del propio ejército, señaló que iban a “evaluarlo”. Finalmente, la compañía se comprometió a borrar las citas, que están grabadas en de más de 300 mil miras. Todo sea para evitar que no se caiga el multimillonario contrato.

Otra de las citas se presenta bajo la cifra “JN8:12”, en referencia a San Juan 8:12. Y aquí también se juega con la luz y la oscuridad a través de un enunciado de Jesús: “Yo soy la luz del mundo: quien me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida”.

Pero más allá de la macabra ironía que subyace a estos planteos que hablan de la vida y la luz en instrumentos para matar en la oscuridad, los mensajes bíblicos marcan una continuidad absoluta, coherente y lineal entre el agresivo proselitismo de Pablo, quien configuró buena parte de los rasgos que caracterizaron a la Iglesia Católica como institución poderosa, triunfante e imperial, y la utilización que hoy hace de ese mensaje el imperio estadounidense, que mucho tiene que aprender del poder avasallante de la milenaria institución que pasó de ser una minúscula y perseguida secta a dominar buena parte del mundo.

El proselitismo de Pablo, sutilmente violento, se ubica en un período fundacional y decisivo de la historia de la Iglesia Católica, que se lanzará luego a la conquista del mundo, y no sólo con las armas de la retórica paulina. La Iglesia “eligió la fuerza y el dominio”, como lo señala el teólogo Jacques Ellul en La subversión del cristianismo, donde estudia el proceso de tergiversación que se operó en esa institución, que desestimó la prédica de los primeros cristianos para convertirse en algo completamente distinto.

La ciudad de Roma es testigo y monumento de este proceso de conquista, y del posterior triunfalismo. Allí, pueden observarse los antiguos monumentos paganos “intervenidos” por el triunfalismo cristiano: crucifijos, imágenes de santos, símbolos cristianos superpuestos, adosados, pegados sobre las marcas de un pasado derrotado y aplastado. En la propia arena del Coliseo, donde los cristianos servían de alimento a las fieras, se erige hoy, erecta y triunfal, una enorme cruz. El Vaticano es en sí mismo un fastuoso monumento a la cristiandad triunfante, que pasó de ser pobre y sojuzgada a ser rica y sojuzgar. Tanto glamour, riqueza y fasto contrastan con las modestas marcas de los primeros cristianos. Las catacumbas, cuevas bajo tierra, también están en Roma, pero a las afueras, marginadas y confinadas a la prehistoria de la institución. Como quien, desde su nueva casa de rico, se olvida de su humilde pasado.

El Imperio católico es el molde ideológico, el ejemplo a seguir, para todo imperio que se precie, para toda reacción, para toda ideología conservadora. Por su duración, por la manera espectacular en que sus militantes pasaron de perseguidos a perseguidores, adosándose al poder de turno hasta devorárselo. Tras el proselitismo de los primeros apóstoles, vinieron luego las conversiones masivas de los sajones en la época de Carlomagno, por sólo tomar un ejemplo de la larga historia de prepotencia. Aunque nunca le faltaron competidores de fuste, la Santa Inquisición, para tomar otro ejemplo, hizo escuela en las técnicas de tortura. Sus aportes en la materia, dentro de la historia de Occidente, sólo son comparables, en épocas más recientes, con los de los franceses (país campeón de la cristiandad europea), y con la Escuela de la Américas de Panamá, donde actuaron instructores estadounidenses.

Ego sum lux...

Ego sum lux...

La distancia entre las guías ópticas avanzadas de combate (ACOG, por su sigla en inglés) de Trijicon y las cartas de San Pablo puede parecer enorme en término de años, pero ideológicamente, en cuanto a las estructuras discursivas, no lo es. Son apenas distintos avatares de la misma concepción del poder, de una estructura represiva, avasallante, que arrasa todo a su paso para perpetuarse y crecer negando la otredad. Para pensar en las conversiones forzosas, las torturas y el genocidio de civilizaciones enteras no es necesario cruzar el Atlántico. La historia de América fue marcada por la barbarie de la conquista europea, y el papel de la Iglesia Católica en la masacre fue decisivo.

Ante el descubrimiento de los mensajitos en las miras, en Estados Unidos se habló de violaciones a la Constitución. “Viola varias leyes federales”, señaló Michael Weintein, que pertenece a la Military Religious Freedom Foundation, grupo que lucha por preservar la separación entre Iglesia y Estado dentro del ejército, según reprodujo el diario Página/12.

