Archivo para Septiembre, 2008

Tiempos Modernos, vía festivaldetorroella.com

Tiempos Modernos, vía festivaldetorroella.com

Por Michael R. Krätke
Sin Permiso
vía www.rebelion.org

“¿Qué queda entonces de la superpotencia EEUU? Su poder estaba construido sobre barro financiero. Con el desplome de la hegemonía del dólar, llegó a su fin; el sistema financiero estadounidense ha quedado desacreditado por años. Esto es el fin del capitalismo estadounidense, del ejemplo que por décadas se nos ensalzó como modelo a seguir. Y no es poco, aunque no sea, ni por mucho, el fin del capitalismo como sistema mundial.”

Los bancos norteamericanos ganan tiempo con el plan de rescate. Pero la hegemonía del dólar y el capitalismo estadounidense llegaron a su fin.

Hay tradición. Los bancos y los financieros serán salvados con miles de millones de dineros del contribuyente. “Para bien de todos”. Suecia lo hizo. Y Japón. Y Gran Bretaña. Y, de nuevo, los EEUU. Hasta ahora, todos los gobiernos estadounidenses habían intervenido con “rescates” en cualquier crisis financiera. Tras las mayores estatalizaciones de todos los tiempos viene ahora el mayor de los rescates.

El secretario estadounidense del Tesoro, Henry Paulson, exjefe del banco Goldman Sachs, el número 1 de los bancos de inversión, se ha sacado de la chistera la “madre de todos los rescates. De consuno con la Reserva Federal, ha diseñado un paquete para ayudar a los bancos a salir de aprietos. Y eso sólo es posible, si se les quita de las manos la patata caliente de unas hipotecas y de unos derivados hipotecarios desvalorizados que, considerados hasta hace muy poco la joya del arte financiero, andan ahora estigmatizados como “basura tóxica”. Puesto que el mercado para tales papeles se ha desplomado, nadie sabe desde hace meses qué valor puedan tener.

Ahora viene el Estado como salvador. Un rescate de prestado, con miles de millones que el gobierno Bush no tiene. El Estado norteamericano todavía tiene crédito, y de ello depende ahora todo el sistema financiero estadounidense, y con él, el internacional. El volumen de los fondos de urgencia queda en principio limitado a 700 mil millones de dólares; más no permite la actual ley presupuestaria, y habría que modificarla para aumentar esos fondos. No bastará. Serán necesarios entre 1 y 2 billones –en el peor de los casos, hasta 5— para enjugar todos los créditos y todos los títulos de derivados tóxicos. Están en circulación préstamos hipotecariamente respaldados por valor, al menos, de 1,1 billones de dólares, y a eso hay que añadir más de 2 billones en forma de hipotecas a propietarias y propietarios de vivienda privados y 1,6 billones en hipotecas a empresas que operan en el mercado. Si las cosas discurren como quieren Paulson y Bush, acabarán teniendo entre manos un fondo estatal billonario más bien parecido a una empresa de propiedad popular como lo fue en su día la “Ramsch und Schund” en la antigua República Democrática de Alemania. Es vana esperanza la suya, creer que podrán vender luego los papelitos adquiridos ahora a los bancos. Al final, el Estado se quedará sólo con las pérdidas, y el contribuyente tendrá que cargar con la deuda pública.

El gobierno saliente presiona para sacar adelante su plan de salvación. Paulson pretende, en efecto, que el Congreso la firme un cheque en blanco. Nunca un secretario del Tesoro tuvo nunca tanto poder en los EEUU. La crisis financiera llama a gritos a un dictador: así ven las cosas los neoconservadores en el gobierno.

Sólo que el Comité bancario del Congreso regatea. Los senadores se agarran a cualquier pretexto, los bolsistas temen la cólera de los electores. Esto es “socialismo financiero y es antiamericano”, truenan los republicanos. Los demócratas tienen un contraplan. Quieren ayuda para los propietarios de vivienda, no para los bancos. Quieren una participación del estado en las empresas rescatadas, quieren una clara limitación de los salarios y las remuneraciones de los altos ejecutivos. Es decir, intromisión directa del Estado en la política de las empresas. En Europa, eso sólo lo exige la izquierda.

Nadie podrá negar que el contribuyente norteamericano es el tonto de esta historia: nadie está en condiciones de garantizar que la salvación de los bancos el servirá para algo al propietario o a la propietaria de vivienda. Pues lo precios inmobiliarios siguen cayendo, y se contarán por millones los que verán aumentadas sus deudas al tiempo que cae el valor de mercado de sus casas. Por consiguiente, en cada refinanciación, los bancos exigirán mayores intereses, lo que traerá consigo un incremento drástico de los embargos y las ejecuciones hipotecarias. Puesto que éstas últimas yo no aportan nada, más bancos irán a la bancarrota. No es por casualidad que los dos últimos grandes bancos de inversión, Goldman Sachs y Morgan Stanley, acaben de ser transformados en bancos comerciales normales y corrientes. Caen así bajo la inspección bancaria pública, a trueque de poder acceder a los fondos públicos de urgencia. Los necesitarán. Los bancos extranjero filiales de empresas estadounidenses podrán beneficiarse igualmente de esos dineros públicos. Si se les excluyera de la bendición crematística, la plaza financiera de Londres sería la siguiente en partirse de risa. Por eso la negativa de los restantes miembros del G-7 a aprobar planes de rescate parecidos carece de sentido, y no podrá mantenerse. En cualquier caso, los británicos seguirán tomando medidas de ayuda, y los alemanes ya han socializado las pérdidas de sus bancos (semi)públicos.

