Archivo para la Categoría ‘Energia’

25
Feb

USA, Wall Street, fracking… shale bubble: “El pasado no está muerto ni enterrado. De hecho, ni siquiera es pasado”

   Publicado por: admin Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

“Drill, baby, drill”. Texas' Eagle Ford Shale desde el espacio, según Quotidiano Net.

“Drill, baby, drill”.Eagle Ford Shale desde el espacio, según Quotidiano Net.

La burbuja del shale gas

fracturahidraulicano.info, 22.02.13

Han sido publicados dos informes sobre la especulación del gas, en este enlace podéis acceder de forma más directa al primero: http://shalebubble.org/wall-street/. Por otra parte hay otro estudio que acaba de sacar el Post Carbon Institute, denominado “Drill, baby, drill” (perfora, cariño, perfora) que podéis encontrar aquí: http://shalebubble.org/drill-baby-drill/ y que compara la burbuja especulativa del gas de esquisto con el de la burbuja inmobiliaria.
Samuel Martín-Sosa (Ecologistas en Acción) ha realizado la traducción de un artículo que hace un repaso de los dos informes:

Se avecina una burbuja de gas de esquisto con la ayuda de Wall Street

Ambos informes llegan a la conclusión de que el auge de la fracturación hidráulica (“fracking”) podría llevarnos a una situación similar a la del estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008.

Aunque casi toda la atención que los medios han prestado al fracking se ha centrado en los riesgos que supone para el agua potable y la salud en comunidades de Norteamérica, se cierne sobre nosotros una amenaza aún mayor. La industria del fracking, al igual que el estallido de la burbuja inmobiliaria que precedió a la crisis económica de 2008, tiene capacidad para hundir la economía global.

Emulando a la profetisa Casandra, los informes concluyen que “la llamada revolución del esquisto no es más que una burbuja generada por un número desorbitado de perforaciones, contratos de arrendamiento especulativos y prácticas engañosas a cargo de las empresas que explotan este tipo de energía, propaganda costeada por los mismos bancos de inversiones que fomentaron la burbuja inmobiliaria…“.

“Las limitaciones geológicas y económicas –por no hablar del impacto de las perforaciones sobre el medioambiente y la salud- demuestran que el gas de esquisto y el petróleo de esquistos bituminosos (petróleo de formaciones compactas) no son la solución a nuestras tribulaciones energéticas“.

El informe del PCI se titula “Drill Baby, Drill” (Perfora, cariño, perfora) y lo ha elaborado J. Dave Hughes, miembro del PCI y antiguo geólogo de la industria petrolífera y gasística, mientras que el informe de la EPF, “Shale Gas and Wall Street” (Wall Street y el gas de esquisto), lo ha llevado a cabo Deborah Rogers, directora de EPF y antigua analista financiera en Wall Street.

“¿100 años de gas natural?” Bueno…

En el discurso sobre el estado de la Unión de 2012, el presidente Barack Obama repitió el mantra favorito de la industria del fracking: Tenemos ante nosotros “cien años” de gas natural. “Tenemos un suministro de gas natural que puede durarle a América casi cien años y mi administración hará todo lo posible para desarrollar este tipo de energía de manera segura”, afirmó.

Según Hughes, el tropo de los “cien años” funciona como una pantalla de humo de desinformación y, al ritmo actual de producción, quedan, en el mejor de los casos, 25 años por explotar bajo nuestros pies.

Cuando los defensores de la industria hablan del potencial de las cuencas de esquisto, se apoyan en las cifras de las llamadas “reservas técnicamente recuperables”. Sin embargo, la cifra verdaderamente importante es el ritmo de producción, lo que se extrae de las reservas a través de los pozos una vez que se ha llevado a cabo el fracking.

En el caso del gas de esquisto de Estados Unidos, las reservas están funcionado en lo que Hughes ha denominado una “rutina de perforación”, sufriendo los efectos de la ley de los “rendimientos decrecientes”.

Hughes analizó los datos de producción de la industria relativos a 65.000 pozos de 31 cuencas de esquisto de todo el país, utilizando los datos de DI Desktop/HPDI database, base de datos ampliamente utilizada tanto por la industria como por el gobierno estadounidense.

Así resume el lío con el que se topó: los pozos se están agotando a una gran velocidad. La gran velocidad a la que se agotan exige un ritmo de perforación frenético para compensar la disminución de producción. Cada año se necesita perforar unos 7.200 nuevos pozos de gas de esquisto, con un coste superior a 42.000 millones de dólares, simplemente para mantener los niveles de producción actuales. Y, como se perfora primero en las localizaciones más productivas, es probable que el coste y el ritmo de las perforaciones siga aumentando con el paso del tiempo.

Lo cierto es que actualmente cinco cuencas de gas de esquisto producen el 80% de la producción total de Estados Unidos y las cinco están sufriendo un acusado descenso en su ritmo de producción.

¿Y el petróleo de esquistos bituminosos? Más de lo mismo. Más del 80% del petróleo producido y comercializado proviene de dos cuencas: Texas’ Eagle Ford Shale y North Dakota’s Bakken Shale, que pueden verse desde satélites del espacio exterior.

“En conjunto, el gas de esquisto y el petróleo de formaciones compactas exigen unos 8.600 pozos al año con un coste de más de 48.000 millones de dólares para compensar los descensos”, escribe Hughes.

“Está previsto que la  Producción de petróleo de formaciones compactas alcance su punto máximo en 2.017 a un ritmo de 2,3 millones de barriles al día [y también que haya sido explotada para 2.025 aproximadamente]… En definitiva, la producción de petróleo de formaciones compactas procedente de estas extensiones productivas será una burbuja que durará unos diez años”.

Al actual ritmo de producción, concluye Hughes, hay 5.000 millones de barriles de petróleo de esquistos bituminosos bajo Bakken y Eagle Ford. Esta cifra iguala el exiguo valor de diez meses de petróleo si se mantiene el ritmo de consumo de petróleo actual en Estados Unidos, ritmo desenfrenado y causante del cambio climático.

El PCI publicó el informe de Hughes junto con 43 gráficos y un mapa digital de Estados Unidos con los datos de producción de los 65.000 pozos de fracking en los Estados continentales (a excepción de Alaska).

La complicidad de Wall Street

Hace aproximadamente 17 meses, activistas de todo el país acamparon alrededor de Wall Street, autodenominándose Occupy Wall Street. Como demuestra el informe de Rogers, estaban apuntando a la diana correcta.

El informe de Rogers comienza en un tono desafiante. “El reciente exceso de oferta en el mercado del gas se llevó a cabo en gran parte a través de la superproducción de gas natural con el fin de alcanzar los objetivos de producción de los analistas financieros”, escribió.

“Además, se apañaron contratos de arrendamiento de yacimientos de esquisto aún no probados de la misma manera que se apañaron y vendieron valores respaldados por hipotecas sobre activos hipotecarios subyacentes cuestionables antes de la crisis económica de 2007”.

En sus inicios en Estados Unidos, la industria quiso presentarse como una empresa familiar de nueva creación.

Rogers descubrió la realidad que se escondía tras esa trampa retórica al escribir que las empresas de Wall Street están “intrincadamente relacionadas con [las empresas de gas de esquisto y petróleo de esquistos bituminosos]… Con la ayuda de los analistas de Wall Street, que fueron los principales defensores de este tipo de energías, los mercados se volvieron locos”.

En otras palabras, se desarrollan dos esferas económicas: la economía cotidiana sobre el terreno de la producción de gas de esquisto y petróleo de esquistos bituminosos y las altas finanzas de Wall Street. Estamos ante la insensata actividad económica de los inversores de Wall Street alimentando las decisiones económicas de los que trabajan sobre el terreno, fenómeno que Rogers describe como “codependencia financiera”. Faulkner: “El pasado no está muerto ni enterrado. De hecho, ni siquiera es pasado.”

¿Estamos ante un nuevo Inside Job como el que reflejó Charles Ferguson en su documental, ganador de un premio Oscar?

En su obra de 1951, “Réquiem para una mujer”, William Faulkner escribió: “El pasado no está muerto ni enterrado. De hecho, ni siquiera es pasado”.

Son las palabras de un sabio, sobre todo teniendo en cuenta la “Gran máquina de burbujas americana” (artículo The Great American Bubble Machine), ya que el periodista de investigación de Rolling Stone, Matt Taibbi, ha documentado el comportamiento de Wall Street financiando esferas económicas múltiples que nos han llevado hacia el colapso casi total del sistema.

Así que, si todo se viene abajo, por lo menos no podremos decir que no nos lo avisaron.

http://fracturahidraulicano.info/noticia/burbuja-shale-gas.html

2
Ene

Capitalismo senil en proceso: una subestimación de apariencia voluntarista oculta la devastadora radicalidad de la decadencia

   Publicado por: admin Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Blackberry guiando al pueblo, by David Vela (2º Premio World Press Cartoon 2012), from humoryterapia.blogspot.com.ar

Blackberry guiando al pueblo, by David Vela (2º Premio World Press Cartoon 2012), from humoryterapia.blogspot.com.ar

Dicho de otra manera; no nos encontramos ante una “crisis cíclica” con alternativas de recomposición de una nueva prosperidad burguesa…

Autodestrucción sistémica global, insurgencias y utopías

Por Jorge Beinstein
noticiaspia.com.ar, 16.11.12

Texto presentado en Ciclo de Conferencias “Los retos de la humanidad: la construcción social alternativa” – Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México, 23 al 25 de Octubre de 2012.

Aceleración de la crisis (cambio de discurso).

El fatalismo global abandona su máscara optimista neoliberal de otros tiempos (que sobrevivió durante el primer tramo de la crisis desatada en 2008) y va asumiendo un pesimismo no menos avasallador. En el pasado los medios de comunicación nos explicaban que nada era posible hacer ante un planeta capitalista cada día más próspero (aunque plagado de crueldades), sólo nos quedaba la posibilidad de adaptarnos, una ruidosa masa de expertos avalaba las grandes consignas con argumentos científicos irrefutables (los críticos no podían hacerse oír frente a la avalancha mediática). A eso se le llamó discurso único, aparecía como un formidable instrumento ideológico y prometía acompañarnos durante varios siglos aunque duró unas pocas décadas y se esfumó en menos de un lustro.

Ahora la reproducción ideológica del sistema mundial de poder empieza a acudir a un nuevo fatalismo profundamente pesimista basado en la afirmación de que la degradación social (desplegada como resultado de “la crisis”) es inevitable y se prolongará durante mucho tiempo.

Como en el caso anterior los medios de comunicación y su corte de expertos nos explican que nada es posible hacer más que adaptarnos (nuevamente) ante fenómenos universales inevitables. Como cualquier otra civilización, la actual en última instancia controla a sus súbditos persuadiéndolos acerca de la presencia de fuerzas inmensamente superiores a sus pequeñas existencias imponiendo el orden (y el caos) ante las cuales deben inclinarse respetuosamente. El “mercado global”, “Dios” u otra potencia de dimensión oceánica cumplen dicha función y sus sacerdotes, tecnócratas, generales, empresarios o dirigentes políticos no son otra cosa que ejecutores o intérpretes del destino lo que de paso legitima sus lujos y abusos.

Así es como en Septiembre de 2012 Olivier Blanchard, economista jefe del Fondo Monetario Internacional anunciaba que “la economía mundial necesitará por lo menos diez años para salir de la crisis financiera que comenzó en 2008” (1). Según Blanchard el enfriamiento durable de los cuatro motores de la economía global (Estados Unidos, Japón, China y la Unión Europea) nos obliga a descartar cualquier esperanza en una recuperación general a corto plazo. Aún más duro en agosto del mismo año el Banco Natixis integrante de un grupo que asegura el financiamiento de aproximadamente el 20% de la economía francesa publicaba un informe titulado “La crisis de la zona euro puede durar veinte años” (2).

Nos encontramos ante un problema que difícilmente puedan resolver las élites dominantes: la cultura moderna es hija del mito del progreso, una y otra vez pudo cautivar a los de abajo con la promesa de un futuro mejor en este mundo y al alcance de la mano, eso la diferencia de experiencias históricas anteriores. Las épocas de penuria son siempre descriptas como provisorias preparatorias de un gran salto hacia tiempos mejores. La reconversión de la cultura dominante en un pesimismo de larga duración aceptado por las mayorías no parece viable, por lo menos es de muy difícil realización exitosa no sólo en los países ricos sino también en la periferia sobre todo en las llamadas sociedades emergentes.

Sólo poblaciones radicalmente degradadas podrían aceptar pasivamente un futuro negro sin salida a la vista, las élites imperialistas golpeadas, desestabilizadas por la decadencia económica, sin proyectos de integración social podrían encontrar en la degradación integral de los de abajo (sus pobres internos y los pueblos periféricos) una riesgosa alternativa posible de supervivencia sistémica.

Autodestrucción

El capitalismo como civilización ha ingresado en un período de declinación acelerada, una primera aproximación al tema muestra que nos encontramos ante el fracaso de las tentativas de superación financiera de la crisis que se desató en 2008 aunque una evaluación más profunda nos llevaría a la conclusión de que el objetivo anunciado por los gobiernos de los países ricos (la recomposición de la prosperidad económica) ocultaba el verdadero objetivo: impedir el derrumbe de la actividad financiera que había sido la droga milagrosa de las economías centrales durante varias décadas. Desde ese punto de vista las estrategias aplicadas fueron exitosas, consiguieron aplazar durante cerca de un lustro un desenlace que se acercaba velozmente cuando se desinfló la burbuja inmobiliaria norteamericana.

