Archivo para Mayo 4th, 2009

Tackle a la tecla, desde la wiki.

Tackle a la tecla, desde la wiki.

Maldesarrollo y desglobalización

Por José María Tortosa, diciembre de 2008
Instituto Universitario de Desarrollo Social y Paz, Universidad de Alicante, iudesp.ua.es
vía globalizacion-desarrollo.blogspot.com

Francis Bacon, en su Novum Organum, intentó clasificar, por su origen, las distintas formas con que los humanos tendemos a engañarnos sobre la realidad de las cosas. Las llamó “idola”, imágenes falsas, prejuicios, errores sistemáticos. Denominaba “idola fori” a los que se derivan del uso del lenguaje en el foro, la plaza pública o mercado, producidos por la interacción humana, y decía que podían ser, a su vez, de dos tipos: los producidos por palabras que no se referían a ninguna cosa real y los que tenían que ver con palabras que, aunque sí tenían un referente empírico, eran confusas, mal construidas y basadas en una mala observación de las cosas. Eran “idola queae per verba intellectui imponuntur”, que se imponen al intelecto mediante las palabras. Las palabras desarrollo y globalización han podido ser ejemplos de “idola fori”.

Las dos palabras tienen algunos elementos en común. En primer lugar, que generan sentimientos sea de aceptación entusiasta o rechazos directos, como es el caso de los “altermundialistas” con lo que llaman “globalización neoliberal”. En segundo lugar, para ambas palabras disponemos de una panoplia de definiciones contradictorias o, por lo menos, de difícil encaje mutuo, lo cual resulta notable visto lo dicho en primer lugar: no deja de ser curioso que los entusiasmos y aversiones se produzcan sobre palabras que no tienen una única definición. En tercer lugar, desarrollo y globalización, vista su polisemia, tienden a presentarse acompañadas de especificaciones que, en lugar de reducir la confusión, la incrementan. Desarrollo económico, local, ecodesarrollo, codesarrollo, desarrollo humano, desarrollo social y así sucesivamente van en paralelo con globalización económica, globalización neoliberal, globalización petrolera, globalización financiera por citar unas pocas. Bacon diría que son palabras que se refieren a cosas, pero que son “confusa et male terminata”. Y éste es el cuarto elemento que tienen en común: como “idola forisus posibles referentes empíricos han cambiado hasta el punto que han generado un léxico alternativo: maldesarrollo (por lo menos desde mitades de los años 80 –aparece en el título de un libro de Samir Amin–) y desglobalización, que ha sido usado desde hace pocos años por Walden Bello o Alfredo Jalife-Rahme y que ahora tiene mucha más actualidad. Probablemente, porque ambas palabras reflejaban un interés, tal vez no consciente y sistemático, pero no por ello menos real, por parte de los países del centro, de trasmitir unas determinadas reglas del juego que satisficiesen los intereses de las élites mundiales.

Intentando agrupar los numerosos significados que se le ha dado a la palabra globalización, parece ser que se ha referido, básicamente, a tres grandes capítulos: primero, a un proceso histórico mediante el cual una determinada manera de organizar la vida social (economía, política, desigualdad) acabó ocupando todo el Planeta y, al hacerse planetaria, se llamó “global” en inglés cuando en castellano mejor hubiese sido llamarla “mundial”. Segundo, a una determinada idea (que muchos califican de ideología en el sentido de falsa conciencia) de cómo funciona el mundo en general y su economía en particular, con un mercado único, con un flujo irrestricto de los factores de producción (se llega a decir que también de la mano de obra) y con una reducción del papel de los Estados en esta nueva época, para muchos nueva en la historia de la Humanidad. Tercero, la palabra globalización también se ha referido a una serie de recetas de política económica conocida también como “consenso de Washington” que venía a resumirse en el eslogan “menos Estado, más mercado”. Un proceso, una visión del mundo y una política económica… tres referentes que han entrado en crisis.