El Plan saldrá adelante y ayudará a algunos bancos a ganar tiempo. Pero no resolverá la crisis financiera. El déficit de los EEUU crecerá todavía más. El umbral de máximo endeudamiento ha crecido con las últimas estatalizaciones otros 10,6 billones de dólares: está, pues, ahora en los 11,3 billones. Sin aumentar los impuestos, lo único que pueden hacer los EEUU es emitir y lanzar al mercado más deuda pública. Ya hoy, las importaciones estadounidenses de capital precisan de 4 mil millones diarios. Eso no puede sentarle bien al dólar. Ya se acabó otra vez su efímero vuelo, y volverá a caer.

¿Qué queda entonces de la superpotencia EEUU? Su poder estaba construido sobre barro financiero. Con el desplome de la hegemonía del dólar, llegó a su fin; el sistema financiero estadounidense ha quedado desacreditado por años. Esto es el fin del capitalismo estadounidense, del ejemplo que por décadas se nos ensalzó como modelo a seguir. Y no es poco, aunque no sea, ni por mucho, el fin del capitalismo como sistema mundial.

- Michael Krätke, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de política económica y derecho fiscal en la Universidad de Ámsterdam e investigador asociado al Instituto Internacional de Historia Social de esa misma ciudad.

Tags: , , ,

Por Immanuel Wallerstein
La Jornada
Vía www.rebelion.org

Sería un error subestimar la importancia del acuerdo que el 9 de septiembre tomaron Nicolas Sarkozy de Francia, en su capacidad de actual presidente de la Unión Europea (UE), y Dimitri Medvedev, presidente de Rusia. Es un acuerdo que marca el fin definitivo del Acto Primero del nuevo orden geopolítico mundial.

¿Qué se decidió? Los rusos accedieron a retirar todas sus tropas de lo que se conocen como “áreas centrales de Georgia”, o “Georgia, propiamente”, es decir, las partes de Georgia que los rusos reconocen como Georgia. Estas tropas están siendo remplazadas por 200 monitores de la UE, y es algo que se emprende con base en las garantías ofrecidas por la UE de que no habrá ningún uso de fuerza contra Osetia del Sur y Abjazia.

El asunto del reconocimiento ruso a la independencia de Osetia del Sur y Abjazia se ha dejado abierto por completo. Sarkozy y el ministro de Relaciones Exteriores de la UE, Javier Solana, “esperan” que en el futuro Rusia permita que los monitores de la UE entren en estas áreas. El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, dijo que no hacen tal promesa y que “todo arreglo de supervisión futura requerirá de la ratificación de los gobiernos de Osetia del Sur y Abjazia”. Lavrov dijo que las tropas rusas se mantendrían en ambas áreas “en el futuro previsible”. Y aunque el secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Georgia, Alexander Lomaia, aplaudió las claras fechas límites para la retirada rusa de la Georgia “propiamente dicha”, anotó que era “mala noticia que [el acuerdo] no se refiriera a la integridad territorial [de Georgia]”.

Este acuerdo fue alcanzado por Europa y Rusia, y Estados Unidos no jugó ningún papel diplomático en lo absoluto. Medvedev acusó a Estados Unidos de haber dado su bendición a la acción original georgiana de invadir Osetia del Sur. Dijo que, por el contrario, los europeos son “nuestros socios naturales, nuestros socios clave”.

El presidente de Georgia recibió mucho aliento de John McCain, y el vicepresidente Cheney voló ahí para decir que Estados Unidos daría mil millones de dólares en asistencia para la reconstrucción de Georgia. Pero el secretario de Defensa, Robert Gates, al explicar por qué esta ayuda no incluía asistencia militar y por qué no habría sanciones económicas contra Rusia, dijo: “si actuamos muy precipitadamente, podemos ser nosotros quienes quedemos aislados”.

Así que, ¿cuál es el fondo del asunto? Rusia consiguió en Georgia más o menos lo que quiso. Su reconocimiento “irrevocable” de Osetia del Sur y Abjazia es algo que tal vez pueda canjear en el futuro por un viraje básico en las relaciones de Georgia con Rusia. Si no, no. El hecho es que Europa cree que necesita reconciliarse con Rusia y ha descartado reanudar lo que los chinos llaman “la guerra civil europea”.

Estados Unidos se percata de que no tiene cartas reales con qué jugar. Entre tanto, en Medio Oriente sus aliados más cercanos lo rechazan públicamente. En Irak, el primer ministro Maliki se ha vuelto un negociador muy rudo en torno a la continuada presencia de las tropas estadunidenses, y no es imposible que, si Estados Unidos no hace más concesiones importantes, los acuerdos actuales que terminan el 31 de diciembre simplemente se agoten.

En Afganistán, el presidente Karzai está tan exasperado con las misiones de bombardeo de las tropas especiales estadunidenses que ha exigido “una revisión de la presencia de tropas estadunidenses y de la OTAN en el país”, en lo que CBS News llama un “discurso de palabras ásperas”. La provocación inmediata fue un ataque aéreo en Azizabad que el ejército estadunidense alega que dejó pocas bajas y que estaba dirigido contra los talibanes. Los afganos insisten en que no había talibanes ahí y que un gran número de civiles fue asesinado. Cuando los funcionarios de Naciones Unidas y otros dieron credibilidad a la versión afgana, el general estadunidense de mayor rango en Afganistán, David McKiernan, se retractó de la posición estadunidense e hizo un llamado a que se emprendiera una investigación estadunidense de alto nivel, a cargo de un general venido de Estados Unidos.

Y en Pakistán, el presidente Bush autorizó la persecución álgida de los talibanes de Afganistán a Pakistán, contraviniendo la advertencia del Consejo Nacional de Inteligencia de que esto conllevaría “un alto riesgo de desestabilizar más al gobierno y al ejército paquistaníes”. La incursión consiguió lo que el New York Times llama “una declaración inusualmente fuerte” del jefe del ejército paquistaní, el general Asfaq Kayani, quien dijo que sus fuerzas defenderían la soberanía paquistaní “a toda costa”. Dado que el gobierno estadunidense ha considerado al general Kayani como su fuerte simpatizante en Pakistán, esto no es exactamente lo que Estados Unidos quería escuchar.

