La Naturaleza indicó a Hoff cómo obtener humedad. Cactus, desde fotolibre.org

La Naturaleza indicó a Hoff la ruta del agua condensada. Cactus, desde fotolibre.org

Groasis: una invención que permite la plantación sin riego, a prueba

Al contribuir a resolver problemas como la deforestación, la escasez de alimentos y la conservación del agua, la caja de agua Groasis, autoría del científico holandés Pieter Hoff, promete resultar muy benéfica. En breve se realizarán experimentos en los valles californianos de Sonoma y Napa.

con datos de vinisfera.com y groasis.com, 08.03.10

El 16 de marzo, en la Cumbre Ecológica de California (Green California Summit), en Sacramento, Pieter Hoff anunciará los experimentos de plantación global sin irrigación. Se conducirán cuatro proyectos en los desiertos alto y bajo de California, en Palm Springs y Napa Valley con Robert Mondavi Winery, y en la primera ciudad sustentable de Estados Unidos, en Sonoma, se unirá a otros veinte experimentos globales en siete países cubriendo cuatro continentes.

Hoff completó una prueba de plantación de árboles durante cuatro años en el desierto de Sahara (Marruecos) con un índice de supervivencia de 88.2%. Los resultados monitoreados de las pruebas mundiales comprobarán que el ser humano puede plantar árboles en arbustos, rocas, montañas, desiertos o en cualquier otro lugar difícil, sin irrigación. California, conjuntamente con el resto del mundo, espera los resultados de estas pruebas como un medio para resolver la deforestación, la escasez de alimentos y la conservación del agua.

El recipiente con agua cubre y rodea las semillas (o la planta) en el centro. La cubierta produce condensación y captura el agua ambiental, que llega a la raíz por goteo.

El recipiente con agua cubre y rodea las semillas (o las plantas) en el centro. La cubierta produce condensación y captura el agua ambiental -también de la lluvia-, para que luego llegue a la raíz en dosis.

La Groasis waterboxx es una caja del tamaño de un neumático de motocicleta con una apertura en el centro que rodea un árbol muy joven o una semilla plantada en la tierra. Esta “incubadora de agua inteligente” produce y captura el agua del aire a través de la condensación y la lluvia, sin utilizar la energía. Además, previene la evaporización del agua de la tierra y protege las raíces contra el sol, el viento, las malezas y los roedores. Después de un año, el árbol es lo suficientemente fuerte para crecer por sí solo y la caja se puede eliminar y reutilizar con facilidad.

Hoff, uno de los mayores exportadores de tulipanes de Holanda, vendió su negocio hace cinco años atrás con una idea en mente: hallar una manera de reforestar el planeta y alimentar al mundo. Espera que su waterboxx logre en los próximos 40 años la reforestación de 2 mil millones de hectáreas (5 mil millones de acres) de desierto, que ha sufrido erosión por la humanidad.

Las moléculas de CO2 se pueden liberar a través de árboles que producen fruta, medicinas, aceites, etc. mientras transplantan átomos de C de los combustibles fósiles en la madera. “Produzcamos dinero con los árboles mientras liberamos moléculas de CO2 en lugar de hablar constantemente sobre el cambio climático”, explica en su libro CO2, un regalo del cielo.

¿Cuál es la motivación de Hoff? Él mismo lo explica: “Quiero dejar un mundo mejor para nuestros hijos”. El lanzamiento de Groasis waterboxx en la mayor Cumbre ecológica de EUA convierte su deseo en realidad.

Participar en la investigación y la demostración

Hoff explica la Groasis waterboxx como una ‘incubadora de agua inteligente’ que produce y captura el agua desde el aire desde el aire a través de la condensación y de la lluvia. La condensación es causada a través de estimulación artificial y el agua se captura a través de capacidades físicas, sin usar la energía.

Una mecha conecta el agua circundante con el capilar de la semilla (o planta), aportándole una proporción establecida y constante de agua.

Una mecha conecta el agua circundante a la tierra en contacto con la semilla (o la raíz de la planta), aportándole una proporción establecida y constante de agua.

El Groasis hace posible que se planten árboles y arbustos sobre rocas, montañas, jardines, en las cenizas de bosques recién quemados, en áreas erosionadas, en desiertos o en cualquier otro lugar, sin utilizar la irrigación y con un 100% del resultado de una plantación. En climas moderados logra de un 15 a un 30% de crecimiento más rápido después de sembrada la planta. Ofrece la posibilidad de producir más dinero con los árboles y arbustos a través de alimentos, frutos, semillas, madera, extractos, medicinas, aceites y muchos otros productos económicamente interesantes.

Experiencias previas

El Groasis waterboxx ha sido puesto a prueba por 3 años en el Desierto de Sahara por la Universidad Mohammed I de Oujda en Marruecos, con resultados satisfactorios. Los árboles que fueron plantados durante el verano con el Groasis waterboxx sobrevivieron de manera óptima. Estos árboles fueron medidos y mostraron un crecimiento promedio de más del 90% de longitud dentro de un año. La misma prueba sin utilizar el diseño y siendo las plantas regadas semanalmente mostraron que el 90% de los árboles murieron.

Plantaciones en el desierto de Sahara
Con Groasis waterboxx Sin Groasis waterboxx
88,2%           OK                         10,5%           OK
11,8%           Débil                     89,5%           Muerto

Las pruebas han demostrado que los árboles, una vez que el Groasis waterboxx es extraído, sobreviven exitosamente. Este comprueba que la plantación con el Groasis waterboxx y después de que éste haya sido extraído es una manera segura de plantar árboles en todas partes, indica Hoff.

La empresa ha realizado pequeñas pruebas en Holanda, el Sahara -Marruecos-, Zaragoza -España- y en California -EE.UU.- entre 2005 y 2009. Estas pruebas se han hecho con los prototipos hechos a mano. En 2010 Aquapro llevará a cabo pruebas en España, Marruecos, Kenia y California. En total, más de 10.000 waterboxxes con árboles serán plantados en más de 20 áreas de investigación y demostración.

Aquapro invita a todas las universidades agrícolas, empresas, ONG, gobiernos, particulares y todo el mundo dispuestos a hacerlo, a comprar unos pocos (o más) las cajas para hacer la investigación local con el waterboxx.

“Descubra las posibilidades que este cuadro crea en su propia región o país. Plante árboles que tienen un valor ecológico o económico, y si es posible combinar la capacidad ecológica y económica para obtener lo mejor de ambos mundos. Con el fin de permitir a las personas privadas a hacer sus propias pruebas, hemos creado la posibilidad de comprar sólo una paleta o incluso para comprar una caja de cartón con 10 waterboxxes. Si usted desea hacer una prueba, pida ahora”, desafìa Hoff.

El proceso completo, que también puede entenderse aquí.

El proceso completo, que también puede entenderse aquí.

Aquellos que calculan, plantan árboles

Por Petrus Hoff *

Durante la crisis financiera del 2008-2009, los términos “gastos” e “inversiones” a menudo eran confundidos. Una provincia redactó un plan de crisis asignando cientos de millones de Euros para estimular empleo. Las medidas propuestas incluían exponer casas al sol e incrementar empleo en asistencia médica. Al mismo tiempo esta provincia vendió sus acciones en una gran corporación de energía con el fin de permitirse estas “inversiones”. ¿Estaban ellos mezclando las definiciones?

Antes de que hablemos de gastos y/o inversiones acerca de la plantación de árboles deberíamos primero debemos asegurar un entendimiento firme de estos conceptos.

Una inversión es un gasto con el objetivo e intención de hacer dinero. Suponga que usted invierte 1000 euros en una máquina que hornea pan. Este gasto permite que usted venda el 2000 euros de pan anualmente y por lo tanto hace dinero. A causa de gastos de mantenimiento usted tiene que deshacerse de la máquina después de cuatro años. Suponga que su valor final todavía sea de 200 euros. Entonces los gastos totales eran de 1000 menos 200 = 800 euros. Esto es la depreciación. El resultado financiero en cuatro años sería como se explica a continuación:

Inversión es €1,000
Gastos de depreciación anuales son 800 / 4 = 200
Interés es de 4 años x (el 5 % x mitad de la inversión) = 100
Valor final 200
Gastos totales de la máquina son 900.

Las ventas son 4 x 2 000 = 8 000. La ganancia bruta con la cual somos capaces de pagar todos otros gastos como salarios, energía, alojamiento y de la cual recuperaremos la ganancia neta, es de 7 100 euros. Esta es la manera en que  usted hace dinero.

Cuando un gobierno gasta dinero y este no genera ingresos, no es una inversión. Éstos son costos o gastos. Con el tiempo todo el dinero es gastado de modo que el mismo gobierno sólo pueda hacer nuevos gastos cuando esto impone impuestos más altos o presta dinero. Un gobierno que explota una corporación de energía que genera cientos de millones en ganancias anuales y gasta estos ingresos como gastos permanece próspero. Un gobierno que vende la corporación de energía y usa aquel dinero como gastos, pero lo llama inversión será finalmente pobre. Un agricultor que vende a sus vacas no tiene más producción de leche. Después de que él ha gastado el dinero que él hizo vendiendo las vacas él tiene que vender su granja.

El mismo principio se aplica a las soluciones del  CO2. Si bombeamos el CO2 debajo de la tierra no sólo nos privamos de oxígeno sino también tenemos gastos anuales enormes. Si un gobierno dice que tenemos que invertir en almacenaje de carbón, utiliza dos expresiones incorrectas. Este debería decir, debemos gastar para almacenar el carbón y el oxígeno. Estos gastos no generan ninguna ganancia. Todo lo contrario,  si las máquinas se han gastado después de 20 años tenemos que hacer más gastos para comprar nueva maquinaria. Esta solución sólo nos hará más pobres porque el dinero utilizado en gastos no puede ser invertido. Sin embargo, los árboles crearán un rendimiento en forma de productos. La plantación de árboles para solucionar el problema CO2 no es un gasto; es una inversión. Es el realce de la prosperidad. El almacenaje de carbón es un gasto que realza la pobreza.

Además de estas ventajas, la plantación de árboles es un asunto de pensamiento y cálculos a largo plazo. La pregunta que cada uno de nosotros debemos hacer es: “¿De dónde conseguiremos nuestra madera en 40 años cuando se complete la deforestación del Amazonas, Indonesia y Borneo?”. Con el fin de ser capaces de cortar árboles para ese entonces, tenemos que plantarlos ahora.

Los árboles toman 40 años para crecer y en muchos sitios ese margen de tiempo es aún más largo. En ”las cifras de la solución del árbol” en la página 93 usted puede leer que el rendimiento actual de la madera es aproximadamente de €28, 000 por hectárea. El cálculo está basado en un sistema de plantación. Este método consiste en cortar todos los árboles 100 % sin hojas cuando ellos han alcanzado el tamaño apropiado. La cosecha es aproximadamente de 280 m3 con un valor de €100 por m3.

Según la posición, existen diferencias en la tasa de crecimiento y en el rendimiento por m3. La madera dura tropical es casi dos veces más cara que la de los ejemplos de los cálculos mencionados. Los árboles realmente altos en bosques tropicales a veces requieren hasta más de 300 años para crecer. También hay una diferencia principal en cuanto a cuándo ciertos árboles pueden ser cortados. La mejor manera es la cosecha selectiva. Esto permite que un bosque produzca madera indefinidamente. La cosecha selectiva permite de 100 a 200 m3 de madera para que sea cortada de un bosque cada 100 años sin causar daño permanente.

Si un bosque es FSC (Consejo de Manejo Forestal) aprobado –lo que se espera suceda dentro de 25 años- entonces el 10 % de éste es incluso dejado sin tocar con el fin de prevenir la degradación genética. Esta práctica aumenta la biodiversidad, previene el empobrecimiento ecológico, crea una reproducción saludable para un gran número de especies animales y en el futuro permite que los bosques funcionen como un banco de genes.

Subida de precios

Es muy probable que el precio de madera se eleve bastante una vez que ésta se vuelva escasa. La misma cosa pasó con el precio del crudo de petróleo en el 2008. Se espera que el precio de la madera no procesada, dependiendo de lo que usted decida hacer con ella, equivalga a más de 1 euro por kilo al menos. Esto basados en el hecho de que materiales de construcción, como hierro y el costo de polímeros ya equivalen a más de 1 euro por kilo. Ya que ambos materiales de construcción se harán escasos debido al crecimiento demográfico, estos precios aumentaran considerablemente. Esto ocasionará que aumente la demanda de madera como material de construcción alternativo y esto tendrá efectos positivos en los precios.

La madera podría ser el nuevo estándar financiero

Los gobiernos alrededor del mundo buscan soluciones con sus sistemas financieros colapsados. El patrón oro fue abolido en marzo de 1973. Ya que existe otra crisis, sería aconsejable desarrollar un sistema en el cual los riesgos de crédito siempre sean asegurados por una garantía subsidiaria. Esto podría impedir a las naciones a imprimir interminables sumas de dinero, causando quizás la siguiente burbuja financiera. Tal sistema también podría impedir que decenas de millones de personas pierdan sus empleos.

La solución para este tipo de seguridad se encuentra más al alcance de nuestras manos que lo que los gobiernos piensan: la madera podría sustituir el oro como la base para un sistema financiero. Si una hectárea de madera devuelve aproximadamente 300 000 kilos de madera y el valor es aproximadamente 1 euro por kilo entonces el valor incidental de dos mil millones de hectáreas del bosque es 600 000 000 000 000 = 600 billones de euros. Esta cantidad debería ser suficiente para asegurar que el sistema financiero no vuelva a caer otra vez como ya hizo en el 2008. A fin de fundar un sistema financiero mundial con unos gobiernos firmes y confiables se podría decidir el obligar bancos a plantar 1.5 hectáreas de árboles por cada millón prestado y guardarlo como garantía subsidiaria.

Crecimiento de valor sin impuestos

El suelo erosionado sin cultivos es barato. Si usted cambia este suelo a uno capaz de producir comida, madera, carbón, fruta, medicinas, extractos, aceites, esencias, corcho y muchos otros productos, de repente el valor del suelo se elevará. Este crecimiento del capital es interesante y en la mayor parte de los países no genera impuestos. Los rápidos promotores tendrán las ganancias más altas una vez que entiendan el crecimiento interesante del valor de un suelo sin valor que cambia a una tierra valiosa.

Los árboles necesitan tiempo

Si plantamos árboles hoy, sólo podemos cortarlos cuando la población del mundo haya aumentado en un 50 %. Esto significa que, si no comenzamos a plantar hoy, no sólo habrá menos madera disponible porque se nos “agotaron” los bosques, sino también la demanda de árboles será 50 % más alta porque habrán más personas para entonces. Se necesitarán 40 años –el período creciente– para solucionar esta escasez.

Podemos estimar que esto tomará incluso más tiempo porque a fin de mantener la población mundial aumentada, toda la tierra fértil estará usada para la producción de comida. Los árboles serán prohibidos a lugares donde crecerán pobremente = más lento. Cualquier persona que desee considerar las oportunidades a largo plazo y no ha sido convencido aun por las ventajas del “Treesolution” puede ser convencido por el argumento de la ganancia. Cada persona o entidad o país que plante árboles ahora, tendrán grandes ventajas económicas más tarde. Aquellos que cuentan y piensan en el futuro, plantarán árboles hoy.

* De un capítulo de su libro “CO2, a gift from heaven”.

Para conocer otros detalles de la iniciativa, con textos en español: www.groasis.com

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Kenya Threatened Nomads, by Karel Prinsloo, from agaudi.files.wordpress.com

Kenya Threatened Nomads, by Karel Prinsloo, from agaudi.files.wordpress.com

Hay que despedirse del fetichismo del crecimiento, en el Norte, pero también en el Sur

Por Michael R. Krätke *
sinpermiso.info, 07.03.10

Todos juran por el crecimiento, todo se fía al crecimiento. Cualquier incrementillo estadístico del crecimiento –0,3%, o más, o menos— se celebra como un gran triunfo. China, India, los EEUU vuelven por ahora a mostrar tasas de crecimiento, las bolsas suben; sólo Europa anda a la zaga. No hay gobierno que pueda permitirse renunciar a la promoción del crecimiento.

En tales circunstancias, y como era de esperar en medio de una crisis económica mundial, la cumbre climática de Copenhague de finales de 2009 constituyó un fracaso estrepitoso. Pues la única recta consecuencia que podía sacarse de ese encuentro era patente: tomar en serio los costes, inmensos y rápidamente crecientes, del cambio climático y plantearse sin mayores dilaciones el desafío abrigado por esta sencilla pregunta: ¿quién debe cargar a escala planetaria con los costes de una transición hacia otro tipo de crecimiento y de desarrollo? Los países subdesarrollados o en vías de desarrollo presentaron en Copenhague su factura al Norte rico. Y éste se negó a pagarla.

Entronizado a substituto de la religión

Un estudio de la ONU acaba de perfilar con mayor detalle esa factura: por ramas industriales y sectores diferenciados. También podría hacerse por países y regiones, con análogas consideraciones en punto a las medidas, mundiales y regionales, imprescindibles para detener el cambio climático, mantener la diversidad biológica y evitar los peores daños medioambientales. Mas este tipo de cálculos no quitan en nada a lo que es crucial en la situación a que hemos llegado: hemos entronizado el fetichismo del crecimiento a una especie de substituto de la religión, incrustándolo en nuestro aparentemente objetivo cómputo de reglas y cifras de la estadística pública, por otro nombre, contabilidad nacional (CN). El producto interior bruto (PIB) de la CN oficial no ofrece, sin embargo, más que una imagen muy menguada, y en parte, falsa, del conjunto de las actividades económicas de un país. Sirve a una política obsesionada con el crecimiento, en pos, pues, de una quimera harto afín al el estilo dominante en el pensamiento económico.

No se trata, y hoy menos que nunca, de una cuestión académica, pues en una estadística económica deberían, y por mucho, incorporarse los daños medioambientales –es decir, los costes ecológicos y sociales reales— de nuestro obsoleto modo de producir privado-capitalista. A diferencia de lo ocurrido en crisis económicas mundiales pasadas, ahora no tenemos ya mucho tiempo para una transformación que, desde luego, no vendrá por sí sola. Y lo cierto es resulta de todo punto necesaria, si queremos que este planeta siga siendo habitable. Y eso significa, ni más ni menos, que despedirse de la ideología del crecimiento.

