Archivo para Octubre, 2008

Ellos, desde el Nevada Observer.

Ellos, desde el Nevada Observer.

Por Wayne Madsen
WayneMadsenReport.com (WMR)
y Global Research, 09.10.08

WMR ha sabido de informadas fuentes de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (Fema) que la administración Bush está poniendo los últimos toques a un plan que vería declarada a la ley marcial en los Estados Unidos con distintos escenarios previstos como desencadenantes. Los desencadenantes incluyen un continuo colapso económico con masivos malestares sociales, cierre de bancos, resultando en violencia contra las instituciones financieras, y otra elección presidencial fraudulenta que resultaría en disturbios en las principales ciudades y campus de todo el país.

Además, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército informa que la asignación del 1º Grupo de Brigada de Combate (BCT) de la 3ª División de Infantería al Comando Norte del Ejército de EE.UU. es para incrementar la aplicación de leyes federales y de la FEMA en la imposición de controles de tráfico, control de multitud, toques de queda, mejorada seguridad portuaria y de fronteras, y patrullajes barriales en caso de que se declare una emergencia nacional. El BCT fue asignado a funciones en Iraq antes de ser asignada al Comando Norte.

El 3 de abril de 2008, WMR informó sobre un documento altamente clasificado referido al escenario de ley marcial:

WMR ha sabido de informadas fuentes dentro de la comunidad financiera de EE.UU. que un alarmante y confidencial documento de limitada distribución está circulando entre altos funcionarios del Congreso y sus miembros de gabinete que está advirtiendo acerca de un futuro sombrío para los Estados Unidos si rápidamente no pone su casa financiera en orden. La Portavoz de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi está entre aquellos que supuestamente han leído el documento.

Al documento se lo llama el documento C & R porque supuestamente declara que si los Estados Unidos entran en cesación de pagos sobre los préstamos y deudas suscriptos con China, Japón y Rusia, todos las cuales están sosteniendo al Gobierno de los Estados Unidos financieramente, y si Estados Unidos unilateralmente cancela las deudas, América puede esperar una guerra que tendrá resultados desastrosos para los Estados Unidos y el mundo.

“Conflicto” es la “palabra C” en el documento.

El otro escenario es que el gobierno federal se verá obligado a aumentar drásticamente los impuestos para pagar las deudas a los países extranjeros hasta el punto en el que el pueblo estadounidense reaccionará con una revolución popular contra el Gobierno.

“Revolución” es la “palabra R” en el documento.

Vía: eldolarespapelpintado.blogspot.com

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Afghanistan woman, de Steve Mc Curry.

Afghanistan woman, de Steve Mc Curry.

Reflexiones frente al abismo

Por Mike Davis
sinpermiso.info
vía: lavaca.org

Esta es una conferencia del urbanista y escritor Mike Davis, publicada por SinPermiso, de cuyo Consejo Editorial Davis es miembro. Se trata de un análisis diferente sobre la crisis financiera global, rompe las comparaciones “keynesianas“, desnuda la falta de ideas en el establishment norteamericano, además de anunciar que –gane quien gane- Estados Unidos tendrá pronto su primer presidente ciego.

Mike Davis es un norteamericano nacido en 1946, profesor de Teoría Urbana en California y autor de libros como Prisionero del sueño americano, Ecología del miedo y el más reciente Planeta de suburbios, sobre las periferias urbanas como escenario político y social decisivo del futuro. Miembro del Consejo Editorial de la revista española SinPermiso, brindó una charla en el San Diego City College cuyo texto en castellano ha transmitido la propia revista. Una mirada sobre la crisis financiera y el anuncio de que los Estados Unidos, según parece, y gane quien gane las elecciones, están a punto de tener su primer presidente ciego. Este es el texto completo de esa conferencia, dictada este 13 de octubre.

¿Puede Obama ver el Gran Cañón?

Permítanme comenzar esta charla de una forma harto oblicua, y aun extraña, con el Gran Cañón del Colorado y la paradoja implícita en todo intento de ver más allá de los precedentes culturales o históricos.

El primer europeo que pudo asomarse a las profundidades de la gran garganta fue el conquistador español García López de Cárdenas, en 1540. Quedó tan horrorizado por la visión, que retrocedió al punto, alejándose del Borde Sur. Hubieron de pasar más de tres siglos antes de que el teniente Joseph Christmas Ives, del Cuerpo de Ingenieros Topógrafos del Ejército de los EEUU, accediera al sitio en calidad de segundo visitante. Como García López, se sintió preso de un “pánico que hasta resulta doloroso recordar”. Aunque entre los miembros de su expedición figuraba un artista alemán muy conocido, no por ello dejaron de resultar los esbozos hechos del Cañón extremadamente distorsionados en lo que hace a escala y perspectiva.

