Archivo para la Categoría ‘Aplausos’

Groucho Marx and Thelma Todd, from egotvonline.com

Groucho Marx and Thelma Todd, from egotvonline.com

Por Julius Henry (Groucho) Marx *

Hace poco me premiaron en Iowa. Y luego en París. Dios mío, cambiaría todo eso por una erección.

Mucha gente sostiene que el matrimonio acaba con el romance. Estoy de acuerdo: cada vez que tengo un romance mi mujer trata de acabar con él.

Con el paso de los años he ido simplificando mi vida hasta lo único que tiene una importancia capital: el juego y el sexo.

La diferencia entre la política y el matrimonio es que en política has de acostarte con cualquiera.

Sólo hay una cosa más falsa que mi bigote: yo.

En 1959 asistí a 336 cenas. Sólo fui invitado a 12.

No me puedo ir a dormir sin antes haberme acostado.

Harpo heredó las cualidades de mi madre: amabilidad, comprensión y cordialidad. Yo heredé lo que quedaba.

Me ha dado por la filantropía. En vez de pagar impuestos voy a destinar mi dinero a la Fundación para el Cuidado y Mejora de Mr. Groucho Marx.

Arthur, hijo menor de Groucho le espeta: “Papá, el hombre de la basura está aquí”. A lo que él responde: “Dile que hoy no queremos”.

Las mujeres tienen infinitamente más tiempo libre que los hombres: ellas no están ocupadas todo el día persiguiendo mujeres.

El doctor me ha recetado contra el insomnio unos supositorios tan efectivos que el otro día pisé uno y se me durmió un pie.

¿Quién puede pensar en suicidarse estando el precio del gas en 48 dólares al mes?

Yo sólo me siento a la mesa de un político si paga él.

Decidme, os lo ruego, ¿qué personas se levantan con el alba? Policías, bomberos, basureros, conductores de autobús, dependientes y otros de las clases más humildes. No ves a Marilyn Monroe levantándose a las seis de la mañana… la verdad es que yo no veo a Marilyn levantándose a ninguna hora, lo cual es una lástima.

En uno de sus artículos una revista de coches quiso saber qué había en la guantera de Groucho Marx. El cómico respondió: “La última vez que miré había un bikini de mujer, una mujer sin bikini, medio sandwich de queso y una carta de la sociedad financiera que me decía que debo 5.000 dólares de los 5.000 dólares que cuesta mi coche.

He escrito mis libros aprovechando los ratos interminables en que esperaba a que mi mujer se arreglara para salir a cenar.

Mire que dar una fiesta y no invitarme… He estado a punto de no venir.

Soy tan viejo o tan sátiro, que mi amante es compañera de clase de mi hija.

Epitafio de Groucho Marx: “Disculpe, señora, que no me levante”.

* Actor estadounidense, 1890-1977.

4
May

Mientras ganaba yo, ganaba yo y cuando pierdo yo, lo paga el Estado. Y por favor, ahora no digáis eso de “quiero ser banquero”

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El LULIO y posiblemente el JAIME I en el puerto de Barcelona hacia 1.910. Al fondo el embarcadero de pasajeros. Postal, desde vidamaritima.com

El Lulio y posiblemente el Jaime I en el puerto de Barcelona hacia 1.910. Al fondo el embarcadero de pasajeros. Postal, desde vidamaritima.com

Desde San Quirico,

Veo las cosas clarísimas

@Leopoldo Abadía *
cotilzalia.com, 04.05.12

Estoy preocupado. Porque lo veo todo clarísimo. Y cuando uno ve clarísimo lo que los otros ven oscuro, se acuerda de aquel que iba por la autopista a toda velocidad, quejándose de que todos los demás iban en dirección contraria.

Veo clarísimo lo siguiente:

El Gobierno tiene una tarea un poco complicada, lo cual no es nada nuevo. Lo sabíamos todos, incluso ellos, y bien que trabajaron para que les eligieran. Y cuando en Andalucía les falló la jugada, menudo disgusto que se pegaron.

La oposición, o sea, los que gobernaban antes, también tiene una tarea un poco complicada, lo cual tampoco es nada nuevo. En su caso, es muy complicada, porque tienen que elegir continuamente entre callarse y hablar. Y las dos cosas son difíciles. Porque si te callas, la gente puede pensar que te has vendido al enemigo, y si hablas, pueden pensar que mira quién habla. (Es que la gente es muy mala.)

Los que no son Gobierno ni oposición, sino que tienen una parcelica y la defienden, intentan sacar todo lo que pueden. Y también a estos les pasa que, si apoyan al Gobierno, puede no gustar a los suyos y si no le apoyan, la gente mala les puede tachar de victimistas, traidorcetes y poco de fiar.

Los Bancos lo tienen un poco complicado (no hablo de las Cajas, porque ya no existen). Lo tienen complicado porque como tiene que coincidir el Activo con el Pasivo, manía que no sé a quién se le ocurrió, miran el Activo y piensan: “¡ay, madre!, ¿cuánto valdrá de verdad esto que tengo aquí, tan bonito y tan presentable, pero que yo sé que por dentro es francamente feo e impresentable?