Un capitalismo sin crecimiento, estancamiento y depresión duradera, un capitalismo de prosperidad permanentemente sostenible, es como la cuadratura del círculo. Un ejercicio que sólo cuadra a costa de abandonar el círculo del pensamiento económico unitariamente integrado. Hace mucho que se propugna un crecimiento cero, o incluso negativo, la transición al estancamiento o aun al decrecimiento. Ninguna de ambas variantes es factible sin una radical reestructuración de la economía, sin el desplazamiento y la reconfiguración de ramas enteras, de industrias, de regiones y de redes comerciales. Y aquí coinciden con la idea de un capitalismo verde, ecológicamente reformado, conjurado en la fórmula del crecimiento sostenible. Pero el esquema de un crecimiento cero o aun negativo va visiblemente más allá de eso que actualmente compone el consenso verde. Lleva derecho al fin del “desarrollo”, y con eso, al núcleo del problema.

La cuestión es clara y sencilla: si podemos o no permitirnos todavía el capitalismo en su forma actual (el neoliberalismo sumado a los recibidos modos de producir hiperindustriales, fundados en la energía fósil); si todavía podemos permitirnos toda esta desapoderada destrucción de recursos, todo este terrible despilfarro de fuerza de trabajo, este inmenso hiato entre la riqueza privada y la miseria social. La cuestión, ni que decir tiene, se nos plantea en el Norte global de manera distinta a como se plantea en el Sur. Nosotros podemos concebir plausiblemente un crecimiento estrictamente reglamentado, una redistribución y una reasignación reguladas de nuestros recursos. Y eso, aun si una reestructuración eco-social de la economía montara tanto como una revolución. ¿Pero pueden los países del otrora “Tercer Mundo” –empujados por los actores del Norte global a un desarrollo conforme al modelo septentrional, y así, convertidos en dependientes del mercado mundial— despedirse resueltamente del crecimiento?

Dogmas achacosos

La miseria, la destrucción social y medioambiental en los países industriales ricos constituyen un escándalo cotidiano que clama al cielo. Y sin embargo, palidece en comparación con la miseria, la destrucción medioambiental y la aniquilación de economías campesinas de subsistencia en los países africanos y asiáticos. En el caso de las ramas y empresas más nocivas para el medio ambiente en los países del Norte, se pueden –voluntad política mediante— mitigar daños con sanciones e intervenciones directas. Se puede incluso poner brida al tráfico automovilístico y aéreo, si se quiere. Se puede reestructurar la entera base energética de nuestros modos de vivir y de economizar en unas pocas décadas (aun si la intervención radical en la propiedad privada no sólo afecte a algunos, sino a muchos).

Pero no se puede proteger las selvas y mantener la biodiversidad, sin frenar el “desarrollo” en los países subdesarrollados y en vías de desarrollo. Para eso se precisa una ulterior “revolución verde” y una reestructuración de la agricultura. En vez de industrias agroexportadoras, en vez de monocultivos y grandes plantaciones, deberíamos, o bien mantener las economías de subsistencia de los Estados afectados, o disponernos nosotros mismos a un cambio radical de la división internacional del trabajo. Esa nueva división no puede acontecer conforme al viejo modelo, con industrias de tecnología punta aquí, y allá, en el Sur, agricultura. Las propias exigencias de los países en vías de desarrollo han roto ya con ese modelo. Para dar sólo un ejemplo de la radicalidad del cambio exigible: si Europa quiere cooperar con los Estados BRIC (Brasil, Rusia, India, China), tendrá que despedirse del achacoso dogma milagrero del libre comercio, junto con el resto de artículos de fe de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

* Michael R. Krätke, miembro del Consejo Editorial de Sinpermiso, es profesor de política económica y derecho fiscal en la Universidad de Ámsterdam, investigador asociado al Instituto Internacional de Historia Social de esa misma ciudad y catedrático de economía política y director del Instituto de Estudios Superiores de la Universidad de Lancaster en el Reino Unido.

Traducción para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3157

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Rosas había ofrecido pagar la deuda con las Islas Malvinas, pero Baring Brothers no aceptó. Falkland Islands stamp, 1891, taringa.net

Rosas había ofrecido pagar la deuda con las Islas Malvinas, pero Baring Brothers no aceptó. Falkland Islands stamp, 1891, taringa.net

La gran deudora del sud

Por Sergio Wischñevsky *
criticadigital.com, 07.03.10

Calle Esparta su virtud,
Sus hazañas calle Roma.
¡Silencio que al mundo asoma
La gran deudora del sud!
Domingo F. Sarmiento, 1885

En 1952, con el pago de 12.649.471 pesos moneda nacional, el gobierno de Juan D. Perón daba término definitivo al endeudamiento externo argentino. Desde ese momento la Argentina dejaba de ser un país deudor y, asombrosamente, se convertía en acreedor. La ilusión duró poco. Ocho años después se terminaba la autonomía financiera y en 1961 se reanudó el endeudamiento. Nunca más se interrumpió ese proceso. Aquel breve interregno constituyó sólo una anormalidad en la historia moderna argentina.

Para un banco hay dos maneras de que su negocio se interrumpa: cuando dejan de pagarle (cesación de pagos) o cuando terminan de pagarle una deuda.

El gran tema de la deuda externa ha sido muy frecuentado, pero el foco ha sido puesto en el período más salvaje y reciente, el que se inauguró con la última dictadura militar. Pero esta historia es más antigua, aunque algunas similitudes con la actualidad son sorprendentes.

Remontándonos a los orígenes de esta historia resulta reveladora la advertencia lanzada por Mariano Moreno: “Todas las naciones en los apuros de sus rentas han aprobado el arbitrio de los empréstitos, y todas han conocido a su propia costa que es un recurso miserable, con que se consuman los males que se intentaban remediar”. Esto proclamaba, en septiembre de 1809, en el polémico manifiesto “Representación de los hacendados”, en el que se dirigía al virrey Cevallos. Su vaticinio sobre el talón de Aquiles de nuestro país, tras casi dos siglos, parece no haber evitado que la historia se repitiera.

La historia de la deuda externa argentina tuvo su inicio en 1824. Apenas 15 años después de la advertencia de Moreno. Tras varios años negociándolo (la autorización estaba desde 1820), el gobierno de Buenos Aires recibió un préstamo de la Baring Brothers Co., de Londres. Bernardino Rivadavia prometía usar esa plata para hacer el puerto, dar agua corriente a la ciudad y fundar tres pueblos. Las intenciones del que es considerado el primer presidente de la Nación no llegaron a concretarse. Del millón de libras que el Estado pactó recibir sólo llegaron 560 mil. El resto quedó en manos de los intermediarios y acreedores, como adelantos de pago. La guerra con Brasil fue el destino del empréstito. En 1904 (80 años después), cuando se terminó de pagar esa primera deuda, habíamos abonado 12 veces más de lo que nos prestaron.

La Argentina volvió a endeudarse fuertemente a partir de la reorganización nacional de 1853. El alto endeudamiento puso a la Argentina dos veces al borde de un nuevo default. Lo impidieron Avellaneda, en 1874, y Pellegrini, en 1890. Manifestaron su voluntad de pagar en forma tan rotunda que Avellaneda no dudó en declarar que pagaría “aun con el hambre y la sed de los argentinos”, y Pellegrini dijo que “remataría, de ser necesario, hasta la Casa de Gobierno”.

En el contexto de la separación entre Buenos Aires y la Confederación Argentina en la que dividieron sus finanzas y ante la urgencia económica que la Confederación sufría por no contar con las ganancias del puerto, se le concede al empresario Buschental el insólito control de las aduanas de Santa Fe, Rosario y Coronda a cambio de adelantos monetarios que el exótico personaje siempre estaba presto a realizar y que indudablemente aliviaban a los generosos funcionarios.

La necesidad de construir caminos y desarrollar infraestructura genera nuevas necesidades de endeudamiento. Así es como se crea el Banco Nacional con un capital inicial de tres millones de libras esterlinas. Las acuciantes necesidades de las guerras, las obras del Riachuelo, y sobre todo la construcción de los ferrocarriles, generan la necesidad del empréstito inglés de 1868; por estas razones el estudio de este período revela que la deuda pública crece a mayor ritmo que la población y que los recursos nacionales. Como no podía ser de otra forma, la Argentina se encamina a una crisis, y lo paradójico es que ello ocurre de la mano de un tremendo crecimiento económico. Como resultado, en 1890 se suspende el pago de la deuda externa con la casa Baring.

Esta crisis casi lleva a la ruina al banco, lo que constituía un hecho insólito en Inglaterra. Se hablaba del desastre de los “gaucho banking”. Esto produjo un punto de inflexión en las relaciones entre Gran Bretaña y la Argentina. Las especulaciones acerca de que en esta región se encontraba la tierra prometida del crecimiento ilimitado se desvanecieron y con ellas se hundieron las acciones del banco, que pudo ser salvado por la intervención del Banco de Inglaterra.

Ese mismo año la Revolución del 90 desemboca en la renuncia del entonces presidente Juárez Celman. El vice, Carlos Pellegrini, dudó en asumir y lo condicionó al éxito de un empréstito interno para pagar la deuda: “Si no pagamos seremos inscriptos en el libro negro de las naciones insolventes. Sólo la ayuda de todos los que están en condiciones puede salvarnos. ¡Reclamo esa ayuda en nombre de la Patria!”.

El resultado fue un éxito: se necesitaban diez millones de pesos y se juntaron dieciséis, lo que le hizo exclamar: “Ahora sí soy presidente”.

Una perla que muestra cómo ha sido y sigue siendo el vínculo de nuestros gobernantes con los acreedores externos fue el decreto de Pellegrini mediante el cual aleja de sus funciones de representante argentino en Londres a Victorino de la Plaza. El argumento invocado es: “El doctor De la Plaza estaba demasiado en manos de los señores Morgan”. Cualquier parecido con la actualidad es de mal pensados. La insolvencia argentina pudo remediarse mediante el llamado “arreglo Romero” con los tenedores de títulos nucleados en el Comité Rothschild. Sí, tenedores de títulos nucleados para renegociar una deuda con la Argentina.

Del clima que se vive respecto de la posibilidad de no poder o no querer pagar los servicios de la deuda da cuenta una pequeña historia. A pocos meses de terminada la Segunda Conferencia Panamericana en México, hacia fines de 1902, las costas de Venezuela fueron bombardeadas por unidades navales de Gran Bretaña y Alemania, a las que se agregaron las de Italia. El objetivo de esta intervención conjunta fue exigir el cobro de las deudas del gobierno venezolano pendientes con particulares europeos. Mientras tanto, la llegada a Buenos Aires de la noticia de la intervención europea en Venezuela generó un “clima de histerismo”, según las palabras del propio canciller argentino Luis María Drago. A los ojos de por lo menos algunos sectores de la europeizada elite argentina, la injerencia de las potencias europeas fue percibida como una amenaza a la región.

En esas circunstancias, Drago preparó una nota, protestando por los sucesos de Venezuela. La nota incluyó lo que más tarde se dio en llamar la Doctrina Drago, aprobada por muchos países del mundo. El argumento central de esta doctrina sostiene que “la deuda pública no puede dar lugar a la intervención armada, ni menos a la ocupación material del suelo de las naciones americanas por una potencia europea”.

Desde nuestra perspectiva asombra pensar que el bombardeo por deudas era una posibilidad.

Desde el año 1957 la Argentina adhirió al FMI y la historia a partir de entonces es mejor conocida. Lo que ocurrió de ahí en más es motivo de una historia aparte. La última dictadura y las políticas que vinieron después tienen el antecedente de casi 200 años de endeudamiento. La constante parece haber sido endeudar la nación en beneficio no sólo de los bancos extranjeros sino también de grupos empresariales locales.

Si la deuda pública es aquella que el Estado contrae en nombre de toda la comunidad, la manera en que estas negociaciones fueron llevadas a cabo y los ajustes realizados a lo largo de nuestra historia hablan mucho de qué tipo de comunidad hemos estado construyendo.

* Profesor de Historia de la UBA.

http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=38773

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Metamorphosis, by Kazuhiro Nakamura, from cgsociety.org

Metamorphosis, by Kazuhiro Nakamura, from cgsociety.org

Configuración y crisis del mito del trabajo

Por José Manuel Naredo
cinosargo.bligoo.com, 22.07.08

La noción actual de trabajo no es una categoría antropológica ni, menos aún, un invariante de la naturaleza humana1. Se trata, por el contrario, de una categoría profundamente histórica. El trabajo, como categoría homogénea, se afianzó allá por el siglo XVIII junto con la noción unificada de riqueza, de producción y la propia idea de sistema económico para dar lugar a una disciplina nueva: la economía. La razón productivista del trabajo surgió y evolucionó, así, junto con el aparato conceptual de la ciencia económica.

En esta comunicación se pasará revista a esta evolución revelando, en este caso, la conexión entre ciencia, ideología y sociedad y entre el lenguaje científico y el lenguaje ordinario, que reviste particular importancia en las ciencias sociales. De esta manera, al situar en amplia perspectiva la razón productivista del trabajo, podremos relativizarla y criticarla.

El plan de la exposición será el siguiente. En una primera parte se pasará revista a los valores, concepciones y modos de vida que predominaron en las sociedades humanas antes de que se extendiera la idea actual de trabajo. En una segunda parte se analizará el caldo de cultivo ideológico en el que nació la razón productivista del trabajo, que acabó configurando tanto al cuerpo social como al comportamiento individual en la actual civilización. En una tercera parte, se pasará revista a los hechos que están provocando la crisis conjunta de la función productivista y social que se le venía atribuyendo al trabajo en nuestras sociedades. Por último se apuntarán las perspectivas que tal crisis ofrece.

Antes de que se inventara el trabajo

Las llamadas “sociedades primitivas” ofrecen un primer ejemplo de sociedades no estructuradas por el trabajo. La antropología ofrece hoy abundantes materiales2 que muestran que en estas sociedades la noción de trabajo no tiene ni el soporte conceptual ni la incidencia social que hoy tiene en la nuestra. En primer lugar, se observa que su lenguaje carece de un término que pueda identificarse con la noción actual de trabajo: o bien cuentan con palabras con significado más restringido (que designan actividades concretas) o mucho más amplio (que puede englobar hasta la actitud pensante o meditabunda del “chaman”). No existe en ellas una distinción clara entre actividades que se suponen productivas y el resto. Como tampoco atribuyen una relación precisa entre las actividades individuales que conllevan aprovisionamiento o esfuerzo y sus contrapartidas utilitarias o retributivas, habida cuenta que entre ambos extremos se interponen relaciones de redistribución y reciprocidad ajenos a dichas actividades. Por otra parte las actividades directamente relacionadas con el aprovisionamiento y la subsistencia ocupaba en estas sociedades un tiempo muy inferior a la jornada laboral actual3.

Lo cual indujo a Marshall Sahlins a hablar de “Edad de Piedra, Edad de abundancia” (como reza el título de la traducción española de su libro antes citado) para resaltar que “la escasez no es una propiedad intrínseca de los medios técnicos, sino que su percepción nace de relacionar medios con fines” y que los medios técnicos de que disponían las “sociedades primitivas” les permitían cubrir con mucha más holgura sus fines de lo que ocurre en las actuales sociedades “tecnológicas”, estando por lo tanto aquellas más cerca de la abundancia que éstas. Ello se debe sobre todo a que en las sociedades cazadoras y recolectoras no existía el afán de acumular riquezas o excedentes que se observa en la nuestra: para ellas los stocks de riquezas estaban en la naturaleza y no tenía sentido acumularlos, ni era posible acarrearlos. La acumulación empezó a tomar cuerpo en forma de trofeos (y, muy particularmente, de esclavos) que acreditaban las hazañas militares y, con ello, el prestigio social de los antiguos jefes de bandas de caza. Surgió así el desprecio que el temperamento aristocrático otorga a las tareas rutinarias más comunes, tendentes a asegurar la intendencia diaria, que fueron quedando a cargo de mujeres o esclavos.

Tras el largo paréntesis del neolítico, las sociedades con Estado acabaron afianzando y extendiendo la forma de proceder antes apuntada, tendente a segregar actividades y personas serviles. Entre éstas la Grecia clásica ofrece un segundo ejemplo de sociedad no estructurada por el trabajo de especial interés para nuestros efectos. Tampoco existía en ella una palabra equivalente a la noción actual de trabajo. La palabra ponos servía para designar una actividad penosa, pero no establecía una correspondencia biunívoca con la obra (ergon), ni podía englobar el listado tan variopinto de actividades que abarca la noción actual de trabajo, como si de algo homogéneo se tratara. Tampoco existía otra palabra para designar ese conjunto homogéneo que actualmente vincula tareas relacionadas con la obtención y el abastecimiento de bienes y servicios, con la realización personal y la relación social. Existía una visión atomizada de las actividades, que suscitaban valoraciones sociales distintas. Pero no era tanto la manualidad o el esfuerzo exigido por las actividades lo que hacía calificarlas de serviles o degradantes, sino el carácter dependiente de quienes las practicaban. Se consideraban actividades libres aquellas que se realizaban por el placer mismo de ejercitarlas y no por finalidades o contrapartidas ajenas a ellas mismas, como podía ser la dedicación a la filosofía, la política, las artes… o el deporte y las artes marciales. A la vez que se estimaba indigno del hombre libre desarrollar sus capacidades para obtener una ganancia. Por ejemplo, se consideraba servil la actividad de bailarines o atletas profesionales, por muy admirable que fuera su destreza. Al igual que las tareas realizadas por esclavos en general, o por mercenarios asalariados, porque dependían de un amo, y también en menor medida las de los artesanos o los mercaderes (guiados por fines lucrativos) aunque realizaran tareas para el conjunto de la sociedad.

Hemos de recordar que “la mayoría de las sociedades esclavistas poseen un vocabulario amplio que cubre diversas condiciones de servidumbre que ya no tienen equivalente en nuestras lenguas y que reflejamos uniformemente por ‘esclavo’”4: hoy solemos considerar la “esclavitud” como una categoría homogénea de dependencia que acostumbramos a anteponer a aquella otra del “trabajo asalariado”. Se ignora, por ejemplo, que había hombres libres que se esclavizavan voluntariamente con ánimo de mejorar su situación, al ponerse al servicio de personas ricas, cultas e influyentes esperando participar en alguna medida de su poder, riqueza, protección, etc. Así, muchos administradores del Imperio Romano eran esclavos del emperador o de los potentados de la época, especificándose jurídicamente relaciones de fidelidad y dependencia absolutas que, de hecho, se han seguido produciendo en el mundo de la política y de la empresa, sin respaldo jurídico formal. Por otra parte, en las sociedades precapitalistas la esclavitud no fue una relación tan generalizada y determinante como comunmente se piensa: incluso en el agro de la Roma Imperial los campesinos libres solían predominar sobre los esclavos. Sin embargo, escapa al propósito de este artículo hacer una exposición detallada de las relaciones sociales que tenían lugar en las sociedades llamadas precapitalistas.