En otras palabras: ni el conquistador ni el ingeniero del ejército lograron dar sentido a lo que vieron; a tal punto quedaron sobrecogidos por el horror y por el pánico primitivos que experimentaron. En un sentido fundamental, su ceguera emanaba de la falta de conceptos para organizar una visión coherente de un paisaje totalmente novedoso para ellos.

Sólo empezó a haber retratos fieles del Gran Cañón una generación después, cuando el lugar se convirtió en la obsesión de un héroe manco de la Guerra Civil, John Wesley Powell, y de sus celebrados equipos de geólogos y artistas. Eran éstos como astronautas victorianos en otro planeta: la Meseta del Colorado. Tomó años de brillante trabajo de campo construir un marco conceptual que lograra dar un sentido perceptible acorde con la realidad del paisaje.

El resultado de su trabajo, La historia terciaria del Gran Cañón, publicado en 1882, está ilustrado por obras plásticas maestras que, según dejó dicho Wallace Stegner, “son más fieles que cualquier fotografía”, porque reproducen detalles estratigráficos que, normalmente, escapan a las imágenes tomadas con cámara. Cuando hoy visitamos alguno de los puntos de observación famosos, la mayoría somos conscientes no sólo del grado en que esas imágenes icónicas han llegado a entrenar nuestra mirada, sino también de hasta qué punto estamos imbuidos por la idea, popularizada por Powell, del Cañón como un museo del tiempo geológico, espectacularmente revelado en una suerte de pastel de capas superpuestas en una milla de profundidad de estratos sedimentarios.

¿Y por qué estoy hablando de geología? Porque, como los primeros exploradores del Gran Cañón, lo que tenemos a la vista es un abismo de turbulencias económicas y sociales que confunde nuestras tradicionales percepciones del riesgo histórico. Nuestro vértigo se ve intensificado por nuestra ignorancia de la profundidad de la crisis y porque los sentidos no alcanzan a percibir la distancia que nos separa de la zona abisal a la que podemos finalmente abismarnos.

Permítanme confesarles que, como viejo socialista que soy, a menudo me hallo en una situación como la del testigo de Jehová que abre su ventana para ver las estrellas caer del cielo. Aunque durante décadas he estado predicando la teoría marxista de las crisis, nunca creí que viviría para ver el suicidio del capitalismo financiero.

Mi primera reacción al desplome de 777,7 puntos en Wall Street hace dos semanas fue de una euforia retro, muy años sesenta: “¡La clavaste, Karl!”, grité. “¡Cómanse sus derivados financieros y revienten, cerdos de Wall Street!” Como la del Gran Cañón, la caída de los bancos puede ser un espectáculo aterrador al par que sublime.

Pero los culpables reales, huelga decirlo, no van camino de la guillotina, sino que están bajando plácidamente a tierra munidos con paracaídas de oro. Nosotros estamos todavía atrapados en un avión incendiado y sin piloto, pero el despreciable Richard Fuld, que se sirvió de Lehamn Brothers para saquear fondos de pensiones y ahorros de jubilación, anda enfurruñado en su yate, rodeado de lujos.

Ante una nueva Depresión que augura a las gentes un ignoto mundo de dolor desde Wasila hasta Tombuctú, ¿cómo tenemos que reconstruir nuestra comprensión de la economía globalizada? ¿Hasta qué punto pueden servirnos de ayuda Obama o McCain para analizar la crisis y luego actuar efectivamente para resolverla?

Si el debate del pasado lunes en Nashville sirve de algo para responder a esa pregunta, hay que decir que pronto tendremos nuestro primer presidente ciego. Ninguno de los dos candidatos tuvo los cojones o la información suficientes para responder las sencillas cuestiones planteada por una audiencia ansiosa: ¿qué pasará con nuestros puestos de trabajo? ¿Cuánto empeorarán las cosas? ¿Qué medidas urgentes habría que tomar?

Más todavía, cual si anduvieran presos de sus hojitas volanderas, los candidatos se aferraban a un guión obsoleto. La única sorpresa que tenía reservada McCain era otra innovación falsaria: un plan de ayudas hipotecarias, ya debatido en el Congreso, que vendría primero en socorro de los bancos.

Obama recitó su programa de cuatro puntos, infinitamente mejor, en principio, que la opción preferencial de su contrincante por los ricos; pero abstracto, carente de detalles, más una promesa retórica que el esbozo de una maquinaria para la reforma. Hizo sólo una referencia de pasada a la fase siguiente de la crisis: el desplome de la economía real y un probable desempleo masivo, en una escala desconocida desde hace setenta años.