Y siguen pensando que si no se sabe de verdad cuánto vale el Activo, porque no lo sabe nadie, pero lo sospechan, y el Pasivo tiene que coincidir con el Activo, pues resulta que Activo un poco cochambroso menos Pasivo de verdad (porque lo que se debe siempre es de verdad) igual a unos Recursos propios que no se sabe cuánto son. Y como los de Basilea, sin duda para darse importancia, han decidido que el core capital, que le llaman core capital como le podían llamar otra cosa, tiene que ser no sé cuánto, pues no les salen las cuentas.

Comentario: En el Diccionario que voy haciendo para entender más o menos lo que pasa, veo la siguiente definición, copiada de algún sitio: CORE CAPITAL. Recursos propios (capital y reservas) en relación a los activos, ponderados por riesgo. Es decir, si los activos tienen mucho riesgo (edificios ruinosos, deudas de países de no fiar, etc.) se exigen más recursos propios.

El Banco Central Europeo lo tiene complicado, él, que nació para controlar la inflación. ¡Con lo fácil que era! Si subía la inflación, se subían un poco los intereses y ya está: todos a portarse bien otra vez. Pero ahora, con eso de ay que nos hundimos, se ha puesto a fabricar dinero y a prestárselo todo nuevecito a los bancos. Pero los bancos, muy pillos, se lo guardan, en vez de prestárnoslo a la gente de la calle, porque no vaya a ser que la gente de la calle no se lo devuelva. Y entonces, compran deuda pública, o sea, se lo prestan al Estado, o se lo guardan en el mismo BCE, perdiendo dinero, pero sin riesgo.

Los de Basilea, que no sé por qué se meten en estas cosas, siguen sin fiarse de los bancos y siguen poniendo más condiciones.  Más core capital.

Y llega un señor y dice que hay que hacer un banco malo. Y que con un banco malo, todos los bancos serán buenos.

Y dicen que al Presidente Rajoy no le disgusta la idea. Y que ha encargado al menos dos estudios académicos para que le ayuden a discurrir.

Por ahora, parece que lo que se les ha ocurrido es cambiar el nombre y no llamarle banco malo. Ahora le llaman “desconsolidación inmobiliaria”, e incluso hablan de la “segregación de los activos inmobiliarios problemáticos de la banca mediante su desconsolidación del balance”. ¡Hala semántica!

La idea de la desconsolidación esta es simple:

La Caja de Ahorros de San Quirico (la única que ha quedado después de la purga) tiene 100 de “Activos inmobiliarios”. Realmente, no es que tenga 100. Es que prestó 100 a un vecino para que se comprase un piso en Barcelona y ese vecino resultó moroso y la CASQ “se adjudicó” (se tragó) aquel piso del moroso por 100. Si el piso está en buena zona, el Presidente de la Caja presume y todos los de San Quirico pensamos que es muy listo. En el Activo aparece “El piso…100” y en el Pasivo, “Capital…100”. Pero el piso está hecho un asco. El propietario era un descuidado y aquello no vale 100, y si me apuras mucho, ni 30.

El presidente de la CASQ tiene un amigo en la zona -aquí todos somos muy amigos- que le ha dicho: “mira, te compro el piso por 35 en euros contantes y sonantes”. Así, el balance cambia un poco. En el Activo pone “Los euros que me han pagado por el piso…35” y en el Pasivo, se mantiene el Capital, que para algo lo pusieron, pero se le añade una coletilla: “menos 65, que he perdido con la venta del piso a mi amigo de la zona”. Con esto se consigue que vuelvan a coincidir el Activo con el Pasivo, pero empatando a 35.

Los Recursos propios (Capital menos Pérdidas) de 35 que han quedado después de esta brillante operación, no les gustan nada a los de Basilea. Y como no les gustan nada, le dicen al Presidente de la CASQ que busque los 65 por ahí. Y el Presidente encuentra otro amigo de la zona, que le hace un préstamo de 65 a 30 años, que los de Basilea aceptan.

Lo malo de todo esto es que las cifras que se manejan son mayores y no todos los presidentes de bancos tienen un amigo que le pueda resolver el tema. Y se les ocurre lo del banco malo, que se podría definir como el super-amigo de la Banca que se queda con toda la porquería acumulada durante todos estos años de vino y rosas. (Por cierto, nunca he entendido lo del vino y las rosas, porque esa no es la idea que tengo de lo que debe ser una juerga, pero se dice así.)

Y lo que más les gusta es que esos 65 que hay que poner los ponga el Estado. Y si los pone el Estado, fenomenal, porque, mientras ganaba yo, ganaba yo y cuando pierdo yo, lo paga el Estado. Y por favor, ahora no digáis eso de “yo quiero ser banquero”, porque habéis llegado tarde. Las plazas están ocupadas y como las remuneraciones son muy majas, nadie querrá irse. Aunque alguno estaría mejor en la calle y no haría tanto daño a la sociedad. Y si queréis saber nombres de los que se deberían largar, leed los periódicos y haced vosotros mismos la lista. Yo ya he hecho la mía.