Hay que advertir que en la Grecia clásica no había la acumulación de fortunas que después se observó en el Imperio Romano. Según Platón, las familias más ricas no llegaban a tener medio centenar de esclavos. En Atica venía a haber unos tres esclavos por cada persona libre, dedicándose por término medio dos tercios de ellos a la agricultura, las minas y canteras, las artesanías o el transporte, y el tercio restante a tareas domésticas o de compañía. Debe llamar a reflexión la paradoja de que, en la antigua Grecia, con tres esclavos por persona, los ciudadanos libres conseguían evitar las tareas serviles e incluso pretendían escapar con éxito, de acuerdo con varios pensadores de la época, del reino de la necesidad, mientras que hoy, en nuestro país, utilizamos una energía equivalente a más de treinta “esclavos mecánicos” per cápita y nos sentimos cada vez más empeñados en realizar un trabajo dependiente: es como si necesitáramos esclavizarnos cada vez más para comprar los servicios de un mayor número de esclavos o acumular las riquezas necesarias para ello.

La evolución del lenguaje refleja la generalización por todo el cuerpo social de relaciones de trabajo dependientes que en otro tiempo se veían como un atentado a la dignidad del hombre libre: en el griego moderno la palabra dulia significa trabajo en general, como transposición directa de la palabra esclavitud (duleia) en el griego antiguo.

En Roma siguió predominando el desprecio por las tareas ordinarias y generalmente penosas, relacionadas con la subsistencia y el abastecimiento. Pero también este desprecio enraizaba en el carácter dependiente que solía acompañar a esos trabajos. Así, como especifica Cicerón, “cuanto tenga que ver con un salario es sórdido e indigno de un hombre libre, porque el salario en esas circunstancias es el precio de un trabajo y no de un arte;… todo artesanado es sórdido, como también lo es el comercio de reventa”5. No en vano trabajar y trabajo proceden de tripaliare y de tripalium, sustantivo que designa en latín un potro de tortura dotado de tres palos. Subrayemos que la otra acepción que recoge la noción actual de trabajo, la de labor, no se asociaba biunívocamente al opus, ya que se pensaba que la obra podía ser también fruto de la naturaleza o del ocio creador (otium). Así, no se mantenía la actual dicotomía ocio-trabajo, como hoy ocurre al otorgar al ocio un sentido totalmente improductivo y parasitario frente al trabajo como única fuente de creación. El problema estriba en que hoy se habla de ocio (y de trabajo) como si el significado de estas palabras hubiera sido siempre el mismo y otorgando a los puntos de vista hoy dominantes una universalidad de la que carecen. Cuando si había alguna constante en la Antigüedad era el desprecio por aquellas tareas dependientes y generalmente forzadas por la necesidad, que no se practicaban por el placer mismo de hacerlas, sino por sus retribuciones o contrapartidas utilitarias, tareas que hoy, por lo general, se engloban bajo la denominación de trabajo. El gran historiador Herodoto indicaba, confirmando estos extremos, que no podría afirmar que los griegos hubieran recibido de los egipcios el desprecio por el trabajo, por cuanto ese mismo desprecio por las relaciones de dependencia y por lo que los romanos llamaron después las “artes sórdidas”, lo había apreciado también “entre los tracios, los escitas, los persas y los árabes”6.

En consonancia con lo anterior, las fiestas de los antiguos griegos y romanos era muy numerosas, al igual que las de otros pueblos de la Antigüedad. Celebraban la vuelta de las estaciones del año y los dioses que las personificaban, variando su carácter según el motivo de la celebración, oscilando entre las más graves dedicadas a Ceres o a Minerva, hasta el proverbial regocijo con que se vivían las “bacanales”, después de la vendimia. Se celebraban también las Noemías, o primer día del mes lunar, los juegos Olímpicos y los diversos aniversarios memorables, que variaban según las ciudades. Y, recordemos que “los esclavos libraban los días festivos (…) al igual que las bestias de carga, de tiro y de labor”7.

En principio, el cristianismo hizo también suyo el desprecio por lo que hoy grosso modo denominamos trabajo: se tomó como castigo fruto de una maldición bíblica y no como un objetivo ni individual ni socialmente deseable, máxime cuando se propugnaba el despego hacia los bienes terrenales, presente en la Europa cristiana medieval. Por otra parte, tampoco existía en la Edad Media una visión unificada de las actividades que hoy llamamos productivas. Por ejemplo, en el siglo XIV, Duns Scoto establecía al menos tres grupos de actividades que requerían una consideración diferente. Por orden de valoración social decreciente estos grupos eran los de los aportatores, que aportaban la materia tomada de la madre-naturaleza para ser utilizada de forma más o menos mediata por los hombres, la de los inmutatores o melioratores, que hacían mudar la sustancia perfeccionándola con su actividad, y la de los conservatores, que comerciaban con, o trasegaban, la sustancia sin modificarla. Clasificación que, con ligeros retoques, se mantuvo hasta el advenimiento de la ciencia económica durante el siglo XVIII y que impregnaba todavía a los primeros formuladores de ésta.

Los planteamientos mencionados en el párrafo anterior se plasmaron también en el progresivo aumento de las fiestas religiosas, que llegaron a ocupar cerca de la mitad de los días del año en muchos de los pueblos de la Europa cristiana medieval: existen evidencias que muestran que incluso en las comunidades más atrasadas de Europa Central, se celebraban 182 fiestas al año 8. También debe de mover a reflexión la paradoja de que los calendarios laborales de los países de la Unión Europea ofrecen hoy día un número de días de fiesta muy inferior. Si tomamos como festivos todos los sábados y domingos del año y un mes de vacaciones (22 días laborables) tenemos un total de 126 días feriados, a los que hay que añadir las fiestas singulares de cada país. Curiosamente éstas sólo son 8 días al año en los países originariamente más dominados por el protestantismo y el calvinismo, mientras que todavía son 14 días en las más católicas España, Bélgica e Italia, totalizando así entre 132 y 140 días de fiesta. Esta información sobre los calendarios teóricos hay que cotejarla con datos sobre las horas realmente trabajadas por persona al año, que en ocasiones superan las previsiones de los calendarios, culminando en Gran Bretaña e Irlanda, donde rozan las 2.000, tras haber aumentado en los últimos años 9.

El cristianismo contribuyó también activamente a facilitar esta inflexión hacia el recorte de las fiestas, al proponer una creciente veneración del trabajo, que se fue imponiendo con el tiempo, junto al predominio del capitalismo. Esta inflexión en los hechos se apoya en otra inflexión en el pensamiento que no podemos más que esbozar aquí. Cabe buscar vestigios de esta inflexión en autores como San Agustín, que empieza a romper la antigua separación conceptual entre trabajo y obra, al utilizar el mismo término trabajo para designar una obra. O en el reconocimiento de Santo Tomás de que puede ser lícita la búsqueda de lucro de los mercaderes si retribuye a su propio trabajo en una función útil para la sociedad. Pero será sobre todo la regla Ora et labora, de San Benito, la que se empezó imponiendo en los monasterios, para afectar después al conjunto de la sociedad.

La búsqueda de la salvación por el trabajo u otras prácticas ascéticas y mortificatorias utilizadas por ciertas órdenes monásticas medievales, fue retomada después por Lutero y Calvino, por contraposición al cristianismo de los primeros tiempos, cuyas posiciones respecto al trabajo no diferían en lo esencial de las de los griegos y los romanos. El capitalismo naciente vio con buenos ojos las alabanzas a la vida “ordenada” por el trabajo y la regimentación monástica y militar. El toque de las campanas en los monasterios y de las trompetas en los campamentos y cuarteles, pronto se vería imitado por la sirena de las fábricas para que, por primera vez en la Historia, los hombres se levantaran al unísono, como dirigidos por un jefe invisible, para someterse a través del reloj al ritmo prefijado del proceso económico. En el siglo XVI, a la vez que las campanas de los relojes empezaron a sonar cada cuarto de hora, el trabajo se erigía en valor supremo al que debía plegarse la existencia del hombre. Se trataba de un trabajo abstracto y homogéneo, medible en unidades de tiempo, cuyo ritmo no debía perturbarse. El gran número de días festivos entonces existente empezó a parecer una desgracia: el despilfarro de un tiempo robado al trabajo. Así se identificó trabajo con actividad y se atribuyó al ocio un carácter meramente pasivo y parasitario, torciendo el significado antiguo de esta palabra, que se refería también a un ocio activo y creador: se pensaba que la simple actitud contemplativa permitía impulsar la actividad del pensamiento en todas sus manifestaciones, mientras que el trabajo penoso acostumbraba a frenarla. En suma, que se acabó imponiendo el nuevo evangelio del trabajo, según el cual se podía servir a Dios trabajando, al Estado, e incluso al individuo mismo.

Desde el punto de vista de los hechos, la antigua escalada festivo-religiosa se truncó al menos desde mediados del siglo XVII. Con la bula del papa Urbano VIII, Universa per orbe (1642), se produjo la primera reducción significativa de las fiestas de precepto, a la que seguirían otras muchas. Una de las últimas fue la que eliminó en nuestro país, en 1977, las fiestas de la Asunción y de San Pedro y San Pablo, que motivó un artículo mío sobre la “necrología de las fiestas” en Cuadernos para el Diálogo. En efecto, la eliminación de estas festividades refleja el sostenido afán de evitar interrupciones “estériles” en el tiempo de trabajo que, unido a la secularización progresiva de la sociedad, fue dando al traste con fiestas como las de San Juan Bautista, San Lorenzo, la Visitación, la Santa Cruz, el Día de Difuntos, los segundos y terceros días de las tres pascuas, etc., etc. Proceso al que la Iglesia no dudó en añadir las antes indicadas de la Ascensión, que ocupaba un lugar en la liturgia por lo menos desde San Eusebio (260-340), y la del martirio de los santos Pedro y Pablo, que ya era festejada con octava en tiempos del Papa San León (460-461). Aunque estos recortes de fiestas religiosas se suplieron, en parte, con la aparición de nuevas festividades y celebraciones civiles, el saldo neto fue obviamente negativo, como evidencian los 130-140 días feriados (incluidas vacaciones) que observan los calendarios laborales de los países de la Unión Europea, muy inferiores a los del calendario cristiano medieval.

Monorogue, by Kazuhiro Nakamura, from h6-dion.ne.jp

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El nacimiento de la razón productivista del trabajo

Podrían resumirse de la siguiente manera las líneas maestras del contexto que hizo prosperar la razón productivista del trabajo. En primer lugar, se tuvo que extender entre la población un afán continuo e indefinido de acumular riquezas, a la vez se levantaba el veto moral que antes pesaba sobre el mismo. En segundo lugar, hubo de observarse un desplazamiento en la propia noción de riqueza, que posibilitara tal acumulación. En tercer lugar hizo falta que el hombre se creyera capaz de producir riquezas. Y, por último, que se postulara que el trabajo era el instrumento básico de esa producciónde riquezas. Pasemos revista al cumplimiento de estos requisitos antes inexistentes.

La extensión del afán de acumular riquezas hay que integrarlo en el desplazamiento general de ideas que se observó tras el Renacimiento, que no es cosa de detallar aquí. Valga decir que con él se divulgó, en una atmósfera de optimismo, la búsqueda de libertad y de placer, a la vez que se debilitaban las barreras de clase, anteriormente consideradas infranqueables. La voluntad de satisfacer los apetitos más voraces de poder y de dinero, antes proscritos, empezó a considerarse como algo normal, e incluso saludable. Este giro en la forma de ver la cosas culminó con La fábula de las abejas, de Mandeville (1729), cuyo subtítulo asocia los “vicios privados al bien público”. La fe en la existencia de mecanismos automáticos que, por obra y gracia del mercado, reorientaban el egoísmo individual en beneficio de la colectividad, se plasmó en la famosa “mano invisible” de Adam Smith. La confianza en el mercado como panacea vino a sustituir a la que anteriormente se depositaba en la Divina Providencia: ambas prometían llevar a los hombres por el buen camino siempre que respetaran sus reglas. Y, dando por sentado que todos los individuos reaccionaban como mercaderes, al estar espoleados “desde la cuna hasta la tumba” por el deseo de hacer fortuna, Smith concluyó que podía considerarse a la sociedad en su conjunto como “una sociedad mercantil”.

En lo que concierne al desplazamiento en la noción de riqueza, hay que tener bien presente que en las sociedades precapitalistas predominaba una visión diversificada de la misma que, al otorgar un claro predominio a los bienes raíces, limitaba la posibilidad de que la meta de acumular riqueza se extendiera al conjunto de la población. Para que esto fuera viable hizo falta que se cambiara la propia noción de riqueza, recortándose la importancia que en ella tenían los bienes raíces, antes ligados al poder sobre los hombres, a la vez que se daba más importancia a la riqueza mobiliaria y a los valores pecuniarios. Esto se produjo, como señala Louis Dumont (1977), cuando, con la crisis del feudalismo, “al romperse el vínculo entre la riqueza inmobiliaria y el poder, la riqueza mobiliaria devino plenamente autónoma, no sólo en si misma, sino como forma superior de la riqueza en general (…); en suma, se vio emerger una categoría autónoma y relativamente independiente de la riqueza. Solamente a partir de aquí pudo hacerse una distinción clara entre lo que llamamos ‘político’ y aquello que denominamos ‘económico’. Distinción que no conocían las sociedades tradicionales”. Fue, por lo tanto, al considerar la riqueza expresable en dinero, como se posibilitó que se generalizara entre los individuos el afán de acumularla.

Originariamente no se pensaba que el hombre fuera capaz de producir nada: se creía que sólo Dios era capaz de hacerlo, sacando algo de la nada, por lo que las riquezas se consideraban fruto de un maridaje entre el Cielo y la Tierra. Aristóteles recogía este punto de vista en su De animalibus, cuando sostiene que “la Tierra concibe por el Sol y de él queda preñada, dando a luz todos los años”. Se pensaba que los hombres podían, todo lo más, propiciar este maridaje dando al trabajo un sentido ritual y una apreciación cualitativamente diferente según tareas y actividades, hoy inexistente. Pero no se consideraba realista pensar que los hombres pudieran acrecentar de modo significativo y duradero los rendimientos de la Madre-Tierra. Viéndose, así, el juego económico del intercambio, los precios y el dinero como un juego de suma cero en el que las ganancias de unos eran realizadas a costa de los otros. Y de ahí que, al ocupar la distribución un lugar central en este proceso de adquisición de riqueza, la reflexión estuviera íntimamente ligada a la moral y tuviera plena cabida en los manuales de confesores, que incorporaban sendos tratados el tema, como ejemplificó la importante Summa de tratos y contratos, que compuso Fray Tomás de Mercado en 1571.

Sin embargo, el afán originario de colaborar con la naturaleza (y de imitar su obra) se fue desacralizando con el advenimiento de la economía y de la moderna ciencia experimental y desplazando hacia el empeño de sustituirla por mecanismos o procesos artificialmente diseñados al efecto. A la par que la idea originaria del Cielo como principio activo fecundante de la Tierra-Madre, dio entrada a otro ingrediente igualmente activo y masculino, el Trabajo, más en línea con la creencia en las posibilidades ilimitadas del homo faber sobre la que se apoyaba el nuevo antropocentrismo que sustituyó al antiguo de orden religioso. En los albores de la ciencia económica William Petty formuló como base de ésta la “ecuación natural” según la cual “la Tierra era la madre y el Trabajo el padre de la riqueza”.

Con Smith, Ricardo… y Marx, el Padre-Trabajo pasó de colaborar en las actividades productivas de la Madre-Tierra, a erigirse en el principal factor de producción de riqueza e incluso el único, en la medida en la que se supuso que la Tierra misma era sustituible por el Trabajo. La consolidación de una categoría unificada de Trabajo se operó junto con las de Producción y de Riqueza, a base de considerarlas todas ellas expresables en unidades pecuniarias homogéneas. Lo cual facilitó envolturas científicas a la mencionada razón productivista del trabajo, que se extendió por todos los confines con la ayuda tanto del capitalismo como del socialismo de corte marxista. Resulta significativa, a este respecto, la frase con la que Smith inicia ese tratado fundacional de la economía que fue su (Investigación sobre la naturaleza y causas de la) Riqueza de las Naciones (1776): “el trabajo anual de cada nación es el fondo que la surte originalmente de todas las cosas necesarias y útiles para la vida que se consumen anualmente en ella”.

La obra de Marx reforzó de modo significativo la evolución de las ideas que acabamos de describir. En efecto, por una parte, Marx consideró esa noción unificada de trabajo como una categoría universal, como una invariante de la naturaleza humana aplicable a cualquier tipo de sociedad, contribuyendo así a su generalización con pretensiones antropológicas más amplias de las que imaginaron los padres de la “economía política”. Por otra, llevó hasta el final el desequilibrio que produjeron los economistas clásicos en la “ecuación natural” de Petty, al relegar a la Madre-Tierra al papel de mero objeto pasivo y dominado que se ofrece sin contrapartida a las veleidades depredadoras y supuestamente productivas del padre Trabajo, suscribiendo así la teoría del valor-trabajo. De esta manera, pese a las matizaciones introducidas sobre el tema de la “alienación”, el marxismo fue de hecho una especie de caballo de Troya, que introdujo entre las filas de los oprimidos el evangelio del progreso, basado en el respeto beato e indiscriminado de la ciencia, la técnica, la producción y el trabajo, que ha venido preconizando la civilización industrial. Y muy particularmente contribuyó a divulgar, con envolturas de ciencia liberadora, las categorías básicas del pensamiento económico acuñadas por la “economía política”10.

También interesa resaltar el cambio de actitud frente a las innovaciones ahorradoras de trabajo entre la antigüedad y la modernidad que inaugura la obra de Smith antes citada. Para ello propondremos primero unos versos en los que Antipater de Tesalónica, contemporáneo de Cicerón, cantaba a los nuevos molinos de agua, que sustituían los trabajos de molienda (generalmente realizados al alba por mujeres armadas de mazos de madera y cuencos o “molinos” de piedra): “Dejad de moler ¡oh! vosotras, mujeres que os esforzáis en el molino; dormid hasta más tarde, aunque los cantos de los gallos anuncien el alba. Pues Demeter ordenó a las ninfas que hagan la tarea de vuestras manos y ellas, saltando a lo alto de la rueda, hacen girar su eje, que con sus rayos mueve las pesadas y cóncavas muelas de Nisiria. Gustemos nuevamente de la vida primitiva aprendiendo a regalarnos con los productos de Demeter sin esfuerzo” 11. Bien distinta es ya la actitud de Adam Smith frente a las ventajas que supone la división del trabajo, que ilustra con el ejemplo de la fábrica de alfileres: no se congratula del enorme ahorro de trabajo que permitiría esta división de tareas para obtener una misma cantidad de alfileres, sino del “considerable aumento que un mismo número de manos puede producir en la cantidad de obra” (A. Smith). Lo que apunta el devenir de los acontecimientos que nos ha llevado a la presente situación: los inventos ahorradores de trabajo, en vez de aprovecharse para liberar a las personas de tareas penosas y reducir el calendario laboral a la mínima expresión, han servido para acentuar la dicotomía entre trabajo y paro.