Es verdad, como argumentarían algunos de mis amigos, que en 1933 ni Franklin Delano Roosevelt ni nadie tenía un programa bien engranado. Lo que tenía (supuestamente) era una gran empatía con la gente común y una disposición a experimentar con todo tipo de intervenciones públicas. Obama, de acuerdo con este punto de vista, podría ser su reencarnación en el siglo XXI: calmo, sólido y dispuesto a aceptar el consejo de los mejores y más brillantes espíritus del país.

Lo que pasa es que esta analogía esperanzadora yerra, o resulta insuficiente, al menos en tres aspectos capitales:

Primero: la analogía entre la Gran Depresión y la situación actual podrá resultar adecuada, pero no lo es la analogía con el New Deal como fórmula resolutoria. Es verdad que hay mucho de déjà vu en los frenéticos intentos de templar el pánico y asegurar que lo peor ya ha pasado. Muchas de las afirmaciones de Paulson podrían ser calcos de las de su predecesor en el cargo Andrew Mellon (el secretario del Tesoro de Hoover), y ambas campañas presidenciales se mecen crispadamente en una retórica heroica procedente del New Deal.

Pero, como se ha encargado de adoctrinarnos durante años la prensa económica, esta no es la Vieja Economía Norteamericana, sino un engendro completamente nuevo construido de piezas externalizadas y sobrecargado con mercados mundiales instantáneos de todo lo imaginable, desde dólares y euros hasta tripas de cerdo y futuros metereológicos. Estamos asistiendo a las consecuencias de una perversa reestructuración que, desde los tiempos de Reagan, ha logrado invertir las proporciones de la industria manufacturera (21% en 1980; 12% en 2005) y de los servicios financieros (15% en 1980; 21% en 2005) en la composición de nuestro producto nacional. En 1930, las fábricas podían estar cerradas, pero la maquinaria estaba intacta; no había sido subastada y saldada a cinco céntimos el dólar a China.

Por otro lado, yo no pretendo subestimar las maravillas de la tecnología contemporánea de mercado. El capitalismo de casino ha demostrado su fibra transmitiendo a una velocidad sin precedentes el virus letal de Wall Street a todos los centros financieros del planeta. Lo que a comienzos de los 30 llevó tres años –la globalización de la crisis—, se ha conseguido ahora en sólo tres semanas. Dios nos ayude si, como parece, el desempleo arrolla a los sufridos contribuyentes a la misma velocidad.

En segundo lugar: carecemos de la ventaja que tenía Roosevelt al disponer de una incipiente teoría económica (luego llamada keynesianismo) de la intervención estatal y de la gestión pública de la demanda, una teoría que se convirtió en idea-fuerza merced a un levantamiento de los trabajadores industriales que marcó toda una época histórica.

Si han visto el triste cortejo de gurúes económicos que ha desfilado por el show televisivo de McNeil-Lehrer, estoy seguro de que coincidirán conmigo en que las estanterías intelectuales de Washington están vacías. Ninguno de los dos grandes partidos dispone sino de unos pocas cáscaras dispersas de tradiciones de políticas públicas distintas de las del neoliberalismo (ademanes pseudopopulistas aparte): No está nada claro que nadie en el anillo periférico, incluidos los consejeros económicos de Obama, esté en condiciones de pensar rectamente más allá de los esquemas cognitivos doctrinariamente impartidos por Goldmann-Sachs, el origen empresarial de dos de los más prominentes secretarios del Tesoro de la última década. Keynes, tan frecuentemente traído a colación estos días, está en realidad más muerto que vivo.

Más decisivo aún resulta el hecho de que, ni aun poseídos de un optimismo superlativo, resulta fácil anticipar un momento obrero norteamericano capaz de recuperarse de la derrota de una manera tan espectacular como lo hizo en 1934-37. Desde luego que yo seré el último en negar la posibilidad o la necesidad del resurgimiento de los trabajadores, pero tenemos que entender claramente que el New Deal no manó por generación espontánea de la Casa Blanca rooseveltiana. Al contrario, el pragmatismo keynesiano fue una respuesta que trató de integrar al mayor movimiento de la clase obrera que registra nuestra historia, en un período en el que el desafío del marxismo ejercía una extraordinaria influencia en el paisaje intelectual norteamericano.

El tercer problema que ofrece la analogía con el New Deal es el más importante. El keynesianismo militar ya no está disponible como deus ex machina. Se me permitirá explicarme.

En 1933, cuando Roosevelt tomó posesión del cargo, los EEUU estaban en plena retirada de los enredos en política exterior, y había pocas disputas sobre la necesidad de traer a casa unos cuantos centenares de marines destinados en Haití y Nicaragua. Se necesitaron dos años y una guerra mundial, la derrota de Francia y la amenaza de un colapso inmediato de Inglaterra, para conseguir una mayoría en el Congreso capaz de votar a favor del rearme, y cuando la producción de material bélico comenzó en 1940, constituyó un gigantesco motor de generación de empleo, la verdadera cura de los deprimidos mercados de trabajo de la década de los 30. La conversión de EEUU en una potencia mundial y el pleno empleo parecían andar positivamente correlacionados, y de forma tal, que se ganaron la lealtad de varias generaciones de votantes obreros.