Veo clarísimas más cosas, aunque he empezado por esto que llaman la reforma financiera, porque es la más urgente. Hasta me atrevería a decir que es urgentísima, porque se trata -ya no sé cuántas veces lo he dicho- de que estos mozos de los bancos arreglen sus cosas pronto para que la gente normal pueda tener créditos normales.

Y si hay que poner dinero entre todos, lo ponemos. Pero antes, que pongan el dinero ellos, aflorando (me parece que se dice así) las pérdidas. Y si los accionistas pierden su dinero, lo pierden. Y si esos señores que mandan se van a la calle, mejor. Y si se les inhabilita a perpetuidad, miel sobre hojuelas.

Porque, con un par de inhabilitaciones -tengo los nombres- algunos chicos se lo pensarían dos veces. Y quizá esas inhabilitaciones ayudarían a empezar a resolver la crisis de decencia que nos azota inmisericorde (cuando me pongo profundo, no hay quien me aguante, pero lo que he dicho es verdad.)

O sea, señor Rajoy: en la próxima intervención por televisión, diga que:

Está haciendo lo que tiene que hacer. Si quiere, diga lo del vino y las rosas y las consecuencias que traen consigo esas dos cosas juntas (el vino y las rosas.) Si quiere, añada que esas cosas se traducen en más impuestos y más recortes. Que intentará que sean los mínimos posibles. Que definirá las prioridades, para no tirar el dinero en tonterías locas.

Diga que ya sabe que a los causantes del vino y las rosas hay que pedirles responsabilidades, pero que como no quiere echar la vista atrás, va a echarla adelante. Entonces, haga un silencio, mire la iPad, deslice los dedos hacia abajo, como si buscase algo concreto. Así le echa un poco de suspense.

Diga que el banco malo se va a crear inmediatamente, aunque alguno haya dicho lo contrario. Así quedará claro quién tiene que hablar y quién no.

Diga que, en cuanto se cree el banco malo, va a exigir responsabilidades a los responsables, porque para eso son responsables. Y que, como no se trata de llevarles a juicio, porque eso es largo y caro, los va a inhabilitar a perpetuidad, sin posibilidad de indulto.

Y sonría, y diga que si arreglamos el sistema financiero, hemos arreglado tres cuartas partes del problema. Y, además, crearemos empleo. Dígalo así, porque es verdad y porque nos animará un poco, que nos hace falta.

Y no diga eso de que todos los viernes hará reformas, que nos pondremos nerviosos y nos amargará usted el fin de semana.

Y hable usted, por favor, usted. Y formalmente, en la tele. Y sus ministros, que hagan declaraciones después de consultarlas con usted. Y que no las hagan cuando van de viaje, sino en Madrid, que el Gobierno está en Madrid y allí tienen sus despachos. Porque si no, en cuanto salen de viaje o ven un periodista extranjero, sueltan una parrafada y nos descolocan.

P. S.

1. La situación está fea, pero no deja de tener sus puntos cómicos. Uno de los mejores de esta semana, la presencia de D. Valeriano Gómez, Ministro de Trabajo hasta hace cuatro días, que fue a la manifestación del 1 de Mayo a solidarizarse con los parados suyos (5.273.600) y a recibir a los nuevos. Un gesto que diría que le honra, si no fuera porque aun me estoy recuperando de la sorpresa al ver que el señor Gómez no tiene el don de la oportunidad.

2. Menos mal que no fue solo. También le acompañó otro ex Ministro de Trabajo, Jesús Caldera. ¡Ay Señor, qué cosas se ven!

* Leopoldo Abadía es un chaval de 75 años, 12 hijos y 40 nietos y ex profesor del IESE, que asegura no saber nada de economía pero que ha puesto en claro la mejor explicación en castellano sobre la crisis subprime. A partir de ahí, para su sorpresa, miles de personas de todo el mundo consultan diariamente su blog. Desde su atalaya de San Quirico, aporta una voz independiente sobre la complicada realidad económica y social actual. Sin más pretensiones.

http://www.cotizalia.com/opinion/desde-san-quirico/2012/05/04/veo-las-cosas-clarisimas-6977/

12
Mar

-De acuerdo. Escoge la tierra que te plazca. -¿Y cuál será el precio? -preguntó Pahom. -Nuestro precio es siempre el mismo.

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Bashkir at right Kirghiz, 1805, from flats-zinfiguren.com

Bashkir at right Kirghiz, 1805, from flats-zinfiguren.com

Cuánta tierra necesita un hombre

Por León Lostoi *

Érase una vez un campesino llamado Pahom, que había trabajado dura y honestamente para su familia, pero que no tenía tierras propias, así que siempre permanecía en la pobreza. “Ocupados como estamos desde la niñez trabajando la madre tierra -pensaba a menudo- los campesinos siempre debemos morir como vivimos, sin nada propio. Las cosas serían diferentes si tuviéramos nuestra propia tierra.”