Así que, ignorado en Georgia, y atacado por sus aliados más cercanos en Irak, Afganistán y Pakistán, Estados Unidos se encuentra algo descontento por cómo entra en las realidades del mundo posterior a la guerra fría, en el cual tiene que jugar con reglas nuevas que le resultan muy poco de su agrado.

Entre tanto, como nota al margen, irónica y no carente de importancia, el 10 de septiembre se celebró en Ginebra un importante desarrollo de la física de partículas, cuando el laboratorio de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (conocido como CERN, por sus siglas en francés) logró un avance científico importantísimo después de 14 años de trabajo y un gasto de 8 mil millones de dólares. Fue un momento tan importante en la ciencia mundial que sus contrapartes estadunidenses en el Fermilab de Batavia, Illinois, abrieron botellas de champaña a las 4:38 de la mañana para celebrar. Sin embargo, Pier Oddone, el director del Fermilab, admitió que era un “momento agridulce”. Hasta 1993, Estados Unidos era la autoridad en la física de partículas. Ese año, el Congreso estadunidense, inundado de confianza en sí mismo por haber “ganado” la guerra fría, consideraba que resultaba muy costoso construir el tipo de supercolisionador necesario para este avance de la física de partículas –ahora que geopolíticamente era ya algo innecesario. Los europeos tomaron una decisión muy diferente y Estados Unidos se halla ahora en un segundo lugar aquí también.

Llamo a esto el fin del Acto Primero porque ha sellado la realidad de una arena geopolítica verdaderamente multilateral. Por supuesto, hay otros actos por venir. Y cualquier amante del teatro sabe que el Acto Primero meramente establece quiénes son los actores. Es en el Acto Segundo donde vemos lo que ocurre realmente. Y luego ocurre el Acto Tercero con el desenlace.

© Immanuel Wallerstein
Traducción: Ramón Vera Herrera

Tags: , , , , , ,

vía www.pagina12.com.ar

El profesor de la escuela de negocios Stern de Nueva York sostiene que para resolver la crisis es necesario reducir la carga de la deuda que poseen las familias norteamericanas. Desde su blog del Global EconoMonitor (www.rgemonitor.com/blog/roubini), el viernes 25 de septiembre propuso un plan de diez pasos basado en la creación de una entidad estatal que absorba gran parte de la deuda “mala”:

1
“Hay que comprar activos tóxicos que están en los balances de las instituciones financieras y bancos para devolverles liquidez y permitir que otorguen nuevos créditos. El mayor problema aquí es la valuación de estos activos: si el gobierno los compra a un precio muy alto estaría subsidiando a banqueros imprudentes y a sus accionistas, pero si paga poco para minimizar el costo fiscal es probable que muchos bancos quiebren en el corto plazo.”

2
“La única solución posible para evitar que el gobierno sobrepague es asegurarse de que pueda participar de los beneficios de las posibles ganancias que tengan los bancos. Por eso, el gobierno deberá recibir a cambio de los activos sin liquidez acciones preferenciales en las instituciones financieras sobre todas las demás.”

3
“Aun cuando esto suceda, los bancos van a necesitar más capital. De esta manera, será necesario inyectar más adelante más capital en la forma de acciones preferenciales en las instituciones financieras.”

4
“Dado el riesgo que esto supone para el Estado, los accionistas de los bancos deberán ser los primeros en asumir las pérdidas. ¿Cómo se hace esto? Suspendiendo el pago de dividendos sobre las acciones, inclusive las preferenciales. Además habrá que conseguir que la inyección pública de capital sea equivalente al stock de acciones de los bancos.”

5
“La recapitalización pública y privada beneficiará a los acreedores que no están asegurados. Por eso, también hay que convertir algo de esa deuda en acciones. El intercambio reducirá el nivel de apalancamiento del sistema financiero.”

6
“Cuando termine la crisis el sistema va a necesitar menos capital que antes para evitar nuevas burbujas; y si se recapitalizan bancos van a poder prestar más, e igual todavía necesitás dejar que los bancos e instituciones financieras más insolventes quiebren y desaparezcan. Hay que destruir las manzanas malas para permitir que las buenas, o las enfermas pero curables, sobrevivan y prosperen.”

7
“Los activos de los bancos que están en bancarrota y se les permite caer van a parar a la Home Owners Mortage Enterprise (HOME, el banco que absorberá la deuda mala) para que se los reestructure y reduzca.”

8
Hay que tener un plan al estilo del HOLC, una Corporación de Préstamos para Propietarios que se creó en la Gran Depresión para comprar las hipotecas a un precio de descuento y refinanciarlas. Las familias en Estados Unidos tienen mucha deuda y sus activos no están perdiendo valor rápidamente. Es necesaria una política de reducción de deuda para que puedan volver a consumir. La falta de esta herramienta es la razón por la cual la crisis es cada vez más dura.”

9
“Hay que evitar que la recapitalización de los bancos y la resolución de la crisis conduzca a nuevas burbujas financieras. Se deben hacer muchas cosas para evitarlo, pero un rápido cambio en los requerimientos de capital que los hagan menos procíclicos sería esencial.”

10
“Implementar una rápida reforma del sistema regulatorio y de supervisión sobre los bancos y principalmente sobre las instituciones financieras que no son bancos tradicionales. En la década pasada, los reguladores se durmieron al volante mientras que la ideología del laissez-faire, la cultura de la regulación automática y la disciplina del mercado se volvieron dominantes.”

