Archivo para noviembre 30th, 2008

Cartoon de campaña de ETC Group.

Cartoon de campaña de ETC Group.

Por Silvia Ribeiro *
La Jornada, México
Vía: IAR Noticias, 30.11.08

Qué hay tras las “nuevas formas de vida completas, totalmente artificiales” que pregonan como solución al problema energético Craig Venter y las multinacionales.

Frente a las crisis financieras, geopolíticas y climáticas del petróleo, las empresas y el gobierno de Estados Unidos están dedicando fuertes inversiones a desarrollar fuentes de energía y materiales que no dependan de éste.

Una de las líneas principales es el desarrollo de la llamada “economía del azúcar” o “economía de carbohidratos”, una nueva escalada tecnológica que aumentará la disputa por tierras, plantaciones y cultivos agrícolas, con efectos devastadores para la biodiversidad, los campesinos e indígenas.

Esta nueva forma de producción se basa en el uso de biomasa (cualquier materia prima biológica) a la que se le extraen azúcares, que fermentados se pueden convertir en combustibles o directamente en sustancias como plásticos y otros. Así se produce etanol a partir de maíz, caña de azúcar y otros cultivos. Pero está demostrado que esta generación de agrocombustibles está plagada de problemas –compite con la producción de alimentos (por tierra, agua y/o por el propio cultivo) y usa incluso más petróleo para su producción del que dice que sustituiría–, por lo que las empresas están haciendo otras apuestas tecnológicas.

Las grandes empresas trasnacionales que controlan ése y otros sectores claves (semilleras –incluyendo transgénicos–, cerealeras, petroleras, fabricantes de automóviles, monocultivos forestales, fábricas de celulosa, farmacéuticas) apuestan a la biología sintética, o como le llama el Grupo ETC, a la ingeniería genética extrema.

Consiste en construir microbios artificiales que aceleren los procesos de extracción de azúcares, su fermentación y su conversión en químicos, polímeros y otras sustancias, a partir del uso de insumos biológicos como cultivos agrícolas y forestales, pastos, algas, etc., con el objetivo de producir combustibles, plásticos, tintes, cosméticos, fármacos, adhesivos, textiles y muchos productos más.

La diferencia con los organismos transgénicos es que la inserción de material genético no proviene de otro ser vivo existente, sino que son secuencias diseñadas artificialmente en laboratorio, o modificando con ingeniería el metabolismo de microbios existentes. La meta, como anunció el nefasto genetista Craig Venter, es crear nuevas formas de vida completas, totalmente artificiales.

El uso de este tipo de microbios vivos artificiales conlleva un aumento exponencial de los riesgos y problemas que plantean los transgénicos al medioambiente y a la salud. Otra grave consecuencia inmediata, será una disputa de tierras aún más agresiva, para usar la biomasa natural o cultivarla para satisfacer la demanda de insumos de esta nueva forma de producción.

Las empresas de biología sintética usan nombres nuevos: Amyris Biotechnology, Athenix, Codexis, LS9, Mascoma, Metabolix, Verenium, Synthetic Genomics y otras. Pero quienes están detrás o asociados con ellas, son las principales petroleras (Shell, BP, Marathon Oil, Chevron); las empresas que controlan más de 80 por ciento del comercio mundial de cereales (ADM, Cargill, Bunge, Louis Dreyfuss); el oligopolio de semilleras y productoras de transgénicos y agrotóxicos (Monsanto, Syngenta, DuPont, Dow, Basf); las mayores farmacéuticas (Merck, Pfizer, Bristol Myers Squibb), junto a General Motors, Procter & Gamble, Marubeni y otras.

Con este tipo de empresas, en varios casos financiadas por el Departamento de Energía de Estados Unidos, es claro que se trata de emprendimientos concebidos para apropiarse y mercantilizar la mayor cantidad posible de biomasa del planeta. Según un estudio de ese Departamento, en el mundo se utiliza 24 por ciento de la biomasa del planeta (en forma claramente inequitativa).

Aún así, en sus planes está quintuplicar la apropiación de biomasa para uso de ese país. Afirman que al emplear celulosa, árboles y residuos de cosecha (lo que provocaría enorme degradación de suelos) no competirán con alimentos, lo cual es falso.

Por ejemplo, DuPont ya instaló una “biorrefinería” en Tennessee, EUA, que usará más de 150 mil toneladas de maíz para producir, con bacterias E-coli modificadas con biología sintética, unas 45 mil toneladas de una sustancia similar al nylon, llamada Sorona. Al contrario de lo que se pueda creer, este “plástico” no es biodegradable ni compostable.

Y éste es apenas un caso. Hay empredimientos en marcha en Brasil: Amyris Biotech firmó contratos con dos de las más grandes empresas brasileras de producción y procesamiento de caña de azúcar –Crystalsev y Votorantim– para este tipo de desarrollo.

Aún si esta nueva y peligrosa tecnología no cumpliera todas sus metas, las amenazas y la disputa de recursos y tierras avanza rápidamente y de no ser por una clara resistencia de la sociedad civil, sus efectos serían devastadores.

Informe completo en: http://www.etcgroup.org/es

* Investigadora del Grupo ETC. Artículo basado en el informe del Grupo ETC “Cómo volver mercancía hasta la última brizna de hierba”.