Ahora bien, cerca de la aldea de Pahom vivía una dama, una pequeña terrateniente, que poseía una finca de ciento cincuenta hectáreas. Un invierno se difundió la noticia de que esta dama iba a vender sus tierras. Pahom oyó que un vecino suyo compraría veinticinco hectáreas y que la dama había consentido en aceptar la mitad en efectivo y esperar un año por la otra mitad.

“Qué te parece -pensó Pahom- Esa tierra se vende, y yo no obtendré nada.”

Así que decidió hablar con su esposa.

-Otras personas están comprando, y nosotros también debemos comprar unas diez hectáreas. La vida se vuelve imposible sin poseer tierras propias.

Se pusieron a pensar y calcularon cuánto podrían comprar. Tenían ahorrados cien rublos. Vendieron un potrillo y la mitad de sus abejas; contrataron a uno de sus hijos como peón y pidieron anticipos sobre la paga. Pidieron prestado el resto a un cuñado, y así juntaron la mitad del dinero de la compra. Después de eso, Pahom escogió una parcela de veinte hectáreas, donde había bosques, fue a ver a la dama e hizo la compra.

Así que ahora Pahom tenía su propia tierra. Pidió semilla prestada, y la sembró, y obtuvo una buena cosecha. Al cabo de un año había logrado saldar sus deudas con la dama y su cuñado. Así se convirtió en terrateniente, y talaba sus propios árboles, y alimentaba su ganado en sus propios pastos. Cuando salía a arar los campos, o a mirar sus mieses o sus prados, el corazón se le llenaba de alegría. La hierba que crecía allí y las flores que florecían allí le parecían diferentes de las de otras partes. Antes, cuando cruzaba esa tierra, le parecía igual a cualquier otra, pero ahora le parecía muy distinta.

Un día Pahom estaba sentado en su casa cuando un viajero se detuvo ante su casa. Pahom le preguntó de dónde venía, y el forastero respondió que venía de allende el Volga, donde había estado trabajando. Una palabra llevó a la otra, y el hombre comentó que había muchas tierras en venta por allá, y que muchos estaban viajando para comprarlas. Las tierras eran tan fértiles, aseguró, que el centeno era alto como un caballo, y tan tupido que cinco cortes de guadaña formaban una gavilla. Comentó que un campesino había trabajado sólo con sus manos, y ahora tenía seis caballos y dos vacas.

El corazón de Pahom se colmó de anhelo.

“¿Por qué he de sufrir en este agujero -pensó- si se vive tan bien en otras partes? Venderé mi tierra y mi finca, y con el dinero comenzaré allá de nuevo y tendré todo nuevo”.

Pahom vendió su tierra, su casa y su ganado, con buenas ganancias, y se mudó con su familia a su nueva propiedad. Todo lo que había dicho el campesino era cierto, y Pahom estaba en mucha mejor posición que antes. Compró muchas tierras arables y pasturas, y pudo tener las cabezas de ganado que deseaba.

Al principio, en el ajetreo de la mudanza y la construcción, Pahom se sentía complacido, pero cuando se habituó comenzó a pensar que tampoco aquí estaba satisfecho. Quería sembrar más trigo, pero no tenía tierras suficientes para ello, así que arrendó más tierras por tres años. Fueron buenas temporadas y hubo buenas cosechas, así que Pahom ahorró dinero. Podría haber seguido viviendo cómodamente, pero se cansó de arrendar tierras ajenas todos los años, y de sufrir privaciones para ahorrar el dinero.

“Si todas estas tierras fueran mías -pensó-, sería independiente y no sufriría estas incomodidades.”

Un día un vendedor de bienes raíces que pasaba le comentó que acababa de regresar de la lejana tierra de los bashkirs, donde había comprado seiscientas hectáreas por sólo mil rublos.

-Sólo debes hacerte amigo de los jefes -dijo- Yo regalé como cien rublos en vestidos y alfombras, además de una caja de té, y di vino a quienes lo bebían, y obtuve la tierra por una bicoca.

“Vaya -pensó Pahom-, allá puedo tener diez veces más tierras de las que poseo. Debo probar suerte.”

Pahom encomendó a su familia el cuidado de la finca y emprendió el viaje, llevando consigo a su criado. Pararon en una ciudad y compraron una caja de té, vino y otros regalos, como el vendedor les había aconsejado. Continuaron viaje hasta recorrer más de quinientos kilómetros, y el séptimo día llegaron a un lugar donde los bashkirs habían instalado sus tiendas.

En cuanto vieron a Pahom, salieron de las tiendas y se reunieron en torno al visitante. Le dieron té y kurniss, y sacrificaron una oveja y le dieron de comer. Pahom sacó presentes de su carromato y los distribuyó, y les dijo que venía en busca de tierras. Los bashkirs parecieron muy satisfechos y le dijeron que debía hablar con el jefe. Lo mandaron a buscar y le explicaron a qué había ido Pahom.

El jefe escuchó un rato, pidió silencio con un gesto y le dijo a Pahom:

-De acuerdo. Escoge la tierra que te plazca. Tenemos tierras en abundancia.

