Archivo para septiembre 28th, 2008

Si el mundo llega a un máximo absoluto en su capacidad de extracción de energía, parece bastante razonable que el sistema económico y financiero, basado en la necesidad de un crecimiento constante para poder pagar los intereses que sus capitales exigen, además del propio capital, sea el primero en mostrar esa fatiga e impotencia para seguir creciendo.

Por Pedro Prieto – CrisisEnergética

crisisenergetica.org
Vía IAR Noticias

27-Septiembre-08


Los seres humanos viven en la biosfera y gracias a ella. Pero en la primera década del siglo XXI el 86% de la energía primaria que consumen los 6.700 millones de personas proviene de la litosfera.

Un 40% de esta energía es petróleo. Otro 40% es gas natural y carbón. Y un 6% más proviene del uranio.

Esto supone que cada año se extraen cerca de 10.000 millones de toneladas de petróleo equivalente del interior de la tierra.

La tecnosfera, esa construcción humana, transforma a su vez la biosfera a la conveniencia del hombre y eso incluye la extracción, transformación y el transporte de materiales útiles de la corteza terrestre, a un ritmo de unos 33.000 millones de toneladas anuales, a los que hay que sumar 36.000 millones de toneladas de gangas y unos 30.000 millones de toneladas de recubrimientos y estériles.

Los 11.000 millones de toneladas de petróleo equivalente de energía primaria se utilizan, pues, para extraer, transformar y transportar unos 100.000 millones de toneladas de materiales, incluyendo la propia energía primaria. Sin esta energía, esto sería imposible en esos niveles. Y con un aporte energético decreciente, esta gigantesca actividad decrecería proporcionalmente.

Siendo el planeta esférico y por tanto, limitado en tamaño, es obvio que los recursos que contiene también son limitados.

Los geólogos han observado que la extracción de recursos de la litosfera está sujeta a ciertos patrones que limitan y dan forma a las tasas de extracción de los mismos.

Los geólogos de ASPO han señalado que esos patrones siguen la muy conocida curva en forma de campana, con un aumento inicial de los ritmos de extracción, seguido de un cenit o dos o a veces una meseta y finalmente un declive irreversible, hasta que la tasa de extracción del recurso ya no resulta útil a la sociedad y el resto que queda en la litosfera se abandona. Es la curva de Hubbert.

El cenit o pico, o los picos, o mesetas, se suelen dar cuando se ha extraído aproximadamente la mitad de la cantidad conocida en esa parte de la litosfera. Y en geología se cumple perfectamente el dicho de que “nunca segundas partes fueron buenas”.

Y al extrapolar los diversos patrones de extracción de cientos de yacimientos y de decenas de países productores ya en declive, con las reservas probadas, las probables y las posibles y a las que todavía se calcula quedan por descubrir en todo el explorado mundo, los científicos de ASPO han concluido que el mundo está a punto de alcanzar el cenit de su tasa de extracción máxima de petróleo, que pronto será seguida de la del gas natural.

Hoy prácticamente ningún experto discute este hecho geológico clave y las únicas diferencias de importancia son respecto a la fecha en que este fenómeno se dará, aunque las variaciones oscilan entre los que opinan que ya se ha dado para el petróleo regular y/o convencional y los más optimistas que creen que no se dará hasta el 2030. Lo que es mañana mismo en términos históricos.

Se atribuye a Kenneth Defeyyes, profesor emérito de la Universidad de Princeton y alumno aventajado de M. King Hubbert, padre de la teoría del cenit de la producción mundial del petróleo, el dicho de que dicha llegada al cenit se suele ver siempre desde el espejo retrovisor.

Es decir, que la llegada a un límite físico, no se suele avistar, para nuestra desgracia, por adelantado, sino a toro pasado, cuando ya se está en pleno declive y la producción de varios años consecutivos no ha hecho más que descender continuamente a cada año que pasa y el hecho ya no se puede ignorar por más tiempo.

La frase ha hecho fortuna finalmente entre los que creen que la llegada a tal momento es inminente, desde el punto de vista histórico. Matthew Simmons, presidente de Simmons & Company International, una de las mayores empresas del mundo en asesoría de inversiones financieras en el campo de la energía, suele comentar que la vista de este fenómeno en el espejo retrovisor es inminente.

Algunos miembros de ASPO también toman esta frase para señalar la cercanía de este momento histórico para la Humanidad y para advertir y poner en guardia sobre las dramáticas consecuencias que tal hecho puede tener para toda la Humanidad, si terminamos viéndolo sólo desde el espejo retrovisor. Todo ello, en un mundo que vive gracias a la extracción de 85 millones de barriles diarios de este elemento, que conforman más del 90% del transporte mundial actual y que son de muy difícil sustitución en tiempo y forma, si sólo somos capaces de verlo cuando ya esté sobrepasado.

El problema para la Humanidad comienza no cuando se acabe este preciado elemento, sino cuando la producción mundial de oro negro comience a declinar, por razones puramente físicas, a tasas que oscilan entre el 4 y el 10% anual. Esto es, que cada año se empiece a disponer de menos combustible que el anterior, sin remisión y sin que sean fáciles otros sustitutos y alternativas a un combustible tan versátil y tan abundante y disponible como el petróleo, en una sociedad acostumbrada a crecer sin límites, sobre todo desde que comenzó a explotar intensiva y extensivamente los combustibles fósiles a partir del siglo XIX

Se trata más de flujos, de flujos decrecientes, que del final del petróleo o del gas. Es un tema de agotamiento físico y geológico, más que un asunto puramente económico.