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-112292-2008-09-26.html

Tags: , , ,

Por Jorge Altamira
Argenpress
vía rebelion.org

La semana pasada, el sistema financiero de los Estados Unidos colapsó. Es necesario decir esto en forma clara y neta, porque muchos izquierdistas, al cabo de un prolongado período de domesticación política, ven esa posibilidad - si es que existe- , en un futuro distante. La prueba de este colapso fue la intervención excepcional del Estado norteamericano y la crisis política que ha desatado.

Las crisis del capital no operan en un vacío político, sino en el marco constituido del Estado. Los Estados se entrelazan con el movimiento de la economía a través de las finanzas públicas, las cuales forman parte de la reproducción social del capital. Esas finanzas públicas no tienen una existencia exterior a la economía capitalista: son el producto de ella por el sistema de impuestos, por el crédito público y por la centralización del proceso monetario.

Dislocación

De nuevo: la semana pasada este régimen colapsó. Quebró uno de los grandes bancos de inversión (Lehman Brothers), con una deuda de 600.000 millones de dólares; fue nacionalizada una aseguradora, con obligaciones por un billón de la misma moneda; fue liquidada otra banca, Merril Lynch, en beneficio de un competidor, Goldman Sachs, el cual fue socorrido enseguida por el Banco Central, que le aseguró su respaldo al reconvertirlo en un banco comercial. Diez días antes, el Estado había nacionalizado dos entidades bancarias semipúblicas, Fannie Mae y Freddie Mac, con deudas conjuntas de cerca de seis billones de dólares.

El Estado no es la solución del problema sino parte de él, y es por eso que el derrumbe actual es, ya mismo, potencialmente revolucionario.

El punto culminante de la crisis fue cuando quedó en evidencia la bancarrota de uno de los principales fondos que invierten en colocaciones de cortísimo plazo, amenazando un mercado de 3,5 billones de dólares. El régimen monetario se congeló: los capitales empezaron a abandonar todas las formas de inversiones para refugiarse en títulos del Tesoro norteamericano, el cual de esta forma llegó al record en un período no deflacionario: 0,25 por ciento de interés anual. En contraposición con esto, la tasa de préstamos entre bancos de primera línea subía a casi un 7 por ciento, una suerte de riesgo-bancario de 2.800 puntos (como en los peores momentos de la bancarrota de Argentina en 2001), aunque sin que se registraran operaciones relevantes, de las que todo el mundo rehuía.

El sistema monetario estaba paralizado. La Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos, había perdido el control de la política monetaria, toda vez que su tasa de fondos federales, del 2 por ciento, no ejercía la menor influencia en el mercado. No solamente esto, sino que también ella veía cernirse la amenaza de la bancarrota, pues sus reservas habían caído a menos de la mitad a fuerza de absorber títulos incobrables de bancos en quiebra, a los cuales entregaba, a cambio, títulos del Tesoro norteamericano. El secretario del Tesoro tuvo que anunciar una re-capitalización de la Reserva Federal, mediante la emisión de títulos públicos. Cuarenta y ocho horas después la sacó directamente de circulación, al hacer conocer la intención del gobierno de comprar él, directamente, cualquier activo que le ofrecieran las entidades financieras, de cualquier tipo y carácter, por un mentiroso estimado de 700.000 millones de dólares. Lo que está en juego, sin embargo, supera ese monto por un múltiplo que nadie conoce.

Los papanatas nacionales y populares descorcharon las botellas para celebrar esta intervención estatal, quizá porque servía para avalarles la operación similar que ellos acaban de hacer con Aerolíneas (rescatar a Marsans y a los acreedores de AA) o, más atrás, el rescate de los bancos en el colapso de 2001. Saludaron al ‘neoliberal’ Paulson, el secretario de Bush, por su reconversión al ‘keynesianismo’.

Pero la tradición del rescate bancario tiene varios siglos encima, no está asociada a ningún economista reciente, aunque cualquiera de ellos y el mismo Keynes hubieran defendido cualquier protección de la propiedad privada de los grandes banqueros. El llamado keynesianismo es una política de estímulo a la demanda en un período de recesión o depresión económica. No es eso lo que intentan hacer ahora los amigos de Bush.

Quiebra el plan de rescate

Si bien la Bolsas mundiales saludaron con euforia la intervención, el entusiasmo se disipó enseguida y ha desatado - como lo previmos en estas páginas la semana pasada- , una crisis de régimen político ¡al punto que Mac Cain ha decidido suspender la campaña electoral!

En la edición anterior, entre números y cifras, advertimos la posibilidad de un adelanto de la transferencia del mando y el establecimiento de un régimen de emergencia. Para cualquiera es claro que el supuesto plan de Paulson está condenado al fracaso, y por eso enfrenta resistencias cada vez mayores en el Congreso de Estados Unidos. El editor del principal diario financiero del mundo, Martin Wolf del Financial Times, acaba de bajarle el pulgar: “El plan de Paulson no es la verdadera solución a la crisis” es el título de su último artículo, una condena que suena muy fuerte porque viene de alguien que hasta hace poco consideraba que “la única salida es la nacionalización”. Antes de que ese plan vea la luz, entonces, es más probable que Paulson tenga que dejar el Tesoro. En ese caso se formará un gobierno interino, al menos en el campo financiero, que reunirá a los dos partidos dominantes; se formará una coalición y Bush quedará como un mascarón de proa. A los que ven el colapso en el futuro hay que advertirles que la sociedad norteamericana se encuentra conmovida hasta sus cimientos.