Una visión más amplia nos estaría indicando que lo ocurrido en 2008 fue el resultado de un proceso iniciado entre fines de los años 1960 y comienzos de los años 1970 cuando la mayor crisis económica de la historia del capitalismo no siguió el camino clásico (tal como lo mostró el siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX) con gigantescos derrumbes empresarios y una rápida mega avalancha de desempleo en las potencias centrales, sino que fue controlada gracias a la utilización de poderosos instrumentos de intervención estatal en combinación con reingenierías tecnológicas y financieras de los grandes grupos económicos.

Esa respuesta no permitió superar las causas de la crisis, en realidad las potenció hasta niveles nunca antes alcanzados desatando una ola planetaria de parasitismo y de saqueo de recursos naturales que ha engendrado un estancamiento productivo global en torno del área imperial del mundo imponiendo la contracción económica del sistema no como fenómeno pasajero sino como tendencia de larga duración.

Se trata de un complejo proceso de decadencia, basta con repasar datos tales como el del volumen de la masa financiera equivalente a veinte veces el Producto Bruto Mundial y su pilar principal: el super endeudamiento público-privado en los países ricos que bloquea la expansión del consumo y la inversión, el de la declinación de los recursos energéticos tradicionales (sin reemplazo decisivo cercano) o el de la destrucción ambiental. Y también el de la transformación de las élites capitalistas en un entramado de redes mafiosas que marca con su sello a las estructuras de agresión militar convirtiéndolas en una combinación de instrumentos formales (convencionales) e informales donde estos últimos van predominando a través de una inédita articulación de bandas de mercenarios y manipulaciones mediáticas de alcance global, “bombardeos humanitarios” y otras acciones inscriptas en estrategias de desestabilización integral apuntando hacia la desestructuración de vastas zonas periféricas. Afganistán, Iraq, Libia, Siria… México ilustran acerca del futuro burgués de las naciones pobres.

El área imperial del sistema se degrada y al mismo tiempo intenta degradar, caotizar al resto del mundo cuando pretende controlarlo, superexplotarlo. Es la lógica de la muerte convertida en pulsión central del capitalismo devenido senil y extendiendo su manto tanático (su cultura final) que es en última instancia autodestrucción aunque pretende ser una constelación de estrategias de supervivencia.

Cada paso de las potencias centrales hacia la superación de su crisis es en realidad un nuevo empujón hacia el abismo. Los subsidios otorgados a los grupos financieros abultaron las deudas públicas sin lograr la recomposición durable de la economía y cuando luego tratan de frenar dicho endeudamiento restringiendo gastos estatales al tiempo que aplastan salarios con el fin de mejorar las ganancias empresarias agravan el estancamiento convirtiéndolo en recesión, deterioran las fuentes de los recursos fiscales y eternizan el peso de las deudas.

Frente al desastre impulsado por las mafias financieras se alza un coro variopinto de neoliberales moderados, semikeynesianos, regulacionistas y otros grupos que exigen suavizar los ajustes y alentar la inversión y el consumo… es decir seguir inflando las deudas públicas y privadas… hasta que se recomponga un supuesto circulo virtuoso del crecimiento (y del endeudamiento) encargado de pagar las deudas y restablecer la prosperidad… a lo que los tecnócratas duros (sobre todo en Europa) responden que los Estados, las empresas y los consumidores están saturados de deudas y que el viejo camino de la exuberancia monetaria-consumista ha dejado de ser transitable.

Ambos bandos tienen razón porque ni los ajustes ni los repartos de fondos son viables a mediano plazo, en realidad el sistema es inviable.

Las agresiones imperiales cuando consiguen derrotar a sus “enemigos” no logran instalar sistemas coloniales o semi coloniales estables como en el pasado sino que engendran espacios caóticos. Es así porque la economía mundial en declive no permite integrar a las nuevas zonas periféricas sometidas, los espacios conquistados no son absorbidos por negocios productivos o comerciales medianamente estables de la metrópolis sino saqueados por grupos mafiosos y a veces simplemente empujados hacia la descomposición. Mientras tanto los gastos militares y paramilitares de los Estados Unidos, el centro hegemónico del capitalismo, incrementan su déficit fiscal y sus deudas.

Queda así al descubierto un aspecto esencial del imperialismo del siglo XXI mutando hacia una dinámica de desintegración general de alcance planetario. Esto es advertido no sólo por algunos partidarios del anticapitalismo sino desde hace un cierto tiempo por un número creciente de “prestigiosos” (mediáticos) defensores del sistema como el gurú financiero Nuriel Roubini cuando proclamaba hacia mediados de 2011 que el capitalismo había ingresado en un período de autodestrucción (3).

Es un lugar común la afirmación de que el capitalismo no se derrumbará por si solo sino que es necesario derribarlo, por consiguiente quienes señalan la tendencia hacia la autodestrucción del sistema son acusados de ignorar sus fortalezas y sobre todo de fomentar la pasividad o las ilusiones acerca de posibles “victorias fáciles” que desarman, distraen a los que luchan por un mundo mejor.

En realidad ignorar o subestimar el carácter autodestructivo del capitalismo global del siglo XXI significa desconocer o subestimar fenómenos que sobredeterminan su funcionamiento como la hegemonía del parasitismo financiero, la catástrofe ecológica en curso, la declinación de los recursos naturales especialmente los energéticos catalizada por la dinámica tecnológica dominante, la incapacidad de la economía mundial para seguir creciendo lo que la lleva a acelerar la concentración de riquezas y la marginación de miles de millones de seres humanos que “están de más” desde el punto de vista de la reproducción del sistema. En suma, el ingreso a una era marcada por la reproducción ampliada negativa de las fuerzas productivas de la civilización burguesa amenazando a largo plazo la supervivencia de la mayor parte de la especie humana.

Presenciamos entonces una subestimación de apariencia voluntarista que oculta la devastadora radicalidad de la decadencia y en consecuencia la necesidad de la irrupción de un voluntarismo insurgente (anticapitalista) capaz de impedir que el derrumbe nos sepulte a todos.

Dicho de otra manera; no nos encontramos ante una “crisis cíclica” con alternativas de recomposición de una nueva prosperidad burguesa aunque sea elitista sino ante un proceso de degeneración sistémica total.

La historia de las civilizaciones nos recuerda numerosos casos (empezando por el del Imperio Romano) donde la hegemonía civilizacional que conseguía reproducirse en medio de la decadencia anulaba las tentativas superadoras engendrando descomposiciones que incluían a víctimas y a verdugos.

La contrarrevolución ideológica que dominó la post guerra fría acunó a una suerte de marxismo conservador que caricaturizó la teoría de la crisis de Marx reduciéndola a una sucesión infinita de “crisis cíclicas” de las que el capitalismo conseguía siempre salir gracias a la explotación de los trabajadores y de la periferia, el ogro era denunciado quedando demostrado una vez más quien era el villano del film.

Pero la historia no se repite, ninguna crisis cíclica mundial se parece a otra y todas ellas para ser realmente entendidas deben ser incluidas en el recorrido temporal del capitalismo, en su gran y único súper ciclo, es lo que nos permite por ejemplo distinguir a las crisis cíclicas de crecimiento, juveniles del siglo XIX, de las crisis seniles de finales del siglo XX y del siglo XXI.

Por otra parte, es necesario descartar la idea superficial de que la autodestrucción del sistema equivale al suicidio histórico aislado de las élites globales liberando automáticamente de sus cadenas al resto del mundo que un buen día descubre que el amo ha muerto y entonces da rienda suelta a su creatividad.

Es el mundo burgués en su totalidad el que ha iniciado su autodestrucción y no sòlo sus élites, es toda una civilización con sus jerarquías y mecanismos de reproducción simbólica, productiva, etc. que llega a su techo histórico y comienza a contraerse, a desordenarse pretendiendo arrastrar a todos sus integrantes, centro y periferia, privilegiados y marginales, opresores y oprimidos… el naufragio incluye a todos los pasajeros del barco.

Decadencia global

La autodestrucción aparece como la culminación de la decadencia y abarca al conjunto de la civilización burguesa no como un fenómeno “estructural” sino como totalidad histórica con todas sus herencias a cuestas: culturales, militares, productivas, institucionales, religiosas, tecnológicas, morales, científicas, etc. Se trata de la etapa descendente de un prolongado proceso civilizacional con un auge de algo más de doscientos años precedido por una prolongada etapa preparatoria y que llegó a asumir una dimensión planetaria.

Decadencia general, mucho más que “crisis” (las crisis que se van sucediendo aparecen como turbulencias, sacudones en el recorrido de la enfermedad), el fenómeno incluye a las dos configuraciones básicas del sistema: la central (imperialista, “desarrollada”, rica) y la periférica (“subdesarrollada”, globalmente pobre, “emergente” o sumergida, con sus áreas de prosperidad dependiente y de miseria extrema).

Los primeros años posteriores a la ruptura de 2008 mostraron el comienzo del fin de la prosperidad de las economías dominantes mientras un buen número de países periféricos seguían creciendo sobre todo China en torno de la cual se tejieron ilusiones acerca de una recomposición mundial del capitalismo a partir del subdesarrollo convertido en avalancha industrial-exportadora.

Pero la expansión de la economía china dependía del poder de compra de sus principales clientes: los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, como ya se pudo ver en 2012 el desinfle de esos compradores desinfla al engendro industrial exportador de la periferia (el negocio de la superexplotación de la mano de obra barata china encuentra límites significativos). En síntesis: no hay ningún desacople capitalista posible de la declinación mundial del sistema.

La decadencia es ante todo decadencia occidental, degradación del centro imperialista. Desde fines del siglo XVIII, cuando se inició el ascenso industrial, hasta los primeros años del siglo XXI, el capitalismo estuvo marcado por la dominación inglesa-norteamericana. Inglaterra en el siglo XIX y los Estados Unidos en la mayor parte del siglo XX han cumplido la función reguladora del conjunto del sistema, imponiendo la hegemonía occidental y al mismo tiempo subordinando a los rivales que aparecían al interior de Occidente, Francia fue desplazada a comienzos del siglo XIX y Alemania en la primera mitad del siglo XX.

El sello occidental del capitalismo viene dado no sólo por factores económicos y militares sino por un conjunto más vasto de aspectos decisivos del sistema (estilo de consumo, arte, ciencia, perfiles tecnológicos, diseños políticos, etc.). Lo que ahora es visualizado como despolarización o fin de la unipolaridad, es decir como pérdida de peso del imperialismo norteamericano (paralelo a la declinación europea) sin reemplazante a la vista expresa la desarticulación del capitalismo en tanto sistema global que debe ser entendida no sólo como desestructuraciòn polìtica y militar sino también cultural en el sentido amplio del concepto, es la historia de una civilización que entra en el ocaso.

Dicho de otra manera, la reproducción ampliada universal pero no occidentalista del capitalismo es una ilusión sin asidero histórico, sin embriones visibles reales en el presente. Recordemos el fiasco del llamado milagro japonés de los años 1960-1970-1980 y los pronósticos de esa época acerca de “Japón primera potencia mundial del siglo XXI” seguidos hasta hace poco por especulaciones no menos fantasiosas sobre el inminente ascenso chino al rango de primera potencia capitalista del planeta.

Agotamiento financiero

Es posible señalar fenómenos que marcan a la declinación sistémica. Uno de ellos es el de la hipertrofia financiera que como sabemos se fue expandiendo mientras descendían las tasas de crecimiento del Producto Bruto Mundial desde los años 1970.

Cuando estalló la crisis de 2008 la masa financiera global equivalía aproximadamente a unas veinte veces el Producto Bruto Mundial. Su columna vertebral visible, los productos financieros derivados registrados por el Banco de Basilea, representaban en Junio de 2008 11,7 veces el PBM (contra 2,5 veces en Junio de 1998, 3,9 veces en Junio de 2002, 5,5 veces en Junio de 2004, 7,8 veces en Junio de 2006).

Pero desde mediados de 2008 esa masa dejó de crecer tanto en su relación con el PBM como en términos absolutos, había llegado en ese momento a unos 683 billones (millones de millones) de dólares nominales, alcanzó los 703 billones en Junio de 2011 bajando a 647 billones en diciembre de 2011 (4).

Nos encontramos ahora ante un fenómeno de agotamiento financiero, en el pasado (posterior de los años 1970) la expansión de las deudas de los Estados, las empresas y los consumidores permitió crecer a las economías de los países ricos pero el endeudamiento fue llegando al límite mientras allí se saturaban importantes mercados (como los del automóvil y otros bienes durables).

Deudas, consumos tradicionales y parasitarios, redes comerciales, etc. en torno de los cuales se inflaban las actividades especulativas alcanzaron su frontera hacia 2007-2008, la droga había terminado por agotar la dinámica capitalista y al decaer los clientes se estancaron los negocios de los dealers, es decir del espacio hegemónico del sistema.

El capitalismo financierizado, resultado de una prolongada crisis de sobreproducción potencial controlada pero no resuelta, parásito cada día más voraz, finalmente agotó a su víctima y al hacerlo bloqueó su propia expansión.

Visto de otra manera, la reproducción ampliada del capitalismo atravesando exitosamente una larga sucesión de crisis de sobreproducción dio finalmente alas al hijo de uno de sus padres fundadores: las finanzas, lo hizo para sobrevivir, porque sin esa droga no habría podido salir del atolladero de los años 1970-1980; iniciado el camino quedó atrapado para siempre: más difícil era el crecimiento, más droga necesitaba el adicto, y después de cada breve ola de prosperidad económica global (su euforia efímera) llegaba el estado depresivo que reclamaba más droga, las tasas de crecimiento zigzageaban en torno de una linea de tendencia descendente y la masa financiera mundial se expandía en progresión geométrica. La fiesta terminó en 2008.