Existen claras evidencias de que el crecimiento económico y el consumo de energía van parejos y están muy directamente relacionados, aunque se puedan dar mejoras locales o nacionales del PIB por unidad de energía (más bienes o servicios con menos energía) que, sin embargo, no se ven confirmadas a nivel mundial, a medida que la calidad de los recursos extraídos se deteriora.

Las mejoras tecnológicas y mayores inversiones financieras en exploración pueden contribuir a retrasar el cenit o la meseta de la curva en forma de campana o a deformarla, pero no pueden eludir la realidad geofísica de un agotamiento gradual de los combustibles fósiles.

Hay además claras indicaciones de que los gases de efecto invernadero y otras emisiones de gases están también íntimamente relacionados con el consumo de energía de los combustibles fósiles, extraídos de la litosfera para ofrecer servicios a la sociedad.

Desde finales del siglo pasado, los científicos de ASPO han estado advirtiendo sobre las consecuencias que para los 6.700 millones de seres humanos, que viven fundamentalmente de los recursos energéticos de la litosfera, puede tener el cada vez más difícil acceso a las reservas conocidas y los cada vez mayores costes que implica. Y también sobre las consecuencias que para la Humanidad puede tener el empezar a disponer, a cada año que pasa, menos de esos recursos vitales energéticos que mueven y mantienen a nuestra moderna sociedad.

¿Está tocando techo el mundo de los combustibles fósiles?

Se cumplen ahora exactamente 10 años desde que el irlandés Dr. Colin Campbell y el geólogo francés Jean Laherrère publicaran, en el volumen 278, no. 3 de la revista Scientific American ( Investigación y Ciencia), su artículo, ya histórico, titulado “El fin del petróleo barato”.

En él hacían mención a un concepto que ya se conocía desde los años 50, en que el geólogo de la Shell, Marion King Hubbert intuyera que el modo general de explotación de un yacimiento, región o país, describía una curva más o menos en forma de campana y que el recurso medido y probado solía estar a la mitad aproximada de su explotación posible, cuando llegaba a su tasa máxima de extracción y empezaba a partir de ahí a declinar de forma inexorable. Esto es: la llegada al cenit o punto máximo de la producción mundial de un recurso finito. El conocido para el caso del petróleo mundial como “Peak Oil”

Pero este asunto fue virtualmente ignorado por la ciencia del momento y menos aún la economía establecida, porque aunque la producción de un determinado lugar llegase a ese cenit y empezase a declinar, siempre había nuevos yacimientos por explorar, para sustituir a los que primero se empezaron a agotar, ya en los años treinta del siglo pasado.

En su caso, Campbell y Laherrère analizaban el petróleo mundial, basándose en unas ingentes bases de datos de pozos, yacimientos, regiones y países, que como grandes expertos mundiales tenían a su disposición. Vieron las reservas conocidas, los tipos de petróleo existentes, los ritmos de explotación y de consumo, las tendencias y sobre todo, los que habían pasado ya del cenit. Compararon con las previsiones de Hubbert, que atinó en 1956, que los EE. UU. llegarían al cenit en 1971 y predijo en aquellas lejanas fechas que el mundo llegaría al cenit en el año 2000 para luego declinar en su producción petrolífera. Y llegaron a una conclusión parecida: el cenit del llamado “petróleo convencional” (que Laherrère prefiere especificar se trata de “regular convencional”) se daría hacia el 2010.

En el año 2000, estos dos científicos, y pocos más, crearon la Asociación para el Estudio del Cenit del Petróleo, ASPO, por sus siglas en inglés. En el año 2002, organizaron la 1ª Conferencia Internacional, junto con el profesor de física de la Universidad de Uppsala, Kjell Aleklett, hoy presidente de ASPO, a la que asistieron un reducido número de expertos.

Diez años después, el número de llamadas en Internet al concepto de “Peak Oil” supera los cuatro millones. La 6ª Conferencia Internacional, del año pasado en Cork, Irlanda, tuvo la asistencia de cientos de especialistas y expertos de todo el mundo. Contó con la asistencia de varios ministros y ex ministros europeos y de altas personalidades políticas, del mundo académico y del sector energético, donde el concepto del cenit del petróleo se ha abierto paso de forma incontestable, aunque la gran industria del sector sigue siendo muy reticente al reconocimiento público de este fenómeno y sobre todo, a fijar una fecha tan cercana a la que vivimos, como la que predijeron estos científicos.

Hay creadas más de veinte Asociaciones nacionales, desde EE. UU. a China y en casi todos los países europeos, que están vinculadas de forma muy libre, exclusivamente alrededor de su punto de encuentro: la llegada inminente, hablando en términos históricos, al cenit, máximo o pico de la producción mundial de petróleo.