En realidad, la crisis financiera está lejos de haber agotado su curso. Hasta ahora todo ha girado en torno a los créditos hipotecarios y a la bicicleta financiera vinculada con esos créditos, que ha puesto en circulación valores ficticios varias veces superiores al movimiento de crédito que le dio origen. La toxicidad hipotecaria acabó con varios niveles de finanzas hasta llegar al colapso reciente. Pero el movimiento financiero no se limita al mercado hipotecario: también están todas las formas de crédito al consumo, las tarjetas de crédito, los créditos a las corporaciones, el mercado de acciones y su financiamiento y, en el tramo superior, la financiación de la compra, liquidación y reestructuración de empresas. En todos estos sectores la situación es de completa crisis, pero importa destacar al que afecta a las grandes corporaciones, pues se estima que los bancos tienen operaciones de transferencias de empresas sin completar, en Estados Unidos, por más de un billón de dólares. O sea que han adelantado el dinero para ello a cuenta de grupos financieros que podrían no proceder a completar el negocio en las nuevas circunstancias, ni podrían ser sustituidos por la colocación de títulos en los mercados públicos. Por eso, el Financial Times puede decir (24/9) que “el costo del rescate es imposible de de estimar”, o sea que puede superar largamente los mencionados 700.000 millones de dólares.

Concurso de acreedores

El plan de rescate tiene particularidades que ponen de manifiesto la enorme crisis de conjunto que está atravesando el capital. Se trata de un proyecto de apenas dos hojas que equivale a un cheque en blanco para el secretario del Tesoro, que en el pasado reciente fue el mandamás de Goldman Sachs. No tiene un método de evaluación de los rescates, ni un método de responsabilidades políticas. Bastó que el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, confesara al Senado que la intención era comprar los títulos invendibles de quien lo solicite bastante por encima de su valor, para desatar una crisis parlamentaria. Ocurre que este diseño sirve también para capitales que no están en quiebra y que pueden utilizar esta posibilidad para reforzar sus negocios sacándose de encima la porción de sus activos que es incobrable. En este caso, el proyecto no serviría para parar quiebras sino como instrumento de una política de concentración financiera dictada desde el Tesoro norteamericano. El plan, sin embargo, no tiene ninguna previsión de rescate para las familias con deudas hipotecarias, alegando que podría beneficiar a las que no tienen dificultades en pagarlas. Sin una contrapartida para las familias endeudadas, el plan es políticamente inviable, en especial en un período electoral, pero además no serviría para poner fin al problema de origen: la incapacidad para pagar esas hipotecas.

Los círculos capitalistas se encuentran completamente confundidos acerca de esta crisis y además enfrentados por salidas antagónicas que tienen que ver con su diferencia de intereses y de posiciones. Cuando desecha el plan Paulson, el ya mencionado editor del Financial Times dice que no existe ninguna posibilidad de recuperar los precios de los títulos invendibles, que es lo que pretende el plan con su compra por parte del Estado, simplemente porque la deuda de los grupos financieros afectados ha llegado a tal magnitud que “es impagable”. Lo que se sobreentiende aquí es algo más: que el intento de re-comprarla puede hundir financieramente varias veces al Estado. En este caso el plan Paulson conduce a una debacle cósmica. Sorprendentemente propone, sin embargo, como alternativa que los acreedores la usen para recapitalizar las empresas en estado de quiebra, o sea que se reconozca valor de capital a créditos que no tienen valor. Lo que debe entenderse, en realidad, es esto: el acreedor renuncia a recuperar su crédito (pierde su capital) hasta el valor resultante de la empresa o banco en quiebra. La sociedad capitalista debe entrar en un concurso de quiebra, con las convulsiones sociales y políticas correspondientes.

El Estado es parte del problema

¿Entonces qué dicen los economistas y banqueros que aprendieron de la debacle de los años ‘30? ¿Cómo están funcionando ‘los instrumentos institucionales’ que habrían sido diseñados para prevenir, controlar o pilotear crisis de fondo? ¿Qué queda de la alegre fantasía ‘progre’ de que el capitalismo es un proceso de reciclaje? ¿Dónde está la ‘ley de hierro’ que dice que el capital está protegido de su extinción por el Estado? Todas esas ‘instituciones’ han servido para darle a la crisis una amplitud inigualable. Bancos, mercados de capitales, sistemas monetarios han servido para separar hasta proporciones o niveles desconocidos el valor de cambio de las mercancías producidas (y de toda actividad social en general) de su valor de uso social; al capital del trabajo; a la producción de la acumulación, para darle en definitiva esta dimensión colosal a la crisis.

El Estado no es la solución del problema sino parte de él, y es por eso que el derrumbe actual es, ya mismo, potencialmente revolucionario.

Varios economistas han atribuido la incapacidad del Estado para intervenir en forma satisfactoria en la crisis en curso al enorme déficit fiscal generado por los gastos de guerra. La evaluación oficial del costo de la guerra de Irak, para Estados Unidos, es de cerca de 600.000 millones de dólares, pero otras fuentes multiplican esa cifra por cuatro. La crisis actual y la pretensión de Bush de conseguir un cheque en blanco para comprar valores invendibles por billones de dólares plantean una crisis decisiva para cualquier Estado: su capacidad de financiar una guerra.

Es muy oportuna, por esto, la observación de un progresista norteamericano, que acaba de decir que “Paulson es a la estrategia financiera, lo que Rumsfeld (el ex secretario de Guerra que fracasó en Irak y en Afganistán) es a la estrategia militar”. Sin embargo, no es cierto que asistamos a una declinación del ‘imperio americano’ en relación con otras potencias o naciones capitalistas: asistimos a una explosión de escala histórica de todas las contradicciones acumuladas del capital.

La Unión Europea en una situación explosiva

Todo concepto correcto deja de ser tal cuando cruza ciertos límites. Es lo que ocurriría si la afirmación de que la crisis mundial tiene su centro en Estados Unidos supusiera que, por ejemplo, el capital financiero en la Unión Europea enfrenta una perspectiva de bancarrota mitigada o periférica a la norteamericana. En realidad, ocurre todo lo contrario, porque como lo clarifica muy bien un artículo del Financial Times (23/9), “los mayores bancos europeos no solamente son demasiado grandes para dejarlos caer sino también demasiado grandes para ser salvados”.