Los propios militares estadounidenses le dieron al asunto una interesante interpretación que también remite a cuestiones históricas, se señala en el portal estadounidense Alternet. El general David Petreus, jefe del comando central encargado de las operaciones militares en Irak y Afganistán, señaló que le preocupa que este hecho alimente la percepción en países musulmanes de que Estados Unidos está realizando “una Cruzada”.

No vaya a ser que a alguien se le ocurra pensar en las célebres Cruzadas contra el Islam. Hubo seis entre 1095 y 1270, fueron pioneras de la economía globalizada, y consagraron además la utilización a gran escala de presuntos motivos religiosos o morales como tapadera de otros fines, políticos, económicos y nada espirituales.

Porque la cuestión de la Guerra Santa es todavía hoy motivo de disputa entre cristianos y musulmanes que se acusan mutuamente de ser los inventores. Es notable, en este punto, como a contrapelo del sistemático ocultamiento de las influencias musulmanas sobre otros aspectos de la civilización europea (influencia decisiva en el arte del Renacimiento, por ejemplo), sí se señala a la jihad y la ribad del Islam como inspiradoras del Catolicismo armado, la cruz y la espada, el ejército de los Papas y las invasiones de la Iglesia devenida poder imperial.

Mientras las ACOG y las balas trazantes regalan ominosa luz a la oscuridad de Irak y Afganistán, el imperio estadounidense sigue pretendiendo ser un ejemplo de “democracia y libertad” para el mundo. Y la Iglesia Católica, con su tradición de violencias, atropellos y sexualidad patológica, y su presente de escándalos por abusos sexuales, sigue erigiéndose en autoridad moral.

http://senalesdelostiempos.blogspot.com/2010/01/guerra-santa-san-pablo-en-iraq-y.html

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Argentine Flag, from taringa.net

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Honrar la deuda

Por Eduardo Barcesat *
sinpermiso.info, 17.01.10

Si hay una frase poco feliz, en el caso argentino, es esta de «honrar la deuda», porque pareciera que debiésemos estar agradecidos de no poder hacer otra cosa que introducir ajustes continuos, llevar al pueblo a la desesperación, generando una situación de genocidio económico y político, en función de atender los intereses expoliadores del capital financiero. Francamente ridículo. La frase que, inversamente, proponemos, es la de «examinar y revisar la deuda».

Es tiempo de concluir si somos realmente deudores de los países centrales y de los polos financieros internacionales. Hay que salir, también, de las formulaciones esquemáticas y antitéticas de «honrar la deuda» o «no pagar la deuda».

Concretamente, proponemos que el Gobierno Nacional encomiende, v.g. a la Federación Argentina de Colegios de Abogados, o a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, el diseño de una acción judicial por la que se someta a revisión, ante un tribunal internacional, competente, independiente e idóneo, el contralor de validez de la llamada deuda externa argentina. En principio, proponemos que ese tribunal sea la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Esquemáticamente, el contralor de validez de un acto jurídico –como lo es toda contratación de un empréstito público-, comporta el examen de hallarse satisfechos tres requisitos, a saber: a) competencia del órgano que dispuso contratar el empréstito; b) procedimiento adecuado conforme el orden jurídico de aplicación; c) razonabilidad del contenido del acto jurídico.

En la terminología de nuestra Corte Suprema de Justicia de la Nación, a los dos primeros requisitos se los denomina control de legalidad, y al tercero, control de razonabilidad. En todos los casos se trata del examen de validez de los actos jurídicos; esto es, de su existencia, de su imperatividad o carácter coercible. Y bien, preguntamos: ¿Cuál es el órgano competente y el procedimiento adecuado para un acto jurídico que refiere a la contratación de empréstitos por la Nación Argentina? La respuesta se encuentra, desde luego, en la Constitución Nacional, y es: el Congreso de la Nación y a través de una ley o resolución que corporice la expresión de voluntad del Poder Legislativo.

El segundo paso es preguntarse: ¿Cuántos de los actos de contratación de empréstitos han sido celebrados por el órgano competente y mediante el procedimiento adecuado? Es difícil realizar una respuesta totalizadora, pero creemos estar en lo cierto si afirmamos que muy pocos actos de la deuda externa argentina han sido concertados con intervención del Congreso de la Nación. Inversamente, la mayoría de los actos que conforman la deuda externa argentina han sido realizados por usurpantes –asaltantes- del poder político, o por funcionarios inferiores dependientes del Poder Ejecutivo Nacional.