La situación hoy, huelga decirlo, es radicalmente distinta. Un presupuesto mucho mayor del Pentágono no logra ahora crear centenares de miles de puestos de trabajo estables en las fábricas; buena parte de la producción está ahora externalizada, y el vínculo ideológico entre empleos con buenos salarios e intervención militar, entre buenos puestos de trabajo y viejos laureles gloriosamente conquistados en el exterior, aunque no un vínculo roto, es estructuralmente más laxo que en cualquier otro momento desde los tiempos de la Ley de Facilitación del Crédito [en 1941].(1) Hasta en las actuales fuerzas armadas (una casta ampliamente hereditaria compuesta de blancos pobres, negros y latinos) la desmoralización está llegando al punto del descontento activo, abriéndose paso ideas alternativas nuevas.

La expansión de los servicios militares, la guerra de las estrellas, una misión tripulada Marte: todas ellas son, desde luego, formas de gastar centenares de miles de millones de dólares, muchas de ellas aplaudidas por ambos candidatos; pero no traerán consigo la oferta de puestos de trabajo decentes, ni lograrán hacer que la cosa se ponga en marcha. Pero lo que sí puede lograr un gigantesco presupuesto militar en medio de un hondo desplome es la total destrucción de las modestísimas pero esenciales reformas que figuran en el programa de Obama y en sus planes de asistencia sanitaria, energías alternativas y educación.

La amalgama rooseveltiana de cañones y mantequilla, por decirlo con otras palabras, se ha convertido en una contradicción en los términos, y la campaña de Obama está forjando deliberadamente un catastrófico rumbo de choque: sus compromisos con la seguridad nacional van contra sus objetivos en política interior. ¿Por qué no ven el Gran Cañón?

Tal vez lo vean, en cuyo caso el engaño se habría verdaderamente convertido en factor nutricio de la política norteamericana.

Por si alguno de ustedes se ha perdido los debates, permítanme recordarles que el candidato demócrata se ha atado a sí mismo de pies y manos, salga el sol o caigan piedras de punta, a una estrategia global que mantiene el propósito de “victoria” en Oriente Medio como premisa directriz de la política exterior, y que procede a un afeite de la hybris constructora de naciones de los neoconservadores presentándola como una fe “realista” en una estrategia de “estabilización”.

Es verdad: la enormidad de la crisis económica puede forzar a Obama a renegar de algunas de sus más sonadas promesas, como sostener el idiota sistema de defensa basado en misiles o insistir en la provocativa inclusión de Georgia y Ucrania en la OTAN. Pero, como no se ha cansado él mismo de declarar, la derrota de los talibanes y de Al-Quaeda es, junto con la defensa de Israel, la clave de su agenda de seguridad nacional.

Sometido a una presión simultánea de los republicanos y de los halcones demócratas para recortar el presupuesto y reducir el crecimiento exponencial de la deuda nacional, ¿qué decisiones se verá Obama forzado a tomar al comienzo de su Administración? Es más que probable que la asistencia sanitaria universal quede en los puros huesos, si no menos; y que las energías alternativas acaben en el fraude del “carbón limpio”; y que lo que reste de presupuesto en el Tesoro, luego de que los beneficios de retiro de los estafadores empresariales lo hayan saqueado, sirva para pagar bombas que destruyan más aldeas pashtunes y que produzcan unas cuantas generaciones más de mujahidines encolerizados.

¿Me estoy poniendo indebidamente cínico? Tal vez, pero yo viví los años de Johnson y fui testigo del desmantelamiento de la Guerra contra la Pobreza, el último programa genuinamente inspirado en el New Deal, para pagar el genocidio en Vietnam.

Amarga ironía, pero, fundado en mi experiencia histórica, descuento como seguro que una campaña presidencial sostenida por millones de votantes por su promesa de terminar con la Guerra de Irak ha quedado ya hipotecada con su escalada –“más duro que McCain”— hacia una guerra contra toda esperanza en Afganistán y en la frontera tribal de Pakistán. En el mejor de los casos, los demócratas se habrán limitado a cambiar una guerra brutal por otra. Mucho me temo que a lo que aguardamos no es a la resurrección de la esperanza, sino a su despertar.