La crisis todavía no asumida de la razón productivista del trabajo y sus consecuencias

Así las cosas, con los economistas llamados “neoclásicos” de finales del siglo XIX se apunta un nuevo desplazamiento conceptual del que todavía, a mi juicio, no han se han extraído todas sus consecuencias sobre la razón productivista del trabajo. El desplazamiento vino dado por la hegemonía de un nuevo factor de producción: el Capital, considerado inicialmente como un útil colaborador de la Tierra y del Trabajo en las tareas productivas, pasó a eclipsarlos, al postular estos autores que, en última instancia, Tierra y Trabajo eran sustituibles por Capital, que aparecía así como el factor limitativo último del proceso de producción de riqueza.

La hipótesis de la perfecta sustituibilidad de los factores de producción, permitió rematar el cierre conceptual de la noción de sistema económico en el universo de los valores pecuniarios, haciéndolo ganar en simplicidad y en coherencia lógica. Pero a la vez lo aisló de los aspectos físicos, sociales e institucionales en los que se enmarcaba obligadamente su funcionamiento. Una vez cortado el cordón umbilical que unía originariamente lo económico a las dimensiones físicas y humanas, una vez indicado que producir era simplemente obtener un “valor añadido” a base de revender con beneficio, la preocupación social fue derivando desde la producción de la riqueza hacia adquisición de la misma. Y la contrapartida expresable en términos monetarios (generalmente en forma de salario), se erigió en el único criterio delimitatorio que señalaba la frontera entre aquellas actividades que se consideraban trabajo y aquellas que no entraban en esta designación. Así, por ejemplo, las tareas de las “amas de casa” no se consideraban trabajo (ni producción, ni renta, ni consumo), pero las del “servicio doméstico” sí. Lo cual da lugar a paradojas como la que se subraya al comentar que basta con que un gentleman se case con su cocinera, para que disminuya el trabajo (la producción, la renta y el consumo), aunque siga haciéndole la misma comida. Sin embargo la actividad (asalariada) de los funcionarios era considerada trabajo fuente de producción (y consumo) de servicios (imputados), aunque no estuvieran destinados a la venta. Lo mismo que la actividad remunerada de los deportistas profesionales se considera trabajo, pero no la de los amateurs, aunque ambas reclamen esfuerzos similares. De ahí que las actividades que la economía estándar engloba bajo la denominación de trabajo (es decir, las que se realizan para obtener una contrapartida monetaria o monetizable y no por el afán mismo de realizarlas) coincidan con aquellas que los antiguos griegos y romanos consideraban impropias de hombres libres, como lo confirma el significado originario de los términos que hoy se emplean para designarlo (tripalium, duleia…). Actividades que el creciente proceso de salarización desatado por el capitalismo se encarga de extender por todo el cuerpo social.

En el terreno de los hechos, la en otro tiempo tan ponderada “producción material” fue quedando relegada a la “periferia tercermundista”, mientras las metrópolis del capitalismo orientan preferentemente su actividad hacia la compra de productos terminados o de piezas a ensamblar. La tarea de estas últimas ya no se centra tanto en la producción y exportación de manufacturas como en la venta de “servicios” y en el comercio de activos patrimoniales, equilibrando sus balanzas de pagos con las entradas de capital a corto y el funcionamiento del mercado de divisas. Los “cuellos azules” no sólo fueron dando paso a los “cuellos blancos”, sino que estos mismos se fueron reconvirtiendo hacia las necesidades que imponía el manejo informatizado de la gestión y las finanzas e invirtiendo cada vez más esfuerzos en la llamada “lucha por la competitividad”. En suma, el peso creciente del mundo financiero, de la información, la comercialización y la gestión en la adquisición de la riqueza, se mantiene a la sombra de la idea smithiana de sistema económico centrado en la producción de mercancías, la frugalidad y el trabajo, que todavía perdura como paradigma interpretativo cuyas funciones explicativas se ven suplidas por aquellas otras de justificatorias del statu quo.

Como consecuencia de lo anterior, fue perdiendo apoyo la antigua razón productivista del trabajo que se mantuvo, no sólo por inercia conformista, como otras reminiscencias físico-utilitarias que todavía impregnan al agregado del Producto Nacional y a la propia noción de productividad, sino porque la configuración de nuestras sociedades le otorgó nuevo respaldo. En efecto, cuando decaía la vieja razón productivista del trabajo enunciada por la “economía política”, la consideración del trabajo como meta social e individual cobró nueva fuerza. Los pobres pasaron de pedir pan a pedir trabajo, y el burgués pasó de ser, como decía en otro tiempo la canción, “insaciable y cruel”, a convertirse en un bonacible “creador de puestos de trabajo”. Y es que una vez eliminadas las instituciones que daban sustento y cobijo al individuo en las sociedades anteriores al capitalismo, una vez reducida a la mínima expresión la familia, la tribu o la ciudad, como elementos que arropaban física y socialmente al individuo, el trabajo cobró cada vez más importancia como medio para relacionarse y promocionarse en el terreno profesional, económico y social. El trabajo se acabó convirtiendo así, como decía Max Weber, “en el factor principal de un régimen de ‘ascetismo intramundano’, en respuesta al sentimiento de soledad y aislamiento del hombre” (E. Fromm, 1979). Este sentimiento se hace sentir con fuerza en las actuales conurbaciones y se agrava, cuando el desarraigo que en ellas se genera no encuentra la válvula de escape del trabajo como medio de evasión, relación y promoción social al alcance de los individuos. La frustración del paro suele ser la chispa que desencadena el alcoholismo, la drogadicción, la delincuencia… que arrastran a los individuos por la pendiente de la marginación social y el deterioro personal. A la vez que las importantes tasas de paro “estructural” hacen que la búsqueda obsesiva de trabajo, y el afán de inmolarse a él, sean moneda común en nuestros tiempos, reforzando un nuevo ascetismo del trabajo todavía más compulsivo del que se desprende de la antigua razón productivista. Ascetismo que paradójicamente, se revela en franca contradicción con el hedonismo que predica la llamada “sociedad de consumo”. Extremando la incapacidad de trabajadores y parados para disfrutar incluso de un recurso en otro tiempo abundante: el tiempo para la holganza, el ensueño, la contemplación y la reflexión o la acción, tanto o más libres y relajadas como gratificantes y hasta, en ocasiones, creativas.

Por otra parte se observa que el moderno individualismo no vino a liberar a los hombres de las relaciones de dominación y dependencia (y del desprecio por el trabajo ordinario) presentes en las sociedades jerárquicas anteriores, sino a racionalizarlas y mantenerlas bajo nuevas formas. Veblen, en su Teoría de la clase ociosa (1899) advirtió pioneramente cómo la asociación de la respetabilidad social a la riqueza poseída, permitió perpetuar bajo el capitalismo la por él denominada “clase ociosa” y el desprecio por los trabajos de la vida ordinaria, propios de sociedades jerárquicas anteriores. Recordemos las condiciones que este autor establece para que la propiedad privada y la clase ociosa (en cuanto que está liberada de las tareas ordinarias que reclama la existencia material de la población) puedan prosperar:

“La comunidad debe disponer de medios de subsistencia lo suficientemente grandes como para permitir que una parte importante de la comunidad esté exenta de dedicarse al trabajo rutinario”.

2º. “La comunidad debe tener hábitos de vida depredadores; es decir, hombres habituados a infringir daños por la fuerza o mediante estratagemas” (cuyas “hazañas” se valoran por encima del trabajo ordinario).
Con el advenimiento del capitalismo disminuyen las posibilidades de obtener botín mediante “hazañas” bélicas o cinegéticas, “a la vez que aumentan, en radio de acción y facilidad, las oportunidades de realizar agresiones industriales (o financieras) y acumular propiedad por los métodos cuasipacíficos de la empresa nómada”. Por lo que, desde este punto de vista, no anduvo desencaminado Benjamín Constant (1813) cuando señaló que “la guerra y el comercio no son más que dos medios diferentes de alcanzar el mismo fin: el de poseer aquello que se desea”. Siendo directamente medible, en el capitalismo, el botín alcanzado en las “hazañas” (que se vincula al prestigio social) a través de la riqueza pecuniaria acumulada.

Cuando en una sociedad como la nuestra se asocia la respetabilidad de los ciudadanos a su nivel de riqueza, se desata entre éstos una lucha por la “reputación pecuniaria” que crea un estado de insatisfacción crónica generalizada. Pues, como ya Veblen advirtió, dada la naturaleza del problema, es evidente que está fuera de toda posibilidad que la sociedad pueda lograr un nivel de riqueza que satisfaga los deseos de emulación pecuniaria que se han desatado entre los ciudadanos. Si a esto se añade que, con la llamada “sociedad de consumo” se han ampliado y complicado sobremanera las necesidades elementales que reclamaba la supervivencia y encarecido la posibilidad de hacerles frente, tenemos que, al decir de Illich (1992), el homo economicus ha hecho las veces de eslabón intermedio en la transfiguración de la naturaleza humana desde el homo sapiens hacia el homo miserabilis: “al igual que la crema batida se convierte súbitamente en mantequilla, el homo miserabilis apareció recientemente, casi de la noche a la mañana, a partir de una mutación del homo oeconomicus, el protagonista de la escasez. La generación que siguió a la segunda guerra mundial fue testigo de este cambio de estado de la naturaleza humana desde el hombre común al hombre necesitado (needy man)”. La racionalidad parcelaria desplegada trajo consigo la irracionalidad global, así como la paradoja de que la economía, en vez de combatir la escasez, favorece los procesos que se encargan de agravarla y extenderla por el mundo. Escasez que no sólo alcanza a los “bienes” y al dinero u otros tipos de “activos”, ¡sino hasta al propio trabajo!. Lo que hace que los individuos estén dispuestos a inmolar su vida al trabajo (penoso y dependiente) con más ahínco que antes. A la vez que se acentúa la jerarquía y la dominación dentro del propio mundo del trabajo, al promover y privilegiar constantemente aquellas tareas que, por ser fuente de “botín”, están más vinculadas a la adquisición de la riqueza que a la producción (material) de la misma. Así, la máquina no ha conseguido liberar a los hombres de las servidumbres del trabajo, sino que éste sigue siendo una fuente importante de crispación que alcanza tanto a los parados, como a los ocupados, y hasta a la llamada por Veblen “clase ociosa”, cada vez más embarcada en la carrera de la “competitividad” y esclavizada por insaciables afanes de acumular poder y dinero.

Por otra parte, a la vez que se habla de “globalización” económico-financiera, el aumento del paro y de la “precarización” del trabajo nos conduce hacia un panorama social crecientemente segmentado y distante de esa sociedad de individuos libres e iguales de la que nos habla la utopía liberal. En efecto, además de la división entre parados y ocupados, se amplía un abanico de retribuciones que varían en sentido inverso a la penosidad o desutilidad que genera el propio trabajo. Por las razones antes apuntadas, el capitalismo perpetúa la situación observada en las sociedades jerárquicas anteriores, donde quienes realizan las tareas más duras y degradantes son los que reciben menores retribuciones.

Las teorías del “capital humano” buscan explicar, mediante razonamientos tautológicos dentro del propio campo del valor, la desigual distribución de los salarios, cerrando los ojos hacia otras explicaciones que enraízan tal desigualdad en estructuras sociales y mentales que prolongan esquemas de funcionamiento propios de sociedades jerárquicas anteriores. A la vez que tales teorías ignoran la sinrazón que supone, dentro de su propio campo de razonamiento, que en el sistema capitalista los utilizadores de ese “capital humano” no se preocupen de amortizarlo sino sólo de explotarlo (tal enfoque sería más coherente con un sistema esclavista, en el que la amortización del esclavo entraría lógicamente en los cálculos del amo). Curiosamente la pretensión de cerrar el razonamiento en el propio campo del valor y de reducir las personas a capitales, acabó entrando así en contradicción con los principios libertarios de la utopía liberal sobre la que originariamente se apoyó.

Por último quiero subrayar que los mecanismos y afanes de acumulación pecuniaria desatados con el capitalismo, no sólo influyeron sobre el mundo del trabajo, de la salarización y el paro, sino también sobre el llamado “tiempo libre”, que aparece invadido por lo que Ivan Illich ha llamado el “trabajo sombra” (shadow work) (Illich, 1981). En efecto, tanto las administraciones públicas como las empresas tienden a obligar a los individuos a realizar tareas poco gratificantes que, sin ser “trabajo”, les ocupan una fracción creciente de su “tiempo libre” (tiempo de transporte para ir al trabajo, para cumplimentar declaraciones de impuestos, hacer gestiones, etc). De esta manera la parte de “tiempo libre” destinada a actividades gratificantes o al simple reposo, se ve cada vez más recortada sin que haya apenas protestas organizadas que frenen esta tendencia (en parte porque el movimiento sindical se ocupa sólo del trabajo, como acostumbran a precisar sus siglas).

Automaton, by Kazuhiro Nakaruma, from h6-dion.ne.jp

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Perspectivas

A la luz de lo anterior se observa que el movimiento sindical ha sido tributario de la propia mitología del trabajo y de la constelación de ideas que la envuelven, que se impusieron con la civilización industrial y con el capitalismo. Por lo que este movimiento se ve incapacitado para trascenderlos sin revisar sus propios fundamentos y cometidos. Siendo hoy urgente hacer que sus preocupaciones, y sus reivindicaciones, vayan mucho más allá del campo del trabajo, y de la producción, para ocuparse también del paro, del “tiempo libre” y de la destrucción social y ambiental originados en el curso del proceso económico. Para lo cual es imprescindible deshacer críticamente la noción misma de trabajo. Hay que dejar de mendigar trabajo en general, pensando ingenuamente que el sistema actual puede volver de verdad a situaciones de pleno empleo. Hay que matizar las exigencias y las reivindicaciones para que sean a la vez más deseables y realistas, defendiendo ciertos trabajos y no otros, cierto “tiempo libre” y no otro plagado de tareas impuestas y penosas, algunas actividades dependientes pero sobre todo otras que no lo son…

Si pedir al actual sistema pleno empleo asalariado es pedir peras al olmo, será mejor admitirlo y exigir, en consecuencia, la reconversión de los cuantiosos recursos destinados a paliar el paro y sus secuelas, no sólo hacia el reparto del trabajo asalariado, sino a facilitar medios que permitan a las personas resolver directamente sus problemas de intendencia mediante formas de actividad (individuales, familiares o cooperativas) que escapen a la lógica empresarial capitalista y desengancharse así lo más posible de ese trabajo asalariado que el sistema les escatima: por ejemplo, si una parte de la población se encuentra en dificultades para sufragar con ingresos salariales necesidades tan elementales como las de vivienda, parecería más realista facilitar y regular, en vez de penalizar, la autoconstrucción y la okupación y rehabilitación del patrimonio inmobiliario hoy abandonado y en deterioro.

Las perspectivas que ofrece la encrucijada actual están plagadas de incertidumbre, pero en términos generales han de oscilar entre los dos extremos siguientes.

El de una situación en la que se sigan dando nuevas vueltas de tuerca al aumento conjunto del paro y del trabajo compulsivo, de la competitividad, la insolidaridad y la segmentación social. Situación consustancial a una sociedad que permanecería prisionera de la mitología del trabajo y de las ideas que la envuelven, siendo incapaz de reaccionar para poner coto a las tendencias mencionadas, y de un movimiento sindical limitado a discutir las retribuciones de los asalariados y a pedir las peras del pleno empleo asalariado al olmo de la presente sociedad capitalista.

O bien el de una situación en la que se practique una reducción consciente del dominio de la producción mercantil y del trabajo asalariado en favor de actividades más libres, creativas y cooperativas. A la vez que se redistribuye y reorganiza el propio campo del trabajo asalariado, a fin de evitar la actual dicotomía entre el paro y el trabajo compulsivo y de corregir la creciente asimetría entre la retribución y la penosidad del trabajo, y que se revisa críticamente la propia noción de “tiempo libre”, para defenderla de las servidumbres del “trabajo sombra” antes mencionado. Situación que sería consustancial con una sociedad que escape a la fe beata en un progreso apoyado en la noción de producción, con todas sus derivaciones, y con un movimiento sindical que haya sabido ver más allá de la noción de trabajo, para abrir su reflexión y su reivindicación en los sentidos arriba mencionados.

En suma, que reflexionar sobre las causas profundas de nuestros males y, en el caso que nos ocupa, sobre los presupuestos ideológicos que orientan espontáneamente nuestro modo de percibir y de aceptar todo lo tocante al trabajo, es el primer paso para superarlos. Esperemos que el presente desbroce contribuya en alguna medida a ello.

Notas

(1) Una versión resumida de este texto se publicó en el nº 48 de la revista Archipiélago, sep.-oct. 2001.
(2) Véanse los referenciados por D. Méda, 1995.
(3) Como acredita la documentación manejada por Sahlins, M. (1972) y por otros autores citados en Naredo, J.M. (1996) y Méda (1995).
(4) Meillassoux, C. Antropología de la esclavitud, México, Siglo XXI Eds., 1990.
(5) Veyne, P., Historia de la vida privada. Imperio romano y antigüedad tardía, Vol. I, Dirigido por Ariès, P. y Duby, G., Madrid, Taurus, 1991.
(6) Cit. Mumford, 1935.
(7) Cfr. Veyne, 1992.
(8)Mumford, 1969.
(9) Sánchez, M.I. y Rasines, L.A., “El tiempo de trabajo en la Unión Europea y su reorganización”, Boletín Económico de ICE, nº 2522, nov. 1996.
(10) Naredo, J.M. 1996, cap. 12 Las elaboraciones del marxismo.
(11) Mumford, 1935.

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http://cinosargo.bligoo.com/content/view/236681/Configuracion-y-crisis-del-mito-del-trabajo.html#content-top

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De asaltos, fortalezas y antifaces, from tebeosfera.com

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La banca Morgan aplaude a los nacionalistas K

Por Jorge Altamira
po.org.ar, 04.03.10

Luego del anuncio del nuevo manotazo a las reservas del Banco Central, la cotización de los bonos de la deuda de Argentina subió en forma espectacular, al mismo tiempo que el banco J.P. Morgan recomendaba a los especuladores internacionales aumentar la tenencia de deuda argentina en sus carteras. La ‘confianza’ que ha inspirado el atraco a las reservas resulta más singular cuando se tiene en cuenta que la primera tentativa, el fondo del bicentenario, terminó empantanado en la Justicia y en el Senado. Lo que emerge de aquí es que la política del matrimonio oficial parece resultar más adecuada a los intereses de las finanzas capitalistas que las que propugnan notorios agentes de los bancos, como Redrado, Prat Gay o López Murphy.