La sola insatisfacción de estos dos requisitos sustantivos de la validez de los actos jurídicos, signa, en nuestro criterio, la nulidad absoluta e insanable de los actos de contratación de la deuda. Esta calificación de nulidad absoluta e insanable tiene suficiente sustento en la doctrina constitucional incorporada tras la Reforma del año 1994 en el nuevo art. 36 de la Ley de Leyes. Conforme esa doctrina no sólo es insanablemente nulo el acto usurpativo de desplazamiento de la Constitución y de los poderes establecidos conforme ella, sino todos los actos subsecuentes incurridos por el usurpante del poder político.

Se dirá –suerte de teoría Baglini (1)- que si los gobiernos constitucionales han convalidado dichos actos realizados por los usurpantes, más allá de la torpeza institucional de así haber procedido, tal convalidación sanea la incompetencia del órgano y la inadecuación del procedimiento seguido para concertar el acto jurídico. Esto es, que si las leyes de presupuesto de la Nación contenían pagos de intereses y servicios de la deuda pública, la aprobación de las mismas configura el saneamiento del acto viciado.

En nuestro criterio, la teoría Baglini padece de un insoportable error epistemológico, cual es el de entender que aquello que es nulo de nulidad absoluta e insanable, puede ser saneado por la autoridad competente. Sería lo mismo que sostener que un arresto de un habitante de la Nación Argentina, con invocación del estado de sitio, incurrido por un usurpante del poder, pueda considerarse convalidado si, al iniciarse la transición democrática, no se persigue, penal y patrimonialmente, al autor responsable de la privación de libertad. La privación de libertad incurrida por un usurpante es insanablemente nula.

También es insanablemente nula la contratación de empréstitos externos realizada por un usurpante. Porque una autoridad extranjera, nación, banco o entidad monetaria, no está sometida al poder y a la fuerza que despliega el usurpante. Contrata, por tanto, con un ladrón –ladrón del poder político-, a conciencia de su condición delincuencial. Debe asumir las consecuencias de su complicidad y connivio con el ladrón político. De modo que los dos primeros requisitos de la validez de los actos jurídicos están signados por la falta de competencia del órgano e inviabilidad de los procedimientos seguidos para la producción del contrato. Bastaría con el control de legalidad para tumbar, seguramente, la mayor parte de la deuda externa argentina.

Veamos el tercer requisito: el de la razonabilidad de los contratos. Aquí coexisten elementos normativos y de examen macroeconómico. Entre los elementos normativos que deberá ponderar el tribunal internacional, obran los compromisos contenidos en el Preámbulo constitucional, en su art. 75, inc. 19 –nueva cláusula del progreso, que incorpora la noción de desarrollo humano y social-, y los tratados internacionales de derechos humanos incorporados con jerarquía de cláusula constitucional (art. 75, inc. 22, C.N.), entre los que debe destacarse la formulación del punto 2.2 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que sostiene que ningún pueblo puede ser privado de aquello que es indispensable para su subsistencia. A estos elementos de nuestro derecho interno deben sumarse los pronunciamientos, declaraciones y tratados internacionales que refieren a la independencia económica y al derecho al desarrollo de los pueblos.

En el examen macroeconómico debe investigarse, tal como lo ha hecho John Kenneth Galbraith, cuánto remesan, por año, los países del Tercer Mundo hacia los países centrales, bajo la forma de pago de royalties, licencias, transferencia de tecnología, know how, y cuánto reciben, en igual período bajo la forma de empréstitos externos. La proporción, según este renombrado economista, es que por cada dólar que se recibe bajo la forma de empréstito, el país subdesarrollado remesa, en el mismo año, de dos a tres dólares, por la dependencia tecnológica. En sencillo, que hemos pagado, y más de una vez, nuestra deuda externa.

El mismo autor, en su examen sobre el panorama de la economía del Siglo XX, expresa su asombro por el distinto trato brindado, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, a los países vencidos, respecto del que se aplica a los países deudores. No sólo que no se les cobraron las cuantiosas indemnizaciones por los daños de guerra, sino que se invirtieron sumas ingentes para reconstruir las economías de Alemania, Italia y Japón. ¿Por qué a los países del Tercer Mundo, que han provisto de recursos y riquezas a los países ricos y desarrollados, se les aplica una política mucho más dura que a los que desataron la devastación mundial?