A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, ningún Estado europeo tiene la capacidad financiera para hacerse cargo de ellos, ni la UE constituye un Estado supranacional, o sea con una capacidad de imponer contribuciones en gran escala o recurrir en esa misma medida al mercado de capitales.

Los autores de este interesante artículo señalan que el Deutsche Bank tiene obligaciones por dos billones de euros (2,8 billones de dólares) y un apalancamiento de 1 a 50, o sea que su capital es de apenas 40.000 millones de euros. La situación del Deutsche es, entonces, incluso peor que la de los norteamericanos Bear & Sterns, Lehamn Brothers o Fannie Mae, que fueron enviados a la quiebra o rescatados en forma precaria por el Tesoro de los Estados Unidos. Pero el problema europeo es que el monto del endeudamiento del Deutsche equivale al 80 por ciento de todo el PBI de Alemania, que es de 2,5 billones; o sea que su rescate está fuera del alcance de la señora Merkel. Algo similar ocurre con el inglés Barclay, cuyas obligaciones son de 1,3 billones de libras esterlinas (2,4 billones de dólares) y tiene un apalancamiento de 1 a 60, o sea que su capital es de solamente 20.000 millones de libras esterlinas. Pero, además, el endeudamiento del Barclays es igual a todo el PBI de Gran Bretaña, o sea que Gordon Brown estaría obligado a mirar el hundimiento del Barclays por TV.

Son, precisamente, estas limitaciones insalvables (el déficit relativo de sus finanzas y de su crédito público) las que explican el ‘conservadurismo financiero’ de los Estados europeos y del Banco Central de Europa. En resumen, Europa depende de la capacidad de salvataje del Tesoro norteamericano. Fue lo que ocurrió, cuentan los articulistas, con la nacionalización de la aseguradora norteamericana AIG pues al evitar su quiebra se salvaron, al mismo tiempo, los seguros sobre operaciones financieras de la banca europea, por una suma de 300.000 millones de dólares.

¿Y entonces? La respuesta es obvia: lo único que puede hacer la UE es suplementar las operaciones de rescate que arma el Tesoro de Estados Unidos, con la expectativa de que la crisis no voltee a sus propios grandes bancos. Esto podría producirse de diversas maneras: una es seguir comprando los títulos que emita el Tesoro de Estados Unidos para salvar a empresas en quiebra; la otra es comprar en forma ilimitada los dólares que emita Estados Unidos cuando la que compre esos títulos del Tesoro sea la Reserva Federal. Estos dólares se filtran, ulteriormente, al mercado mundial por la vía del comercio (déficit de comercio exterior) o del movimiento de capitales (salida al exterior).

En su límite, esta situación es insostenible: lleva a la devaluación del dólar (revaluación del euro) y al dislocamiento monetario internacional. De todos modos, alguno de estos grandes podría caer en el próximo período con independencia de lo que intente hacer Estados Unidos o, precisamente, por el fracaso de sus planes de rescate.

Como se puede ver, la perspectiva de la Unión Europea como tal es extremadamente precaria. Los Estados nacionales no tienen los medios financieros que requiere la situación, mientras la Comisión Europea no tiene los recursos estatales y políticos. Una salida sería la de otorgar a las instituciones supra-europeas capacidades financieras y presupuestarias extraordinarias, pero esto conlleva a liquidar los Estados nacionales y a construir uno de carácter continental, lo que no podría ocurrir sino al cabo de crisis extraordinarias y prolongadas y, probablemente, de una nueva guerra que encargue esa tarea a uno o dos Estados nacionales existentes contra los otros. La otra es la disolución de la UE y, en ambos casos, se llega a una situación de conflicto terminal con el imperialismo norteamericano, transformándose en una colonia yanqui o produciendo una nueva guerra mundial.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=73441

Tags: , , , ,

Si el mundo llega a un máximo absoluto en su capacidad de extracción de energía, parece bastante razonable que el sistema económico y financiero, basado en la necesidad de un crecimiento constante para poder pagar los intereses que sus capitales exigen, además del propio capital, sea el primero en mostrar esa fatiga e impotencia para seguir creciendo.

Por Pedro Prieto - CrisisEnergética

crisisenergetica.org
Vía IAR Noticias

27-Septiembre-08


Los seres humanos viven en la biosfera y gracias a ella. Pero en la primera década del siglo XXI el 86% de la energía primaria que consumen los 6.700 millones de personas proviene de la litosfera.

Un 40% de esta energía es petróleo. Otro 40% es gas natural y carbón. Y un 6% más proviene del uranio.

Esto supone que cada año se extraen cerca de 10.000 millones de toneladas de petróleo equivalente del interior de la tierra.

La tecnosfera, esa construcción humana, transforma a su vez la biosfera a la conveniencia del hombre y eso incluye la extracción, transformación y el transporte de materiales útiles de la corteza terrestre, a un ritmo de unos 33.000 millones de toneladas anuales, a los que hay que sumar 36.000 millones de toneladas de gangas y unos 30.000 millones de toneladas de recubrimientos y estériles.

Los 11.000 millones de toneladas de petróleo equivalente de energía primaria se utilizan, pues, para extraer, transformar y transportar unos 100.000 millones de toneladas de materiales, incluyendo la propia energía primaria. Sin esta energía, esto sería imposible en esos niveles. Y con un aporte energético decreciente, esta gigantesca actividad decrecería proporcionalmente.

Siendo el planeta esférico y por tanto, limitado en tamaño, es obvio que los recursos que contiene también son limitados.

Los geólogos han observado que la extracción de recursos de la litosfera está sujeta a ciertos patrones que limitan y dan forma a las tasas de extracción de los mismos.