Los K parecen haber jugado su supervivencia política a una alianza con la gran banca y los fondos internacionales, incluidos los fondos buitres. ¿Cuál es la explicación de esto?

De acuerdo con un dirigente de un importante fondo internacional, «la deuda en moneda local de los países emergentes es el activo más seguro en el mundo» (Financial Times, 1/3) –incluso más que el oro. Los bonos argentinos en pesos han sido, precisamente, aquellos que más aumentaron luego del segundo manotazo. El mercado de deuda internacional en monedas locales trafica valores por un billón de dolares, cinco veces más que en 2003, en tanto que el monto en divisas fuertes sigue estancado en los 250 mil millones de dólares (Financial Times).

Esta disparidad obedece a que la gran acumulación de reservas que han registrado los países emergentes y los elevados precios de las materias primas, han reforzado el valor de las monedas locales. La expectativa de los especuladores es que las monedas locales se sigan valorizando y potencien de este modo el valor de la deuda pública de los países emergentes medida en divisas internacionales.

Uno de los países que ofrece una mayor trayectoria de valorización es Argentina, donde la deuda pública se ha venido cotizando por el suelo debido al default y a la política de devaluación del peso. Desde que se anunció el canje esta tendencia se revirtió, reforzada por el mantenimiento de un cambio estable para no azuzar todavia más a la inflación.

La expectativa de ganancias que ofrecen los países emergentes y Argentina a los buitres internacionales contrasta con el derrumbe de la deuda pública en Europa, Japón e incluso Estados Unidos. Los especuladores sacan préstamos en estos países, donde la tasa de interés es casi cero, y compran deuda pública emergente en proceso de valorización –lo cual les ofrece ganancias extraordinarias en medio de la crisis. En este escenario Argentina va camino a aumentar en gran escala el endeudamiento del sector privado y a un retorno a la ‘plata dulce’ de Martínez de Hoz y Cavallo.

Es obvio también que los bancos descuentan que las reservas manoteadas van a ser repuestas con el superávit de comercio exterior que Argentina espera para 2010. La Presidenta adelantó esta opinión en forma explícita en el Congreso. O sea que los K y la banca Morgan apuestan a que Argentina será la estrella emergente de 2010. Los K esperan, además, que los fondos que quedarán liberados del Presupuesto, permitan compensar el déficit fiscal o, en todo caso, facilitar a las provincias la financiación de sus déficits con nuevo endeudamiento. Como se ve, estamos ante el manual de los dibujos contables que los gobiernos hacen con el Presupuesto, y de nuevo, con la ‘ayuda’ de un banco internacional.

El esquema tiene, sin embargo, un pequeño defecto – y es aquí donde entra la oposición de algunos ‘neoliberales’ que siempre han sido concesivos al capital financiero. Ocurre que los bancos centrales de los países desarrollados (y China en especial) han comenzado a reducir la emisión de dinero destinado al rescate de los capitalistas, y en algunos casos han comenzado a aumentar la tasa de interés. El derrumbe del euro podría llevar a una apretada de clavijas monetaria en Europa, incluso si así se corre el peligro de precipitar cesaciones de pagos tanto públicas como privadas. Esta evolución provocaría una retirada de capitales de los países emergentes; los pronósticos ponen a Brasil como el país que enfrenta el mayor riesgo.

Por todo esto, los bancos centrales promueven la austeridad fiscal con preferencia al manotazo. Estos puntos de vistas diferentes han suscitado polémicas y dividido a la burguesía mundial. La bancarrota capitalista mundial ha entrado en la fase de las crisis monetarias. El agotamiento de la maniobra de pedir prestado a bajo interés para invertir en títulos de deuda de países emergentes, que ofrecen grandes rendimientos, deja planteada la perspectiva de un retiro de capitales (en lugar de mayores ingresos), como ocurriera entre septiembre de 2008 y marzo de 2009, cuando Kirchner compró sus famosos dos millones de dólares. El mes pasado ocurrió algo similar, pues se fueron mil millones de dólares.

Sea como fuere, el manotazo a las reservas acentúa la vulnerabilidad de Argentina a la especulación internacional. Cuando el respaldo de reservas comience a achicarse, los mismos bancos que hoy inflan la deuda de Argentina, mañana saldrán al ataque contra el peso. La conclusión es que, en el Ejecutivo y en el Congreso, Argentina es gobernada por un grupo de truhanes al servicio del capital financiero. Para poner fin a esto es necesario nacionaliar los bancos y el comercio exterior, sin compensación, y el no pago de la deuda externa.

http://www.po.org.ar/node/24056#

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Eric Cartman, the nazi, personaje de South Park (Central Comedy), by orange_county_joker, from devianart.net

Eric Cartman (personaje de South Park, Central Comedy), caracterizado como "the nazi" por orange_county_joker en devianart.net

Raza e inmigración

Por Israel Adán Shamir
israelshamir.net

Una pareja de ucranianos se fija en un graffiti que dice : “¡Mándalos al diablo y salva a Rusia!”. Y uno le dice al otro: “¡No es mala idea!, pero ¿quién tiene ganas de salvar a Rusia?

Este chiste me volvió a la mente, cuando estaba leyendo un llamado de los nacionalistas blancos: “No a la inmigración, salvemos a la raza blanca”. La primera opción es válida, pero el objetivo final es irrelevante, en el mejor de los casos.

No hace falta pertenecer a la raza blanca para entender los problemas que causan los traslados de población. No hace falta siquiera creer en la existencia de clasificaciones raciales para darse cuenta que las migraciones masivas causan problemas reales. El razonamiento racialista que sostiene la oposición al fenómeno de las migraciones masivas es superfluo e improductivo, pues si bien la masividad de las migraciones es un fenómeno moderno, el racialismo de hace unos 140 años es algo tan trasnochado como hiriente.

No hace falta el menor sentimiento de superioridad racial ni siquiera de identidad racial, para rechazar la inmigración. Los lectores de Milne tal vez recuerden la reacción nada amistosa del Osito Winnie con sus amigos Piglet y Rabbit ante el animal recién llegado, Kanga, a su selva: secuestraron al inmigrante en ciernes. El cuento termina con que todos se hacen amigos al final, pero ni siquiera Milne habría logrado mantener un final feliz si miles de Kangas hubiesen inundado la selva.

Los seres humanos así como los demás animales tienen mecanismos defensivos para proteger su territorio y su acceso a los recursos. Son estos mecanismos los que hoy en día se caricaturizan con la apelación de “racismo”, como el destape de tendencias naturales brutales, pero la protección del territorio propio es algo relevante también en el plano moral.

En la Rusia soviética de mis años mozos, el chaval que cortejase a una chica de otro vecindario corría un riesgo muy serio de verse castigado por los otros chicos del lugar. No había diferencia étnica, racial, religiosa ni tampoco social entre las dos comunidades; los jóvenes del bloque A no se consideraban mejores que los del bloque B, pero defendían sencillamente su acceso a “sus” propias féminas.

Y sigue siendo una actitud razonable en los jóvenes, la de proteger a “sus” chicas, como proteger su fuente de trabajo. Ellos también tienen que vivir, y los grupos idealistas que dejan el paso libre a los advenedizos desaparecen rápidamente.

La inmigración masiva tiene que ver a la vez con la invasión y con el tráfico de esclavos. Si los inmigrantes prosperan, se trata de invasión; si les va mal, entonces es esclavitud. En ambos casos, sólo una fracción delgada de la población saca provecho del fenómeno; se les llamará burguesía “compradora” o “traficantes de esclavos”, a medida que se clarifique la situación. En general, la gente de dinero valora los frutos de la inmigración mientras que los pobres pagan el costo abrumador de ella. Pero no todos los ricos sacan ventaja de la situación en grado igual. Los ricos, lo mismo que el resto de todos nosotros, pueden elegir entre dos actitudes, ante la sociedad que los crió: deberíamos dividirlos entre pastores y predadores. Los pastores se limitan a trasquilar a sus rebaños, mientras que los predadores llevan al matadero hasta el último cordero si el precio les conviene.

Un ejemplo de pastores nos lo ofrece la gran familia de industriales suecos, los Wallenberg, dueños no exclusivistas de las 30 firmas mayores de Suecia, incluyendo nueve de las 15 mayores. En conjunto, la familia Wallenberg posee o controla más de la mitad de la economía sueca. Los grandes y excepcionales logros de la sociedad sueca se deben a este bloque poderoso trabajando en armonía con los sindicatos y el gobierno. La lista de los predadores empezaría con Carl Icahn, el temido financiero y devorador de corporaciones que arruinó a más compañías y gente que todas los que Wallenberg jamás tuvo en su poder. La presencia de predadores sin trabas hace que los pastores ya no puedan hacer lo que mejor saben hacer. Peor aún, los predadores no tienen escrúpulos a la hora de llevar sus víctimas al matadero.

Los predadores utilizan la inmigración masiva como un arma poderosa. Los inmigrantes tienen que vivir en alguna parte, de modo que el precio de la vivienda y los alquileres suben, lo cual beneficia a los ricos. En Israel, los dueños de edificios dividen sus viejos apartamentos en unidades pequeñas, y se las alquilan a los inmigrantes. Así, multiplican por dos o tres sus ingresos, mientras que la gente común del lugar no encuentra un apartamento de tamaño decente a un precio razonable. Los inmigrantes necesitan crédito, y los prestamistas se lo ofrecen al 20% mensual. La inmigración socava la seguridad de los trabajadores, creando excesos de mano de obra.

El trabajo precario cuesta menos: los trabajadores están a su disposición cuando se necesitan, y cuando no, se van. Esta es una de las razones por las que Israel recluyó a los trabajadores palestinos en territorios cerrados, importando chinos en su lugar. La inmigración masiva es un arma poderosa en la lucha de clases. Al importar trabajadores potenciales, los amos y predadores socavan las clases obreras. Se trata de importar fuerza de trabajo, y como cualquier importación, esto baja el valor del producto local, es decir del trabajador nativo.

Los predadores hablan de “destrucción creativa”. No les importan las empresas que quiebran bajo el nuevo régimen. Las compañías que logran sobrevivir pueden ser desterradas a la India simplemente con apretar un botón. La inmigración quiebra los sindicatos. Mejor aún para los dueños, la inmigración masiva abre un secundo frente en la lucha de clases, el del enfrentamiento entre clase obrera e inmigrantes.

La inmigración se convierte sin remedio en una guerra para los recursos: para el empleo, las mujeres, la comida y la vivienda. Las clases medias sacan algunos beneficios: sirvientas más baratas, choferes más baratos, niñeras, jardineros y sexo, todo se abarata. La internacional gay (apelación de Joseph Massad) de clase media está a la vanguardia para apoyar la inmigración; esto se puede explicar por un alto nivel de compasión, pero también por su propio interés en tener un vivero de parejas de fácil acceso y barato. Los inmigrantes no compiten con las clases medias, no viven en las mismas zonas; tampoco les quitan a las clases medias sus trabajos. Son los trabajadores los que cargan con el choque de esta guerra, y no les queda tiempo o energía para la lucha de clases contra las clases poseedoras.

La inmigración conlleva otros efectos especiales, como descubrió Robert Putnam (http://www.utoronto.ca/ethnicstudies/Putnam.pdf ). Este investigador, bien conocido por su postura a favor de la inmigración, se vio obligado a concluir: a medida que la diversidad étnica aumenta, la inmigración y la diversidad étnica tienden a reducir la solidaridad social y el capital social[1]. En un entorno étnicamente diversificado, los residentes de todas las razas tienden al “perfil bajo”. La confianza se debilita, incluyendo la confianza entre gente del mismo grupo; el altruismo y la cooperación comunitaria desaparecen, y los amigos más aún.

Es los Estados Unidos, lo mismo que en Europa, junto con la heterogeneidad generalmente se observa que disminuyen la cohesión de la comunidad nativa y la satisfacción, mientras aumenta la inestabilidad laboral. O sea, que en todos los países se observa que una heterogeneidad étnica mayor conlleva la desconfianza de las medidas sociales, y una menor inversión en objetivos públicos, de interés común.

Putnam toma en cuenta dos mecanismos detrás del impacto de la inmigración. La teoría del conflicto supone que “la diversidad alimenta la desconfianza fuera del grupo y la solidaridad dentro del grupo mismo”. Cuanto más nos encontramos obligados a una proximidad física con gente de otra raza u otro trasfondo étnico, más nos aferramos a “lo nuestro”, y más desconfianza sentimos de “lo ajeno”. Por el contrario, la teoría del contacto dice que “ la diversidad genera la tolerancia interétnica y la solidaridad social. A medida que tenemos más contactos con gente distinta, superamos nuestra duda inicial y nuestra ignorancia, y empezamos a confiar más en ellos”.

En realidad, los resultados de la investigación masiva de Putnam fueron más pesimistas que cualquier teoría. En el contexto inmigratorio, la gente empieza a temer a sus vecinos de toda la vida tanto como a los recién llegados; “la diversidad no produce ‘malas relaciones raciales’ ni hostilidad grupal hacia otros grupos definidos étnicamente, sugieren nuestros descubrimientos. Lo que ocurre más bien es que los habitantes de comunidades diversas tienden a retraerse de la vida colectiva, a desconfiar de sus vecinos independientemente del color que tengan, a alejarse hasta de sus amigos más próximos, y a esperar lo peor de su propia comunidad y sus dirigentes; así, ejercen menos su capacidad de trabajo voluntario, se dedican menos a practicar la caridad, y trabajan menos en proyectos colectivos, dejan de inscribirse para votar, se agitan más en la lucha por reformas sociales, pero al mismo tiempo dejan de creer que puedan cambiar las cosas, de modo que se limitan a rumiar su desgracia ante el televisor.”

Esto es exactamente lo que desean los predadores; una población atomizada, insegura, con el alma quebrada, en perpetuo estado de guerra civil fría consigo misma. Dejan de organizarse y de proyectarse en el futuro; se quedan quietos frente al televisor, y sufren. Y ¿quiénes son los Maestros del Discurso que deciden el contenido de la programación televisiva? Pues los servidores de los predadores, por supuesto.

Para defender su política de destrucción de la sociedad por la inyección de extranjeros, inventaron y propagaron una nueva acusación mortal, la del racismo. La gente que se resiste a aceptar la inmigración masiva que se les impone es tachada de racista, y se le excluye de cualquier participación en el guión televisivo impuesto de antemano. El racismo es un pecado mortal inventado en fecha reciente por los Maestros del Discurso para disimular sus intenciones predatorias. El racismo, tal como lo describe el diccionario (como un odio misterioso, irracional, hacia razas supuestamente inferiores) no existe. Yo, que soy de tez oscura, y tengo el bigote típico de la gente del Mediterráneo, nunca me he topado con el llamado racismo en mis sesenta años de andanzas por el mundo. Por cierto, tampoco he tratado de fastidiar a los nativos de ningún lugar poniendo música extranjera a todo volumen, observando costumbres extrañas en público, o con una conducta ofensiva a propósito.

Por supuesto, la gente trata de adivinar el origen del extraño. Si me pagaran un dólar por cada vez que me preguntaron de dónde yo era, ya sería rico. Los judíos, los tímidos mandamases de oleadas etéreas, consideran que esta pregunta es en sí “un ataque racista, a pesar de que son ellos los que hacen la pregunta más que nadie. La pregunta se origina en la inocente curiosidad humana, no en el supuesto racismo: uno quiere aprovechar la oportunidad del encuentro para confirmar la visión que uno tiene del mundo: ¿por qué será que los italianos comen pastas? ¿Será verdad que los musulmanes quieren matar a los infieles después de tirar bombas sobre New York el 11 de septiembre? ¿Por qué será que los negros son los mejores en deporte? ¿Y cómo hacen los judíos para ser tan ricos? Los únicos que se ofenden por la pregunta son los judíos, porque son demasiado arrogantes e inseguros para reconocer que cada extranjero, no necesariamente judío, tiene que aguantar las preguntas sobre quién es y qué es lo que lo hace así o asá. Al contrario de la creencia popular judía, la gran mayoría de los seres humanos (“los goy”) no piensan tanto, ni tan a menudo, en los judíos, y seguramente no invierten ningún capital emocional en odiar a los judíos “por ser judíos”.

A la gente le conviene aferrarse a los estereotipos, pero no se trata del viejo racismo malo de antes (algo así como un “odio irracional”) tampoco. Los estereotipos y prejuicios forman parte de nuestra vida como algo legítimo, pues sirven para facilitar muchas decisiones. Por ejemplo, si uno camina por las calles oscuras de un ghetto urbano y uno nota una barra de muchachos sin una sola chica entre ellos, el prejuicio nos aconseja cambiar de rumbo. Si un vago zarrapastroso le ofrece a uno venderle un reloj de oro, el prejuicio recomienda no aceptar el negocio. Si una extranjera encantadora se empeña en llevarle a Usted a la cama, el prejuicio sugiere con insistencia el condón, o la fuga. La Liga Judía contra la Difamación (ADL) plantea muy correctamente que existe un estereotipo acerca de la “cábala maligna de los judíos” que suelen “empujar a la guerra”, así como que “son los dueños de los medios judíos los que definen la ’línea del partido’”.

Un estereotipo o prejuicio es por lo general el resultado de muchas experiencias desagradables por parte de personas desprevenidas. Los jóvenes de los ghettos pueden darte una paliza, el vago suele vender mercancías poco seguras, la chica pulposa puede dejarte un recuerdo harto molesto. Y la judería organizada sí empujó para la guerra en Irak, y ahora están pidiendo a gritos que se bombardee a los iraníes: Daniel Pipes, Norman Podhoretz y los de la misma calaña. Es más probable que nunca que nuestro mandarín judío medio sea violentamente antiárabe, favorable a la guerra, en contra de Irán, y completamente identificado con la línea oficial. Se justifica perfectamente el estereotipo en este caso, y solamente cambiando de actitud es cómo se libra tal o cual grupo de su estigma.

A finales del siglo 19, a los asiáticos se los estigmatizaba como esmirriados y apocados, condenados a someterse al magno destino del hombre blanco. No les gustaba este estereotipo a los japoneses, así que se arremangaron y hundieron la flota rusa, antes de hacerle la misma jugada a los americanos. En los años 1950, las mercaderías japonesas tenían fama de ser de baja calidad; no pusieron el grito en el cielo, sino que trabajaron más duro que nunca, y ya en los 1980, el auto japonés se volvió sinónimo de calidad. A los negros de Estados Unidos se les despreciaba en lo intelectual, pero produjeron a Barack Obama y a Cynthia McKinney, y al poeta SIAM, y el prejuicio ha ido quedando atrás.