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Charlize Theron y el oro, dos formas de riqueza contemporánea.

Charlize Theron y el oro, dos formas de riqueza contemporánea.

Regresar al vínculo entre el oro y el dólar

Por Richard Duncan *
Financial Times, Londres, 24.11.08.

Cuando Richard Nixon destruyó en 1971 el Sistema Monetario Internacional de Bretton Woods cerrando la ventana del oro en el Tesoro, decapitó el último vínculo entre dólares y oro. Lo que siguió fue una proliferación en espiral de cada vez más falsos instrumentos de crédito denominados en una divisa devaluada. El ejemplo más evidente y letal de esta locura ha sido el crecimiento del mercado de derivados no regulados, que se ha hinchado hasta alcanzar US$600 billones, el equivalente a casi US$100.000 por habitante del planeta.

Bajo el dollar standard de post-Bretton Woods, el crecimiento del crédito propulsó el crecimiento económico. En EE.UU, el ratio de crédito total sobre el producto interior bruto pasó del 150% en 1969 al 350% en 2007. Consumo financiado con crédito y succión de importaciones con un devastador impacto en la balanza comercial norteamericana. En 2006, el déficit por cuenta corriente de EE.UU alcanzó casi US$800.000 millones.

Según el dollar standard inundaba el mundo con dinero falso, la inestabilidad económica se propagó alrededor del globo. La reinversión de los “petrodólares” creó el boom económico en América Latina en los años ’70 y a continuación la crisis de deuda del Tercer Mundo en los 80. El superávit comercial de Japón frente a EE.UU impulsó los precios de las propiedades japonesas a finales de los ’80 hasta que los jardines imperiales de Tokyo valieron más que California; produciéndose luego la “década perdida” japonesa cuando la burbuja estalló en 1990. Seguidamente vinieron el ascenso y la caída de la burbuja del milagro asiático. Cada convulsión económica se debió a la excesiva afluencia de dólares a esas economías. Ningún régimen regulador podría hacer frente a tal extraordinaria incursión de dinero exógeno.

El colapso de Bretton Woods rompió el vínculo entre las divisas mundiales y el oro. Los bancos centrales fueron entonces libres para crear tanto dinero como quisieron.  Entre 2001 y hoy día, los bancos centrales fuera de los EE.UU. han creado el equivalente a unos US$6 billones. Esto puede comprobarse en el incremento de 7 veces las reservas de divisas en ese período. El dinero creado (que representaba para la mayoría, si no para todos, lo que el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke denominó la superabundancia de ahorro global) se utilizó para comprar dólares y reprimir el valor de las divisas de los socios comerciales de EE.UU. para perpetuar su ventaja comercial.

Cuando esos dólares fueron reinvertidos en activos denominados en dólares, le llegó el turno de burbujear a EE.UU. Tal y como los bancos centrales compraban los bonos del Tesoro USA, se impulsaron sus precios y se redujeron sus rendimientos. Sin embargo, al no haber suficientes nuevos bonos del Tesoro emitidos para absorber el resto de las ganancias del excedente comercial mundial, los bancos centrales compraron también deuda de Fannie y Freddie. Lo cual permitió a dichas empresas semigubernamentales adquirir o garantizar más de la mitad de todas las hipotecas del país antes de desmoronarse. Entre los tipos de interés artificialmente bajos y el frenesí comprador de Fannie y Freddie, los precios de las propiedades subieron. La burbuja inmobiliaria estadounidense siguió a la nefasta burbuja del Nasdaq. Sin embargo, la inflación del mercado norteamericano de la vivienda fue una burbuja que llegó demasiado lejos. Cuando explotó, el sistema financiero mundial se precipitó en crisis, dejando la versión del siglo XXI del capitalismo financiero Anglo-Americano desacreditada.

La lección que debe ser aprendida a raíz de este desastre es que el capitalismo de mercado libre bajo un régimen de dinero fiduciario no produce los mismos beneficios (prosperidad sostenible) que los de un verdadero capitalismo de libre mercado bajo un sistema monetario anclado al oro. Cuando el Presidente Nixon rompió el vínculo entre el dólar y el oro, cambió la naturaleza del modelo económico Anglo-Americano y, en última instancia, lo destruyó.

El mundo no puede regresar al gold standard de la noche a la mañana sin provocar una brutal contracción del crédito y una depresión global. Sin embargo, tampoco podemos permitirnos el lujo de pretender que nada ha cambiado y que la economía global puede seguir funcionando bajo el dollar standard. Ha llegado el momento de convocar un foro de líderes mundiales para que negocien y comiencen la transición hacia un sistema monetario internacional basado en normas fundamentadas en dinero sólido/sensato e intercambio comercial equilibrado. Los esfuerzos actuales del G-20 están muy por debajo de lo que se necesita.

* Ingeniero y geólogo estadounidense, director del Instituto de la Energía y el Hombre, uno de los más eminentes geólogos contemporáneos, autor del ensayo “La Teoría de Olduvai”, que contiene estudios sobre la evolución del consumo de energía per capita y el cenit mundial de la producción de petróleo a nivel mundial, cuya actualización, “El declive final es inminente”, publicara Edición 4 en 2007.

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