Bloqueo energético y crisis tecnológica

Otro fenómeno importante es el del bloqueo energético, el capitalismo industrial pudo despegar hacia finales del siglo XVIII porque la Europa imperial agregó a la explotación colonial y a la desestructuración de su universo rural (que le proporcionó mano de obra abundante y barata) un proceso de emancipación productiva respecto de las limitadas y caras fuentes energéticas convencionales como las corrientes de los ríos que permitían el funcionamiento de los molinos, la madera de los bosques y la energía animal. La solución fue el carbón mineral y en torno del mismo la ampliación sin precedentes de la explotación minera, su polo dinámico fue el capitalismo inglés.

La depredación creciente de recursos naturales atravesó a todos los modelos tecnológicos del capitalismo y si consideramos a la totalidad del ciclo industrial (entre fines del siglo XVIII y la actualidad) podríamos referirnos al sistema tecnológico de la civilización burguesa basado en la disociación cultural del hombre y la “naturaleza” asumiendo a esta última como universo hostil, objeto de conquista y pillaje.

Al auge del carbón mineral del siglo XIX le sucedió el del petróleo en el siglo XX y hacia comienzos del siglo XXI ha sido agotada aproximadamente la mitad de la reserva original de ese recurso. Eso significa que ya nos encontramos en la zona calificada como cima o nivel máximo posible de extracción petrolera a partir de la cual se extiende un inevitable descenso extractivo, desde mediados de la década pasada ha dejado de crecer la extracción de petróleo crudo.

Suponiendo la existencia de reemplazos energéticos viables a gran escala y a largo plazo cuando aceptamos las promesas tecnológicas del sistema (para un futuro incierto) y los introducimos en el mundo real con sus ritmos de reproducción económica concretos a mediano y corto plazo nos encontramos ante un bloqueo energético insuperable. Si pensamos en lo que resta de la década actual comprobaremos que no aparecen reemplazos energéticos capaces de compensar la declinación petrolera.

Dicho de otra manera, el precio del petróleo tiende a subir y la especulación financiera en torno del producto lo empuja aún más hacia arriba, además alguna aventura militar occidental como por ejemplo un ataque israelí-estadounidense contra Irán y el consiguiente cierre del estrecho de Ormuz llevarían el precio a las nubes. Todo ello significa que los costos energéticos de la economía se han convertido en una factor decisivo limitante de su expansión y en algún escenario turbulento causarían una contracción catastrófica de las actividades económicas a nivel global.

No se trata sólo del petróleo sino de un amplio abanico de recursos mineros que se encuentran en la cima de su explotación, cerca de la misma o ya en la etapa de extracción declinante (5) afectando a la industria y a la agricultura, por ejemplo la declinación de la producción mundial de fosfatos, componente esencial para la producción de alimentos, desde hace algo más de dos décadas (6).

Pasamos entonces del tema del bloqueo energético a otro más vasto, el del bloqueo de los recursos mineros en general y de allí al del sistema tecnológico de la civilización burguesa que lo ha engendrado. En dicho sistema tenemos que incluir a sus materias primas básicas, sus procedimientos productivos y su respaldo técnico-científico, su dinámica y estilo de consumo civil y de guerra, etc., es decir al capitalismo como civilización.

Asistimos ahora a la búsqueda vertiginosa de “reemplazos” energéticos, de diversos minerales, etc., destinados a seguir alimentando una estructura social decadente cuya dinámica de reproducción nos dice que más de la mitad de la humanidad “está de más” y que en consecuencia la “civilización” ha marcado un camino futuro habitado por una sucesión de mega genocidios.

Pero la decadencia nos lleva a pensar que todos esos “recursos necesarios” para el sostenimiento de sociedades y élites parasitarias no son necesarios en otro tipo de civilización o por lo menos lo son en volúmenes mucho más reducidos. No están de más los pobres y excluidos del planeta, está de más el capitalismo con sus objetos de consumo lujoso, sus sistemas militares, su despilfarro obsceno.

De la sobreproducción controlada a la crisis general de subproducción

Es posible describir el trayecto de algo más de cuatro décadas que ha conducido a la situación actual. En el comienzo entre aproximadamente 1968 y 1973 nos encontramos ante una gran crisis de sobreproducción en los países centrales que, como ya he señalado no derivó en un derrumbe generalizado de empresas y una avalancha de desocupación al el estilo “clásico” sino en una complejo proceso de control de la crisis que incluyó instrumentos de intervención pública destinados a sostener la demanda, la liberalización de los mercados financieros, esfuerzos tecnológicos y comerciales de las grandes empresas. Y también la ampliación del espacio del sistema, por ejemplo integrando a la ex Unión Soviética como proveedora de gas y petróleo y a China como proveedora de mano de obra industrial barata.

Los cambios no se produjeron de manera instantánea sino gradualmente en respuesta a las sucesivas coyunturas pero finalmente se conviertieron en un nuevo modelo de gestión del sistema llamado neoliberalismo girando en torno de tres orientaciones decisivas marcadas por el parasitismo: la financierización de la economía, la militarización y el saqueo desenfrenado de recursos naturales.

El proceso de financierización concentró capitales parasitando sobre la producción y el consumo, la incorporación de centenares de millones de obreros chinos y de otras zonas periféricas y el saqueo de recursos naturales permitió bajar costos, desacelerar la caída de los beneficios industriales.

El resultado visible al comenzar el siglo XXI es el ahogo financiero del sistema, la degradación ambiental y el comienzo de la declinación de la explotación de numerosos recursos naturales tanto los no renovables como los renovables (al ser quebrados sus ciclos de reproducción).

Finalmente la crisis de sobreproducción controlada engendra una crisis prolongada de subproducción que está dando ahora sus primeros pasos. El sistema encuentra “barreras físicas” para la reproducción ampliada de sus fuerzas productivas, los recursos naturales declinan, no se trata de “fronteras exógenas”, de bloqueos causados por fuerzas sobrehumanas sino de autobloqueos, de los efectos de la actividad productiva del capitalismo, prisionero de un sistema tecnológico muy dinámico basado en la explotación salvaje de la naturaleza y en la expansión acelerada de las masas proletarias del planeta (poblaciones miserables de la periferia, obreros pobres, campesinos sumergidos, marginales de todo tipo, etc.).

Asistimos entonces a la paradoja de industrias como la automotriz con altos niveles de capacidad productiva ociosa, si por alguna magia de los mercados esas empresas llegan a encontrar demandas adicionales significativas se producirían saltos espectaculares en los precios de una amplia variedad de materias primas, por ejemplo el petróleo, que anularían dichas demandas.

No estamos pasando del crecimiento al estancamiento, esté último no es más que el transito hacia la contracción, más o menos rápida, más o menos caótica del sistema, hacia la reproducción ampliada negativa de las fuerzas productivas al ritmo de la concentración de capitales, la marginación social y el agotamiento de los recursos naturales. No tiene por qué ser un proceso de declinación inexorable de la especie humana, se trata de la decadencia de una civilización, de sus sistemas productivos y perfiles de consumo.

Capitalismo mafioso

De este proceso forma parte la mutación del núcleo dirigente del capitalismo mundial en un conglomerado de redes parasitarias mafiosas una de cuyas características psicológicas es la del acortamiento temporal de expectativas, cortoplacismo que junto a otras perturbaciones lo conduce hacia una creciente crisis de percepción de la realidad.

El negocio financiero en tanto cultura hegemónica del mundo empresario, el gigantismo tecnológico (especialmente su capítulo militar), la súper concentración económica y otros factores convergentes impulsan esta desconexión psicológica liberando una amplia variedad de proyectos irracionales que sirven como apoyatura de políticas económicas, sociales, comunicacionales, militares, etc. (el cuerpo parasitario engorda y la mente racional del obeso se contrae).

La élite global dominante (imperialista) se va convirtiendo en un sujeto extremadamente peligroso empecinado en el empleo salvador de lo que considera su instrumento imbatible: el aparato militar (aunque experiencias concretas como en el pasado su derrota en Vietnam y actualmente el empantanamiento en Afganistan demuestran lo contrario).

Tres enfoques convergentes

Es posible abordar la historia de la civilización burguesa, su gestación, ascenso y decadencia, desde tres visiones de largo plazo.

La primera de ellas enfoca una trayectoria de aproximadamente quinientos años. Arranca a entre fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI europeo con la conquista de América y el pillaje de sus riquezas generando un derrame de oro y plata sobre las sociedades imperiales europeas impulsando su expansión económica y transformación burguesa.

Luego del primer atracón (siglo XVI) llegó el tiempo de la digestión y de la desestructuración de los bloqueos precapìtalistas y de la emergencia de embriones sólidos del Estado y de la ciencia  modernos y de núcleos capitalistas emergentes, todo ello expresado como “larga crisis del siglo XVII”.

Al comenzar el siglo XVIII esas sociedades ya estaban culturalmente preparadas para la gran aventura capitalista. Su despegue estuvo marcado por una crisis de mediana duración entre fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX marcada por la revolución industrial inglesa, la revolución francesa y las guerras napoleónicas. Fue atravesando todo el siglo XIX al ritmo de las expansiones coloniales y neocoloniales y las tranformaciones industriales y políticas.

En torno del año 1900 el capitalismo, con centro en Occidente, había establecido su sistema imperial a nivel planetario. Hasta llegar a la primera guerra mundial que señala el fin de la juventud del sistema y el inicio de una nueva crisis de mediana duración entre 1914 y 1945, punto de inflexión entre la etapa juvenil ascendente y una era de turbulencias que empiezan a mostrar los límites históricos de un sistema que dispone de recursos (financieros, tecnológicos, naturales, demográficos, militares) como para prolongar su existencia en medio de amenazas como la aparición de la Unión Soviética, luego la revolución china, etc.

Y despues de una recomposición que trae la prosperidad a un capitalismo amputado, acosado (entre fines de los años 1940 y fines de los años 1960) el sistema ingresa en una crisis larga (que consigue atrapar a los grandes ensayos protosocialistas: la URSS y China) que se prolonga hasta el presente.

Esta última etapa, que ya dura más de cuatro décadas, se caracteriza por el descenso gradual zigzageante y persistente de las tasas globales de crecimiento económico sobredeterminado por la desaceleración de las economías imperialistas (en primer lugar los Estados Unidos) y por el incremento de las más diversas formas de parasitismo (principalmente el financiero).

En esta etapa es posible distinguir un primer período entre 1968-1973 y 2007-2008 de desaceleración relativamente lenta, de pérdida gradual de dinamismo y un segundo período (en el que nos encontramos) de agotamiento del crecimiento apuntado hacia la contracción general del sistema.

En síntesis: a partir del primer impulso colonial exitoso (en el siglo XVI, el anterior: las Cruzadas había fracasado) es posible hacer girar la historia de la civilización burguesa en torno de cuatro grandes crisis; la larga crisis del siglo XVII vista como etapa preparatoria del gran salto, la crisis de mediana duración de nacimiento del capitalismo industrial (fines del siglo XVIII – comienzos del siglo XIX), una segunda crisis de mediana duración (1914-1945) seguida por una prosperidad de aproximadamente un cuarto de siglo y finalmente una nueva crisis de larga duración (que se inicia hacia fines de los años 1960) de decadencia del sistema, suave primero y acelerada desde fines de la primera década del siglo XXI.

Un segundo enfoque restringido a un poco más de doscientos años arranca con la revolución industrial inglesa, la Revolución Francesa, la independencia de los Estados Unidos, las guerras napoleónicas y otros acontecimientos que señalan el inicio del capitalismo industrial consolidándose en una larga etapa juvenil del sistema abarcando la mayor parte del siglo XIX.

Las turbulencias son cortas, las crisis de sobreproducción siguiendo el modelo desarrollado por Marx son “crisis de crecimiento” del sistema que van acumulando heridas, deformaciones, problemas que terminan por provocar el gran desastre de 1914. Karl Polanyi se refiere a rol de la cúpula financiera europea en el mantenimiento de equilibrios económicos y políticos, en esa élite está la base de la futura hipertrofia financiera de finales del siglo XX (6).

Luego de la etapa juvenil se desarrolla un período de madurez signado por guerras, fuertes depresiones y una prosperidad de mediana duración (1945-1970).

Con la crisis de los años 1970, el fin del patrón dólar-oro, la derrota norteamericana en Vietnam, la estanflación y los dos shocks petroleros, etc., el capitalismo entra en su vejez que deriva en senilidad. El concepto de “capitalismo senil” fue introducido por Roger Dangeville hacia finales de los años 1970 señalando que desde ese momento el sistema devenía senil (8), se desagregaba, perdía el rumbo.

En realidad la senilidad del sistema se hace evidente tres décadas después, a partir del estampido financiero-energético-alimentario de 2008 cuando se acelera el descenso del crecimiento hasta acercarnos ahora a crecimientos iguales a cero o negativos en el conjunto de la zona central del capitalismo y cuando el motor financiero se ha estancado apuntando a la caída.

Un tercer enfoque de desagregación del superciclo en “ciclos parciales” permite detallar fenómenos decisivos de la historia del sistema. Es necesario limitar los aspectos de autonomía de esos “ciclos” haciéndolos interactuar entre si y refiriéndolos siempre a la totalidad sistémica.