Lo más cercano al engendro lexical “racismo” es el brote de odio que nace en contextos de guerra. No es ni misterioso ni irracional, pues un hombre que se encuentra obligado a matar o a enfrentarse ferozmente a un semejante tiene que proteger su integridad mental en peligro, y tiene que negarle la humanidad plena al contrincante. Durante la guerra franco-prusiana y en los conflictos siguientes entre franceses y alemanes, se desató un discurso violento acerca de la raza respectiva de los hunos y los galos, pero esto desapareció sin dejar huellas después de la guerra. La raza se ha utilizado en ocasiones para racionalizar las diferencias sociales. Así, los nobles polacos se imaginaron que eran descendientes de una raza de guerreros samaritanos, distintos de los eslavos. Los nobles británicos se consideraban normandos, no sajones o celtas como el pueblo. Estas fantasías se esfumaron cuando las diferencias de clase se modificaron.

En Israel, las relaciones entre judíos y palestinos también están deformadas por este seudo-racismo. Los judíos invadieron Palestina pretextando la condición de inmigrantes, y acorralaron a los autóctonos en ghettos. De ambos lados uno se encuentra con un enorme discurso racista, porque están en guerra unos contra otros, no porque exista el menor “odio irracional” entre ellos. En el fondo de su corazón, judíos y palestinos se respetan muchísimo. Así los judíos admiran y aceptan pagar muy caro por las casas árabes, comen en los restaurantes árabes, prefieren el aceite de oliva árabe, mientras que los árabes admiran el talento y la eficiencia militar de los israelíes. Algún día los israelíes volverán en sí, y le otorgarán la plena igualdad a todos, inmigrantes tanto como nativos. El discurso racialista acerca de los “monstruosos judíos” y “árabes infrahumanos” se deriva de la guerra, y desaparecerá con ella.

La inmigración puede generar este tipo de pensamiento enfangado. Cuando la juventud obrera defiende su derecho a armar su propio futuro, puede convertirse en víctima de un discurso infantil en términos de raza. Su verdadero enemigo es el predador que les echa encima el torrente de los inmigrantes, pero el predador no está a su alcance para nada. La frustración dará paso a todo tipo de vitriolo, pero no se trata de aquel racismo seudo-científico y helado de la Alemania nazi, de Israel, y de los yankis que internaban a los japoneses. No hay necesidad de examinar este asunto del discurso racializado como objeto de discusión seria, porque es algo transitorio. Cuando se termina la guerra fría que nace de la inmigración masiva, los sentimientos feos desaparecen sin dejar huella.

El racismo no existe; un extranjero aislado, de cualquier origen, es bien recibido en cualquier país del planeta. Unos pocos extranjeros aportan colorido y serán bien tolerados, y bien mantenidos, por los nativos. En la Rusia apartada de todo en el siglo 18, un etíope negro fue ennoblecido, y fue el padre de un gran poeta ruso, Pushkin. Otro importante poeta ruso, y mentor de un príncipe heredero, era hijo de un turco cautivo. Un marinero inglés se hizo príncipe en el Japón de los shogunes, mientras que un judío bautizado, Disraeli, fue primer ministro en gran Bretaña. William Dalrymple en su embrujador White Mughals cuenta cuántos ingleses y franceses integraron la sociedad musulmana de la India mughal, y sigue su descendencia mixta en su regreso a Inglaterra, donde tuvieron mucho éxito. Los grupos pequeños de inmigrantes no causaban el desplazamiento masivo de los nativos, por lo tanto nadie necesitaba ninguna argumentación “racista” para defenderse.

En mi movida existencia, disfruté mis estancias entre los japoneses (que tienen fama de ser terribles racistas), entre los palestinos (que tienen muy buenas razones para temer a los extranjeros) y entre otros pueblos, desde los ingleses hasta los tailandeses, desde los suecos hasta los malayos. Y todos fueron hospitalarios y acogedores.

Cuando salí de Rusia y me mudé a Israel a finales de los años 1960, fui bien recibido. Sin embargo, al cabo de algunos años en que llegaban mayores y mayores oleadas de inmigrantes rusos, dejé de ser el tipo raro, algo exótico, para convertirme en una gota más en una inundación de extranjeros. Los rusos judíos de pronto fueron odiados por los inmigrantes de la oleada anterior, porque empezaron a competir por los trabajos peor pagados y por las viviendas subvencionadas. Antes yo era una persona; al día siguiente, me miraban como un aprovechado en busca de privilegios inmerecidos.

Los Maestros del Discurso dieron el tono del debate, presionando aquí, aflojando tensiones en otros momentos. Lo que hacen es controlar el debate, en provecho propio, exclusivamente. Yo siento mucha empatía por los inmigrantes. Estuve un tiempo errante en el oleaje de la inmigración masiva, y fue una época miserable. La inmigración masiva es un error, que se debe evitar en la medida de lo posible. Es mejor quedarse en su propia tierra con sus amigos de toda la vida y su idioma propio. Si uno tiene que mudarse, entonces mejor buscarse un lugar donde los extranjeros sean escasos.

Las sociedades basadas en la solidaridad como la Unión Soviética y Cuba no autorizaron la inmigración, ni hacia dentro ni hacia fuera, y tuvieron razón. La inmigración destruye la solidaridad, mientras que la emigración se lleva a los cerebros del país. Estas sociedades socialistas no tenían racismo de ningún tipo, porque sus ciudadanos no se veían amenazados por las arremetidas migratorias.

Yo nunca le eché la culpa de mis desgracias como inmigrante en una corriente masiva al racismo local. Fui parte de una ola invasora, y la gente del lugar tenía quejas muy reales por ello, porque nuestra llegada les hizo perder algunas de sus posiciones. Después fueron llegando más y más de estas oleadas, y ahora tenemos que pagar más aún por nuestros apartamentos, y tenemos menos espacio para movernos.

Además, la inmigración masiva degrada el estatuto de los extranjeros en general. Antes, los extranjeros eran gente que buscaba nuevas aberturas mentales, o prefería vivir lejos de casa, como Joyce en Trieste, Ezra Pound en Italia, Fennolosa en Japón, Byron en Grecia, y Nabokov en Suiza. Y sin pretender a tanto, uno podía encontrarse todavía con “nuestro hombre en La Habana”, y con un gran duque ruso en otras tierras. Pero ahora, por culpa de los inmigrantes en masa, ya no tiene gracia ser un extranjero. El problema no es la inmigración, sino la masividad de la inmigración.

La etnicidad no es un factor decisivo, a pesar del mantra racialista. La inmigración, aun tratándose de la misma categoría étnica, significa problemas. Los japoneses autorizan la inmigración de los descendientes de los japoneses que se habían marchado a América latina en el siglo anterior, y se desilusionaron mucho. Ahora les pagan una suma decente a aquellos inmigrantes que aceptan marcharse de Japón. Y eso que son de la “misma raza”, pero es que culturalmente se han vuelto demasiado diferentes para la sociedad japonesa y sus costumbres basadas en la solidaridad. En Palestina, los que regresan, los hijos de los refugiados de 1948, se quejan de que la gente, sus primos lejanos, prácticamente, no los reciben bien. En Alemania, los que vuelven, siendo de origen germánico, los “volksdeutsch” de Rusia y Jazastán, permanecen extraños a la gente del lugar.

El racismo en USA es un viejo mito, pero mientras los hijos de los ex esclavos huían masivamente al norte del sur despojado, el código del color era imposible de evadir. Después, los americanos bombardearon Somalia, y los somalíes huyeron a Suecia y África del sur. En Suecia, las diferencias de color eran innegables, mientras que entre somalíes y zulúes, si no hablaban no se distinguían unos de otros; pero como África del sur es un país más pobre que Suecia, los africanos se opusieron a sus negros hermanos de Somalía en una medida que ni los más xenófobos suecos podrían soñar jamás.

Después de esta lección de la vida real, el mito del racismo ya debería desecharse definitivamente. La objeción a la inmigración no se debe a ninguna “creencia en la superioridad racial” o al “odio racial”, sino que es una reacción defensiva normal de las clases trabajadoras (y de aquellos miembros de las capas altas que sienten compasión y empatían por ellos).

Ahora se entiende mejor la naturaleza de los grupos que se llaman a sí mismos antirracistas: Antifa, Searchlight, Expo y otros parecidos. Son las tropas de choque del predador. Acaban con los grupos de solidaridad local. Actúan como un solvente, desintegrando la sociedad tradicional. Son sionistas fervorosos, atienden devotamente lo que diga la ADL de Foxman; y reciben apoyo de financieros judíos.

Habitualmente, los judíos apoyan la inmigración (salvo en Israel, tratándose de los no-judíos) pero la preeminencia judía en el movimiento antirracista tiene raíces más profundas; “Elevad una barrera alrededor de la Torah”, reza el Talmud. Esto significa: estableced prohibiciones adicionales para resguardar el mandamiento importante. Por ejemplo, un mandamiento prohíbe cosechar frutas el sábado; la “primera barrera” prohíbe trepar a un manzano el sábado, porque de lo contrario, el trepador podría llevarse una manzana. La “secunda barrera” prohíbe treparse a ningún árbol, de modo que nadie se acostumbre a hacerlo nunca. A los judíos nos les gusta que se refieran a ellos en un contexto desfavorable, y por eso hacen la promoción de la “barrera”: no te refieras a ningún grupo étnico en un contexto desfavorable. Se atormentan pensando que aquellos que hallan defectos en los negros hoy puedan mañana encontrarles defectos a ellos, los judíos. El discurso entero sobre “racismo” y sobre el “otro” no es más que una baranda pensada para defender a los judíos de cualquier señalamiento crítico.

Los judíos lo tienen en mente, y no toman en serio la prohibición a la hora de atacar a sus enemigos, pues no se trata de algo real, sino de una simple barrera edificada para que no se digan cosas desagradables sobre ellos, nada más. Por eso un dirigente judío como el ministro de Defensa israelí Ehud Barak no tiene reparos en llamar a los palestinos “el virus”, y no sale un solo antirracista importante a protestar. Para los judíos, el antirracismo es una figura retórica, un recurso para sofocar las críticas de los no judíos, en ningún caso una ley que deban observar ellos mismos.

Los activistas antirracistas también lo saben perfectamente, y su preocupación principal es defender a los judíos, que son los que pagan, al final de la jornada. Si atacan a una persona por ofender a un grupo no judío, uno puede estar segura que esta persona también ha hablado mal de los judíos. Si David Duke se limitara a los negros en vez de soltarse de lengua sobre los judíos también, lo más probable es que no le pasaría nada. Si Horst Mahler sólo arremetiera contra los turcos, no estaría preso. Hasta el enemigo declarado de los inmigrantes de piel aceitunada, el primer ministro holandés Geert Wilders, hace una gira por USA y el Reino Unido con apoyo de los judíos, y los antirracistas no reaccionan mucho.

En Alemania, los antirracistas se arropan abiertamente en la bandera israelí: “Lo que todos compartimos es el apoyo a Israel y la lucha contra el antisemitismo, el fascismo y el sexismo”, dice el director del Conne Island Christian Schneider, de 26 años. Un buen ejemplo de la actividad proisraelí de los antirracistas en Leipzig es la campaña pública contra el porte del pañuelo palestino, el keffiyeh, que fue un tiempo prenda esencial del vestuario de cualquier activista europeo de izquierda. “¿Qué te pasa, tienes un problema con los judíos o es que sientes frío en el cuello?”, era el lema de la campaña organizada por el centro en años recientes. La campaña apuntaba a impedir que los jóvenes llevaran lo que el centro percibía como un símbolo de identificación con los palestinos y con el antisemitismo, según Haaretz.

Los grupos antirracistas franceses se apoderaron del discurso en su país, y tienen la culpa de que el fanático de Usrael Sarkozy haya tomado el poder. Al diputado francés Georges Freche lo echaron de su partido porque dijo que el equipo nacional de fútbol de Francia no debería ser tan negro. Pero esta frase que se aparta de lo políticamente correcto, no deja de reflejar el sentido común. Claro que el equipo nacional de fútbol de Francia no debería ser todo o mayormente de origen extranjero, de la misma forma que los periodistas y locutores faro de la televisión francesa no deberían ser todos o mayormente judíos.[2]

Poco antes de las últimas elecciones francesas, yo escribía: “Si los socialistas franceses siguen siendo tan estrictos con sus miembros, van a borrarse del mapa como los dinosaurios; y de Segolene Royal no quedará nada salvo el nombre de quien frenó el avance de Le Pen para abrirle el camino a Sarkozy”. La funesta profecía se ha vuelto realidad: Sarkozy ganó las elecciones e hizo de Francia un instrumento de la OTAN, deshaciendo el gran espacio de libertades que De Gaulle había conquistado. Este fue el gran éxito conseguido por los vocingleros antirracistas, la quintacolumna del Predador.

Los antirracistas franceses pretenden ser antisionistas; pero su tarea principal es defender a los judíos de cualquier crítica. Terminaron apoyando a Sarkozy a pesar de sus tendencias “socialistas”. En el caso de Gran Bretaña, Gilad Atzmon escribió abundantemente acerca de los antirracistas judíos ingleses y los cripto-sionistas. Su defensa de los inmigrantes está supeditada a la defensa de los judíos, pero no cabe duda de que apoyan la inmigración masiva.

La inmigración masiva es ruinosa porque acorrala a la población local, y la vida empeora para todos salvo para la capa más adinerada. Es una simple cuestión de proporción de territorio por persona, y eso es malo. Esta observación requiere explicaciones no raciales. ¿Por qué, entonces, algunos grupos opuestos a la inmigración vuelven a sacar tontos eslóganes racialistas?

Es una victoria de los Maestros del Discurso. Han logrado convencer a casi todo el mundo que oponerse a la inmigración es racista. Y los políticos que están contra la inmigración han aceptado esta noción estúpida. Tal vez sea más fácil tolerar este argumento subjetivo que combatirlo. Los grupos más decididos integraron a los racialistas, porque no querían abandonar su misión primaria por divisiones artificiales. El resto se apocó, en espera de un salvador que actuaría contra la inmigración con el beneplácito de los amos, los Maestros del Discurso.

El pueblo acepta la noción de racismo por dos motivos. Uno, porque les repiten constantemente que deben creer en eso. De la misma forma, han aceptado que fumar es un hábito mortal y repugnante, que sólo los comunistas infames pueden querer un sistema de salud pública, y que a los ricos no se les debe cobrar impuestos. El pueblo es impresionable, y no puede resistir un ataque masivo de los medios masivos.

Hay otro motivo además. Mucha gente siente un orgullo general por sus antepasados, es una cuestión simple de vanidad. Para las clases altas, esto radica en el Debrett’s, la guía de la etiqueta británica; para las clases medias, el árbol genealógico es la referencia habitual. Se trata de una vanidad mansa; husmeamos entre las historias olvidadas en busca de lo que pueda aparecer como las raíces nobles, sacerdotales y poderosas de nuestra familia. La creencia en una raza blanca superior no es más que una versión simplificada del árbol genealógico, que le conviene a la gente que no puede descubrirse ningún linaje noble. Cuando se le den a estas vanidades familiares su lugar como pasatiempo curioso y nada más, cuando nuestros mejores compatriotas renuncien a sus títulos honorarios, cierren sus clubes de falsa alcurnia y tiren a la basura el libro de la Lipstadt contra “La trampa mortal de la asimilación”, entonces solamente podrán dedicarse a observar la paja en el ojo del vecino común.

Los que se ven acusados de racistas deberían aprender de los judíos, que expulsan a los inmigrantes, combaten el mestizaje y la asimilación, prohíben a los palestinos traer a una esposa de afuera, pero añadiendo siempre: “esto no es racismo”. Ya que son los expertos, aceptemos su veredicto. Apliquemos la lección del chiste judío: un rabino se retrasó en un viaje, y se acercaba la hora del shabbat; entonces rezó y se produjo un milagro: fue shabbat donde quiera, pero dentro del Cadillac del rabino, seguía siendo viernes. De la misma forma, oponerse a la mezcla de sangres, la miscegenación, es racista, pero milagrosamente, deja de serlo cuando de judíos se trata.

Otra forma común del supuesto “racismo” es la preferencia que se otorgan los nativos a expensas del extranjero. Es una conducta perfectamente normal y normativa. Es un a actitud recomendada por la Biblia, porque protege las relaciones íntimas entre una persona y su suelo. En una oración judía, se le pide a Dios que llueva y que desatienda los rezos del extranjero que pida sequía. Un nacionalismo moderado es la mejor guardia para la tierra; y no hay porque atormentarse: cosi fan tutti, todos hacen lo mismo.

Los comentarios “racistas” son del nivel del chisme feo, se trata de una mala costumbre. Es un pecado, y es un pecado tentador el hablar mal de otros. Pero puede ser bonito maldecir de los galos cobardes y comedores de ranas, como lo hicieron los diarios de USA en 2003.Y no deja de ser gracioso burlarse del inglés barato que hablan los yankis, como lo hizo un poeta británico. Tiene su encanto despreciar a los suecos tan rubios y tan limpios, como lo hizo un redactor del Jerusalem Post. También lo tiene el hablar mal de la soberbia de los judíos, como Céline o TS Eliot lo hicieron. Es humano quejarse de los hombres porque son bestias, odiar a las mujeres porque son unas incapaces, querer echar a los niños porque son ruidosos, y encontrar a los viejos repugnantes porque tienen arrugas. Uno también tiene derecho a expresar que los inmigrantes son una calamidad, porque te hacen trampa en la venta de autos de segunda mano. Es algo tan refrescante como una copa de vino blanco después de revolcarse en las tibiezas melosas de lo políticamente correcto. Además es una ocupación que no hace daño, tan divertido como un intercambio entre los confidentes de Sara Jessica Parker. Sólo que uno no debería excitarse con eso. Hay una diferencia clara entre libertinaje espiritual estilo Oscar Wilde y escupitajo obsesivo.

Hablar mal de la gente es pecado, pero también son pecado la codicia, la glotonería, la lujuria, la envidia y el orgullo. Y no sabemos de ningún político expulsado de un partido socialista, por ejemplo, por redactar la columna gastronómica en un diario, o por dar un consejo en el mercado bursátil, o por marchar en un desfile de carnaval con los gay, o por comprarse un auto nuevo para deslumbrar al vecino. Existen leyes “contra el odio”, pero no “contra el orgullo”.