-¿Y cuál será el precio? -preguntó Pahom.

-Nuestro precio es siempre el mismo: mil rublos por día.

Pahom no comprendió.

-¿Un día? ¿Qué medida es ésa? ¿Cuántas hectáreas son?

-No sabemos calcularlo -dijo el jefe-. La vendemos por día. Todo lo que puedas recorrer a pie en un día es tuyo, y el precio es mil rublos por día.

Pahom quedó sorprendido.

-Pero en un día se puede recorrer una vasta extensión de tierra -dijo.

El jefe se echó a reír.

-¡Será toda tuya! Pero con una condición. Si no regresas el mismo día al lugar donde comenzaste, pierdes el dinero.

-¿Pero cómo debo señalar el camino que he seguido?

-Iremos a cualquier lugar que gustes, y nos quedaremos allí. Puedes comenzar desde ese sitio y emprender tu viaje, llevando una azada contigo. Donde lo consideres necesario, deja una marca. En cada giro, cava un pozo y apila la tierra; luego iremos con un arado de pozo en pozo. Puedes hacer el recorrido que desees, pero antes que se ponga el sol debes regresar al sitio de donde partiste. Toda la tierra que cubras será tuya.

Pahom estaba alborozado. Decidió comenzar por la mañana. Charlaron, bebieron más kurniss, comieron más oveja y bebieron más té, y así llegó la noche. Le dieron a Pahom una cama de edredón, y los bashkirs se dispersaron, prometiendo reunirse a la mañana siguiente al romper el alba y viajar al punto convenido antes del amanecer.

Pahom se quedó acostado, pero no pudo dormirse. No dejaba de pensar en su tierra.

“¡Qué gran extensión marcaré! -pensó-. Puedo andar fácilmente cincuenta kilómetros por día. Los días ahora son largos, y un recorrido de cincuenta kilómetros representará gran cantidad de tierra. Venderé las tierras más áridas, o las dejaré a los campesinos, pero yo escogeré la mejor y la trabajaré. Compraré dos yuntas de bueyes y contrataré dos peones más. Unas noventa hectáreas destinaré a la siembra y en el resto criaré ganado.”

Por la puerta abierta vio que estaba rompiendo el alba.

-Es hora de despertarlos -se dijo-. Debemos ponernos en marcha.

Se levantó, despertó al criado (que dormía en el carromato), le ordenó uncir los caballos y fue a despertar a los bashkirs.

-Es hora de ir a la estepa para medir las tierras -dijo.

Los bashkirs se levantaron y se reunieron, y también acudió el jefe. Se pusieron a beber más kurniss, y ofrecieron a Pahom un poco de té, pero él no quería esperar.

-Si hemos de ir, vayamos de una vez. Ya es hora.

Los bashkirs se prepararon y todos se pusieron en marcha, algunos a caballo, otros en carros. Pahom iba en su carromato con el criado, y llevaba una azada. Cuando llegaron a la estepa, el cielo de la mañana estaba rojo. Subieron una loma y, apeándose de carros y caballos, se reunieron en un sitio. El jefe se acercó a Pahom y extendió el brazo hacia la planicie.

-Todo esto, hasta donde llega la mirada, es nuestro. Puedes tomar lo que gustes.

A Pahom le relucieron los ojos, pues era toda tierra virgen, chata como la palma de la mano y negra como semilla de amapola, y en las hondonadas crecían altos pastizales.

El jefe se quitó la gorra de piel de zorro, la apoyó en el suelo y dijo:

-Ésta será la marca. Empieza aquí y regresa aquí. Toda la tierra que rodees será tuya.

Pahom sacó el dinero y lo puso en la gorra. Luego se quitó el abrigo, quedándose con su chaquetón sin mangas. Se aflojó el cinturón y lo sujetó con fuerza bajo el vientre, se puso un costal de pan en el pecho del jubón y, atando una botella de agua al cinturón, se subió la caña de las botas, empuñó la azada y se dispuso a partir. Tardó un instante en decidir el rumbo. Todas las direcciones eran tentadoras.

-No importa -dijo al fin-. Iré hacia el sol naciente.

Se volvió hacia el este, se desperezó y aguardó a que el sol asomara sobre el horizonte.

“No debo perder tiempo -pensó-, pues es más fácil caminar mientras todavía está fresco.”

Los rayos del sol no acababan de chispear sobre el horizonte cuando Pahom, azada al hombro, se internó en la estepa.

Pahom caminaba a paso moderado. Tras avanzar mil metros se detuvo, cavó un pozo y apiló terrones de hierba para hacerlo más visible. Luego continuó, y ahora que había vencido el entumecimiento apuró el paso. Al cabo de un rato cavó otro pozo.

Miró hacia atrás. La loma se veía claramente a la luz del sol, con la gente encima, y las relucientes llantas de las ruedas del carromato. Pahom calculó que había caminado cinco kilómetros. Estaba más cálido; se quitó el chaquetón, se lo echó al hombro y continuó la marcha. Ahora hacía más calor; miró el sol; era hora de pensar en el desayuno.