El crepúsculo del sistema arranca con las turbulencias de 2007-2008, la multiplicidad de “crisis” que estallaron en ese período (financiera, productiva, alimentaria, energética) convergieron con otras como la ambiental o la del Complejo Industrial-Militar del Imperio empantanado en las guerras asiáticas.

El cáncer financiero irrumpió triunfal entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX y obtuvo el control absoluto del sistema siete u ocho décadas después, pero su desarrollo había comenzado mucho tiempo (varios siglos) antes financiando Estados imperiales donde se expandían las burocracias civiles y militares al ritmo de las aventuras coloniales-comerciales y luego también a negocios industriales cada vez más concentrados.

La hegemonía de la ideología del progreso y del discurso productivista sirvió para ocultar el fenómeno, instaló la idea de que el capitalismo -a la inversa de las civilizaciones anteriores- no acumulaba parasitismo sino fuerzas productivas que al expandirse creaban problemas de adaptación superables al interior del sistema mundial, resueltos a través de procesos de “destrucción creadora”.

Por su parte el militarismo moderno hunde sus raíces más fuertes en el siglo XIX occidental, desde las guerras napoleónicas, llegando a la guerra franco-prusiana hasta irrumpir en la Primera Guerra Mundial como “Complejo Militar-Industrial” (aunque es posible encontrar antecedentes importantes en Occidente en las primeras industrias de armamentos de tipo moderno aproximadamente a partir del siglo XVI).

Fue percibido en un comienzo como un instrumento privilegiado de las estrategias imperialistas y más adelante como reactivador económico del capitalismo. Sólo se veían ciertos aspectos del problema pero se ignoraba o subestimaba su profunda naturaleza parasitaria, el hecho de que detrás del monstruo militar al servicio de la reproducción del sistema se ocultaba un monstruo mucho más poderoso: el del consumo improductivo, causante de déficits públicos que no incentivan la expansión sino el estancamiento o la contracción de la economía.

Actualmente el Complejo Militar-Industrial norteamericano
(en torno del cual se reproducen los de sus socios de la OTAN) gasta en términos reales más de un billón (un millón de millones) de dólares, contribuye de manera creciente al déficit fiscal y por consiguiente al endeudamiento del Imperio (y a la prosperidad de los negocios financieros beneficiarios de dicho déficit). Su eficacia militar es declinante pero su burocracia es cada vez mayor, la corrupción ha penetrado en todas sus actividades, ya no es el gran generador de empleos como en otras épocas, el desarrollo de la tecnología industrial-militar ha reducido significativamente esa función. La época del keynesiamismo militar como eficaz estrategia anti-crisis pertenece al pasado.

Presenciamos actualmente en los Estados Unidos la integración de negocios entre la esfera industrial-militar, las redes financieras, las grandes empresas energéticas, las camarillas mafiosas, las “empresas” de seguridad y otras actividades muy dinámicas conformando el espacio dominante del sistema de poder imperial.

La historia de las decadencias de civilizaciones, por ejemplo la del Imperio Romano, muestran que ya comenzada la declinación general y durante un largo período posterior, la estructura militar se sigue expandiendo sosteniendo tentativas desesperadas e inútiles de preservación del sistema.

En consecuencia, la decadencia general y la exacerbación de la agresividad militarista del Imperio podrían llegar a ser perfectamente compatibles, de allí se deriva la conclusión de que al escenario previsible de desintegración mas o menos caótica de la superpotencia deberíamos agregar otro escenario no menos previsible de declinación sanguinaria, guerrerista.

Tampoco la crisis energética en torno de la llegada del “Peak Oil” debería ser restringida
a la historia de las últimas décadas, es necesario entenderla como fase declinante del largo ciclo de la explotación moderna de los recursos naturales no renovables. Ese ciclo energético bisecular condicionó todo el desarrollo tecnológico del sistema y expresó, fue la vanguardia de la dinámica depredadora del capitalismo extendida al conjunto de recursos naturales y del ecosistema en general.

Lo que durante casi dos siglos fue considerado como una de las grandes proezas de la civilización burguesa, su aventura industrial y tecnológica, aparece ahora como la madre de todos los desastres, como una expansión depredadora que pone en peligro la supervivencia de la especie humana.

En síntesis, el desarrollo de la civilización burguesa durante los dos últimos siglos (con raíces en un pasado occidental mucho más prolongado) ha terminado por engendrar un proceso irreversible de decadencia, la depredación ambiental y la expansión parasitaria están en la base del fenómeno.

Existe una interrelación dialéctica perversa entre la expansión de la masa global de ganancias, su velocidad creciente, la multiplicación de las estructuras burocráticas civiles y militares de control social, la concentración mundial de ingresos, el ascenso de la marea parasitaria y la depredación del ecosistema.

Las revoluciones tecnológicas del capitalismo han sido en apariencia sus tablas de salvación, así fue durante mucho tiempo incrementando la productividad industrial y agraria, mejorando las comunicaciones y los transportes, pero en el largo plazo histórico, en el balance de varios siglos constituyen su trampa mortal, han terminado por degradar el desarrollo que han impulsado al estar estructuralmente basadas en la depredación ambiental, al generar un crecimiento exponencial de masas humanas súper explotadas y marginadas.

El progreso técnico integra así el proceso de autodestrucción general del capitalismo (es su columna vertebral) en la ruta hacia un horizonte de barbarie. No se trata de la incapacidad del actual sistema tecnológico para seguir desarrollando fuerzas productivas sino de su alta capacidad en tanto instrumento de destrucción neta de fuerzas productivas.

Se confirma así el sombrío pronóstico formulado por Marx y Engels en pleno auge juvenil del capitalismo: “Dado un cierto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, aparecen fuerzas de producción y de medios de comunicación tales que, en las condiciones existentes sólo provocan catástrofes, ya no son más fuerzas de producción sino de destrucción” (9).

En fin, el ciclo histórico iniciado hacia fines del siglo XVIII contó con dos grandes articuladores hoy declinantes: la dominación imperialista anglo-norteamericano (etapa inglesa en el siglo XIX y norteamericana en el siglo XX) y el ciclo del Estado burgués desde su etapa “liberal industrial” en el siglo XIX, pasando por su etapa intervencionista productiva (keynesiana clásica) en buena parte del siglo XX para llegar a su degradación “neoliberal” a partir de los años 1970-1980.

Capitalismo mundial, imperialismo y predominio anglo-norteamericano constituyen un solo fenómeno, una primera conclusión es que la articulación sistémica del capitalismo aparece históricamente indisociable del articulador imperial (historia imperialista del capitalismo). Una segunda conclusión es que al ser cada vez más evidente que en el futuro previsible no aparece ningún nuevo articulador imperial ascendente a escala global entonces desaparece del futuro una pieza decisiva de la reproducción capitalista global a menos que supongamos el surgimiento de una suerte de mano invisible universal (y burguesa) capaz de imponer el orden (monetario, comercial, político-militar, etc.). En ese caso estaríamos extrapolando al nivel de la humanidad futura la referencia a la mano invisible (realmente inexistente) del mercado capitalista pregonada por la teoría económica liberal.

La declinación imperial de Occidente incluye la de su soporte estatal abarcando una primera etapa (neoliberalismo) marcada por el endeudamiento público, el sometimiento del Estado a los grupos financieros, la concentración de ingresos, la elitización y pérdida de representatividad de los sistemas políticos y una segunda etapa de saturación del endeudamiento público, enfriamiento económico y crisis de legitimidad del Estado.

El colonialismo-imperialismo y el Estado moderno han sido en términos históricos pilares esenciales de la construcción de la civilización burguesa. Sobre los antecedentes coloniales del capitalismo no hay mucho más que agregar. Respecto de la relación Estado-burguesía es evidente sobre todo a partir del siglo XVI en Europa la estrecha interacción entre ambos fenómenos, no es posible entender el ascenso del Estado moderno sin el respaldo financiero y de toda la articulación social emergente de la naciente burguesía cuyo nacimiento y consolidación hubieran sido imposibles sin el aparato de coerción y el espacio de negocios ofrecido por las monarquías militaristas. Y tambien es necesario tomar en cuenta el mutuo respaldo legitimador, cultural, social que permitió a ambos crecer, transformarse hasta llegar a la instauración del capitalismo industrial y su contraparte estatal, la historia de la modernidad nos sugiere tratarlos como partes de un único sistema (heterogéneo) de poder.

Hacia el final, en la fase descendente del capitalismo sesgada por la financierización integral de la economía, el Estado (en primer lugar los Estados de las grandes potencias) también se financieriza, se va convirtiendo en una estructura parasitaria (un componente de las redes parasitarias), entra en decadencia.

La convergencia de numerosas “crisis” mundiales puede indicar la existencia de una perturbación grave pero no necesariamente el despliegue de un proceso de decadencia general del sistema. La decadencia aparece como la última etapa de un largo súper ciclo histórico, su fase declinante, su envejecimiento irreversible (su senilidad).

Extremando los reduccionismos tan practicados por las “ciencias sociales” podríamos hablar de “ciclos” parciales: energético, alimentario, militar, financiero, productivo, estatal y otros, y así describir en cada caso trayectorias que despegan en Occidente entre fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX con raíces anteriores e involucrando espacios geográficos crecientes hasta asumir finalmente una dimensión planetaria para luego declinar cada uno de ellos.

La coincidencia histórica de todas esas declinaciones y la fácil detección de densas interrelaciones entre todos esos “ciclos” nos sugieren la existencia de un único súper ciclo que los incluye a todos. Dicho de otra manera, se trata del ciclo de la civilización burguesa que se expresa a través de una multiplicidad de aspectos parciales.

El siglo XX

A partir de un enfoque plurisecular del capitalismo es posible avanzar una explicación del ascenso y derrota de la ola anticapitalista que sacudió al siglo XX. La Revolución Rusa inauguró en 1917 una larga sucesión de rupturas que amenazaron erradicar al capitalismo como sistema universal, el despegue revolucionario se apoyaba en una crisis profunda y prolongada del sistema que podríamos ubicar aproximadamente entre 1914 y 1945 y cuyas secuelas se extendieron más allá de ese período.

Dicha crisis fue interpretada por los revolucionarios rusos como el comienzo del fin del sistema pero el sistema aún sufriendo sucesivas amputaciones “socialistas” (Europa del Este, China, Cuba, Vietnam…) y la proliferación de rebeldías y autonomizaciones nacionalistas en la periferia pudo finalmente recomponerse y sus enemigos fueron cayendo uno tras otro a través de restauraciones explícitas como en el caso soviético o sinuosas como en el caso chino.

Las élites occidentales pudieron entonces afirmar que la tan anunciada declinación del capitalismo y su remplazo socialista no fue más que una ilusión alimentada por la crisis pero que al ser ésta superada la ilusión se fue esfumando. Y algunos gurús como el ahora olvidado Francis Fukuyama hasta proclamaban el fin de la historia y el pleno desarrollo de un milenio capitalista liberal.

Existe una visión falsa (pero no totalmente falsa) de la decadencia occidental frente a la emergencia del mundo nuevo a partir de la Revolución Rusa incluso si es entendida como “decadencia hegemónica”, esa visión pareció quedar desmentida por la realidad con el sometimiento chino (1978) y el derrumbe soviético (1991), sin embargo era apuntalada desde 1968-73 cuando empezaron a declinar las tasas de crecimiento del Producto Bruto Mundial y parcialmente confirmada desde 2008 porque el sistema se degrada velozmente (condición necesaria para su superación) aunque su sepulturero no aparece o aparece en una dispersión de pequeñas dosis históricamente insuficientes.

Insurgencias (hacia la negación absoluta del sistema)

La contracara positiva de la decadencia podría ser sintetizada como la combinación de resistencias y ofensivas de todo tipo contra el sistema operando como un fenómeno de dimensión global y actuando en orden disperso, expresando una gran diversidad de culturas, diferentes niveles de conciencia y de formas de lucha.

Desde los indignados europeos o norteamericanos que (por ahora) sólo pretenden depurar al capitalismo de sus tumores financieros y elitistas, hasta los combatientes afganos peleando contra el invasor occidental o la insurgencia colombiana animada por la perspectiva anticapitalista pasando por un muy complejo abanico de movimientos sociales, minorías y pequeños grupos críticos y rebeldes.

Oposiciones a gobiernos abiertamente reaccionarios y a ocupaciones coloniales pero también a las fachadas democráticas más o menos deterioradas que intentan suministrar gobernabilidad al capitalismo.

Lo que plantea la hipótesis de la convergencia y radicalización de esos procesos y entonces la posibilidad de profundizar el concepto de insurgencia global pensado como realidad en formación alimentada por la declinación de la civilización burguesa. La alternativa insurgente emergiendo como rechazo y apuntando hacia la negación radical del sistema y al mismo tiempo abriendo el espacio de las utopías post capitalistas.

El sujeto central de la insurgencia es la humanidad sumergida en expansión a la que la dinámica de la marginación y la superexplotación (la dinámica de la decadencia) empuja hacia la rebelión como alternativa a la degradación extrema, se trata de miles de millones de habitantes de los espacios rurales y urbanos.

Este proletariado es mucho más extendido y variado que la masa de obreros industriales (incluye a sus franjas periféricas y empobrecidas), no es el nuevo portador de la antorcha del progreso construida por la modernidad sino su negador potencial absoluto el cual en la medida en que vaya destruyendo las posiciones enemigas (sus estructuras de dominación) estará construyendo una nueva cultura libertaria.