Se le da el nombre de racista hoy en día a todo aquel que cultiva el amor a su tierra y su comunidad. La filósofa Simone Weil sería de lo más racista según este punto de vista, porque era enemiga de todo lo que fuera separar al hombre de sus raíces. Obsérvese que todo el que defiende la inmigración defiende el desarraigo. Si te dicen: eres un racista, porque te opones a la inmigración masiva, hay que contestar : y tú eres el veneno del desarraigo”, como hizo Simone Weil. También se puede argumentar: “eres un instrumento de los predadores”, o “estás de parte de los terratenientes y financieros”, porque será cierto.

La oposición a la inmigración masiva no significa considerar a los inmigrantes como enemigos. En Francia, Inglaterra y Austria me he encontrado con inmigrantes bien integrados que comparten plenamente nuestra idea de que hay que poner freno a la inmigración. Gente que ya ha fundado su nueva casa y su nueva familia en una tierra nueva, pero que no quiere actuar como cabeza de puente de una invasión. Cada país de Europa tiene infinidad de hijos de inmigrantes; hasta los francos, que le dieron su nombre a la antigua Galia, eran inmigrantes. Alejandro Dumas era el nieto de un esclavo negro. Es imposible descubrir un fondo puro apartando supuestas impurezas, pues no somos gatos siameses. Pero todo tiene un límite: hay que frenar la inmigración por varios motivos que no tienen nada que ver con el imaginario “racismo”.

Para lograrlo, no bastan los controles en la frontera. La agresión económica contra África y América latina debería cesar. Las guerras agresivas en Afganistán, Pakistán, Irak, Palestina, deberían cesar. Los europeos deben garantizar la seguridad de Irán si no quieren tener que recibir a unos diez millones de refugiados más. La sincera amistad hacia los iraquíes debería expresarse, no por una “marcha antirracista” en París, sino ayudando a los iraquíes a restaurar su soberanía y prosperidad arruinadas por la ocupación yanki, ayudándolos a echar las tropas extranjeras, ayudando a los refugiados a volver a su patria. Los “antirracistas” se parecen a gente que besa al hambriento en vez de ofrecerle pan, que abraza a un enfermo en vez de curarlo.

En breve, el “racismo” es un invento, una acusación infamante pero absurda, creada por los Maestros del Discurso, los dueños de la palabra. Los ecos racialistas que escuchamos todos los días mientras seguimos amontonados frente al televisor son derivativos, nacidos del propio discurso hegemónico. Los amos han declarado que la oposición a la inmigración es racismo. Hasta la oposición más frontal ha integrado este axioma falso en sus planes y estrategias. Mientras no percibamos este subterfugio, permanecemos atrapados en una agobiante filosofía subjetiva que es ofensiva para el sentido común. Mientras no empecemos a inyectar dentro del discurso el tema los verdaderos peligros inherentes a la inmigración masiva, mientras no logremos ignorar o desinflar las consignas vacías de los desarraigadores, seguiremos perdiendo cada batalla, y los Sarkozy de este mundo seguirán de fiesta.

Traducción y notas: María Poumier.

Texto original: http://www.israelshamir.net/English/immigration.htm

http://www.israelshamir.net/Spanish/Raza.htm

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Ay, padrino, by El Roto, from jorgejuanfernandez.com

Ay, padrino, by El Roto, from jorgejuanfernandez.com

El saqueo de la Seguridad Social

Por Paul Craig Roberts *
counterpunch.org
apuntesdeescritorio.blogspot.com, 03.03.10

Hank Paulson, el banquero de los Sacos de Oro (1) y más tarde secretario del Tesoro de EE.UU., que liberalizó el sistema financiero; provocó una crisis mundial que destruyó las expectativas de bancos y gobiernos extranjeros; hizo que millones de estadounidenses perdiesen sus ahorros de jubilación, hogares y empleos; y dejó a los contribuyentes con una carga multibillonaria en dólares de nueva deuda pública, todavía no está en la cárcel. Escribe en el New York Times e insta a que el desastre que él mismo causó sea reparado quitándoles a los trabajadores estadounidenses la Seguridad Social y el Medicare (2) que han pagado con sus impuestos especialmente destinados a este fin durante toda su vida laboral.

Wall Street ha tenido siempre un enfoque de los pobres consistente en hundirlos un poco más.

Como no se puede hacer dinero con los pobres, Wall Street los despluma quitándoles sus derechos. Siempre ha sido así. Durante el gobierno Reagan, Wall Street decidió hinchar el valor de sus carteras de bonos y acciones mediante el uso de los ingresos de la Seguridad Social para reducir los déficits presupuestarios. Wall Street estimaba que una reducción del déficit significaría tasas de interés más bajas y precios más altos para los bonos y acciones.

Dos sicarios de Wall Street, Alan Greenspan y David Stockman organizaron el asalto a la Seguridad Social (S.S.) del siguiente modo: el gobierno Carter había dejado la S.S. en números negros para un futuro previsible, mediante el establecimiento de un calendario para los futuros aumentos de las retenciones salariales destinadas a la S.S. Greenspan y Stockman conspiraron para conseguir que los aumentos fuesen decretados antes de lo necesario, a fin de obtener unos ingresos excedentarios utilizables para financiar el gasto público, reduciendo así el déficit presupuestario. Vendieron el invento al Presidente con el argumento de “establecer unas bases sólidas para la Seguridad Social”.

A todo esto, a los estadounidenses se les dijo que los ingresos excedentes iban a acumularse en un fondo fiduciario para la Seguridad Social en el seno del Tesoro de EE.UU. Pero lo que hay en dicho fondo son los pagarés del Tesoro correspondientes a los ingresos gastados. Cuando el fondo fiduciario haya de ser utilizado para pagar las prestaciones de la S.S., el Tesoro tendrá que vender más deuda a fin de cancelar los pagarés.

Durante el gobierno Clinton se perpetró un nuevo atraco a la Seguridad Social, cuando la Comisión Boskin manipuló el Índice de Precios al Consumo a fin de reducir los ajustes por inflación de los beneficiarios de la Seguridad Social, desviando por lo tanto el dinero de los jubilados a otros usos.

Constantemente oímos de boca de gángsters de Wall Street y republicanos, y algún demócrata de vez en cuando, que la Seguridad Social y Medicare son una forma de bienestar social que no podemos permitirnos, un “pasivo no capitalizado”. Esto es mentira. La Seguridad Social se financia con un impuesto específico. La gente paga su Seguridad Social y Medicare durante toda su vida laboral. Se trata de un sistema de reparto (pay-as-you-go) en el que los impuestos pagados por las personas que trabajan financian a las que están jubiladas.

Actualmente, estos sistemas no están en déficit. El problema es que el gobierno está usando los ingresos destinándolos a otros fines. De hecho, desde la década de 1980 los ingresos de la Seguridad Social se han utilizado para financiar las administraciones públicas en general. Hoy en día, dichos ingresos están siendo utilizados para financiar los rescates billonarios en dólares de Wall Street y las guerras de agresión de Obama contra los musulmanes.

Después de haber desviado los ingresos de la Seguridad Social a la guerra y a Wall Street, Paulson dice que no hay otra alternativa salvo retirarles las prestaciones prometidas a los que han pagado por ellas.

Los republicanos sienten una extraordinaria animosidad hacia los pobres. En un esfuerzo para hacer que los jubilados renuncien a sus sistemas de apoyo, los republicanos suelen describir a la Seguridad Social como una “pirámide” –un esquema Ponzi— y por ende insostenible. Ellos deberían saberlo. El falso fondo fiduciario que crearon para ocultar el hecho de que Wall Street y el Pentágono están funcionando con los ingresos de la Seguridad Social, sí es una pirámide. La Seguridad Social ha estado con nosotros desde la década de 1930 y aún no nos ha destruido nuestras vidas y presupuestos. Pero a Hank Paulson sólo le tomó unos pocos años para que su tinglado de derivados y su plan de rescate infligieran un daño irreparable a nuestras vidas y presupuestos.

Años atrás, con la estanflación derrotada y un mercado de valores en alza, estuve a favor de la privatización de la Seguridad Social como una forma de crear un sistema de jubilación capitalizado y producir un mayor ahorro y unos mayores ingresos para los jubilados. En ese momento, Wall Street estaba interesado, aunque no por mis razones sino por los ingresos que podían obtener de las cuotas de gestión de los fondos.

Si la Seguridad Social hubiera sido privatizada dudo que Wall Street se hubiera permitido desregular el sistema financiero. Hubiera tenido demasiado en juego.

Después de la última crisis, provocada por la deshonestidad y la codicia de Wall Street, confiar en que los banqueros de Wall Street gestionen las pensiones de vejez de cualquiera exige un acto de fe que nadie en su sano juicio puede hacer.

Wall Street se ha salido con la suya en su incursión en el erario público. Ahora, con los bolsillos llenos, quiere compensar el robo mediante la reducción de la Seguridad Social y el Medicare. Después de haber privado a la población trabajadora de sus hogares, empleos y cuidados de salud, Wall Street está ahora al acecho del seguro de vejez de las personas mayores.

La Seguridad Social, que antes era algo políticamente intocable es ahora “insostenible”, mientras que lo realmente insostenible -un sistema financiero desregulado como antes de 1929 y una multibillonaria “Guerra Global contra el Terror”- son los nuevos intocables. Esta transformación es una señal de la total captura de la democracia norteamericana en manos de una oligarquía de intereses especiales.

(1) Juego de palabras entre Gold Sacks (Sacos de Oro) y Goldman Sachs, gran banco de inversión de Wall Street del que Hank Paulson fue presidente y director ejecutivo antes de ser nombrado secretario del Tesoro (n. del t.)

(2) Medicare es un programa médico de la Seguridad Social administrado por el gobierno, que proporciona cobertura sanitaria a las personas mayores de 65 años (n. del t.)

* Paul Craig Roberts fue editor del Wall Street Journal y secretario adjunto en el gobierno de Ronald Reagan. Su último libro, How the Economy Was Lost, acaba de ser publicado por CounterPunch/AK Press. Se le puede contactar en: paulcraigroberts@yahoo.com

Fuente: Counter Punch.

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Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo, by Salvador Dalí (1943) - Museo Dalí, St. Petersburg, Florida.

Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo, by Salvador Dalí (1943) Museo Dalí, St. Petersburg, Florida.

Los números no mienten

Por Jorge Majfud *
tlaxcala.es, 27.02.10

“No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año
se pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior
puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo
se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad”.

Ernesto Che Guevara, sobre el Hombre Nuevo.

Amistad

Bill Rodriguez tiene 1457 amigos en Facebook y 299 en Twitter. Luz Graham tiene 1208 amigos en Facebook y 188 en Twitter. Bill Rodríguez es 82,9 por ciento mejor amigo que Luz en Facebook y 62,8 por ciento mejor amigo en Twitter. En promedio, Bill es 72,9 por ciento mejor amigo que Luz. Sin embargo, Luz ha logrado un incremento mensual del 8,5 por ciento mientras que Bill sólo ha alcanzado una tasa de crecimiento del índice de amistad del 6,3, lo que significa que en un tiempo no muy lejano Luz será mejor amiga que Bill. Luz calcula que para el año 2022 será la segunda persona más seguida de Usuahia mientras que Bill descenderá del puesto 3 al puesto 16 de la lista de personas más seguidas de Ciudad Juarez.

Plenitud sexual

Irma Salas Aberta, 42, se divorció de Edelmo Sanchez, 47, en 2008. Entre el 2001 y el 2005, el promedio de relaciones sexuales contabilizadas dentro del matrimonio alcanzaron una mínima de 3 actos mensuales en noviembre de 2006 y una máxima de 9 eventos en abril de 2007. En 2009 Irma volvió a contraer matrimonio con Pablo Tortorola, 24, desocupado, hincha de Colo Colo, con el cual alcanzó un promedio de 35 relaciones sexuales al mes considerado el período febrero-diciembre de 2009. De esas 35 ocurrencias se verificaron 22 orgasmos probables y 8 fingidos.

En el mismo período de 2004 Irma había logrado una ocurrencia máxima de 12 actos sexuales y 3 orgasmos comprobados por lo cual se verifica que durante los primeros 11 meses del año 2009 Irma fue 36,4 por ciento más satisfecha en términos cuantitativos y 7,3 veces más satisfecha en términos cualitativos, si consideramos la calidad de los orgasmos sobre la cantidad de todas las ocurrencias coitales.

En enero de 2010 Irma y Pablo concurrieron a un profesional para realizar terapia de pareja. Ambos están dispuestos a mejorar su relación incrementando la tasa de eventos coitales en un 40 por ciento. Estudios demuestran que hacer el amor 1,75 veces al día mejora la comunicación y la calidad orgásmica en términos mensuales.

Liberación

José Ramón de la Piedra, casado con Francisca Ruiz, logró disminuir de 11 eventos extramaritales a sólo 4 durante el término 2008-2009. En el mismo período, Anastasia Flores alcanzó la cifra de 6 eventos extramaritales, 3 más que el mismo lapso de tiempo del período anterior. Las cifras indican que José Ramón alcanzó su objetivo de ser 2,75 veces menos machista mientras que Anastasia Flores mejoró su nivel de liberación femenina en un asombroso 50 por ciento.

No obstante, como en dos ocurrencias participaron José Ramón y Anastasia Flores de forma simultánea, en el Motel 8 de la calle 19 de Miami los días 25 y 30 de agosto de 2009, se discute en qué porcentaje las dos ocurrencias extramaritales de José disminuyen el índice de liberación de Anastasia y aumentan el machismo de José, por lo cual los porcentajes podrían variar en una segunda revisión.

La más grande del mundo

Aunque el cuarto trimestre de 2009 ha sido uno de los peores trimestres de la economía china, de cualquier forma su PIB se ha agrandado un 6,8 por ciento. Por el contrario, Estados Unidos ha logrado un 5,7 por ciento de crecimiento y la Unión Europea un 0,1 por ciento en el mismo período.

Las cifras demuestran que hasta en su peor momento considerado el período 2001-2009, el comunismo chino ha mantenido una ventaja de crecimiento relativo de más del 2 por ciento sobre el mayor país capitalista y más del 6 por ciento sobre los países social demócratas. No obstante, las virtudes del comunismo chino, valorado en 4 trillones, todavía no alcanzan un tercio de las virtudes totales del capitalismo americano.

Se calcula que en el año 2028 se demostrará que el capitalismo comunista de China tenía razón, cuando la suya sea más grande que la de Estados Unidos.

El único problema será el dramático envejecimiento de la población china, por lo cual no sabemos si podrá usarla con el mismo vigor que la usaba cuando la tenía más pequeña o si cometerá el mismo error del imperio americano de andar presumiendo por todas partes.

Comunicación

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El Hombre Nuevo

En Brasil, la fortuna de Eike Fuhrken Batista ha alcanzado la cifra record de 7,5 billones de dólares. Aunque por encima de Batista todavía hay otros 60 billonarios, como el mexicano Carlos Salim con 35 billones y Bill Gates al tope de la lista con 40 billones, el increíble ascenso de Batista y de otros millonarios en la lista de los hombres más ricos del mundo demuestra el éxito de la izquierda de Ignacio Lula da Silva. “De aquí a quince o diez años, este país deberá ser la cuarta, la tercera o, si no tuviéramos suerte, podemos ser la quinta economía”, dijo Lula.

Todo lo que demuestra que el fundador del izquierdista Partido de los Trabajadores tenía razón, aunque para tenerla tuvo que cambiar de idea.

Realismo socialista

En 2006 Ignacio Lula da Silva, presidente de Brasil y antiguo sindicalista marxista dijo, ante el grupo de empresarios más importantes del país: “Las cosas evolucionan de acuerdo con la cantidad de cabellos blancos y la responsabilidad que uno tiene. Si uno conoce a un izquierdista muy viejo es porque debe estar con problemas”.

Un poco tarde, en 2010 el presidente electo de Uruguay, ante un gigantesco banquete de gigantescos empresarios capitalistas, con el mismo tono desafiante que le hablaba a la clase proletaria, exclamó apasionado: “Señores empresarios: les estamos pidiendo que apuesten al Uruguay y jueguen con el Uruguay. No podemos generar riquezas con decisiones legislativas, la riqueza es hija del circuito del trabajo”.

Según el ex guerrillero tupamaro y mayor exponente de la combativa izquierda nacional, era hora de “cambiar un desastre histórico”, por lo cual garantizó ante los realistas que “no se va a expropiar ni se doblarán los lomos con impuestos”.

Antes, pedirles a los inversionistas que jueguen con un país no era tan bien visto y doblar el lomo se refería al trabajo de los campesinos, obreros y estudiantes.

Los aplausos fueron fuertes y unánimes. Hay que ver cómo cambian los inversionistas ante el realismo socialista.

Al día siguiente los diarios de la región estuvieron de acuerdo en que Mujica había encandilado a la clase empresarial.

Estoy de acuerdo. Mujica es un hombre sabio, pragmático. Otra prueba que conviene seguir los pasos de los hombres exitosos.

Pero creerles, jamás.

Desesperanza

Alguna vez admiramos tanto a los tres, a Lula, a Obama, a Mujica. Pero el tamaño de toda decepción es el tamaño de toda esperanza arrojada sobre un líder que no ha muerto. No es culpa de ellos; como siempre, la culpa es nuestra. La culpa es de los que admiran, de los que albergan excesivas esperanzas en algo distinto a Dios o a la razón humana.

* Jorge Majfud es un autor asociado a Tlaxcala, la red internacional de traductores por la diversidad lingüística. Este artículo se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor y la fuente.

http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=10055&lg=es

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Bosphorus bridge, from newscenter.philips.com

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El despertar de Turquía: La progresiva salida del campo occidental

Fragmento de GEAB N°39 (17 de noviembre de 2009)
Por el Laboratorio Europeo de Anticipación Política, 26.02.10

Gracias a la crisis sistémica actual, al rápido debilitamiento del poder de Estados Unidos y del armazón occidental en el cual éste reposa, Turquía está en camino de redefinir sus principales intereses geopolíticos. Las nuevas prioridades en gestación constituirán de aquí al 2012 la más profunda revisión efectuada por Ankara desde su entrada a la OTAN en 1952. Este proceso ilustra una vuelta a las fuentes de la visión kemalista respecto a los intereses vitales de Turquía (1), esto es, una ruptura con relación a la agenda establecida para Turquía por las potencias dominantes. Es bastante irónico por otra parte que sean los dirigentes de un partido de inspiración religiosa, el AKP, quienes inicien este proceso. Las consecuencias geopolíticas, económicas y comerciales de este cambio de rumbo son enormes porque reconsidera la visión tradicional de una Turquía pro-occidental y a la espera de su integración a la UE.

 Turquía en su entorno regional - Fuente: Comité Valmy.

Turquía en su entorno regional - Fuente: Comité Valmy.