Los geólogos de ASPO han señalado que esos patrones siguen la muy conocida curva en forma de campana, con un aumento inicial de los ritmos de extracción, seguido de un cenit o dos o a veces una meseta y finalmente un declive irreversible, hasta que la tasa de extracción del recurso ya no resulta útil a la sociedad y el resto que queda en la litosfera se abandona. Es la curva de Hubbert.

El cenit o pico, o los picos, o mesetas, se suelen dar cuando se ha extraído aproximadamente la mitad de la cantidad conocida en esa parte de la litosfera. Y en geología se cumple perfectamente el dicho de que “nunca segundas partes fueron buenas”.

Y al extrapolar los diversos patrones de extracción de cientos de yacimientos y de decenas de países productores ya en declive, con las reservas probadas, las probables y las posibles y a las que todavía se calcula quedan por descubrir en todo el explorado mundo, los científicos de ASPO han concluido que el mundo está a punto de alcanzar el cenit de su tasa de extracción máxima de petróleo, que pronto será seguida de la del gas natural.

Hoy prácticamente ningún experto discute este hecho geológico clave y las únicas diferencias de importancia son respecto a la fecha en que este fenómeno se dará, aunque las variaciones oscilan entre los que opinan que ya se ha dado para el petróleo regular y/o convencional y los más optimistas que creen que no se dará hasta el 2030. Lo que es mañana mismo en términos históricos.

Se atribuye a Kenneth Defeyyes, profesor emérito de la Universidad de Princeton y alumno aventajado de M. King Hubbert, padre de la teoría del cenit de la producción mundial del petróleo, el dicho de que dicha llegada al cenit se suele ver siempre desde el espejo retrovisor.

Es decir, que la llegada a un límite físico, no se suele avistar, para nuestra desgracia, por adelantado, sino a toro pasado, cuando ya se está en pleno declive y la producción de varios años consecutivos no ha hecho más que descender continuamente a cada año que pasa y el hecho ya no se puede ignorar por más tiempo.

La frase ha hecho fortuna finalmente entre los que creen que la llegada a tal momento es inminente, desde el punto de vista histórico. Matthew Simmons, presidente de Simmons & Company International, una de las mayores empresas del mundo en asesoría de inversiones financieras en el campo de la energía, suele comentar que la vista de este fenómeno en el espejo retrovisor es inminente.

Algunos miembros de ASPO también toman esta frase para señalar la cercanía de este momento histórico para la Humanidad y para advertir y poner en guardia sobre las dramáticas consecuencias que tal hecho puede tener para toda la Humanidad, si terminamos viéndolo sólo desde el espejo retrovisor. Todo ello, en un mundo que vive gracias a la extracción de 85 millones de barriles diarios de este elemento, que conforman más del 90% del transporte mundial actual y que son de muy difícil sustitución en tiempo y forma, si sólo somos capaces de verlo cuando ya esté sobrepasado.

El problema para la Humanidad comienza no cuando se acabe este preciado elemento, sino cuando la producción mundial de oro negro comience a declinar, por razones puramente físicas, a tasas que oscilan entre el 4 y el 10% anual. Esto es, que cada año se empiece a disponer de menos combustible que el anterior, sin remisión y sin que sean fáciles otros sustitutos y alternativas a un combustible tan versátil y tan abundante y disponible como el petróleo, en una sociedad acostumbrada a crecer sin límites, sobre todo desde que comenzó a explotar intensiva y extensivamente los combustibles fósiles a partir del siglo XIX

Se trata más de flujos, de flujos decrecientes, que del final del petróleo o del gas. Es un tema de agotamiento físico y geológico, más que un asunto puramente económico.

Existen claras evidencias de que el crecimiento económico y el consumo de energía van parejos y están muy directamente relacionados, aunque se puedan dar mejoras locales o nacionales del PIB por unidad de energía (más bienes o servicios con menos energía) que, sin embargo, no se ven confirmadas a nivel mundial, a medida que la calidad de los recursos extraídos se deteriora.

Las mejoras tecnológicas y mayores inversiones financieras en exploración pueden contribuir a retrasar el cenit o la meseta de la curva en forma de campana o a deformarla, pero no pueden eludir la realidad geofísica de un agotamiento gradual de los combustibles fósiles.

Hay además claras indicaciones de que los gases de efecto invernadero y otras emisiones de gases están también íntimamente relacionados con el consumo de energía de los combustibles fósiles, extraídos de la litosfera para ofrecer servicios a la sociedad.

Desde finales del siglo pasado, los científicos de ASPO han estado advirtiendo sobre las consecuencias que para los 6.700 millones de seres humanos, que viven fundamentalmente de los recursos energéticos de la litosfera, puede tener el cada vez más difícil acceso a las reservas conocidas y los cada vez mayores costes que implica. Y también sobre las consecuencias que para la Humanidad puede tener el empezar a disponer, a cada año que pasa, menos de esos recursos vitales energéticos que mueven y mantienen a nuestra moderna sociedad.

¿Está tocando techo el mundo de los combustibles fósiles?

Se cumplen ahora exactamente 10 años desde que el irlandés Dr. Colin Campbell y el geólogo francés Jean Laherrère publicaran, en el volumen 278, no. 3 de la revista Scientific American ( Investigación y Ciencia), su artículo, ya histórico, titulado “El fin del petróleo barato”.

En él hacían mención a un concepto que ya se conocía desde los años 50, en que el geólogo de la Shell, Marion King Hubbert intuyera que el modo general de explotación de un yacimiento, región o país, describía una curva más o menos en forma de campana y que el recurso medido y probado solía estar a la mitad aproximada de su explotación posible, cuando llegaba a su tasa máxima de extracción y empezaba a partir de ahí a declinar de forma inexorable. Esto es: la llegada al cenit o punto máximo de la producción mundial de un recurso finito. El conocido para el caso del petróleo mundial como “Peak Oil”

Pero este asunto fue virtualmente ignorado por la ciencia del momento y menos aún la economía establecida, porque aunque la producción de un determinado lugar llegase a ese cenit y empezase a declinar, siempre había nuevos yacimientos por explorar, para sustituir a los que primero se empezaron a agotar, ya en los años treinta del siglo pasado.