Sin embargo la irrupción universal de ese sujeto se demora, un gigantesco muro de ilusiones bloquea su rebelión. Es que la autodestrucción del sistema global recién está en sus inicios, su hegemonía civilizacional es todavía muy fuerte, es casi imposible pronosticar, establecer teóricamente el recorrido temporal, el calendario de su desarticulación. Sí es posible establecer teóricamente la trayectoria descendente aunque sin pegarle fechas.

Utopías (el retorno del fantasma)

Aquí aparece el postcapitalismo como necesidad y posibilidad histórica concreta, como utopía radical que hunde sus raíces en el pasado revolucionario de los siglos XIX y XX y mucho más allá en las culturas comunitarias precapitalistas de Asia, Africa, América Latina y de la Europa anterior a la modernidad. No se trata de una etapa inevitable (une suerte de “resultado inexorable” de la declinación del sistema decidido por alguna “ley de la historia”) sino del resultado posible, viable del desarrollo de la voluntad de las mayorías oprimidas.

Ya en la génesis del sistema existía su enemigo absoluto, negando, rechazando su expansión opresora. En Europa en torno del siglo XVI emergían los despliegues coloniales, la industria de guerra bajo moldes pos artesanales, las primeras formas estatales modernas, los capitalistas comerciales y financieros asociados a las aventuras militares de las monarquías. Y la superexplotación de los campesinos, la destrucción de sus culturas, de sus sistemas comunitarios generando rebeliones como la que encabezó el comunista cristiano Tomas Müntzer en el corazón de Europa bajo la consigna “Omnia sunt communia” (todo es de todos, todas las cosas nos son comunes).

El amanecer de la modernidad burguesa fue también el de su negación absoluta, ambos bandos aportaban nuevas culturas pero al mismo tiempo heredaban viejas culturas de opresión y emancipación.

La alianza de banqueros, terratenientes y príncipes que derrotó a los campesinos en la batalla de Frankenhausen (mayo de 1525) y asesinó a Müntzer unía sus nuevos apetitos burgueses con los viejos privilegios feudales (convertidos en base de acumulación de las nueva formas de poder) mientras los campesinos rebeldes reinterpretaban los evangelios de manera comunista y asumían la herencia de libertad comunitaria del pasado, incluidas valiosas tradiciones precristianas. La construcción de alternativas innovadoras (de opresión y de emancipación) hundía sus raíces en el pasado.

Repasando luego el siglo XIX europeo y más adelante la crisis occidental entre 1914 y 1945 y sus consecuencias vemos cómo una y otra vez el demonio burgués derrota a su enemigo mortal que renace más adelante para presentar nuevamente batalla. Desde las insurgencias obreras europeas hasta llegar a la derrota de la Comuna de París en la era del capitalismo industrial juvenil que ya asumía una dimensión imperialista planetaria hasta llegar a las revoluciones comunistas rusa y china concluyendo con la degeneración burocrática y la implosión de la primera y la mutación capitalista-salvaje de la segunda.

En su prolongada historia la civilización burguesa fue pasando desde su infancia europea hasta su madurez en el siglo XX y finalmente a su vejez y su degradación senil desde fines del siglo XX hasta nuestros días.

En la era de la decadencia del capitalismo va asomando nuevamente la figura de su enemigo, se trata de un nuevo fantasma heredero y al mismo tiempo superador de los anteriores. Una mirada pesimista nos señalaría que será nuevamente derrotado, si ello ocurre esta civilización planetaria se irá sumergiendo en niveles de barbarie nunca antes vistos ya que su capacidad (auto)destructiva supera a cualquier otra decadencia civilizacional. Ahora no está en juego la supervivencia de algunos millones de seres humanos sino de más de siete mil millones.

Pero ese pesimismo se apoya en la historia de la modernidad pensada como una infinita repetición de escenarios donde cambian la dimensión, la complejidad tecnológica, los modelos de consumo, etc. pero queda intacta la dinámica amo-esclavo, el primero controlando los instrumentos que le permiten renovar su dominación y el segundo embarcado en batallas perdidas de antemano.

De esa manera es ocultado el hecho de que la modernidad burguesa ha entrado en decadencia lo que abre la posibilidad del quiebre, del colapso de dicha dinámica perversa abriendo el horizonte de la victoria de los oprimidos. Ello no fue posible en las etapas de adolescencia, juventud o madurez del sistema, pero sí es posible ahora.

Es la declinación de Occidente (entendido como civilización burguesa universal) lo que abre el espacio para el nuevo fantasma anticapitalista que necesita para imponerse irrumpir bajo la forma de una vasto, plural proceso de desoccidentalización, de critica radical a la modernidad imperialista, sus modelos de consumo y producción, de organización institucional, etcétera.

Se trata entonces de la abolición del sistema en el sentido hegeliano del concepto: negar, destruir, anular las bases de la civilización declinante y al mismo tiempo recuperar positivamente en otro contexto cultural todo aquello que pueda ser utilizable.

Volviendo a Hegel para superarlo es necesario afirmar que la marcha de la libertad que él suponía avanzando desde “Oriente” (entendido como la periferia del mundo occidental-moderno) para realizarse plenamente en Occidente en realidad avanza desde el subsuelo del mundo y puede llegar a dar un salto gigantesco aplastando, desbordando a los baluartes de la opresión occidental, irrumpiendo como una ola universal de pueblos insurgentes.

El primer fantasma fue europeo de cuerpo y alma y dio su última batalla en 1871 en la Comuna de París. El segundo fantasma asumió una envergadura planetaria, levantó su bandera roja en Rusia y China alentando un amplio espectro de rebeliones periféricas, tenía un cuerpo universal pero su cabeza estaba impregnada de ilusiones progresistas occidentales (el tecnologismo, el aparatismo, el estatismo, el consumismo). Su fecha o período de defunción podemos fijarla entre 1978 cuando China ingresa en la via capitalista y 1991 (derrumbe de la URSS).

Lo que necesita el siglo XXI es el desarrollo de un tercer fantasma revolucionario, completamente desoccidentalizado, es decir negador absoluto de la modernidad burguesa y por consiguiente universal de cuerpo y alma, anticapitalista radical, construyendo la nueva cultura postcapitalista a partir de la confrontación intransigente con el sistema. Heredando los antiguos combates, levantando la bandera multicolor de la rebeldía de todos los pueblos esclavizados del planeta, de sus identidades aplastadas, sumergidas convertidas gracias a sus combates en contraculturas opuestas al capitalismo.

En suma la emergencia, la avalancha plural de pueblos sometidos, de la humanidad verdadera, liberada (en proceso de emancipación) de la prehistoria, de la historia inferior del hombre enemigo de su entorno ambiental, del espacio que le permite vivir, y en consecuencia del hombre enemigo de sí mismo.

No se trata de una utopía universal única apuntando a una humanidad homogénea sino de una amplia variedad de utopías comunitarias ancladas en identidades populares específicas interrelacionadas conformando un gran espacio plural marcado por la abolición de las clases sociales y del Estado.

(1) Blanchard, del FMI, dice que la crisis durará una década, www.que.es/ultimas-noticias/internacionales/201210031112-blanchard-dice-crisis-durara-decada-reut.html

(2) Natixis- Banque de financement & d’investissement, “La crise de la zone euro peut durer 20 ans”, Flash Économie – Recherche Économique, 8 Août 2012 – N°. 534.

(3) Ansuya Harjan, “Roubini: My ‘Perfect Storm’ Scenario Is Unfolding Now”, CNBC 9 Jul 2012, http://www.cnbc.com/id/48116835 y Nouriel Roubini, “A Global Perfect Storm”, Proyect Syndicate, 15 June 2012, http://www.project-syndicate.org/print/a-global-perfect-storm.

(4) “Banco de Basilea”, Bank for International Settlements, Monetary and Economic Department, OTC derivatives market activity. (www.bis.org).

(5) Ugo Bardi and Marco Pagani. “Peak Minerals”, The Oil Drum:Europe, October 15, 2007, http://europe.theoildrum.com/node/3086.

(6) Patrick Déry and Bart Anderson, “Peak Phosphorus”, The Oil Drum:Europe , August 17, 2007, http://www.theoildrum.com/node/2882.

(7) Karl Polanyi, “La gran transformación. Los orígenes económicos y políticos de nuestro tiempo”, Fondo de Cultura Económica, Mexico DF, 2011.

(8) Roger Dangeville, “Marx-Engels, La Crise”, Union Générale D`Editions-10/18, Paris 1978.

(9) (Marx-Engels, “La ideología alemana”, 1845-46) en Marx & Engels, Obras Escogidas, Editorial Progreso, Moscú, 1974.

http://www.noticiaspia.com.ar/autodestruccion-sistemica-global-insurgencias-y-utopias-por-jorge-beinstein/

12
Oct

El asunto capital es la tasa de producción, no los supuestos. Lo que cuenta es cuánto petróleo se extrae del suelo cada día

   Publicado por: admin Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

¿Tracción? A sangre. From blog.cochesalaventa.com

¿Tracción? A sangre. From blog.cochesalaventa.com

How Changing the Definition of Oil Has Deceived Both Policymakers and the Public

Por Kurt Cobb *
ASPO-USA, 16 de Julio de 2012
crisisenergetica.org, 22.09.12

Deberíamos considerar la verdad sobre
el petróleo. Su oferta está estancada.

Todo el mundo sabe que la producción mundial de petróleo ha estado este año entre los 88 y 89 millones de barriles diarios (Mbpd), porque el gobierno, la industria y los medios de comunicación nos lo dicen. Como veremos más adelante, lo que nos dicen no es verdad.

Es falso no porque ese nivel arriba mencionado no se pueda verificar en fuentes oficiales. Lo es porque las cifras incluyen cosas que no son petróleo, tales como los líquidos combustibles de gas natural de las plantas y los biocombustibles. Si se dejasen estos capítulos fuera, entonces la produccción mundial de petróleo se ha situado en los 75 Mbpd este año.

Lo principal es que hay que saber que la tasa mundial de producción de petróleo crudo en sí, ha estado estancada entre los 71 y 75 Mbpd desde 2005 (calculados mensualmente). Y que esto ha tenido unos tremendos efectos negativos sobre la economía y la sociedad mundial, traducidos en altos precios de la energía que son parcialmente responsables de nuestra actual situación de estancamiento.

Pero dado que la producción de líquidos combustibles del gas natural de las plantas ha ido creciendo de forma bastante rápida, debido a la intensificación de las perforaciones de gas natural y debido a que estos líquidos se han echado al saco de los suministros de petróleo, se le ha dado al público la errónea impresión de que la producción mundial de petróleo sigue creciendo.

¡No es cierto! Lo que sigue creciendo es la categoría de “Todos los líquidos (combustibles)”, que son el petróleo, los líquidos de plantas de gas natural, los biocombustibles y otros combustibles menores. El total de líquidos combustibles sigue creciendo sólo debido a los grandes aumentos de los combustibles líquidos de las plantas de gas natural y en menor medida, a los biocombustibles. Y es por ello por lo que es tan importante entender lo que son los líquidos (combustibles) de las plantas de gas natural.

Pero antes de ello, una pregunta importante: ¿por qué el gobierno y los representantes de la industria, los analistas del petróleo y los que reportan sobre energía igualan los líquidos (combustibles) totales y el suministro de petróleo? Porque dicen que estos líquidos son básicamente intercambiables por petróleo (aclararé algunos de estos oscuros motivos más adelante).

En un reciente informe la Agencia para la Información sobre la Energía (en inglés U.S. Energy Information Administration o EIA, por sus siglas en inglés) lo especifica de esta forma: “El término “líquidos combustibles” representa al petróleo y a los productos petrolíferos y sustitutos cercanos, incluyendo el petróleo crudo el líquido condensado, líquidos de plantas de gas natural, biocombustibles, líquidos (combustibles) del carbón (coal-to-liquids, en inglés), líquidos provenientes del gas (gas-to-liquids, en inglés) y ganancias en los procesos de las refinerías (en inglés refinery processing gains).

Veamos por qué este supuesto de “sustitutos cercanos” es demostrablemente falso en lo que se refiere a la mayor parte de los líquidos combustibles de plantas de gas natural y definitivamente falto a la verdad en el caso de los biocombustibles.

En primer lugar, el petróleo crudo es lo que ustedes realmente creen que es. Es un hidrocarburo rico en líquido, de color negro, que proviene de yacimientos subterráneos. También se puede sintetizar de otros hidrocarburos, tales como el bitumen que existe en las arenas asfálticas de Canadá. El petróleo incluye también el llamado condensado, que se refiere a hidrocarburos ligeros que se encuentran con frecuencia en los yacimientos. Son gaseosos en el medio del yacimiento, a alta temperatura, pero se condensan en forma líquida a su salida a la superficie del pozo y se capturan con un equipo especial localizado en el terreno alquilado del pozo. Estos combustibles condensados forman parte del flujo del petróleo crudo. Tienen precios altos por ser fáciles de refinar, aunque apenas suponen una parte muy pequeña de la oferta mundial de petróleo.

Pero, ¿qué son los líquidos de las plantas de gas natural? ¿son buenos sustitutos del petróleo? Lamentablemente, reina la confusión porque un término muy similar, los líquidos del gas natural (LGN o en inglés Natural Gas Liquids o NGL), incluyen el condensado, que ya se ha descrito antes y que sabemos se incluye en el flujo de petróleo crudo. Generalmente, es común referirse a los LGN para denominar a los líquidos de plantas de gas natural (LPGN o en inglés “Natural Gas Plant Liquids” o NGPL).