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Socorro, desde imageshack.us

Socorro, desde imageshack.us

Entrevista con David Harvey, profesor y geógrafo social

“El neoliberalismo buscará espacios para seguir creciendo”

Por L. Altarriba / B. Bermejo
Gara
Vía rebelion.org
Hace 40 años que imparte un curso de lectura de «El Capital», de Marx, en la Universidad de Nueva York. Este geógrafo social anima a leerlo para entender cómo funcionan el capitalismo y la crisis actuales. Es autor de «El nuevo imperialismo»(2004) y «Breve historia del neoliberalismo» (2007).

Oímos decir a los medios de comunicación que la raíz de la crisis actual son los malos usos de algunos agentes financieros. ¿Comparte este diagnóstico?

No, el problema es que las respuestas a por qué ha sucedido la crisis no van al fondo del problema; la avaricia de los agentes de bolsa de Wall Street no es fundamental, no va a la raíz, ni tampoco el hecho que se tengan que hacer algunos cambios legislativos. Yo estaría de acuerdo que se pongan mecanismos de control y penalización a los agentes de Wall Street y que se mejoren las leyes, pero nada de esto resuelve su origen real.

¿Cuál es el fondo de la cuestión?

Que la economía capitalista necesita crecer. El capitalismo necesita continuar invirtiendo y reinvirtiendo el dinero para generar más dinero, se tiene que expandir constantemente. En los últimos años el instrumento que han usado es el desarrollo inmobiliario y la urbanización de grandes espacios. Han fomentado que la gente se endeudara para que el sistema siguiera funcionando. Es la expansión inmobiliaria lo que en todos los países ha provocado un crecimiento del 3% o más y, en el caso chino, el espectacular 10%.

¿En qué situación se encuentran las clases trabajadoras para afrontar la crisis?

La ofensiva neoliberal ha mantenido los salarios sin aumentos significativos desde los años 70. A su vez, el poder se ha encargado de desmantelar las organizaciones sindicales y ha flexibilizado las jornadas de trabajo. Pero, paralelamente, han endeudado a la gente: «Si no tienes dinero ahora -les decían- te hacemos un préstamo». Así han hundido a miles de trabajadores que entraron en el juego de las hipotecas, que es lo que ha servido para pagar el capitalismo financiero, y ahora éste les deja sin casa y sus gobiernos se dedican a rescatar estas entidades y pagan a los directivos miles de dólares. ¿Qué tipo de sistema es éste?

¿Cómo justifican ante la opinión pública esta inversión en las entidades financieras?

A través de la amenaza de «si nosotros caemos, el mercado entero caerá, se parará y el capitalismo entero entrará en crisis. Y todos sufriréis las consecuencias». Y es cierto. Pero, ¿por qué en vez de dar el dinero a las entidades financieras no lo dan directamente a las personas que tienen problemas para pagar las hipotecas? Porque los financieros de Wall Street son en realidad el Gobierno de los EEUU.

Esta no es la primera crisis que sufre el capital financiero.

Cierto. En 1982 el Estado mexicano quebró, no podía pagar las deudas que había ido adquiriendo con los bancos de Nueva York. A través del FMI y de las políticas estructurales neoliberales, se obligó a México a pagar la deuda con los banqueros de los EEUU. La teoría neoliberal, entonces, como ahora, deja de existir con este plan de intervención estatal para salvar las finanzas. Pero la práctica neoliberal no deja de existir sino que ahora asistimos a la época de máxima plenitud.

¿Por qué dice que es de máxima plenitud?

Porque frente al conflicto entre salvar las instituciones financieras o salvar a la gente y sus necesidades, los gobiernos escogen salvar las instituciones financieras. Esto es la práctica neoliberal. Los gobiernos abren espacios y crean entornos favorables a los negocios.

¿Esta crisis podría significar el fin del neoliberalismo como lo hemos conocido hasta ahora?

No, en absoluto. Lo que harán los capitales financieros es buscar nuevos espacios de negocio, privatizando más aún, desposeyendo a más capas de población, como las clases medias, para obtener mayores beneficios.

¿Pero esto no puede ser peligroso para ellos cuando la clase media ha sido base para sostener el sistema capitalista?

Cierto, y ya lo he visto con algunos amigos, que hace dos años me tildaban de loco por declararme comunista, pero que ahora me empiezan a dar la razón en algunas cosas que les decía.

¿Puede la crisis condicionar las elecciones estadounidenses?

Sí, cada vez que la crisis va a más, el candidato demócrata aumenta la ventaja sobre el republicano. Conozco bastante gente que hasta hace dos semanas decían que votarían McCain (y lo querían hacer por motivos racistas), pero ahora que ven peligrar sus pensiones han decidido dar su voto a Obama.

Si gana Obama, ¿tendrá capacidad y voluntad de cambiar cuestiones de fondo del sistema?