Como ocurre a menudo en la región del Mediterráneo oriental, la relación con Israel es el indicador fiable de la orientación de las relaciones de un país con el campo occidental ya que desde hace más de una década, éste se define por una línea directriz Washington/Tel Aviv. Ahora bien, en esta materia, desde hace algunos meses, Turquía ha comenzado a apartarse significativamente de esta línea directriz a la, por el contrario, había querido constantemente acercarse durante varios años.

El violento ataque a la Franja de Gaza por el ejército israelí en diciembre de 2008 constituyó el acontecimiento que marca el principio perceptible, primero de este cambio de tono y luego de orientación. En efecto, desde esta fecha, Ankara progresivamente se propuso rehacer el camino recorrido estos últimos años en materia de cooperación con el Estado hebreo, tanto en el plano diplomático como en el militar.

Los ejemplos más recientes a la fecha fueron la decisión de concluir con la autorización para el entrenamiento de la aviación israelí en el cielo turco y el rechazo a que Israel participe en las maniobras de la OTAN de octubre de 2009 (2), para anunciar sobre la marcha las maniobras conjuntas con Siria (3). Estamos aquí ya muy lejos del comportamiento militar-estratégico esperado de un fiel aliado de Estados Unidos y de un miembro destacado de la OTAN.

Esa evolución en el plano geo-estratégico regional está en gestación desde la caída del URSS. Sin embargo el «callejón sin salida» en que se encontraba Turquía durante las décadas de la Guerra Fría revirtió en un vasto espacio abierto donde el potencial cultural, económico y comercial en expansión es inmenso. Ahora en Turquía «las órdenes» se abren camino en un país cada vez más reticente a tener que disfrazarse con el uniforme de un Occidente que ante las miradas regionales es cada vez más extraño a los intereses turcos (4).

Mientras había una Guerra Fría y una amenaza soviética en las fronteras del país, Turquía aceptaba de buena gana ser una «Torre occidental» en el tablero de Medio Oriente. Pero desde 1989, la divergencia de intereses entre la Torre y el Rey o la Reina aumenta cada año un poco más, lo que es un mal presagio para la continuación del juego a dos niveles:

. por una parte, Turquía será cada vez más reticente a las iniciativas de Washington como lo prueban una creciente serie de reacciones negativas (5), provocando un aumento de las tensiones hostiles hacia Ankara en el seno mismo de la Alianza. Comprobamos actualmente, algo nuevo, cuestionamientos públicos sobre la legitimidad de Turquía en el seno de la OTAN, expresadas por los líderes de otros Estados miembro de la Alianza

. por otra, las acciones de la Alianza y/o de Washington en la región serán cada vez más obstaculizadas por Turquía renuente a obedecer, quien por el contrario, desarrolla su propia lógica regional estratégica eventualmente opuestas a las de la Alianza. Las buenas relaciones de Ankara con Teherán (6) constituyen otro ejemplo evidente: estamos lejos aquí de toda idea de sanciones reforzadas o de embargo efectivo, sin embargo vigorosamente preconizados por Washington.

En una palabra como en cien, la relación Turquía/OTAN está alcanzando un punto sin retorno. El caso turco por otra parte sólo ilustra la problemática más general de una Alianza en plena desintegración (tema ya analizado en el GEAB precedente), cuyo líder no tiene ni la visión, ni los medios que permitan encuadrar a todos los miembros.

Ironías de la Historia, para el Leap/E2020, este es el otro aspecto del «anclaje» de Turquía a Occidente, a saber, la promesa de adhesión a la Unión Europea, probablemente sea un factor decisivo que permita la salida del campo occidental. En efecto, es la promesa insostenible que la falta de coraje y de imaginación de los dirigentes europeos condujo a poner en movimiento, vía la apertura formal de un proceso de adhesión en 2005, que ha creado las dos principales condiciones que permiten este nuevo curso de la política exterior turca:

. por una parte, las limitaciones democráticas de adhesión a la UE han obligado progresivamente a los militares turcos a regresar a sus cuarteles y a permanecer en ellos. Estaban acostumbrados desde hace décadas a dirigir el país a la sombra de políticos títeres, despidiéndolos si era necesario cuando las urnas arrogaban resultados que los trastornaban. Planteándose como garantes de la herencia de Atatürk, sacaban provecho de eso sobre todo para controlar el país y beneficiarse al máximo del maná vertido por la OTAN, la UE y Estados Unidos, recompensando su fidelidad al campo occidental (7). Su debilitamiento privó a Occidente de sus aliados más fieles en el seno de la sociedad turca. Otro ejemplo de la ironía de la Historia;

. por la otra, las reticencias evidentes de la UE, en particular de la inmensa mayoría de su opinión pública (8) frente a la perspectiva, incluso lejana, de una ampliación a Turquía aparecieron claramente en los ciudadanos turcos desde hace cuatro años. Paralelamente, el descubrimiento brutal que las supuestas «negociaciones de adhesión» (9) no eran verdaderas negociaciones, sino por el contrario una obligación muy real para Turquía de adoptar íntegramente las 90 000 páginas del cuerpo legislativo, moral, comercial, económico y cultural de la UE (sólo el calendario de la «acquis communautaire» es de hecho negociable), han provocado un sentimiento de rechazo popular frente a lo que se consideró un «colonialismo por vía legal». En las generaciones turcas menores de cuarenta años, poco a poco, salió a la luz la convicción que los europeos no los querían y que su país se había bloqueado en un callejón sin salida. Esta toma de conciencia constituyó un hecho esencial porque puso fin a cuarenta años de dominación sin división de un discurso oficial que hacía de la entrada a Europa el único futuro deseable para el país. Símultáneamente, ello aportó al partido musulmán en el poder, que estaba obligado y forzado por la adhesión a la UE. (10), una nueva corriente de opinión, no religiosa, sino desde ahora opuesta (o al menos reticente) al proceso de adhesión comunitaria.

Desde Rusia, desde la que los residentes se agolpan sobre las playas turcas de Asia Central donde Ankara conduce una política cultural y comercial dinámica con destino a los países turcoparlantes, pasando por Irán y Siria, Turquía desarrolla a gran velocidad una nueva diplomacia que intenta hacer la síntesis entre el espacio político-histórico de la herencia otomana, la proximidad religiosa musulmana, sus propios intereses de potencia regional y su posición de punto pasaje privilegiado. Todo es jugado vía los efectos del péndulo donde la OTAN y la UE son cada vez más elementos del juego diplomático de Ankara, y no más un dato fundamental (como fue el caso de la OTAN) o un objetivo central (como fue el caso de la UE).

Que los estadounidenses y los europeos no se equivoquen. Según el Leap/E2020, no habrá vuelta atrás. La OTAN está de todas formas en vías de desintegración, no hay ninguna razón para que Ankara no continúe su desarrollo hacia una posición intermediaria en el centro de un equilibrio geopolítico que comprenda Rusia, la UE, Irán y toda potencia influyente entre sus fronteras meridionales y Egipto (hoy Washington). Los últimos aliados fieles de la OTAN son los generales actuales del ejército turco.

Dentro de diez años, hacia el 2020, habrán sido reemplazados por las próximas generaciones (11) quienes más que otros antes se identificaron sobre futuro de su país con este mito de «puente entre Oriente y Occidente». Un puente no pertenece a ninguna de las orillas que conecta, sino más un puente es un callejón sin salida (12).

Turquía en el corazón de la red del suministro energético - Fuente: JapanFocus, 12/2007.

Turquía en el corazón de la red del suministro energético - Fuente: JapanFocus, 12/2007.

Esto vale también para la Unión Europea. Como buenas burocracias, Bruselas y Ankara continuarán las negociaciones de adhesión, aunque falte la voluntad política. Pero no finalizarán y se enredarán año tras año en la indiferencia general. Porque toda ampliación es siempre el fruto de una voluntad política, sólo de una voluntad política.

Ahora bien, el principal patrocinador de esta ampliación, Washington, tiene otras cosas que hacer en el futuro y ya no tiene la influencia necesaria para superar la fuerte oposición de las opiniones públicas europeas (no consigue ni siquiera mantener las tropas europeas en Afganistán). Y en la UE, ningún líder puede hacer más de la entrada de Turquía un caballo de batalla a riesgo de perder las elecciones.

Para Ankara, se está imponiéndose otro futuro que no es la Turquía europea. Si la UE comprende esto rápidamente y ofrece una colaboración estratégica de alto nivel a Turquía, este sueño será el de una Turquía turca e intermediaria entre los diferentes polos que la rodean. Si Bruselas se encierra en su proyecto de adhesión, sin otra alternativa, corre el riesgo de empujar Ankara hacia un sueño opuesto, el de Turquía musulmana. No olvidemos la ironía de la Historia que a menudo quiere que se obtenga el resultado diametralmente opuesto al que se persigue si se olvida tomar en consideración en el sueño, las expectativas del pueblo con el cual se trata.

En conclusión, para nuestro equipo, esta evolución de Turquía fuera del campo occidental, en plena descomposición, lejos de ser inquietante para Europa, es una faceta de la crisis sistémica global y de la desaparición progresiva de las estructuras legadas por el mundo post-1945, que puede permitirles a los europeos para el 2015 tener por socio una Turquía a la identidad apaciguada y apta para ser un intermediario eficaz con el conjunto del Medio Oriente y de Asia Central.

Turquía: un «Puente nuevo» (13) entre Oriente y Occidente.

Turquía: un «Puente nuevo» (13) entre Oriente y Occidente.

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Notas:

(1) Kemal Atatürk fundador de la Turquía moderna, pensó y quiso, a la vez, una ruptura de Turquía con su pasado otomano y una Turquía que rechace las decisiones tomada para ella por las potencias dominantes de principio del siglo XX (el Reino Unido y Francia en particular). Su rechazo al Tratado de Sèvres y sus consecuencias territoriales para Turquía son indudablemente un ejemplo. En su testamento, expresó muy bien, por otro lado, cual era el hilo conductor que podían conectar sus futuros herederos legítimos: «No dejo, como herencia espiritual, ni versículos, ni dogmas, ni normas petrificadas e invariantes. Mi herencia espiritual, es la ciencia y la razón (…). La totalidad de este mundo evoluciona rápidamente. Con el transcurrir del tiempo la concepción de la felicidad y de la desgracia se modifican en los pueblos y los individuos. Afirmar, en este contexto, que se ha sabido inventar recetas de validez perpetua equivaldría a renegar de la evolución incesante de las ideas y de la ciencia. (…) Quienes, después de mí, quieran seguir mi estela, sin alejarse jamás de la razón y de la ciencia, serán mis herederos espirituales». Ellos serían quienes particularmente tendrían el coraje de rechazar las recetas obsoletas.

(2) Fuente: Reuters, 14/10/2009.

(3) Nos acordamos ciertamente del escándalo provocada por el Primer Ministro turco Recep Erdogan en Davos en Enero de 2009 cuando abandonó abruptamente el estrado ante la imposibilidad de expresarse a la par del presidente israelí Shimon Peres. Fuentes: Tribune de Genève, 30/01/2009, El País 29/01/2009.

(4) Así como ya lo habían dejado entrever las grandes dificultades de Washington para convencer a Ankara de dejarle utilizar sus bases en Turquía en 2002/2003 para atacar Irak.

(5) Como en Abril de 2009, Cuando Turquía impidió durante varios días el nombramiento del nuevo secretario general de OTAN, Fogh Rasmussen, a causa de su apoyo a los medios de comunicación daneses en el tema de las caricaturas de Mahoma. Fuente: France 24, 03/04/2009.

(6) El Primer Ministro turco Recep Erdogan insistió en calificar de amigo de Turquía al presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad Y declara no aceptar las dos sanciones y medidas aplicadas a Irán en materia nuclear. Fuente: The Guardian, 26/10/2009.

(7) El FMI también desempeñó un papel considerable ya que Turquía es uno de sus principales beneficiarios desde hace décadas, permitiendo así a Occidente administrar el país por poderes. La salida de un programa de ajuste del FMI en 2008 también corresponde al principio del período más visible del nuevo curso de la diplomacia turca. Ankara está ahora muy renuente a comprometerse de nuevo con préstamos del FMI: EurAsiaNet, 02/07/2009; BrettonWoodsProject, 17/06/2009.

(8) A partir de ahora una proporción creciente de las élites comunitarias no desea más la entrada de Turquía a la UE. La evolución reciente de Turquía en materia diplomática los convenció que Ankara tendrá una visión en los próximos meses menos compatible con proyecto comunitario. Fuente: EuObserver, 04/04/2009.

(9) Desde hace décadas, las élites turcas, no desmentidas desde luego por sus colegas europeos, habían dejado creer a los ciudadanos turcos que la adhesión de Turquía a la UE sería un proceso donde cada parte haría hasta cierto punto la mitad del trayecto. A partir de 2005, esta mentira comenzó a volar en pedazos.

(10) En efecto, tradicionalmente, el movimiento pro-musulmán en Turquía se oponía a la entrada a la UE. Pero, si París bien vale una misa, Ankara bien vale una ampliación hipotética.

(11) El único riesgo sigue siendo, en los próximos cinco años, el de una tentativa de golpe de Estado militar lanzada por los generales próximos al retiro apoyados por Washington. Pero la probabilidad es muy escasa y probablemente se acabaría como el de los generales rusos contra Mikhail Gorbachev en 1991.

(12) Por otra parte Turquía es un puente doble, entre Oriente y Occidente, pero también entre los ribereños del Mar Negro y del Mediterráneo. Sin olvidar, que en el siglo XXI, un puente es también (sobre todo) un oleoducto o un gaseoducto, dos campos donde Turquía se sitúa en el centro del proyecto Nabucco, del que Irán es la clave.

(13) El «Puente nuevo» es, como su nombre no lo indica el más viejo puente de Paris.

http://www.leap2020.eu/El-despertar-de-Turquia-La-progresiva-salida-del-campo-Occidental_a4363.html

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Chinese dragon, from lair2000.net

Chinese dragon, from lair2000.net

Las consecuencias para EEUU de un yuan más fuerte

Por Geoff Dyer, The Financial Times
IAR Noticias, 26.02.10

La última vez que la desocupación en EEUU registró cifras de dos dígitos fue a principios de los años 80, cuando uno de los mayores éxitos de la cartelera era Amanecer rojo, la historia de una invasión soviética frustrada de Colorado que aprovechaba la inseguridad económica de aquella época.

Ahora que el número de personas sin trabajo oscila en torno al mismo nivel, se ha desempolvando Amanecer rojo para hacer una nueva versión. Pero esta vez, los malos son los chinos, y no los soviéticos. La película, cuyo reparto incluye a Connor Cruise, el hijo de Tom Cruise, comienza con el ejército chino tomando el control del centro de Detroit.

Ante este clima, no debería sorprender que la divisa china siga siendo un asunto político candente.

El presidente Barack Obama intensificó recientemente sus demandas de que China revalorice su divisa, exponiendo que el aumento de las exportaciones a Asia se traduciría en “cientos de miles, tal vez millones de trabajos aquí, en EEUU”.

Los cálculos del Instituto Peterson de Economía Internacional que apuntan a que la divisa china está infravalorada en un 41% frente al dólar han tenido eco en EEUU, aumentando la sensación generalizada de que Pekín cuenta con una gran e injusta ventaja para salir de la crisis.

En los mercados financieros también se especula con que China está a punto de hacer algún movimiento en relación a su divisa.

Jim O’Neill, economista de Goldman Sachs y gurú de los países “BRIC”, causó cierto revuelo la semana pasada cuando dijo que “algo se cuece en Pekín”.

Este no es lugar para enumerar los argumentos a favor de la apreciación, aunque sí se puede decir que están cobrando fuerza a medida que la inflación china aumenta. Y el Instituto Peterson, en realidad, no estaba recomendando una apreciación del 41%, sino que sólo intentaba poner una cifra al nivel de infravaloración. La mayoría de los economistas espera únicamente una subida muy modesta del valor del renminbi.

Sin embargo, merece la pena señalar que una revalorización de ese nivel sólo lograría agravar los temores detrás de una película como Amanecer rojo. Pese a que su objetivo sería el de igualar el terreno de juego, podría cambiar, en su lugar, la forma de pensar de muchas personas sobre China.

La economía china es en la actualidad la tercera mayor del mundo en términos de dólares, justo por detrás de Japón. Una apreciación del 41% en el renminbi catapultaría a China muy por encima de Japón y dejaría su tamaño en la mitad del estadounidense. Cuando O’Neill predijo que China rebasaría a EEUU en 2027, algunos se burlaron. De repente, esas estimaciones comenzarían a parecer mucho más acertadas.

EEUU eclipsa a China en gasto en investigación y en el sector militar, y seguirá haciéndolo en los años venideros. Pero después de una gran revalorización, el presupuesto de China para estas áreas equivaldría a cerca de una cuarta parte del estadounidense –lo suficiente para parecer una amenaza competitiva real–.

Una de las cosas que no cambiaría es el valor de las inmensas reservas de divisas extranjeras de China, objeto de gran parte de las críticas fuera de lugar contra China por convertirse en el banquero de EEUU. ¿Pero qué sucede con los bancos comerciales de China? ICBC ya era el mayor banco mundial el año pasado por capitalización de mercado: tras una apreciación del 40% de la divisa, sus acciones en China continental le otorgarían un valor de mercado que duplicaría el de JPMorgan Chase, el mayor banco de EEUU. PetroChina tendría un tamaño 1,5 veces superior al de ExxonMobil. No hay ningún premio para el que adivine lo que los banqueros de inversión estadounidenses le dirían a las empresas chinas.

A estas alturas, los economistas seguramente estén quejándose de que los tipos de cambio sólo reflejan los precios relativos, y que una importante apreciación no daría al Gobierno chino un sólo renminbi más para gastar en ciencia o soldados (aunque tendría a unos cuantos exportadores descontentos).

Pero hay un aspecto más importante. Cuando se hacen algunas de las afirmaciones más extravagantes sobre “el siglo de China”, muchas personas –yo incluido– apuntan con frecuencia a los muchos obstáculos aún por delante y ponen de relieve el nivel de pobreza del país. Sin embargo, tal vez el hecho de que la divisa se haya mantenido en niveles tan artificialmente bajos haya ocultado el avance real de China.

La actualizada Amanecer rojo apunta a las preocupación que ya provoca China. Con una divisa mucho más sólida, Pekín estaría aún más presente en la consciencia estadounidense. Reafirmaría la percepción de que China no es sólo un rival para el futuro lejano sino que se está convirtiendo con rapidez en un contrincante económico y militar a la altura de EEUU.

La frase “ten cuidado con lo que pides” sirve igual de bien en chino que en inglés.

http://www.iarnoticias.com/2010/noticias/asia/0039_eeuu_yuan_fuerte_26feb2010.html

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