Mientras un gobierno, francamente estupidizado y que se acredita como mera clase gerenciadora de los intereses del gran capital financiero, nos sumerge, cotidianamente, en condiciones insoportables de calidad de vida, excluyendo y marginando de la vida digna a un número creciente de nuestros compatriotas, una verdadera epopeya libertaria nos aguarda. Se trata de nuestra segunda independencia. Esta batalla no se libra con las armas, sino apropiando el herramental jurídico. Su norte está definido en los preámbulos de los Pactos Internacionales incorporados por la Reforma Constitucional (año 1994) «…seres humanos libres respecto del temor y de la miseria…»

Nota: (1) Raúl Baglini, ex líder de la bancada de la UCR durante el gobierno de Raúl Alfonsín.

* Eduardo Barcesat, como abogado fue un destacado defensor de los Derechos Humanos durante la dictadura militar, actualmente es profesor de la Facultad de Derecho, UBA.

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Rescates bancarios y planes de estímulo, por su cuenta.

Rescates bancarios y planes de estímulo, por su cuenta.

CASI 1.900 DÓLARES PER CÁPITA

La factura de los rescates públicos asciende al 21% del PIB mundial

El coste de los rescates bancarios y los ingentes planes de estímulo aplicados por los gobiernos para combatir la crisis asciende a 13 billones de dólares, el 21,12% del PIB mundial (61,5 billones en 2008). Una deuda adicional de 1.897 dólares por cada niño, mujer y hombre del planeta.

Por Manuel Llamas
libertaddigital.com, 28.01.10

La intervención de los gobiernos, bajo la excusa de rescatar al sistema financiero internacional y combatir la recesión económica, ha supuesto un desembolso de dinero público histórico.

El coste de los rescates bancarios y la aplicación de los planes de estímulo asciende a 13 billones de dólares hasta 2009. Esta cifra equivale al 21,12% del PIB mundial (61,5 billones de dólares), de modo que la intervención pública supone una carga adicional próxima a los 1.900 dólares por cada ser humano del planeta. Y ello, sin contar con las inyecciones extraordinarias de liquidez aplicadas por los principales bancos centrales.

En concreto, los rescates bancarios por parte de los gobiernos (empleando dinero del contribuyente) asciende a 3,6 billones de dólares (el 5,73% del PIB mundial) o, lo que es lo mismo, 515 dólares per capita. Mientras, los planes de estímulo suman 9,4 billones de dólares (el 15,39% del PIB mundial), equivalente a 1.382 dólares por ser humano, según un estudio elaborado por Grail Research and de Luxe & Associates, para la prestigiosa Harvard Business Review.

Según el informe, casi el 75% del rescate bancario ha sido llevado a cabo por los países occidentales, es decir, EEUU y las grandes potencias europeas. En este caso, el coste de salvar el sistema financiero haciendo uso del gasto público ha sido del 7,8% del PIB conjunto de dichos países.

Islandia lidera el ranking de esfuerzo público para sostener en pie su banca tras destinar el 76,2% de su PIB a esta tarea, seguido de Irlanda (48,3%), Letonia (33,6%) -junto a otros países del Este como Hungría (20,6%)-, Reino Unido (19,3%), Rusia (14,2%), Emiratos Árabes Unidos (12,2%), EEUU (7,3% del PIB), España (5,2%) y Alemania (5,1%).

En cuanto a los planes de estímulo, por encima de todos destaca Arabia Saudí (85%) y China, cuyo Gobierno ha destinado el 46,7% de su PIB a estimular la economía mediante un ingente plan de gasto público, según los autores del informe. Le siguen Sudáfrica (29,3%), EEUU (34,6%) y Japón con el 13,9% del PIB. El plan de estímulo aprobado por el Gobierno español hasta 2009 asciende al 5,3% del PIB, indica el informe.

Sin embargo, tras este dispendio, las cuentas estatales comienzan a indigestarse como consecuencia de la absorción de los activos tóxicos de la banca y los planes de estímulo económico, según reconoce el propio Banco Central Europeo (BCE).

Pese a ello, ante el temor de que la recuperación adopte una forma de W (doble recesión), el Fondo Monetario Internacional (FMI) anima en su último informe a seguir manteniendo los planes de estímulo en 2010, con lo que la factura global de la intervención pública para combatir la crisis podría llegar a ser superior en los próximos meses.

Por el momento, los gobiernos han gastado con el dinero de los contribuyentes la quinta parte de la riqueza mundial. Una deuda adicional de 1.900 dólares por cada niño, mujer y hombre del planeta.

http://www.libertaddigital.com/economia/la-factura-de-los-rescates-publicos-asciende-al-21-del-pib-mundial-1276382870/

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