Es evidente que los demócratas forman parte del sistema y están vinculados a las grandes corporaciones, pero es mejor un presidente más moderado, que en algunos aspectos se puede equiparar a la socialdemocracia europea, que no la continuidad respeto a los neocons.

Más allá de las posibilidades de Obama de introducir mejoras, ¿considera que hay posibilidades de transformar el sistema?

Yo tengo esperanza. Hoy se ha demostrado la falsedad total de la ideología neoliberal, lo de trabajar para el individuo y no para la colectividad. La idea que repetía Thatcher que no hay alternativa posible, no es verdad, y lo han demostrado ellos mismos.

¿Cree que la izquierda se encuentra en una buena posición por aprovechar esta deslegitimación del sistema?

Respecto a la izquierda real, a los partidos comunistas, a la izquierda revolucionaria… no tienen una fuerza real. Claro está que no acabaremos con el sistema sin violencia, sin luchar para recuperar nuestros derechos, pero los partidos clásicos no tienen capacidad para hacerlo.

¿Quién podría hacerlo?

Hay una serie de movimientos sociales, fragmentados y locales, que son la única esperanza del cambio. Tienen que lograr recuperar parte de poder estatal para apoyar al pueblo y sus necesidades. El problema es que una parte importante de ellos no se plantea acceder al poder. Pero, entonces, ¿cómo puedes transformar el sistema?

http://www.gara.net/paperezkoa/20081027/103424/es/El/neoliberalismo/buscara/espacios/para/seguir/creciendo%C2%BB/

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Interconexión de las crisis capitalistas

Por Éric Toussaint
Global Research, October 28, 2008

La explosión de las crisis alimentaria, económica y financiera en 2007-2008 demuestra hasta qué punto están interconectadas las economías del planeta. Para resolver estas crisis, es necesario tratar el mal en la raíz.

La crisis alimentaria

En 2007-2008, más de la mitad de la población mundial ha visto degradarse fuertemente sus condiciones de vida porque ha tenido que enfrentarse a una gran subida de los precios de los alimentos. Esto ha originado protestas masivas, por lo menos en una quincena de países, en la primera mitad de 2008. El número de personas afectadas por el hambre aumento de varias decenas de millones, y cientos de millones más han visto restringido su acceso a los alimentos (y, en consecuencia, a otros bienes y servicios vitales (1)). Todo esto como consecuencia de las decisiones tomadas por un puñado de empresas del sector del «agronegocio» (productoras de biocombustibles) y del sector de las finanzas (los inversores institucionales que contribuyen a la manipulación de los precios de los productos agrícolas), que se han beneficiado del apoyo del gobierno de Washington y de la Comisión Europea (2). Pero la parte correspondiente a las exportaciones de la producción mundial de alimentos sigue siendo escasa. Sólo una parte marginal del arroz, el trigo o el maíz producidos en el mundo se exporta, una porción aplastante de la producción se consume en el lugar de origen. Sin embargo, los precios de los mercados de exportación son los que determinan el precio en los mercados locales. Es decir, los precios de los mercados de exportación se fijan en Estados Unidos, principalmente en tres Bolsas (Chicago, Minneapolis y Kansas City). En consecuencia, el precio del arroz, el trigo o el maíz en Tombuctú, México, Nairobi o Islamabad está influido directamente por la evolución del precio de dichos productos en los mercados bursátiles de Estados Unidos.

Sólo una parte marginal del arroz, el trigo o el maíz producidos en el mundo se exporta, una porción aplastante de la producción se consume en el lugar de origen. Sin embargo, los precios de los mercados de exportación son los que determinan el precio en los mercados locales.

En 2008, con urgencia y por el peligro de que las derribasen los motines, en los cuatro puntos cardinales del planeta, las autoridades de los países en desarrollo tuvieron que tomar medidas para garantizar el acceso de los ciudadanos a los alimentos básicos.

Si se llegó a esa situación es porque durante varios decenios los gobiernos renunciaron progresivamente al sostenimiento de los productores locales de granos –en su mayoría pequeños productores- y siguieron las recetas neoliberales dictadas por instituciones como el Banco mundial y el FMI en el marco de los planes de ajuste estructural y los programas de reducción de la pobreza. En nombre de la lucha contra la pobreza, estas instituciones convencieron los gobiernos para establecer políticas que reprodujeron, incluso reforzada, la pobreza. Además, durante los últimos años, numerosos gobiernos han firmado tratados bilaterales (en particular los tratados de libre comercio) que han empeorado todavía más la situación. Las negociaciones comerciales en el marco del ciclo de Doha de la OMC también han acarreado consecuencias funestas.

¿Qué ha pasado?