El proceso de expansión porque se han alcanzado los límites geográficos, sociales y ecológicos. Ya no hay manera, en la práctica, de resolver problemas internos del sistema mundial recurriendo a ulteriores expansiones, incorporación de nuevos territorios, salarización, extracción de materias primas y contaminación del medio ambiente. Desde ese punto de vista, el sistema estaría muriendo de éxito, aunque es pronto para afirmarlo con certeza. La visión del mundo que se acompañaba con el TINA de Margaret Thatcher (“There Is No Alternative”, no hay alternativas) tiene ahora alternativas claras, algunas más fuertes (las de los neoconservadores) y otras más débiles (como las representadas por los Foros Sociales, el “altermundialismo” y algunas experiencias latinoamericanas actuales). Efectivamente, ya no se puede negar que “otros mundos son posibles” (y el uso del plural es consciente). Finalmente, el llamado “consenso de Washington” (denominado así porque era el conjunto de políticas que emanaban del centro hacia la periferia), ha perdido aceptación, en particular a partir de las políticas puestas en práctica por países centrales y países emergentes (en algunos periféricos ya se estaba haciendo) en el contexto de la crisis financiera iniciada en 2007 y que se ha ido extendiendo a las economías más ligadas a la estadounidense. El proceso de globalización se ha detenido, la visión del mundo “global” ha sido desafiada con relativo éxito y las políticas del “consenso de Washington” pasaron a la historia. Se trataría, entonces, de una etapa de desglobalización o, si se prefiere, de que el uso de la palabra globalización se reduciría en la medida en que sus referencias empíricas han entrado en crisis. Crisis que no tiene por qué ser terminal. De hecho, algunos de los sentidos que se han dado a la palabra globalización se referían a cosas que ya sucedieron en otras épocas que, obviamente, terminaron y fueron seguidas de su correspondiente desglobalización que ha llevado a esta globalización que ahora finaliza. Los ciclos no habían muerto.

Si la palabra globalización comienza a usarse en esos sentidos, más o menos, a finales de la presidencia de Ronald Reagan, alcanzando su máximo bajo Bill Clinton, la palabra desarrollo, en su sentido de crecimiento económico programado y perseguido, es más antigua. Se usa sobre todo a partir del Punto Cuarto del discurso de Harry Truman en su toma de posesión como presidente de los Estados Unidos en 1949. Se refiere a una determinada situación, a un determinado objetivo a perseguir y/o a unos determinados medios que se pueden aplicar para salir de la situación contraria (“subdesarrollo”) y llegar a la deseada (“desarrollo”). El contenido empírico de esa situación, objetivo y medios difiere de un autor a otro y de una circunstancia a otra, oscilando desde las versiones más economicistas que lo identifican únicamente con el crecimiento del Producto Interno Bruto a las más complejas del desarrollo a escala humana, necesidades básicas, nuevo orden internacional, desarrollo humano, ecodesarrollo o codesarrollo como ya se ha dicho.

También aquí ha habido oscilaciones que podrían medirse hasta en el número de asignaturas que llevan tal palabra en las diversas facultades de Ciencias Sociales (Económicas, Políticas, Sociología). Lo que probablemente se encontraría sería un aumento con máximos hacia los años 60-70 y una paulatina disminución durante la etapa neoliberal iniciada en los años 70 y que ahora parece terminar. En esta última fase, fue sustituida por “cooperación” o “ayuda (al desarrollo)” y se pasó de los proyectos de desarrollo nacional propios del desarrollismo a los proyectos de desarrollo local e incluso microproyectos de estos últimos años que ahora, con la crisis, menguan. Sin embargo, hay indicaciones de que hay un “retorno del desarrollo”, incluso del desarrollo nacional, con la recuperación del papel “activista” del Estado (como se denominó en un Informe sobre el Desarrollo Humano del PNUD de 1997) en los procesos de crecimiento económico y, eventualmente, redistributivos. Los llamados países emergentes o el grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) se presentan como referentes a lo que se une el papel que adoptan las “repúblicas petroleras” gestionando su poder y las intromisiones de los países centrales.

Porque el problema del desarrollo (y, de ahí, el uso de maldesarrollo) es que oculta dos hechos relativamente fáciles de constatar: por un lado, que la situación de un país, además de tener causas internas, también las tiene externas, en sus relaciones (de poder) con otros países. Por otro, que la desordenada lista que hacía Erasmo de Rotterdam, en su Elogio de la estupidez, de “los males que los hombres se infieren entre sí: pobreza, cárcel, oprobio, vergüenza, tortura, trampas, traición, bajezas, luchas, fraudes” no es de males propios de unos países y ausentes de otros sino que están, eso sí de forma desigual, presentes en todos los países. El número de personas que pasa hambre en Haití es tan impresionante como, en los Estados Unidos, los veinte millones de personas que necesitan “food stamps” para comer o el 12 por ciento de familias que sufren inseguridad alimentaria.

Si desglobalización es una palabra que nace de la constatación de los cambios en las cosas que denominaba la polisémica palabra globalización, maldesarrollo es una palabra que nació, mucho antes, de la constatación de que los males que los hombres se infieren entre sí son planetarios, es decir, están “globalizados” desde hace mucho tiempo y no sólo propios de determinados países y ahora. Un Planeta caracterizado por una profunda desigualdad que hace que esos males no estén distribuidos aleatoriamente.

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,