Los LPGN son hidrocarburos diferentes del metano (gas natural), que se separan del gas natural crudo en una planta de procesamiento. Incluyen etano, propano, butano y pentano, cuyas cantidades varían.

Por ejemplo, el gas natural crudo extraído de las costas de Malasia contiene un 11% de etano, un 5% de propano, un 2% de butano y alrededor de un 2% de algo que se llama gasolina natural o gotera del gas, un combustible de bajo octanaje que hoy se utiliza principalmente como solvente.

El  gas natural crudo de la vertiente norte de Alaska contiene un mayor porcentaje de metano y consecuentemente menores porcentajes de etano (7%), propano (4%), butano (1%) y otros componentes, incluyendo dióxido de carbono y pentanos (2%).

En ambos casos, se puede ver que el etano representa aproximadamente la mitad del LPGN, el propano representa alrededor de un cuarto, el butano un 10% del gas malayo de LPGN y un 7% del gas de Alaska de LPGN.

¿Para qué se utiliza el etano? Su mayor uso es como base para la producción de etileno, uno de los productos químicos más utilizados. El polietileno es el plástico más utilizado del mundo y se encuentra en los envases o bolsas de basura. Otros procesos convierten el etileno en líquido anticongelante para automóviles. Otros se convierten en poliestireno, que se utiliza en aislamientos y para empaquetar. Parte del etano se deja en el gas natural y se envía por los gasoductos a las viviendas y fábricas, pero no mucho. De hecho es difícil ver cómo el etano, que es el más abundante de los LPGN, puede ser un sustituto para los productos de líquidos combustibles basados en el petróleo.

¿Y qué hay del propano? Todos saben que el propano se utiliza en las barbacoas del patio y en las estufas de los campings. También se utiliza para calefaccionar casas rurales. Además, la Asociación de Camiones Verdes informa que hay 270.000 vehículos que funcionan con propano en los Estados Unidos. Esto es aproximadamente una décima parte del 1% de los aproximadamente 250 millones de vehículos registrados en el país.

Algunos señalan que unos 17,5 millones de vehículos funcionan con prropano en todo el mundo. Si es verdad, serían aproximadamente un 1,7% de los mil millones de vehículos de la flota mundial. Sí, el propano es un sustituto viable de los combustibles basados en el petróleo para el transporte. Pero tendrían que cambiarse muchos más vehículos a propano para que esta sustitución tuviese sentido. Y finalmente, existe un techo sobre el propano del que realmente se podría disponer, porque, como hemos visto, sólo representa el 4 o 5% de toda la producción mundial de gas natural.

En la medida que el propano reemplace al gasóleo para calefacción, es un buen sustituto para el petróleo. Pero de nuevo, los límites de su producción no le permiten convertirse en una panacea. Desde luego, el gas natural en sí mismo es con frecuencia un sustituto del gasóleo para calefacción, especialmente dado su comparativo bajo coste. Por tanto, puede haber un efecto limitado de sustitución allá donde las infraestructuras del gas natural lo hagan posible.

¿Y qué hay del butano? Todos reconocen también al butano como el gas de los mecheros (y en España para cocinar y calentar agua, nota del traductor). Cuando se mezcla con propano, se le llama gas licuado en petróleo o Liquified Petróleum Gas o LPG, que se utiliza para calefaccionar espacios. También se utiliza como propelente en sprays y aerosoles. Pero no se puede meter el butano en un vehículo.

Supongo que se podría decir que tendríamos que utilizar petróleo para hacer los mecheros o encendedores, si no hubiese butano. Pero no creo que fuese un buen comienzo para elaborar una política energética inteligente, basada en el papel central del petróleo en la civilización global.

Los pentanos tienen aplicaciones industriales y de laboratorio, pero no se utilizan como líquidos combustibles.

Aglutinar el LPGN como suministro de petróleo no es algo que se haga mucho. De hecho y dado que sólo en muy contados casos es posible y que el crecimiento de los sustitutos disponibles es limitado, mezclar el LPGN con el petróleo, más bien parece un gesto para salvar la cara a los que se han equivocado de forma persistente sobre las previsiones de la oferta de petróleo y de sus precios en la última década. Y más parece un a movimiento de desesperación de una industria que ha tenido problemas en los últimos años para reemplazar sus reservas de petróleo.

Si la idea de que las compañías petrolíferas son en la actualidad empresas en autoliquidación calase en los inversores, sus valoraciones podrían reducirse de forma drástica. Y eso significa, desde luego, que las acciones y los paquetes accionariales de sus altos directivos, así como las posiciones que mantienen los grandes inversores, quedarían devastados.

Los LPGN constituyen en la actualidad unos 9 Mbpd de los llamados “total líquidos (combustibles)”. Los biocombustibles constituyen otros 2 Mbpd. La conversión de carbón en líquidos combustibles para vehículos se hace principalmente en Sudáfrica, una herencia de los días del apartheid, cuando el gobierno surafricano temía un embargo petrolífero que pudiese dejar al país sin combustible para el transporte.

La conversión de carbón en gasolina y diesel es extremadamente sucia y costosa. Pero Sudáfrica pagó por los equipos para hacerlo ya hace años y ahora solamente tiene que pagar por el carbón nacional para suministrar a sus refinerías de carbón a líquidos. Sólo una pequeña cantidad de gas natural se convierte químicamente en la actualidad en  combustibles líquidos, principalmente diesel. El proceso es intensivo en capital y caro y se pensó como conveniente para convertir el gas natural que de otra forma se habría quemado en la boca de los pozos.

En cuanto a los biocombustibles, Norteamérica ya se está acercando al límite actual de capacidad para absorber la oferta de etanol. La mayoría de los coches sólo puede funcionar con una mezcla del 10%. Por encima de ello, las piezas del motor en la mayoría de los vehículos comienzan a degradarse.

Desde luego, podríamos seguir aumentando la capacidad de los automóviles para quemar etanol. Pero el problema de escala es el factor decisivo. En Norteamérica se necesitarían 1.800 millones de acres (730 millones de hectáreas) para cultivar suficiente maíz para suministrar el suficiente etanol para mover la flota norteamericana de vehículos. Esto es cuatro veces y media la cantidad de tierra arable disponible. Y además, la producción de etanol de maíz se lleva más energía en su producción que la que proporciona. No es tanto una fuente de energía, sino un transportador de energía. Limitaciones similares valen para el biodiesel que sale del aceite vegetal.

El volumen remanente de la producción de todos los líquidos (combustibles), unos 2 Mbpd, es lo que se llama ganancias en refinerías. En resumidas cuentas, el volumen total de petróleo crudo aumenta cuando se separa en diversas fracciones. Esto no es una fuente de petróleo, sino más bien la consecuencia de consumir energía para su refinado.

Incluso cuando se consideran los productos no petrolíferos, los líquidos totales han alcanzado a duras penas un 3,5% en todo el periodo 2005 a 2011. Incluso si esos líquidos fuesen intercambiables por el petróleo, habrían contribuido muy poco en su sustitución.

Debido a que pocos de los productos no petrolíferos se están mezclando con la oferta de petróleo, son realmente sustitutos genuinos y los que lo son tienen serias limitaciones para el volumen que deberían proporcionar, deberíamos considerar la verdad sobre el petróleo. Su oferta está estancada, lo que ha provocado los récords de precios de los últimos años. Y las promesas de que esos altos precios traerían nuevos y copiosos suministros han resultado ser una expresión de deseos (wishful thinking).

Las limitaciones de la oferta de petróleo penden sobre nuestras cabezas. El asunto capital es la tasa de producción, no los supuestos gigantescos recursos que los optimistas pueden conjurar en su imaginación. Lo que cuenta es cuánto petróleo se puede extraer del suelo cada día y cada vez está siendo más difícil de extraer de la corteza terrestre la cantidad de petróleo que deseamos cada día.

Primero extrajimos el más fácil. No podemos esperar extraer el más difícil a las mismas altas tasas que el petróleo fácil. Y no podemos esperar que el porcentaje total de recuperación de yacimientos más pequeños, más complejos y más difíciles que nos vemos obligados a explotar sea tan alto como el que habíamos conseguido de los yacimientos grandes, sencillos y accesibles del pasado.

Será difícil hacer frente a esta realidad, porque requerirá demasiados cambios en nuestra forma de pensar y en nuestra sociedad. Y exigiría la reducción del valor contable de una de las mayores y más poderosas industrias del mundo, porque ahora se enfrentan a la contracción en un futuro no muy distante. Independientemente de que esos poderes hayan decidido cambiar la definición de petróleo en vez de aceptar la realidad.

* Kurt Cobb es el autor del reportaje basado en el cenit del petróleo titulado Prelude, y un columnista de la web científica Scitizen con base en París. Es miembro del panel directivo de ASPO USA. Sus trabajos han aparecido también en Energy Bulletin, The Oil Drum, 321energy, Common Dreams, Le Monde Diplomatique, EV World y muchos otros sitios. Mantiene un blog llamado Resource Insights.

http://www.crisisenergetica.org/article.php?story=20120922115532635

AMARC #3, Tucson, Arizona, USA, 2006. By Edward Burtynsky, from edwardburtynsky.com

AMARC #3, Tucson, Arizona, USA, 2006. By Edward Burtynsky, from edwardburtynsky.com

Petróleo

Por Angel Ferrero *
sinpermiso.info, 16.09.12

«La vida que reinaba sobre la Tierra cientos de millones de años antes, la burda y terrible vida de los monstruos primitivos, se había liberado de las remotas fosas sepulcrales y rugía de nuevo, pisoteando todo a su paso con sus enormes patas, lanzando alaridos, fagocitando con avidez todo a su alrededor», escribe Vasili Grossman en Vida y destino sobre un depósito de petróleo perforado por proyectiles alemanes durante la batalla de Stalingrado.

La descripción de Grossman puede leerse hoy como una venganza. Nuestra vida depende hasta extremos insospechables del crudo. Como fuente de energía, como materia prima para la elaboración de plástico y componentes farmacéuticos, como combustible de la mayoría de vehículos individuales y de transporte de mercancías.

El tráfico rodado ha alterado profundamente la producción industrial, el medio ambiente, el paisaje, la arquitectura urbana y la cultura del siglo XX. El evidente desinterés de los gobiernos occidentales por iniciar la transición energética, presionados por poderosos lobbys empresariales –no sólo energéticos: el petróleo también supuso un factor en la aceleración de la producción y la extracción de plusvalía relativa a la que muy pocos están dispuestos a renunciar–, nos deja indefensos ante la catástrofe ecológica inminente.

Una sociedad que no esté preparada para el mundo posterior al fin del petróleo se hundirá irremediablemente en el caos, como sucedió cuando el paso de los huracanes Katrina y Rita desabasteció a varias ciudades estadounidenses de combustible durante algunos días.

Por su naturaleza finita y no renovable el petróleo se ha convertido en una materia prima especialmente codiciada, por la que la alianza de Estados occidentales no duda en apoyar regímenes con un abundante historial de violaciones de los derechos humanos como el de Arabia Saudí, forzar el aislamiento internacional de Rusia (uno de los mayores proveedores mundiales) y China (uno de los mayores compradores mundiales), mantener una constante campaña de desprestigio contra la Venezuela bolivariana o llevar a cabo guerras neoimperiales en Oriente Medio con miles de muertos y heridos y consecuencias políticas, sociales y económicas a largo plazo difíciles de prever.

Para los países industriales tener petróleo se ha convertido en una necesidad y en una desgracia para los países poseedores de reservas o situados estratégicamente en una ruta de transporte. El petróleo está presente en nuestras vidas prácticamente las veinticuatro horas del día: está en el cepillo de dientes que empuñamos por la mañana, en el asfalto de las calles por las que transitamos, en la tarjeta de crédito con la que hacemos las compras, está en el casco del obrero y está en todos los utensilios del trabajador de cuello blanco, está en el teclado del ordenador con el que he escrito este artículo y en la pantalla del dispositivo electrónico –cualquiera que sea– con el que usted lo lee. Y con todo, del petróleo no sabemos mucho y mucho menos somos conscientes de su importancia.

A quien no le pasó por alto fue al fotógrafo Edward Burtynsky (St. Catharines, Ontario, 1955), cuya exposición sobre el petróleo –un trabajo de 12 años– en la galería C|O Berlín en la Oranienburgerstraße recién terminó el pasado 9 de septiembre. «En 1997 tuve mi primera “epifanía”», explica Burtynsky.

«Me di cuenta de que los paisajes alterados por el hombre que había fotografiado durante 20 años habían sido facilitados por el descubrimiento del petróleo y el motor de combustión interna. Comencé a pensar en el petróleo mismo como tema fotográfico, en su doble vertiente: como fuente de energía que todo lo posibilita y como una fuente de terror, por el peligro que supone para nuestro hábitat.»

Burtynsky fotografió todo el ciclo de vida del petróleo: desde los campos petrolíferos donde se alzan cientos de torres de extracción y las refinerías con sus complejos entramados de oleoductos de metal (Extraction & Refinement) hasta las zonas residenciales (donde la vida sin automóvil es imposible), los gigantescos aparcamientos donde se agolpan los coches y el abigarrado trazado de autovías en Estados Unidos y Canadá (Transportation & Motor Culture), hasta llegar los cementerios donde descansan, sin uso ya alguno, los residuos de la economía del petróleo: montañas de neumáticos, automóviles, aviones, helicópteros (The End of Oil).