A Campbell y Laherrère se les puede aplicar en esta pasada década, lo que dijo Gandhi sobre él mismo y su perseverancia: “primero te ignoran; luego se ríen de ti; luego luchan contra ti; y luego vences”. El ex secretario de Energía de los EE. UU. con la Administración Carter, Arthur Schlesinger, viajó el año pasado a abrir la 6ª Conferencia Internacional de ASPO en Cork y comentó, respecto de los miembros de ASPO y sus trabajos sobre el cenit del petróleo, que podían “cantar victoria”; esto es, que sus tesis parecen ya incuestionables en el fondo y que la Humanidad tendrá que afrontar este severo reto antes de 10 años.

Sin embargo, los economistas clásicos todavía trabajan, piensan y se comportan como si la Tierra fuese un lugar sin límites, una especie de Tierra plana, en la que los recursos y sus tasas y flujos de extracción jamás pudiesen disminuir.

Si el mundo llega a un máximo absoluto en su capacidad de extracción de energía, parece bastante razonable que el sistema económico y financiero, basado en la necesidad de un crecimiento constante para poder pagar los intereses que sus capitales exigen, además del propio capital, sea el primero en mostrar esa fatiga e impotencia para seguir creciendo.

Lo que está sucediendo estos días, puede ser el preludio que anuncia, hasta sin querer, el fin de una era, de un modelo social. La economía clásica trata a la energía como un bien de consumo más; pero hemos visto que no lo es; es el requisito previo para que se puedan dar todos los demás bienes y servicios proporcionalmente a su grado de explotación.

Sobre estas premisas, surge una duda acerca de si la energía disponible en la biosfera (básicamente la biomasa, la energía solar, la hidráulica o la eólica) y sus flujos o tasas de extracción posibles, podrán tomar el relevo de las energías fósiles, pronto en decadencia, que ahora tomamos de la litosfera a velocidades de vértigo.

O mejor todavía, si podrán cubrir la creciente brecha entre estos agotamientos previsibles del aporte fósil y la siempre creciente demanda que la economía clásica implica.

Así como una semilla se alimenta bajo la tierra y después emerge en forma de planta, vamos a necesitar enfrentarnos pronto al dilema y a la paradoja de tener que volver pronto a la biosfera en busca de recursos energéticos renovables para nuestra supervivencia.

El sol proyecta sobre la tierra 8.500 veces más energía que la energía primaria que consumimos y genera todas las energías renovables que derivan de él.

Pero no se trata sólo de una cuestión de volúmenes, sino fundamentalmente de flujos y de tasas razonables de captura energética, de una energía que viene dada dispersa; de saber si esta energía, tan abundante como dispersa, podrá mantener los actuales modelos sociopolíticos y tecnológicos, con todas las mencionadas actividades de extracción, transformación y transporte de materiales.

En la 7ª Conferencia Internacional de ASPO analizaremos y discutiremos sobre estas importantes cuestiones, en un encuentro público, con algunas señaladas contribuciones sobre estos temas. Tendrá lugar en el World Trade Center de Barcelona, los próximos 20 y 21 de octubre.

http://www.iarnoticias.com/2008/noticias/norteamerica/0510_petroleo_crisis_financ_25sept08.html

Tags: , , , , , , ,

“Basta decirles que se trata de un sistema adicional de juegos especulativos”

Ningún pueblo por sí solo, por grande y rico que sea -menos aún un mediano o pequeño país-, puede resolver por sí mismo y por sí solo sus problemas. Unicamente por visión estrecha, por miopía o ceguera política, o ausencia total de preocupación y sensibilidad por el destino humano, se puede negar esta realidad.

Pero las soluciones para la humanidad no vendrán de la buena voluntad de los que hoy se adueñan del mundo y lo explotan, aunque no puedan soñar o concebir otra cosa que el carácter perenne de lo que constituye el cielo para ellos y un infierno para el resto de la humanidad; infierno real y sin remedio posible.

El orden económico que hoy prevalece en el planeta caerá inevitablemente. Eso podría comprenderlo incluso un colegial que sepa sumar, restar, multiplicar y dividir lo suficiente para obtener un simple aprobado en aritmética.

Muchos acuden al infantil recurso de llamar escépticos a quienes hablen de esos temas. No faltan incluso los que sueñan con establecer colonias en la Luna o en el planeta Marte. No los critico por soñar. Tal vez, si lo logran, sería el sitio donde algunos puedan refugiarse, si no se detiene la brutal y creciente agresión al planeta que habitamos.

Fidel Castro, desde radiomundial.com

El sistema actual es insostenible, porque se sustenta sobre leyes ciegas, caóticas, ruinosas y destructivas de la sociedad y la naturaleza.

Los propios teóricos de la globalización neoliberal, sus mejores académicos, expositores y defensores del sistema, se muestran inciertos, vacilantes, contradictorios. Hay mil interrogantes que no pueden ser respondidas. Es hipócrita afirmar que la libertad del hombre y la absoluta libertad del mercado son conceptos inseparables, como si las leyes de este, que han originado los sistemas sociales más egoístas, desiguales y despiadados que ha conocido el hombre, fuesen compatibles con la libertad del ser humano, al que el sistema convierte en una simple mercancía.

Sería mucho más exacto decir que sin igualdad y fraternidad, que fueron lemas sacrosantos de la propia revolución burguesa, no puede haber jamás libertad, y que la igualdad y la fraternidad son absolutamente incompatibles con las leyes del mercado.