-He recorrido el primer tramo, pero hay cuatro en un día, y todavía es demasiado pronto para virar. Pero me quitaré las botas -se dijo.

Se sentó, se quitó las botas, se las metió en el cinturón y reanudó la marcha. Ahora caminaba con soltura.

“Seguiré otros cinco kilómetros -pensó-, y luego giraré a la izquierda. Este lugar es tan promisorio que sería una pena perderlo. Cuanto más avanzo, mejor parece la tierra.”

Siguió derecho por un tiempo, y cuando miró en torno, la loma era apenas visible y las personas parecían hormigas, y apenas se veía un destello bajo el sol.

“Ah -pensó Pahom-, he avanzado bastante en esta dirección, es hora de girar. Además estoy sudando, y muy sediento.”

Se detuvo, cavó un gran pozo y apiló hierba. Bebió un sorbo de agua y giró a la izquierda. Continuó la marcha, y la hierba era alta, y hacía mucho calor.

Pahom comenzó a cansarse. Miró el sol y vio que era mediodía.

“Bien -pensó-, debo descansar.”

Se sentó, comió pan y bebió agua, pero no se acostó, temiendo quedarse dormido. Después de estar un rato sentado, siguió andando. Al principio caminaba sin dificultad, y sentía sueño, pero continuó, pensando: “Una hora de sufrimiento, una vida para disfrutarlo”.

Avanzó un largo trecho en esa dirección, y ya iba a girar de nuevo a la izquierda cuando vio un fecundo valle. “Sería una pena excluir ese terreno -pensó-. El lino crecería bien aquí.”. Así que rodeó el valle y cavó un pozo del otro lado antes de girar. Pahom miró hacia la loma. El aire estaba brumoso y trémulo con el calor, y a través de la bruma apenas se veía a la gente de la loma.

“¡Ah! -pensó Pahom-. Los lados son demasiado largos. Este debe ser más corto.” Y siguió a lo largo del tercer lado, apurando el paso. Miró el sol. Estaba a mitad de camino del horizonte, y Pahom aún no había recorrido tres kilómetros del tercer lado del cuadrado. Aún estaba a quince kilómetros de su meta.

“No -pensó-, aunque mis tierras queden irregulares, ahora debo volver en línea recta. Podría alejarme demasiado, y ya tengo gran cantidad de tierra.”.

Pahom cavó un pozo de prisa.

Echó a andar hacia la loma, pero con dificultad. Estaba agotado por el calor, tenía cortes y magulladuras en los pies descalzos, le flaqueaban las piernas. Ansiaba descansar, pero era imposible si deseaba llegar antes del poniente. El sol no espera a nadie, y se hundía cada vez más.

“Cielos -pensó-, si no hubiera cometido el error de querer demasiado. ¿Qué pasará si llego tarde?”

Miró hacia la loma y hacia el sol. Aún estaba lejos de su meta, y el sol se aproximaba al horizonte.

Pahom siguió caminando, con mucha dificultad, pero cada vez más rápido. Apuró el paso, pero todavía estaba lejos del lugar. Echó a correr, arrojó la chaqueta, las botas, la botella y la gorra, y conservó sólo la azada que usaba como bastón.

“Ay de mí. He deseado mucho, y lo eché todo a perder. Tengo que llegar antes de que se ponga el sol.”

El temor le quitaba el aliento. Pahom siguió corriendo, y la camisa y los pantalones empapados se le pegaban a la piel, y tenía la boca reseca. Su pecho jadeaba como un fuelle, su corazón batía como un martillo, sus piernas cedían como si no le pertenecieran. Pahom estaba abrumado por el terror de morir de agotamiento.

Aunque temía la muerte, no podía detenerse. “Después que he corrido tanto, me considerarán un tonto si me detengo ahora”, pensó. Y siguió corriendo, y al acercarse oyó que los bashkirs gritaban y aullaban, y esos gritos le inflamaron aún más el corazón. Juntó sus últimas fuerzas y siguió corriendo.

El hinchado y brumoso sol casi rozaba el horizonte, rojo como la sangre. Estaba muy bajo, pero Pahom estaba muy cerca de su meta. Podía ver a la gente de la loma, agitando los brazos para que se diera prisa. Veía la gorra de piel de zorro en el suelo, y el dinero, y al jefe sentado en el suelo, riendo a carcajadas.

“Hay tierras en abundancia -pensó-, ¿pero me dejará Dios vivir en ellas? ¡He perdido la vida, he perdido la vida! ¡Nunca llegaré a ese lugar!”

Pahom miró el sol, que ya desaparecía, ya era devorado. Con el resto de sus fuerzas apuró el paso, encorvando el cuerpo de tal modo que sus piernas apenas podían sostenerlo. Cuando llegó a la loma, de pronto oscureció. Miró el cielo. ¡El sol se había puesto! Pahom dio un alarido.