En las orillas de Bangladesh Burtynsky fotografió las labores de desmontaje de los petroleros en los astilleros de Chittagong, donde los operarios trabajan en circunstancias peligrosas, sin ninguna protección y respirando humos tóxicos, desmantelando, pieza a pieza, estos enormes barcos para aprovechar su metal. La exposición se completa con un epílogo, Oil Spills, sobre la catástrofe de BP en el Golfo de México en el 2010.

Edward Burtynsky toma sus fotografías con teleobjetivo y desde una perspectiva estrictamente frontal, lo que aumenta la sensación de “objetividad” de las imágenes. Con todo, Burtynsky consigue eludir los errores de la Nueva objetividad (Neue Sachlichkeit), movimiento artístico y literario de la década de los treinta del siglo XX criticado por Walter Benjamin porque tuvo «éxito incluso haciendo de la miseria un objeto de placer, tratándola con estilo y perfección técnica» y parodiado por Bertolt Brecht en su poema “700 Intellektuelle beten einen Öltank an” (“700 intelectuales adoran a un tanque de petróleo”):

«¿Qué es para ti el prado? / Descansas sobre / lo que antaño hierba era, / ¡Ahí descansas tú, tanque de petróleo! /¿ Y qué es para ti un sentimiento? / Nada.»

(Was ist für Dich ein Gras? / Du sitzest darauf. / Wo ehedem ein Gras war, / Da sitzest jetzt Du, Öltank! / Und vor Dir ist ein Gefühl / Nichts.)

Las fotografías de Burtynsky –una mezcla de fascinación y repulsión, de belleza y horror que se ajusta al tema como un guante y que ya caracterizaba a su anterior serie, Manufactured Landscapesson signos del futuro, que muy bien podrían llegar a ilustrar el pronóstico sombrío de Elmar Altvater en El fin del capitalismo tal y como lo conocemos (Barcelona, El Viejo Topo, 2012) si el capitalismo sigue bloqueando el necesario cambio energético:

«A la próxima generación, o quizá la que siga a ésta, solamente le quedarán barriles vacíos y oxidados, una putrefacta infraestructura de oleoductos recorriendo continentes enteros, así como una atmósfera cargada dióxido de carbono perjudicial para el clima.» No habrá ningún Apocalipsis con cielos abriéndose y fanfarria de trompetas celestiales. El mundo posterior al petróleo será post-apocalíptico y está naciendo aquí y ahora. Si no lo remediamos.

* Angel Ferrero es miembro del Comité de Redacción de SinPermiso.

sinpermiso.info

edwardburtynsky.com

21
Ago

En el Siglo del Gas, quien tenga el control de Siria podrá controlar el Medio Oriente; la Casa Rusia; y la Ruta de la Seda

   Publicado por: admin Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

A natural gas pipeline, from egyptindependent.com

A natural gas pipeline, from egyptindependent.com

De la geopolítica del petróleo a la del gas

Siria, centro de la guerra del gas en el Medio Oriente

Por Imad Fawzi Shueibi
redvoltaire.org, 13.08.12

Con la caída de la Unión Soviética, los rusos se dieron cuenta de que la carrera armamentista los había dejado exangües, sobre todo por falta del aprovisionamiento energético que todo país industrializado necesita. Estados Unidos, por el contrario, había logrado desarrollarse e imponer sin mucha dificultad su política internacional gracias a su presencia de décadas en las zonas petrolíferas. Los rusos decidieron entonces posicionarse en las fuentes energéticas, tanto en las que producen petróleo como en las productoras de gas. Considerando que, debido a su repartición internacional, el sector petrolero no ofrecía buenas perspectivas, Moscú apostó por el gas, por su producción, su transporte y su comercialización a gran escala.

La partida comenzó en 1995, cuando Vladimir Putin trazó la estrategia de Gazprom: partir desde las zonas gasíferas de Rusia hacia Azerbaiyán, Turkmenistán, Irán (para la comercialización), hasta el Medio Oriente. La verdad es que los proyectos North Stream y South Stream demostrarán ante la historia el mérito y los esfuerzos de Vladimir Putin por situar nuevamente a Rusia en la arena internacional y por desempeñar un papel importante en la economía europea, que durante las próximas décadas dependerá del gas como alternativa al petróleo o como complemento de éste, dando la prioridad al gas por encima del petróleo. A partir de entonces, era urgente para Washington instrumentar el proyecto Nabbuco, como competidor de los proyectos rusos y con la esperanza de desempeñar un papel decisivo en la determinación de la estrategia y la política para los próximos 100 años.

El hecho es que el gas será la principal fuente de energía del siglo XXI, como alternativa ante la reducción de las reservas mundiales de petróleo y, al mismo tiempo, como fuente de energía no contaminante. El control de las zonas gasíferas del mundo por parte de las antiguas potencias y de las potencias emergentes es el elemento que da origen a un conflicto internacional con manifestaciones de carácter regional.

Es evidente que Rusia ha sabido leer las cartas y que ha aprendido las lecciones del pasado ya que el factor que provocó el derrumbe de la Unión Soviética fue precisamente la falta de control de los recursos energéticos globales, indispensables para inyectar el capital y la energía que necesita la estructura industrial. Rusia ha comprendido además que el gas está destinado a ser la fuente energética del próximo siglo.

Historia de la «partida de ajedrez» del gas

Una primera ojeada al mapa del gas nos revela que ese recurso se halla en las siguientes regiones, tanto en lo tocante a la situación de los yacimientos como al acceso a las zonas de consumo:

1. Rusia: Vyborg y Beregvya
2. Anexo a Rusia: Turkmenistán
3. En los alrededores más o menos inmediatos de Rusia: Azerbaiyán e Irán
4. Arrancado a Rusia: Georgia
5. Mediterráneo Oriental: Siria y Líbano
6. Qatar y Egipto.

Moscú trabajó rápidamente sobre dos ejes estratégicos: el primero es la creación de un proyecto sino-ruso a largo plazo basado en el crecimiento económico del Bloque de Shangai; el segundo es garantizar el control de los recursos gasíferos. Se sentaron así las bases de los proyectos South Stream y North Stream, frente al proyecto estadounidense Nabucco, respaldado por la Unión Europea, que apuntaba al gas del Mar Negro y de Azerbaiyán. Una carrera estratégica por el control de Europa y de los recursos gasíferos se estableció entre los proyectos de ambas partes.

Los proyectos de Rusia:

El proyecto North Stream conecta directamente a Rusia con Alemania a través del Mar Báltico, hasta Weinberg y Sassnitz, sin pasar por Bielorrusia. El proyecto South Stream comienza en Rusia, atraviesa el Mar Negro hasta Bulgaria y se divide pasando por Grecia y el sur de Italia, por un lado, y por Hungría y Austria, por el otro lado.

El proyecto de Estados Unidos:

El proyecto Nabucco parte de Asia Central y de los alrededores del Mar Negro, pasa por Turquía –donde se sitúa la infraestructura de almacenamiento–, y recorre Bulgaria, atraviesa Rumania, Hungría y llega hasta Austria, desde donde se dirige hacia la República Checa, Croacia, Eslovenia e Italia. Originalmente debía pasar por Grecia, idea que se abandonó debido a la presión de Turquía.

Se suponía que Nabucco debía ser el competidor de los proyectos rusos. Nabucco estaba previsto para el 2014, pero diversos problemas técnicos provocaron su posposición hasta 2017. A partir de esa posposición, el proyecto ruso comenzó a ganar la batalla por el gas, pero cada parte trata siempre de extender su propio proyecto hacia nuevas zonas.

Lo anterior tiene que ver por una parte con el gas iraní, que Estados Unidos pretendía incorporar al proyecto Nabucco conectándolo al punto de almacenamiento de Erzurum, en Turquía. Y también tiene que ver con el gas proveniente del Mediterráneo oriental, o sea Siria, Líbano e Israel.

Pero en julio de 2011, Irán firmó varios acuerdos para el transporte de su gas a través de Irak y de Siria. Por consiguiente, Siria se convierte así en el principal centro de almacenamiento y producción, vinculado además con las reservas del Líbano. Se abre así un espacio geográfico, estratégico y energético completamente nuevo que abarca Irán, Irak, Siria y el Líbano.

Los obstáculos que ese nuevo proyecto viene enfrentando desde hace más de un año dan una idea del grado de intensidad de la lucha que se está desarrollando por el control de Siria y del Líbano. Y al mismo tiempo aclaran el papel que ha venido desempeñando Francia, país que considera el Mediterráneo oriental como su propia zona de influencia histórica, destinada por lo tanto a satisfacer los intereses franceses, y donde Francia necesita recuperar el terreno perdido desde la Segunda Guerra Mundial.

En otras palabras, Francia pretende desempeñar un papel en el mundo del gas donde, después de adquirir en Libia una especie de «seguro médico», ahora pretende obtener un «seguro de vida» a través de Siria y del Líbano.

Turquía, por su parte, se siente excluida de esta guerra del gas debido al retraso del proyecto Nabucco y porque no tiene nada que ver con los proyectos South y North Stream. El gas del Mediterráneo oriental parece escapársele inexorablemente a medida que se aleja del proyecto Nabucco.

El eje Moscú-Berlín

Para concretar sus dos proyectos, Moscú creó la sociedad Gazprom en los años 1990. Alemania, deseosa de liberarse de una vez de todas las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, se preparó para incorporarse a ambos proyectos, tanto en materia de instalaciones como de revisión del gasoducto norte o de las instalaciones de almacenamiento del conducto South Stream en su zona de influencia, principalmente en Austria.

La empresa Gazprom fue fundada con la cooperación de Hans-Joachim Gornig, un alemán conocido en Moscú, ex vicepresidente de la compañía alemana de petróleo y de gas industrial que supervisó la construcción de la red de gasoductos de la RDA. Hasta octubre de 2011, el director de Gazprom fue Vladimir Kotenev, ex embajador de Rusia en Alemania.

Gazprom firmó numerosas transacciones con empresas alemanas, en primer lugar con las que cooperan con el proyecto North Stream, como los gigantes E.ON, del sector de la energía, y BASF, del sector de los productos químicos. En el caso de E.ON existen cláusulas que garantizan tarifas preferenciales en caso de alza de precios, con lo cual Rusia concede una especie de subvención «política» a las empresas del sector energético alemán.

Moscú aprovechó la liberalización de los mercados europeos del gas para forzarlos a desconectar las redes de distribución de las instalaciones de producción. Ya superados los antiguos enfrentamientos entre Rusia y Berlín, se abrió una fase de cooperación económica basada en aligerar la enorme deuda que pesaba sobre los hombros de Alemania, la de una Europa excesivamente endeudada por el yugo estadounidense.

Se trata de una Alemania que considera que el espacio germánico (Alemania, Austria, la República Checa y Suiza) está destinado a convertirse en el centro de Europa, sin tener que soportar las consecuencias del envejecimiento de todo un continente, ni las de la caída de otra superpotencia.

Las iniciativas alemanas de Gazprom la empresa conjunta (joint venture) de Wingas con Wintershall, una filial de BASF, que es el mayor productor de petróleo y de gas de Alemania y controla el 18% del mercado del gas. Gazprom otorgó a sus principales socios alemanes participaciones en sus activos rusos nunca vistas anteriormente. De esta forma BASF y E.ON controlan cada una cerca de la cuarta parte de los campos gasíferos de Lujno-Rousskoie que alimentarán en gran parte el circuito North Stream.

Y no se trata de una simple coincidencia si la equivalente alemana de Gazprom, llamada «la Gazprom germana», llegará a ser dueña del 40% de la compañía austriaca Austrian Centrex Co, que se especializa en el almacenamiento de gas y que está destinada a ampliarse hacia Chipre.

Esta expansión no es ciertamente del agrado de Turquía, país muy necesitado de participar en el proyecto Nabucco. Esa participación consistiría en almacenar, comercializar y transportar un volumen de gas que alcanzaría los 31,000 millones de m³ de gas al año, cifra que se elevaría posteriormente a 40,000 millones al año, un proyecto que hace que Ankara sea cada vez más dependiente de las decisiones de Washington y de la OTAN, sobre todo teniendo en cuenta los repetidos rechazos a sus pedidos de incorporación a la Unión Europea.

Los vínculos estratégicos que determina el gas son cada vez más decisivos en el plano político debido al cabildeo de Moscú en el Partido Socialdemócrata Alemán en Renania del Norte-Westfalia, importante base industrial y centro del conglomerado alemán RWE, proveedor de electricidad y filial de E.ON.

Hans-Joseph Fell, responsable de políticas energéticas de los Verdes, ha reconocido la existencia de esa influencia. Según el propio Fell, las 4 empresas alemanas vinculadas a Rusia tienen un importante papel en la definición de la política energética alemana. Estas empresas se apoyan en el Comité de Relaciones Económicas de Europa del este –o sea, en empresas que mantienen contactos económicos muy estrechos con Rusia y con los países del antiguo bloque soviético–, Comité que dispone a su vez de una red muy compleja de influencias sobre los ministros y la opinión pública. En Alemania, sin embargo, la discreción es la regla en lo tocante a la creciente influencia de Rusia, en base al principio de que es altamente necesario mejorar la «seguridad energética» de Europa.