Las decenas de millones de niños en el mundo obligados a trabajar, a prostituirse, suministrar órganos, vender drogas para sobrevivir; los cientos de millones de personas sin empleo, la pobreza crítica, el tráfico de drogas, de inmigrantes, de órganos humanos, como el colonialismo ayer y su dramática secuela actual de subdesarrollo, y cuanta calamidad social existe en el mundo de hoy, se han originado en sistemas que se basaron en esas leyes. No es posible olvidar que la lucha por los mercados originó la espantosa carnicería de las dos guerras mundiales de este siglo.

Tampoco se puede ignorar que los principios del mercado son parte inseparable del desarrollo histórico de la humanidad, pero cualquier hombre racional tiene todo el derecho a rechazar la pretendida perennidad de tales principios de carácter social como base del ulterior desarrollo de la especie humana.

Los más fanáticos defensores y creyentes del mercado han terminado convirtiéndolo en una nueva religión. Surge así la teología del mercado. Sus académicos, más que científicos, son teólogos; es para ellos una cuestión de fe. Por respeto a las verdaderas religiones practicadas honestamente por miles de millones de personas en el mundo y a los verdaderos teólogos, podríamos sencillamente añadir que la teología del mercado es sectaria, fundamentalista y antiecuménica.

Por muchas otras razones, el orden mundial actual es insostenible. Un biotecnólogo diría que en su mapa genético aparecen numerosos genes que lo conducen a su propia destrucción.

Nuevos e insospechados fenómenos surgen, que escapan a todo control de gobiernos e instituciones financieras internacionales. No se trata ya sólo de la creación artificial de fabulosas riquezas sin ninguna relación con la economía real. Tal es el caso de los cientos de nuevos multimillonarios que surgen al multiplicarse en los últimos años el precio de las acciones de las bolsas de valores en Estados Unidos, como un gigantesco globo que se infla hasta el absurdo con grave riesgo de que tarde o temprano estalle. Ya ocurrió en 1929, originando una profunda depresión que duró toda una década.

En agosto de este año, la simple crisis financiera de Rusia, que produce sólo el 2% del Producto Interno Bruto del mundo, hizo bajar el Dow Jones, índice insignia de la bolsa de valores de Nueva York, 512 puntos en un día. Cundió el pánico, amenazó con un Sudeste Asiático en América Latina y con ello un gran riesgo para la economía norteamericana. A duras penas han podido frenar hasta ahora la catástrofe. En esas acciones que se cotizan en las bolsas están los ahorros y fondos de pensiones del 50% de los norteamericanos. Cuando la crisis de 1929 era solo el 5% y hubo numerosos suicidios.

En el mundo globalizado lo que ocurra en cualquier parte repercute de inmediato en el resto del planeta. El susto reciente ha sido grande. Los recursos de los países más ricos del mundo, convocados por Estados Unidos, se movilizaron para atajar o atenuar el incendio. No obstante, a Rusia se le quiere mantener al borde del abismo, y a Brasil se le exigen condiciones innecesariamente duras. El Fondo Monetario Internacional no se aparta un milímetro de sus principios fundamentalistas. El Banco Mundial se insubordina y denuncia.

Todo el mundo habla de una crisis financiera internacional, los únicos que no se han enterado son los ciudadanos norteamericanos: han gastado más que nunca, y sus ahorros están por debajo de cero. No importa, sus transnacionales invierten el dinero de los demás. Tampoco importa el creciente déficit comercial, que alcanza ya los 240 000 millones. Privilegios del imperio que imprime la moneda de reserva del mundo. En los bonos de su Tesorería se refugian en masa los especuladores cuando hay crisis. Como el mercado interno es grande y se gasta más, la economía se mantiene aparentemente bien, aunque las ganancias de las corporaciones se han reducido. Megafusiones, euforia: suben de nuevo los precios de las acciones. Otra vez a jugar a la ruleta rusa. Todo seguirá eternamente bien. Los teóricos del sistema han descubierto la piedra filosofal. Todos los accesos están interceptados para que no penetren fantasmas que quiten el sueño. Ya no es imposible cuadrar el círculo. No habrá jamás crisis.

¿Pero es acaso el globo que se infla la única amenaza y el único juego especulativo? Un fenómeno que adquiere cada día proporciones fabulosas e incontrolables son las operaciones especulativas con las monedas. Como mínimo, ascienden a un millón de millones de dólares cada día. Algunos afirman que 1,5 millón de millones. Hace apenas catorce años esta cifra especulativa ascendía a solo 150 000 millones en un año. Posible confusión con las cifras. Cuesta trabajo expresarlas, y aún más traducirlas del inglés al español. Lo que en español se llama billón, es decir, un millón de millones, en inglés es trillón. Por su parte, el billón en inglés significa 1 000 millones. Ahora se inventa el millardo, que significa 1 000 millones tanto en español como en inglés. Estas dificultades del lenguaje expresan cuán difícil es seguir y comprender las fabulosas cifras que reflejan el nivel de especulación en el actual orden económico mundial. Esto lo pagan con el riesgo perenne de ruina la inmensa mayoría de los pueblos del mundo. Al menor descuido, el asalto de los especuladores devalúa la moneda de cualquiera de ellos, y en cuestión de días liquidan sus reservas en divisas, acumuladas quizás en decenas de años. El orden mundial ha creado las condiciones para ello. Nadie en absoluto está ni puede estar seguro. Los lobos, agrupados en manadas y apoyados en programas computarizados, saben dónde atacan, cuándo atacan y por qué atacan.