Acto primero

Los países en desarrollo renunciaron a las protecciones aduaneras que permitían proteger a los campesinos locales de la competencia de los productores agrícolas extranjeros, principalmente de las grandes empresas «agroexportadoras» estadounidenses y europeas. Éstas invadieron los mercados locales con productos agrícolas vendidos por debajo del coste de producción de los agricultores y ganaderos locales, lo que originó su quiebra (muchos de ellos emigraron a las grandes ciudades de sus países o a países más industrializados). Según la OMC, los subsidios que pagan los gobiernos del norte a sus grandes empresas agrícolas en el mercado interior no constituyen una infracción de las reglas contra el dumping. Como ha escrito Jacques Berthelot: «Mientras que para el hombre de la calle existe dumping si se exporta a un precio inferior al coste medio de producción del país exportador, para la OMC no hay dumping en tanto que se exporta al precio interior, incluso si es inferior al coste medio de producción» (3). En resumen, los países de la Unión Europea, Estados Unidos u otros países exportadores pueden invadir los mercados de los demás con productos agrícolas que se benefician de cuantiosas subvenciones internas.

El maíz exportado a México por Estados Unidos es un caso emblemático. A causa del tratado de libre comercio (TLC) firmado entre Estados Unidos, Canadá y México, este último abandonó sus protecciones aduaneras frente a sus vecinos del norte. Las exportaciones de maíz de Estados Unidos a México se han multiplicado por nueve entre 1993 (último año antes de la entrada en vigor del TLC) y 2006. Cientos de miles de familias mexicanas tuvieron que renunciar a producir maíz porque éste costaba más caro que el maíz procedente de Estados Unidos (producido con tecnología industrial y fuertemente subvencionado). Esto no sólo constituyó un drama económico, sino que además acarreó una pérdida de identidad porque el maíz es el símbolo de la vida en la cultura mexicana, especialmente en los pueblos de origen maya. Una gran parte de los cultivadores de maíz abandonaron sus campos y salieron a buscar trabajo en las ciudades industriales de México o en Estados Unidos.

Acto segundo

México, que para alimentar a su población depende del maíz de Estados Unidos, se enfrenta a una subida brutal del precio de este cereal originada, por una parte, por la especulación en las Bolsas de Chicago, Kansas City o Minneapolis y, por otro lado, por la producción, en casa de su vecino del norte, de etanol de maíz.

Los productores mexicanos de maíz ya no tienen capacidad para satisfacer la demanda interna y los consumidores mexicanos se enfrentan a un estallido del precio de su alimento de base, la tortilla, esa tortita de maíz que sustituye al pan o al tazón de arroz consumido en otras latitudes. En 2007, enormes protestas populares sacudieron México.

En condiciones específicas, las mismas causas produjeron, grosso modo, los mismos efectos. La interconexión de los mercados alimentarios a escala mundial está establecida a un nivel jamás conocido anteriormente.

La crisis alimentaria mundial pone al descubierto el motor de la sociedad capitalista: la búsqueda del máximo beneficio privado a corto plazo. Para los capitalistas, los alimentos sólo son una mercancía que hay que vender con el mayor beneficio posible. El alimento, elemento esencial de la conservación de la vida de los seres humanos, se ha transformado en un simple instrumento de beneficio. Hay que poner fin a esta lógica mortífera. Hay que abolir el control del capital sobre los grandes medios de producción y comercialización y dar la prioridad a una política de soberanía alimentaria.

Para los capitalistas, los alimentos sólo son una mercancía que hay que vender con el mayor beneficio posible. El alimento, elemento esencial de la conservación de la vida de los seres humanos, se ha transformado en un simple instrumento de beneficio. Hay que poner fin a esta lógica mortífera.

La crisis económica y financiera

También en 2007- 2008 ha estallado la mayor crisis internacional económica y financiera desde 1929. Si no existiera la intervención masiva y concertada de los poderes públicos que se han lanzado al auxilio de los banqueros ladrones, la crisis actual ya habría adquirido mayores proporciones. También en este terreno la interconexión es sorprendente. Entre el 31 de diciembre de 2007 y finales de septiembre de 2008, todas las Bolsas del planeta conocieron unas bajadas muy importantes, que han ido del 25 al 35% en las Bolsas de los países más industrializados hasta el 60% en China pasando por el 50% en Rusia y Turquía. El montaje colosal de deudas privadas, pura creación de capital ficticio, acabó por estallar en los países más industrializados empezando por Estados Unidos, la economía más endeudada del planeta. En efecto, la suma de la deuda pública y privada de Estados Unidos asciende, en 2008, a 50 millones de millones de dólares (contando las deudas del Estado, los hogares y las empresas, N. de T.), es decir el 350% del PIB. Esta crisis económica y financiera, que ya ha golpeado a todo el planeta, afectará cada vez más a los países en desarrollo de los que algunos todavía se creen a salvo. La globalización capitalista no desconectó unas economías de otras. Al contrario, países como China, Brasil, la India o Rusia tampoco han podido librarse de esta crisis.