Es interesante subrayar que Alemania considera que la política de la Unión Europea destinada a resolver la crisis del euro puede llegar a obstaculizar las inversiones germano-rusas. Esta razón, entre otras, explica el desgano de Alemania ante el salvamento del euro, moneda ya muy lastrada por las deudas europeas, a pesar de que el bloque germánico podría soportar esas deudas él solo. Además, cada vez que los europeos se oponen a su política hacia Rusia, Alemania afirma que los utópicos planes de Europa no son realizables y que incluso pudieran llevar a Rusia a vender su gas en Asia, lo cual pondría en peligro la seguridad energética europea.

Este matrimonio de intereses germano-rusos tiene sus bases en la herencia de la guerra fría, a raíz de la cual 3 millones de rusoparlantes viven actualmente en Alemania, conformando así la mayor comunidad extranjera en ese país, sólo después de la comunidad turca. Putin también era favorable a la utilización de la red de ex responsables de la RDA, que favorecieron los intereses de las compañías rusas en Alemania, sin entrar a mencionar el reclutamiento de ex agentes de la Stassi, como los directores de personal y finanzas de Gazprom Germania, así como el director financiero del Consorcio North Stream, Warnig Matthias quien, según el Wall Street Journal, ayudó a Putin en el reclutamiento de espías en Dresde en la época en que el propio Putin era agente del KGB. Hay que reconocer, sin embargo, que el uso que Rusia ha dado a sus antiguas relaciones no ha sido perjudicial para Alemania, ya que los intereses de ambas partes se han visto beneficiados sin favoritismo para ninguna de las dos.

El proyecto North Stream, principal vínculo entre Rusia y Alemania, fue inaugurado recientemente con una conductora que costó 4,700 millones de euros. Aunque esa conductora conecta a Rusia con Alemania, dado el reconocimiento por parte de los europeos del hecho que ese proyecto garantizaba la seguridad energética de Europa, Francia y Holanda se vieron obligadas a declarar que se trataba, en efecto, de un proyecto «europeo».

Es importante mencionar en ese sentido que el señor Lindner, director ejecutivo del Comité Alemán para las Relaciones Económicas con los Países de Europa del Este declaró, con toda la seriedad del mundo, que se trataba efectivamente de «un proyecto europeo y no de un proyecto alemán y que [el proyecto] no encerraría a Alemania en una mayor dependencia con respecto a Rusia». Esa declaración subraya la inquietud que suscita el incremento de la influencia rusa en Alemania. Lo cierto es que el proyecto North Stream es, por su estructura, moscovita y no europeo.

Los rusos pueden paralizar a su antojo la distribución de energía en Polonia y en varios países más y estarán en condiciones de vender el gas al mejor postor. Sin embargo, la importancia que Alemania reviste para Rusia reside en el hecho que Alemania es la plataforma que Rusia necesita para desarrollar su estrategia continental, sobre todo teniendo en cuenta que Gazprom Germania posee partes en 25 proyectos cruzados, en países como Gran Bretaña, Italia, Turquía, Hungría, entre otros. Lo anterior nos hace decir que Gazprom está destinada a convertirse, en algún tiempo, en una de las empresas más importante del mundo, si no se convierte en la más importante.

Un nuevo mapa de Europa, y después un nuevo mapa del mundo

Los dirigentes de Gazprom no sólo han desarrollado su proyecto sino que también se las han arreglado para contrarrestar el proyecto Nabucco. Gazprom posee el 30% del proyecto consistente en la construcción de una segunda línea conductora de gas hacia el este, siguiendo más o menos el mismo trazado que Nabucco. Los propios partidarios de esa segunda conductora confiesan que se trata de un proyecto «político» destinado a proporcionar una demostración de fuerza al frenar, e incluso bloquear, el proyecto Nabucco. Moscú se esforzó además por comprar gas en Asia central y en el Mar Caspio para enterrar ese proyecto y ridiculizar a Washington políticamente, económicamente y estratégicamente.

Gazprom está explotando instalaciones vinculadas al gas en Austria, o sea en el entorno estratégico de Alemania, además de alquilar instalaciones en Gran Bretaña y Francia. Son, sin embargo, las importantes estructuras de almacenamiento en Austria las que servirán para rediseñar el mapa energético de Europa, ya que alimentarán a Eslovenia, Eslovaquia, Croacia, Hungría, Italia y Alemania. A esas instalaciones hay que agregar el centro de almacenamiento que Gazprom está construyendo en Katrina con la cooperación de Alemania, para poder exportar el gas hacia los grandes centros de consumo de Europa occidental.

Gazprom creó una instalación común de almacenamiento con Serbia para proporcionar gas a Bosnia-Herzegovina y a la propia Serbia. También se han realizado estudios de factibilidad sobre métodos de almacenamiento similares en la República Checa, Rumania, Bélgica, gran Bretaña, Eslovaquia, Turquía, Grecia et incluso en Francia. Gazprom fortalece así la posición de Moscú, proveedor del 41% del gas que se consume en Europa.

Esto representa un cambio sustancial en las relaciones entre el este y el oeste a corto, mediano y largo plazo. Presagia además un declive de la influencia estadounidense, representada por los escudos antimisiles, y se avizora el establecimiento de una nueva organización internacional cuyo pilar fundamental será el gas. Para terminar, todo esto explica la intensificación de la lucha por el gas, desde la costa oriental del Mediterráneo hasta el Medio Oriente.

North Stream, South Stream y Nabucco.

North Stream, South Stream y Nabucco.

Nabucco y Turquía en dificultades

Se suponía que Nabucco transportaría gas hacia Austria a través de 3 900 kilómetros de territorio turco y estaba concebido para proporcionar anualmente a los mercados europeos 31 000 millones de m³ de gas natural proveniente del Medio Oriente y de la cuenca del Caspio. El apuro de la coalición OTAN-Estados Unidos-Francia por eliminar los obstáculos que se oponían a sus intereses en materia de aprovisionamiento en gas en el Medio Oriente, esencialmente en Siria y Líbano, reside en la necesidad de garantizar la estabilidad y el consentimiento del entorno cuando se habla de las infraestructuras e inversiones que exige la industria del gas. La respuesta siria fue firmar un contrato para trasladar el gas iraní hacia su territorio, pasando por Irak. La batalla se focaliza, por lo tanto, alrededor del gas sirio y del gas libanés. ¿Alimentará a Nabucco o a South Stream?

El consorcio Nabucco se compone de varias empresas: la alemana REW, la austriaca OML, la turca Botas, la búlgara Energy Company Holding y la rumana Transgaz. Hace 5 años, los costos iniciales se estimaban en 11,200 millones de dólares, pero de aquí al año 2017 podrían elevarse a 21,400 millones.

Esto plantea numerosas interrogantes en cuanto a su viabilidad económica ya que Gazprom ha logrado contratos con varios países que debían alimentar a Nabucco, que no podrá contar ya con los excedentes de Turkmenistán, sobre todo luego de los infructuosos intentos por apoderarse del gas iraní. Este último factor es uno de los secretos que se desconocen sobre la batalla por Irán, país que traspasó la línea roja en su desafío a Estados Unidos y Europa al escoger Irak y Siria como trayectos para el transporte de una parte de su gas.

Así que la mayor esperanza de Nabucco es aprovisionarse con el gas de Azerbaiyán y el yacimiento de Shah Deniz, convertido en casi la única fuente de aprovisionamiento de un proyecto que parece haber fracasado sin haber comenzado. Eso es lo que se desprende, por un lado, de la aceleración de la firma de contratos que Moscú ha concluido para la compra de fuentes inicialmente destinadas a Nabucco y de las dificultades surgidas, por otro lado, al tratar de imponer cambios geopolíticos en Irán, Siria y Líbano.

Y todo esto se produce en momentos en que Turquía reclama su tajada en el proyecto Nabucco, ya sea mediante la firma de un contrato con Azerbaiyán para la compra de 6,000 millones de m³ de gas en 2017 o a través de la anexión de Siria y del Líbano, con la esperanza de obstaculizar el tránsito del petróleo iraní o de recibir parte de la riqueza gasífera de Líbano y Siria. Parece que la posibilidad de hacerse de un lugar en el nuevo orden mundial exige prestar cierta cantidad de servicios, que van desde el apoyo militar hasta servir de base al dispositivo estratégico del escudo antimisiles.

Lo que quizás sea la principal amenaza para Nabucco es el intento ruso de hacerlo fracasar mediante la negociación de contratos más ventajosos que los suyos a favor de Gazprom para North Stream y South Stream, lo cual invalidaría los esfuerzos de Estados Unidos y de Europa, disminuiría la influencia de ambos y perturbaría la política energética de esos contendientes en Irán y/o en el Mediterráneo.

Además, Gazprom podría convertirse en uno de los inversionistas u operadores más importantes de los nuevos yacimientos de gas en Siria y Líbano. No por casualidad el ministro sirio del Petróleo anunció, el 16 de agosto de 2011, el descubrimiento de un pozo de gas en Qara, cerca de Homs, cuya capacidad sería de 400 000 m³ diarios (146 millones de m³ al año), por no mencionar la importancia del gas existente en el Mediterráneo.

Los proyectos North Stream y South Stream han reducido, por lo tanto, la influencia política de Estados Unidos, que ahora parece haberse rezagado. Los síntomas de hostilidad entre los Estados europeos y Rusia se han atenuado, pero Polonia y Estados Unidos no parecen dispuestos a renunciar. A finales de octubre de 2011, estos dos países anunciaron la modificación de su política energética como consecuencia del descubrimiento de yacimientos europeos de carbón que deberían disminuir la dependencia con respecto a Rusia y al Medio Oriente.

Ese parece ser un objetivo ambicioso, pero sólo posible a largo plazo debido a los numerosos pasos previos que exige la comercialización ya que se trata de un tipo de carbón hallado en rocas sedimentarias a miles de metros bajo tierra, por lo cual exige el empleo de técnicas hidráulicas de fractura a altas presiones para liberar el gas, y eso sin entrar a considerar los riesgos para el medio ambiente.

La participación de China

La cooperación sino-rusa en el campo energético es el motor de la asociación estratégica entre los dos gigantes. Según los expertos, constituye incluso la «base» de su reiterado doble veto a favor de Siria.

Esta operación no tiene que ver únicamente con el aprovisionamiento de China en condiciones preferenciales. China está llamada a vincularse directamente con la distribución del gas a través de la adquisición de activos y de instalaciones, además de un proyecto de control conjunto de las redes de distribución.

Paralelamente, Moscú da muestras de su flexibilidad en cuanto a los precios del gas, a condición de que se le conceda acceso al muy provechoso mercado interno chino. Se ha acordado, por lo tanto, que los expertos rusos y chinos trabajen juntos en los siguientes campos: «La coordinación de estrategias energéticas, la previsión y la prospección, el desarrollo de los mercados, la eficacia energética y las fuentes alternativas de energía».

Otros intereses estratégicos comunes están vinculados a los riesgos que representa el proyecto estadounidense de «escudo antimisiles». Washington no sólo ha implicado a Japón y Corea del Sur sino que, a principios de septiembre de 2011, también invitó a la India a sumarse al proyecto.

Esto trae como consecuencia que las preocupaciones de los dos países se cruzan en momentos en que Washington trata de reactivar su estrategia en Asia central, o sea en la Ruta de la Seda. Y esa estrategia es la misma que George Bush había emprendido (el proyecto Gran Asia Central) con vistas a contrarrestar –con la colaboración de Turquía– la influencia de Rusia y China, resolver la situación en Afganistán de aquí al año 2014 e imponer la fuerza militar de la OTAN en toda la región. Uzbekistán ya ha dado a entender que podría acoger a la OTAN, y Vladimir Putin ha estimado que lo que pudiera hacer fracasar la intrusión occidental e impedir que Estados Unidos perjudique a Rusia sería la expansión del espacio Rusia-Kazajstán-Bielorrusia, en cooperación con Pekín.

Este panorama de los mecanismos de la actual lucha internacional da una idea del proceso de formación del nuevo orden internacional, basado en la lucha por la supremacía militar y cuyo elemento central es la energía, con el gas en primer lugar.

El gas de Siria

Cuando Israel emprendió la extracción de petróleo y gas, a partir de 2009, estaba claro que la cuenca del Mediterráneo se había sumado al juego y que había dos posibilidades: o bien Siria iba a ser objeto de un ataque o toda la región lograría vivir en paz, ya que se supone que el siglo XXI sea el siglo de la energía limpia.

Según el Washington Institute for Near East Policy (WINEP, el think-tank del AIPAC), la cuenca del Mediterráneo encierra las mayores reservas de gas y es precisamente en Siria donde se hallan las más importantes. Ese mismo instituto ha emitido también la hipótesis de que la batalla entre Turquía y Chipre se intensificará porque Turquía no puede aceptar la pérdida del proyecto Nabucco (a pesar del contrato firmado con Moscú en diciembre de 2011 para el transporte de gran parte del gas de South Stream a través de Turquía).

La revelación del secreto del gas sirio da una idea de la enorme importancia de lo que está en juego. Quien tenga el control de Siria podrá controlar el Medio Oriente. Y a partir de Siria, puerta de Asia, tendrá en sus manos «la llave de la Casa Rusia», como decía la emperatriz rusa Catalina la Grande, y también la de China, a través de la Ruta de la Seda, lo que le permitirá dominar el mundo ya que este siglo es el Siglo del Gas.

Es por esa razón que los firmantes del acuerdo de Damasco, que permite que el gas iraní pase a través de Irak y llegue al Mediterráneo, creando un nuevo espacio geopolítico y cortando la línea vital de Nabucco, declararon en su momento que «Siria es la llave de la nueva era».

http://www.voltairenet.org/Siria-centro-de-la-guerra-del-gas