Hay palabras que no pueden ser pronunciadas en el

templo de los fanáticos del orden mundial impuesto

Un Premio Nobel de Economía propuso hace 14 años, cuando estas especulaciones eran dos mil veces menores, un impuesto del 1% a cada operación especulativa de este tipo. Hoy el importe de ese 1% sería suficiente para desarrollar a todos los países del Tercer Mundo. Sería una forma de regulación y freno a tan nociva especulación. Pero, ¿regular? Eso choca con la más pura doctrina fundamentalista. Hay palabras que no pueden ser pronunciadas en el templo de los fanáticos del orden mundial impuesto. Ejemplos: regulación, empresa pública, programa de desarrollo económico, cualquier forma de planificación mínima, participación o influencia del Estado en el área económica. Todo eso perturba el idílico sueño del paraíso del libre mercado y la empresa privada. Todo debe ser desregularizado, incluso el mercado de fuerza laboral. La ayuda al desempleo debe ser reducida a lo indispensable y mínimo para no sostener “vagos” y “holgazanes”; el sistema de pensiones debe reestructurarse y privatizarse. El Estado debe ocuparse solo de la Policía y el Ejército, para mantener el orden, reprimir protestas y hacer guerra. Ni siquiera es admisible que participe para nada en las políticas monetarias del Banco Central. Este debe ser absolutamente independiente. Luis XIV realmente sufriría mucho porque si él dijo “El Estado soy yo”, ahora tendría que añadir: “No soy absolutamente nada”.

Aparte de la asombrosa especulación con las monedas, crecen de forma acelerada e increíble los llamados fondos de cobertura y el mercado de derivados, otra palabrita bastante nueva. No intentaré explicarlo. Es complicado. Requeriría tiempo. Basta decirles que se trata de un sistema adicional de juegos especulativos, otro casino enorme en que se apuesta con todo y de todo, basado en cálculos sofisticados de riesgos con empleo de computadoras, programadores de alto nivel y eminencias económicas. Explotan la inseguridad y emplean el dinero de los ahorristas de los bancos; no tienen prácticamente restricción alguna, obtienen ganancias enormes y pueden crear catástrofes.

Que el actual orden económico es insostenible lo evidencia la propia vulnerabilidad y endeblez del sistema, que ha convertido el planeta en un gigantesco casino, a millones de ciudadanos y en ocasiones a sociedades enteras en jugadores de azar, desvirtuando la función del dinero y de las inversiones, ya que aquellos buscan a toda costa no la producción ni el incremento de las riquezas del mundo, sino ganar dinero con dinero. Tal deformación conducirá a la economía mundial a un inevitable desastre.

Un hecho reciente, ocurrido en Estados Unidos, ha sido motivo de escándalo y profunda preocupación. Uno de los fondos de cobertura de los que mencioné y traté de explicar en esencia, precisamente el más famoso de Estados Unidos, cuyo nombre, traducido al español, es Administración de Capital a Largo Plazo, y que cuenta con dos Premios Nobel de Economía y varios de los mejores programadores del mundo, y ganancias anuales superiores al 30%, estuvo a punto de una quiebra cuyas consecuencias habrían sido, al parecer, incalculables.

Apoyándose en el prestigio adquirido y confiado ciegamente en la infalibilidad de sus afamados programadores y sus Premios Nobel de Economía, con un fondo propio de solo 4 500 millones de dólares, movilizó fondos de 75 bancos diferentes, ascendentes a 120 000 millones de dólares para sus operaciones especulativas, es decir, obtuvo más de 25 dólares de préstamos por cada dólar propio del fondo. Tal procedimiento rompía todos los parámetros y supuestas prácticas financieras. Los cálculos y los programas fallaron. Las pérdidas fueron considerables; la quiebra, palabra dramática en esa esfera, inevitable. Era ya cuestión de días. El Sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos acudió al rescate del fondo de cobertura. Esto estaba en contradicción con todo lo que predica Estados Unidos y sostiene la filosofía neoliberal, a partir de lo que se considera una conducta irresponsable de una institución de ese carácter. Según los principios establecidos, el famoso fondo de resuardo debió arruinarse, la ley del mercado le daría una lección al imponer el correctivo pertinente. Se produjo el escándalo. El Senado citó a Greenspan, Director del Sistema de la Reserva Federal; fue llamado a declarar. Este alto funcionario, surgido de Wall Street, es considerado uno de los más expertos y eminentes responsables de la economía de Estados Unidos, se le atribuye el mérito principal de los éxitos económicos de la actual Administración, y en estos momentos recibe homenaje especial en los círculos financieros y en la prensa como el hombre que frenó la crisis en la bolsa de Estados Unidos, al rebajar tres veces consecutivas la tasa de interés. Después del Presidente, se le considera la persona más importante del país. Pues bien, este famoso y reconocido Director declaró al Senado que, si no salvaba al fondo, se produciría una catástrofe económica que afectaría a Estados Unidos y al mundo entero.