“Todo mi esfuerzo ha sido en vano”, pensó, y ya iba a detenerse, pero oyó que los bashkirs aún gritaban, y recordó que aunque para él, desde abajo, parecía que el sol se había puesto, desde la loma aún podían verlo. Aspiró una buena bocanada de aire y corrió cuesta arriba. Allí aún había luz. Llegó a la cima y vio la gorra. Delante de ella el jefe se reía a carcajadas. Pahom soltó un grito. Se le aflojaron las piernas, cayó de bruces y tomó la gorra con las manos.

-¡Vaya, qué sujeto tan admirable! -exclamó el jefe-. ¡Ha ganado muchas tierras!

El criado de Pahom se acercó corriendo y trató de levantarlo, pero vio que le salía sangre de la boca. ¡Pahom estaba muerto!

Los pakshirs chasquearon la lengua para demostrar su piedad.

Su criado empuñó la azada y cavó una tumba para Pahom, y allí lo sepultó. Dos metros de la cabeza a los pies era todo lo que necesitaba.

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* Desde y según http://www.webislam.com/?idt=20510

Ok, no. From freeiran.fr

Ok, no. From freeiran.fr

Diez excelentes razones para atacar a Irán

Por David Swanson *
Post de PP en crisisenergetica.org

1. Irán ha amenazado con responder si es atacado y esto es un crimen de Guerra. Los crímenes de Guerra tienen que ser castigados.

2. Mi televisión dice que Irán tiene armas atómicas. Esta vez estoy seguro de que es cierto. Exactamente igual que Corea del Norte. Estoy seguro de que son los siguientes. Nosotros sólo bombardeamos los lugares que realmente tienen armas atómicas y pertenecen al Eje del Mal. Excepto Irak, que era diferente.

3. Irak no ha ido tan mal. Considerando lo pésimo que es su gobierno, ese país está mejor sin la gente que lo ha dejado o ha muerto. La verdad es que no podría haber salido mejor, incluso si lo hubiésemos planeado.

4. Cuando hemos amenazado con cortar el petróleo de Irán, Irán ha amenazado con cortar su petróleo, lo que es absolutamente intolerable. ¿Qué vamos a hacer sin ese petróleo? ¿Y qué de bueno tiene comprarlo si lo que quieren es venderlo?

5. Irán estuvo detrás de los atentados del 11-S. Lo he leído en la web. Y si no fue así, es incluso peor. Irán no ha atacado a ninguna otra nación desde hace siglos, lo que significa que es seguro que su próximo ataque sea inminente.

6. Los iraníes son unos religiosos chiflados, no como los israelíes y los estadounidenses. La mayoría de los israelíes no quieren atacar a Irán, pero el sagrado gobierno de Israel sí quiere. Oponerse a esta decisión sería un pecado contra Dios.

7. Los iraníes son tan estúpidos que cuando asesinamos a sus científicos ellos van y contratan a un vendedor de coches de Texas para contratar a su vez a un grupo mafioso de México para que asesine al embajador saudita en Washington y luego no lo asesinan, sólo para que aparezcamos como los malos cuando lo apresamos.

7.b. Ah, y los estúpidos deberían ser bombardeados. No son gente civilizada.

8. La Guerra es Buena para la economía estadounidense. Las tropas que se desplieguen en Irán comprarán bienes. Y las mujeres que sobrevivan a la guerra tendrán más derechos. Como en Virginia. Debemos esto a los iraníes después del pequeño traspié de 1953.

9. Esta es la única manera de unir a la región. O bombardeamos Irán y nos jura amor eterno o si es necesario, ocupamos Irán para liberarlo, como hemos hecho con sus vecinos. No tendría por qué llevarnos mucho tiempo; no hay más que ver lo bien que ahora está Afganistán.

10. Los iraníes no nos van a devolver nuestro avión no tripulado y dirigido por control remoto. Con esto está todo dicho.

* David Swanson, prominente pacifista, autor de “Day Break” y “War Is A
Lie”, que dirige las páginas web http://www.DavidSwanson.org y WarIsACrime.org

www.TruthTheory.com

http://www.zcommunications.org/the-10-most-excellent-reasons-to-attack-iran-by-david-swanson

24
Ene

La exportación china a Europa disminuyó un 18 %. La exportación a los países “emergentes” no puede compensar esa reducción

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Trabajador chino realizando un paseo turístico. From spitsniews.ni

Trabajador chino realizando un paseo turístico. From spitsniews.ni

China y la crisis

Por Guillermo Almeyra
La Jornada
rebelion.org, 23.01.12

La economía global está en crisis, pero no tiene los mismos efectos ni las mismas características y alcances en cada uno de sus principales componentes.

La economía de Estados Unidos, por ejemplo, ha tenido una leve recuperación, que se refleja en una pequeña reducción del número de desocupados, en una mayor producción industrial y en un poco más de ventas en el mercado de las viviendas nuevas y usadas. El dólar sigue siendo sostenido por el esfuerzo chino, por la compra china de bonos del Tesoro estadunidense, por las inversiones chinas, por las enormes ganancias que obtienen las empresas estadunidenses que desde China operan en todo el mundo y que, transformadas en dólares, retornan a Estados Unidos.