Y estamos empezando.

La crisis climática

Los efectos del cambio climático, de momento, han desaparecido del primer plano de la actualidad, sustituidos por la crisis financiera. Sin embargo el proceso está en marcha a escala planetaria, y también en este asunto la interconexión es evidente. Ciertamente las poblaciones de los países «pobres» resultarán más afectadas que las de los países «ricos», pero nadie saldrá indemne.

La conjunción de estas tres crisis muestra a los pueblos la necesidad de liberarse de la sociedad capitalista y de su modelo de producción. La interconexión de las crisis capitalistas pone por delante la necesidad de un programa anticapitalista y revolucionario a escala mundial. Las soluciones, para que sean favorables para los pueblos y para la naturaleza, deben ser internacionales y sistémicas. La humanidad no podrá conformarse con parches.

Notas

(1) En efecto, con el fin de comprar alimentos cuyos precios aumentaron fuertemente, las familias pobres redujeron los gastos de salud y educación, así como los gastos en materia de vivienda.
(2) Damien Millet y Eric Toussaint «Repaso de las causas de la crisis alimentaria mundial», agosto de 2008 y Eric Toussaint « Une fois encore sur les causes de la crise alimentaire », octubre de 2008.
(3) Jacques Berthelot «Démêler le vrai du faux dans le flambée des prix agricoles mondiaux», 15 de julio de 2008, p. 47.

Original en francés:
http://www.mondialisation.ca/index.php?context=va&aid=10702

Traducción Caty R. Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. (Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente).

* Éric Toussaint es el presidente del CADTM Bélgica, y autor de la obra Banco del Sur y nueva crisis internacional, El Viejo Topo, Barcelona, 2008; Abya-Yala, Quito, 2008; Observatorio DESC, La Paz, 2008.
Global Research Articles by Éric Toussaint

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Reuters, 24.10.08
Vía: eldolarespapelpintado.blogspot.com
Los Estados Unidos han saqueado la riqueza mundial al explotar el predominio del dólar, y el mundo urgentemente necesita que otras monedas tomen su lugar, dijo un principal periódico estatal chino el viernes.

El comentario de la portada en la edición extranjera del People’s Daily dijo que los países de Asia y Europa deberían desterrar al dólar de sus relaciones comerciales directas como para empezar, confiando sólo en sus propias monedas.

Una reunión entre los líderes europeos y asiáticos, comenzando el viernes en Beijing, se presentó como la oportunidad perfecta para empezar a construir un nuevo orden financiero internacional, dijo el periódico.

El People’s Daily es el diario oficial del gobernante partido comunista de China. La edición de ultramar en lengua China es una filial del diario principal pero con poca circulación.

Sus declaraciones no necesariamente reflejan directamente los puntos de vista de la dirigencia. Pero el comentario, así como comentarios recientes, se suman a un coro creciente de desprecio chino hacia las políticas económicas y el predominio financiero global de Washington a raíz de la crisis crediticia.

“La sombría realidad ha llevado al pueblo, en medio del pánico, a darse cuenta de que los Estados Unidos han utilizado la hegemonía del dólar para saquear la riqueza del mundo“, dijo el comentarista, Shi Jianxun, un profesor de la Universidad Tongji de Shanghai.

Shi, quien antes ha sido estridente en su crítica hacia los Estados Unidos, dijo que otros países habían perdido grandes cantidades de riqueza debido a la crisis financiera, mientras que la única preocupación de Washington había sido la de proteger sus propios intereses.

“El dólar estadounidense está perdiendo la confianza de la gente. El mundo, actuando democrática y legalmente a través de la organización financiera mundial, urgentemente necesita cambiar el sistema monetario internacional, basado en el liderazgo económico mundial de EE.UU. y en el predominio del dólar,” escribió.

Shi sugirió que todo el comercio entre Europa y Asia debería ser establecido en euros, libras, yenes y yuanes, aunque no explicó cómo la moneda China podría desempeñar ese papel ya que no es convertible en cuenta de capital.

Una Reunión Asia-Europa de dos días (Asem en inglés) entre 27 estados miembros de la UE y 16 países asiáticos se estableció que comenzara el viernes. Aunque pocos analistas esperan gran cosa en materia de acuerdos concretos, Shi dijo que podría resultar trascendental.

“¿Cómo pueden Europa y Asia asirse mutuamente las manos y enfrentar juntos la crisis financiera mundial que es una en un siglo, desencadenada por los Estados Unidos; cómo pueden construir un equitativo y seguro nuevo orden financiero internacional?”, dijo. “El mundo está esperando que esta reunión Asiática-Europea logre grandes resultados en la cooperación financiera.”

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