¿Cuál es la solidez de un orden económico en el que la acción, calificada de aventurera e irresponsable, de una institución especulativa que poseía solo 4 500 millones de dólares, puede conducir a Estados Unidos y al mundo a un desastre económico?

Cuando se observa tal endeblez y semejante falla inmunológica del sistema, podría diagnosticársele que padece de algo muy parecido al SIDA.

No deseo utilizar en esta ocasión más argumentos. Existen otros muchos problemas en la economía mundial. El orden prevaleciente se debate entre inflación, recesión, deflación, posibles crisis de superproducción, bajas sostenidas de los productos básicos. Países tan inmensamente ricos como Arabia Saudita tienen ya déficit presupuestarios y comerciales, a pesar de que exporta 8 millones de barriles diarios de petróleo. Los pronósticos optimistas de crecimiento se esfuman. No hay la menor idea de cómo se resolverán los problemas del Tercer Mundo. ¿Con qué bienes de capital, tecnologías, redes de distribución, créditos para la exportación, cuentan para buscar mercados, competir y exportar? ¿Dónde están los consumidores de sus productos? ¿Cómo se buscarán los recursos para la salud de Africa, cuyos 22 millones de personas afectadas por el VIH requerirían, a los precios actuales, 200 000 millones de dólares cada año para controlar una sola enfermedad? ¿Cuántos morirán mientras aparezca una vacuna protectora o un medicamento que elimine la enfermedad?

El mundo necesita una cierta dirección para enfrentar sus actuales realidades. Somos ya 6 000 millones los habitantes en el planeta. Es casi seguro que en solo cinco décadas más seamos 9 500 millones. Garantizar alimentos, salud, educación, empleo, ropa, calzado, techo, agua potable, electricidad y transporte para tan extraordinario número de personas que vivirán precisamente en los países más pobres, será un desafío colosal. Primero habrá que definir patrones de consumo. No podemos seguir implantando los gustos y modos de vida inspirados en el modelo despilfarrador de las sociedades industrializadas, lo que sería suicida además de imposible.

Hay que programar el desarrollo del mundo. Esa tarea no puede quedar en manos de las transnacionales y de las ciegas y caóticas leyes del mercado. La Organización de Naciones Unidas constituye una buena base, reúne ya mucha información y experiencia; hay que luchar simplemente por democratizarla, poner fin a la dictadura del Consejo de Seguridad y a la dictadura dentro del propio Consejo, al menos ampliándolo con nuevos miembros permanentes donde el Tercer Mundo esté debidamente representado, con todas las prerrogativas que tienen los actuales miembros que ostentan ese carácter y cambiando las reglas para la toma de las decisiones. Hay que ampliar, además, las funciones y la autoridad de la Asamblea General.

Ojalá no sea mediante crisis económicas catastróficas que aparezcan soluciones. Miles de millones de personas del Tercer Mundo serían las más afectadas. Un elemental sentido de las realidades tecnológicas y del poder destructivo de las armas modernas, nos obliga a pensar en el deber de impedir que los conflictos de intereses que inevitablemente se desatarán conduzcan a guerras sangrientas.

La existencia de una sola superpotencia, un orden económico global y asfixiante, hace difícil -tal vez imposible- que incluso una Revolución como la nuestra, si naciera hoy y no cuando pudo contar con un punto de apoyo, en un mundo que era entonces bipolar, pudiera sostenerse. Nuestro país contó, por ello, con el tiempo necesario para desarrollar una invencible capacidad de resistencia y desplegar a la vez, en la esfera internacional, la fuerte influencia de su ejemplo y su heroísmo para librar en todas las tribunas una gran batalla de ideas.

Los pueblos lucharán, las masas desempeñarán importante y decisivo papel en esas luchas, que en el fondo será su respuesta a la pobreza y los sufrimientos que les han sido impuestos; mil formas creadoras e ingeniosas de presión y acción política surgirán. Muchos gobiernos se verán desestabilizados por las crisis económicas y la ausencia de salidas dentro del sistema económico internacional establecido.

Vivimos una etapa en que los acontecimientos marchan por delante de la conciencia de las realidades que estamos padeciendo. Hay que sembrar ideas, desenmascarar engaños, sofismas e hipocresías, usando métodos y medios que contrarresten la desinformación y las mentiras institucionalizadas. La experiencia de 40 años de calumnias caídas sobre Cuba como lluvias torrenciales nos ha enseñado a confiar en el instinto y la inteligencia de los pueblos.

Los países de Europa han dado al mundo un buen ejemplo de lo que puede lograrse mediante el ejercicio de la racionalidad y el empleo de la inteligencia. Después de siglos guerreando entre sí, comprendieron que incluso ellos, países industrializados y ricos, no podrían sobrevivir aislados. Soros, un conocido personaje del mundo de las finanzas, y su grupo, con un asalto especulativo, pusieron de rodillas a Gran Bretaña, otrora dueña de un gran imperio, reina incuestionada de las finanzas y poseedora de la moneda de reserva, papel que ahora desempeñan el dólar y Estados Unidos.