En su caso, Campbell y Laherrère analizaban el petróleo mundial, basándose en unas ingentes bases de datos de pozos, yacimientos, regiones y países, que como grandes expertos mundiales tenían a su disposición. Vieron las reservas conocidas, los tipos de petróleo existentes, los ritmos de explotación y de consumo, las tendencias y sobre todo, los que habían pasado ya del cenit. Compararon con las previsiones de Hubbert, que atinó en 1956, que los EE. UU. llegarían al cenit en 1971 y predijo en aquellas lejanas fechas que el mundo llegaría al cenit en el año 2000 para luego declinar en su producción petrolífera. Y llegaron a una conclusión parecida: el cenit del llamado “petróleo convencional” (que Laherrère prefiere especificar se trata de “regular convencional”) se daría hacia el 2010.

En el año 2000, estos dos científicos, y pocos más, crearon la Asociación para el Estudio del Cenit del Petróleo, ASPO, por sus siglas en inglés. En el año 2002, organizaron la 1ª Conferencia Internacional, junto con el profesor de física de la Universidad de Uppsala, Kjell Aleklett, hoy presidente de ASPO, a la que asistieron un reducido número de expertos.

Diez años después, el número de llamadas en Internet al concepto de “Peak Oil” supera los cuatro millones. La 6ª Conferencia Internacional, del año pasado en Cork, Irlanda, tuvo la asistencia de cientos de especialistas y expertos de todo el mundo. Contó con la asistencia de varios ministros y ex ministros europeos y de altas personalidades políticas, del mundo académico y del sector energético, donde el concepto del cenit del petróleo se ha abierto paso de forma incontestable, aunque la gran industria del sector sigue siendo muy reticente al reconocimiento público de este fenómeno y sobre todo, a fijar una fecha tan cercana a la que vivimos, como la que predijeron estos científicos.

Hay creadas más de veinte Asociaciones nacionales, desde EE. UU. a China y en casi todos los países europeos, que están vinculadas de forma muy libre, exclusivamente alrededor de su punto de encuentro: la llegada inminente, hablando en términos históricos, al cenit, máximo o pico de la producción mundial de petróleo.

A Campbell y Laherrère se les puede aplicar en esta pasada década, lo que dijo Gandhi sobre él mismo y su perseverancia: “primero te ignoran; luego se ríen de ti; luego luchan contra ti; y luego vences”. El ex secretario de Energía de los EE. UU. con la Administración Carter, Arthur Schlesinger, viajó el año pasado a abrir la 6ª Conferencia Internacional de ASPO en Cork y comentó, respecto de los miembros de ASPO y sus trabajos sobre el cenit del petróleo, que podían “cantar victoria”; esto es, que sus tesis parecen ya incuestionables en el fondo y que la Humanidad tendrá que afrontar este severo reto antes de 10 años.

Sin embargo, los economistas clásicos todavía trabajan, piensan y se comportan como si la Tierra fuese un lugar sin límites, una especie de Tierra plana, en la que los recursos y sus tasas y flujos de extracción jamás pudiesen disminuir.

Si el mundo llega a un máximo absoluto en su capacidad de extracción de energía, parece bastante razonable que el sistema económico y financiero, basado en la necesidad de un crecimiento constante para poder pagar los intereses que sus capitales exigen, además del propio capital, sea el primero en mostrar esa fatiga e impotencia para seguir creciendo.

Lo que está sucediendo estos días, puede ser el preludio que anuncia, hasta sin querer, el fin de una era, de un modelo social. La economía clásica trata a la energía como un bien de consumo más; pero hemos visto que no lo es; es el requisito previo para que se puedan dar todos los demás bienes y servicios proporcionalmente a su grado de explotación.

Sobre estas premisas, surge una duda acerca de si la energía disponible en la biosfera (básicamente la biomasa, la energía solar, la hidráulica o la eólica) y sus flujos o tasas de extracción posibles, podrán tomar el relevo de las energías fósiles, pronto en decadencia, que ahora tomamos de la litosfera a velocidades de vértigo.

O mejor todavía, si podrán cubrir la creciente brecha entre estos agotamientos previsibles del aporte fósil y la siempre creciente demanda que la economía clásica implica.

Así como una semilla se alimenta bajo la tierra y después emerge en forma de planta, vamos a necesitar enfrentarnos pronto al dilema y a la paradoja de tener que volver pronto a la biosfera en busca de recursos energéticos renovables para nuestra supervivencia.

El sol proyecta sobre la tierra 8.500 veces más energía que la energía primaria que consumimos y genera todas las energías renovables que derivan de él.

Pero no se trata sólo de una cuestión de volúmenes, sino fundamentalmente de flujos y de tasas razonables de captura energética, de una energía que viene dada dispersa; de saber si esta energía, tan abundante como dispersa, podrá mantener los actuales modelos sociopolíticos y tecnológicos, con todas las mencionadas actividades de extracción, transformación y transporte de materiales.

En la 7ª Conferencia Internacional de ASPO analizaremos y discutiremos sobre estas importantes cuestiones, en un encuentro público, con algunas señaladas contribuciones sobre estos temas. Tendrá lugar en el World Trade Center de Barcelona, los próximos 20 y 21 de octubre.

http://www.iarnoticias.com/2008/noticias/norteamerica/0510_petroleo_crisis_financ_25sept08.html

Tags: , , , , , , ,