Cuando Estados Unidos se retira derrotado de Irak y derrotado también negocia en Afganistán con los talibanes y corre el riesgo de un golpe militar nacionalista y pro chino en Pakistán, esta gran dependencia de lo que hace Pekín obliga a Washington a la prudencia en extremo Oriente: por eso en Corea del Norte ladra mucho pero no muerde y en Taiwan-Formosa coincide con China en celebrar la victoria del candidato presidencial del Kuomintang, partidario de las negociaciones con Pekín, frente a los independentistas, los cuales habrían reavivado el conflicto entre la isla y China continental.

La Unión Europea, en cambio, va hacia una recesión, e Italia y España, por no hablar de Grecia y Portugal, ya están en ella. La casi segura derrota de Nicolas Sarkozy en las próximas elecciones francesas atemoriza y tiene en zozobra continua al capital financiero, esa “tímida gacela”. Japón no se repone del golpe de Fukushima. Y algunos países llamados “emergentes” (en realidad, países dependientes), como Brasil o Argentina, tienen economías que siguen creciendo, pero a un ritmo mucho más lento, y ven aumentar las tendencias (hasta ahora reprimidas) a descargar sobre el vecino sus problemas (como se ve en la disputa entre Argentina y Brasil, los dos principales miembros del Mercosur, en torno a las barreras a los productos industriales).

China, por último, la segunda economía internacional en orden de importancia y la más dinámica, debe intentar resolver en el próximo congreso del Partido Comunista cuál será el rumbo que seguirá el país en los próximos años. Ahora bien, como se sabe, ese partido agrupa a la mayor parte de los millonarios y multimillonarios y a la casi totalidad de la burocracia que dirige el país y, por tanto, lo que se decida tendrá enorme influencia en China y en el mundo.

Hasta ahora, la economía china tuvo como centro la exportación. El país explotó a fondo la abundancia de mano de obra campesina, a la que hacía trabajar en condiciones durísimas con salarios bajísimos y a la que controlaba mediante el partido y el Estado –fusionados– sin intermediación de leyes laborales ni de sindicatos. China construye el capitalismo con la sobrexplotación del trabajador, del cual, en términos marxistas, extrae plusvalía absoluta y una tasa de ganancia enorme para las empresas.

Pero la exportación china a Europa disminuyó en 18 por ciento y seguirá reduciéndose, y la leve recuperación industrial estadunidense podría permitir a las compañías locales recuperar parte del mercado, mientras la exportación a los países llamados “emergentes” no puede compensar esa reducción de las ventas.

China, además, ha debido enfrentar paros contra los despidos en las exportadoras y huelgas y rebeliones ciudadanas contra la insoportable degradación ambiental derivada de que la industrialización se realizó con la idea de que los bienes comunes pueden ser privatizados y de que el costo ambiental es igual a cero. El gobierno, en lugar de reprimir, hizo concesiones. Como consecuencia, hay una constante elevación del valor de la fuerza de trabajo que ha hecho que varias trasnacionales se trasladasen a países como Vietnam o Tailandia, donde los salarios son menores y tampoco hay sindicatos reales.

Por último, para absorber a los más de 200 millones de campesinos desocupados que vagan por los caminos esperando instalarse en alguna ciudad industrial, el país necesita lograr un crecimiento al menos de 8 por ciento en su PIB. Ahora bien, hoy tiene uno de 9.1, pero con tendencia a disminuir. De modo que no puede esperar.

Si orientase su economía hacia el crecimiento del mercado interno –o sea, hacia la elevación de los salarios e ingresos de los campesinos y trabajadores para aumentar el consumo– debería reorientar la industrialización hacia la satisfacción de las necesidades fundamentales postergadas, movilizando de paso los ahorros nacionales, que son muy cuantiosos. Pero una dependencia del mercado interno –aunque mantuviese un fuerte sector exportador– presupone, en un lapso relativamente corto, más protección ambiental, más y mejores viviendas, más educación y, por supuesto, más democracia (por empezar en las fábricas y en las ciudades), con sindicatos y organismos de regulación.

Además, desarrollaría la tecnificación en el campo, desplazando a millones de campesinos y creando una capa de campesinos ricos, lo cual requeriría una firme dirección estatal (partidaria) reformista que diese una importancia fundamental al instrumento estatal y no a la libre empresa y el mercado.

Por consiguiente, es de prever que el congreso presencie el enfrentamiento entre dos tendencias fundamentales: una liberal, que tratará de mantener y desarrollar la política seguida hasta ahora, y otra mucho más centralista y estatista, que buscará el aumento de los ingresos y del consumo interno y, por tanto, tarde o temprano se verá forzada a recurrir al apoyo de los trabajadores de todo tipo que en el “comunismo” de China son convidados de piedra.

Por supuesto, como en toda discusión importante, siempre puede haber un “pantano” (o sea, los que están en el centro, entre una u otra posición decisiva) y no está excluida una solución de transición, mediadora.

Falta poco para que se vean las cartas.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/01/22/index.php?section=opinion&article=024a2pol

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=143357