El franco, la peseta y la lira también sufrieron los embates de la especulación. El dólar y el euro se vigilan mutuamente. Un adversario con perspectivas le ha surgido a la privilegiada moneda norteamericana. Estados Unidos apuesta ansiosamente a sus dificultades y fracaso. Sigamos de cerca los acontecimientos.

Algunos en sus angustias, incertidumbres y dudas, buscan alternativas eclécticas. El mundo, sin embargo, no tiene otra alternativa a la globalización neoliberal, deshumanizada, moral y socialmente indefendible, ecológica y económicamente insostenible, que una distribución justa de las riquezas que los seres humanos sean capaces de crear con sus manos laboriosas y fecunda inteligencia. Cese la tiranía de un orden que impone principios ciegos, anárquicos y caóticos, que conduce a la especie humana hacia el abismo. Sálvese la naturaleza. Presérvense las identidades nacionales. Protéjanse las culturas de cada país. Que prevalezcan la igualdad, la fraternidad y con ellas la verdadera libertad. No pueden continuar creciendo las insondables diferencias entre ricos y pobres dentro de cada país y entre los países. Deben, por el contrario, disminuir progresivamente hasta cesar algún día. Que sea el mérito, la capacidad, el espíritu creador y lo que el hombre realmente aporte al bienestar de la humanidad; no el robo, la especulación o la explotación de los más débiles lo que determine el límite de las diferencias. Practíquese verdaderamente el humanismo, con hechos y no con hipócritas consignas.

* Extractos del discurso de Fidel Castro, en el acto central por el cuadragésimo aniversario del triunfo de la Revolución, efectuado en el Parque Céspedes, Santiago de Cuba, el día 1ro. de enero de 1999.

Tags: , , , ,

Por Bill Van Auken -WSWS
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

wsws, World Socialist Web Site
vía iarnoticias.com
28-Septiembre-08

Es notable que el despliegue de tropas de combate de EE.UU. “como una fuerza federal disponible para emergencias y desastres naturales o causados por humanos” – en la formulación de Army Times – coincida con el estallido de la mayor emergencia económica y desastre financiero desde la Gran Depresión de los años treinta.

Por primera vez en la historia, los militares de EE.UU. están desplegando una unidad de combate del Ejército en servicio activo regular para uso a tiempo completo dentro del país a fin de encarar emergencias, incluidos potenciales disturbios civiles.

Desde el 1º de octubre, el Equipo de Combate de la Primera Brigada de la Tercera División será colocado bajo el comando del Ejército Norte de EE.UU., el componente del ejército del Comando Norte (NorthCom) del Pentágono, que fue creado después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 con la misión declarada de defender la “patria” y ayudar a autoridades federales, estatales y locales.

La unidad – conocida como “Raiders” [asaltantes] – es una de las de más “selectas” del Ejército. Ha pasado casi tres de los últimos cinco años en Iraq, dirigiendo el asalto contra Bagdad en 2003 y realizando combates casa por casa en la represión de la resistencia en la ciudad de Ramadi. Fue el primer equipo de combate de brigada enviado tres veces a Iraq.

Aunque se han utilizado previamente unidades en servicio activo en tareas temporales, como ser las tropas con equipo de combate desplegadas en Nueva Orleans, que fue colocada efectivamente bajo la ley marcial después del huracán Katrina, esto marca la primera vez en que una unidad de combate del Ejército recibe tareas específicas en las que suelo estadounidense constituye su “zona de combate.”

Los pronunciamientos oficiales del Pentágono subrayaron el papel de unidades especializadas en una reacción potencial a un ataque terrorista dentro de EE.UU. El general George Casey, jefe del Estado Mayor del Ejército, asistió la semana pasada a un ejercicio de entrenamiento de unos 250 miembros de la unidad en Fort Stewart, Georgia. El centro del ejercicio, según la oficina de asuntos públicos del Ejército, fue como los soldados “podrían volar misiones de búsqueda y rescate, extraer víctimas y descontaminar a gente después de un catastrófico ataque nuclear en la región vital de la nación.”

“Estamos en guerra contra una red extremista global que no desaparece,” dijo Casey a los soldados. “Espero que no tengamos que usarla, pero necesitamos la capacidad de hacerlo.”

Sin embargo, la misión asignada a los casi 4.000 soldados del Equipo de Combate de la Primera Brigada no es sólo rescatar a víctimas de ataques terroristas. Un artículo que apareció este mes en Army Times (“Brigade homeland tours start Oct. 1” [Recorridos de brigada por el interior comienzan el 1º de octubre]), una publicación que es ampliamente leída por los militares, pinta un cuadro diferente y mucho más siniestro.

“Se podrá recurrir a ellos para ayudar en casos de descontento social y control de multitudes,” informa el periódico. Cita al comandante de la unidad, coronel Robert Cloutier, diciendo que los soldados están siendo entrenados en el uso del “primer paquete no-letal que jamás haya presentado el Ejército.” Las armas, informa la publicación, están “destinadas a someter a individuos revoltosos o peligrosos sin matarlos.” El equipo incluye “beanbag bullets” [Cartuchos en los que tras la pólvora se inserta un taco separador y una cantidad de perdigones esféricos envueltos en un saquete de tela y con una falsa ojiva plástica que les proporciona protección aerodinámica], escudos y porras y equipos para erigir bloques de ruta.

Parece que como parte del entrenamiento para su despliegue dentro de EE.UU., se ha ordenado a los soldados que prueben parte de este equipo no-letal los unos sobre los otros.

“Fui el primero en la brigada al que le aplicaron el Taser [porra de electrochoque]”, dijo Cloutier al Army Times. Describió los efectos del arma como “el peor calambre muscular de tu vida – multiplicado por 10 en todo tu cuerpo.”

La observación del coronel sugiere que, en preparación para sus deberes en el “frente interior”, soldados rasos también son sometidos rutinariamente al Taser. El efecto y el propósito embrutecedor de un ejercicio de entrenamiento tan macabro es insensibilizar a los soldados contra la conmiseración por el dolor y el sufrimiento que se les puede pedir que inflijan a la población civil utilizando esas mismas armas “no-letales.”

Según funcionarios militares citados por el Army Times, el despliegue de tropas regulares del Ejército en EE.UU., iniciado con el Primer Equipo de Combate de Brigada, se hará permanente. Diferentes unidades serán rotadas en la tarea sobre una base anual.

En una entrevista en línea con periodistas durante este mes, se preguntó a oficiales sobre las implicaciones del nuevo despliegue para la Ley Posse Comitatus, el estatuto legal de 230 años de antigüedad que prohíbe el uso de fuerzas militares de EE.UU. para propósitos de mantenimiento del orden dentro del propio EE.UU.

El coronel Lou Volger, jefe de operaciones futuras de NorthCom, trató de minimizar cualquier rol de mantenimiento del orden, pero agregó: “Nos integraremos con el mantenimiento del orden para comprender la situación y asegurar que sepamos de cualesquiera amenazas.”

Volger reconoció lo obvio: que el Equipo de Combate de Brigada es una fuerza militar, mientras intentaba descartar la probabilidad de que tendría algún rol militar. “Incluye fuerzas para seguridad,” dijo “pero eso es realmente – lo llaman fuerzas de seguridad, pero eso es realmente sólo para establecer nuestra propia marca y asegurar que podamos operar y mantener nuestras propias bases.”

El teniente coronel James Shores, otro oficial de NorthCom, se sumó a la conversación: “Digamos que incluso si hubiera un escenario que se desarrollara hacia un cierto disturbio civil – incluso en ese momento se necesitaría una directiva presidencial para incluso llegar cerca de algo como lo que usted está sugiriendo.”

Sea lo que sea que se requiera para provocar una tal intervención, es obvio que el coronel Cloutier y sus soldados se están preparando para ello con su entrenamiento práctico en el uso de medios “no-letales” de represión.

A pesar de la extrema susceptibilidad de los mandamases militares respecto al tema, la realidad es que la intervención de militares en asuntos interiores ha aumentado fuertemente durante el período reciente bajo condiciones en las que su participación en dos guerras de estilo colonial en el exterior les ha dado un papel mucho más destacado en la vida política estadounidense.

El gobierno de Bush ha trabajado para derribar todas las barreras para el uso de los militares en la represión interior. Por consiguiente, incluyó en la ley de gastos del Pentágono para 2007 una medida para enmendar la Ley Posse Comitatus a fin de allanar el camino para el despliegue en el interior de los militares en casos de desastres naturales, ataque terrorista u “otras condiciones en las que el presidente determine que ha ocurrido violencia interior hasta tal punto que funcionarios estatales no puedan mantener el orden público.”

La cláusula otorga al presidente amplios nuevos poderes para imponer la ley marcial declarando una “emergencia pública” prácticamente por cualquier motivo, permitiéndole desplegar tropas en cualquier sitio de EE.UU. y tomar el control de unidades de la Guardia Nacional basadas en los Estados sin el consentimiento de los gobernadores estatales a fin de “reprimir el desorden público.”

La estipulación fue posteriormente revocada por el Congreso como parte de la legislación de gastos militares para 2008, pero la intención sigue existiendo. Considerando los amplios poderes reivindicados por la Casa Blanca en nombre del “comandante en jefe” en una guerra global contra el terror – poderes para suspender el habeas corpus, realizar un espionaje interior generalizado y torturas – no hay motivos para creer que respetaría restricciones legales contra el uso de la fuerza militar en el interior.

Es notable que el despliegue de tropas de combate de EE.UU. “como una fuerza federal disponible para emergencias y desastres naturales o causados por humanos” – en la formulación de Army Times – coincida con el estallido de la mayor emergencia económica y desastre financiero desde la Gran Depresión de los años treinta.

Justificado como una reacción ante amenazas terroristas, la verdadera fuente de los crecientes preparativos para el uso de fuerza militar estadounidense dentro de las fronteras de EE.UU. no proviene de los eventos del 11 de septiembre de 2001 o del peligro de que se repitan. Más bien, la movilización interior de las fuerzas armadas es una reacción del establishment gobernante de EE.UU. a la creciente amenaza para la estabilidad política.

Bajo condiciones de una profundización de la crisis económica, el abismo social sin precedentes que separa a la gente trabajadora del país de la elite poseedora de una riqueza obscena se hace insostenible dentro del marco político existente.

http://www.iarnoticias.com/2008/noticias/norteamerica/0517_posibles_disturbios_27sept08.html

Tags: , , , ,